Nostalgias de un emigrante-Tiempos Duros-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

¡Cuentan de un sabio que un día… tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba… de unas hierbas que cogía! Así empieza un poema de Espronceda y esto es lo que pasó durante un tiempo en nuestro país, no se sabía quién era más pobre, en muchas casas de familia no sabían si tendrían para comer ese día o al siguiente, la búsqueda de cualquier trabajo para conseguirlo era la odisea diaria, con la única meta… la supervivencia.

Los que tenían posibles y los gobernantes eran los únicos que lo tenían más fácil, con dinero unos y los privilegios otros, tenían lo que de “sus” desechos otros comían. La pobreza era extrema, la explotación de los braceros del campo, por sus patronos era atroz, llegando a obligarles y trabajar en condiciones infrahumanas a toda una familia por la comida, una choza para dormir y unos retales, para remendar las ropas raídas de tanto uso. El derecho de pernada era una práctica habitual, las niñas adolescentes eran ultrajadas por los dueños y capataces de algunas fincas, sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo, porque si lo denunciaban las represalias eran peores.

En las fincas a los braceros, los capataces y manijeros les hacían trabajar de sol a sol, amenazándoles con despedirlos si protestaban.

Si se negaban a denunciar la caza furtiva eran despedidos, convirtiéndolos en chivatos y poniéndolos en contra de quien no tenían otro medio de vida.

Para trabajar y llevar el jornal a casa el orgullo y la dignidad se lo tenían que tragar junto con las lágrimas y el sudor, para no ir a buscar trabajo donde fuera, porque en todas partes era igual, sin poder quejarse de los abusos y humillaciones sacándoles hasta el último resuello.

El campo tenía muchos recursos para la subsistencia de muchas familias, aunque no lo ponían fácil porque se contraían muchas enfermedades digestivas, sobre todo a los niños que eran los que más lo padecían.

Para paliar la ruina que padecían tenían que dejar la escuela para emplearse de lo que fuera y poder colaborar en la economía familiar. También la sanidad precaria, la falta de higiene, junto a la peor alimentación, hacía que los más débiles sufrieran las más diversas enfermedades. Si las familias no tenían medios ni dinero para remediar estas adversidades, tenían que pedir prestado y endeudarse, para salvar si se llegaba a tiempo a quien por desgracia enfermara, pues habían muchos lugares que no tenían médicos ni los medios adecuados para remediar al enfermo y tenían que desplazarse hasta la capital, para ser atendido en un hospital por un médico especialista. Para los pobres era un alivio, que un miembro de la familia pudiese salir de aquella miseria, aunque fuera a costa de tener una mano de obra menos, provocada por quienes teniendo los medios para evitarla, no hacía más que empeorar la situación, para seguir humillando a los miserables campesinos. Hoy aún quedan terratenientes y empresarios que pretenden con su actitud, seguir esclavizando a los trabajadores del campo como dueños y señores de todo lo que les rodea.

Capplannetta ¿outsider or loser? Cecilio Olivero Muñoz

Martín Scorsese ha dado en el clavo tantas veces que, como a mí, le gusta indagar entre esos personajes masculinos fuera de lo normal, al borde del abismo, y con mujeres fatales que dan a esos personajes cierto aire de superhombres. Por eso dirán tal vez las féminas que resulta misógino. Yo lo que creo es que enfoca en Taxi Driver y en Toro Salvaje un excelente trabajo de hombres acabados, en los cuales la capa de héroes se les queda pequeña. Basta ya de superhéroes. Travis, el personaje protagonista de Taxi Driver, parece que va a realizar un magnicidio y al final (no quiero hacer spoiler) todos sabemos en lo que acaba. Todo aquel que haya visto la película sabe que algo va a pasar, pero no se sabe cuando. Sobre todo lo sospechamos o lo empezamos a entrever cuando el hombre negro, también taxista, le dice: – Adiós, Matador. Se lo dice después de que los demás taxistas despotriquen verbalmente sobre el barrio de los Maumau (barrio de población afroamericana). 

Después tenemos el film Toro Salvaje, que no es precisamente un cuento de hadas, y en la película, basada ésta en el libro autobiográfico de Jack Lamotta. Jack, un personaje carismático a la vez que perdedor nato, lo meten en presidio por dejar a chicas menores entrar en su local de copas. Se golpea la cabeza contra la pared del calabozo diciéndose ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hecho que da ternura a la vez que risa debido al absurdo en el que se halla inmerso. Jack Lamotta acaba en la decadencia más absoluta. A diferencia de Taxi Driver que se nos muestra desde el principio. En Jack vemos a un ganador resbalar desde la cúspide. 

Perdonen que haya sido un tanto spoiler. Pero estas películas unidas son a la vez el hombre que es, o que se convierte, el protagonista de Cibernética esperanza. Llamado Capplannetta es todo lo contrario a cómo se hace llamar. Aunque el nombre parezca un galimatías en catalán, en realidad el personaje de Capplannetta es charneguito. Cosa que lo lleva con gracia y socarronería. Pues bien. Capplannetta en sus monólogos habituales nos enseña la cara triste de un outsider. Un personaje que por cuestiones del destino se ve arrojado en una infernal inmersión desde el nadir de la psiquiatría hasta los devaneos con la decadencia más absoluta. No quiere decir esto que este sea un loser por prescripción médica, pero se mete él solo en unos vericuetos descomunales. Y sin hacer tampoco de spoiler vemos un hombre en toda su esencia de caída a los infiernos. Como Jack Lamotta cuando éste se golpea en la pared de su celda preguntándose por qué, Capplannetta entra en devaneos entre el absurdo y su torpeza habitual. 

Capplannetta no es Jack Lamotta ni tampoco el taxista Travis. Pero la derrota de los hombres que nos enseñan estas tres historias de derrotas y absurda tragedia postmoderna es que no hay ni un solo Travis, ni un Jack Lamotta, ni tampoco un Capplannetta, que se escape del absurdo de esta vida llena de recovecos y miserias decadentes. No se escapa nadie de la decadencia. Ni el más ganador, ni tampoco el más perdedor. Nadie.

Reflexiones de una ondjundju-Sobre Sollozos de Mujer, Esperanzas del Corazón-Juliana Mbengono

Un comentario sobre “Sollozos de mujer, esperanzas del corazón”

Antes de que mi amiga Anita Ichaicoto Topapori presentara su segunda novela, Sollozos de Mujer, esperanzas del corazón, tuve la oportunidad de leerla. La leí incluso antes de que enviara el borrador a la imprenta, pero el resultado final no se parece tanto al borrador que leí por primera vez. Ya que Anita es feminista, guerrera y bubi, su literatura siempre reivindica la igualdad de derechos y esta vez no ha sido diferente.

Entre reflexiones y recuerdos, la protagonista principal, Leoner Belako, va narrando su historia de amor con Wilelo, su novio de la infancia; también nos muestra como algunas mujeres prefieren ser infelices en la opulencia antes que ser libres en la miseria. La novela tiene 20 capítulos breves en 144 páginas, es muy fácil de leer; pero no de entender, los recuerdos y las reflexiones hacen que sea necesario prestar atención a cada línea.

Antes de continuar, quiero decir que esto no es una reseña. Al terminar de leer la novela, me di cuenta de que, a pesar de que llevo 21 años en la isla de Bioko, no sé casi nada de los bubis; también tuve ganas de tener a Ana de frente y decirle un par de cosas: como que muchas mujeres alrededor del mundo son madres solteras por haberse topado con padres irresponsables e insensibles, por tanto que muchas mujeres bubis hayan tenido que criar solitas a sus hijos no las convierte en revolucionarias. Lo que sí considero de revolucionarias es que esas mujeres siempre buscaban su independencia económica y no esperaban que un hombre fuese la solución, sino una pieza clave, aunque no imprescindible, para alcanzar el éxito.

Anita, nunca pierde la oportunidad de decir que su etnia no es matrilineal porque sí, que las mujeres pelearon para que sea así; sin embargo, esto parece una teoría y nada más. Es verdad que son las tías, y no la madre, quienes toman la delantera en la boda de una hija, lo mismo pasa en otras etnias; al fin y al cabo, quienes toman la palabra en el último momento son los hombres y el primer apellido de los hijos es del padre.

Lo que realmente me resulta sorprendente es que en la etnia bubi la mujer logró mecanismo para proteger su herencia. Por ejemplo, desde tiempos remotos, según se narra en Sollozos de mujer, esperanzas del corazón, las hijas bubis siempre han tenido derecho a heredar igual que los hijos. Y eso no es todo, una madre de familia bubi tiene derecho a proteger su herencia tras la muerte de su marido; por eso, los hijos no podían heredar los bienes comunes del matrimonio. Ella seguía siendo la dueña y responsable. Me atrevo a decir que, en este aspecto, los bubis se adelantaron a muchas culturas alrededor del mundo.

Quizás la novela de Ana no enganche tanto por esa historia de amor tóxico con un final feliz; pero tiene esa magia que atrapa a los lectores sedientos de cultura. Sollozos de Mujer, esperanzas del corazón podría ser un libro de historia sobre la cultura bubi, un ensayo feminista para hombres y mujeres o una historia de amor. Todo depende de las gafas que se ponga el lector antes de abrir el libro de tapa blanda.

Los comienzos del Flamenco (Cecilio Olivero Muñoz)

 LOS COMIENZOS DEL FLAMENCO

A Fermin Olivero Quiroga, mi padre. 

Planeta era gitano, también conocido como Antonio Monge Rivero. Un gitano heredero de muchos gitanos que llevaron el cante flamenco o cante jondo a todos los rincones de la geografía andaluza y española. Es sin duda el cantaor flamenco que más antiguo se conoce, ya que grababa sus discos en pizarra, se puede escuchar algo de él en YouTube, milagro de la tecnología. 

Según Internet se dice que era cantaor y guitarrista. Nació en el año 1789 y sin duda era andaluz. Gitano y andaluz son adjetivos que van a la par. Ya que un andaluz no es gitano pero conoce del gitano como parte de su comunidad, y también a la inversa, el gitano, siendo éste de padre y madre y además andaluz, es un gitano doblemente caló. Planeta lo era. El  flamenco le debe mucho a Planeta por su raigambre flamenca. También ha sido pionero de cantaores y cantaoras como Antonio Ortega Heredia, más conocido como el Fillo. Cantaor gitano y De San Fernando, como lo era Camarón de la Isla y muchos gitanos más que dejaron allí su duende. También podemos hablar del “Nitri”, su nombre y apellidos serían Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López. Cantaor gitano sobrino De Francisco Ortega Vargas, una estirpe de gitanos reales y de raíces en la hondura flamenca. A Francisco Ortega Vargas se le concedió la primera Llave de Oro del Cante flamenco, la primera que se conoce. Dejó su vida y sus raíces en Jerez de la Frontera. De todos estos cantaores conocidos entre el siglo XVIII y el siglo XIX no tenemos ninguna grabación. A menos que busquemos en Internet, ya que es el lugar donde se renueva hasta lo antiguo. 

Pero de ahí podemos (omitiendo a muchos cantaores) rememorar a los hermanos Pavón. Ya que son flamencos a los que se les conoce grabación en vinilo remasterizada y a la vez mejorada. Recordando a los hermanos Pavón podemos hablar de Pastora (la más famosa) y a sus hermanos Tomás y Arturo. Pastora sembró su primera semilla en los casamientos entre folclóricas y toreros. Una costumbre que ha llegado a nuestros tiempos. De los hermanos Pavón podemos pasar a Juan Talega, donde también existen vídeos en YouTube. No crean ustedes que aquí se resume el cante flamenco ortodoxo, dicho de una manera coloquial, estos hombres crearon un arte que nació de los gitanos y que ha unido etnias y fronteras. 

Hagamos un alto en el camino con Juan Talega. A Juan Talega se le puede ver ya anciano en grabaciones en blanco y negro. Y se le puede tildar de llevar la estirpe de los antiguos flamencos. Se le pueden llamar como los Sonidos Negros. El cante de Juan Talega es lo que nos queda y también otras grabaciones, de todo aquello que no debe de cambiar. Pues ya lo dijo Camarón en su momento. Sobre los cantaores de ahora dijo Camarón que él hizo su propio camino, para que los jóvenes flamencos partan de ahí. 

NOTA: Mucha de la información que aquí les escribo la he sacado del Internet, aunque sobre todo de mi padre. Gran aficionado al flamenco antiguo. También he visto muchos vídeos por YouTube. Estos, creo yo, son los fundamentos que para mí son fidedignos. No quisiera dejarme ningún cantaor fuera, ni tampoco guitarrista, pero hay mucha miga en el flamenco, que yo como aficionado he creído oportuno destacar ésta. Este escrito, a mi parecer, es la antesala del flamenco por antonomasia. Cada cantaor y guitarrista es un mundo dentro del arte.

Reflexiones de una ondjundju-Amores que quitan el miedo a la muerte-Juliana Mbengono

AMORES QUE QUITAN EL TEMOR A LA MUERTE

¿Es lógico amar lo que no te hace feliz? Lo más recomendable suele ser huir de lo que te hace daño y los peros no valen. Pero, a veces, huir no es la opción, sientes que solo contribuirás a perpetuar la situación y otros seres a los que amas con mayor locura podrían sufrir mucho más que tú.

Es verdad que los problemas de casa deben quedarse en casa, también es verdad que todos necesitamos contar con otras opiniones de vez en cuando para resolver algún problema en casa. Por ejemplo, algunos sentimos que hace falta cruzar el mar o surcar los cielos y exponer nuestras miserias ante quienes ya nos miran con lástima o ira, para traerle una vida más digna a nuestros familiares.

En el caso de África, es un poco difícil amarla en todo momento. Supongo que lo mismo pasa con alguna europea, asiática o americana que no termina de encontrar su lugar en su tierra o, simplemente, siente que se le hace muy difícil, para no decir imposible, encontrar oportunidades de crecimiento personal y económico.

Me da algo cuando, en Antena 3, nova o cualquier otro canal europeo o americano, tras el anuncio de algún perfume caro, un coche lujoso un plan de seguros con actores blancos y mulatos; sale un anuncio de Unicef, Médicos Sin Fronteras o la OMS pidiendo donaciones para salvar a niños negritos al borde de la inanición.

Mientras veo el anuncio, se me ocurren un montón de preguntas como ¿existirán niños necesitados en alguna esquina de España o Italia, muy lejos de Somalia o la India? ¿Con coger a una mulata de pelo rizado, que no se parece en nada al afro fosco y enmarañado propio de las africanas, se creen que están representando a la gente negra o es que, simplemente, no se dan cuenta de que están creando otro canon de belleza que muchas, desgraciadamente, intentaran alcanzar en vano aclarándose la piel y comprando demasiados productos capilares?

Lo más triste, lo peor de todo, es que sólo unos minutos después de apagar la tele, cuando salgo al patio y miro a mi alrededor: niños sucios y desarrapados que se quedan solos en el barrio mientras sus madres trabajan, jóvenes que sienten que han perdido el tiempo en la universidad cuando podían haber hecho una formación profesional y emprender… Entonces, siento y pienso que sí necesitamos ayuda. Quizás algún niño blanco también la necesite, y seguramente sabe dónde encontrarla.

Necesitamos que occidente siga diciendo que África necesita ayuda, porque todos no contamos con mentores y padres inversores, muchos la necesitamos y en todos los aspectos. La caridad de Unicef, la OMS o la Cruz Roja que llegue a alguno de nuestros países, probablemente, caerá primero en las manos de un hermano con la panza y la papada tan abultadas como un sapo; y de la harina que se desprenda cuando las ranas se peleen por la sémola que se le caiga al mascar, algunos renacuajos podremos lamer mientras seguimos intentando sobrevivir para ver el día en que en nuestras vidas se haga real lo de “PUEDES LOGRAR TODO LO QUE TE PROPONGAS”.

Es muy fácil decir que amo mi tierra, y la verdad es que la amo, porque la tierra que yo piso al caminar es de las mejores. Es fértil, hermosa y agradable. Lo que no sabría decir es si amo la vida que ese amor me da a mí y a otras personas. Hace sólo unos pocos días, un amigo, poeta, universitario, emprendedor y algo más, me dijo que le agradecería a Dios si se muriera antes de los treinta. Suena patético, deprimente… pero yo también he tenido momentos en los que he creído que me iba a morir, como cuando pisé un clavo y semanas después tuve taquicardias con demasiada frecuencia. Esa idea de poder mandarlo todo al carajo me producía una extraña alegría y felicidad, como cuando esperas la visita de un amigo que no acabas de ver o un regalo anunciado.

No es que mi amigo y yo seamos negativos; todo lo contrario, somos tan optimistas que él cree y está trabajando por crear el primer medio con libertad de expresión en nuestra República Democrática y yo creo que podré resucitar los cultivos de arroz y café de mi abuelo en el poblado.

Se diga lo que se diga, ser joven en África y uno de los primeros de tu familia que acaba el bachillerato, además sorprenderte con que de repente eres mayor y debes ser independiente cuando nunca se te ocurrió que debías aprender a valerte por ti porque tendrás que hacerte a ti mismo sin muchas manos poderosas amigas, no es nada fácil. Parece que tener una vida digna en este continente sólo puede ser un milagro, como que te caiga un meteorito en la puerta o se descubra oro en el suelo de tu salón.

A veces quiero convencerme de que no es sólo en mi ciudad; que, en otras partes, algunas personas con valores y principios llegan a pensar que los arrastrados y sinvergüenzas se dieron cuenta muy pronto de que ser honrado y creer que puedes alcanzar el bienestar por tus propios méritos era una utopía. Pero, vuelvo a preguntarme si el bienestar no es nada más que tener la conciencia tranquila y ver a tu familia sana y feliz. Quizás, en realidad, no necesitamos ser vendidos como el infierno lastimero.

Reflexiones de una ondjundju-vida sin planes-Juliana Mbengono

ALGUNOS DISFRUTAMOS MÁS DE LA VIDA SIN PLANIFICARLA

Cuando empezó el 2020, no me esperaba conocer a Capplannetta ni a Juan Herdi, dos amigos muy majos, ni mucho menos empezar a escribir para la revista y la web. Mi plan era poner en marcha los proyectos con decenas de objetivos y miles de metas que venía arrastrando desde que mi plan de ser completamente independiente a los 18 años se accidentó; desde entonces, prometo repararlo cada año nuevo. Pero, al final, me limito a redactar el plan de reparación.

Ahora que se aproxima el 2022, igual que mucha gente que andará por ahí, echo la vista atrás y siento que me he olvidado de mis objetivos en varias ocasiones. Y no solo lo siento, también lo reconozco: no he sido constante en mis blogs personales, no he leído un libro cada mes ni he ahorrado. Sin embargo, he cumplido con esta web y la revista; a pesar de que nada de eso figuraba en ninguna de mis listas de objetivos para el 2021.

Con las listas de objetivos y proyectos para el año nuevo, muchas veces, me pasa lo mismo que con los libros de autoayuda y motivación: me deprimen y hacen que me sienta como un fracaso total. Tantos ejemplos de gente exitosa y metas que podrían convertir mi vida en un sueño no hacen más que dejarme claro que otros han trabajado mejor y están en una situación mejor. No hace falta ser envidiosa ni avariciosa para que este tipo de pensamiento nos provoque un malestar repentino. 

“No hay excusas, sigues en el mismo lugar porque no has hecho nada o porque no has hecho las cosas bien. La falta de recursos y las circunstancias no valen como excusa para justificar que no hayas progresado. Otros lo han logrado en situaciones peores”. Eso es lo que me dicen los libros de motivación que leo. Me hacen compararme con otros, aunque digan que sólo debo compararme conmigo misma.

Para este año nuevo, no quiero hacer listas de propósitos ni promesas, aunque esto ya es un propósito… 

Cada vez que leo algún recordatorio en el espejo o en el móvil, siento que todo el peso del aire se acumula sobre mis hombros e inmediatamente me entran ganas de relajarme y descansar. Me resulta mucho más fácil y divertido realizar los trabajos sin haberlos puesto en una agenda. 

Quizás me preocupo demasiado por el después y el mañana. Las agendas me hacen sentir constantemente que tengo trabajo pendiente y eso me agota sin haber hecho nada. Si, estando en la calle, recuerdo que al llegar a casa debo fregar los platos, se me estropea el día. Pero, si llego a casa y simplemente hace falta fregar los platos, lo hago escuchando música y tarareando. Y lo más probable es que acabe haciendo otras tareas de la casa. 

No creo que debamos vivir improvisando; pero, observándome a mí misma, tampoco creo que debamos vivir programados como máquinas. Las agendas, sean diarias, semanales o anuales convierten nuestras metas y actividades en tareas y, desde la escuela donde nos castigaban con tareas, estas nunca me han gustado mucho. Quizás la palabra mágica sea flexibilidad. 

Ya me resulta difícil concertar citas con amigos y pretendientes. Y cuando lo hago, es muy difícil que no la cancele dos o un día antes. Porque, de repente, me doy cuenta de que tengo muchas cosas más importantes. Pero a veces me cruzo con alguien en la calle y me quedo charlando con él durante diez minutos o más. Con los planes para el año nuevo me pasan tres cuartos de lo mismo; prefiero empezar sin pensar en el mañana y, al final, en la mayoría de las ocasiones, los resultados son buenos.

Sé que este año haremos muchas cosas, pero prefiero no pensar en ellas ni ponerlas por escrito. Por ejemplo, sé que escribiré todos los meses para esta web, pero no me pondré el reto de hacerlo durante la primera semana de cada mes. Sencillamente, lo haré y sé que lo haré porque siempre he encontrado el momento para hacerlo y lo disfruto. De eso se trata: ser felices y disfrutar con lo que sea que hagamos. 

¡Felices fiestas!

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Walter Benjamín

«Infancia berlinesa hacia mil novecientos»

Traducción de Richard Gross

Editorial Periférica, 2021

Stefan Zweig y Walter Benjamin son los dos autores que sin duda mejor han evocado el ambiente centroeuropeo previo a la primera gran guerra y que desapareció cuasi por completo con ella. No otra cosa es este libro delicioso del filósofo alemán, «Infancia berlinesa hacia mil novecientos», una evocación breve en apariencia, pero al final un retrato delicado y certero, todo lo certero que puede ser la memoria, de un pasado en que Europa era diferente a la actual, poseía otro ritmo, otras formas. Se trata en definitiva de un libro que ha recuperado para ofrecérnoslo la editorial Periférica.

En apenas treinta capítulos breves, cada uno de ellos con un talento enorme de seducción, Walter Benjamin nos retrotrae a ese mundo propio, cuando era un niño que comenzaba a asomarse al mundo y se preguntaba «¿por qué había algo en el mundo, por qué había mundo?». El autor nos evoca de este modo, con pequeñísimas anécdotas, a la vez que nos lo muestra, aquel Berlín que tanto cambió después. Hoy Berlín parece recuperada de su trágica historia, vuelve a brillar social y culturalmente, aunque ya no es el Berlín de entonces, el que nos rememora el filósofo como espacio físico de su infancia, aportándonos respecto a ésta algunas de las raíces de su propio pensamiento, el inicio primigenio de su proceso reflexivo, como por ejemplo la alusión, tan bella y poética, a la placidez que le proporciona el calor de los calcetines guardados en una cómoda y que le enseñó que «la forma y el contenido, lo envuelto y el envoltorio son idénticos» y de este modo pudo extraer la verdad que hay en toda poesía, apenas un brevísimo incidente en la vida de un niño pero que sin duda volvería una y otra vez a su mente, permitiéndole entender también algunos aspectos claves de la realidad y la vida.

Estamos por tanto ante una pequeña joya poética, una muestra de hasta qué punto las palabras poseen una capacidad enorme para la reflexión, algo que sin duda hoy resulta imprescindible recuperar, en esta Europa que vive otra vez una crisis profunda en todos los ámbitos, pero sobre todo en el cultural. Por ello es de agradecer que recuperen libros como este de Walter Benjamin, quien, al igual que el aludido Stefan Zweig, no ha perdido vigencia.

Don Francisco Umbral (Cecilio Olivero Muñoz)

DON FRANCISCO UMBRAL

Después de haber visto el documental Anatomía de un dandy sobre la vida de Francisco Umbral, me quedo parado en el momento en que se habla de su libro Mortal y Rosa, que nos habla de su episodio cuando su hijo fallece y me da cierta lástima, ya que un niño tan precioso y lo que se deduce de la felicidad de su padre, aquel que tenga corazón que tenga pena, porque muy poca sensibilidad debe tener aquel que no se emocione tras la muerte del pequeño y la gran pena de sus padres. Hago esta parada en esta sección del documental ya que yo de niño fui testigo de lo que puede llegar a ocurrir cuando en cualquier persona se le cruza el maldito cáncer. No importa la edad, pero en los niños, qué dolor tan inmenso debieron sentir sus padres. 

Cuando yo era niño me diagnosticaron una simple anemia, todos sabemos a lo que conduce. Si no lo saben se lo diré, conduce hacia la leucemia, es decir, cáncer en la sangre. No tengo hijos de momento. Pero yo cuando iba a las consultas de la doctora Abadía veía niños de mi corta edad sin pelo y con juguetes caros. Yo le preguntaba a mi madre qué les pasaba a esos niños, mi madre siempre me contestaba con evasivas. Quizá para protegerme de lo dura que puede ser la vida en ocasiones. Porque esos niños, esas criaturas encerradas en un hospital, con su cabeza sin pelo. Niños, niños, niños. Ahora a estas alturas comprendo las pocas explicaciones sobre el asunto. Yo me curé de la anemia, pero ¿y esos niños? ¿Qué habrá sido de ellos? Me solidaricé con el maestro Francisco Umbral. 

En el documental pude ver la fotografía de la gran tristeza que sufrió y que llevó en toda su vida como una condena, pues perder un hijo es un dolor indescriptible. Ahora estamos lamentando la muerte de la escritora Almudena Grandes, y pienso en Luis, en sus hijos. Debo decir que lo siento, lo siento por todos. Tengo sobrinos pequeños y me horroriza que pasen por ese amargo trago. No damos importancia a la vida hasta que nos arrancan la alegría, y llamemos tragedia, desgarro profundo, dolor infinito, lo siento, por aquellos a los que se llevó la parca, por los niños inocentes, por las personas válidas que he conocido. Tiene razón la viuda de Francisco Umbral cuando parafrasea los versos de Lorca, aquello de que la vida no es buena ni sagrada. Quisiera dar este homenaje en estas palabras que pesan. No por lo que supone la muerte de un adulto, que también, sino por la muerte que segara la vitalidad de aquellos niños en la sala de espera de la doctora Abadía. Este mundo se entiende desde el interior del alma, y en tanto debe ser interior, porque exterior el consuelo de los demás puede no ser suficiente. Tampoco creo que no deje a nadie indiferente, tengan Salud. 

Reflexiones de una ondjundju-El amor para hombres pobres-Juliana Mbengono

¿Dónde está el amor para los hombres “pobres”?

Para evitar las generalizaciones, empezaré reconociendo que el amor existe para todos y cualquiera puede encontrarlo y disfrutarlo independientemente de su riqueza, color de piel, inteligencia, belleza o algún otro condicionante absurdo. Sin embargo, también voy a decir que todos sabemos que muchos hombres sienten que el dinero es un factor imprescindible para encontrar el amor o que nunca encontraran el amor porque las mujeres van tras el dinero. No están locos ni tienen la autoestima dañada: lo que sienten y piensan es real.

Nadie negaría que muchas mujeres se casan por conveniencia y no por amor. Se casan con quien tienen garantizada una estabilidad económica y, si es posible, cierto nivel social. Pero ellas no son las únicas, los hombres también ejercen su poder de elección usando criterios que están muy lejos del amor. Se dejan guiar por los criterios retrógrados de una sociedad fiel al patriarcado. Una gran cantidad de hombres casados no comparte su cama con la mujer a la que ama y no siempre es porque les hayan dado calabazas; sino porque otra era la “buena” como esposa, porque les daba miedo no poder “mantenerla” o porque se trata de una mujer con la mente tan abierta que se diría que es un “hombre”. Decir o pensar que “una mujer se parece a un hombre” ya es un indicio del porqué muchos hombres sin dinero no creen que podrán encontrar el amor.

 Por poner dos ejemplos, tuve una larga conversación con un conocido que, prácticamente, “se tira todo lo que se menea”. Vamos, se acuesta con toda aquella que se deje y con eso siente que se está vengando o está ganando. Por otro lado, un amigo del barrio conoció a una compañera de la universidad a través de mí. Intimidado porque la chica es universitaria y se ve bien cuidada, me pidió ayuda. Al comentarle a mi compañera que el chico estaba interesado en ella, lo primero que me preguntó fue “¿Dónde trabaja?”. Supongo que la siguiente pregunto habría sido ¿cuánto cobra? o ¿qué tan generoso es con sus amigas?

El chico que se acuesta con todas se justifica diciendo que, antes de trabajar, estuvo buscando el amor; pero ya que no tenía dinero, ninguna le valoró. Suena triste y deprimente, pero él está convencido de que nunca encontrará el amor porque las mujeres se acercan a él por interés. 

Mi compañera, por su parte, se justificaba diciendo que si va a cederle a un hombre el derecho de tenerla bajo su techo “cumpliendo con las funciones de una mujer” ella debía estar segura de que tendrá sus necesidades económicas cubiertas; porque no sabe qué otra cosa puede pedirle a un hombre.

Ni mi compañera es tonta, materialista o de mente cuadrada ni el chico es un idiota insensible. Ambos son víctimas del patriarcado, sí, lo he dicho: EL PATRIARCADO Y LA FALTA DE UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD FORMAN LA RAÍZ DEL PROBLEMA. Que hombres y mujeres piensen que las relaciones se basan en un intercambio de sexo por dinero y mantenimiento del hogar sólo puede significar que todos somos víctimas del patriarcado.

Nosotras somos las más afectadas por este sistema, pero los hombres también serían mucho más felices y libres si esta forma de vida tan dañina y retrógrada sólo se pudiera descubrir leyendo libros tan antiguos como el Antiguo Testamento. Sí, sería de mucha ayuda para todos que los casos de desigualdad entre hombres y mujeres solo se puedan encontrar en historias tan antiguas y fantasiosas como la de Eva y la serpiente o Moisés y las aguas del mar rojo.

Desgraciadamente, las niñas siguen siendo educadas para encontrar a un marido que las pueda mantener, mientras que los niños son motivados a trabajar duro para ser hombres capaces de mantener a una familia. ¿No sería más sencillo formar sociedades en las que la gente esté dispuesta a conocer y vivir el amor?

Almudena Grandes (In Memoriam)

Sabemos que hay palabras que se repiten dadas las circunstancias, fórmulas que pueden llegar a sonar huecas de tanto pronunciarse o escribirse. Pero sabemos que son todas ellas certeras, oportunas, honestas y merecidas. La muerte, en todo caso, está allí, inevitable; la vida se agota, no se gana ni se pierde, como apuntaba Almudena Grandes en algunos de sus libros. La suya se ha agotado y nos deja a todos más vacíos, más tristes, más empobrecidos. Cuando alguien que ha estado tan presente con sus novelas, sus artículos y sus opiniones, polémicas, como son las opiniones de verdad, que desaparezca así, de repente, sin esperarlo, sólo puede producir un enorme desconsuelo.

Porque Almudena Grandes ha estado en el candelero durante los últimos lustros, en la literatura española, bien en medio, junto a escritores, cantautores y artistas, publicando, aportando sapiencia, apoyando a nuevos autores, a escritoras sobre todo, que han surgido con fuerza y a las que ella apoyó, casi siempre a la sombra, para que brillaran, como han brillado varios de esos autores, por sí mismos, pura generosidad por su parte, desde luego. Sus novelas han sido en gran medida un espejo en el que reflejarnos, lo que éramos como sociedad, con sus miserias y sus grandezas, con sus necedades y sus transcendencias, libros esenciales ya para quienes gusten de la literatura y de la reflexión.

Aportó también opiniones elaboradas desde la fortaleza de una convicción profunda y honesta, opiniones con las que podemos estar o no de acuerdo, la discrepancia en todo caso no debe suponer descalificación ni mucho menos menosprecio, pero supusieron confrontarse con realidades ante las cuales sólo cabe meditar y enriquecer a su vez una muy necesaria reflexión colectiva.

Ha brillado, en efecto, por sí misma en el panorama cultural español. Al mismo tiempo es imposible no vincularla a Luis García Montero, en gran medida porque han constituido una pareja clave en la literatura en castellano, dos de los mejores escritores actuales que han sabido sustentar ese gran escenario cultural creado a partir de un idioma común, expandido y diverso. Como ha escrito Luis García Montero en un poema a la vez hermoso y duro, su muerte nos deja también a nosotros en blanco, ante ese tener ahora que recordarla. Para quienes amamos la literatura, y desde luego no es un tópico, nunca lo será, nos quedan sus libros.