Reflexiones de una ondjundju-Amores que quitan el miedo a la muerte-Juliana Mbengono

AMORES QUE QUITAN EL TEMOR A LA MUERTE

¿Es lógico amar lo que no te hace feliz? Lo más recomendable suele ser huir de lo que te hace daño y los peros no valen. Pero, a veces, huir no es la opción, sientes que solo contribuirás a perpetuar la situación y otros seres a los que amas con mayor locura podrían sufrir mucho más que tú.

Es verdad que los problemas de casa deben quedarse en casa, también es verdad que todos necesitamos contar con otras opiniones de vez en cuando para resolver algún problema en casa. Por ejemplo, algunos sentimos que hace falta cruzar el mar o surcar los cielos y exponer nuestras miserias ante quienes ya nos miran con lástima o ira, para traerle una vida más digna a nuestros familiares.

En el caso de África, es un poco difícil amarla en todo momento. Supongo que lo mismo pasa con alguna europea, asiática o americana que no termina de encontrar su lugar en su tierra o, simplemente, siente que se le hace muy difícil, para no decir imposible, encontrar oportunidades de crecimiento personal y económico.

Me da algo cuando, en Antena 3, nova o cualquier otro canal europeo o americano, tras el anuncio de algún perfume caro, un coche lujoso un plan de seguros con actores blancos y mulatos; sale un anuncio de Unicef, Médicos Sin Fronteras o la OMS pidiendo donaciones para salvar a niños negritos al borde de la inanición.

Mientras veo el anuncio, se me ocurren un montón de preguntas como ¿existirán niños necesitados en alguna esquina de España o Italia, muy lejos de Somalia o la India? ¿Con coger a una mulata de pelo rizado, que no se parece en nada al afro fosco y enmarañado propio de las africanas, se creen que están representando a la gente negra o es que, simplemente, no se dan cuenta de que están creando otro canon de belleza que muchas, desgraciadamente, intentaran alcanzar en vano aclarándose la piel y comprando demasiados productos capilares?

Lo más triste, lo peor de todo, es que sólo unos minutos después de apagar la tele, cuando salgo al patio y miro a mi alrededor: niños sucios y desarrapados que se quedan solos en el barrio mientras sus madres trabajan, jóvenes que sienten que han perdido el tiempo en la universidad cuando podían haber hecho una formación profesional y emprender… Entonces, siento y pienso que sí necesitamos ayuda. Quizás algún niño blanco también la necesite, y seguramente sabe dónde encontrarla.

Necesitamos que occidente siga diciendo que África necesita ayuda, porque todos no contamos con mentores y padres inversores, muchos la necesitamos y en todos los aspectos. La caridad de Unicef, la OMS o la Cruz Roja que llegue a alguno de nuestros países, probablemente, caerá primero en las manos de un hermano con la panza y la papada tan abultadas como un sapo; y de la harina que se desprenda cuando las ranas se peleen por la sémola que se le caiga al mascar, algunos renacuajos podremos lamer mientras seguimos intentando sobrevivir para ver el día en que en nuestras vidas se haga real lo de “PUEDES LOGRAR TODO LO QUE TE PROPONGAS”.

Es muy fácil decir que amo mi tierra, y la verdad es que la amo, porque la tierra que yo piso al caminar es de las mejores. Es fértil, hermosa y agradable. Lo que no sabría decir es si amo la vida que ese amor me da a mí y a otras personas. Hace sólo unos pocos días, un amigo, poeta, universitario, emprendedor y algo más, me dijo que le agradecería a Dios si se muriera antes de los treinta. Suena patético, deprimente… pero yo también he tenido momentos en los que he creído que me iba a morir, como cuando pisé un clavo y semanas después tuve taquicardias con demasiada frecuencia. Esa idea de poder mandarlo todo al carajo me producía una extraña alegría y felicidad, como cuando esperas la visita de un amigo que no acabas de ver o un regalo anunciado.

No es que mi amigo y yo seamos negativos; todo lo contrario, somos tan optimistas que él cree y está trabajando por crear el primer medio con libertad de expresión en nuestra República Democrática y yo creo que podré resucitar los cultivos de arroz y café de mi abuelo en el poblado.

Se diga lo que se diga, ser joven en África y uno de los primeros de tu familia que acaba el bachillerato, además sorprenderte con que de repente eres mayor y debes ser independiente cuando nunca se te ocurrió que debías aprender a valerte por ti porque tendrás que hacerte a ti mismo sin muchas manos poderosas amigas, no es nada fácil. Parece que tener una vida digna en este continente sólo puede ser un milagro, como que te caiga un meteorito en la puerta o se descubra oro en el suelo de tu salón.

A veces quiero convencerme de que no es sólo en mi ciudad; que, en otras partes, algunas personas con valores y principios llegan a pensar que los arrastrados y sinvergüenzas se dieron cuenta muy pronto de que ser honrado y creer que puedes alcanzar el bienestar por tus propios méritos era una utopía. Pero, vuelvo a preguntarme si el bienestar no es nada más que tener la conciencia tranquila y ver a tu familia sana y feliz. Quizás, en realidad, no necesitamos ser vendidos como el infierno lastimero.

Alfonso Sastre (In Memoriam)

Alfonso Sastre

No le tocó una época sencilla. Tampoco un país fácil. Claro que ninguna época ni ningún país lo son en realidad. En todo caso, le correspondió la adversidad de vivir bajo un régimen autoritario después de haber sido testigo en su niñez de una guerra y, ya en la adolescencia, de una primera posguerra bastante cruda, por decirlo de un modo suave, lo que desde luego determina a cualquiera. Las circunstancias, sin lugar a dudas, forman parte de nuestra identidad personal, y en el caso de Alfonso Sastre le condujeron a ser crítico con su tiempo y su país. No optó, por otro lado, por lo cómodo, no siguió el consenso ni asumió los valores hegemónicos, mucho menos los impuestos con calzador, intentó como tantos otros vivir una vida plena, en busca de una armonía y una coherencia que no se suelen encontrar con facilidad a la vuelta de la esquina. Otra cosa es lo que cada cual opine de determinadas opciones sociales o políticas que él adoptó, o si se debe juzgar al autor por ellas, pero esto ya es otro tema en el que no podemos ni queremos entrar.

Fue en los años cuarenta cuando comenzó a escribir. Se decantó por el teatro, aunque su narrativa y su poesía no son en absoluto desdeñables. Pero lo que le atraía fue la dramaturgia, claro que al margen de un teatro complaciente o superficial. La guerra, la española y la mundial, inmediata (aunque puede que hablemos en realidad de una misma guerra), planteó una serie de preguntas sobre la naturaleza humana a las que Alfonso Sastre no fue ajeno. Era una época de existencialismo y estética tremendista, de crítica política que en España, además, adquirió otros tintes. 

En 1945 formó el Grupo Arte Nuevo, junto a Alfonso Paso, José Franco o José María de Quinto, entre otros. Escribió con Medardo Fraile, un autor fundamental en el género de la narrativa breve, las piezas «Ha sonado la muerte» y «Comedia Sonámbula». Las posiciones sociales de Sastre se afianzaran en aquel momento y participó en la redacción del Manifiesto del Teatro de Agitación Social (1950) y del Manifiesto del Grupo de Teatro Realista (1960). Entretanto, sufrió la censura, una de sus primeras obras de teatro, «Escuadra hacia la muerte», se prohibió nada más estrenarse. En 1966 acaba en prisión y escribe una de sus piezas más conocidas, «La taberna fantástica», que no se representaría hasta 1985. Bertolt Brecht o Jean-Paul Sartre influyeron en su obra, al tiempo que se sintió heredero de Valle-Inclán y adaptó también obras de Ibsen y Strindberg, entre otros autores extranjeros.

Su obra es amplia y de calidad. En 1993 ganó el Premio Nacional de Literatura en su modalidad de literatura dramática. Sin duda, ha muerto uno de los escritores más importantes que aportó bastante luz a la cultura española, forma parte a todas luces de nuestra identidad cultural colectiva y así se lo reconocemos, como no puede ser de otra manera.

De paseo por la cinemateca-Cecilio Olivero Muñoz

-DE PASEO POR LA CINEMATECA-

SOBRE LA PELÍCULA «ALGUIEN VOLÓ 

SOBRE EL NIDO DEL CUCO»

Es una película de Miloš Forman, director que a menudo recurre al tema de la reclusión, basada en una novela de un escritor no muy conocido, Ken Kesey. La película se estrenó en el año 1976 en España. Pero la novela es de la década anterior.

Jack Nicholson interpreta al protagonista, McMurphy. En una labor magistral, se recrea el estereotipo de un ser inadaptado. Es un outsider vicioso, mujeriego y pendenciero a quien trasladan desde la prisión donde se halla condenado a trabajos forzados al hospital psiquiátrico, con el sambenito de que no quiere trabajar. La película transcurre en un sanatorio, y, como en todos los hospitales, se vive ese ambiente tenso en cada rincón, tensión a la que te vas acostumbrando. 

Llevan a cabo una terapia de grupo donde se deja entrever cierto sesgo de temas civiles o raciales, comenzando con el propio personal a cargo de los enfermos psíquicos. Hasta que llega McMurphy y lo revoluciona todo. Como en cualquier hospital psiquiátrico, están aquellos con los que se puede hablar y los que son personas incapaces de comunicarse. Viven en su mundo y se diferencian del resto de enfermos.

Es necesario recalcar en el título de la película. Alguien voló sobre el nido del cuco. El cuco es un pájaro que se come los huevos de otros pájaros de su tamaño y los sustituye por los suyos, que son de un color pardusco, y aunque distintos al de otros pájaros, éstos no se percatan del cambiazo. 

El personaje de McMurphy sería el cuco, y ¿qué pájaro volaría tan alto como el nido del cuco? Estamos ante la posibilidad de considerarlo un pájaro de tamaño superior. 

La enfermera jefa, una mujer insensible y muy autoritaria, es la parte negativa frente a la manera de pensar del protagonista, un crápula en toda regla. La enfermera jefe es una mujer fría, soberbia y sin reparo en controlar a cada uno de los enfermos, lo que en el argot se denomina “observación”, y las enfermeras, dedicadas a dar la medicación de los pacientes y atender sus necesidades, coordinadas a los celadores, que son hombres de raza negra, custodian y vigilan a los enfermos. Hay personajes varios. Pero en el trasfondo se representa a la Norte América racial, ya que a pesar de que son de distintas razas y procedencias, el hospital acaba siendo un pequeño ghetto. El personaje nativo norteamericano es el protagonista opuesto al que interpreta Jack Nicholson.  Es Alto, fuerte y sordomudo. Al menos es lo que todos piensan. Al personaje nativo McMurphy lo denomina “el jefe indio”. Y tras involucrarse ambos en un altercado los envían a la sala de espera para aplicarles un electro shock. Debo recalcar que esta práctica aún se realiza en los hospitales psiquiátricos.

 

Cuando el nativo, al que creíamos sordomudo, le habla al díscolo y pendenciero McMurphy, le confía el secreto de su sordomudez y se deduce que es debida al hecho de sobrevivir y excluirse de la sociedad “normal”, una sociedad que lo margina. Entonces en ese momento transcurre una pequeña charla entre ambos donde el indio le cuenta que su padre era un alcohólico y que no lo dejaban tranquilo. 

El perfil de cada enfermo puede resultarle familiar al espectador, dado que hay varios estereotipos entre ellos. Algunos se han recluido por decisión propia y otros están encerrados por algún delito u otros motivos. 

La pregunta que nos hacemos es: ¿es viable la intervención por electro shock en estos tiempos? Yo creo que no, aunque se sigue practicando. Incluso la de atar a enfermos a la cama. Y otra cuestión: ¿es McMurphy víctima o realmente para él nada parece importarle? Vean el film y cuestionen ustedes mismos cada personaje. Sin duda obtendrán una buena conclusión. 

La mixtura es el futuro-Cecilio Olivero Muñoz

El tropicalismo es originario de Brasil, pero las nuevas corrientes musicales en español lo han restaurado. Es indiscutible que el mestizaje es ahora parte y razón de ser en nuestro mundo que da vueltas y vueltas en su transcurso de 365 días. Logran el fruto de la mixtura. La mixtura es el futuro. Las civilizaciones no son las mismas, han cambiado en lo sustancial, aunque no en lo más profundo de cara a las viejas costumbres. Puedo nombrar estilos que forman parte del tropicalismo, y que han sabido desarrollar una música novedosa, siempre acentuando las raíces del hemisferio sur. Hablo de la bossa-nova, o la samba, en el cono sur existen géneros como el Neo-tango. En España encontramos el flamenco pop. También el flamenco chill out. Han sabido unir la música flamenca y el Tango a géneros que predominan en sí mismos por su calidez. 

Existen grupos en español que han llevado el tropicalismo a su quintaesencia, como por ejemplo, Gecko Turner y su tema famoso Toda mojadita, o por ejemplo, Mi swing es tropical que ha sido compuesta por Quantic & Nickodemus. También están en el tema Tempo, y The Candela allstars. Todos estos nombres vienen de Puerto Rico. También hay que poner énfasis en el mestizaje español en un disco de Raimundo Amador, a raíz del 60 Aniversario en el que nació, con un directo en casa. Tienen un tema llamado Plata o Plomo que cuenta con la participación del rapero y actor Langui; en el mismo álbum tiene un tema llamado A mi Ray, en referencia a Ray Heredia, compositor y cantante que murió de sobredosis, pero del que no hay que olvidar su talento. Un talento merecedor de algún homenaje, que por desgracia se pueden contar con los dedos de una mano.

Hemos hecho un breve repaso por la música de aquende y allende los mares. También, siguiendo la inercia del mestizaje, mejor llamarlo mixtura. Se puede realizar una conclusión al respecto. La música es aquella parte de nosotros que esperábamos nos viniera a calmarnos el tedio con sonidos ya ancestrales, y otros de nuevo cuño. La música, ese lugar que empieza donde acaban las palabras. Es de agradecer la música que nos ate a la vida. Ya lo dijo Jim Morrison, que la música es tu amiga especial. Por eso debe ser que los músicos y “las músicas” son parte de nuestra banda sonora. Cuando un tema solamente te habla a ti quiere decir que eres un amigo especial. A cada cual le corresponde su sonido.

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La sonrisa etíope (Cecilio Olivero Muñoz)

Su nombre y apellidos: José Rubianes Alegret, más conocido por Pepe Rubianes, fecha de nacimiento: 02 de septiembre de 1947, fecha de fallecimiento: 01 de marzo de 2009; les invito, o mejor decir, les sugiero que vean por YouTube una obra del mismísimo (Pepe Rubianes) llamada La sonrisa etíope, sin duda, se divertirán muchísimo. Pepe era un gran amante de África, y de sus chicas, como nosotros, pero lo que más me gusta de esta obra de Pepe es que le quita la mala fama al continente africano, sobre todo de la parte de Etiopía, y entre simbolismos, entre tópicos, anecdotarios ya sean ficcionados o reales, y demás locuciones en este mismo monólogo, amenizado por danzas etíopes, es agradable reírte tanto desde tan poco argumento. En simbología, en lo que a simbología se refiere, van a encontrar una amalgama de espejos en los que se sentirán identificados y partícipes de la obra. Es sin duda un espectáculo genial. El autor, que era de Villagarcía de Arousa, nos remonta desde su niñez hasta sus vivencias presentes. Les sugiero hagan un repaso por otras obras de Pepe Rubianes, también en YouTube. No quiero adelantarles partes de la obra, pero sí diré que Pepe Rubianes era tan amante de África que en vida escribió una gran obra dedicada al continente negro, libros que aún pueden encontrar en papel impreso, y en formato e-books.

the poetic justice (Cecilio Olivero Muñoz)

Cuando hablo de justicia poética no hago alusión a la película estrenada en 1993 titulada Poetic Justice del director John Singleton, cuando digo Justicia poética me refiero a los hechos que estamos viviendo en estos nuevos amaneceres. Debo de empezar este breve simulacro contra la reclusión obligatoria añadiendo que, para nada es de Justicia Poética el que fallezca tanta gente y mucho más si éstos son ancianitos huérfanos -estos sí- de toda justicia, incluso la divina. Pero ya que hablamos de lo divino, no creo que nada tenga que ver Dios en este asunto, aunque sí el azar, el azar es un gran ordenador, un gran justiciero, en este caso poético. Que todos estemos en obligada reclusión puede parecer ilógico pero así es este mundo que hemos creado entre todos a pasos de gigante. ¿Nos merecemos este tipo de justicia poética? Nosotros, que hemos hecho tanto por las especies animales, que tenemos unos océanos puros y cristalinos, que tenemos a más de la mitad del mundo pasando hambre, nosotros, que somos el origen de tantas injusticias, de holocaustos, de campos de concentración, en fin, nosotros que hemos hecho de este mundo un infierno y ahora estalla la bomba en nuestras manos justo ahora que íbamos a cambiar temas como el cambio climático, la pobreza mundial, que acudimos como locos todos ante la deforestación del Amazonas. ¿De qué nos ha servido tanto esfuerzo en preservar la naturaleza? ¿En mantener en armonía a los pueblos? Qué mundo tan placentero nos había quedado y ahora ZAS! Como el que no quiere la cosa está tan vacío, tan ordenado que aún no creemos en el caos que hemos engendrado, no, no es alarmismo, es Justica Poética y nada más que eso, ¿cuánto tiempo más nos queda esperar paz? ¿Cuánto?

Ernesto Cardenal (Juan A. Herdi)

El pasado primero de marzo moría en Nicaragua Ernesto Cardenal. Conocí su poesía hace mucho tiempo ya, casi mientras comenzaba a interesarme por estas cosas de la literatura, en un momento en que los autores latinoamericanos nos brindaron el regalo de su lenguaje ágil y libre, frente a una lengua que en España estaba no poco anquilosada, pero que parecía liberarse gracias al español de América. Pude descubrir de este modo una poesía rebelde, un tanto traviesa, con maravillosos juegos sonoros y elocuentes que nada tenía que ver con lo leído hasta entonces, en un idioma que nos resultaba suave, poético por sí mismo, gracias a ese acento que tanto difería con la hosquedad del castellano ibérico.

Pero Ernesto Cardenal no sólo fue el poeta encomiable del país de Rubén Darío. Para quienes de pronto lo descubrimos entre los muchos nombres que nos llegaban del otro lado del mar, era sobre todo un poeta indómito y libre que no dudó en comprometerse con la sociedad hasta intervenir abiertamente en los conflictos reales de su país. Nicaragua se convirtió en uno de los faros de la necesaria revolución, una revolución que deseábamos diferente y, por de pronto, esperábamos que no mostrara los tics de otras revoluciones que olvidaron muy pronto que el objetivo era cambiar la realidad y emancipar a las personas, no construir otras tiranías.

También era teólogo y católico, y de este modo nos dimos de bruces con otra Iglesia, otras iglesias, ajena a los oropeles y a la grandilocuencia a la que estábamos por desgracia acostumbrados por aquí y con la que en nada nos identificábamos, de ahí la lejanía. Muchos éramos además orgánicamente ajenos a la Iglesia (con mayúscula hierática), a ese Vaticano orgulloso y aristocrático, pero también a las Iglesias-Institución, frente a las cuales se levantaba la Comunidad de Solentiname, inevitable no sentir simpatías hacia esa teología que optaba por otro modo de ver el mundo, de organizarlo y de vivirlo.

Es difícil discernir cuál de las tres facetas de Ernesto Cardenal –la poética, la teológica o la revolucionaria– es la más importante, tal vez sea imposible, están vinculadas entre sí y no se puede dividirlas, encerrarlas en cápsulas separadas: escribía como escribía porque era un teólogo revolucionario, y al mismo tiempo su visión de la realidad y su acción en el día a día estaban imbuidos de poesía.

Tuvo un papel importante en la gobernanza de Nicaragua durante el periodo revolucionario, en aquel primer gobierno sandinista que surgió en 1979 y culminó diez años después y que nada tuvo que ver con la evolución posterior del sandinismo, hasta hoy. Inolvidable fue la bronca del Papa Juan Pablo II a su llegada a Managua, la foto corrió por todo el mundo y es algo que no se ha olvidado. Pero la anécdota no ensombreció al hombre, al teólogo ni sobre todo al poeta. 

Tuvo en José María Valverde, profesor de estética y también poeta, su mayor admirador en España, compartían el amor por la literatura pero también una visión del mundo muy parecida. Tierra de poetas, denominó Valverde a aquel país con el que tanto se identificó en aquel momento, Gioconda Belli o Claribel Alegría lo demostraban entre tanto otros. Viajó a España en varias ocasiones, compartiendo con la gente, impresionados todos por su cercanía y una no poca socarronería elegante.

Sin duda ha influido a generaciones de poetas y escritores en español, se le recordará a pesar de la ignominia y el oscurantismo de estos malos tiempos.

De estos cines, Claudia, de estas fiestas

de estas carreras de caballos,

no quedará nada para la posteridad

sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia

                      (si acaso)

De anochecida (Cecilio Olivero Muñoz)

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Me eché a dormir por la tarde y desperté de anochecida, me puse a ver las noticias y había demasiada sangre, y lo más cruel era que siempre suele ser sangre inocente, como siempre, también culpable, pero la inocente es la que duele, después me puse la película Flamenco, Flamenco de Carlos Saura, es importante decir que es la segunda parte de su primer film sobre flamenco, llamado Flamenco a secas. Si me dieran a elegir entre las dos no sabría con cual quedarme, las dos son de una enorme calidad plástica y estética. En la primera sale el Farruquito con su abuelo Farruco y Chocolate al cante, en la segunda sale Farruquito en un gran alarde de su arte ya casado y liberado de su reclusión en prisión. Se le ve fresco, alegre, es un gran bailaor nombrado por la revista Times como uno de los hombres más atractivos del planeta, quizá tengan razón, pero hay que ver cómo baila. En estos tiempos de incertidumbre política es lo único que no está podrido, el arte. Ver esa película fue como un bálsamo reconciliador con el ángel bueno que todo el mundo tiene. En la segunda parte de esta película sobre flamenco salen toda la nueva hornada de artistas flamencos, hay que ver los fondos que usa el gigantesco director Carlos Saura, fondos de paisajes goyescos, te recuerdan al Greco, a Zurbarán, también usa fondos de pintores como Julio Romero de Torres, y carteles de películas de Lola Flores, Juanita Reina, Manolo Caracol, la Piquer, también portadas gigantes de La Paquera de Jerez, y un largo etcétera, también se involucra en atajos de espejos y sorpresivos trampantojos. Sería una ardua labor enumerar aquí todos los cantaores, bailaores, y tocaores, que fluyen en la película. En la película la actuación se une a lo verídico constantemente y un juego de luces y elocuentes trucos de cámara hacen de esta obra de arte todo un espectáculo, les invito a verla. No se arrepentirán.

 

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la mejor película (Cecilio Olivero Muñoz)

Se pueden seguir varios criterios para catalogar una película como la mejor película que hayas visto jamás. Los hay de muchos criterios, que nos hable bien la crítica, que sea premiada en un importante festival de cine, también si te han hablado muy bien de ella y han dado en el clavo recomendándola. Pero a mi parecer, el mejor criterio que puedes tener es tu propio ojo crítico cuando estás viendo una película y no quieres que se acabe, es parecido a cuando estás soñando algo alucinante y te despiertan y te resistes, pero no, tienes que levantarte, ya sea para trabajar o para sacar el perro a pasear, pero no quieres que se acabe tu sueño alucinante. O también vale ese tipo de películas que las recuerdas por algún detalle, o quizá repitas una frase que te gustó con alguien que sabes que no la ha visto, repites la frase como un Don Quijote postmoderno a lomos de Rocinante. Podría ser una buena novela y un buen remake de la obra de Cervantes, un remake en la postmodernidad tardía. En lugar de estar loco por las novelas de caballerías, estar loco por los personajes épicos del cine, incluyendo superhéroes y demás filantropía. También vale para mujeres, aquí no hay diferencias. Un buen cine es el que no quieres que se acabe y lo tomas y retomas varias veces, y el que te deja una huella. Por eso nos gusta el cine, por ello debe ser una industria, aquí en Europa hay muy buen cine, también en Latinoamérica, bueno, en todo el mundo, no sólo existe Hollywood, también existe Bollywood, y el cine árabe, japonés, iraní, chino, y africano, ya digo, en todas partes. Porque el cine es sueño y los sueños cine son, como bien decía Eduardo Aute en su canción. Vean cine, lo recomiendo.

Malos tiempos para la lírica (Juan A. Herdi)

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No parecen buenos tiempos para la lírica, los nuestros, este siglo XXI que se nos presenta con una tremenda crisis medioambiental, tan evidente ya a estas alturas que está siendo objeto de movilizaciones y de debates intensos, preocupantes y, peor aún, sin atisbar ningún remedio. Es un problema nuevo, sí, pero que sin embargo no ha aparcado otros más clásicos, una crisis social grave, trágica en ocasiones, como es el caso de las muertes en el Mediterráneo, una situación económica repleta de nubarrones, una inestabilidad política que en España se traduce en elecciones cada año, sin atisbar tampoco aquí muchas salidas. Por repetir, repetimos incluso la crisis catalana que es como una constante en España, un ni sí ni no ni todo lo contrario que llega a veces a aburrir por lo poco novedosa que resulta y por su pobreza de argumentos y razones.

Si echamos una ojeada al pasado, descubrimos con horror que todo se repite con una asiduidad tremenda. Claro que cada generación vive su crisis –o su parcela de crisis: la crisis es la misma, la de hoy y la de ayer– con ojos nuevos y tal vez por ello no produce ese agobio de la rutina, de la insistencia y la redundancia. No hay un déjà vu en nuestra mirada, pero la hay en la historia, por esto tal vez cada final de generación comporta un final del mundo y la aparición de una nueva conlleva algo de esperanza.

Claro que no es una repetición exacta la de una época y otra. Si comparamos este salto de siglo último con el de hace cien años, vemos problemas parecidos, pero otros nuevos; actitudes similares, pero otras diferentes. Por ejemplo, la presencia de la cultura y el papel de los artistas en la sociedad de finales del siglo XIX e inicios del XX, tan diferente a lo que ocurre hoy.

El 13 de enero de 1898 Émile Zola publicó un artículo en el diario francés L´Aurore en el que incidía en un asunto de enorme importancia en la Francia del momento, la acusación a un alto mando del ejército de origen judío de espionaje. Ese artículo dio inicio a la aparición de un fenómeno que en sí no era del todo nuevo, la participación de un escritor en la actualidad política y social, pero que le dio cierta carta de naturaleza, hasta el punto de surgir entonces el concepto de intelectual comprometido.

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En España la denominada generación del 98 tuvo una mirada intensa en la realidad política y social de un país que parecía descalabrado, como lo parece hoy. Antes, algunos escritores habían comenzado a escribir sobre la realidad social, sobre lo que Emilia Pardo Bazán calificó la cuestión palpitante. El siglo XX, hasta una década antes de su final, fue intenso en la participación de escritores, artistas y otra gente de la cultura, la intelectualidad, que es un concepto tal vez demasiado amplio, un tanto engreído, en la realidad política y social. Pero a medida que el siglo se acercaba a su final fue desapareciendo la presencia de los escritores y los artistas de esta realidad, como si cada vez tuviera menos importancia su opinión o como si no existieran ya motivos para su incidencia, hasta el punto de que de vez en cuando surgía la pregunta de dónde estaban los escritores y artistas ante los problemas del país y del mundo.

Hoy ya ni siquiera nadie se lo pregunta, tal vez porque ese mundo de la cultura en general tiene menos importancia social, excepto quizá el mundo del cine, que ha ganado más peso con los avances audiovisuales y haber ocupado además el espacio que ocupaba el mundo de las letras o a la pintura. Tampoco es que la opinión de un escritor tuviera que ser más certera que la de cualquier otra persona de cualquier otro sector ni hacía más justa la causa por la que se comprometiera, conllevaba eso sí una influencia social. Aunque a la hora de incidir y tener la razón, haya que ser muy cauto. Sea lo que fuere, ya no hay esos manifiestos firmados por un sinfín de autores, a lo sumo se intenta incidir por medios de artículos o de columnas que recogen una mirada menos aseverativa que la de hace unos años. Y quizá esto no sea del todo malo. Ni tampoco bueno si lo miramos desde el lado del debate público, cada vez más bronco y menor argumentativo. Refleja eso sí, en parte, la menor importancia que tiene la cultura en la sociedad.

Hay hoy autores que siguen comprometidos con sus opiniones respecto a la sociedad, como Rafael Reig, y autores en cuyas novelas hay un trasfondo político e histórico que invita a una reflexión sobre los últimos años, como ocurre con Martínez de Pisón. Pero a todas luces, la situación ha cambiado y su peso es mínimo, no existe ya siquiera ese deseo de incidir como gremio. Lo cual no es malo por sí mismo, aunque lo dicho, denota ese nulo papel que tiene hoy la cultura en el panorama social.