39º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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39º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA*

NºXXXIX   02-01-2.010

 

*Número dedicado a Zoila Rosa Villar Otero, con esperanzas.

 

EDITORIAL XXXIX

La poética de la crisis

Se acaba el 2009 y comienza el 2010. Si hay una palabra que protagoniza este cambio de año, es la palabra crisis. No es para tomárselo a broma, nada más lejos de nuestra intención: muchas personas, sus familias y su entorno lo pasan mal, el desaliento es enorme, la falta de expectativas resulta angustiosa. Al mismo tiempo, para un amplio número de personas, no lo olvidemos, la situación no ha empeorado por la sencilla razón de haber sido siempre mala, incluso en épocas de bonanza. La crisis supone un retroceso para los sectores más desfavorecidos, los que siempre pagan el pato. Entonces, ¿por qué hablamos de poética? 

Porque la crisis (re)plantea muchas cosas y sobre todo cuestiona el (des)orden de este mundo.  Porque nos enfrenta a una realidad que en épocas de bonanza se distorsionó. Porque nos lleva a mirar nuestra situación con crítica, sin falsa satisfacción. Porque nos obliga a pensar en profundidad. Desde luego, no creemos que la pobreza sea romántica ni atrayente. Pero cuando muchos países se creían los amos del mundo, verse en dificultades les permite ponerse en su propia realidad.

Y eso tiene mucho de poético.

El sistema capitalista más neoliberal ha querido despojarnos de la cultura en beneficio del lucro, de la reflexión a favor de lo rentable, lo ha convertido todo en negocio y si algo no servía para sus fines, se dejaba fuera. La reforma universitaria en Europa, el denominado Plan Bolonia, es una prueba de ello: el saber supeditado a la rentabilidad, la cultura ensombrecida por las hojas de resultados.

Si esta crisis nos permite abrir los ojos colectivos, bienvenida sea. No nos alegramos del sufrimiento de mucha gente, pero sí que hemos de saludar que las cosas se relativicen y reflexionemos sobre nuestras capacidades. Sólo así la cultura saldrá reforzada. Porque cuestionar la realidad conlleva dar alas al pensamiento. Eso nos llevará a una época más creativa.

Cuestionar el (des)orden del mundo nos hace libres. Pero hemos de tener herramientas para poder llevar a cabo dicho cuestionamiento. De ahí que hayamos dedicado algunas editoriales al preocupante estado de la educación. Es evidente que al poder le interesa que la gente salga de la escuela dóciles, por tanto incultos. Un individuo culto es un individuo que puede llegar a conocerse a sí mismo y a su entorno, no hay nada más peligroso para el poder: un ser humano con herramientas para pensar y sacar conclusiones le da más miedo que todos los fanáticos armados, porque éstos son una baza para la represión; aquel, por el contrario, puede cuestionarle.

De allí que desde Nevando en la Guinea deseemos prosperidad para el 2010, sí, pero sobre todo reflexión, cultura, poesía, todas ellas armas subversivas que nos alientan a cuestionarlo todo. Por tanto, a ser mejores.

NO ME ENCONTRARON

 

Federico, ¿dónde está tu voz?

¿dónde está tu suspiro carnal y trémulo?

¿qué voz se esconde tras tu piano alegre?

Esa voz inusitada que busca a tu nombre

en los senderos de mortaja y de silencio sometido.

La voz del poeta silenciada tras el vínculo

de sangre, de páramo y de teorema punzante

que avisa de que el hombre es oscuridad y abismo,

es injusticia y venganza que espera traicionera,

(la rencilla es más poderosa que el griterío del mujerío).

Tu voz es una noche que parte entre el misterio,

una noche donde la pólvora del cazador

te encuentra rodeado de vírgenes profanas

y sirenas de mares nuevos que lo yermo acaparan

y rezan salmos a la inercia de tus párpados,

tus párpados cerrados, entre ceniza y musgo,

tierra donde la tierra es sólo el horizonte,

es hoyo de nadir arrodillado,

es linde con su límite dormido.

Esta sombra lleva tu nombre tatuado de símbolo

y desnudez floral, patio vacío es tu mutismo,

parturienta de noches en toque de queda,

tu canto parte desde las entrañas de la Tierra.

Eres voz cautiva con toda su libertad sedienta.

Soy poeta por ti, divino poeta sin voz,

soy poeta perdido entre la incógnita fría,

te ruego el abrazo del mar a su costa,

te doy mi firmamento compacto

entre constelación inquieta y escalofrío de astro,

que indaga en tu susurro de canción e imagen tardía,

sendero rumiante que escojo en tu pulso,

pulso de rabia redonda y gitana donde la espiga

quiere ser pájaro vertical, y el sueño

quiere ser doliente calma en la siesta bajo el roble,

silencio es tu voz de cenit y paisaje que dormita

con toda la hermosura de mi plegaria encendida,

que como tú, está predestinada al silencio

del vinilo y el magnetófono

de las psicofonías que buscan la voz asesinada.

Por Cecilio Olivero Muñoz

Pensamiento positivo

 

 

– La cuestión es tener un pensamiento positivo. -me dijo, yo me la quedé mirando, extrañado, como si me hablara otro idioma ininteligible- Por ejemplo, quitarte ese miedo que te atenaza.

– No es tan fácil -repliqué-, tú no eliges el miedo, sino que el miedo te elige a ti. -En realidad, no me apetecía mantener una conversación psicológica con una recién licenciada en psicología que conservaba además toda la pasión por su disciplina.

– Ya, pero se trata de mantener controlado todo ese miedo … -Y aquí comenzó un monólogo del que simplemente me desentendí.

         Beatriz era sin duda una mujer maravillosa, atractiva, poco neurótica, inteligente, hablaba de literatura con conocimiento, el de quien ha leído mucho y bien. El único problema es que consideraba que los problemas, todos, tenían solución. Sobre todo los que ella creía poder curar.

         No me había enamorado. Sólo sentía una enorme confianza y comodidad junto a ella. Desde que la conocí, me la presentó Sara, charlamos largo y tendido muchas tardes que nos encontrábamos en el Café Atlántico. Ambos vivíamos cerca, por lo que nuestros encuentros comenzaron a ser frecuentes. Nos reuníamos casi a diario y sólo cuando algún compromiso se lo impedía dejábamos de vernos. Esas tardes, cuando no la veía, la echaba de menos. Nuestros encuentros se habían convertido en una costumbre que me gustaba conservar.

         De allí a cenar de tanto en tanto fue un paso fácil de dar. Los dos vivíamos solos, nadie nos esperaba. Estrechamos nuestra amistad con eso que Matías llamaba, había elaborado incluso una curiosa tesis, derecho a roce, sin que habláramos / teorizáramos sobre esas relaciones que no nos planteábamos siquiera, simplemente sucedían. Pero es curioso que a partir de aquella vinculación digamos que más carnal empezamos a hablar más de nuestras almas. Hasta ese momento nuestras conversaciones habían girado sobre todo sobre cine, novelas, autores, poetas y libros en general. De tanto en tanto charlábamos de amistades comunes. Pero fue acostarnos una noche, de esa primera noche ya había pasado dos o tres semanas, y comenzar a indagar sobre estados de alma, dolores de espíritu y otros males interiores. Por su parte, claro, que para mí tales menesteres apenas despertaban un mínimo interés, escaso por lo demás. Aunque ella decía que sí, que me ocupaba mucho de todo ello en mis relatos, algunos de ellos inéditos se los había dado a leer, y en la novela publicada poco antes de que la conociese.

– ¿Has leído mi novela? -pregunté sorprendido, no era yo muy dado a hablar de mi obra y a ella ni siquiera se lo había comentado, que ya tenía una novela publicada con una difusión harto discreta.

– Sí, me pareció fascinante, por cierto.

         Esa noche parecía dispuesta a sorprenderme: no sólo me había empezado a psicoanalizar hablándome de mis temores, sino que sabía más cosas de mí de las que yo mismo le había informado.

– Volvamos a mis temores. -Le dije no sin sorna.

– Ves, ese es el problema, nunca quieres hablar de ti, de tus cosas, es como si hubieses levantado un muro.

         Temí que de repente se mostrara neurótica. Cierto que tenía un poco de razón, que yo intentaba siempre mantenerme alejado de los demás, que nunca me había gustado mostrar mi interior más allá de lo que uno ha de mostrar por fuerza, no siempre, cuando escribe, pero justo lo que me había gustado de ella era que sabía mantenerse fuera de esa tendencia a querer rebuscar en el interior de los otros. 

– Eres un maniaco depresivo, aunque no lo sepas.

         Disimulé mi enfado por aquel comentario. No era cuestión de enfadarme con la única mujer con quien, hasta ese momento, mantenía una relación absolutamente satisfactoria. Pero no me gustó que me dijera eso. ¿Quién si no uno mismo para conocerse y saber lo que se era y lo que no? Reconozco que poseo una tendencia enorme a la melancolía, pero nada que ver con lo de maniaco depresivo.

         Opté por acariciarla, besarla y callar. Sin duda fue la mejor opción. Ella me siguió y dejó de hablarme de almas heridas, pensamientos positivos y otras florituras. No obstante, en el fondo, no pudo menos que dejarme preocupado. Me aterraba que supiera más de mí mismo que yo.

Juan A. Herrero Díez

BREVES HISTORIAS

(La importancia de lo que puedan decirte)

 

A veces vas a una boda con tu mujer

y un bocazas te critica porque escribes versos por las noches

y te reprocha que deberías estar jodiendo

-quizá como él lo haría- pero haces oídos sordos

y follas cuando quieres, o cuando le vienen las ganas a tu mujer.

A veces alguien te inoportuna con una impertinencia,

a veces es tu cuñado, otras un amigo, otras Pepito Grillo,

y muchas veces tienes que callarte, porque si no el barro

sería tantas veces por ti masticado, que buff, -y eso tú ya lo sabes-

y callas y pasas la página, como si nada hubiese ocurrido.

A veces te avergüenzas porque sales en pijama a la calle,

y vas a comprar el pan, entonces se pone la panadería abarrotada,

se va llenando de gente, unos te miran sonriendo,

tú pones cara de enfadado, te miras en los ventanales,

y piensas que más te valía haberte vestido.

A veces vas en el coche y te vienen súbitas ganas de orinar,

te desesperas conduciendo, te mueves para calmarte,

y ves que no puedes más, y meas en cualquier sitio,

y justo en plena meada pasa una anciana con un perrito.

A veces paseas por Lima “la bella-la horrible”, y de repente,

te apetece comer algo, ves un puesto de perritos calientes,

y la mujer del puesto te pregunta que de dónde eres,

tú le dices que español y ella te contesta:

que eres uno de los que se llevaron el oro del Perú.

A veces vas a un recital de poesía y están todos fascinados,

no por ti, sino por un poeta venido de Barcelona,

beben todos de su fuente, los deja boquiabiertos,

el poema trataba de la soledad del mundo.

A veces estás nervioso por algo y te preguntas por qué ¿?

Te preguntas si eres tú el culpable de sus males,

haces el milagro de sostener con dos dedos tu verdad,

aunque te vienen súbitas ganas de apretar el gatillo,

pero piensas en hacerlo cuando todo acabe,

te despides de ellos, y los miras a la cara,

y ellos no lo hacen por si acaso la realidad les escupa.

A veces ves a un amigo que hacía tiempo ya no veías,

haces por saludarlo y él finge no conocerte,

piensas en lo que has cambiado, o si tanto has engordado,

aunque la verdad es otra muy, muy diferente.

A veces vas al psiquiatra y en la sala de espera

todo el mundo te mira con sumo interés,

piensas si algo les debes por qué quieren cobrártelo

justamente en el único día que quisieras morir,

piensas que por favor te llamen, que todo termine deprisa,

y cuando ves al doctor un sol gigantesco te abraza,

pero cuando ves al doctor comprendes

que en la calle siempre hace más frío

y el doctor acaba llamando a otra persona,

no te queda otra que seguir esperando en la sala de espera. 

Por Cecilio Olivero Muñoz

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Continuación del No-Libro escrito por Juan M. G.

 

Noche

Anochece y hace buen tiempo. Estupendo.

Me complazco plácido en el cielo llovido.

Tengo donde dirigirme, lo que significa que la escena actual es estéril.

Tengo convicción, que por otra parte, quiere decir que no tengo nada a la vista.

Plenitud rítmica: pronuncio voz apagada, extinguida y terminante, y a fe mía, disimula crueldad (dirán tristeza).

El cielo llovido (me apaga, extingue y fulmina) me apunta: fiera, desafiado, baldosa suelta, linaje oscuro, intenso y devoto. Todo esto quiere decir: qué gloria y qué pena, qué mísera ironía.

Pertenezco, a fe mía, a una espantosa señal endiablada, que me consume incipiente, incumple promesas y enluta.

La fútil existencia prestada languidece, y es bien sabido, que anochece y hace buen tiempo.

 

***

 

 

Inhara

“Conjuro”, jamás mejor dicho.

Labios de ceniza, ojos de siglos…

Que el Ángel de sueños desplomó su vieja estrella,

De colores sólo vistos cuando duerme;

Allí eterniza en plenitud  poses vehementes,

Por la fantasía soñada de infundados astros,

(Anillos de humo y lluvia de estrellas).

La descolorida luz diluye  la noche al llamarte,

Pálida de prisa, harta espera

En uno de esos días de soles de medianoche,

En un mundo resuelto a declinarte,

Por la triste razón que decepciona;

(Demasiada gente, demasiadas horas)

***

 

Canción

Avanzaba claro y tenaz,

Calzado con la salvación condenada y espectral,

Célebre por su secreta tristeza,

Que evidencia en su crueldad.

Con alas rotas en los talones

Y el sol a mano, confuso

Recuerda insensible un sueño

Que dio sentido al ocaso.

Se sepulta perdonado,

Con su timidez mejor dispuesta

Mientras mancha al sol suave

Del arranque del olvido.

Despuntando pleno extravío

De esperar eternamente

Bajo esplendores de roseta

La pasión que más prospera.

Inmóvil se extenderá  soñando

Mostrando las piernas torpes

Y cualquiera de estos días

Pesará por fin su fin.

***

Hoy

Esta mañana lo primero que pensé fue en esas palabras…

“¿nos vemos mañana?”

¡Cuan maravillosa declaración!

En lugar de posponer la cita infinitas veces como creí en un principio, (cosa que nunca ocurrió), por fin nos conoceríamos.

Todo me era exaltación, y me di cuenta de lo que se desplegaba a los ojos desmentiría los plausibles incógnitas.

Yo había llegado temprano aquel día (y todos los demás también), el punto de encuentro fue en callao y corrientes, ella había decidido que sea en un café a tal hora. Yo llevaba nimiedades: algún dibujo, una carta y un poema.

Salí apurado, por más que estaba llegando temprano.

Fui pensando posibles temas de conversación, por más que tuviéramos visiones, gustos, tanto en común, ¿qué me podía significar eso? Eso no la entretendría…

A mitad de camino no pude evitar pensar en posibles fines, hasta llegar a los adversos,

¿Y si fuera un recibimiento inconcluso…? Es decir… ¿si no aparecía ella? Aún así, yo ya estaba en camino y llegando, sólo me faltaba esperar que se hiciera la hora.

Ya había tenido que combinar colectivos, después tuve que cruzar esas avenidas anchas… ¡justo, justo lo que no me gusta!

Pero por fin, el lugar dicho. Traté de darme ánimos, relajarme y procurar estar auxiliado por alguna fuerza del destino; aún así no logre calmarme lo suficiente, no me sentía cómodo… hasta me impedí irme varias veces, porque a fin de cuentas ¿quién me creía yo acaso? …

***

Final I

Unos 10 minutos antes de la hora acordada (yo había llegado 30 min. antes), llegó al sitio en su feminidad más amplia una belleza seductora que invadió todo el sitio.

Habíamos dicho de sentarnos en una mesa cercana a la puerta de entrada, y de ser posible junto a la misma. Y así lo hizo, el lugar estaba libre y se adueñó de aquella mesa sin decir nada a nadie, parecía esperar encontrarse con alguien. Hasta me pareció ver que bajo su natural gracia, estaba de buen humor.

Para cuando se hizo la hora exacta, la miraba y sabía. Aquello reclamaba. 

Yo empecé a pensar en la operación…

Entonces me pareció frágil, quizás no habría tenido un buen día ¿qué imagen podía yo darle ahora? Me levanté de mi sitio, pagué lo que consumí y me dirigí donde ella para cruzar de golpe la puerta. Entonces esperaba que entrara alguien, no que saliera, así que ni me notó.

No supe más nada de aquella.

La reacción que tengo ahora pensando en ello…ah, sería imposible entrar en detalles.

***

Final II

Como estaba ocupada incluso cada hora del día, era casi imposible poder verla.

Al principio me sentía hasta víctima de una broma cruel, de su autoría o del destino.

Sin embargo, había prometido darme cita en aquel café, que según creía al pie de la letra “me lo debía”.

Quizás por eso no podía evitar sentirme así, yo saliendo 2 horas antes con tal de poder verla, y cuando por fin me lo concedía, yo no era más que una de sus múltiples actividades, quizás una de “las que hacen diferente cada día” (la ultima cosa que quisiera sentirme!). De hecho, ni nos tuteábamos. Aún así, no me habría ido satisfecho de no llegar al cometido: averiguar su verdadero nombre.

Unos 10 minutos antes de la hora acordada (yo había llegado 30 min. antes), me avanzó distraído esta muchacha que no me explico dónde salió

-ya llegué- sentenció

Como me aturdió su presencia, además de frustrar mis planes de fuga, solo acerté decirle torpe: “sí, me doy cuenta”.

Del 1er vistazo, puedo decir que su piel blanquísima me seducía y sus antebrazos tenían cierto influjo indecente.

Hablamos de todo y con simpatía. Recuerdo que especialmente expliqué el asunto de “gracia” que ella entendía como sinónimo de bromista, cuando en verdad es una cualidad, un atractivo, un encanto, una naturalidad plena y hasta un don divino, y yo se lo adjudicaba todo. Habría comentado que gracia es hija de Venus, y personifica la belleza seductora, pero no lo creí propicio.

Obviamente caímos en el infame tema de la edad, que siempre me ha desfavorecido el asunto, pero por suerte ni mención de la nubosidad.

Me invadían pensamientos de Chaplin! Pero lejos de por querer evadirme de la charla, ella me resultaba un gran estímulo. Me miraba fría y perpleja en mis emociones, no comprendía lo que significaba para mí, y yo tampoco.

De Chaplin insistía recordar sus clichés: “Je vous adore.

Je vous ai aimé la premiére fois que je vous ai vu.”

Pero además de inoportunos e inútiles, resultaban impronunciables.

Yo estaba embrujado por ella: incrédulo del destino, tanta dulzura, tanta minuciosidad, me avergonzaban y amargaban.

-vos esperás demasiado-dijo solemne en algún momento, no respondía a lo que hablábamos, pero fue de lo más coherente.

No entendí su observación en todo su significado. Entonces, tuvo que irse.

Final inspirado en episodio de “mi autobiografía”, del gran Charles Chaplin.

***

Sueño y mentira

¿Qué hacer? No tiene sentido

Su manera siempre joven

Y a menudo atenta

Su gracia indócil

Que tanto inquieta.

Y un poco a veces

Se victimisa

Y su mirada tiembla

Y se revela ausente.

Cuanto posa en plenitud es inútil

Como quien ya no puede

Como si fuera gigante

Perderse en el “da lo mismo”.

Y yace, presa, se aleja

Golpea en la tarde azul

Y por primera vez la escuchas

Pero ya es inútil.

No oirá mi queja

Que florece en lo profundo de mí

Como quien llega y no puede

Darse paso a cumplir.

Y que ha llegado al despliegue

Donde rescata su obrar

Que al paso de las promesas

Se tilda en aparentar.

Hasta que un día reflexionas,

Y te das cuenta que es perfecta.

Y prueba que no fue más

Que un sueño y una mentira.

***

 

Faustina

Decía llamarse Faustina, pero se identificaba como Fer… esa aparente contradicción fue lo primero que noté en ella que llamara mi atención. 

Lo recuerdo bien, la charla resultó aburridísima, hasta el colmo que me tomé la libertad de comer en medio de la misma. Ella bromeó con el asunto, por mi desconsideración y (según ella) mi mal gusto, entonces rió: “Já”; seco, cortante, frío, certero.

Yo dije amar su risa en algún momento; no se si me entenderán, pero era perversamente simpática, y subrayé que no estaba siendo irónico. Debió apreciar mucho el cumplido, porque de ahí en más se rió constantemente. Siempre una oración perfectamente pronunciada, para finalizar con un hiriente jaque gritando su “Já”.

Hablaba paradójicamente. En determinado momento noté que creía en anchas llevarme la delantera, pese lo cual seguí ignorándola, porque “no valía la pena” pensé. Se me ocurrió leerle algunos de mis poemas, los cuales escuchó con desdén, sin el menor asomo de disimulo. Un rato más adelante ella ofreció, según cómo pudo recordar, uno de los suyos (sería justo decir un fragmento de uno), que no se comprendía en su totalidad, faltaban palabras, salteaba secciones enteras, y las consecuencias no correspondían con lo anteriormente dicho.

Sería incapaz de repetirlo, tanto por mi desgana al escucharlo, como por lo confuso del texto. Aún así, bosquejo un modelo según como lo recuerdo:

 “Renacía el corcel-viento….

El espanto clareaba…

Transcurría el tiempo extinto…

Mirada fijada atrás….

La pendeja.

La muy pendeja.”

(El poema era un poco más extenso.  Tampoco sabría señalar correctamente donde es que termina)

 Ella creyó con toda su modestia, haber estado brillante. Según me explicó, se trataba de la llegada de la primavera. Comenté que era evidente. Dijo haberlo escrito en su periodo creativo que tuvo hasta cerca de los 12 años, siendo de sus 10 años o antes. Había llegado estar en el círculo literario y granjearse favores, comentó orgullosa. Al parecer yo tenía que aprender de ella.

También dijo gustarle el teatro, pero al nombrarle obras como “esperando a Godot” de Beckett, o “el deseo atrapado por la cola” de Picasso (las cuales desconozco en absoluto, pero por su carácter de populares bien me figuro sus nombres), no salió airosa al interrogatorio y confesó ser inculta en la materia.

Primero me desconcertó saber que estaba en pareja. Dato más inesperado para mí, que hacían ya 6 años nada menos, y peor aún, decía “amarlo y ser amiga del sr.” (La frase sonaba poco feliz). Para aludir a una figura, su historia no me resultaba redonda, no me cerraba por ningún lado.

Se me fue insinuando que ella me conocía más que lo que admitíamos. Caí en la cuenta  de que la charla que se daba a lugar era un constante guiño, aunque no entendía como podía ser, no tenía ningún sentido, ¿Qué significaba aquello? Era todo tan explícito, y a la vez inexplicable.

Bromeé por algún motivo que ni recuerdo sobre lo lejos que vivíamos, la escasa posibilidad de cruzarnos, y allí los dos, superando toda estadística. Se animó mínimamente la charla, pero todavía era un bodrio, cuando fue tan inquietante al oírle decir “aferrarse a la distancia es una actitud tan pobre…”, para rematar luego con su interrogativo “Já”. Pedí que argumentara, ante lo cual re-preguntó algo… la acusé de vaga y ambigua. Sólo rió.

“Es raro encontrar gente como vos”, su cumplido me dio mucha rabia.

¿Qué podía pensar de ello? Llegado el momento decidí seguirle el juego. Yo también respondí con los guiños correspondientes, y para mi sorpresa, de manera cada vez más afilada y certera ella. No podía tratarse de una casualidad, bajo ningún concepto. Aún así, no me explicaba lo que sucedía… ¿Qué explicación podía darse?

Yo a la vez, pensaba tanto en ella…

Llegamos hasta a hablar de bombones, que (según dijo) jamás le habían regalado.

Convencido del todo por sus comentarios bromistas como “me acabo de dar cuenta, nos vigilan” (Y demás palabras sueltas que capté como “comunicado”) no cabía  más duda respecto a ella. Decidí ser franco, pero me salió pésimo. Le advertí de mi sorpresa ante todo lo que me contaba; así logré ofenderla.

 Insistía en que me disculpe, se había irritado (quizás) por mis comentarios sobre la duración de su noviazgo o algo por el estilo, y de hecho ofrecí mis disculpas, pero (según parece) un tanto bromeando, cosa que tomó muy a mal. Cuando quise arreglarlo, sólo empeoré el asunto: la situación se repetía cabalmente. Yo no entendía que hacer. Que era imprecisa, ya lo había señalado, y lo tenía bien presente.

Lo tenía tan en claro que me llevó a ese punto, sus palabras fueron “te doy otra oportunidad para disculparte”. Con eso lo admitía todo, pero todavía se prestaba a confusión. 

La situación era irreal y me rehusé a creer, puede decirse que actué de mala fe cuando dije necio “me niego”…“Sos dejado negarte” o algo así de grandilocuente fue lo que ella retrucó (y por supuesto que rió).

El ambiente cambió por completo en ese preciso instante, no habría más complicidades, su resolución no me daba lugar a dudas. Hasta casi confundí sus nombres, y por poco no me contuve de decir todo lo que quería soltarle.

Sí, su risa ya me era odiosa y bien se lo dije. Entonces me achacó de ser yo el ambiguo. Cuando me decidí por restarle protagonismo, solamente me había prestado a su juego de alienación sin darme cuenta. Constantemente creí estar a punto de entenderlo todo, pero nada más lejos de la realidad.

Era ya de madrugada y quise irme, me perturbaba la situación. Le pregunté con caballerosidad cuando era que terminaba su noche, aún pensaba acompañarla, y respondió como premeditadamente “mi noche termina cuando empieza tu día… -Hizo una pausa- y cuando te despiertes te darás cuenta que no fui más que un sueño, el más bello de todos”. Me desconcertó con su lirismo, sólo acoté que era gentil y cruel, y eso  cerraba todo (no se porque esas palabras).

Hacia el fin de la cita, creía saber que quería de mí y no me atemorizaba. “¿Entonces, como sigue esta charla?” dije cómplice, palabras  pronunciadas y contempladas antes, y que no podía olvidar de ningún modo. De no ser un incauto, habría dado fe esta vez que sería menos fácil, pero no… Tuve que repetir la pregunta, ella volvió desviar el tema.

El fin estaba a mano, de modo que empezó con sus conclusiones y enumeró:

Que era mal escritor, mala persona, mal amigo, mal compañero (esta en particular me dolió), etc. No me quejé, y hasta puede decirse que asentí. Fue muy persuasiva. “Me decepcionaste, en cierto sentido” dijo… tuvo algo de consideración al ser imprecisa allí.

Como para consolarme, me dijo que podía  ser mucho mejor. No le creí.

Yo sólo esperaba el fin, y significó un alivio realmente. Aquella noche de nuevo: ella y yo; por fin  recibiría mis bombones y escucharía mi “adiós”.

***

X

El rayo de luna y rosas, entre casas y palacios, terminó por desvanecerse en un punto lejano e indescifrable, mientras bajaba la lluvia, que la mitad  llenó de sueños y de frío.

Así, con los ojos cerrados y oyéndolo todo, en su lúcida inmersión, soledad sólo se abisma, pese a la exigencia despótica (léase lunfarda) de la tirana experiencia (léase poeta), del impulso decisivo oculto, llamado sueño.

***

XX

 

 

Me hubiera gustado ver su cuerpo, sus maneras y su gracia,

Ser presa de todo cuanto le circunda y rodea,

Mientras se adueña del ideal, joven y cruel.

Llevaría el mundo prestado en su bolsillo, y sin espanto ni juego,

Dulce y encantadora, sería instrumento vibrante

De encantos y majestades, que fraguan su desconcierto sobre la fluida amante.

El tiempo, torpe y pesado, se enluta y tiñe

Los decorados de la fútil existencia incipiente languidecen

El delirio atroz de tus brazos encantados…

 

***

 

XXX

 

 

No hay nada más claro que entender, allí estabas: en las nubes, visión  celeste, con tus pies en la luna.

Y una piedra grabó delante un puente, en un incierto desierto, implacable y que remuerde, que me sucede alrededor en cordones, y asumido en arruinarme, consientes.

***

Z

Sentida pérdida, sonrisa tenue

Y por costumbre prefiero arder.

Ante mis ojos, la muestra;

Separas la vista y la dicha…

Y pienso mejor dos veces.

No por creer en algo y confiarme al azar,

Despunte la perdida del sentido.

No porque encuentre salida, entonces huya.

La disensión en inmensa

Y el desconcierto intenso.

***

 

Sin ritmo y ningún sentido

¿Sabes cómo te imagino, a veces? Tendida resuelta a recitar letras, sin ritmo y ningún sentido, con una expresión vaga y sin tiempo.

Tus ojos dulces (la fuente de la expresión vaga)  te delatan, te dan a conocer. Pero revelan sutiles, que son en gran medida desconocidos.

No sé bien con que efecto, y quizás (aunque no lo crea) me equivoque, porque tal como adornada, yacen en tiempo perdido y estrellas, riegan tu luz en llanto y hacen de su rocío joyas.

En el vuelo de una tarde, perseguís la dulce noche, y al segundo, realizada.

Cómplice, tus besos sin piedad queman en al azul del tiempo.

¿Sabrás que te creo una canción?

***

Su voz es siempre el poder tenue, donde mueren las excusas.

La huella del tiempo se expresa en papel, el corazón cansado halla sitio entre las hojas

Una espera se presenta y amerita ser escrita.

Citas y comentarios la confían temblor del aire, en su ternura desatada.

La historia de sentimientos rítmicos y excedentes,

La dulzura conjugada en tercera persona.

***

Cuando suspende el hombre su triste pensamiento

Y cae en manos de la  música

Vuélvese en sueño a tal punto a su acecho

Que ha de tomar por fortuna que mienta su voz

No conocerá la tumba su desgracia

Y ni un soplo de paz dará alivio

Crecerán sus miedos, con todo derecho

Y adorará sus ilusiones de por vida

Cuando el éxtasis se abre paso en el silencio

Nutre las esperanzas, da reposo

No han sonado las notas fugitivas que inquieten

Un débil espacio se asombra no ser sentido

***

La noche avanza, puntual.

Cuarenta y ocho horas después, sale el sol.

Sol poniente, prejuicio de una tarde mística.

Crepúsculo con música.

Deseo, cansancio.

Los sentidos se alzan, se inclinan, se encierran en sí.

Sueño de una mujer que se angustia.

Efecto nocturno, canción de otoño.

Nueva aurora boreal.

Dicho es todo, tutela invisible:

Todo es ficción al reexaminarse.

Los pasos al contacto, perpetuos desde el reflejo.

O del ayer.

Fin intranquilo, en abril de mi infancia.

Ensueños claros como claveles, fábulas de fuentes que no entienden de dolor.

Música y tristeza, dos sediciones. Sólo hasta ahí puedo llegar.

Infieles pechos dormidos, de pronto, los pasos.

La súplica. Imagen impecable.

Se desliza la memoria, de noche.

De lejos, con ternura.

Voluptuosa llora.

Enlutada sin tregua, detrás de un amor infantil.

Ya es tarde para primicias.

Se enciende, luego se aleja.

Sus ojos le hablan a la luna de luto.

Esto, escrito en pasado.

Mi orgullo rústico, errante, incomprendido.

Red del día, indócil.

Más brillante que libre, sostuvo:

La vaguedad es clave para la precisión. El olvido es una creencia, que ignoro.

Pienso en la verdad y otras mentiras. Ya nada merece el recuerdo (quiero decir,antes sí).

La noche avanza conforme. No por nada se irá en silencio.

Bronce y sueño. Resignación, desencuentro. Cansancio, sueño

Correspondiente.

Perdida en su actitud bastante vista. Descontenta, temerosa, deleite.

A una mujer le angustian mis poemas.

***

El amor secreto es una mezcla tan rara de mañana con oficio de poeta (poesía entendida así como la distancia, entre un sueño sin realizar y un gesto sin entenderse).

Las decisiones, pequeñas creencias, conforman (a distancia, siempre a distancia)

su elemento como ausencia, la derrota en su motivo.

La inpasión es otro modo de sentir así las cosas.

Por verte y más, oculto un fuego.

Reposa el mundo en tu copa. Tu corona.

Viaje en el viaje. Ligera caricia en tus manos de luz. Se reparte, se acerca a donde voy.

Por dormir, precisamente no existo. Escucho la voz inaccesible de este nudo, cerrado y grueso.

Los ojos colmados de luna. Ni tus ojos ni tu voz. Ni mi escondido amor secreto

infinito esclavo de la tristeza. Mañana el juego comienza otra vez.

Instrumento en mis manos. Vicio más bien que oficio.

Sus breves alas, lentas, acallan la ilusión que no es. Como lleno de lejanías, traigo a colación esta nota que te dejo. Sonido inútil bajo las sombras.

Abandono el deseo. La noche, constantemente necesaria, brilla por última vez.

No puedo respirar más.

Entre tus manos, algo a veces se oye quebrandosé.

***

Ninguna muerte entre las manos, ningún instante en las tres y diez. Ningún espejo descubría la inutilidad de su propia imagen.

Podrido de estrofas, requiero versos.

Triunfo iluso sobre la tristeza.

Las hojas que llevo, siempre en mi bolsillo, no habrán de ser leídas. Siempre atadas.

Conozco de nombre las calles. Los árboles escuchan mi secreto.

Posible llamado a las alturas, por rendirse.

A mi primera pregunta dijo que sí. Dejó de mantenerse desconocida.

Lo único que le quedaba era belleza.

Quiero.

Notas que olvido y releo. Que tacho y paso en limpio. Que guardo y regalo. Poemas que quemo. Secretos, confesiones, quejas. Insinúo

Llevaba encima poemas.

Alba que no será. Flor enjaulada lenta. Voz derramada en llanto.

Te extraño, lo confieso. Entre duerme y vestirse, se mira como un regalo.

Sospecho incluso por las dudas. Agosto conmigo.

Sin tiempo, desata los espacios. Pone orden al descanso, interrumpe los miedos. Atenta contra mi soledad, la amenaza. Duelen los juegos cuando terminan.

Ternura ajena a mi presencia.

Hablando de ti, me confundo.

Se llevaba puesto el océano. Rechazaba los retornos, los ecos y lo eterno. Se prendía de las horas, para después perderlas. Levantaba un monumento a la vida, sufriendo. Su mirada viajera no se detenía. Aún vuela por la luna, sin saber la hora.

Esquina en forma de cruz.

En la puerta de su sonrisa. Doy un paso. Sin esperanzas de convencerme.

Mi enemigo ese lugar

Tan extraño y común

Llevaba encima una enseñanza desconocida.

Viene la noche, dormida. Con los ojos cerrados. En ellos nadan un río sin cauce.

Viste ramas romance, silencios muere de frío. Por no llevar un paraguas

equivoca un llanto genuino. Colgando un suspiro, mi adiós.

Acaso una sonrisa sea todo lo que espera el poeta

Que encuentra irónica la gramática, lo profundo

Puente universal a un abismo ancho gentil

Acaso una sonrisa es todo lo que espera el poeta.

***

Otoño al oído.

Las velas conspiran por última vez.

Muy a menudo.

La eternidad llega a su fin.

A penas indeleble, tu pensamiento deductivo me rechaza.

Acto cerrado. Aquí tiempos de nostalgia.

Como ya casi. Ya.

Escribe amaneceres siempre intactos. Duerme. Callando me dice todo, ya veo.

Colores pálidos, quisiera abolirlos.

Música en silencio, perdida en el aire de mi sueño.

Noche vacía y en pie. Mi vida.

Rumor a tientas, casi dulce.

Silbando a tumbos, se desenlaza hacia un sueño. Andando.

La música dormida, ardiente y delgada. Mil labios te acarician caída.

Por celebrarte en palabras

Prácticamente extraña. Dame tiempo noche y silencio. Y enséñame a ser poeta.

***

-Dibujaba un cielo al regresar, al alcance de un verso. Parecía la proclama de recuerdos, distancias y olvidos. Visto apenas, llevaba en la voz sonámbulos versos misteriosos, mezcla de ilusión y consuelo. La esperanza hacía un lugar sólo a modo de prólogo. El corpus era distinto. En fin. Lo cierto es que no lo entiendo Charpentier,

¿y quién lo entiende? Hago silencio.

-Hace bien. La poesía es un relieve del silencio. Esteban Charpentier.

***

Juega. Sus osados dedos se divierten, encontrándose en su espesa cabellera.

Esa selva infinita, donde ya han pasado otras manos y otros besos, la misma emoción.

     Sabe que no es suya, lo es sólo por un instante.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR ENRIQUE GRACIA TRINIDAD

 

“EPPUR SI MUOVE”

La ropa a veces, mientras duermo, se me marcha a la calle,

juega en parques lejanos y navega columpios,

siempre termina en algún bar

donde a los camareros, anfibios de fatiga, no les importa nada

que las últimas copas de la noche

resbalen por un cuello de camisa que no lleva cabeza.

Suelen ser húmedas las calles,

por eso viene luego mi ropa destemplada, tose por el pasillo,

y me despierta,

cuenta extrañas historias de relojes

acudiendo a su cita con el tiempo de nadie. Casi nunca la entiendo.

Dice que hay un ilustre papagayo

que se mira las plumas en el borde afilado de las últimas luces.

Entre sueños me esfuerzo en regañarla,

le digo que no es hora de andar con cuentos raros,

que como tantas veces me quedaré despierto por su culpa.

Ella siempre sonríe como un niño más triste y más travieso que la Luna,

y se vuelve a dormir

en el respaldo de una silla.                                  

 

 

(De “Crónicas del laberinto”) 

 

ARTE CISORIA   

(Con agradecimiento a Enrique de Villena, claro) (1)

Quisiera hacer un verso con filo de cuchillo para cortar el pan.  Algo daga de asalto, como el hacha sin culpa de un verdugo que no encontró otro oficio.

No un verso sanguinario sino un verso certero, afilado y agudo para tajar, hender, abrir sin pausa, rajar sin detenerse.

Un verso que en silencio haga trizas el aire, desnude la razón, abra en canal, despiece, penetre sin cesar, hiera lo que hay que herir.

Verso para cortar tan diestro y tan exacto como lo quiso aquel juez de Venecia: “¡una libra de carne! ¡ni una gota de sangre!”

Eficiente navaja que separe las horas, su distancia, el papel donde anidan los versos que son grieta, raspadura, arañazo en la espalda de la vida que se aleja sin tregua.

Un verso como el filo de una hoz con sus

hambres de mies y rama seca, curvilínea guadaña puntiaguda. Quiero decir espada para escena de cine (no me digáis que es falso, lo sé, pero ¿quién sabe?)

Verso, cuchilla ciega, para cortar el pan, o la carne, o el tiempo.

 

(De “Siempre tiempo”)

 

 

 

(1) Enrique de Villena (1384-1434), interesante polígrafo, siempre rodeado por la leyenda,  merece nuestra gratitud por haber escrito uno de nuestros primeros libros de “técnica” poética titulado Arte de trovar. Hombre culto medieval, fue a un tiempo un humanista del prerrenacimiento. Además de interesantes traducciones clásicas y libros curiosos sobre astrología y magia, escribió también nuestra más antigua obra sobre el arte culinario, a la que hace referencia este poema: Arte cisoria o Tratado del arte de cortar con cuchillo.

 

RAZÓN DE ESCRIBIR

Escribir para un tiempo

en el que no estaremos para nadie,

y en el más favorable de los casos

seremos una máscara de polvo

maquillando los libros de alguna estantería.

Escribir para un siglo, si es que llega,

menos oscuro y torpe que este siglo.

Dejar impresa la memoria:

papel, disquetes, vidrio, cerámica esmaltada,

ámbar, cuarzo o moléculas de gas.

Hacer que las palabras naveguen al futuro

como si fuesen barcos de papel

que sobrevivan hoy a su naufragio.

Escribir por si alguien, algún día,

tiene un dolor de corazón idéntico

o sufre una alegría semejante.

(De “Siempre tiempo”)

CALLE MADRID

(JUNTO A PLAZA DE LA VILLA)

No vive nadie en esta calle,

sin portales, sin niños que marchen al colegio,

sin mujeres que vuelvan del trabajo,

sin automóviles, ni gatos, ni comercios,

sin árbol, ni geranio, ni señales,

sin un escaparate,

sin un adiós, vecino… hasta mañana, amigo.

Vacía como el tiempo de la siesta de agosto,

como el ojo del náufrago,

como la espalda del deseo.

Calle que esta ciudad se dio a si misma

para que nadie diga que presume.

(Del libro inédito “Mentidero de Madrid”)

GLORIETA DEL ÁNGEL CAÍDO

                                               “…este pobre cabrito del sótano

                            me sirve si acaso de merienda.

                            No voy a darle mi alma

                            a un tipejo envidioso.”

                            (Enrique Valle)

Para vender mi alma a este fulano

tendría que hacer —él— muchos más méritos.

Y, para qué engañarnos, el muy torpe

anda desorientado en estos tiempos,

el mismo Vaticano le confunde

—“ahora existe”, “ahora no”, ¿qué juego es este?—.

Así no hay quien apruebe oposiciones

a notario del mal y sus infiernos.

Cualquier político del tres al cuarto,

aspirante a fingidas democracias

le deja como a un niño con pañales;

cualquier malvado de los que circulan

ahora por el mundo, le supera.

No hay hijo de vecino que no luzca

más méritos, más cuernos y más rabo,

más pezuñas y más olor a azufre.

Cayó del cielo y ahora de la tierra:

¿dónde se va a meter el pobre diablo?

No le hace caso ni su madre,

así que el alma me la guardo, y punto,

para alguna ocasión que lo merezca.

(Del libro inédito “Mentidero de Madrid”)

CALLE ANTONIO MACHADO

Hoy soñé que soñaba lo que estaba soñando. Otra vez el espejo impertinente dedicado a su indigna tarea de observarnos.

Son muchos los espejos de Madrid, tantos que se confunden con el aire, tienen la mueca del olvido, los reflejos de un rancio desacuerdo, la agobiada esperanza de los tristes.

Seguí soñando aunque no estoy seguro de si estaba dormido o en vigilia, de si era en realidad sueño o deseo. Y me atrapó la tarde.

Estas calles lejanas de sí mismas, siempre esperan la tarde para alzar la vida, para urdir las patrañas más hermosas. Entonces la ciudad siempre te encuentra descuidado, te zarandea, te aprisiona los ojos, te descubre la espalda en que pensabas marcharte sin mirarla.

Cuando empieza la noche, no es la noche, es la tarde que se ha puesto sincera.

(Del libro inédito “Mentidero de Madrid”)

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS   (Jonathan Demme)

CARTA AL DOCTOR HANNIBAL LECTER   (ISLAS BAHAMAS)

Muy señor mío:

Le envío unos bombones de licor

aunque sé que prefiere carne humana,

pero aún no la venden, que yo sepa.

Si está libre, quisiera contratarle

para una próxima película.

Dispongo de polillas de la muerte

bien cebadas con miel,

y he guardado un montón

de láminas del Duomo de Florencia.

Prometo efectos especiales de lo más truculento

y algún bolígrafo olvidado.

“Quid pro quo”,

usted hará de malo y de bueno a la vez.

(A Jodie Foster,

alias Clarisa Starling, ni palabra)

(Del libro inédito “Butaca de entresuelo”)

EL SÉPTIMO SELLO (Ingmar Bergman)

Da igual que viéndote perdido

derribes el tablero de ajedrez,

la muerte nunca olvida

dónde estaban las piezas.

(Del libro inédito “Butaca de entresuelo”)
UNA NOCHE EN LA ÓPERA (Sam Wood)

El mundo es un repleto camarote

donde ya no cabemos,

y alguien sigue pidiendo huevos duros.

Total, ¡y qué más da!

Insisto: No cabemos.

Cuando abran la puerta

se va a armar la de dios en el pasillo.

(Del libro inédito “Butaca de entresuelo”)

SONETO APÓCRIFO DE UNA VECINA DE L. A.

DE CUENCA, HARTA DE CONSPIRACIONES

DE OPERETA EN SU DESCANSILLO 

                                               “NUESTRA VECINA

                                                              (A Javier del Prado)

                                     Tiene, Javier, nuestra vecina un talle

                                      que resucita a un muerto, y unos ojos

                                      que derriten el plomo y dan antojos

                                      a quien se los tropieza por la calle.

                                     

                                      Hay que trazar un plan que no nos falle

                                      para descerrajarle los cerrojos

                                      y pasear en triunfo sus despojos

                                      cuidando hasta el más mínimo detalle.

                                     

                                      Tú en el portal y yo en el descansillo,

                                      siempre al acecho, cristalina media

                                      velándonos la cara y un cuchillo

                                     

                                      afilado. Si Dios no lo remedia,

                                      de la vecina haremos picadillo

                                      y de un cuento vulgar una tragedia.”

                                               (Luis Alberto de Cuenca)             

Menudo vecindario me ha tocado

en suerte. No me explico cómo puedo

salir del ascensor, bajar sin miedo

la escalera, si un tal Javier del Prado

y un poeta famoso y descarado

andan urdiendo planes con denuedo

para hacerme escabeche. Y lo hacen quedo,

huidizo el cuerpo, el rostro enmascarado.

En el portal ocultan su colmillo

acechando el palmito de mi menda

y dicen que han de hacerme picadillo.

Mujer al fin, decido la contienda:

No hagáis más el canelo en el pasillo

y pasad a mi casa que hay merienda.

(Inédito en libro. Soneto dedicado a mi amigo Luis A. de Cuenca que responde a otro sonetos suyo)

PENSÁNDOLO BIEN

Es oficio de vértigo este asunto

de acuchillar palabras al papel,

juego de locos,

inútil alboroto de campanas,

pretencioso ejercicio que no sabe 

si vive sueños o si arrastra vida.

La verdadera profesión

de los poetas

debería ser el silencio.

(Del libro inédito “El peluquero de Midas”)

CONSEJO MALVADO

 

            (Cuenta la leyenda que el gran poeta Li Po escribía versos             en pequeños papeles y los arrojaba al agua, disfrutando

         al ver que sus discípulos casi se ahogaban para rescatarlos)

 

Imitar a Li Po es sin duda elegante:

escribir unos versos y hacer con ellos barcos de papel

que la corriente del río se lleve poco a poco..

Exquisito, sin duda,

pero procura tú ser cuidadoso

y guardar lo que escribes,

que bastantes basuras se arrojan a las aguas.

(Del libro inédito “El peluquero de Midas”)

NO  (*)

No hay bandera que valga un sólo muerto.

No hay fe que se sujete con el crimen.

No hay dios que se merezca un sacrificio.

No hay patria que se gane con mentiras.

No hay futuro que viva sobre el miedo.

No hay tradición que ampare la ignominia.

No hay honor que se lave con la sangre.

No hay razón que requiera la miseria.

No hay paz que se alimente de venganza.

No hay progreso que exija la injusticia.

No hay voz que justifique una mordaza.

No hay justicia que llegue de una herida.

No hay libertad que nazca en la vergüenza.

(*) Este poema fue incluido en la antología “Contra el olvido”, editada con ocasión de los sangrientos atentados del 11 de marzo de 2004, en las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, de Madrid.

 

(Del último libro “Pentimento” 2009)

NOTICIA

Alguien vino a decirme que el último unicornio tiene el lomo ensangrentado, la mirada turbia, las crines enredadas en la parra de tiempo.

Dicen que cuando muera, comenzará en el mundo una terrible edad oscura.

La noticia debe ser muy antigua porque esa oscuridad hace ya tiempo que nos envuelve.

(Del último libro “Pentimento” 2009)

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR AMADO STORNI (Jaime Fernández)

 

 

YO POR TI

YO por ti contaría las estrellas

y una de ellas, la más bella,

la guardaría para ti.

Yo por ti como unos labios sin dueño

haría tuyos mis sueños

para estar dentro de ti.

Yo por ti me rompería en mil pedazos

yo tan lejos de tus brazos

y sin saber donde ir.

Yo por ti le robaría al mar las olas

para que cuando esté sola

todo me recuerde a ti.

No me culpes de no haber sabido

ser la musa de tu inspiración

el Amor es cosa de Cupido y hoy juega contigo…

y con mi corazón.

Y saber donde estás cada momento

si mi aliento es el aliento

que tu Amor respira en mi.

Y saber si a la sombra de tu olvido

alguna vez tu has sentido

lo que siento yo por ti.

En mi corazón.

 

 

 

 

AGARRADO A LA CINTURA DE TU RISA

 

 

AGARRADO a la cintura de tu risa

hipnotizado por los pliegues de tu falda

deambulante como un gato en las cornisas

dibujando corazones en tu espalda.

Inventándome “te quieros” de tornillo

arrastrado como un sapo que no salta

me he metido tus besos en los bolsillos

para que cuando no estés no te eche en falta.

He invertido mi talento en acertijos

con los besos que tus labios no me han dado

el amor nunca ha tenido un sueldo fijo,

la pasión es un bombón envenenado.

Intentando razonar con los espejos

me emborracho con licor de agua bendita

solo sigo siendo fiel a los consejos

que me dan las hojas de las margaritas.

Tanto amor

descorchado en tantas noches de locura

apagado por los rayitos del sol

reciclado en los cubos de la basura.

No seré yo quien te cuente

que un corazón que no ve es como un corazón que no siente

que aunque el mundo crea en mí cuando me tocas

esta noche tus besos no dormirán sobre mi boca.

No seré yo quién te diga

que llevo a cuestas tu amor como una hormiga

que cargué a la espalda mil granos de trigo

aunque este invierno corazón

yo no lo pasaré contigo.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR PATRICIO RASCÓN FERNÁNDEZ

 

Tres palos

Una dolencia crónica

Libró a mi mujer de algo tan abominable

O más

Que la enfermedad

El trabajo

Que dignifiquen esa palabra

Todo lo que quieran

Los ignorantes

Y los interesados en que la ignominia prevalezca

Pero

El sustantivo trabajo

Viene del verbo trabajar

Y este vocablo procede

Del latín tripaliere

 

Tripaliere viene de tripallium

Tripalium era un yugo hecho con tres palos

En los cuales amarraban a los esclavos

No para cubrirlos de dignidad

Sino para azotarlos

***

Salud mental (2)

El siquiatra me dobló la dosis de antidepresivos

Y me concertó una cita con la sicóloga

Ni se le pasó por la cabeza recetarme una renta digna

Que me permitiera emprender una vida

Y alejarme del trabajo asalariado

Velaba por el negocio

No podía permitirse el lujo

De dejarme salir de allí sano

***

Navidad rojinegra

Tu uniforme es rojo

Y el mío negro

Como las plumas de los gallos de pelea

De quienes hablaba en su canción Chicho Sánchez Ferlosio

Pura coincidencia

Papá Noel

Nuestro reñidero es un centro comercial

Nunca nos miramos a los ojos

Y nos acostamos

Cuando sale el sol

Sin cantar

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR LUCILA SORIA (ARGENTINA)

 

 

Transformación

La fortaleza

se perfila en mi cuerpo

ignoro de donde viene.

¿Será herencia de la tierra

de mis raíces indias?

Hay días

que voces claras

venidas desde lejos

me llaman.

Mi universo

se transforma.

Quiero correr

a su encuentro ancestral

danzar con ellos

emitir gritos

sostenidos de libertad.

Veo crecer

mis alas

y emerger vívida

entre esas manos

y esos rostros

dueños de todos los soles.

 ***

Negros aerosoles

Voces complejas

se escuchan en mi puerta.

El sol se ha ido ya.

La noche ingresa desafiante.

Los aerosoles de la vida

pintaron mi día de azabache.

Las nubes

se unen con los grises

para hacer más oscuro

ese momento

y quedan…

están en mi.

Hay un vacío de palabras.

Busco un atajo

vuelvo a mi mundo

soy yo.

Sin miradas indiscretas

ni palabras cóncavas

ni alegrías mentidas.

Tengo la manía de una risa

que intenta claridad

en las tormentas.

Yo, que soy altisonante

me acostumbré al silencio

y a la soledad

que me acompaña.

Quiero dormir, soñar, volver

y cuando abra los ojos

en la aurora

mi plegaria sea un canto

de alabanza.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

COMO CHINO EN QUIEBRA

 

Fumar y fumar, era todo lo que hacía.

Los cigarrillos llenaban mi aura

de un humo gris y azulado, pensar y pensar.

En Perú cada vez que un chino quebraba,

dicen los que lo vieron, que fumaba más de la cuenta.

Yo ahora estoy en quiebra, estoy y no estoy,

estoy inmerso en una crisis totalmente existencial.

Fumo y fumo, no sé qué destino me aguarda.

La lógica se suspende como una voluta de humo,

una nube de espesura física

que puede que acabe conmigo, pero es lo único

que ya puedo hacer. Es lo único que me queda.

El espacio físico del tabaco.

La incógnita de un futuro incierto,

la verdad desnuda que generan las cifras.

Me veo escribiendo este poema que grita,

como gritan los hombres desesperados, nadie oye,

pero intento dar consuelo a este caos sembrado a plazos,

a esta calada al cigarro de la autocomplacencia.

***

NO-FUTURO

 

Soñé que un calor seco

poblaba el universo;

la gravedad es un secador de pelo

inflando un globo agujereado;

no existen indicios de un futuro

sin hacer conciencia de un presente.

***

EL DIOS DE LA CONCIENCIA

Y SU FRUTO.

 

Paredes en simetría con la verdad

desembocan al mismo paso y a la ventura,

dios equivocado, dios de la orfandad,

todo presagio y remordimiento se cura.

Diestra mano y dicha en reciprocidad,

huele a sangre ajena tu hermosura,

existe el dios de la diversa libertad,

existe el párpado abierto, la travesura,

existe culpa, rayo de dios es electricidad,

existe un dios profano sin dentadura.

Caes a un infierno de dura hostilidad,

 caes al inverso páramo de la cordura,

te limitas entre bárbara contrariedad,

le echas carne al filón de la lisura,

subes de un espasmo a tu gran ciudad,

donde todo es litigio con su locura.

Creo en un dios de abstracta veracidad,

creo en la física de magma de la Tierra pura,

creo en la conciencia y en la realidad

por eso se anda en una luz del todo oscura.

Veo en tu alma toda la profundidad,

veo en ti una religión demasiado dura,

si aprendes de todo su naturalidad,

aprenderás que el ser de su mal no cura,

aprenderás que la espiga también es pan,

aprenderás que no todo poeta es cura.

Prefiero ser consciente de mi saciedad,

prefiero mirarte desde la flor madura,

tú sabes cual es mi temida debilidad,

ya que asomas y hallas una cerradura,

yo me apropio de tu huella de divinidad,

del perfume que precio paga a mi atadura,

pero dios ve cual es aquella equidad

y es por eso que nacemos para la desventura.

***

ENTRE ERICA Y VILA-MATAS

 

Cogimos mi coche para irnos a Barcelona,

al lugar donde vivía por entonces mi suegra,

nosotros vivimos en Torre-Romeu (Sabadell),

a unos 23 km. de la ciudad que tanto odio.

Íbamos en el coche y mi mujer estaba

un tanto preocupada y consternada,

su madre llevaba en Barcelona siete años,

uno más que nuestro matrimonio, seis más

que ella misma; tenía que irse por motivos

ajenos a su voluntad, por motivos de salud.

Era muy triste contemplar a Erica así,

se me hacía difícil mirarla sin abrumarme;

lleguemos a la Travessera de Dalt,

me acordé de los libros de Vila-Matas,

él la llama “Travessera del Mal”, debe ser,

ya que es una travesía con mucho tráfico,

también trasiego de peatones, porque cerca

está el Parc Güell de Gaudí, mucho turista,

sobretodo mochilero, mucho japonés,

mi mujer se bajó, iba a por el equipaje,

yo me quedé en el coche fumando,

miraba a la gente pasar, miraba los pisos,

altos con balcones, pisos grises y tristes,

pensé que en uno de ellos estaría él,

el gran Vila-Matas ficcionando su vida,

o también haciendo suyas las vivencias

de otros, de seres conocidos, autoficción.

Mi autoficción debería ser muy distinta

a la suya, mi suegra se marchaba, se iba,

sentía tristeza por la causa por lo que se iba,

hubiera preferido que se fuera como otras veces,

de vacaciones, por mero ocio, por disfrute,

salí del coche, ya estaba agobiado, impaciente,

estaba cansado de tanta espera, muy cansado,

mi mujer no venía, tardaba, preparaba quizá,

todo el equipaje que mi suegra acumuló

en los siete años de vida en Travessera,

me puse entre el límite imaginario del borde

de mi coche y el borde de la calzada

de la tremenda pista de Travessera del Mal,

me acordé de que Vila-Matas dice en sus escritos

que vive en un apartamento pequeño; me paré,

 me paré en seco, justamente un autobús pasó,

justamente delante de mí, casi me atropella,

me pasó rozando, me quedé aturdido,

¿qué hubiera pasado si me llega a atropellar?

Me atormentaba la idea de la colisión

entre el autobús y yo, ya que el conductor

era imposible que me hubiera visto, perplejidad,

y al mismo tiempo, espanto, horror, asombro,

me hubiese hecho picadillo, imaginad a mi mujer

venir con tanto equipaje y yo muerto en el borde,

qué espanto de cadáver, qué horror de fiambre,

el autobús pasó a una velocidad considerable.

Pensé otra vez en Vila-Matas, pensé en mi mujer,

pensé en mi suegra, pensé en mí,

-la vida es un segundo nada más-, es brevedad

a veces de un zarpazo, otras un goteo continuo,

la muerte está ahí en cada pestañeo que damos,

pestañeos breves, muy breves; vino mi mujer:

¿qué haces fuera del coche? Te van a atropellar.

     -La verdad tiene la estructura de la ficción-

Alguien lo dijo, quizá Vila-Matas, o otro, no sé.

***

UNA BOLA RODANDO

EN EL PISO DE ARRIBA

 

Estando en casa solo y en penumbra,

un invierno es frío y espesa la melancolía.

Mi apartamento está oscuro y mi soledad

medita cerca de una estufa eléctrica,

el silencio es un ecosistema necesario

para quien lo anda buscando,

de pronto cae la bola y suena rodante

en el suelo, parece que la regalen

al comprar un apartamento con vecindad,

me pregunto por qué una bola

 suena en el piso de los de arriba,

ahora que es de noche y la ciudad duerme.

Como esa bola que rueda en el silencio

así suena para ti mi corazón,

crees que lo que suena es una bola,

aunque pudiera ser cualquier otra cosa.

***

QUE NO LA LLAMEN BELÉN, BELÉN

Princesa del pueblo te llaman,

pero existe pueblo y existe populacho,

dices matar por tu hija

pero te llenas la andorga en tu ceguera,

eras imitada por actores en necesidad

y ahora (operada) imitas tú a esos actores,

el destino te destina al juguete roto

para cuando se canse el vulgo de lo mismo;

la televisión se enciende y se apaga

y tú serás un electrodoméstico usado

que molesta cuando opina sobre su banalidad.

Tu vanidad desemboca en tu banalidad.

Que no la llamen Belén, Belén,

que no viene. No, no viene.

Aunque por un cheque con más de dos ceros

es otra cosa. ¡¡¡Menudo Personaje!!!

***

 

EN EL MANICOMIO

 

Ves que hay locos que no lo son tanto,

Otros son locos desde/hasta la eternidad,

Ruina, pesadilla, retroceso y espanto,

Adelanto(des)igualdad, asocial sociedad.

Si callo, si cierro la boca, si me achanto,

Si hago, (des)hago, contra la contrariedad,

Unos en dosis de veneno buscan cuanto

Les otorgue la señora de la lenta equidad.

Vacuidad desde el rincón de tu orfandad,

Eres ángel profano y morboso santo,

Eres el NO del bullicio gregario de bar,

Huyes de tanto en tanto, eres fugacidad,

Eres el NO de la libertad del llanto,

Eres fatalidad que te asoma de par en par,

Torpe palabra precisa, torpe oportunidad,

Eres habitación y cerrajería a cal y canto,

Aprendes otra verdad, después de tanto dar.

(Después de haber dado tanto)

Comprendes que el mar siempre es mar.

***

POEMA PARA LOS SANTOS INOCENTES

 

Me repugna el pan que di, la misa que yo os debo,

la plegaria que aprendí, cortar aquel crisantemo,

el broche donde a vos me uní, se me eriza en frío el cabello,

la paz que supliqué, la intención de aquellos rezos,

sentirme engañado otra vez, la flor muere en lamentos,

la paz replica su dicha, el calvario siempre adentro,

alta y sorda pared, ciego el agnus dei ambidiestro,

para y por mí, por y para quién, se hace ira este sosiego.

[JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, yo también me sé reír.]

(es una broma)

***

MADRE SIN DESCANSO

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

A mi suegra.

 

35 días después del 30 de enero

nació una noche en el Callao

Doña Zoila Rosa Villar Otero

entre dos hermanas y dulce melao.

Tuvo adolescencia alegre y buena,

hermano pequeño muy colorao,

lejos estaba de oxidadas cadenas

y al colegio iba como está mandao.

De muchacha pregonaba alegría,

remedio tenía para la pena,

mirada pura, ella la sostenía,

se sonreía coqueta y serena,

bella muchacha, vals de zalamería,

linda flor perucha en tu luna nueva,

risa, sazón, belleza de luz y platería,

dulce rincón proscrito donde Eva

mecía matriarcados de Ave María,

reina del cocinar, ese altar la eleva,

entre comida criolla y baño maría

corona de gualdas tu cabello lleva,

y en tu cintura fina es pura joyería,

y en tu corazón la magia es buena,

y en tu horizonte es bella la florería,

y es tu verdad de miel mansa colmena.

Si se pone su traje de pedrerías

  va a traer cuatro hijas de piel suave,

ella tuvo cuatro Marías,

por eso Dios y todos saben

que ángeles puros desatarías;

si sabes a mar, si afloras sales,

dibujas lunas en tu imaginería

y en tu corazón todas te laten.

Madre de todas las Rosalías

entre dichas coses los males,

las llevas al colegio entre tropelías,

ya que dicen que todas lo valen,

ya que dicen que por ellas aflorarías

para hacer una enagua de naturales

 besos calientes que engarzarías,

y un suspiro de prisas vegetales

que en la cocina de Sara enseñarías

a tus niñas lo que tú tanto vales,

lo que tú por demás sabías

en polladas y vísperas de Carnavales,

y es esa dicha, esa fresca alegría,

cuando vienen inviernos australes

vienen primaveras con todos sus días,

vienen alondras a tus ventanales,

y en ti no existe la guachafería,

y en ti hay esencias del todo estivales. 

38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXXVIII   02-12-2.009

 

EDITORIAL XXXVIII

Francisco Ayala

 

A principios de Noviembre moría Francisco Ayala. Perteneciente por edad, por cultura y por sensibilidad a la denominada Generación del 27 o de la República, fue el último sobreviviente de aquel momento cumbre en la cultura española. Qué duda cabe, aun cuando pudiéramos llegar a tener ciertas discrepancias y puntualizaciones respecto a cuestiones políticas o sociales con aquel régimen y con sus protagonistas, que ese momento histórico, el de los años de la IIª República Española, fue la culminación de unas décadas esplendorosas que, como ya hemos comentado en alguna ocasión, se han calificado de edad de plata y que supuso un momento de evidente esplendor cultural y político que se tradujo también en un esfuerzo enorme por mejora la sociedad.

 

Francisco Ayala ha encarnado a la perfección el tipo de ser humano que surgió en esos años. No podemos olvidar en este sentido que una cultura colectiva se sustenta en individuos que aportan a la colectividad sus propios anhelos, sus estudios, sus reflexiones y sus propias ideas. Atento a los hechos que le rodeaban, de una vasta cultura, el escritor granadino y madrileño de adopción supo aprehender y crecer gracias a un contexto colectivo por la que sentimos no poca añoranza.

 

Mucho se ha escrito sobre el ambiente cultural de aquellos años. La escritora Josefina Aldecoa ha conseguido rememorarlo en algunas de sus novelas. Hubo un gran movimiento cultural, no olvidemos que llegaron a coincidir durante algunos años escritores pertenecientes a corrientes y grupos culturales diferentes, como  el realismo, el naturalismo, la Generación del 98, los surrealismos o la, entonces, jovencísima Generación del 27, pero también hubo un enorme esfuerzo pedagógica y social por extender la cultura a las capas populares de la sociedad española, hasta entonces despojada de la educación básica, reservada a sectores privilegiados.

 

En este contexto, Francisco Ayala fue un liberal en el sentido más progresista del término. Pero sobre todo fue un hombre de una enorme curiosidad por la sociedad, la literatura, el arte, la política, y logró aportar una obra literaria y teórica sin duda fundamental. No sabemos qué pensaría del ambiente cultural de España en los últimos años de su vida y que sin duda seguiría con interés. Evidentemente, el país al que regresó no era el mismo que tuvo que abandonar, también él afectado, tras la guerra (in)civil y los años de dictadura funesta, ya no hubo el mismo crecimiento pedagógico, más bien al contrario, mucho nos tememos que en el asunto de la educación, de las escuelas y la Universidad las cosas hayan retrocedido, y no existe en modo alguno ese ambiente cultural de los años treinta. También es verdad que son tiempos distintos y hemos de aceptarlo así, pero no podemos dejar de echar una mirada a aquellos años y sentir una mínima envidia, envidia sana en todo caso.

 

Alianza Editorial está recuperando en su colección Biblioteca Ayala las obras de este escritor, esfuerzo que no podemos menos que agradecer y alabar. Recomendamos leer todos sus libros, por supuesto, y sobre todo sumergirse en su «Recuerdos y Olvidos», un testimonio sin duda imprescindible para conocer su trayectoria humana y el entorno en el que vivió. Nos permitirá acercarnos a una de las figuras humana e intelectualmente más importantes en la cultura española.

 

 

 

CONVERSANDO

 CON LA TELEVISIÓN

(no-crónica)

 

[Buenas noches, empieza el programa

el juego de tu vida, donde los “concursantes”

tienen que decirnos toda la verdad

para subir de nivel y ganarse unos Euros;

mi nombre es Enma Suárez y damos

la Bienvenida a Jose Antonio…

han venido para hacerle compañía su madre Elena,

su esposa Matilde, y su hijo y su hija, Jose Antonio y Ana…]

¿Qué clase de catadura moral

pueden tener los “concursantes” de este programa?

¿Qué catadura moral tienen los creadores?

¿Y qué clase de moral tienen los que lo ven?

Cada noche vienen a sentarse frente a ti

una tonelada de basura que mira desde su infierno

de rosas pisoteadas y besos dormidos,

mil palomas que degüellan a la luz de los ojos,

un millón de ancianos que dormitan su estéril promesa

con los perros que babean una cáscara de bombilla.

Cada noche se asesinan fragancias tras la pantalla

y se cosen un corazón amarillo los guardianes

de tus arcas de acero que te hacen cojear de súbita fiebre;

cada noche se consigue la proeza de la llaga sumergida

y se desvive una madre furiosa sobre tus agujas de escarcha,

siempre existe una derrotada existencia en las rodillas

y en los codos duros de los actores en paro;

los vértigos que producen tus anaqueles vacíos

los encuentra una simplona en los soportales

de las tinieblas del campo abierto.

[…VOZ DE ENMA: ¿Darías la vida

por alguno de tus hijos? (pensando) (¿?)Respuesta: NO

(Suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-…APLAUSOS…

VOZ DE ENMA: vemos a tus hijos Jose Antonio y Ana

un tanto abrumados y consternados pero, ¿a quién importa?…

MÁS APLAUSOS… MUCHOS APLAUSOS…]

¿A quién le puede importar eso?

Y si no da la vida por sus hijos, ¿Qué opinan

sus hijos de lo que opina su padre acerca de ellos?

¿Qué clase de mercachifle chusquero es la persona

que comercia con el sentimiento de otros?

Soy el rey de mi sala de estar, y mientras

son otros, los tristes paraísos de mi antesala repleta de carcoma,

soy un rey que percibe las mejillas de cristal que sostienen

los sueños de plasma giratorio y cámaras resignadas.

¡Qué fabulosa es tu noche cincelando preguntas!

¡Qué fríos son tus te quieros casi arrodillados!

Os quiero por que me cantáis mentiras pequeñas

en todas mis solapas, donde en el ojal me pongo

un clavel marchito a fuerza de latigazos y escupitajos,

y se deslumbra un parnaso de oro sobre tu ventana indiscreta.

Se apropian los caballeros sin estirpe de mi hambruna

y la convierten en espejo eterno desde mi boca

hasta las efigies de mujeres solitarias y desteñidas.

Busco la cópula exacta de los alientos en un segundo de paz

y busco al caducado compás de los marcapasos desnudos.

Ya no te quiero ni en broma por que me tomo en serio

a la mortaja que te cubre la mirada y viste de plata

a la madre vencida de guantazos, y también al niño polaco

que lo escupen cuando ya se ha hecho millonario.

¡Venid todos a verlo! ¡El espectáculo es maravilloso!

[…VOZ DE ENMA:¿Has mantenido relaciones

sexuales sin que lo supiera tu esposa con varios  hombres?

(pensando, silencio absoluto)Respuesta: SI

(suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-…APLAUSOS

VOZ DE ENMA: veo que tu esposa Matilde  está muy nerviosa, y tu madre está muy avergonzada, la pobre,

aunque no importa: has pasado de nivel Jose Antonio…

APLAUSOS…MUCHOS APLAUSOS…]

¿Se puede ser más egoísta e inconsciente que confesar

tu homosexualidad delante de tu esposa,

madre e hijos y no preocuparse por lo que sienten?

Los luceros plagados de soledad patean la lata del aburrimiento,

los niños dejados a su suerte ven divertida tu loca burbuja

que explota en los puertos sedientos del miedo,

donde todo se extrae porque la gaviota que se suicida

 se muere por un guiño de tus bucólicos eructos de campesino.

Los borrachos del mediodía no conocen tu sombra

y los muertos sepultaron su suspiro viendo tu gemido

florecer desde los musgos del error casual que se destroza.

Ya nadie tiene misericordia por la orfandad despatarrada,

ni de la castañera preñada de arrugas y sabañones,

ni de los basureros que silban en el duro invierno.

Ahora las casadas con toreros son las balas cansadas

de las pistolas de hielo que bostezan a quemarropa

y que se hacen con la ceniza del mundo feliz

y se vuelven heroínas de un pueblo con desmemoria analfabeta.

Ahora los terratenientes visten de Armani y llevan gomas en el pelo mientras mastican la bilis de los heridos y los atropellados.

Somos la carroña del mundo, la mugre encendida de los chatarreros, la cloaca que hierve en las calles,

Somos por que queremos serlo

y seguimos siendo por que casi no nos metemos con nadie.

¡Así va el mundo! ¡Así va el mundo! ¡Así!

[…VOZ DE ENMA: vamos a la última pregunta

y ya pasas al siguiente nivel:

¿sabe tu esposa que contrataste los servicios de  un chico joven

a través de los  anuncios por palabras de un diario de provincias?

(silencio absoluto, pensando), Respuesta: NO

(suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-

…APLAUSOS…MUCHOS APLAUSOS…

VOZ DE ENMA: Bien, pues has pasado al siguiente

nivel, osease,  que te llevas la suma

de 10.000 € y ahora te pregunto:

¿quieres pasar al siguiente nivel? (pensando, silencio)

Respuesta: SIIIIIIIIIIII…APLAUSOS]

   El dinero es la suplantación moral

para quien no lo tiene y los que lo tienen

suplantan su moral con más dinero, entonces:

MORAL + DINERO = ZERO EN DIGNIDAD

En consecuencia: tratan como a verdaderos imbéciles

a los que dinero no tienen, los que lo tienen

con tener dinero ya compran dignidad, la suya y la de otros.

Los pecados flotan en el aire porque nos roban las plegarias,

en el aire, en los eriales, en los ataúdes, en los mapas,

en los floripondios desnutridos, en los gemidos del enfermo,

en los hospitales fríos y desmantelados de mundo,

en los cuerpos que indagan una noche

entre tus luces de verdad transitoria, de locura ya vista,

de risa sarcástica  y a la vez prostituta, que disimula su variz,

que disimula su breve sentimiento y lo hace canción repetida.

Ya no quiero besar tu nombre, ni lamer tus mentiras,

ya no me creo los sainetes ni los spots ni los sketchs,

ya no me creo tu beso redondo y azulado en mi ombligo,

ni los noticieros que avisan del miedo,

ni los programas que enseñan a suspirar.

¡Se levanta la veda! ¡Se levanta como una mar salvaje!

[… VOZ DE ENMA: Has pasado de nivel

ahora solamente tienes que ser sincero,

¿Es verdad que te comes los mocos cuando nadie te ve

y además sientes repugnancia por tu anciana madre

y te masturbas con tu vecino calvo  del cuarto piso?

(silencio y nerviosismo), Respuesta: NO

(suspense) –Voz de Fondo: MENTIRA…-

VOZ DE ENMA: lo sentimos Jose Antonio pero así es el juego…muchas gracias por venir,

has perdido todo el dinero acumulado hasta ahora y

a los televidentes les emplazamos hasta

la semana que viene que les ofreceremos otra edición del programa “El juego de tu Vida”…

APLAUSOS…APLAUSOS CON EUFORIA]

Este programa me recuerda a juego de trileros,

a juego de bingos oscuros, a ruleta sesgada,

a ruleta rusa, a concurso con tongo,

a mafia encubierta, siempre pierde el mismo.

Todos se quedan con cara de haber confesado

todos sus secretos más íntimos y haberlos confesado

gratuitamente, por nada, Zero.

MORALEJA: antes de jugarte la vida de otros

por un pico, piensa a quién haces el corazón añicos.

Te desnudan con una vara de medir, te abochornan

con acicates y pensamientos desmigajados,

somos lo que no quieren ellos ser,

nos mienten con una sombra de zapato,

nos pervierten la cena con media luz prometida,

nos enseñan a mudar los colores,

nos estudian y nos abren la maleta,

nos escampan del cielo anaranjado.

No nos quieren. Admítelo.

 

(…continuará…)

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

El paciente

 

 

         Comencé a notarle de nuevo cansado, aturdido. Dos días atrás parecía haber asumido su situación. Hoy, sin embargo, no comprendía nada, el mundo se le caía a pedazos. No lo entiendo, doctor, me dijo, ya es demasiado castigo haberlo vivido, recordarlo. No comenté nada. Preferí que fuera él quien hablara. Tardé mucho en poder dormir de nuevo, comentó, con frecuencia me despertaba sudando, nervioso, angustiado. Cerró los ojos, como si ahora se esforzara en quedarse dormido, allí, delante de mí, pero en realidad es que volvía a contemplar las imágenes. Y cuando lo conseguía, continuó hablándome, siempre muy bajo, más para sí que para mí, en una confesión repentina que me extrañó, cuando podía dormir, por ejemplo, más de una hora seguida, aunque nunca más de dos, me despertaba con un agujero dentro de mí, inmenso, amargo, hiriente. Una guerra nunca es limpia, admitió de pronto a modo de excusa, no puede pedirse algo imposible. Yo estaba de acuerdo. Pero no estaba allí para filosofar. Ni siquiera para polemizar sobre la guerra. Simplemente me habían pedido que le atendiera y, a poder ser, que llegara al juicio con un mínimo de cordura. Pero sobre todo que llegara vivo. Cabía posibilidades de que se suicidara. A nadie se le escapaba que cuando llegó se lo planteaba y aún, al cabo de unas semanas, cuando atrás quedaba ya muy lejos la guerra colonial, lo consideraba con gravedad, porque al fin y al cabo regresó con una mezcla de sentimiento de culpa, asistí a demasiadas barbaridades, me dijo, muchas de ellas obras mías, y me describió algunas, sangrientas, brutales, y una sensación, real, no ficticia, dolorosa, de haber traicionado a la patria, que era por lo que se le acusaba, y que reconoció él mismo desde el principio, y cabía la posibilidad de que se le condenara por ello. El abogado iba a basar su defensa en el estado mental del acusado. No le quedaban muchas otras posibilidades. El encargo que me daba el tribunal es que conociera su estado mental. Mi informe, el que todavía estaba en mi cabeza, iba a hablar mucho de culpabilidad y de choque traumático con la realidad. No podía menos que entenderlo así desde el punto de vista médico y psiquiátrico: uno va a la guerra creyendo que defiende el orden y el bien, y se encuentra de pronto con que ese nosotros que dicen que es la patria posee un lado siniestro, criminal, y te mueve además a llevar a cabo cosas que nunca imaginarías que pudieras realizar. El reflejo de la realidad nos da una imagen a menudo horrible. También de nosotros mismos.

         No obstante, he de reconocer que al principio yo pecaba de parcial en lo humano y en lo político. Sin embargo, no es mi misión ser objetivo, mi finalidad aquí es determinar la salud de los presos y acusados, con independencia de lo que yo piense de ellos y de sus actos. En su caso, su condición de militar del imperio me echaba para atrás. Ni que decir tiene que en mi vida civil, fuera de la fría objetividad que debía guardar en los juzgados, me opuse en con toda mi fuerza a que nuestro amado país, amado por decreto gubernativo, fuera el guardíán de Occidente. No llevábamos la civilización, nada más lejos de la verdad. Sacábamos sus riquezas con descarada naturalidad, las de los otros pueblos, su mano de obra, y la de sus tierras, sus materias primas, era el orden de las cosas, se nos decía, la consecuencia lógica de la Historia, que nosotros domináramos el mundo, que no quedara resquicio sin estar nosotros presentes. Ni que decir tiene que yo no me tragaba todas esas mentiras evidentes. Al principio, de un modo emocional, luego con mayor ahínco. En su momento di un paso en la universidad, me afilié al Partido Comunista, no soportaba las injusticias y no quería quedarme en las meras condenas morales. Y aquella militancia fue la expresión entonces de mi disconformidad con el caos del mundo, con un orden que para mí era más bien desorden. Sin duda, de haberlo conocido en aquellos años, hubiéramos chocado. Hijo de militares, afín al Régimen, asumió su destino en las colonias como un deber para con la Patria, con la civilización. No soportaba la pretensión de las guerrillas de romper el cordón umbilical que unía aquellas tierras con la metrópoli. Aunque fuera ilógico. Por ello aceptó sin reparos su incorporación al ejército colonial en un momento en el que resultaba evidente la confrontación. Y allí es donde chocó con una realidad que no se podía ocultar.

         Mi misión no era ni de lejos la de juzgar su comportamiento, menos aún sus planteamientos de vida o ideológicos. Se me había encargado un informe sobre su mente, sobre su locura o sobre la ausencia de la misma para que los jueces pudieran analizar los hechos y deducir una sentencia. Hasta ese momento siempre cumplí con mi deber mediante la profesional objetividad que se me reclamaba, pero reconozco que, aun cuando había pasado mucho tiempo desde mi militancia comunista, no podía sentir menos que una profunda animadversión por los hechos que me relató y un sentimiento análogo de rebeldía a la que me movió por entonces a una militancia radicalizada por momentos. Ordenó torturas y ejecuciones masivas, se paseó por ciudades y aldeas casi como un emperador de la antigüedad o como el caudillo de una banda de vándalos, todo ello en nombre de la civilización y de la patria. Un día, sin venir aparentemente a cuento, se puso en contra de su propia metrópoli y atacó a sus superiores. Ni que decir tiene que toda la maquinaria de guerra que hasta entonces le había apoyado y lo sostenía como a un héroe le combatió con toda su fuerza y el rebelde sucumbió sin pena ni gloria, aunque con una multitud de muertes a su espalda.

         Ahora se enfrentaba a un juicio por la rebelión, no por lo que la había precedido, y yo estaba llamado a dictaminar no sé muy bien qué. Intentaba ver en él a un hombre tal como lo conseguía en otros casos, pero no podía dejar de ver al asesino que a mí me horrorizaba cuando leía sobre sus triunfales paseos coloniales en la prensa y me producía un inmenso rechazo. Recordaba que mientras sus proezas estaban en boca de todos yo sentía vergüenza de pertenecer a la misma comunidad que aquel matarife. Pero no podía dejarme llevar por la pasión, aunque algo en mí me invitaba a ello, debía de abandonar mi frialdad actual, regresar a mi sensibilidad emocional de mis años estudiantiles y con ese ánimo renovado acudir al tribunal antes del juicio y dejar el caso, plantearles claramente que yo no era el médico adecuado para sacarles de la duda y calificar al acusado, a mi paciente, de bárbaro contemporáneo, por muchas justificaciones que él mismo quisiera dar u otros desearan aportar y aportaban, a pesar de que desde el punto de vista clínico era consciente de sus razones.

         No lo hice, sin embargo. Imagino que el tiempo nos lleva a no enfrentarnos con tanto ahínco a cuestiones morales y convivir con el horror. Escribí un informe diáfano y completo. Mi conclusión carece de importancia ahora mismo, es lo que intento al menos. A veces no quiero contemplar el mal en su más cotidiana normalidad.

 

Juan A. Herrero Díez  

 

 

 

 

MONÓLOGO TRAS

UNA DISCUSIÓN

 

Cada discusión es un delito que cometemos

los dos contra los dos y los dos contra nuestra sombra;

 los dos nos asesinamos la mirada, nos desgarramos

el alma como perros azuzados por niños de extrarradio;

cada vez que discutimos nuestros gritos

avisan a la guardia civil, suplican a las castas nobles,

y presentimos fría herrumbre en nuestra almohada.

Un oscuro subsuelo nos traspasa como cicuta

 nuestras muñecas y los tobillos quieren volar de rabia,

 y la cólera se torna morada

como los lirios sin padre, como los cristos que escapan de la cruz.

Cada vez que discutimos una niña te busca

la sombra en el monedero sucio,

un monolito de hielo se rompe a pedazos por la ira,

los mares se ciegan de desnudos, por que se desmayan

buscando un consejo oxidado del cazador ilustre,

del hombre sano con estudios sobre matemática del caos,

del empresario helado con negocios que lo acaloran.

Nuestros hijos se abrazan al reloj impenitente

que anuncia la destrucción de la tarde

y una paloma con falsa mansedumbre

se busca la herida roída por los ratones sin espacio.

Nuestros cuerpos son callos de rocío

que reniegan de toda nuestra visión interior

y vuelan como pájaros en bandada histérica

por los pasillos de la noche, que gime como una adolescente.

Nuestros cuchillos nos abren la garganta

y en los mataderos escuchan el bronco lamento

de forenses que se preguntan por el precio de la encrucijada,

 los redobles de una milicia absurda e improvisada

andan exiliados por las cañerías del cine club

y de toda lejana y fugitiva tripa donde embuten al sueño.

Es difícil vivir la crisis para dos personas que están en crisis,

se entretienen buscando una lámpara sin genio ni brillo,

 se dicen que se quieren con un cadáver en el plato.

Mundos son mundos sin en el mundo.

Auroras son auroras sin su aurora.

Por las mañanas me escapo a los montes

y me vuelvo justiciero de los enchufes quemados,

y de los virus cibernéticos que no quieren los temerosos

de cometer un infradelito sobre la salud pública y putrefacta,

me hago outsider en las habitaciones donde no estás tú,

me hurgan en la memoria aquellos desvanes fríos

de aquella casa donde tenías que ir de rodillas

por si una de aquellas vigas te partía la cabeza.

Las fuentes se desesperan por que siempre pisan el mismo charco

y un pelotón de fusilamiento acude a fusilar

a la batalla roja de la mala sangre y a la mal follada rabia negra.

Me desnudo cuando ya nadie nos mira, porque siento frío

y cuando se distrae la concurrencia lisiada

me fumo un canuto en el balcón del invierno,

donde hace un frío que pela, y después te quejas

cuando me besas los labios y dices que tengo una cara rara.

Cuando el flujo eléctrico y la onda radiactiva

vienen agarraditos de la mano y simulan ser la pareja ideal,

se me acercan unas ganas locas de apretar el botón rojo

que abre la compuerta y deja caer la bomba atómica.

Soy aquel  cigarrillo que de apurado da quemadura en los labios,

soy otro protagonista de una crónica negra

en la sección de sucesos del diario amarillo de antes de ayer,

soy la rabia de los marineros filipinos que atracan descalzos

en el puerto de tu querido Callao y un pandillero les roba la cartera y se ven impotentes por que no pueden correr tras él.

Soy el orgasmo con dolorosa rampa de la insatisfacción,

soy el fingido suspiro de dos comadres alcahuetas

 que cruzan a la vez sus piernas y soy el latido falso

que oculta el sombrero prestado de los horteras que van

de bohemios y son novelistas y fingen erudición y van a la tele.

Pero no me arrepiento porque ya es tarde

y por que he aprendido que el amor en su esquina desea tormenta

y que podía haber sido peor; si hubiese dado con una arpía

que después de haberse comido mi corazón

se enjuagara la boca con listerine y escupiera esa realidad al váter. 

Por eso te quiero. Porque todavía no escupes.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR TERESA PALAZZO CONTI

 

DEAMBULAR

 

Muchas nieves

marché como demente

para asir claridades.

 

 

Mi perfil

rozaba la muerte

usurpadora de abrazos.

 

 

Una condena

anunciada

tapizaba mi reino

y en cada vibración

otro asesino hechizaba al asombro.

 

 

Esgrimiendo un presagio de vida,

una voz verdadera

intimó en mis espaldas

y fui albergue

de mi propia presencia renacida.

T.P.C.

 

PANTOMIMAS

 

 

 

Y van ciegos de mí.

 

 

Soy una ausente.

 

 

Entre quiebras de hielo

mi palabra finge

plenitud de marea alcanzada.

 

 

El invierno ausculta sus latidos

y un llanto que se estrena

fractura todo orden.

 

 

Mi realidad

se llaga

con las antorchas de la tarde

y yo busco la altura de lo absurdo

para impulsar mi marcha.

T.P.C.

LA PROFECÍA 

 

 

Un grito que rotula el universo

se impone entre las formas ígneas

de mis pesadillas.

 

Se abre un libro de queja en la memoria

y vuelvo a un tiempo

que es antorcha

en cárceles de mármol.

 

Hay un perfil con desniveles

en carillas añosas;

jardines de pájaros desnudos;

ocasos que se duermen en aljibes

y ojos que se agotan

en espejos inútiles.

 

Con letras centinelas

armo pocas palabras

y rechazo las muertes

que anteceden a mis pasos.

 

Algún recuerdo modificado

deja en el camino

una estela,

y el eco del instante último,

cuando todavía alguien me nombraba

entre las cosas vivas,

intenta el aprendizaje

de una profecía

que no me atrevo a asumir.

 

T.P.C

 

Todos los derechos reservados a nombre de Teresa Palazzo Conti

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PRESENTACIÓN DEL NO-LIBRO

DE JUAN G.

 

Advertencia

 

 

 

 

 

Este pequeño no-libro se hizo como un experimento surrealista, y debe de seguir haciéndose así.

Consiste en que cada persona que lo recibe tiene que agregarle algo nuevo, ya sea un dibujo, una palabra, un poema, lo que sea (pero tachones no!).

La consigna es pasarlo de mano en mano y que el azar nos rija, de modo que se arme algo totalmente nuevo, un gran collage o cadáver exquisito; totalmente imprevisible, absurdo y genuino.

                                                                                  

 

 

Prólogo I

 

 

 

 

 

No siempre fue prudente, como el tumulto exagerado por las fantasías señadas, itinerantes e intermitentes; talento y carácter, obra y artista: consuelo de tantos!

Su exaltación entusiasta era tanto embriagadora, como mi disgusto y su tedio, eran cosas que antes, con esos sentimientos, me habrían valido, a priori, un mortal efecto mágico.

Su ritmo absurdo y genuino me aspiraba a la formula “yo creo!” que me faltaba decirle con gestos, temía su tan desgraciado brillo, benévolo como aquel, que por el contrario y demás, siendo otra cosa que todo, se concreto en lo anterior y lo ultimo, en lo nuevo y en ninguno, tan solo por chispas capaces del eterno sufrir y tendenciar, mientras que los deseos infalibles, ese fenómeno imaginario, nos evidencian el paraíso.

Y así, víctima de considerandos, meridional y reducida a la espera, aún, no acepta condiciones a costa de ramas y raíces del amor, hasta que la decapiten por fin.

 

 

 

 

Prólogo II

 

 

 

 

 

Caracterizadamente original y trágica se me presentaba la escena; como las cosas más terribles del manifiesto designio de nuestra voluntad, que por su infinitud no terminara más que, en cierto sentido, la perfección maquinista.

Desde este punto de vista, nos tropezamos con la apariencia del soberano contraste, o lo que es peor, la mismísima  vida! ese tirano que simboliza el impulso irresistible de la divinidad al abismo, el penetrar en todo aquello que se refiere a la confusión y a la apariencia, a la posibilidad de abstracta del descuido infundado…Para poder descubrir  la distancia entre la aureola y la desmesura, entre el precio de una desgracia y la suerte de un espejismo.

 

 

Críticas a este no-libro

 

 

 

 

 

Habla el clasicista:

 

La ambivalencia genera rechazo, y es esto lo que asistimos. Por algún motivo x  (llámese “razón”), aislamos elementos, la situación espacial, el sentimiento que nos produce y despierta, el detalle que pasamos por alto y la interpretación que en general damos o no. Tal parece que la integridad del conjunto es netamente casual y sin la menor importancia. Esto recuerda al comienzo de los objetos surrealistas por Marcel Duchamp: los “objetos confeccionados” (ready-made), son objetos comunes que adquieren sentido al darles un titulo y adquieren jerarquía artística por el solo hecho de la elección del artista. Concepto típicamente moderno, la disociación y la negación reunidas.

 

 

Habla el surrealista:

 

Lo inaudito en el lujo se asemeja. Lo vano es la alegría de esta aureola. Qué inaudito.

No hay brote de queja, todo es contemplación espectral y sin razón, oculta bajo la dimensión capaz creadora, que la invención sugiere.

Insinúa un atlas que ha sido roto y no me explico más donde me encuentro.

Como un recuerdo de un día en la vida

Un día de sol tras una siesta.

Se vistió para alegrar al presente, un sueño que no se deja soñar, y un canto que nadie escucha.

A lo Duchamp: Himno suspirado de la disociación y la negación reunidas.

 

 

 

Habla el insatisfecho:

 

Supe que existía y de inmediato perdí interés.

Cambió con cada vistazo, y la recuerdo bien: sigue siendo la misma.

Vistosa y sombría, bella y gentil, la clara confusión donde moran las siestas: sueño,  bostezo y luz.

Habiéndose ido en vano, no es otra cosa que la vaga luna blanca.

Sí, la recuerdo bien: La inquietud de no tenerte, noche, día y aurora, me resulta cruel.

Dibujo tu nombre en letras, y me inquietan cada vez.

Bella, sombría y gentil: A veces lo que creemos conocer  ni siquiera existe.

 

Noche

 

Anochece y hace buen tiempo. Estupendo.

Me complazco plácido en el cielo llovido.

Tengo donde dirigirme, lo que significa que la escena actual es estéril.

Tengo convicción, que por otra parte, quiere decir que no tengo nada a la vista.

Plenitud rítmica: pronuncio voz apagada, extinguida y terminante, y a fe mía, disimula crueldad (dirán tristeza).

El cielo llovido (me apaga, extingue y fulmina) me apunta: fiera, desafiado, baldosa suelta, linaje oscuro, intenso y devoto. Todo esto quiere decir: qué gloria y qué pena, qué mísera ironía.

Pertenezco, a fe mía, a una espantosa señal endiablada, que me consume incipiente, incumple promesas y enluta.

La fútil existencia prestada languidece, y es bien sabido, que anochece y hace buen tiempo.

 

(Continuará)

 

 

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TRES POEMAS INÉDITOS

DE OMAR ALBERTO SANTOS BALÁN

 

Y ESTO QUE NO SE EXPLICA

 

 

 

Y la estirpe de la impiedad y los crímenes comerciantes

de la desmemoria y el suplicio que instalaron su catedral

de penumbras que levantaron los muros de la infamia

perpetraron el insano circo el espectáculo enloquecido

de la quimera para que se borre del cuerpo la plegaria

para que se extravíen las amorosas monedas del infante

y este sarcasmo inagotable de la estatua y este estúpido

autoaniquilarse este maldito fango donde se bebe donde

acaso se arrodilla la especie.

 

Y el corredor donde llegaban las joyas del impuro  el

inenarrable guiñapo de los elegidos donde una cuchilla

o una hiriente carcajada son pertenencias del insano poder

amantes de esa feroz deidad que combate en nuestras noches

que castiga a nuestra sangre  de esos dioses innobles

que nos niegan las sinagogas de la palabra  las madrugadas

del fruto y el proverbio.

 

Y este boulevard de apariciones  estallido de palabras

torpe salutación de la embriaguez  esto que pasó por

la patria anegada de señales  brava argucia que no pidió

permiso  habla de lo alto  dice de lo bajo  ya sea del beso

en el álamo  ya se sacude por el grito  y este péndulo

de emociones  gratitud del vértigo  ya aparece en el jardín

de la casa  ya se agita por el oscuro hachazo  por el filo

distraído.

 

Y esto que no quiso ser país de hambruna  ni cuerpo de guerra

ni siniestra piel de suicidio esto que avisa del tratado cruel

de los encierros del poeta porque esto llegó del círculo

del candelabro de la conciencia y esta sangre que calló la furia

débil remanso de la historia esta humedad de los signos

ha llegado como abrazo que nos conoce es lanza de verbo

que ruega que no se desentiendan ha llegado como planta

amable unicornio fatigado que no se desentiendan del recoveco

Oh grandes seres cuerpos del barrunto que alguien nos explique…

 

 

 

 

EL ANTES PERO DE LA NOCHE 

 

 

La noche en que bendecías, en que te abrías

como un remanso hondo e insaciable, como

bello oasis de la carnalidad, y yo tratando de esconder

el gemido de la criatura, la emoción que sella al peregrino,

 

la noche pero del antes

 

La noche en que nuestras frentes eligieron la hermosura

y la nube increíble, el primer roce, el mensaje obsceno

en el rincón de los cuarteles, y las ganas de nuestros labios

alejándonos del mundo, y esa lujuria de mis manos

rodeándote la cadera, a pesar de los fragores,

las conjeturas, los insomnes oficiales y su blasfemias,

 

la noche pero del antes

 

La noche de tu abatimiento: como la bastarda hija de

Jerusalem, desertaste, luego la noche en que traías

los escombros, los despojos de tu tierra Santa

sobre la espalda, y luego las vendas, la toalla,

el baño amable, y de pronto tú desnudándome,

y yo sembrándote, a distancia del cerco, mientras afuera

el cráneo partido del niño, las entrañas regadas del

rapsoda, la arboleda aplastada por los regimientos del odio,

 

la noche  pero del antes

 

La noche en que llegaban zumbidos, avisos atroces,

nubes de escalofrío y la casa y los corredores eran

asunto de estrategias, de intrusos que veneraban

el lenguaje implacable, entonces mi verso hablando de tu nuca

ese tu silencio defendiendo el canto, lo alado de la vida y

la nostalgia de la frase; ese nuestro cántico que dejamos

sobre los años de la página como último gozo de la carne.

 

 

 

 

LOS HOMBRECILLOS DE LA MADRUGADA

 

 

Los hombrecillos

de la madrugada,

observan

la nube de la civilización.

Atónitos,

atados a un presentimiento,

sentados sobre el escombro

de sus preocupaciones,

los hombrecillos perciben

el grito y la catástrofe.

recuerdan del día

el ruego y las enfermedades,

pero no elevan

otro canto,

no se encuentran, no deciden,

desde hace cien años

hacen lo mismo,

atónitos,

sin dignidad sin canto,

los hombrecillos

de la madrugada

sollozan

frente a la nube de la civilización.

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR MARIO MELÉNDEZ

 

ARTE POÉTICA

 

Una vaca pasta en nuestra memoria

la sangre escapa de las ubres

el paisaje es muerto de un disparo

 

La vaca insiste con su rutina

su cola espanta el aburrimiento

el paisaje resucita en cámara lenta

 

La vaca abandona el paisaje

continuamos escuchando los mugidos

nuestra memoria pasta ahora

en esa inmensa soledad

 

El paisaje deja nuestra memoria

las palabras cambian de nombre

nos quedamos llorando

sobre la página en blanco

 

La vaca pasta ahora en el vacío

las palabras están montadas sobre ella

el lenguaje se burla de nosotros

 

 

 

LA PORTADORA

 

Ella sacó a pasear las palabras

y las palabras mordieron a los niños

y los niños le contaron a sus padres

y los padres cargaron sus pistolas

y abrieron fuego sobre las palabras

y las palabras gimieron, aullaron

lamieron lentamente sus ciegas heridas

hasta que al fin cayeron de bruces

sobre la tierra desangrada

Y vino la muerte entonces

vestida con su mejor atuendo

y detúvose en la casa del poeta

para llamarlo con gritos desesperados

y abrió la puerta el poeta

sin sospechar de qué se trataba

y vio a la muerte colgada de su sombra

y sollozando

“Acompáñame”, le dijo aquélla

“porque hoy estamos de duelo”

“Y quién ha muerto”, preguntó el poeta

“Pues tú”, respondió la muerte

y le extendió los brazos

para darle el pésame

 

 

 

RECUERDOS DEL FUTURO

 

Mi hermana me despertó muy temprano

esa mañana y me dijo

“Levántate, tienes que venir a ver esto

el mar se ha llenado de estrellas”

Maravillado por aquella revelación

me vestí apresuradamente y pensé

“Si el mar se ha llenado de estrellas

yo debo tomar el primer avión

y recoger todos los peces del cielo”

 

 

 

PRECAUCIONES DE ÚLTIMA HORA

 

Debo cuidarme de los gusanos

cuando me entierren

lo más seguro

es que hablen mal de mí

que escupan sobre mis poemas

y orinen las flores frescas

que adornarán mi tumba

llegado sea el caso

que hasta devoren mis huesos

me arranquen los intestinos

o en el colmo de la injusticia

se roben mi diente de oro

y todo esto porque en vida

jamás escribí sobre ellos

 

 

 

SINFONÍA NEGRA

 

Eva colgaba sus muertos de la ventana

para que el aire lamiera los rostros

preñados de cicatrices

Ella miraba esos rostros y sonreía

mientras el viento empujaba sus senos

hacia la noche agusanada

Una orgía de aromas sacudía el silencio

donde ella se deseaba a sí misma

y entre suspiros y adioses

un grillo ciego desmalezaba

sus antiguos violines

Nadie se acercaba a Eva

cuando daba de mamar a sus muertos

la cólera y el frío

se disputaban su adolescencia

el orgasmo daba paso al horror

el deseo a la sangre

y pequeñas criaturas violentas

despegaban de su vientre

poblando los amaneceres

de luto y de pesadillas

Luego

cuando todo quedaba en calma

y las sombras por fin

regresaban a su origen

Eva guardaba sus muertos

besándolos en la boca

y dormía desnuda sobre ellos

hasta la próxima luna llena

 

 

 

LA ÚLTIMA CENA

 

Y el gusano mordió mi cuerpo

y dando gracias

lo repartió entre los suyos diciendo

“Hermanos

éste es el cuerpo de un poeta

tomad y comed todos de él

pero hacedlo con respeto

cuidad de no dañar sus cabellos

o sus ojos o sus labios

los guardaremos como reliquia

y cobraremos entrada por verlos”

 

Mientras esto ocurría

algunos arreglaban las flores

otros medían la hondura de la fosa

y los más osados insultaban a los deudos

o simplemente dormían a la sombra de un espino

 

Pero una vez acabado el banquete

el mismo gusano tomó mi sangre

y dando gracias también

la repartió entre los suyos diciendo

“Hermanos

ésta es la sangre de un poeta

sangre que será entregada a vosotros

para el regocijo de vuestras almas

bebamos todos hasta caer borrachos

y recuerden

el último en quedar de pie

reunirá los restos del difunto”

 

Y el último en quedar de pie

no solamente reunió los restos del difunto

los ojos, los labios, los cabellos

y una parte apreciable del estómago

y los muslos que no fueron devorados

junto con las ropas

y uno que otro objeto de valor

sino que además escribió con sangre

con la misma sangre derramada

escribió sobre la lápida

“Aquí yace Mario Meléndez

un poeta

las palabras no vinieron a despedirlo

desde ahora los gusanos hablaremos por él”

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

LA LENTA HUIDA DE LAS HORAS

 

“Huye sin percibirse, lento el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca…

 

FRANCISCO DE QUEVEDO

 

1-

En entrañable escenario de urbano desierto

retirado en la paz que de su claridad mana

a través de sus profundas y alargadas ventanas

mi música callada y mis argumentos,

intento llenar de dicha mi ánima, fortalecerla

con baños de contemplación y ricos recuerdos

aderezados con bellos y canoros ritmos

intenso soñar de vibrantes y espumosas olas

“que mejora la lenta huida de las horas.”

 

2-

 

Alimento engañado para orugas en silencio

germino en fugaces días, aunque no me lo creo

a pesar que saludo a la parca en confianza

nos conocimos en puntuales y amargos eventos

pero ha ido aminorando su distancia

conforme le crece su capa de mortaja

“que barnizará con el sedimento de mi limo.”

 

3-

 

Vencer ese temor de miserias y espantos

ese espacio tenebroso de desconocidas ascuas infinitas

que nutrimos al dictado que todo lo iguala

cuándo me enfrente le diré, serás mi consuelo

llévame a tu mar de continuas pérdidas

allí encontraré sustento, la gracia

“que elevará mi ánima con pies de barro.”

 

 

ANCHO, PROFUNDO, DENSO, CORPÓREO

 

Ancho, profundo, denso, corpóreo,

unidad en sí mismo, forjador de territorio,

amazónico cobijo y transportador pródigo

del material del que se construyen los sueños.

Escenario de ensoñaciones de sofistas y aguirres,

de curso lento, abrupto, demoledor, sereno

proveedor y fagocitador de imperios,

de enigmáticos dorados terrenales y eternos.

Unos transitan por ambiciosas arterias

impulsoras de deforestación y miserias

emporio del hoy de unos pocos

ciénaga pútrida de un mañana de todos

otros encuentran la llave del punto G de los diafragmas

espacio donde se cultivan etéreos placeres

esos que para gozarlos es necesario creer que existen,

sueños de bogadores de espacios con sentido y calmos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Hallar el limo forjador de la abertura del punto enigmático

donde la cuajadura del alma transciende cercana

y sentirse humano genera el sentido mágico

de lo fugaz y lo eterno a la vez.

 

 

 

 

¿NO SÉ SI ME LLEVARÁ A LA ROCA?

 

 

“De nuevo Amor, bajo sus párpados oscuros

fijando en mí las tiernas miradas de sus ojos.”

 

ÍBICO

 

 

¿No sé si me llevará a la roca?

para en mi ignominioso desespero

precipitarme en las gélidas engullidoras

voraces acólitas de Afrodita encantadora

nutricio magma de vencidos por hechizos

que diestros se creían de engaños,

deseo no divisar jamás Leucadia

que ya tuve ración de brebaje

por Cipris extendido en mis entrañas

con temerosa prudencio cedo a las miradas

que fulgen con haces de ternura inextricable

en el íntimo recinto de mi alma,

no sé si me llevará a la escapada

la hermosa luz que bulle bajo los oscuros

pero no quiero perecer en la hondonada

que fija la monótona cerviz de la indiferencia

no seguiré sentado cual Penélope sin Ulises

y la gran fealdad espante las miradas. 

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS POSTPOÉTICOS

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

AMAPOLA

(APROPIACIÓN INDEBIDA)

 

[Amapola, lindísima amapola
Será siempre mi alma
Tuya sola…
Yo te quiero amada niña mía
Igual que ama la flor la luz del día.]

Afloras en el sofá, siempre sola,

Afloras sin molestar

Entre televisión y montones de ropa;

Afloras amapola tú sola.

[Amapola, lindísima amapola
No seas tan ingrata
¡Mírame!
Amapola, amapola
¿Cómo puedes tú vivir tan sola…?]

 

Sintonizas a deshora, Amapola,

Cien desmayos en tu aurora

Y te migas la agonía

Con margarina y galletas de soda.

[Amapola, lindísima amapola
No seas tan ingrata
¡Mírame!
Amapola, amapola
¿Cómo puedes tú vivir tan sola…?]

 

Amapola, preferida eres, mi Amapola,

Ni la Margarita, ni la Magnolia,

Mucho menos la Adelfa venenosa,

Sólo tú, lindísima Amapola…

Sólo tú.

 

STRANGE FRUIT

(APROPIACIÓN INDEBIDA)

 

Baldomero Montes Romero

Salió para no perder y todo perderlo,

Salió para ofrecer, para entenderlo,

Para primero aprender y después desaprenderlo.

 

[Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.]

 

Baldomero quería verse también

Entre trozos de corazón y estos tristes versos,

Quería mirarse los pies desde lejos

Y entender la canción que le latía adentro.


[Pastoral scene of the gallant south,
Of the bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.]

 

Baldomero fue a la égloga siempre fiel,

A la elegía, a la epístola y al romancero,

Fue a la luna tan fiel y tan fiel a terceros…

Fue lo que quiso ser y nadie puso nunca peros.

[Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop…]

 

Aquí acaba la canción sin Baldomero,

Aquí acaba esta extraña fruta, este triste zero,

Aquí se resume también un cancionero

De tiempos pasados siendo fiel

A la noche, a un caballo y a fríos eneros.

 

En cursiva y entre corchetes: “Strange Fruit” de Nina Simone, también de Billy Holliday.  

 

 

 

SONRISA PIXELADA

 

La eternidad es fragmento y efluvio de un ciber-chat infinito

donde las palabras que se dicen en ese chat

van hacia una confusión de cómputos e incoherencias,

entonces imagino tu sonrisa pixelada porque no entiendo

a la curva fácil de tus labios, no entiendo su abstracción,

y por no entenderlo, Pido clemencia para la tecnología torpe,

pido una cremallera para el preámbulo de los besos redondos,

quiero pensar en la gloria pequeña

de los hikikomoris que se encierran ciegos por causas invisibles que envuelven a toda esta ciudad sin sueño,

 quiero creer que la polución es parte de nuestro no rotundo,

quiero emular con mi tacto la curva desangelada del poliéster,

la curva desangelada en aquella sonrisa pixelada

que pretende gustar a mis ojos, a mis dedos, a mi click, a mi nick,

En el mundo se sueña con el calor fetal del génesis

que busca una semilla abierta y busca al páramo oculto del sol,

cáscara de la parábola, renacer incierto de un vestigio,

cumbre de la alegría, sentimiento y caricia caliente,

perla de la gracia blanca, teorema con paz, alegre y sencilla,

simulacro de cariño azul, de la pequeña luz de las canciones,

sueño cruzado desde la quijada, copia pirata de la felicidad,

sampler de sueño edulcorado, fiesta de cruces sin sombra,

arrobas de corazón rojo, partes de Mega-Bytes sin aurora,

Lógica y cibernética de la ternura, fruta de la cópula electrónica,

tic trémulo del caracol, sombra de la soledad que se despereza,

locura del cosquilleo, viaje al centro original de mi alcoba,

brevedad de globo que se desinfla, sonrisa pixelada,

sonrisa fugaz con la velocidad de un beso, rosa de todas las casualidades,

Esa es la gloria de los niños, el agua viva y la carne,

y del Internet, que es el espejo de lo que somos y de lo no somos,

y de lo que no queremos ser,

 

 

 

 

LO QUE LA CIENCIA YA SABE 

 

Ayer fui a mi visita mensual con mi psiquiatra.

Él estaba tranquilo conmigo, aunque distante,

pero me trasmitía confianza; su consulta es:

una habitación de dos por tres con un escritorio mediano

donde hay un ordenador no del todo obsoleto;

a la derecha,

una estantería con libros dedicados a materias sobre la mente

(si es que estudiar la mente es una materia),

(yo considero que es tratar de estudiar lo abstracto, la nada),

 a la izquierda hay cuadros pintados por pacientes (o eso creo),

 los historiales médicos por el suelo, aunque relativamente ordenados,

y una ventana detrás de él que da hacia un jardín.

Empieza con la pregunta del millón de Euros:

-Bien Cecilio, ¿cómo va?-

Mire Doctor, apunté:

la vida me suma y me resta, la vida se asume

y te cuesta, la vida te escatima la cuenta.

Soy un hombre al límite de lo estupefacto,

 me gusta y me disgusta esta soledad,

 me estudio y me indago para decirle algo,

me considero víctima de mi propia prohibición.

Asumo que sumar para vivir te resta algo,

resumo, que restar sin prescindir es un milagro,

escribo para asimilarlo y no para pasar el rato,

(cada poema es un cuadro, cada verso un trazo).

Ingiero pastillas para dormir, para redimir,

para asumir, para sustituir, para admitir,

para vivir, para no sucumbir, y vuelvo a ingerir.

Intento (sin éxito) parecerme a aquel, a él sin piel,

a Fidel, a lo fiel, a la miel, a la hiel y a ti, siempre a ti.

Me derrumbo, sucumbo al enésimo tumbo,

 me interrumpo, me quedo sin mundo,

me pierdo y después me busco.

Quisiera ser feliz, que este sueño tenga fin,

que esta mirada (tan mía) sea (a todo) afín,

 a la trama, a las ramas, a Tintín,

a los bares, a los pares, al sweet dream,

al refugio, al artilugio, a Steve Mcqueen,

al parnaso, a mi vaso, a Pepe Agustín,

 al hastío, al trapío, a mi mundo ruin,

quisiera decir mil cosas, quisiera vivir, vivir,

quisiera deshacerme de este nubarrón gris,

deshacerme de muchas cosas, dejar de insistir,

tirar a la pica la sopa sosa, dejar de sufrir,

cogerle gusto a las cosas hermosas, ser feliz,

esto se mira pero no se toca, esto se toca

pero no se saborea, esto se saborea pero no se traga,

esto se traga, pero qué¿?…¿¡qué!?

Cuando miré al frente me encontré con el Doctor dormido:

-Doctor, Doctor, se ha quedado dormido- le dije yo.

-No, no, no es eso, es que me he quedado traspuesto-

-pero te he escuchado perfectamente- se excusó.

-Bueno, y entonces…¿? ¿qué opina?-le pregunté.

Le voy a cambiar la pauta. –me dijo-

ESTO ES AGOTADOR-Luego dicen que vivo bien-protesté.

-¡Qué mala es la ignorancia!¡Qué mala!-

dijo el Doctor bostezando y firmando las recetas.