abril 28, 2023
Categorías: Vídeos . Etiquetas: Fernando delgado, nevando en la guinea, poemas recitados, revista literaria trimestral digital, rolando revagliatti, Rubén Vedovaldi . Autor: nevandoenlaguinea . Comments: 1 comentario


El mundo es como un bol de ensalada con una diversidad de vegetales que forman un todo delicioso. A veces trato de imaginarme un mundo sin razas, sin variedades, colores, ni países: sería tan aburrido y simple… No podría hacerme una buena ensalada y, seguramente, existiríamos con unas sensaciones de tedio y carencia insaciables. La libertad de la que disfrutamos inconscientemente al elegir entre una manzana roja y una verde o amarilla, debería ser la misma que cuando hablamos de nuestras preferencias sexoafectivas o de las características físicas e intelectuales que nos gustaría que tenga nuestra pareja, o cuando comparamos varias ciudades y nos identificamos más con la vida en una determinada.
La diversidad nos permite organizarnos y clasificar las cosas, ideas, personas o animales por grupos, ¿si no? ¿cómo le indicaríamos a alguien que necesitamos teñirnos el pelo de rubio y rizarlo, en vez de teñirlo de rojo y alisarlo?
Tras visitar África, un europeo puede llevarse un traje estampado o hacerse unas trenzas para mostrar “lo exótico” que “descubrió en África” o porque, simplemente, disfrutó de lo diferente con lo que se encontró. De igual manera, constantemente, las chicas negras nos alisamos el pelo y lo teñimos con químicos o usamos pelucas para vernos diferentes, “cambiamos de look” de cada mes.
Tristemente, la diversidad se convierte en un gato con una quinta pata cuando empezamos a usar etiquetas como blanco o amarillo cómo únicas herramientas para definir a otros. Quizás no tengamos una mala intención, que mi madre me llame negra no me molesta, recuerdo haber tenido una amiga llamada Negra y otra llamada Llorona, esta última hacía llorar a otras niñas con tanta frecuencia que muchas preferían alejarse de ella. Mi amigo Marques se llama Blanco y tiene la piel aún más achocolatada que yo.
Las diferencias entre unos y otros han sido utilizadas para hacer tanto daño que a veces creo que habría sido mejor que todos fuésemos iguales; pero estoy segura de que, igualmente, habríamos encontrado otras diferencias. Y, en el peor de los casos, quizás no sería tan sencillo encontrar a una persona desaparecida.
Que unos sean alto y otros bajos; unos negros y otros menos negros o blancos; nunca debería haber sido motivo de discriminación, miedo, rechazo u odio. Al contrario, esas diferencias deberían habernos ayudado a vivir extasiados, plenos de felicidad porque son muestra de la abundancia con la que nos bendice la madre naturaleza; son una prueba de que el mundo está diseñado para que disfrutemos de él mientras vivamos.
Veo a mis hermanas quejándose porque una mujer blanca presumió de unas rastas en Instagram o una negra se dejó tocar el pelo; la verdad es que es realmente incómodo que te toquen el pelo así sin más, como si alguien se tocara la libertad de tocar cualquier parte de cuerpo porque sí, porque le llamó la atención. Que alguien nos haya ofendido en algún momento, ya sea por odio o ignorancia, no debería privarnos de compartir y disfrutar la riqueza y diversidad de la naturaleza.
Para terminar, el egoísmo y la ambición seguirán alimentando el racismo y la xenofobia mientras las cele bridades se apropian de otras culturas para “crear tendencias”. Pero no debemos pagarlo con otros inocentes que simplemente amaron algo diferente a lo que ya conocían. Creo que ayudaría mucho que compartiéramos positivamente en vez de criticar y atacar pensando que estamos defendiendo lo nuestro.

Alex Oviedo
Como todos los días
El Desvelo Ediciones
Es lo que tiene a veces esa normalidad que se desprende de la más pura cotidianidad, que se trunca cuando menos te lo esperas. Un pierna enyesada por un tonto accidente doméstico, un ascensor que no funciona y, por último, el encuentro, un piso por debajo del propio, con los ladrones en la casa de un vecino, que le lanzan las correspondientes amenazas para que no cuente nada, estropean el domingo lánguido de un hombre que se pretende normal y acabarán por desbaratar la rutina durante los cinco días siguientes. Todo parece darse la vuelta en los hábitos del narrador, el trabajo, las relaciones con los demás, el día a día, aunque también da lugar a decisiones y actitudes que, tal vez, sin el acicate de lo ocurrido el domingo no se hubieran producido.
Por supuesto, el hombre, buen ciudadano, avisa a la policía, cumple con su deber, igual que parece cumplir con los deberes mundanos.
Todo ello además bajo la sombra de una casualidad curiosa y extraña, no es la primera vez que roban el piso en cuestión, lo que plantea el runrún del porqué de las cosas, si es puro azar lo que hay en la sucesión de hechos o hay, por el contrario, una motivación detrás de cada cosa.
De este modo, el autor nos ofrece los seis días en la vida de un hombre que se mueve entre la sorpresa, el absurdo, el sinsentido y cierto desbarajuste vital desencadenado sin saber muy bien por qué. El resultado es un relato en el que asistimos a una extraña sinuosidad que, de pronto, ya venga determinada o no, llevará a que el protagonista se rebote contra el orden de las cosas tal como le han ido sucediendo hasta ese momento.
Estamos ante una novela de la cotidianidad y del absurdo, con toques humorísticos e irónicos, una reflexión sobre lo que somos y cómo afrontamos estas vidas nuestras que creemos bien ordenadas y olvidamos que muchas veces todo ocurre por mera chiripa. Sin un plan preconcebido. Todo ello intercalado de un sinfín de referencias literarias y sobre todo cinematográficas agregadas de un modo brillante y que acompañan el relato, lo van perfilando como un elemento más que ayuda a seguir la inferencia de los hechos.
Poemas de Ana Romano de su libro “expiación del antifaz” recitados por Rolando Revagliatti
Prosa poética titulado “Estos Amantes” de Lidia Rocha de su libro “Roma” recitado por Rolando Revagliatti

Empatía 2.0
Hace poco, leí el cuento de uno de los ganadores del certamen “Guinea Escribe”, el cuento de tres hojas habla de unos aldeanos que descubrieron una mota que, al consumirla les hacía muy felices; pero cada vez que la tocaban se extendía y acabó por invadir la aldea y el planeta. Creo que la mota es internet, pero el cuento no lo dice.
Por lo menos en África, todavía tenemos la certeza de que en caso de peligro los vecinos o quien quiera que esté cerca acudirá a socorrernos. Pero en muchas partes, parece que la empatía se ha limitado a los comentarios que hacemos en las redes por miedo, indiferencia y desconfianza.
Muchas veces hemos visto noticias sobre personas que acabaron muertas o gravemente heridas al intentar socorrer a otras que estaban en peligro. Creo que esto influye tanto en la gente que muchos prefieren mirar hacia otro lado cuando se encuentran con alguien que está en peligro. Recuerdo que, cuando estaba en Houston, un perro enorme salió de la nada y empezó a seguirme. Me asusté tanto que me puse nerviosa intentado alejarme. La gente que pasaba miraba hacía el otro lado y fingía no entenderme. Por desgracia, el perro fue atropellado por un Toyota y entonces algunos se molestaron en mirarlo con lástima. Si aquello hubiera sido grabado, seguro que muchos habrían hecho comentarios como “¿Dónde estaba el dueño del perro y por qué nadie la ayudó?”.
Por otra parte, la gente está tan centrada en sí misma que sólo se detiene a mirar la velocidad a la que va el mundo cuando les detiene una enfermedad o una desgracia. Mientras estamos sanos, los problemas de los demás son sus problemas, nosotros ya tenemos bastante como para preocuparnos por otros. En América echo mucho de menos a mis amigos y conocidos en Guinea, tantas actividades desinteresadas y tantos jóvenes valientes comprometidos con mejorar su comunidad. Durante la primera semana de febrero tuve que empezar a levantarme de mi cama a las cuatro de la mañana para poder llegar menos tarde a la escuela, una vez me quedé dormida y en el bus y al despertarme, estaba en la estación de los autobuses con las puertas del auto cerradas. ¡Menos mal que no me robaron el móvil o la mochila! El chico que limpiaba la marquesina evitó mirarme mientras golpeaba la ventana intentando llamar su atención. En Instagram, seguro que él habría sido el primero en preguntar si nadie tuvo cinco segundos para despertarme.
Por último, en un mundo donde la gente se aprovecha de la buena voluntad de otros para robarles o herirles, no es de esperar que nadie se crea que realmente estamos en peligro, a menos que hayamos tenido un accidente grave como que un terremoto sacude nuestro país o nos atropella un auto.
Es triste, pero real. Cuando leo los comentarios que hace la gente en las redes sociales, me da la impresión de que el mundo está lleno de empatía. Pero, al salir a la calle y ver las noticias, confirmo que estamos en la era de la empatía 2.0.
FÉLIX GRANDE
“ESCRIBIMOS LIBROS PORQUE TENEMOS MIEDO”
Recomiendo la conferencia del gran poeta Félix Grande (1937-2014). De él se han dicho cosas maravillosas, siempre por razones evidentes. Fue un gran orador, flamencólogo experto, y sobre todo poeta y articulista excelente. Nos ha enseñado a amar la poesía. Nos ha enseñado a ser mejores personas y nos ha mostrado que a través de la poesía los miedos pueden diluirse por completo. Fue el padre de Guadalupe Grande y esposo de Francisca Aguirre.

Obtuvo numerosos premios y distinciones. Empezó a tocar la guitarra flamenca y la abandonó por la literatura. Un acierto en lo que se refiere al mundo de las letras. Perteneció a la generación del 50, fue articulista del periódico El País y escribió también novela. Pero el homenaje o reconocimiento que quiero dedicarle es por su gran humanismo. Sin duda se lo aportó haber sido hombre erudito, no sólo en el flamenco, en la poesía en general.

De él se ha dicho que era un hombre bueno, y por razones obvias. Recomiendo la conferencia realizada en la Fundación Juan March, titulada “Escribimos libros porque tenemos miedo” y que podemos escuchar en el vídeo aquí incluido. Lo que nos cuenta en la conferencia es de una coherencia enorme y contiene un sentido humano de la poesía, con referencia a algunos poetas que nos estremece por las bondades que refiere hacia los mismos. Me conmovió su conferencia. Sugiere e invita a la poesía sin resentimiento ni hostilidades.
Nos habla de varios autores con cuyos versos exquisitos logra proyectar luz en la noche más oscura. Nos habla de poetas de España y de Latinoamérica.
Es sin duda su charla de una lucidez enorme que incita a meditar acerca de la poesía y su utilidad. Explica a la perfección cómo la poesía nos puede hacer mejores personas. Y por qué no decirlo, más humanos y con más conmiseración hacia poetas y no poetas. Hacia nuestros semejantes. Cuenta anécdotas de la guerra civil que ponen los pelos de punta. Se trata de un alegato de la importancia de la poesía y de quienes la sustentan. Distintas son las voces con una misma finalidad.

Juan Cárdenas
Peregrino transparente
Editorial Periférica, 2023
¿Qué ve la mirada?¿Miramos la realidad o construimos lo real a través de nuestro ojos y de nuestras ideas preconcebidas o de nuestros deseos?¿Qué consecuencias comporta la mirada?¿Nos paralizamos como cuando el objeto a mirar es una Gorgona o trascendemos lo individual para conformar la realidad? No en vano el pensador Jiddu Krishnamurti afirmó que no vemos las cosas como son, sino como somos. Pero aún podemos ir más allá porque la mirada trasciende lo individual y puede construir realidades colectivas. Pudiera ser la patria una de estas realidades establecidas, porque nuestra idea de país se va delimitando por medio de un sinfín de miradas que el tiempo, la historia, va acumulando. Vemos un país, con su amalgama de relaciones y de hechos, a través de las imágenes, sean o no reales, que ha habido antes de nosotros y a las que se suma las que el presente incorpora.
Este es uno de los temas de Peregrino transparente, la novela de Juan Cárdenas que nos presenta un mapa de las miradas que se proyectaron sobre Colombia en un momento dado del siglo XIX y que contribuyeron a construir un país, para bien o para mal, miradas que han llegado hasta hoy, las reconocemos sin duda en el presente, las creemos incluso elementos de la realidad. El gobierno colombiano de la época impulsa una Comisión Corográfica cuya misión es recorrer parte de Colombia para una descripción de su geografía humana. Hubo un informe real, el que escribió Manuel Ancízar y que publicó por entregas primero en el periódico El Neogranadino y que luego apareció en un único volumen, con el título Peregrinación de Alpha. Juan Cárdenas parte de este libro para reflexionar sobre lo que supone la invención de un país, pero a la vez plantea otros temas, el arte o la política, el juicio humano, la naturaleza o el carácter humano.
El resultado es una novela impresionante en la que se narra y se describe cómo la comisión, pero sobre todo los artistas que forman parte de ella, en concreto uno de ellos, el inglés Henry Price, asiste a una realidad remendada por hilos de leyendas, de sentimientos ante una naturaleza exuberante, de expectativas y ambiciones políticas, de emociones, de mitos y personajes de la literatura universal que incluso desembocan en Colombia para jugar un papel fundamental, y todo ello se enhebra para dar al final una representación que, aun cuando parezca real, en realidad propicia esa fábula en la que a todas luces nos movemos.
Hay un elemento añadido, el rastreo de un pintor misterioso, conoceremos apenas su nombre a lo largo del relato, que va dejando huella por medio de pinturas que asombran y maravillan a los miembros de la Comisión. Lo buscan casi como en un western a medida que descubren sus pinturas fascinantes. Se proyectarán también sobre él miradas y se le atribuirán incluso máscaras y atributos, tal como se lleva a cabo con la realidad.
Al lector le fascinará sin duda un estilo que es pura analogía de la naturaleza descrita. Habrá reflexión sobre el arte y su función, sobre las relaciones sociales, sobre la vida en definitiva, y sin duda no dejará esta novela a nadie indiferente.

En los Estados Unidos, me he encontrado con carteles que describen a la gente como “african american”, “indio americano”, african-native american”, “latino”, “nativo de Alaska” … pero hasta ahora no he escuchado a alguien hablar del grupo de los euroamericanos: estos, simplemente pueden llamarse americanos o blancos americanos, a veces se habla de su ascendencia inglesa, alemana…
Me parece “impresionante” que, precisamente, los que llegaron a invadir y a ocupar un territorio que no era suyo sean los americanos propiamente dichos; y los que por derecho vivían en esos territorios desde tiempos remotos sean los que deben explicar su condición como americanos. Los hay incluso que no terminan de ubicarse, un ejemplo sería Dwayne Johnson, este señor es considerado por muchos como afroamericano, para otros es un samoano-americano y para otros tantos es un americano-multicultural.
Mi breve estancia en los Estados Unidos de América ha estado llena de cosas sorprendentes y sé que habrá muchas más. Quizás ahora mismo esté cuestionando el hecho de que no se use el término “europeo americano” pero “africano americano” sí. Sin embargo, estos mismos afroamericanos que reclaman su pasado negro y lamentan lo mucho que perdieron al ser arrancados de la “tierra madre”, a menudo nos miran por encima del hombre o incluso con cierta aversión por venir a su país. También he tenido el placer de encontrarme con afroamericanos que me han tratado con una amabilidad extremada en los aeropuertos y otros lugares por ser su hermana africana. ¡ojalá tratasen a todo el mundo así en todas partes!
Volviendo al tema, la primera potencia mundial podría estar construida sobre un territorio invadido que nunca se descolonizó. Y es aún más delirante que los blancos sean los supremacistas en América; por supuesto que nadie debería padecer este mal en pleno siglo XXI, en la era de Internet y el conocimiento libre. Pero ya que el mal existe, los que menos podrían justificarlo son las personas blancas que llegan al extremo de quitarle la vida a otros con la excusa de que los Estados Unidos de América son un país blanco.
La diversidad es riqueza y las etiquetas necesarias para el orden y el control. Pero que unos sean indio americanos o africanos americanos, mientras otros simplemente son blancos americanos o americanos y ya; podría ayudar a que un cerebro con menos neuronas crea que todos los demás están invadiendo su casa, quitándole el empleo o ensuciando sus calles con su color, sus costumbres o su olor.
En conclusión, si vamos a decirles a repetirle a un grupo que viene de África o de América latina, recordémosles a los otros también que vienen de Europa; quizás esto ayude en algo a que todos sean conscientes de que la tierra sobre la que caminan no es de ninguno de ellos, no es más de unos que de otros.

El Poemario Verdinegro (iBookStore, 2023) es un trabajo conmovedor y valiente de Cecilio Olivero Muñoz en el que, con sus hemorragias de propósitos/ unidos a los amaneceres rojos, el autor vuelve a ser su propio muso presentando temas como la teoría del “luser o loser” con la que el sistema capitalista intenta convencer a sus víctimas de que son culpables de su desgracia. Olivero Muñoz llega a preguntarse si ¿Acaso no hay águilas que padezcan/ la crisis en sus picos y garras?
Otros temas que cuestiona y aborda el artista son: el amor, la inmigración, la importancia del éxito ante los demás, la felicidad, la necesidad de aceptación, el autodominio, la valentía, la salud mental, el nacionalismo, la justicia, la amistad, la familia, la discriminación, la inmigración y la maternidad, entre otros. Los 60 poemas del libro, algunos escritos en prosa, se leen en un momento y algunos lectores como yo se quedan sin palabras.
Pese a que la mayoría de los poemas son breves y sencillos, requieren un poco de concentración de parte del lector, ya que no difieren mucho de los que en “El necio” el autor menciona como poesía hermética [que se escapa de las manos del lector como un pájaro].
Uno de los poemas más conmovedores y tiernos de los tantos que hay en el libro es “El perdedor”, en estos versos donde Cecilio se define como presencia inútil/ como una jaula donde mueren pájaros y no se camufla al decir: a las mujeres les resulto repelente/ a los suegros les parezco un perdedor; se lee a un hombre que no pierde la esperanza en el amor ni se vuelve mezquino por no coincidir con lo que la sociedad define como hombre exitoso y qué es precisamente aquel al que cualquier mujer desearía presentar a sus padres.
En su intento de averiguar el secreto de la amistad, Cecilio Olivero entiende que se trata de un jardín /que debes cuidar con mimo y esmero; sin embargo, es una persona solitaria buscando su destino.
Otro poema que para mí no podría pasar desapercibido es “Hacia otra tierra con más oportunidades” en el que el poeta habla de la inmigración que lleva a cientos de jóvenes africanos a perder la vida en el mar y nos recuerda que cualquiera podría verse en esa situación algún día. La muerte de estos hijos, hermanos y padres que iban en busca de una vida mejor donde nadie les prometió nada acaba siendo, como lo dice el poeta “relleno televisivo” para Europa y el mundo mientras es una noticia amarga y dolorosa para los familiares que se quedaron quizás dudando o quizá esperando a que todo salga bien.
En varios poemas como “La revolución no será televisada” o “Nueva York” el autor invita al lector a ver lo sobrevalorados que están los Estados Unidos de América donde él no encuentra nada realmente interesante, sino injusticia, absurdos y vidas vacías atrapadas en las rutinas.
Cecilio Olivero es todo un poeta, es tan poeta que, incluso, cuando quiso hacer novela le salió una novela en poemas. La lectura de Poemario Verdinegro es para todos los que puedan leer; la variedad de temas, la brevedad de los poemas y el estilo usado en los versos libres pueden arrastrar al lector hasta el final del libro sin que este se dé cuenta.