Reflexiones de una ondjundju-A propósito-Juliana Mbengono

¿FOE SERÍA UNA OBRA MAESTRA SI J.M. COETZEE NO FUESE SU AUTOR?
Jhon Maxwell Coetzee, ganador del premio Nobel de Literatura en 2003, es uno de los escritores africanos más aclamados y su obra Foe, como casi todas, no se queda atrás. Grandes autores y otras eminencias del mundo de la literatura califican la novela Foe como una obra maestra, lo más, una genialidad. La verdad es que Foe tiene algo, como aquello en lo que piensan los intelectuales cuando hablan de existencialismo. Da la sensación de que Maxwell Coetzee quisiera discutir alguna “Historia Única”; pero, ¿dónde queda la originalidad? Podemos considerar que invertir algunos aspectos de un clásico es un verdadero ejercicio creativo, pero la originalidad queda entre comillas.
Al terminar de leer el libro me quedé con una rara sensación de haber perdido y no haber perdido el tiempo, como si toda la novela se hubiese desarrollado en el principio, como si hubiese empezado una película antes del conflicto y que ni este ni el final hayan llegado; quizás en esto consiste la genialidad o la maestría de Foe: en su capacidad para dejar a algunos lectores alelados. Me preguntaba por qué se dice que es una obra maestra, sentía que muchas reseñas eran mentiras, que no querían desentonar o llevarle la contrario a la opinión mayoritaria entre los grandes críticos; hasta que finalmente me metí en internet para buscar información sobre la obra; ya que no conozco al autor ni sé si me dejaría hacerle preguntas sobre las dudas que me genera lo que se dice de su novela; el rumor que corre por internet es que Maxwell Coetzee es muy reservado y en algún artículo de algún periódico se dice que él afirma que todo está claro en sus obras… puede que sólo sea un rumor o una mentira, ¿cuál es la diferencia? Seguro que alguna habrá.
Resulta que la novela Foe (1986) del sudafricano nacionalizado australiano en 2006 es “una reescritura posmoderna de Las increíbles aventuras de Robinson Crusoe”, esta última es de Daniel Defoe, quien incluso aparece como un escritor en la historia de Maxwell Coetzee. Solo cuando descubrí que la novela es un derivado y no un trabajo, como se diría, “Original,” entendí por qué me había parecido que no tenía principio ni fin; y no me refiero al hecho irónico de que la novela tenga una trama casi circular.
¿Qué habría pasado si un novato fuese el autor de Foe? (téngase en cuanta que cuando esta novela se publicó J.M. Coetzee ya gozaba de buena reputación como escritor por obras como “Vida y época de Michael K” (1983)). A veces me imagino que al autor novel de Foe le habría sido muy difícil encontrar una editorial y, en alguna, alguien le habría dicho a la cara que la obra es un plagio o que aprenda la diferencia entre elucubración y novela, o en el peor de los casos, la novela habría sido etiquetada como una novela de consentimiento y no únicamente como una novela de aventuras pues, el trato que recibe el personaje Viernes en la obra ni es justo ni es humano, pero nadie lo condena ni lo discute; como mucho, la narradora de la obra y otros personajes como Crusoe le dan un trata paternalista sintiendo lastima por él, le civilizan enseñándole a usar los cubiertos, a leer y a escribir… y el escritor se mantiene frio y distante en su redacción como si estuviera hablando de lo más normal.
No le desaconsejaría la lectura de Foe a nadie, al contrario, es bueno leer de todo y cada persona es un mundo; pero Foe puede no ser precisamente la obra ingeniosa de la que se habla por ahí.

Día mundial del pueblo gitano-Gitanos de ayer y hoy- Por Cecilio Olivero Muñoz

En los años setenta se editó un disco memorable para todo rumbero que se precie. Eran tiempos de dictadura y gran parte de la raza gitana vivían como podía en chabolas y barracas. Por aquellos años se publicaron varios discos hoy descatalogados, uno de ellos se llamaba Los Gitanos de Hoy y eran rumbas flamencas con cierto regusto a los tangos típicos de los gitanos portugueses. Por aquella época se hacía una rumba muy distinta. Una rumba con guitarras, palmas y trompeta, y las letras eran muy diferentes. En esos años aparecieron los discos de Tony el Gitano, Los Rumberos Catalanes, El Pelos y los Marus, y un largo etcétera.

Pero algo después a esa oleada de rumbas y tangos había ecos de gente como los Diamantes Morenos y también empezaban a salir discos más innovadores como Los Chichos, Los Chunguitos, todo un largo y variado repertorio gitano que se ejercía en bodas y festejos de gran repercusión. Comenzó la transición y todo ese compendio de virtuosos de la rumba logró llevar su música a las discotecas. Tanta era la gran difusión de esa variedad de grupos que se hizo cine y hombres rumberos como El Peret, Ramonet o El Paló llevaron desde los años setenta sus rumbas para luego estallara el boom con gente como Los Manolos, Gato Pérez, y un elenco de artistas que bajo la rumba la trasladaron a un ambiente festivo que llegó a las discotecas. Prueba de ello es la Gauche Divine en discotecas como Boccaccio, se barajaba y sonaba la rumba transcurrida en lo que el Grupo de intelectuales de Barcelona, desde Jaime Gil de Biedma a Carlos Barral, los hermanos Goytisolo bailaban por entonces la rumba de aquella época que abarcaba desde los años setenta hasta años más recientes. Recuerden a Los Rumba Tres y aquel Amics per sempre. Los Manolos por aquella época de olimpiadas y festividad Barcelonesa cantaban letras de The Beatles por Rumba.

El escritor Juan Marsé escribió en Tardes con Teresa un elemento surgido de aquella época de extrarradio y de barrios marginales. Me refiero a Torre Baró, y el elemento era como personaje el protagonista, un charneguito al que llamaban El Pijo Aparte. Los que hayan leído la novela, llevada al cine como también El Amante Bilingüe sabrán de qué hablo. También enfocada en el sesgo charnego de la época de transición en España. Aunque Juan Marsé, pese a quienes pese, era el escritor por antonomasia de la Barcelona tanto de extrarradio, como de la Catalunya burguesa. También se habla en otras novelas de Marsé, como en las de Juan Goytisolo o Luis Goytisolo, incluso en la poesía del llamado grupo de Barcelona, de la Barcelona charnega que se hizo un hueco en la cultura catalana debido al deseo de trabajar y la generosidad de algunos empresarios de la época.

La cultura tiene sus lazos de unión, hoy en día pueden encontrar esa música en Internet, por ejemplo en YouTube y Spotify.

Nostalgias de un emigrante-Esperanzas y desesperanzas-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

En tiempo de matanza era esperado por todos, pues se reunía toda la familia (a veces también algún vecino) para ayudar en sus menesteres y de paso aprovisionarse de algunos productos. Ese día había que madrugar mucho, los hombres salían al campo para recoger las aulagas que servirían para chamuscar los pelos de los cochinos antes de abrirlos en canal, mientras tanto las mujeres preparaban el desayuno antes de comenzar al regreso de los hombres. Mientras tanto se oían los gruñidos de los guarros en la cochinera, porque llevaban sin comer desde el día anterior antes de ser sacrificados. Entre tres o cuatro hombres sujetaban al animal y lo subían encima de la mesa, para que el matarife hiciera su trabajo y una mujer con un barreño debajo removía la sangre para que no se cuajara, que se necesitaba para las morcillas… Allí todos tenían su cometido organizado.
Una vez muerto y desangrado el cochino, se colgaba al animal cabeza abajo y comenzaba el despiece sacando las vísceras lo primero y las mujeres comenzaban separando y limpiando las tripas que luego servirían para hacer los embutidos.
En grandes lebrillos lavaban y separaban los distintos órganos, unas hervían en las ollas todo lo necesario para las morcillas, preparaban el menudo para la comida de medio día y otras condimentaban la carne. Los hombres iban sacando y preparando las distintas partes del animal… jamones, lomos, tocino etc. picaban la carne para la masa de los chorizos y morcones, entre trago de vino y presa de carne asá. Allí todos arrimaban el hombro, hasta los chiquillos ayudaban avivando el fuego de la candela, o metiendo las manos en todos los sitios, hasta que alguien les tiraba cualquier pingajo para que dejaran de dar «por culo».

Son las siete de la mañana… hace frio y amenaza lluvia, pero hay que esperar a ver si con suerte puede trabajar para llevar a casa el jornal. Lleva un mes en el pueblo y apenas ha trabajado, pues el capataz de la finca desde que se negó sus propósitos con él el primer día que se lo exigió, solo le da trabajo cuando no tiene otra para llevar al cortijo y cuando lo hace es para las peores faenas o trabajar en el campo. El trabajo en la casa no es muy duro, pues los quehaceres son mínimos entre semana porque no están los dueños, pero el capataz chantajea a algunas mujeres con no darles trabajo si no aceptan acostarse con él.
Cuando están los dueños tampoco es mucho mejor, aunque hay más mujeres que trabajan para atender a la familia y cuando llega la época de caza llevan muchos amigos y estos creen tener otros derechos con las empleadas.
En las faenas del campo algunos manijeros también intentaban abusar de las mujeres y buscan cualquier excusa para quedarse a solas, para complacer sus deseos con la amenaza de decirle al capataz que no valen para el trabajo y no las vuelvan a llevar al cortijo. Es duro el trabajo para la mujer y antes aún peor cuando los métodos anticonceptivos eran escasos y los embarazos no se podían evitar, si estaba casada el marido “seria el padre” y si era soltera, se quedaba “marcada” o tenía que marcharse antes de que se le notara.
El derecho a pernada era una práctica habitual, que se daba en algún caso de niñas y adolescentes ultrajadas por los dueños y capataces, sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo, porque si lo denunciaban las consecuencias podían ser muy malas. En estos ultrajes, en caso de embarazos y nacimientos de las criaturas, eran criadas como hermana/o de la propia madre.

Reflexiones de una ondjundju-Hablar de Àfrica-Juliana Mbengono

¿POR QUÉ SIGUE HABIENDO MÁS IMPOSTORES HABLANDO DE ÁFRICA QUE LOS PROPIOS AFRICANOS?

¿Qué pasa cuando queremos conocer a Fulano y empezamos a hacer preguntas a otros sobre él? A menudo acabamos recibiendo información poco útil, ya que cada quien nos hablará de Fulano desde su punto de vista o dependiendo de cómo se lleve con él. En cambio, si nos tomamos la molestia de hablar con Fulano y acercarnos a él es más probable que tengamos una idea realista. Lo mismo pasa con los libros, además de leerlos, es mejor hablar con su autor (si tenemos la posibilidad) antes de ir a buscar reseñas en internet. Por lo tanto, creo que también sería más lógico dejar que Fulanito sea quien diga qué le gusta y por qué se comporta como lo hace.
La mayoría de las novelas africanas que he leído parecen querer justificar o explicar por qué los africanos somos así o asá. ¿A qué se debe tanta necesidad de explicar quiénes somos o por qué somos? Durante muchos años los africanos fuimos objeto de estudio por científicos y aventureros europeos que se encargaban de definirnos y hablar de nosotros al resto del mundo. Tanto era su poder que incluso acabamos creyendo que éramos precisamente lo que decían que somos; por poner un ejemplo, en mi país los apellidos en lenguas nativas se han españolizado.
“Las cosas se pueden observar mejor desde fuera”. Pero ¿y si el que mira desde fuera no logra entender lo que ve? Y lo más importante, ¿se puede hablar de África como algo, algo homogéneo y uniforme? Guinea Ecuatorial y Camerún a pesar de ser dos países fronterizos son muy diferentes, ni siquiera las variedades de lengua fang en ambos países son iguales; quizá se pueda establecer similitudes en aspectos políticos; pero, hablar de Camerún y Guinea Ecuatorial como lo mismo sería igual que decir que Francia y Portugal no son diferentes.
La ciencia es universal y cualquiera debería poder realizar una investigación sobre cualquier tema que sea de provecho para la humanidad, pero si se trata de temas como las lenguas y las costumbres, es mejor que los protagonistas sean quienes SE DEN A CONOCER, porque nadie comprenderá su vida y sus costumbres mejor que ellos mismos. El que una alemana o inglesa venga a Guinea Ecuatorial a contarme como se habla o cómo es el español del país en el que vivo no me parece diferente a que sigan siendo los hombres quienes digan qué necesitan las mujeres o qué tan felices son en matrimonios polígamos. Y prueba de ello es que, habiendo contando con el apoyo de españoles que llevan años trabajando en Guinea Ecuatorial, en el cartel de anuncio para la conferencia “La diversidad del mundo hispanohablante y ¿cómo se habla el español en Guinea Ecuatorial?” la conversación usada como ejemplo no se acercara en lo más mínimo al español que se habla en mi país, ni siquiera se parece a lo que aquí llamamos guineo, que es un español en el que se expresa el pensamiento y el discurso en nuestras lenguas maternas antes que de acuerdo a las reglas de la lengua española.
El empeño de muchas personas europeas y americanas por ser voces de autoridad o grandes referencias en los discursos sobre África es un espectáculo ridículo que perpetua el colonialismo y el desconocimiento de África. ¿Si existe un proyecto que pretende visibilizar Guinea Ecuatorial como país hispanohablante, por qué no integrar a un académico ecuatoguineano o a algún estudiante para que se encarguen del trabajo de campo y su presentación? Algunos investigadores se limitan a pasar unos días o meses en un país como Guinea Ecuatorial dedicando unos minutos a charlar con algunas personas durante un par de días a la semana o al mes. Y con esto les basta para declararse conocedores de Guinea Ecuatorial o expertos en África.
Otro discurso que me resultó bochornoso fue el de Verónica Perreira Carillo quien, habiéndose presentado como conocedora del África Central donde vivió durante años, dijera en la “Conferencia de literatura africana de mujeres en el África subsahariana” que la escritora ecuatoguineana María Nsue sufrió mucha persecución por no ser de la etnia del presidente. María Nsue, la primera mujer ecuatoguineana en escribir una novela, fue una mujer fang. Cualquiera que conozca Guinea Ecuatorial y haya vivido entre Camerún y Gabón debería saber que Obiang, Nguema, Mbasogo, Ekomo, Okomo, Nsue y Angué son nombres fang. Este error no se habría dado si las organizadoras de las conferencias hubiesen contactado con alguna mujer africana, porque hay muchas doctorandas en África que podían haber dado aquella charla.
La escritura creativa sigue siendo uno de los mejores recursos que tienen los africanos para hablar de sí mismos, dado que requiere más imaginación y creatividad que investigación para documentar la historia con evidencias. En mi país, por ejemplo, el trabajo de investigación y las ideas de muchos investigadores se queda enterado en sus ordenadores o blogs porque no cuenta con suficientes recursos para implementarlos, mejorarlos o difundirlos con la misma capacidad que una investigadora americana. Ni siquiera las mismas instituciones públicas motivan a los ciudadanos a investigar, más bien, le dan peso y credibilidad al trabajo de un extranjero o de aquel que ha pasado media vida lejos de África. Los pocos que se atreven a investigar, aunque no sepan ni formar oraciones correctas en castellano e inglés, son unos David luchando contra Goliat. Y si de verdad hay alguien por ahí interesado en visibilizar las culturas africanas, podría empezar por apoyar a estos investigadores africanos.

Nostalgias de un emigrante-Clases sociales en un pueblo andaluz- Antonio Miguel Oliveros Quiroga

En las viviendas también se notaba la diferencia con los “ricos” ; ellos vivían en la calle principal en grandes casas y mejores servicios, normalmente eran de dos plantas con pozo y patio propio, daban a dos calles con las cuadras en la parte trasera con entrada y salida de ellas.

El cura, el juez, el mando con mayor graduación de la guardia civil, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, el médico y los caciques, eran la “clase alta”. Eran los más pudientes, comerciantes, hosteleros, cargos políticos de la época marcaban la actividad del pueblo.

Los pequeños comerciantes, ganaderos, agricultores con pequeñas propiedades y autónomos la “clase media”, el resto de los habitantes la “clase baja” y los pobres de solemnidad, que a estos todos los males que pasaban por el pueblo eran para ellos, desde las enfermedades, hasta los delitos que los civiles no daban con el verdadero culpable y que a base de palos se confesaban hasta de haber provocado el mal tiempo. Tenían unas viviendas humildes y pequeñas, de una sola planta a veces con el suelo de tierra endurecido con boñiga de vaca en las habitaciones, algunas tenían la cuadra en el fondo de la casa y los animales tenían que atravesar por medio, que era lo único solado con losas o cemento.

No tenían ni los más mínimos servicios, apenas luz eléctrica, el agua tenían que coger del pozo o la fuente pública más cercana y eran los que dependían de que algún pudiente o terrateniente le diera empleo, para ganar un jornal y mantener a sus familias.

Pero entre los pobres también existían diferencias y algunas familias eran aún más pobres con viviendas muchas veces compartidas con los propios animales y con precarias condiciones higiénicas, normalmente familias numerosas que dormían todos en la misma habitación.

Pasaron muchos años para que estas situaciones fueran mejorando, la luz eléctrica y el agua corriente en las casas supuso uno de los logros con más repercusión, se alcantarillaron las calles y con ello en las viviendas se acondicionaron los aseos y pavimentaron las viviendas, la mecanización en los trabajos fue haciendo que los animales fueran sacados de las casas. La obligación por parte de los empresarios de hacer contratos de trabajo y dar de alta en la seguridad social a los empleados, el acceso a la sanidad pública, supuso la mejora sanitaria para las familias menos pudientes y que antes solo estaba al alcance de los que podían pagarla o endeudarse para poder salvar al enfermo.

***En esa época las mujeres no podían desaprovechar ningún trabajo y cuando salía alguno era lo prioritario, (lavar ropa, pintar fachadas, limpiar las casas de los más pudientes etc.) por el pueblo y en el campo en la recogida de cualquier cereal, incluso faenas que eran de hombres por el esfuerzo físico que requerían. Así que los hijos se quedaban solos o cuidados por los hermanos mayores si los tenían, porque al cumplir diez o doce años, también tenían que trabajar, de aprendices, cuidando, ganado o cualquier trabajo que pudiesen realizar, para ganar algo por poco que fuera, algunos incluso por la comida.

Eran tiempos que la necesidad era mucha en las familias más pobres, tenían que arriesgarse a dejar sus hijos solos, para poder salir adelante y confiaban en los familiares o vecinos. Los más pequeños andaban por las calles y alrededores del pueblo todo el día, estaban expuestos a infinidad de peligros o circunstancias, que por su corta edad no debieran, pero también aprendían pronto a defenderse y buscar protección ante cualquier peligro o imprevisto. Lo peor era cuando algún desaprensivo intentaba abusar de la inocencia con amenazas y violencia para que no fueran denunciados.

Si el día amanecía lluvioso y no se podía salir al campo a trabajar, lo normal era pasarlo reunida toda la familia en la casa. Los niños al salir de la escuela iban jugando por los charcos de agua, caída en el último chaparrón en la calle sin asfaltar. Luego se secaban alrededor de la candela entre risas, mientras asaban bellotas y la abuela les contaba una historia, con tanto entusiasmo que los niños creían estar viviéndola, quedando impresionados por la seriedad de quien la estaba narrando. Mientras tanto los hombres aprovechan para hacer pequeñas reparaciones en los aparejos de las caballerías, o se reunían en la taberna para hacer algún trato, delante de una botella de vino, jugaban a las cartas o al dominó para pasar el rato. Las mujeres no paraban, cosían y hacían todas las faenas del hogar que tenían atrasadas por tener que ir a trabajar donde salía. La comida familiar era una fiesta en ese día, pues la reunión de la familia si la economía lo permitía y no se resentía, unas «Migas» que era comida barata donde se aprovechan las sobras del pan de varios días, remojado y bien escurrido, aceite de oliva, unos dientes de ajos y los recortes, de chorizo, salchicha, o tocino, se hacía una de las comidas más populares del invierno, acompañadas de unas sardinas arenques o cualquier carne o chacina, asadas en las brasas de una buena candela.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Paloma Chen

«Invocación a las mayorías silenciosas»

Letraversal. 2022

 

«Mi raza es la ansiedad / n-o soy suficiente» escribe Paloma Chen en este poemario. Indica de un modo claro y directo un estado de ánimo, el de quien está entre dos mundos metafóricos, dos culturas, dos idiomas y, en muchos casos, dos etnias reconocibles, visibles en unos rasgos que no debieran prestablecer referencias culturales o una identidad que nunca es absoluta, al final se individualiza, se incorporan tantos factores como posibilidades hay en cada cual y que están allí, como reflejos perennes en un espejo.

Pero atención, no nos habla esta autora del impacto que se da en una primera generación, la de los inmigrantes, la de quienes dan el salto y traspasan fronteras, impacto en dos sentidos, el de quienes emigran y se deben adaptar a otra sociedad, el de la propia comunidad de acogida o recepción con sus tópicos, a menudo absurdos, una fase que está, o que debería estar, superada en España, sino que da un paso más y plantea el reto de las segundas generaciones, la descendencia de quienes vinieron a España y que nacieron aquí, que estudiaron en los idiomas oficiales y se socializaron en ellos, que asumieron otra forma de entender la vida y a sí mismo a través de los lazos de amistad y afectivos con otras personas, cualquiera que sea su origen, lazos de amistad y de formación tan importantes como los familiares, por muy importantes que sean los conceptos de familia o de comunidad propia, como ocurre con el colectivo chino.

Este segundo aspecto, el de los descendientes, con sus expectativas y sus procesos imprecisos, a caballo entre dos mundos, es nuevo en España y se halla muy presente en este poemario.

Paloma Chen, alicanchina como se define en un momento dado, nos plantea con poemas muy directos, a veces incisivos, pero muy bellos, repletos de plasticidad, su propia experiencia en esa dicotomía de vivir en la hibridez y verse siempre obligada a elegir, a definirse. «¿Es mi cuerpo territorio neutral cuando sufre una / disociación entre / mi(s) nombre(s), / mi rostro y mi recién estrenada / nacionalidad?». Se acaba viviendo en un estado de ambigüedad, que al final se vuelve verdadera condición en quienes  viven en este conflicto latente entre el nosotros y el ellos, y que sale una y otra vez a la palestra obligando, parece ser, a plantear siempre la cuestión, incluso generación tras generación, «mis hijos escribirán sobre heridas y fronteras». Pero no sólo es algo que procede únicamente de la sociedad llamada de acogida –¿de acogida cuando han nacido y vivido siempre en ella?–, tan sujeta a los tópicos y a la dificultad de asumir que compartimos referencias y un mundo simbólico, que los rasgos no son a la larga tan definitorios, también de esa sociedad de origen, de la que no sólo se heredan dichos rasgos, ante la cual hay una vaga nostalgia que conduce a buscar en la infancia, en la cocina de la infancia, no encajonarse en la condición de apátrida.

Sin duda es un poemario muy válido tanto por el propio mérito de los poemas, por su originalidad, por la belleza de sus imágenes y su sonoridad, como por la expresión de una vivencia sobre la que se habla con frecuencia y se escriben a menudo sesudos ensayos, pudiendo encontrar en su lectura el impacto emocional de quienes a todas luces son parte de nuestra normalidad.

Capplannetta ¿outsider or loser? Cecilio Olivero Muñoz

Martín Scorsese ha dado en el clavo tantas veces que, como a mí, le gusta indagar entre esos personajes masculinos fuera de lo normal, al borde del abismo, y con mujeres fatales que dan a esos personajes cierto aire de superhombres. Por eso dirán tal vez las féminas que resulta misógino. Yo lo que creo es que enfoca en Taxi Driver y en Toro Salvaje un excelente trabajo de hombres acabados, en los cuales la capa de héroes se les queda pequeña. Basta ya de superhéroes. Travis, el personaje protagonista de Taxi Driver, parece que va a realizar un magnicidio y al final (no quiero hacer spoiler) todos sabemos en lo que acaba. Todo aquel que haya visto la película sabe que algo va a pasar, pero no se sabe cuando. Sobre todo lo sospechamos o lo empezamos a entrever cuando el hombre negro, también taxista, le dice: – Adiós, Matador. Se lo dice después de que los demás taxistas despotriquen verbalmente sobre el barrio de los Maumau (barrio de población afroamericana). 

Después tenemos el film Toro Salvaje, que no es precisamente un cuento de hadas, y en la película, basada ésta en el libro autobiográfico de Jack Lamotta. Jack, un personaje carismático a la vez que perdedor nato, lo meten en presidio por dejar a chicas menores entrar en su local de copas. Se golpea la cabeza contra la pared del calabozo diciéndose ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hecho que da ternura a la vez que risa debido al absurdo en el que se halla inmerso. Jack Lamotta acaba en la decadencia más absoluta. A diferencia de Taxi Driver que se nos muestra desde el principio. En Jack vemos a un ganador resbalar desde la cúspide. 

Perdonen que haya sido un tanto spoiler. Pero estas películas unidas son a la vez el hombre que es, o que se convierte, el protagonista de Cibernética esperanza. Llamado Capplannetta es todo lo contrario a cómo se hace llamar. Aunque el nombre parezca un galimatías en catalán, en realidad el personaje de Capplannetta es charneguito. Cosa que lo lleva con gracia y socarronería. Pues bien. Capplannetta en sus monólogos habituales nos enseña la cara triste de un outsider. Un personaje que por cuestiones del destino se ve arrojado en una infernal inmersión desde el nadir de la psiquiatría hasta los devaneos con la decadencia más absoluta. No quiere decir esto que este sea un loser por prescripción médica, pero se mete él solo en unos vericuetos descomunales. Y sin hacer tampoco de spoiler vemos un hombre en toda su esencia de caída a los infiernos. Como Jack Lamotta cuando éste se golpea en la pared de su celda preguntándose por qué, Capplannetta entra en devaneos entre el absurdo y su torpeza habitual. 

Capplannetta no es Jack Lamotta ni tampoco el taxista Travis. Pero la derrota de los hombres que nos enseñan estas tres historias de derrotas y absurda tragedia postmoderna es que no hay ni un solo Travis, ni un Jack Lamotta, ni tampoco un Capplannetta, que se escape del absurdo de esta vida llena de recovecos y miserias decadentes. No se escapa nadie de la decadencia. Ni el más ganador, ni tampoco el más perdedor. Nadie.

Entrevistas a poetas y escritores argentinos-Por Rolando Revagliatti

Reflexiones de una ondjundju-Amores que quitan el miedo a la muerte-Juliana Mbengono

AMORES QUE QUITAN EL TEMOR A LA MUERTE

¿Es lógico amar lo que no te hace feliz? Lo más recomendable suele ser huir de lo que te hace daño y los peros no valen. Pero, a veces, huir no es la opción, sientes que solo contribuirás a perpetuar la situación y otros seres a los que amas con mayor locura podrían sufrir mucho más que tú.

Es verdad que los problemas de casa deben quedarse en casa, también es verdad que todos necesitamos contar con otras opiniones de vez en cuando para resolver algún problema en casa. Por ejemplo, algunos sentimos que hace falta cruzar el mar o surcar los cielos y exponer nuestras miserias ante quienes ya nos miran con lástima o ira, para traerle una vida más digna a nuestros familiares.

En el caso de África, es un poco difícil amarla en todo momento. Supongo que lo mismo pasa con alguna europea, asiática o americana que no termina de encontrar su lugar en su tierra o, simplemente, siente que se le hace muy difícil, para no decir imposible, encontrar oportunidades de crecimiento personal y económico.

Me da algo cuando, en Antena 3, nova o cualquier otro canal europeo o americano, tras el anuncio de algún perfume caro, un coche lujoso un plan de seguros con actores blancos y mulatos; sale un anuncio de Unicef, Médicos Sin Fronteras o la OMS pidiendo donaciones para salvar a niños negritos al borde de la inanición.

Mientras veo el anuncio, se me ocurren un montón de preguntas como ¿existirán niños necesitados en alguna esquina de España o Italia, muy lejos de Somalia o la India? ¿Con coger a una mulata de pelo rizado, que no se parece en nada al afro fosco y enmarañado propio de las africanas, se creen que están representando a la gente negra o es que, simplemente, no se dan cuenta de que están creando otro canon de belleza que muchas, desgraciadamente, intentaran alcanzar en vano aclarándose la piel y comprando demasiados productos capilares?

Lo más triste, lo peor de todo, es que sólo unos minutos después de apagar la tele, cuando salgo al patio y miro a mi alrededor: niños sucios y desarrapados que se quedan solos en el barrio mientras sus madres trabajan, jóvenes que sienten que han perdido el tiempo en la universidad cuando podían haber hecho una formación profesional y emprender… Entonces, siento y pienso que sí necesitamos ayuda. Quizás algún niño blanco también la necesite, y seguramente sabe dónde encontrarla.

Necesitamos que occidente siga diciendo que África necesita ayuda, porque todos no contamos con mentores y padres inversores, muchos la necesitamos y en todos los aspectos. La caridad de Unicef, la OMS o la Cruz Roja que llegue a alguno de nuestros países, probablemente, caerá primero en las manos de un hermano con la panza y la papada tan abultadas como un sapo; y de la harina que se desprenda cuando las ranas se peleen por la sémola que se le caiga al mascar, algunos renacuajos podremos lamer mientras seguimos intentando sobrevivir para ver el día en que en nuestras vidas se haga real lo de “PUEDES LOGRAR TODO LO QUE TE PROPONGAS”.

Es muy fácil decir que amo mi tierra, y la verdad es que la amo, porque la tierra que yo piso al caminar es de las mejores. Es fértil, hermosa y agradable. Lo que no sabría decir es si amo la vida que ese amor me da a mí y a otras personas. Hace sólo unos pocos días, un amigo, poeta, universitario, emprendedor y algo más, me dijo que le agradecería a Dios si se muriera antes de los treinta. Suena patético, deprimente… pero yo también he tenido momentos en los que he creído que me iba a morir, como cuando pisé un clavo y semanas después tuve taquicardias con demasiada frecuencia. Esa idea de poder mandarlo todo al carajo me producía una extraña alegría y felicidad, como cuando esperas la visita de un amigo que no acabas de ver o un regalo anunciado.

No es que mi amigo y yo seamos negativos; todo lo contrario, somos tan optimistas que él cree y está trabajando por crear el primer medio con libertad de expresión en nuestra República Democrática y yo creo que podré resucitar los cultivos de arroz y café de mi abuelo en el poblado.

Se diga lo que se diga, ser joven en África y uno de los primeros de tu familia que acaba el bachillerato, además sorprenderte con que de repente eres mayor y debes ser independiente cuando nunca se te ocurrió que debías aprender a valerte por ti porque tendrás que hacerte a ti mismo sin muchas manos poderosas amigas, no es nada fácil. Parece que tener una vida digna en este continente sólo puede ser un milagro, como que te caiga un meteorito en la puerta o se descubra oro en el suelo de tu salón.

A veces quiero convencerme de que no es sólo en mi ciudad; que, en otras partes, algunas personas con valores y principios llegan a pensar que los arrastrados y sinvergüenzas se dieron cuenta muy pronto de que ser honrado y creer que puedes alcanzar el bienestar por tus propios méritos era una utopía. Pero, vuelvo a preguntarme si el bienestar no es nada más que tener la conciencia tranquila y ver a tu familia sana y feliz. Quizás, en realidad, no necesitamos ser vendidos como el infierno lastimero.

Alfonso Sastre (In Memoriam)

Alfonso Sastre

No le tocó una época sencilla. Tampoco un país fácil. Claro que ninguna época ni ningún país lo son en realidad. En todo caso, le correspondió la adversidad de vivir bajo un régimen autoritario después de haber sido testigo en su niñez de una guerra y, ya en la adolescencia, de una primera posguerra bastante cruda, por decirlo de un modo suave, lo que desde luego determina a cualquiera. Las circunstancias, sin lugar a dudas, forman parte de nuestra identidad personal, y en el caso de Alfonso Sastre le condujeron a ser crítico con su tiempo y su país. No optó, por otro lado, por lo cómodo, no siguió el consenso ni asumió los valores hegemónicos, mucho menos los impuestos con calzador, intentó como tantos otros vivir una vida plena, en busca de una armonía y una coherencia que no se suelen encontrar con facilidad a la vuelta de la esquina. Otra cosa es lo que cada cual opine de determinadas opciones sociales o políticas que él adoptó, o si se debe juzgar al autor por ellas, pero esto ya es otro tema en el que no podemos ni queremos entrar.

Fue en los años cuarenta cuando comenzó a escribir. Se decantó por el teatro, aunque su narrativa y su poesía no son en absoluto desdeñables. Pero lo que le atraía fue la dramaturgia, claro que al margen de un teatro complaciente o superficial. La guerra, la española y la mundial, inmediata (aunque puede que hablemos en realidad de una misma guerra), planteó una serie de preguntas sobre la naturaleza humana a las que Alfonso Sastre no fue ajeno. Era una época de existencialismo y estética tremendista, de crítica política que en España, además, adquirió otros tintes. 

En 1945 formó el Grupo Arte Nuevo, junto a Alfonso Paso, José Franco o José María de Quinto, entre otros. Escribió con Medardo Fraile, un autor fundamental en el género de la narrativa breve, las piezas «Ha sonado la muerte» y «Comedia Sonámbula». Las posiciones sociales de Sastre se afianzaran en aquel momento y participó en la redacción del Manifiesto del Teatro de Agitación Social (1950) y del Manifiesto del Grupo de Teatro Realista (1960). Entretanto, sufrió la censura, una de sus primeras obras de teatro, «Escuadra hacia la muerte», se prohibió nada más estrenarse. En 1966 acaba en prisión y escribe una de sus piezas más conocidas, «La taberna fantástica», que no se representaría hasta 1985. Bertolt Brecht o Jean-Paul Sartre influyeron en su obra, al tiempo que se sintió heredero de Valle-Inclán y adaptó también obras de Ibsen y Strindberg, entre otros autores extranjeros.

Su obra es amplia y de calidad. En 1993 ganó el Premio Nacional de Literatura en su modalidad de literatura dramática. Sin duda, ha muerto uno de los escritores más importantes que aportó bastante luz a la cultura española, forma parte a todas luces de nuestra identidad cultural colectiva y así se lo reconocemos, como no puede ser de otra manera.