Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ana Rodríguez Fisher

Notre Dame de la Alegría

Ediciones Siruela, 2025

 

Fue una época intensa, un momento brillante, rupturista, variopinto y de enorme creatividad. Se la ha denominado la Edad de Plata de la cultura española, expresión acuñada por Giménez Caballero, fundador de La Gaceta Literaria, y que José Carlos Mainer acabó de perfilar en su ensayo tan fundamental para conocer y entender esos años. Podemos situarla entre el último cuarto del siglo XIX y la fatídica fecha de inicio de la guerra (in)civil, y en ella se juntaron escritores, poetas, pintores, escultores, pensadores, dramaturgos, todos ellos bien diferentes entre sí, adscritos a corrientes distintas, pero que compartieron un tiempo y un espacio, y que revitalizaron un país, una sociedad, en plena vorágine de renovación.

Una de las artistas destacada del momento fue Maruja Mallo. Perteneció al grupo de las Sin Sombrero, formada por mujeres que participaron de un modo activo en la cultura, cuando apareció el grupo catalogado como la Generación del 27, pero que durante muchos lustros estuvieron relegadas a un papel secundario, apenas una nota a pie de página. Sin duda, es una labor de justicia reconocerlas como parte fundamental de nuestra historia cultural, apreciarlas tanto individual como colectivamente, acudir a ellas como creadoras y escribir sobre su aportación y sus vidas. 

Ana Rodríguez Fisher, que ha estudiado en profundidad la época y a sus protagonistas como investigadora de la cultura española, da voz a Maruja Mallo, la convierte a través de las páginas de esta novela en la voz narrativa que habla de sí misma y de su tiempo. Por ellas aparecen artistas del momento, en un retrato que es también una reflexión sobre aquellos años previos a la guerra y a la dictadura, pero también de los posteriores, cuando el país quedó escindido, la España del interior y la del exterior, falla que en cierto modo persiste aún, sin que hayamos todavía ensamblado las dos partes en que quedó dividida la cultura española.

La novela es una reescritura de la que escribió en los noventa, novela primeriza, la califica, que apareció con el título de Objetos extraviados, con que la autora obtuvo el II Premio Femenino Lumen en 1995. 

Con estilo entre intimista y testimonial, la narradora nos va guiando por una época apasionante. La novela se vuelve coral, con un sinfín de voces que acompañan a la de la artista, que nos cuenta con no pocas reflexiones, que nos sumerge en los distintos momentos de su vida, los de expansión artística y los de la ansiedad por la tragedia colectiva, la de la deriva de un país que ha de reconciliarse mal que bien con su propia historia. De este modo, asistimos a un retrato vivencial que nos pertenece, del que formamos parte, aunque sea como herederos culturales o deudores de una aportación artística sin igual. El arte, no se olvide, es parte sustancial de cualquier sociedad. Al fin, como se dice en la novela, «si la función del arte es apoderarse de la nueva realidad, hay que idear formas que expresen esa realidad naciente», lo que refleja esa comunión entre arte y vida que se dio en aquellos años y que por desgracia, me temo, no hemos logrado recuperar.

Fragmentos sobre Roger Wolfe

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ota Yoko

Ciudad de cadáveres

Traducción de Kuniko Ikeda y

María Añorbe Mateos

Satori Ediciones, 2025

 

No ha podido ser más oportuna, cuando la amenaza de la guerra se extiende todavía más, la publicación en España, a principios de año, de este libro, un testimonio escrito en 1945. En él, la escritora Ota Yoko, que estaba en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, nos narra las consecuencias en esa ciudad de la primera bomba atómica lanzada contra la población civil, las repercusiones terribles entre los habitantes, la cantidad de muertos que provocó y el sufrimiento entre quienes sobrevivieron a la explosión, a la radiación y a las consecuencias físicas que siguieron en algunos casos matando y, en otros,provocando enfermedades y traumas terribles. Es imposible, mientras se afronta el horror de aquel hecho, no pensar en las víctimas de todas las guerras que ha habido a lo largo de la historia, de las que siguieron a la bomba lanzada contra esa ciudad, hace ochenta años, y de las que se dan ahora mismo, mientras se lee este texto testimonial, en Gaza o en Ucrania, en cualquier conflicto presente.

De un modo claro y directo, sin ornamentos, con una prosa concisa, a retazos, vamos cruzando por una ciudad destruida, asistimos a imágenes terribles de hombres, mujeres y niños destrozados por los efecto de la bomba, sentimos el desconcierto de aquellas primeras horas en las que la autora ni siquiera sabe qué ha pasado ni comprende la envergadura de tanta desolación. No hay un análisis sesudo de aquel lanzamiento que se intentó justificar como un avance de la rendición definitiva de Japón, simple y llanamente se habla de lo importante, de las víctimas de la guerra, de unas víctimas que nunca suelen coincidir con quienes deciden, gestionan y resuelven las guerras y cada una de sus etapas. No en vano escribe la autora que «no solamente debemos lamentarnos por la miseria de la guerra, sino también por aquellos que nos han llevado a ella». Entendemos aquí que nos habla de los dirigentes de todos los bandos, la de los países enfrentados y que deciden que sus ciudadanos maten y mueran, siempre en beneficio de intereses espurios que no coinciden con las grandes proclamas. Pero también deberíamos pensar en quien saca provecho de las guerras, aunque no las declare. 

En el prefacio de su segunda edición, Ota Yoko reconoce su deber de escribir el libro. Escritora antes de la guerra, esta necesidad de dar testimonio de la tragedia vivida la convierte en una de las autoras más importantes relacionadas con la bomba atómica, hubo incluso una literatura adscrita a esta tragedia. Lo cual la encasilló años después e incluso le afectó en su carrera literaria. Lo explica Patricia Hiramatsu en el prólogo del libro. El tema causó no poca incomodidad en Japón, hubo incluso durante unos pocos años cierta censura de los libros y de los artículos que hablaron de las dos bombas atómicas, de allí que se tardara en publicar éste, se publicó por vez primera en 1948,censura que existió también en los países vencedores, en especial en los Estados Unidos, que ha sido el primer país, y de momento único, en emplear este tipo de armasnucleares, aunque utilizó otras de consecuencias tal vez menos graves, pero no por ellos menos trágicas para sus víctimas, a menudo civiles.

De este modo, esta obra de la autora japonesa, fallecida en 1963, se convierte en una declaración clara contra la guerra. No necesita de grandes frases para serlo, basta la descripción veraz de una situación que a todas luces avergüenza a todo el género humano.

29ºNúmero de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Aitor Jiménez

Enemigos del Imperio

Los orígenes coloniales, fascistas

y opresores del Estado español

Verso, 2025

 

Nada surge de cero. Nada de lo que ocurre en la sociedad, a nuestro alrededor, es ajeno a ese proceso de acumulación que es la historia. Acumulación de hechos, de ideas e ideologías, de intereses que van conformando las sociedades actuales. También de métodos de opresión y de poder que se van afinando. Por tanto, conocer lo que ocurrió en el pasado nos permite conocer y comprender lo que ocurre en el presente. Nunca podemos dar por acabados los mecanismos que se dieron antaño, en las diferentes etapas históricas. Ser conscientes de ello nos dará las claves para entender lo que tenemos hoy. Sólo así nos daremos cuenta de los mecanismos que perduran, aunque estén muchas veces refinados, adaptados, encubiertos.

Por eso este libro no es un libro de historia, sino que explica la España actual a partir de ese hilo rojo que nos vincula con el pasado imperial, sangriento, cruel que posee toda estructura estatal. Resulta muy oportuna su aparición, justo cuando de nuevo resurge, como lo ha denominado el propio autor en alguna entrevista, la melancolía postimperialque nunca se ha ido del todo y que reaparece en discursos que siempre han estado vigentes de un modo u otro. En este sentido, hay quien reivindica de pronto la toma de Granada como nuevo horizonte patrio. 

Así, el Estado español se vuelve el objeto de estudio de esa construcción del Estado moderno, que requirió de reinvenciones y procesos que desembocaran en un modelo social basado en la unicidad, una patria, una ley, una lengua, una religión. No fue fácil, la realidad a veces choca frontalmente con los intereses económicos y mercantiles que latieron en ese proceso de globalización que se inició en 1492, año en que coincidieron, por cierto, es muy simbólico, esa toma de Granada y la llegada de Colón y sus marineros a tierras de ultramar. 

A partir de ese año mítico, la población se convirtió en buena medida en campo de batalla. La pluralidad –ideológica o religiosa, cultural o lingüística, racial o comunitaria– se volvió un obstáculo, una molestia que se intentó por un lado combatir –persecución de los moriscos o expulsión de los judíos (expulsados, por cierto, de Castilla en 1492, el año mítico; de Aragón, unos lustros antes; de Navarra, en 1498, cuando todavía no estaba subsumida a la monarquía de Castilla y Aragón)–, pero al mismo tiempo se “exportó” población negra a América para trabajar como esclavos, un trato no muy distinto al que recibieron las poblaciones amerindias. Seres humanos convertidos en mercancía. No puedo dejar de traer a colación, en este punto, a Alejo Carpentier, que describió en algunas de sus novelas y cuentos la situación de los negros esclavos en los territorios del Caribe. 

Esa historia colonial y esclavista incidió en el modelo de Estado, en los debates teóricos tanto políticos como económicos y jurídicos que se dieron mientras España fue un imperio, pero también después, en el largo proceso de adaptación a una democracia en la línea de los sistemas de esta Europa del capital, que intenta mostrarse distinta a lo que fue, aunque late en su seno las prácticas ignominiosas de cosificación y opresión. Prácticas que, por cierto, también sufrió y sufre la población local, la de los diferentes territorios del Estado, pauperizada, explotada y oprimida. 

Estamos, pues, ante un análisis de lo que es España, con todo ese magma acumulado, capas de políticas cruentas que aún perduran, a menudo en forma de argumentos empleados hoy contra varios colectivos, los más desfavorecidos, algunos de tales discursos se presenta incluso ya sin la careta con que se intentaba ocultar el racismo o el clasismo que antaño avergonzaban o se disimulaban y que hogaño se muestran bien a las claras, imbuidos incluso de orgullo. Aviso a navegantes: el caso español no es muy diferente al de otros Estados. Perdura lo esencial, cambian algunos aspectos más o menos importantes. Pero es el Estado español un bueno ejemplo para conocer los mecanismos del poder, de cualquier poder y sus diferentes formas de expresión. Se vuelve a su vez imprescindible este análisis para reflexionar en qué punto estamos en estos tiempos extraños.

Leopoldo María Panero después de Leopoldo María Panero

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Javier Cercas

El loco de Dios en el fin del mundo

Random House

El destino, el azar o la providencia, juntas o por separado, han querido que este libro llegase a las librerías días antes de la muerte del papa. Porque Javier Cercas ha escritomucho en él sobre Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, un hombre que, no cabe duda, ha llamado la atención por sus propuestas renovadoras y su dinámica rompedora, por una forma de actuar que a veces ha sorprendido, ha sido incluso polémica, no sólo entre los fieles católicos, también entre personas ajenas al catolicismo, adeptos a otras confesiones, ateos furibundos o agnósticos sin embargo interesados por cuestiones espirituales o religiosas. De hecho, hay una crítica formulada a menudo por sus contrarios y detractores en el seno de la Iglesia que parte de este interés e incluso simpatías de sectores ajenos a la misma, que inclusive, acusan los críticos, han osado opinar sobre cuestiones de la Institución, algo que el propio Obispo de Roma parecieraque ha buscado de un modo explícito.

Este libro puede ser una prueba de esto último. El mismo autor lo ha contado en su inicio y en las numerosas entrevistas concedidas: en mayo de 2023, cuando firmaba ejemplares de sus obras en el Salón del Libro de Turín, un alto representante del Vaticano se le acercó para proponerle viajar en el séquito del Papa a Mongolia y que escribiese sobre ello con absoluta libertad. Fruto de la sorpresa, Javier Cercas no pudo evitar recordarle al proponente que él era ateo, lo era desde la lectura en su juventud de San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno –la referencia al libro no es gratuita–, que era anticlerical, que ha vivido al margen de la Iglesia en una España que se ha desacralizado a marchas forzados los últimos lustros, aunque la Institución pretenda incidir aún hoy en el país y se mantengan algunos ritos, aunque cada vez con menos significado para una parte importante de la población. Que lo sabían desde el Vaticano, parece que fue la respuesta a su reacción, puede incluso que por eso mismo viniera la propuesta. 

Fue fundamental para decantar su aceptación el deseo de preguntarle al Papa Francisco si era cierto que su madre, tal como ella afirmaba convencida, vería a su marido, fallecido unos años antes, en la otra vida, convicción esta originada en su fe católica,una pregunta, parece ser, que pocas veces se le ha planteado a un Papa de un modo tan directo, por no decir ninguna. 

De este modo se inició la aventura que desembocó en este libro. En él, como no puede ser de otra manera, tal era en gran medida la propuesta recibida, se habla mucho de Jorge Bergoglio, de la polémica que le rodeó siempre, de su labor pastoral en Argentina, no exenta de zonas en penumbra, también de sus compromisos sociales, del intento de continuidad de su línea en el Vaticano. Pero a decir verdad el tema no es tanto el Papa Francisco, sino la presencia del catolicismo, de la Iglesia Católica, en las sociedades europeas, sobre todo las del sur, que han modificado con suma rapidez su relación con la fe, y su importancia en la vida actual, tan desacralizada. También nos habla del diálogo con los no católicos, con quienes se han alejado de la fe o nunca siquiera la han tenido, de quienes viven en una cultura con base católica, pero que en gran medida ya ha dejado de ser católica. 

De este modo, Mongolia, un país con una proporción ínfima de católicos y presencia de misioneros de otros continentes, se convierte en el espejo en el que se refleja el catolicismo europeo. A partir de este contraste y también de las conversaciones tan intensas con religiosos, funcionarios vaticanos, personal civil que trabaja para la Iglesia y sus organismos, Javier Cercas retoma la reflexión que le planteó la novela de Unamuno y él mismo parece interpelado por los planteamientos que se le vanformulando. Al fin y al cabo, en cualquier diálogo sincero e intenso las partes que intervienen cambian sin duda en todos los aspectos. Es inevitable.

Este libro se convierte de este modo en una reflexión sobre la religión en la sociedad actual, de su papel en lo colectivo, pero también en lo personal, se pertenezca o no a alguna confesión, se comparta o no sus planteamientos, teniendo en cuenta también que sus valores y sus concepciones forman parte de ese mundo de ideas que constituyen la visión de la realidad que cada persona se va construyendo a lo largo de su vida. En cuanto a la pregunta que parece obsesionarle a Cercas, la del reencuentro de su madre con su padre en el más allá, para conocer la respuesta que le da al Papa Francisco habrá que leerse el libro.

Nevando en la Guinea presenta el discurso de Antonio Machado Ruiz para la RAE en voz de José Sacristán

A PROPÓSITO DE ANTONIO MACHADO RUIZ

Este discurso es el que iba a leer Antonio Machado para su ingreso en la RAE. Las circunstancias y el destino trágico del poeta lo impidieron. Estuvo con el bando derrotado, aunque como dijo el propio Machado, «la guerra la hemos perdido, pero no creo en realidad que la hayamos perdido, yo no diría tanto

Se ha tardado demasiado tiempo en poderse escuchar sus palabras en público. Fue José Sacristán su orador. Antonio Machado murió en Colliure (Francia), tres días antes que su madre. Pero puede que en realidad Machado no esté muerto. Su obra persiste y, con ella, su autor.

Esta revista quiere hacerle un homenaje al poeta y a todos aquellos que se exiliaron de España.

Antonio Machado, heredero del modernismo que Rubén Darío trajo a España, fue un adelantado en muchos aspectos. Se preocupó por el medio ambiente y logró trasladarnos una fotografía en sepia de aquella España analfabeta y con hambre. Defensor de la Institución libre de Enseñanza, cuando publicó Campos de Castilla, Unamuno lo definió como lo más espiritual que se había escrito en España.

Fue un ilustre catedrático de francés, lengua culta por antonomasia. Y consiguió su cátedra a pesar de su mala letra. Escribió sobre el asesinato de Federico García Lorca. Siempre Federico. Siempre Don Antonio.

Recordemos unos versos que definen a la España que todavía hoy persiste en cierto modo, la España de siempre:

 

Por las tierras de España (III)

 

El hombre de estos campos que incendia los pinares

y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra

por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,

pastores que conducen sus hordas de merinos

a Extremadura fértil, rebaños trashumantes

que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

hundidos, recelosos, movibles; y trazadas

cual arco de ballesta, en el semblante enjuto

de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,

capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,

esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,

guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

ni para su infortunio ni goza su riqueza;

le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:

al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,

veréis agigantarse la forma de un arquero,

la forma de un inmenso centauro flechador.

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

—no fue por estos campos el bíblico jardín—:

son tierras para el águila, un trozo de planeta

por donde cruza errante la sombra de Caín.

 

 

Nevando en la Guinea presenta Monográfico a Mario Vargas Llosa

Mario Vargas LLosa

 

La noticia nos ha descorazonado a muchos, aun cuando fuese esperada. Su salud, sabíamos, se hallaba resquebrajada desde hacía tiempo. Pero quienes hemos pasado horas dedicadas a la lectura y relectura de sus obras –sus novelas, verdaderas obras maestras, sus artículos literarios, de ironía profunda muchos de ellos– no hemos podido menos que sentirnos de pronto algo huérfanos, desolados, tristes. Mario Vargas Llosa forma parte a todas luces de nuestras referencias literarias, un autor fundamental, imprescindible y al que admiramos y respetamos. El último, además, de aquel grupo genial que ha pasado a la historia de la literatura con el nombre, desacertado tal vez, de boom latinoamericano y que reconstruyeron lazos entre las diferentes literaturas en lengua castellana y también influyó en las letras españolas. Hubo en ese grupo literario una profusión enorme de estilos y formas, y quienes lo conformaban renovaron sin duda la literatura del continente americano y también la de España, reestableciendo el diálogo intercultural en las letras en español.

Con una vida intensa y una curiosidad inmensa por numerosas materias, autor disciplinado, tenaz y perseverante en su escritura, la obra de Vargas Llosa nos ofrece una visión de la realidad americana amplia y profunda. A través de sus páginas, somos testigos de un escenario social en los que contemplamos un sinfín de detalles, detalles que constituyen la intrahistoria de la vida social que vamos descubriendo a través de personajes curiosos, vehementes e impetuosos, fruto de esa pasión por la escritura del novelista. Pero además Vargas Llosa reflexionó sobre el propio hecho literario –La verdad de las mentiras, Historia secreta de una novela, El viaje a la ficción– y sobre otros escritores como Gustave Flaubert, Victor Hugo, Joanot Martorell o Rubén Darío. Fue a su vez un conversador formidable, y uno de estos diálogos se produjo en la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima, en septiembre de 1967, tras la invitaciónpor parte de los organizadores a Gabriel García Márquez, y con quien habló sobre la novela en América Latina y que se publicó mucho tiempo después en España con el título de Dos soledades. Ambos aportaron títulos que son claves para la literatura mundial.

Porque es por sus novelas por las que sin duda se le recordará, se le debería recordar, unos artefactos literarios correctísimos, cuidados, exactos. Al igual que Flaubert, Vargas Llosa corregía sus textos hasta la extenuación. Buscaba la fluidez. Por ello llevaba a cabo una tarea previa e intensa de documentación, para que todo cuadrara con precisión, contenido y forma. El resultado son novelas, cualquiera de las suyas lo logra, que atrapan. Incluso para el lector que no es latinoamericano, que ni siquiera ha estado en cualquiera de sus países, le permite vivir en el propio texto y reconocer un espacio físico, un territorio. Uno de los ejemplos de esta labor fue Conversación en la catedral(1969), tal vez la más icónica de sus novelas, la que consideraba él mismo su predilecta, aunque es difícil decantarse por una en concreto.

Reflexionó sobre la realidad. La política fue otra de sus preocupaciones. Se comprometió con lo político, desde joven, con una reflexión que le llevó a modificar su mirada. Aquí no entraremos en el tema, no es el lugar, ni tampoco tenemos que estar conformes con todas las opciones que adoptó. Al final nos quedamos con su obra, con sus novelas, sus ensayos y un sinfín de artículos sobre literatura y cultura. 

Seguiremos deleitándonos con la obra de Mario Vargas Llosa, con una maestría sin igual. Quien aún no lo haya leído tendrá la ocasión del descubrimiento y desde luego esuna buena escuela para quienes comienzan su labor literaria o simplemente se interesen por la creación.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Edurne Portela y José Ovejero

Una belleza terrible

Galaxia Gutenberg

Vivieron a pesar de todo en el centro de la historia, aunque fueran minoritarios, despreciados, olvidados. Participaron en ella. Con pasión, siempre. A menudo con aciertos. Pero también con errores. Y con sacrificios enormes. Sus miradas en todo caso no estuvieron exentas de razón y de razones. Trotski y sus partidarios, apenas un puñado en medio de los movimientos de masas de la época, intentaron dar luz a un mundo mejor en un siglo intenso, repleto de peligros. Lo pagaron caro, con sufrimiento personal, con familias diezmadas, como la del propio Trotski. Pero qué duda cabe de que sus vidas resultaron apasionantes pese a todo. Hubo incluso entre ellos vidas rocambolescas, inauditas, incluso extravagantes. Como la de Raymond Molinier, que se extiende casi a lo largo de todo el siglo XX. 

Edurne Portela y José Ovejero quedaron atrapados por el personaje. Sus constantes cambios de guion durante su vida, su osadía para llevar a cabo sus planes, su compromiso firme, incluso a pesar de las circunstancias, no son para menos. Indagaron en una biografía que fascina, pero que también tuvo sus claroscuros, como todas las vidas por otro lado. 

Decidieron escribir su historia, que es también la Historia del siglo. Los dos juntos, a cuatro manos. Pero quisieron reflejar también aquellos aspectos más ocultos, los hechos que quedaron en penumbra, por la clandestinidad o porque no siempre es fácil conocer todos los aspectos de una vida ajena. Había que mostrar los debates, las encrucijadas, las dudas y los atrevimientos. También cómo se construyeron los afectos, los que creaban la militancia impetuosa, los de la confrontación ideológica con tantos encuentros y desencuentros. Los de los amores. Las relaciones amorosas no siempre fueron fáciles para los y las militantes, entre el peso de los valores imperantes y el nuevo mundo que se quería construir. Tampoco fueron fáciles los vínculos con hijos e hijas. No en vano optaban, no sin radicalidad y a veces con rabia, bien por seguir los pasos de sus progenitores bien por un rechazo absoluto hacia una militancia que se les había dejado sin padres, literal y metafóricamente.

El resultado es este libro que hubiera podido ser un ensayo, una biografía al uso, pero que ha resultado una novela. Porque la novela permite muchas veces conocer mejor la intrahistoria, sin duda. Claro que optan los autores por intercalar sus propios procesos de búsqueda y confrontación de las opciones posibles a la hora de avanzar en este artefacto que es la novela, donde no se trataba de inventar, sino de imaginar lo que quedaba en penumbra. Incluso no dudan en incorporar su propia cotidianidad, al fin y al cabo es la cotidianidad de Molinier y de quienes le acompañaron en su lucha, mujeres tan interesantes y apasionadas como el protagonista, lo que se nos está contando, porque la lucha revolucionaria fue también cotidiana, una vehemencia rutinaria, una manera de seguir adelante en medio del naufragio.

Quienes ya hayan pasado por la obra de los dos autores volverán a sentir esa quiebra emocional que provoca siempre su escritura. Una vez más, esta vez juntos, no dan tregua, el lector, al igual que los autores, deambularán por el relato y se conmoverán con lo narrado. Queda siempre un remusguillo de lo contado, a la vez dulce y amargo, una vez se acabe la lectura, no en vano su literatura es pura pasión. Para quienes no los conozcan, será todo un descubrimiento y una invitación a recorrer su obra.