Reflexiones de una Ondjundju-Pull na do-Juliana Mbengono

Pull na do1 

Hace como dos semanas que nos fuimos de vacaciones después de retomar las clases por un mes tras la parada impuesta por el Covid-19.  

A pesar de que las aglomeraciones están prohibidas, mis vecinos de Vikatana Makeda celebran su 2bucang todos los fines de semana por la tarde. Yo soy el bicho antisocial que, por más que le inviten los vecinos, nunca acude a las sentadas. Pero lo cierto es que me aburro como mi madre vendiendo patatas en el mercado un domingo por la tarde. 

Si los centros culturales estuviesen abiertos, quizás habría ido a ver la presentación de una obra en el centro cultural español, escuchar una conferencia en el ecuatoguineano o una obra de teatro en el francés. Me rio al pensar en que sólo nos falta el centro cultural inglés y quizás el portugués y el chino.  

Cuando estoy a punto de echar la cuarta siesta del día, llama mi amiga Divina. Debo estar ahí en menos de una hora y tendré que quedarme a dormir porque los preparativos del pull na do de su hijita se inician esta tarde, pero el mismo ritual comenzará mañana por la mañana, a las cinco y media.  

Después de echar una carrera por todo el vecindario con la niña en brazos, nos pasamos el resto del día cantando y disfrutando. La bebé es una preciosa de ojos saltones que se despierta a ratos para llorar y tomarse el biberón. Ya tiene la cuerda roja que espanta las enfermedades cutáneas atada a su cintura y sobre la cabeza tiene un hilo para apaciguar el hipo. En una esquina de la habitación está su barreño. Puedo observar que dentro del barreño está la ramita que ahuyenta a los brujos, un bolígrafo para garantizar el éxito en los estudios y una moneda para asegurar la prosperidad económica. Conozco a tantas viejas que siguen cumpliendo ese protocolo y sus hijos están tan pelados como yo.  

Mientras que algunas se encargan de freír alitas y chicharro, otras compañeras de clase y amigas traen de todo: Majeda trae 3pisoj de coco y Vero trae 4bilola y 5abalá.  

En la mesa hay de todo, parece un concurso de gastronomía: desde el 6esuc melén y el 7djomba hasta la ensaladilla rusa y el arroz paella. 

Nuestro cuñado y los hermanos de Divina traen bidones vacíos y los llenan de cervezas San Miguel, Trio Stous, refrescos y zumitos que cubren con cubitos de hielo; cuatro bidones de bebidas en total y diez botellas de licor, entre ellas los apreciados Larios y Soto, con la inscripción “Prohibida su venta en la Unión Europea”. 

Aquí se ve que hay amor, Camacho y Divina han tirado la casa por la ventana por segunda vez, la única diferencia entre este pull na do y el baby shower que celebraron cuando supieron que sería una niña es que, para el baby shower decoraron el patio y la casa con globos y telas de color amarillo; esta vez se han limitado a poner dos carpas y unos bancos largos en el patio.  

Poco a poco van llegando los invitados, sobre todo mujeres. Los hombres que llegan se limitan a saludar al bebé y depositar un billete de mil francos, dos mil francos, cinco mil francos y diez mil francos sobre su frente. Los más tacaños o quienes menos tienen envuelven un billete de quinientos francos como si fuese un canuto y lo ponen en su mano. Se dice que depositar dinero en la mano de un bebé contribuirá a su futura estabilidad económica, siempre tendrá dinero a mano. Después de obsequiar al bebé con dinero y/u otros regalos, se toman un refresco y pican algo mientras charlan entre risas con el padre u otros amigos con los que han coincidido en el pull na do. 

Las mujeres, después de entregar el regalo al bebé, hacen el 8oyenga. Algunas se animan a cargarla y entonar alguna que otra canción o bendecirla y prometer que será una mujer exitosa, que se casará con un adinerado, que será dichosa, que será feliz…  

Divina está atenta a todo lo que hacen las mujeres, no sea que alguna bruja intente cambiarle la bombilla de la suerte.  

_Que nadie le rasque la palma de la mano, que nadie compruebe su 9evú_ me dice al despedirse de mí para irse al baño.  

Me rio, para tener tanto miedo a que alguien venga a cambiar el destino de tu bebé, mejor no haber organizado el pull na do. 

Me olvido del Covid-19 y las reglas mientras me entrego al 10malamba y al11topé, junto al grupo de mujeres que no hace más que cantar groserías y otros temas que parecen ataques indirectos entre las mujeres y las familias de los novios. 

A la mañana siguiente está claro que el pull na do ha sido un exitazo: no queda una sola cerveza, refresco ni rastro de comida. Todo lo que hay en el patio son latas vacías y muchas hormigas.  

La bebé ya ha sido presentada al mundo al estilo occidental con el baby shower y al estilo africano o ecuatoguineano o bubi o criollo, para ser más específicos, con el pull na do. 

1 Fiesta que se celebra por el nacimiento de un bebé. Su mayor diferencia con el baby shower es que se celebra después del nacimiento del bebé. 2 Forma local y coloquial de referirse a una juerga o un botellón entre los jóvenes de Guinea Ecuatorial. 3 Plato annobonés consistente en una torta preparada a base de coco rallado. Se consume como guarnición. 4 Variedad de molusco de mar, es más consumido por la etnia bubi en G.E 5 Plato típico de la etnia bubi que se consume como guarnición. Se prepara a base de malanga rayada.

6 Plato africano preparado a base del jugo extraído de los dátiles de la palmera. 7 Plato africano preparado a base de pasta de modica. 8 Grito de alegría y júbilo. 9 En la cultura fang, ser interior que influye en nuestro carácter o determina nuestra actitud y éxito.

10 Bebida alcohólica preparada a base de caña fermentada. 11 Vino de palma.

10º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reflexiones de una ondjundju-La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una vendedora ambulante

Comenzamos una nueva sección que será fija en la web: Reflexiones de una Ondjundju. Pretendemos que sea una ventana abierta a Guinea Ecuatorial, uno de los pocos lugares de África en el que el castellano tiene una presencia real y hay ahora mismo un enorme dinamismo cultural.

Juliana Mbengono será quien nos ofrezca esta mirada sobre la cultura, la literatura y la sociedad ecuatoguineana. Sin duda con ella conoceremos todo un mundo que está por reconocer, se trata de romper prejuicios, intercambiar ideas, proyectos, sensaciones y aprender también de lo que nos ofrecen desde ese país, para muchos muy desconocido.

Nos encantaría que fuera una oportunidad poder relacionarnos de igual a igual con una cultura muy dinámica y una población sin duda deseosa de mostrar su realidad, en un diálogo que esperamos sea perenne y fructífero.

Pasen y lean.

La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una comerciante ambulante

Probablemente, al escuchar la palabra juventud recordaremos los años que pasamos en la universidad, pensaremos en moda y amigos o en un botellón.

Lo cierto es que, la palabra juventud puede llevarnos a un universo de ideas; de tal manera que, si me pidieran citar cinco rasgos de la juventud empezaría por citar la rebeldía, la curiosidad y el amor.

Al pensar en juventud africana, del modo especial en el que uno pensaría sobre cualquier tema relacionado a África, me doy cuenta de que difícilmente se situarían los estudios, el amor o la curiosidad por encima de la explotación y el hambre.

Un día encendí la tele y me sorprendió un anunció en el que una niña buena procuraba que los niños de África pudieran comer huevos… si ella supiera que los huevos son de lo más barato que hay por aquí. Pero bueno, algún adulto, seguro de conocer África como la palma de su mano, escribió el guión y otro la ayudó a cantarlo.

Seguramente, lo primero que se nos viene a la mente ahora que pensamos en juventud africana no es un grupo de estudiantes, ni un botellón. Ahora, la imagen es la de una chica escuálida de Somalia, en un intento de ser específicos, removiendo algo parecido a lodo en una olla carbonizada sobre una hoguera, mientras un bebé escuálido, que probablemente no come huevos a menudo, llora sobre el polvo. También es recurrente la imagen de un chico cargando un AK-47 o la de una niña cargando una bandeja de buñuelos llenos de moscas.

África nunca ha sido un lugar normal: si no es una selva paradisiaca que despierta el interés de reyes por cazar elefantes y leones, será una ciudad llena de niños comerciantes que no van a la escuela o el origen de los inmigrantes que tienen la esperanza de no morirse ahogados.

Toda esta palabrería se resumiría en que, pensar en los jóvenes de África resulta especial porque hablamos de los jóvenes de la referencia del tercer mundo por antonomasia. Quizás alguno estalle o entorne los ojos por estar cansado ya del temita de África porque, también, al pensar en jóvenes y niños camboyanos lo primero que se nos puede venir a la mente es la imagen de gente apiñada en chozas y niños cazando anacondas. Pero ahí está el caso, que Camboya no es todo un continente, y en África, cualquier poblado representa a todo el continente porque los medios quieren vender hechos sobre lugares exóticos.

Gracias a esa presentación de África como el paraíso infernal, que es más infernal para muchos de sus jóvenes; luchamos por alejarnos y emprender lejos de nuestros gobiernos; por cruzar el mar y ver si en el mismo horizonte al que llevaron a nuestros antepasados en contra de su voluntad seremos más felices añorando el calor de los nuestros mientras jugamos a sobrevivir para poder enviar un poco de dinero a casa.

Miro a mi alrededor, podría deprimirme y quedarme a lamentar mi vida igual que un personaje de “La que se avecina”; pero también puedo enfrentarme a los retos que supone PARA TODO EL MUNDO salir adelante sin el apoyo de familiares, amigos y otros conocidos que nos pongan las cosas en bandejas de plata.

Aquí la situación es un tanto especial y no lo niego, la brecha tecnológica y educativa sigue existiendo; se diga lo que se diga. Por ejemplo, en mi país no existen fibras ópticas de 20€ al mes, pero sí existen puntos remotos desde los que se puede acceder gratuitamente a internet con el riesgo de que algún ratero te quite el celular a punta de cuchillo, ya que difícilmente te lo quintaran a punta de pistola; pues, aunque no lo parezca, cualquiera no consigue tener una pistola por aquí.

Aun con todo lo que nos llevarían a pensar en la juventud africana como un grupo especialmente desgraciado y vulnerable, los jóvenes africanos encajaríamos perfectamente a nivel internacional. Pues, por el simple hecho de ser jóvenes ya compartimos muchísimas cosas.

No sólo colaboramos para traer el pan a casa, también nos encanta la moda, la diversión y estudiamos para tener títulos universitarios. Otra cosa es que sólo se visibilicen los extremos, sobre todo los miserables.

Si tenemos en cuenta que cada persona, por sus cualidades y condiciones, puede resultar un universo; nos resultará más fácil entender que los jóvenes africanos no somos todos iguales ni vivimos todos en las mismas condiciones.

Miro a mi alrededor y veo a compañeros de la universidad mirando las notas en los tablones de anuncios; en mi WhatsApp encuentro una felicitación de un amigo director de teatro y cine que hace poco resultó ganador en el proyecto

Tony Elumelu para jóvenes africanos emprendedores; ser joven africano no es sinónimo de embarazos precoces ni falta de educación. Como personas conscientes que poco a poco van ganando terreno en su batalla contra los estigmas, estereotipos y prejuicios, somos chicos y chicas que se trazan metas, que tienen un plan de vida.

Probablemente, uno de nuestros mayores problemas es nuestra mirada hacia el exterior. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, nos centramos tanto en lo que tiene occidente que los personajes de nuestras obras literarias, a menudo, toman té durante los atardeceres dorados al igual que los ingleses, cuando lo habitual y más parecido a tomar té verde por aquí es desayunar con una infusión de contrití.

la importancia de las humanidades (Cecilio Olivero Muñoz)

En este país, sin duda, hay muchas mentes brillantes, tenemos el ejemplo de Luis Antonio de Villena con su poesía, artículos y ensayos; tenemos a Antonio Escohotado con su opinión inteligente sobre drogas, aunque yo sea un renegado del hábito; también a Paul B. Preciado, con sus ensayos sobre sexualidad y transexualidad gonzo; a Vicente Luis Mora, con sus poemas y ensayos sobre literatura, y un largo etcétera. Digamos que la variedad de pensamiento es abundante. Y eso es un buen síntoma sobre la libertad para expresar su conocimiento en un país de políticos en total controversia constante, aunque en las apariencias. Uno de mis autores favoritos es Eloy Fernández Porta, no sólo por su humor irónico, satírico, ácido, sino porque es un excelente lector y un gran ensayista que nos aclara términos de nuestra época. Es sarcástico a veces, otras, agudo y perspicaz, otras, visionario y crítico, en fin, es un pensador en toda regla. En sus libros nos habla de alta y baja cultura, de amor en época capitalista, con referencias de cara a las emociones, la música, el cine, la vida exhibicionista, en realidad es todo un referente cultural y humanista en esta postmodernidad en la que tantas cosas quedaron atrás, en el blanco y negro de la filosofía.  Es la mente más lúcida en el panorama ensayístico. Su visión es paradigmática, difiere mucho de los escritores mencionados anteriormente,  aunque es un gran conocedor de diferentes ámbitos del mundo cultural visto desde la perspectiva de las humanidades, es un hiperbólico cuando hay que serlo dentro del razonamiento y del pensamiento crítico. Sus ensayos son un GIF que define nuestro mundo contemporáneo. Sus comparaciones, sus herramientas arguméntales, su gran conocimiento en todas las vertientes, nos habla de aspectos culturales y ejemplifica de manera magistral. 

Juan Marsé (In Memoriam)

La noticia de su muerte nos ha abrumado por tratarse sin lugar a dudas de uno de los mejores escritores en lengua castellana, aunque como manda el tópico, pero tópico cierto, nos queda su obra, una obra inmensa en la que la memoria, la ternura con los derrotados y una ciudad como trasfondo fueron sus piedras angulares. Pero además Juan Marsé representaba para muchos de nosotros un ideal de escritor, por completo ajeno en esta sociedad del espectáculo a las bambalinas que de tanto en tanto asoman con más fuerza que la propia literatura. Con él no pasaba, le importaba la literatura, tanto que experimentó y no quedó encasillado en una misma fórmula hasta la saciedad. Y esto no hay nada que lo pueda suplir. Experimentó incluso a sabiendas de que eso le podía suponer no poder publicar en tiempo de censuras, lo que le ocurrió con Si te dije que caí, consciente mientras la escribía de que no la podría publicar en España. Pero tuvo recursos: en su caso por amistad y por generación consiguió publicar en México, fuera de las zarpas de la censura oficial, institución nefasta donde las haya.

No en vano, Juan Marsé vivió en un tiempo y una ciudad en las que las dos orillas de lengua castellana se reencontraron de la mejor manera, sin invasiones ni guerras, sólo a través de la escritura, de la ficción, de una narrativa con garra. Tal vez tendríamos que incorporar al boom –qué malo la etiqueta, seguimos pensando muchos– a escritores, críticos y editores de este lado: Vázquez Montalbán, Gil de Biedma, Carlos Barral, Castellet, Gabriel Ferrater, el propio Juan Marsé, también por cercanía a este grupo de Barcelona, Juan García Hortelano, desde luego, no podemos desligar de Marsé al grupo de escritores que compartieron con él época, letras y en muchos casos amistad. Escritores latinoamericanos y españoles fueron en ese momento magníficos contadores de historias, escritores rigurosos con el lenguaje, recolectores de la memoria, creadores de personajes con una fuerza inmensa. Ni qué decir tiene que cuando hablamos de personajes literarios surge el Pijoaparte, pero no sólo existe este arquetipo ya de los barrios periféricos: en todas las novelas de este autor los personajes atrapan, tienen garra, entusiasman, emocionan.

Juan Marsé en su juventud

Pero además Juan Marsé consiguió convertir amplias zonas de Barcelona en un personaje más. El norte del barrio de Gracia, la Salut, el Guinardó o El Carmelo, la calle Legalidad, el Cottolengo, la plaza Rovira con cine incorporado, el bar Alaska o el Delicias, la calle Camelias, entre otros, aparecen en sus relatos, en sus aventis, de un modo tan visual que el lector, aun cuando no conozca estos rincones, los puede imaginar entre líneas. Tiene que ver sin duda con el realismo de su obra, que no quita del disfrute de su prosa, con ese juego de palabras o de tiempos verbales que le permitió construir siempre unos magníficos juguetes literarios.

Hemos perdido a uno de los grandes escritores. Pérez-Reverte lo ha calificado de clásico de las letras. Sin duda, con toda la razón. A todas luces, es uno de los escritores esenciales en muchos sentidos.

el VHS en tiempos del in streaming (Cecilio Olivero Muñoz)

Cuando apareció el vídeo VHS fue todo un impacto social, recuerdo que fue tal repercusión la que tuvo el vídeo que hasta compusieron una canción, no la he encontrado por Google, pero la canción relataba lo alucinante de tener un vídeo doméstico en casa. Los había en tres formatos, VHS, Beta, y 2000, al final fue el VHS quien se llevó el gato al agua, fabricado éste por la marca JVC. Los Betamax eran unas cintas pequeñas fabricadas por SONY. Y los 2000 eran reversibles y era el formato que hacía competencia a los demás fabricado por Philips y Grundig. Éstos se podían visualizar por las dos caras, como una cassette de pletina musical. Con el VHS las películas pornográficas eran todas de los países nórdicos, salvo alguna que otra de la Alemania democrática o de Estados Unidos. El auge del vídeo fue en los años ochenta, por lo que eran frecuentes películas de Silvester Stallone, Chuck Norris en cine hollywoodiense o Andrés Pajares y Fernando Esteso en el caso del cine español, pero en los noventa era su época dorada con una gran variedad de cine de cualquier nacionalidad, ya que gracias a la ley de Pilar Miró en los ochenta el cine en España tomó un carácter de cultura seria y desaparecieron las películas de cine español malo de los ochenta, al mismo tiempo desapareció también el Teatro Chino de Manolita Chen, que era el cabaret de los pobres, justamente en 1986, o sea, toda la época del destape en tiempos de dictadura y transición hacia la democracia se fue al garete. 

A partir de entrar en el nuevo milenio ya empezaron a cerrar los videoclubs y se creía que éstos iban a perdurar, debido al DVD, o el Blu-Ray, pero no, con Internet el mercado del vídeo cayó en picado, las películas DVD empezaron a devaluarse y el mundo del cine entró en crisis del gremio de cines, medios cinematográficos, y casi toda la industria se hundió hasta que aparecieron las plataformas In Streaming, en cuyas plataformas por una cantidad mensual puedes visualizar todo el cine del mundo, cada productora cinematográfica tiene su propia plataforma de cine en Internet. En fin, que hemos pasado una transición entre lo analógico a lo digital que también se ha dado en la música, digamos que la cosa ha ido in crescendo, hasta ahora. Ahora todo se ha democratizado, estamos en el consumo del ocio o cultura de masas y está todo como los mercados, son las consecuencias de esta sociedad consumista y neoliberal/capitalista.

Cuaderno de Píxel (Cecilio Olivero Muñoz)

Belén Bermejo, in memoriam

Que sea en un momento como éste, cuando tan necesarias son las miradas dignas, críticas y clarividentes, cuando los defensores de la poesía resultan tan imprescindibles porque la poesía es la única manera de escapar al desasosiego, que nos enteremos justo ahora, a las puertas de un verano, también de una nueva distropía que a muchos nos sobrecoge, y que sea casi por sorpresa, aunque fuera previsible, vuelve su muerte más dolorosa si cabe. Nos habíamos acostumbrado a que lanzara por twitter sus píldoras de optimismo y sapiencia, en un momento en que es fácil derrumbarse en el fatalismo porque el paisanaje muestra su lado más brutal, cuando el pensamiento o la belleza se sustituyen por lo banal y lo superficial, y por ello nos faltará ese comentario suyo siempre irónico, la ironía es, ya se sabe, fruto de la inteligencia. Echaremos de menos sus recomendaciones literarias, sus fotografías, las de los rincones que tanto amaba pero también las que iba conformando con sus comentarios. Nos faltará desde ahora sus descripciones de la realidad, apenas una brecha, pero podíamos vislumbrar a través de ella todo un mundo distinto, un mundo de palabras, de reflexión, de belleza, de libertad.

Ha muerto Belén Bermejo y, aun cuando pudiera ser previsible, nos conmueve porque de pronto sentimos que con ella se nos va parte de nosotros mismos, aunque sea una parte chiquita, una pizquita de lo que somos. Ahora mismo la literatura es uno de los pocos ámbitos en los que el yo se diluye necesariamente en un nosotros, es fundamental que nos mezclemos en una comunidad conformada por autores, editores, lectores, paseantes todos de un paseo de palabras que transportan sentimientos, ideas, visiones, emociones. Por eso, al enterarnos de una muerte, la muerte de alguien que forma parte de esta comunidad, lloramos por la persona que marcha, pero también por nosotros mismos, que nos quedamos más solos. 

Belén Bermejo había sido editora y se había comprometido con la difusión de la poesía. A todas luces, era una tarea titánica, pero se había empeñado en ello, lo había convertido en uno de sus trabajos esenciales. Utilizó todos los medios a su alcance para despertar el interés por pensar y leer, por alentar una rebeldía ante la adversidad, y lo llevó a cabo hasta el final, con su ironía y sin ocultar las debilidades del momento, tanto en lo personal como en lo colectivo, quizá no haya distingos. 

Es un tópico: nos queda su labor editorial, sus aportaciones al mundo literario. Pero también la certidumbre de que sólo desde la proximidad y el diálogo permanente, pausado y sin alharacas, podremos construir un entorno mejor, incluso en medio del peor de los mundos, que es algo que nos demostró. Seguirá formando parte de ese entorno, no cabe duda.

Gracias, Belén Bermejo. 

El Bembé (Cecilio Olivero Muñoz)

Es un estigma en la memoria europea el haber esclavizado y torturado a millones de africanos, pero aún más el estigma es más profundo y arraigado para la comunidad afrodescendiente. En el Caribe y en América Latina los españoles, en Brasil los portugueses y en las Antillas y América del Norte franceses e ingleses. Es de cajón recordar el significado de la impronta que dejaron los europeos en cada grupo de esclavos africanos como los apellidos del patrón, caporal o mayoral, odio decir que fueron amos, nadie es amo de nadie, pero sí fueron jefes que les hacían trabajar a éstos esclavos comprados a un precio no muy elevado a cambio de nada, porque es conocido que éstos esclavos se alimentaban de los despojos de las reses sacrificadas y bebían el agua que se les daba a las bestias. Y digo bien, bestias, que es como trataban a la comunidad negra esclavizada. Es un estigma para la memoria mundial el que estas personas trabajaran de sol a sol a cambio de las miserias del patrón y su familia, ¿y qué dejaron ellos como huella hereditaria para la civilización de occidente? 

En Cuba y Brasil se hacía una fiesta religiosa llamada el bembé, de ahí han salido músicas como el guaguancó, la guaracha, la salsa, esto en Cuba y Puerto Rico, y en Brasil el africanismo dio lugar al tropicalismo que dio músicas como la samba y la bossa-nova, y danzas como la Capoeira. No hay que el olvidar en el norte de América por el río Mississippi salieron músicas como el jazz en Nueva Orleans, y el Blues en estados sureños como Alabama y Texas, de ahí fueron evolucionando hasta llegar a lo que es hoy día el RockandRoll por mediación también del Country y la música folk, que ésta era propia de blancos. También han evolucionado las músicas negras en Estados Unidos, como el Rap, Funky, y el Soul y se han globalizado por todo el mundo. Todas provenientes de la religiosidad como el Gospel. También en Venezuela se encuentra música como el Arrullo, son unas nanas que las madres esclavas africanas cantaban a sus hijos a modo de susurros. También Perú, emparejada con el vals peruano se encuentra el negroide, que es una fusión de tambores y cajas peruanas. Y esto es una mínima parte del tesoro otorgado a la humanidad a cambio de sufrimiento.

En esta fotografía muestro la puerta del no retorno, está en Senegal (África) que es de donde salían los esclavos para ser esclavizados y vendidos, tiene un aspecto tétrico y es un monumento histórico lamentable, yo como europeo siento vergüenza ajena. He intentado recrearla a mi manera haciendo un llamamiento en contra del racismo que sea, de la índole que sea, es una fatalidad y una sombra oscura del pasado. 

Vidas que importan (Juan A. Herdi)

Durante algunos meses entre 1929 y 1930, no llegó al año, Federico García Lorca vivió en Nueva York. La ciudad era ya en aquellos años un gran centro social y cultural, un polo atractivo y también contradictorio, sin duda, de ese mundo en construcción y que, en su caso, dadas las dimensiones y la tecnificación, acentuaba la dicotomía entre naturaleza y civilización, tema este a todas luces muy actual al que no fue ajeno el autor andaluz. Huía García Lorca del ambiente un tanto cerril de España, pero también necesitaba tomar distancias para pensar en sí mismo, en sus circunstancias, y nada mejor para ello que cierto retiro, aunque fuese en un lugar tan dinámico como esa ciudad gigantesca que tanto nos influye en lo cultural. Sea lo que fuere, tal vez por ese mismo dinamismo, le resultó imposible no atender a lo que le envolvía.

Vivió la gran crisis del 29 en su epicentro. Descubrió también la vida de los negros que no pudo menos que sorprenderle, con su vivacidad y su marginación, con sus contradicciones, sus esperanzas y su frustración colectiva. Escribió: «(…) No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero en un traje de conserje.» Es parte de un poema titulado El Rey de Harlem, de su libro Poeta en Nueva York, cuyo manuscrito entregaría a José Bergamín en 1936, el mismo año del asesinato de Lorca, y tras la guerra española se publicó simultáneamente en México y en Estados Unidos, en 1940.

Han pasado noventa años de su estancia en Nueva York y ochenta de la publicación de su libro. Hoy, como entonces, estamos en plena crisis, ya no sólo sanitaria, también económica, aunque no somos todavía tan conscientes de su envergadura, aun cuando haya voces que apuntan que va a ser casi tan grave como la del veintinueve. No sé tampoco hasta qué punto se repiten los fenómenos históricos, sea en forma de tragedia sea como miserable farsa, que diría Marx, Karl, aunque la frase hubiera sido también digna de Groucho; o, dicho de otro modo, si los ciclos de crisis actuales desembocarán, como desembocó aquella, en fascismo y en un nueva guerra mundial. Esperemos que no, a pesar de los signos que indican que por desgracia estamos ante la farsa miserable. Lo que no cambia es la situación de los negros en Estados Unidos. La muerte una vez más de un ciudadano a manos de la policía por una detención brutal ha desencadenado protestas en todo el país y no pocos enfrentamientos. Puede ser verdad que al día se dan cientos de operaciones policiales que no conllevan la muerte de nadie, pero no es la primera vez que ocurre y tampoco es la primera vez que quien muere es una persona negra.

¿Cuántas muertes se necesitan para que una estadística se convierta en un dato infame, cruento y repugnante?

No creo que haya que responder a la pregunta. Aunque fuera una sola vez, el hecho resultaría por lo menos inaceptable. Pero hay quien se fija sólo en la reacción, no en el hecho; hay quien pone el grito en el cielo por el vandalismo sin querer ver que la violencia la desata lo que es un nuevo asesinato o incluso, antes, una mirada recelosa, un gesto prejuicioso, esa línea muy tenue que coloca a cada uno en un lugar diferente de la escala social.

En 2013 se inició un movimiento que se conoció por su lema: Black lives matter (Las vidas negras sí importan) a raíz de la absolución de quien mató a un adolescente negro por un disparo. A partir de entonces el lema se ha ido repitiendo cada vez que moría alguien afroamericano por actuación policial o se producía alguna detención policial cuestionable, y no han sido pocas tales ocasiones. Estamos acostumbrados a verlo en películas o en series y no nos damos cuenta de que, otra vez, como dijera Oscar Wilde, la realidad supera la ficción.

En Europa tales muertes y las protestas que provocan tienen un enorme eco, abren informativos y ocupan las portadas de los diarios. Se ven como una característica muy propia de los Estados Unidos, esas cosas que pasan allí, es fácil simpatizar con las víctimas del racismo y de los abusos del poder cuando se dan lejos. Quizá domine la idea de que eso no puede pasar ya aquí. Pero surge aquí una nueva extrema derecha que vocifera lemas xenófobos y algunos datos calculan en 20.000 los muertos en el Mediterráneo desde 2014 (https://news.un.org/es/story/2020/03/1470681), nuestros muertos que no aparecen tanto en los informativos o apenas provocan protestas en Europa. Casi nos hemos olvidado con la pandemia que en Grecia miles de personas esperan sus peticiones de asilo mientras muchos países europeos les cerraron sus fronteras o gestionaron el problema a cuentagotas. Como hemos olvidado que en 2010 el Gobierno de Francia, por poner sólo un ejemplo, expulsó a comunidades gitanas, aun cuando algunas de ellas tenían ciudadanía de algún país de la Unión Europea.

Nos hemos insensibilizado a la crítica o a la exposición del problema. Es lo que hay, el mundo es así y como mucho servirá de argumento a futuras películas y series, o ser objeto de atención de algún poeta sensible. Todo volverá a su cauce hasta la próxima vez que ocurra algo así, que no parece que vaya a ser muy tarde.