Nostalgias de un emigrante-Para los pobres no hay domingo-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

NOSTALGIAS DE UN EMIGRANTE

PARA LOS POBRES NO HAY DOMINGOS

Por Antonio Miguel Oliveros Quiroga 

Cada domingo, al primer toque de campana para la misa de las doce, veía pasar por delante de su puerta a Manolito vestido con sus mejores ropas, los zapatos brillantes y calcetines hasta la rodillas, cogido de la mano de su madre, una mujer entrada en carnes vestida con un traje de chaqueta, zapatos de medio tacón, velo por los hombros, misal y el rosario en la mano derecha, a su lado el marido con traje y corbata, bigote bien recortado y el pelo engominado con la raya al lado (que parecía hecha con un tira líneas); era concejal del ayuntamiento y derrochaba sonrisas con todos los que se cruzaban. La pregunta que le hacía siempre el hombre era la misma… ¿Joselito tú no vas a misa? ¡No sé… se lo preguntaré a mi madre! El concejal dirigiéndose a su mujer decía… ¡Estos rojos son todos ateos! 

Joselito se calla y mira a su madre que, después de estar toda la semana trabajando fuera, tiene toda la casa para sacarla adelante y aún le quedará tiempo para ir en casa de la vecina a leerle la carta, que su hijo le ha mandado desde el extranjero donde se fue buscando trabajo. El niño a veces entraba y le preguntaba, otras veces no se atrevía al verla tan atareada y prefería no ir a misa. 

¡Joselito!… ¿Por qué no vas a misa, acaso no crees en Dios? –Creer sí creo, pero no creo lo que dice el cura, porque dice que todos somos hijos de Dios e iguales para él y no es verdad, porque si fuera así no existirían guerras, hambres, ni enfermedades incurables, si existiera un Dios todo poderoso no permitiría que unos pocos lo tuviesen todo y otros nada, que los pobres muriesen de frio, mientras los ricos abusan de su opulencia.

¡Creo que si hubiese un Dios como ellos predican, la justicia sería igual para todos y las desgracias no serían siempre para los mismos! –Yo creo en las personas sinceras y honradas, en quien ayuda al que lo necesita sin pedir nada a cambio, en quien ofrece su amistad con un apretón de mano y en los que van de frente sin menospreciar a nadie.

Cuando su madre lo arreglaba para asistir a misa algunas veces, siempre iba solo y con el encargo que al salir visitara a su abuela y a continuación buscara a su padre para volver con él a la hora de comer al mediodía. En las iglesias los primeros bancos se reservaban a las autoridades, «fuerzas vivas», después el resto de asistentes y los niños, que debían estar en un sitio visible donde el maestro los pudiese ver y así evitar el castigo de los lunes, que consistía en escribir cien veces «no faltare a misa los domingos y fiesta de guardar». 

A la salida tenía que cumplir el encargo de su madre y después de visitar a su abuela, se ponía a buscar a su padre por las diferentes tabernas a las que solía ir, y al pasar por el bar/restaurante donde se reunían los más pudientes, para tomar el vermut con sus familias volvía a ver a Manolito con sus padres y gente de su círculo sentados en la terraza. El olor que salía por la ventana de la cocina o la puerta del establecimiento daba una idea de los manjares que allí se cocinaban y procuraba aminorar el paso para deleitarse del aroma más tiempo, pues en los locales que frecuentaba su padre aun teniendo buena cocina, las tapas eran distintas.

Una vez que encontraba a su padre lo habitual era que le diera un «buchito» de lo estuviese bebiendo y le diera a comer la «tapa» antes de mandarle que se fuera a casa con el recado para su madre de que él ya iría y no lo esperasen para comer. Él nunca vio a sus padres salir de paseo juntos, no recuerda haberlos visto cogidos del brazo o darse un beso, aunque esto en su casa era habitual, tampoco él recibía muchos besos. 

En las viviendas también se notaba la diferencia con lo “ricos” ellos vivían en la calle principal en grandes casas y mejores servicios, normalmente eran de dos plantas con pozo y patio propio, daban a dos calles con las cuadras en la parte trasera con entrada y salida de ellas. 

El cura, el juez, el mando con mayor graduación de la guardia civil, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, el médico y los caciques, eran la “clase alta”. Eran los más pudientes, comerciantes, hosteleros, cargos políticos de la época que marcaban la actividad del pueblo.

Los pequeños comerciantes, ganaderos, agricultores con pequeñas propiedades y autónomos la “clase media”, el resto de los habitantes la “clase baja” y los pobres de solemnidad, para los que se reservaban todos los males que pasaban por el pueblo, desde las enfermedades, hasta los delitos que los civiles no daban con el verdadero culpable y que a base de palos confesaban hasta de haber provocado el mal tiempo. Tenían unas viviendas humildes y pequeñas, de una sola planta a veces con el suelo de tierra endurecido con boñiga de vaca en las habitaciones, algunas tenían la cuadra en el fondo de la casa y los animales tenían que atravesar por medio, que era lo único solado con losas o cemento. 

No tenían ni los más mínimos servicios, apenas luz eléctrica, el agua la tenían que coger del pozo o la fuente pública más cercana y eran los que dependían de que algún pudiente o terrateniente le diera empleo, para ganar un jornal y mantener a sus familias.

Pero entre los pobres también existían diferencias y algunas familias eran aún más pobres con viviendas muchas veces compartidas con los propios animales y con precarias condiciones higiénicas, normalmente familias numerosas que dormían todos en la misma habitación. 

Pasaron muchos años para que estas situaciones fueran mejorando, disponer de luz eléctrica y agua corriente en las casas supuso uno de los logros con más repercusión, se alcantarillaron las calles y con ello en las viviendas se acondicionaron los aseos y pavimentaron las viviendas, la mecanización en los trabajos fue haciendo que los animales fueran sacados de las casas. La obligación por parte de los empresarios de hacer contratos de trabajo y dar de alta en la seguridad social a los empleados, el acceso a la sanidad pública, supuso la mejora sanitaria para las familias menos pudientes y que antes solo estaba al alcance de los que podían pagarla o endeudarse para poder salvar al enfermo.

Reflexiones de una ondjundju-Einstein fue un brujo para los fang-Juliana Mbengono

EINSTEIN FUE UN BRUJO PARA LOS FANG

Mi amiga y profesora Adelaida Caballero me dijo una vez que la brujería sí existe porque creemos en ella y actuamos en consecuencia. Que es una construcción social. Que el simple hecho de ser capaz de asesinar a un familiar porque creemos o estamos seguros de que mató a otro familiar “en la brujería” para hacerse rica o lo que sea, ya hace que la brujería sea real (el fang entiende que quien conoce la brujería es capaz de viajar a un mundo paralelo que es la brujería, por eso decimos que uno suele irse o se ha ido alguna vez a la brujería. Si en algún momento, un no iniciado llegara a ese mundo sin estar acompañado por un brujo se moriría de inmediato, quizás por eso, cuando alguien recibe una noticia o vive una experiencia que le provoca emociones fuertes que desembocan en paros cardiacos o desmayos, en fang solemos decir que esa persona era un no iniciado que ha llegado a la brujería de manera repentina, y así se explica su muerte, en caso de que se muera del disgusto).

Cuando una persona a la que quiero un montón fue ingresada en una curandería tras un brote psicótico diagnosticado como posesión por el espíritu de su recién fallecido padre, veía cosas relacionadas con la brujería en todas partes y me parecían terroríficas al mismo tiempo que absurdas. Quizás siempre estuvieron ahí y nunca las presté mucha atención; pero, abría un libro y me hablaban de espíritus, encendía la tele y me encontraba con una película de brujería o magia, me conectaba a WhatsApp y me encontraba con un amigo que quería hacer un trabajo sobre los dioses mitológicos de Guinea… No lograba entender cómo se podía estar tan absorbido y bombardeado por el concepto de la brujería ni mucho menos porqué la gente creía tanto en lo que decían los brujos y les tenían tanto miedo. Aunque siempre lo he sabido, en aquel momento no quería reconocer ni recordar la lógica con la que funcionaban las mentes que me rodeaban porque la mía sólo encontraba la solución de nuestro problema en las manos de un psicólogo y los fármacos.

Entre los fang, al igual que entre otras etnias africanas, llegada cierta edad, los jóvenes eran iniciados en la brujería, se les daba a conocer la brujería para que usaran ese conocimiento a favor de la comunidad; desgraciadamente, lo que se sabe es que la gran mayoría lo usaba para “hacer envidia” y perjudicar a los demás. Sólo las curanderas y los abuelos usaban su conocimiento sobre brujería para bien, las primeras para sanar a la gente y los segundos para bendecir y proteger a sus nietos de otros brujos, cuando ellos mismos no tenían ninguna deuda o evú (demonio antropófago que vive como parasito en el vientre de un brujo fang) que les exigiese la sangre de algún nieto. Actualmente, con la globalización del cristianismo y la urbanización, esas prácticas se han quedado en simples historias de lo que fueron la cultura y la tradición; pero eso sí, mucha gente sigue atribuyendo el éxito del esfuerzo de otros a la fuerza de sus amuletos y a rituales de preparación en el momento de su nacimiento; mientras que el éxito repentino de otros conocidos como vagos o ineptos se atribuye a la fuerza de los sacrificios humanos que hacen para ascender al poder.

El universo fang gira entorno a la brujería; lo ilógico, lo que no se comprende y lo desconocido se califican fácilmente como brujería. “La ciencia es brujería de los blancos”, solían decir. La brujería es el conocimiento máximo para el fang, de tal modo que al brujo de élite se le dice nyem y a los brujos de élite se les llama “beyem” que viene de “be” (los, las

les, ellos, ellas) y el verbo “ayem” (saber, conocer, entender) por lo que, los brujos de alto rango son conocidos entre los fang como sabios, conocedores, entendidos; en este sentido, Eintein y Edison y otros serían considerados como los mayores brujos de la historia. Pero el brujo de tres al cuarto que se limita al vudú es, simplemente, mbumbuó o mbwo (brujo, practicante de brujería) y en el peor de los casos, se le llama nnem (brujo malvado) cuando se cree que hace daño a otros por placer o por tener el corazón oscuro y sin obtener beneficio económico.

Al llamar beyem (sabios) a los brujos de élite, se reconoce su poder y el conocimiento se condiciona. Si no conoces la brujería no sabes nada, no puedes decir nada entre los ancianos que, por lo general y de manera automática son considerados brujos de élite y maestros de ceremonia en los rituales y encuentros de brujos, cosa que también les lleva a la marginación cuando más lo necesitan por el miedo que se les tiene.

Una persona instruida en la escuela u otro sistema educativo alejado de la brujería será nyeman (instruido, que ha aprendido o estudiado), ese nyeman nunca tendrá la mentalidad de Einstein o Edison, más bien la de un profesor de la universidad o el bachillerato. A quién es perspicaz o inteligente se le dice que a bele ken o anne a ken (tiene capacidad de raciocinio, tiene buen juicio, tiene razón, es inteligente). Pensando así, y recordando todo eso que siempre he sabido, acabé entiendo por qué mucha gente sigue prefiriendo llevar a sus enfermos a los curanderos antes que al psiquiatra; además de que se sigue pensando que las tarifas de los curanderos y brujos son más económicas que las de un hospital.

Documentales-Entrevistas a poetas y escritores argentinos-Por Rolando Revagliatti-TOMO IV.PDF

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Nazareth Castellanos

«El Espejo del cerebro»

La Huerta Grande, 2021

Cada vez resulta más evidente que la separación de los saberes, su encajonamiento en compartimentos estancos, es un error. Incluso la división básica entre ciencias y letras ha sido una equivocación que por desgracia hemos padecido muchas generaciones en nuestra formación escolar y académica. Durante mucho tiempo se diluyó por completo el ideal renacentista, ideal este presente también en tantas otras épocas, de que las personas desarrollaran una visión de conjunto de la realidad, y se trata no sólo de los planes de estudio o de la curiosidad, el interés y el conocimiento de varias disciplinas, sino también, sobre todo, de la capacidad de saber relacionar aspectos que la vida no ha separado de un modo tan categórico como lo han organizado los sistemas de formación. La ciencia ha sido en cierto modo castigada por tal segregación, tal vez por habérsele otorgado un lenguaje complicado que la volvía difícil de entender para quienes optaban (optábamos) por otras sendas, pero también por una excesiva delimitación de lo que consideramos cultura. La importancia actual de las ciencias y de la tecnología en nuestra sociedad, pero también para la vida individual, para la conciencia de sí mismo, obliga a un cuestionamiento de tal separación.

Por ello es de agradecer que surjan divulgadores de las diferentes materias científicas que nos permitan entender, sin perder por ello rigor, aspectos fundamentales de las mismas.

Tal es el caso de Nazareth Castellanos, que en apenas cien páginas nos presenta algo tan fundamental para cada uno de nosotros como es el funcionamiento del cerebro. Sin duda la materia posee una complejidad mayor que la que pueda difundirse en un libro tan breve, pero a todas luces es una magnífica introducción, muy bien expuesta además, con una claridad que quien suscribe agradece absolutamente.

Pero no estamos sólo ante una mera exposición neutra de los mecanismos neuronales, sino que este libro tiene un objetivo claro, la asunción de los cuidados añadidos por la vía de la meditación como ejercicio fundamental que permita la toma de conciencia de la realidad, de sí mismo, y la importancia de la atención plena, algo que además relaciona la ciencia con la vida, con la cotidianidad, con la propia filosofía de la existencia, esto es, con la actitud ante el vivir. Algo fundamental en nuestra época, en la que se tiende no poco a la dispersión.

La autora ha sabido vincular la descripción física del cerebro con otras disciplinas, con referencias a obras y autores que han planteado aspectos expuestos por ella. Sin duda estamos ante un libro clave, fundamental, una magnífica forma de adentrarse en la materia y así que pueda el lector adentrarse en la conciencia de su propia vida, más allá de la mera existencia.

Nostalgias de un emigrante-Tiempos Duros-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

¡Cuentan de un sabio que un día… tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba… de unas hierbas que cogía! Así empieza un poema de Espronceda y esto es lo que pasó durante un tiempo en nuestro país, no se sabía quién era más pobre, en muchas casas de familia no sabían si tendrían para comer ese día o al siguiente, la búsqueda de cualquier trabajo para conseguirlo era la odisea diaria, con la única meta… la supervivencia.

Los que tenían posibles y los gobernantes eran los únicos que lo tenían más fácil, con dinero unos y los privilegios otros, tenían lo que de “sus” desechos otros comían. La pobreza era extrema, la explotación de los braceros del campo, por sus patronos era atroz, llegando a obligarles y trabajar en condiciones infrahumanas a toda una familia por la comida, una choza para dormir y unos retales, para remendar las ropas raídas de tanto uso. El derecho de pernada era una práctica habitual, las niñas adolescentes eran ultrajadas por los dueños y capataces de algunas fincas, sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo, porque si lo denunciaban las represalias eran peores.

En las fincas a los braceros, los capataces y manijeros les hacían trabajar de sol a sol, amenazándoles con despedirlos si protestaban.

Si se negaban a denunciar la caza furtiva eran despedidos, convirtiéndolos en chivatos y poniéndolos en contra de quien no tenían otro medio de vida.

Para trabajar y llevar el jornal a casa el orgullo y la dignidad se lo tenían que tragar junto con las lágrimas y el sudor, para no ir a buscar trabajo donde fuera, porque en todas partes era igual, sin poder quejarse de los abusos y humillaciones sacándoles hasta el último resuello.

El campo tenía muchos recursos para la subsistencia de muchas familias, aunque no lo ponían fácil porque se contraían muchas enfermedades digestivas, sobre todo a los niños que eran los que más lo padecían.

Para paliar la ruina que padecían tenían que dejar la escuela para emplearse de lo que fuera y poder colaborar en la economía familiar. También la sanidad precaria, la falta de higiene, junto a la peor alimentación, hacía que los más débiles sufrieran las más diversas enfermedades. Si las familias no tenían medios ni dinero para remediar estas adversidades, tenían que pedir prestado y endeudarse, para salvar si se llegaba a tiempo a quien por desgracia enfermara, pues habían muchos lugares que no tenían médicos ni los medios adecuados para remediar al enfermo y tenían que desplazarse hasta la capital, para ser atendido en un hospital por un médico especialista. Para los pobres era un alivio, que un miembro de la familia pudiese salir de aquella miseria, aunque fuera a costa de tener una mano de obra menos, provocada por quienes teniendo los medios para evitarla, no hacía más que empeorar la situación, para seguir humillando a los miserables campesinos. Hoy aún quedan terratenientes y empresarios que pretenden con su actitud, seguir esclavizando a los trabajadores del campo como dueños y señores de todo lo que les rodea.

Capplannetta ¿outsider or loser? Cecilio Olivero Muñoz

Martín Scorsese ha dado en el clavo tantas veces que, como a mí, le gusta indagar entre esos personajes masculinos fuera de lo normal, al borde del abismo, y con mujeres fatales que dan a esos personajes cierto aire de superhombres. Por eso dirán tal vez las féminas que resulta misógino. Yo lo que creo es que enfoca en Taxi Driver y en Toro Salvaje un excelente trabajo de hombres acabados, en los cuales la capa de héroes se les queda pequeña. Basta ya de superhéroes. Travis, el personaje protagonista de Taxi Driver, parece que va a realizar un magnicidio y al final (no quiero hacer spoiler) todos sabemos en lo que acaba. Todo aquel que haya visto la película sabe que algo va a pasar, pero no se sabe cuando. Sobre todo lo sospechamos o lo empezamos a entrever cuando el hombre negro, también taxista, le dice: – Adiós, Matador. Se lo dice después de que los demás taxistas despotriquen verbalmente sobre el barrio de los Maumau (barrio de población afroamericana). 

Después tenemos el film Toro Salvaje, que no es precisamente un cuento de hadas, y en la película, basada ésta en el libro autobiográfico de Jack Lamotta. Jack, un personaje carismático a la vez que perdedor nato, lo meten en presidio por dejar a chicas menores entrar en su local de copas. Se golpea la cabeza contra la pared del calabozo diciéndose ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hecho que da ternura a la vez que risa debido al absurdo en el que se halla inmerso. Jack Lamotta acaba en la decadencia más absoluta. A diferencia de Taxi Driver que se nos muestra desde el principio. En Jack vemos a un ganador resbalar desde la cúspide. 

Perdonen que haya sido un tanto spoiler. Pero estas películas unidas son a la vez el hombre que es, o que se convierte, el protagonista de Cibernética esperanza. Llamado Capplannetta es todo lo contrario a cómo se hace llamar. Aunque el nombre parezca un galimatías en catalán, en realidad el personaje de Capplannetta es charneguito. Cosa que lo lleva con gracia y socarronería. Pues bien. Capplannetta en sus monólogos habituales nos enseña la cara triste de un outsider. Un personaje que por cuestiones del destino se ve arrojado en una infernal inmersión desde el nadir de la psiquiatría hasta los devaneos con la decadencia más absoluta. No quiere decir esto que este sea un loser por prescripción médica, pero se mete él solo en unos vericuetos descomunales. Y sin hacer tampoco de spoiler vemos un hombre en toda su esencia de caída a los infiernos. Como Jack Lamotta cuando éste se golpea en la pared de su celda preguntándose por qué, Capplannetta entra en devaneos entre el absurdo y su torpeza habitual. 

Capplannetta no es Jack Lamotta ni tampoco el taxista Travis. Pero la derrota de los hombres que nos enseñan estas tres historias de derrotas y absurda tragedia postmoderna es que no hay ni un solo Travis, ni un Jack Lamotta, ni tampoco un Capplannetta, que se escape del absurdo de esta vida llena de recovecos y miserias decadentes. No se escapa nadie de la decadencia. Ni el más ganador, ni tampoco el más perdedor. Nadie.

Reflexiones de una ondjundju-Sobre Sollozos de Mujer, Esperanzas del Corazón-Juliana Mbengono

Un comentario sobre “Sollozos de mujer, esperanzas del corazón”

Antes de que mi amiga Anita Ichaicoto Topapori presentara su segunda novela, Sollozos de Mujer, esperanzas del corazón, tuve la oportunidad de leerla. La leí incluso antes de que enviara el borrador a la imprenta, pero el resultado final no se parece tanto al borrador que leí por primera vez. Ya que Anita es feminista, guerrera y bubi, su literatura siempre reivindica la igualdad de derechos y esta vez no ha sido diferente.

Entre reflexiones y recuerdos, la protagonista principal, Leoner Belako, va narrando su historia de amor con Wilelo, su novio de la infancia; también nos muestra como algunas mujeres prefieren ser infelices en la opulencia antes que ser libres en la miseria. La novela tiene 20 capítulos breves en 144 páginas, es muy fácil de leer; pero no de entender, los recuerdos y las reflexiones hacen que sea necesario prestar atención a cada línea.

Antes de continuar, quiero decir que esto no es una reseña. Al terminar de leer la novela, me di cuenta de que, a pesar de que llevo 21 años en la isla de Bioko, no sé casi nada de los bubis; también tuve ganas de tener a Ana de frente y decirle un par de cosas: como que muchas mujeres alrededor del mundo son madres solteras por haberse topado con padres irresponsables e insensibles, por tanto que muchas mujeres bubis hayan tenido que criar solitas a sus hijos no las convierte en revolucionarias. Lo que sí considero de revolucionarias es que esas mujeres siempre buscaban su independencia económica y no esperaban que un hombre fuese la solución, sino una pieza clave, aunque no imprescindible, para alcanzar el éxito.

Anita, nunca pierde la oportunidad de decir que su etnia no es matrilineal porque sí, que las mujeres pelearon para que sea así; sin embargo, esto parece una teoría y nada más. Es verdad que son las tías, y no la madre, quienes toman la delantera en la boda de una hija, lo mismo pasa en otras etnias; al fin y al cabo, quienes toman la palabra en el último momento son los hombres y el primer apellido de los hijos es del padre.

Lo que realmente me resulta sorprendente es que en la etnia bubi la mujer logró mecanismo para proteger su herencia. Por ejemplo, desde tiempos remotos, según se narra en Sollozos de mujer, esperanzas del corazón, las hijas bubis siempre han tenido derecho a heredar igual que los hijos. Y eso no es todo, una madre de familia bubi tiene derecho a proteger su herencia tras la muerte de su marido; por eso, los hijos no podían heredar los bienes comunes del matrimonio. Ella seguía siendo la dueña y responsable. Me atrevo a decir que, en este aspecto, los bubis se adelantaron a muchas culturas alrededor del mundo.

Quizás la novela de Ana no enganche tanto por esa historia de amor tóxico con un final feliz; pero tiene esa magia que atrapa a los lectores sedientos de cultura. Sollozos de Mujer, esperanzas del corazón podría ser un libro de historia sobre la cultura bubi, un ensayo feminista para hombres y mujeres o una historia de amor. Todo depende de las gafas que se ponga el lector antes de abrir el libro de tapa blanda.

Documentales-Entrevistas a poetas y escritores argentinos-Por Rolando Revagliatti-TOMO III.PDF

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Javier Pérez Andújar

«El año del Búfalo»

Editorial Anagrama 2021

Quien conozca la trayectoria literaria de Javier Pérez Andújar sabe ya que se va a enfrentar una vez más con un artefacto narrativo cuanto menos singular, una novela que no se ajusta ni de lejos a lo que suelen llamarse los cánones al uso, si es que existen cánones al uso o normas que deban seguirse en esto del oficio de escribir. Porque este autor revuelve en todos los fundamentos y técnicas que, dicen, conforman la narrativa, el arte de contar, les da la vuelta, los mezcla, o simple y llanamente los emplea a su antojo, juega o reflexiona en serio, coloca alguna que otra pulla a esta realidad desasosegante, expone ideas y descripciones, cambia los muebles de la novela por arte de birlibirloque, y tras todo ello, como si tal cosa, nos la ofrece y el lector queda por completo embelesado por una creación que lo sumerge a todas luces en un mundo muy particular. No falla.

Quien no haya leído ninguno de los libros anteriores de este escritor que sepa que se va a embarcar en un paseo extraño repleto de recovecos. A bote pronto se enfrenta en esta su última novela a una polifonía que, sin embargo, no dificulta la lectura, al contrario, se va cosiendo de un modo perfecto, nada chirria, se asume incluso ese grado de absurdo que no es de la novela en sí, contra lo que pueda parecer, sino que pertenece al mundo que vivimos, ¿qué más absurdo que el último cuarto del siglo pasado y este primer cuarto de este que vivimos?, y que el libro refleja a la perfección. Se expande un plano alrededor de ese confinamiento o encierro de cuatro personajes cuanto menos curiosos que parecen interactuar alrededor de un autor finés enamorado de España, se establecen varias polifonías y un sinfín de notas a pie de página de diversos personajes, la madre del escritor, su traductora, un ministro de humanidades, el propio autor ficticio, entre otros, con múltiples referencias a la realidad y a sus forjadores, y que constituyen sin duda un relato paralelo.

Al final, encontramos un mapa extendido de los últimos diez lustros y uno siente que ha paseado por ellos. Porque el paseo, ya sea por un espacio físico, por ejemplo el extrarradio en el último tramo del Besós, río barcelonés fundamental para el autor, ya sea por el tiempo, resulta esencial en la narrativa de Javier Pérez Andújar, un ejercicio de flâneur literario y particular. La referencia a Modiano en la novela sin duda no es casual. También es un paseo alrededor de una generación que vivió el desencanto con especial intensidad. De este modo, con este cóctel nada menos, nos encontramos una vez ante un texto atractivo, intenso, irónico, de uno de los escritores más interesante en el panorama español actual.

Los comienzos del Flamenco (Cecilio Olivero Muñoz)

 LOS COMIENZOS DEL FLAMENCO

A Fermin Olivero Quiroga, mi padre. 

Planeta era gitano, también conocido como Antonio Monge Rivero. Un gitano heredero de muchos gitanos que llevaron el cante flamenco o cante jondo a todos los rincones de la geografía andaluza y española. Es sin duda el cantaor flamenco que más antiguo se conoce, ya que grababa sus discos en pizarra, se puede escuchar algo de él en YouTube, milagro de la tecnología. 

Según Internet se dice que era cantaor y guitarrista. Nació en el año 1789 y sin duda era andaluz. Gitano y andaluz son adjetivos que van a la par. Ya que un andaluz no es gitano pero conoce del gitano como parte de su comunidad, y también a la inversa, el gitano, siendo éste de padre y madre y además andaluz, es un gitano doblemente caló. Planeta lo era. El  flamenco le debe mucho a Planeta por su raigambre flamenca. También ha sido pionero de cantaores y cantaoras como Antonio Ortega Heredia, más conocido como el Fillo. Cantaor gitano y De San Fernando, como lo era Camarón de la Isla y muchos gitanos más que dejaron allí su duende. También podemos hablar del “Nitri”, su nombre y apellidos serían Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López. Cantaor gitano sobrino De Francisco Ortega Vargas, una estirpe de gitanos reales y de raíces en la hondura flamenca. A Francisco Ortega Vargas se le concedió la primera Llave de Oro del Cante flamenco, la primera que se conoce. Dejó su vida y sus raíces en Jerez de la Frontera. De todos estos cantaores conocidos entre el siglo XVIII y el siglo XIX no tenemos ninguna grabación. A menos que busquemos en Internet, ya que es el lugar donde se renueva hasta lo antiguo. 

Pero de ahí podemos (omitiendo a muchos cantaores) rememorar a los hermanos Pavón. Ya que son flamencos a los que se les conoce grabación en vinilo remasterizada y a la vez mejorada. Recordando a los hermanos Pavón podemos hablar de Pastora (la más famosa) y a sus hermanos Tomás y Arturo. Pastora sembró su primera semilla en los casamientos entre folclóricas y toreros. Una costumbre que ha llegado a nuestros tiempos. De los hermanos Pavón podemos pasar a Juan Talega, donde también existen vídeos en YouTube. No crean ustedes que aquí se resume el cante flamenco ortodoxo, dicho de una manera coloquial, estos hombres crearon un arte que nació de los gitanos y que ha unido etnias y fronteras. 

Hagamos un alto en el camino con Juan Talega. A Juan Talega se le puede ver ya anciano en grabaciones en blanco y negro. Y se le puede tildar de llevar la estirpe de los antiguos flamencos. Se le pueden llamar como los Sonidos Negros. El cante de Juan Talega es lo que nos queda y también otras grabaciones, de todo aquello que no debe de cambiar. Pues ya lo dijo Camarón en su momento. Sobre los cantaores de ahora dijo Camarón que él hizo su propio camino, para que los jóvenes flamencos partan de ahí. 

NOTA: Mucha de la información que aquí les escribo la he sacado del Internet, aunque sobre todo de mi padre. Gran aficionado al flamenco antiguo. También he visto muchos vídeos por YouTube. Estos, creo yo, son los fundamentos que para mí son fidedignos. No quisiera dejarme ningún cantaor fuera, ni tampoco guitarrista, pero hay mucha miga en el flamenco, que yo como aficionado he creído oportuno destacar ésta. Este escrito, a mi parecer, es la antesala del flamenco por antonomasia. Cada cantaor y guitarrista es un mundo dentro del arte.