Reflexiones de una ondjundju-Empatía 2.0-Juliana Mbengono

Empatía 2.0

Hace poco, leí el cuento de uno de los ganadores del certamen “Guinea Escribe”, el cuento de tres hojas habla de unos aldeanos que descubrieron una mota que, al consumirla les hacía muy felices; pero cada vez que la tocaban se extendía y acabó por invadir la aldea y el planeta. Creo que la mota es internet, pero el cuento no lo dice.

Por lo menos en África, todavía tenemos la certeza de que en caso de peligro los vecinos o quien quiera que esté cerca acudirá a socorrernos. Pero en muchas partes, parece que la empatía se ha limitado a los comentarios que hacemos en las redes por miedo, indiferencia y desconfianza.

Muchas veces hemos visto noticias sobre personas que acabaron muertas o gravemente heridas al intentar socorrer a otras que estaban en peligro. Creo que esto influye tanto en la gente que muchos prefieren mirar hacia otro lado cuando se encuentran con alguien que está en peligro. Recuerdo que, cuando estaba en Houston, un perro enorme salió de la nada y empezó a seguirme. Me asusté tanto que me puse nerviosa intentado alejarme. La gente que pasaba miraba hacía el otro lado y fingía no entenderme. Por desgracia, el perro fue atropellado por un Toyota y entonces algunos se molestaron en mirarlo con lástima. Si aquello hubiera sido grabado, seguro que muchos habrían hecho comentarios como “¿Dónde estaba el dueño del perro y por qué nadie la ayudó?”.

Por otra parte, la gente está tan centrada en sí misma que sólo se detiene a mirar la velocidad a la que va el mundo cuando les detiene una enfermedad o una desgracia. Mientras estamos sanos, los problemas de los demás son sus problemas, nosotros ya tenemos bastante como para preocuparnos por otros. En América echo mucho de menos a mis amigos y conocidos en Guinea, tantas actividades desinteresadas y tantos jóvenes valientes comprometidos con mejorar su comunidad. Durante la primera semana de febrero tuve que empezar a levantarme de mi cama a las cuatro de la mañana para poder llegar menos tarde a la escuela, una vez me quedé dormida y en el bus y al despertarme, estaba en la estación de los autobuses con las puertas del auto cerradas. ¡Menos mal que no me robaron el móvil o la mochila! El chico que limpiaba la marquesina evitó mirarme mientras golpeaba la ventana intentando llamar su atención. En Instagram, seguro que él habría sido el primero en preguntar si nadie tuvo cinco segundos para despertarme.

Por último, en un mundo donde la gente se aprovecha de la buena voluntad de otros para robarles o herirles, no es de esperar que nadie se crea que realmente estamos en peligro, a menos que hayamos tenido un accidente grave como que un terremoto sacude nuestro país o nos atropella un auto.

Es triste, pero real. Cuando leo los comentarios que hace la gente en las redes sociales, me da la impresión de que el mundo está lleno de empatía. Pero, al salir a la calle y ver las noticias, confirmo que estamos en la era de la empatía 2.0.

Reseña Literaria- Juliana Mbengono

El Poemario Verdinegro (iBookStore, 2023) es un trabajo conmovedor y valiente de Cecilio Olivero Muñoz en el que, con sus hemorragias de propósitos/ unidos a los amaneceres rojos, el autor vuelve a ser su propio muso presentando temas como la teoría del “luser o loser” con la que el sistema capitalista intenta convencer a sus víctimas de que son culpables de su desgracia. Olivero Muñoz llega a preguntarse si ¿Acaso no hay águilas que padezcan/ la crisis en sus picos y garras?

Otros temas que cuestiona y aborda el artista son: el amor, la inmigración, la importancia del éxito ante los demás, la felicidad, la necesidad de aceptación, el autodominio, la valentía, la salud mental, el nacionalismo, la justicia, la amistad, la familia, la discriminación, la inmigración y la maternidad, entre otros. Los 60 poemas del libro, algunos escritos en prosa, se leen en un momento y algunos lectores como yo se quedan sin palabras.

Pese a que la mayoría de los poemas son breves y sencillos, requieren un poco de concentración de parte del lector, ya que no difieren mucho de los que en “El necio” el autor menciona como poesía hermética [que se escapa de las manos del lector como un pájaro].

Uno de los poemas más conmovedores y tiernos de los tantos que hay en el libro es “El perdedor”, en estos versos donde Cecilio se define como presencia inútil/ como una jaula donde mueren pájaros y no se camufla al decir: a las mujeres les resulto repelente/ a los suegros les parezco un perdedor; se lee a un hombre que no pierde la esperanza en el amor ni se vuelve mezquino por no coincidir con lo que la sociedad define como hombre exitoso y qué es precisamente aquel al que cualquier mujer desearía presentar a sus padres.

En su intento de averiguar el secreto de la amistad, Cecilio Olivero entiende que se trata de un jardín /que debes cuidar con mimo y esmero; sin embargo, es una persona solitaria buscando su destino.

Otro poema que para mí no podría pasar desapercibido es “Hacia otra tierra con más oportunidades” en el que el poeta habla de la inmigración que lleva a cientos de jóvenes africanos a perder la vida en el mar y nos recuerda que cualquiera podría verse en esa situación algún día. La muerte de estos hijos, hermanos y padres que iban en busca de una vida mejor donde nadie les prometió nada acaba siendo, como lo dice el poeta “relleno televisivo” para Europa y el mundo mientras es una noticia amarga y dolorosa para los familiares que se quedaron quizás dudando o quizá esperando a que todo salga bien.

En varios poemas como “La revolución no será televisada” o “Nueva York” el autor invita al lector a ver lo sobrevalorados que están los Estados Unidos de América donde él no encuentra nada realmente interesante, sino injusticia, absurdos y vidas vacías atrapadas en las rutinas.

Cecilio Olivero es todo un poeta, es tan poeta que, incluso, cuando quiso hacer novela le salió una novela en poemas. La lectura de Poemario Verdinegro es para todos los que puedan leer; la variedad de temas, la brevedad de los poemas y el estilo usado en los versos libres pueden arrastrar al lector hasta el final del libro sin que este se dé cuenta.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Maria José Navia

Todo lo que aprendimos de las películas

Página de Espuma. 2023

 

Hay algo perturbador en cada uno de los diez relatos que conforman este libro. No es una perturbación mala, negativa ni desagradable, sino por el contrario la lectura de los textos va dejando un poso extraño pero grato. Una extrañeza que procede además de lo cotidiano. O de lo que es aparentemente cotidiano, un término común pero de difícil delimitación, de un modo análogo a lo que ocurre con el de normalidad. Es cierto por otro lado que en un puñadito de palabras caben muchos pasados, también muchos gestos y bastantes sugerencias. Se capta de pronto, entre la cotidianidad de lo narrado, una profunda confusión, o una magulladura algo inquietante, y todo ello nos los ofrece la autora, María José Navia, a todas luces con gran maestría literaria.

Se recomienda una lectura pausada porque sólo así se consigue captar esa atmósfera sinuosa de los relatos, una atmósfera envuelta de frases entrecortadas, directas, a retazos, a golpe de relaciones ínfimas, tal vez efímeras en apariencia, imágenes entretejidas por palabras y frases hilvanadas con destreza y que dibujan deseos y expectativas, hechos que pudieran ser, pero no son. El resultado es en efecto la captura de una atmósfera en cada historia, una sucesión de atmósferas que quedan en la retina del lector, como una sucesión de fotogramas. Si un relato, un buen relato, es la aprehensión de una atmósfera, resulta más que evidente que estamos ante un libro más que notable.

Porque lo primera que uno siente cuando termina la lectura de los relatos es justo eso, una turbación que no se sabe muy bien de donde viene, si de la evocación o el recuerdo, de ese ejercicio recordatorio que viene provocado por un detalle nimio, o de un sinfín de relaciones que se tejen entre los personajes, relaciones familiares, o cuasi familiares, que sorprenden hasta el punto de tener que volverlos a leer. Sin duda, el estilo tiene mucho que ver con esta impresión, se trata de una prosa apacible, tranquila, sin aspavientos, seductora, como una sucesión de imágenes que pasan ante nosotros para absorber nuestra atención y removernos. En gran medida, la realidad es un acto de lenguaje. Merece la pena, por tanto, adentrarse en este libro.

Las diez historias conmueven. Nos trasladarán por lo demás a una y mil referencias que forman parte de un bagaje compartido. 

Una vez más estamos ante una propuesta literaria intensa, innovadora, que nos viene además de América. Una vez más la literatura latinoamericana, en este caso de una escritora chilena, nos emociona con la brillantez de sus relatos y con la conmoción de su lenguaje, tan visual. Estamos por lo demás ante una nueva generación de autores que han heredado una tradición literaria impresionante y que le dan la vuelta con absoluta genialidad a lo cotidiano al tiempo que engrandece de nuevo el arte del cuento literario.

Sobre Trainspotting 2 (Cecilio Olivero Muñoz)

CRÍTICA SOBRE EL FILM TRAINSPOTTING 2

(decepción aunque taquillazo)

Quien piense que la segunda parte de Trainspotting va a ser igual que la primera caerá sin duda en un error y quedará decepcionado al verla. Después de veinte años en Ámsterdam, Mark Renton regresa a Edimburgo y comprobará allí que sus amigos han cambiado, igual que él, a su vez, ha cambiado.

El director Danny Boyle y el guionista John Hodge intentan, sin ningún éxito, respetar el hilo narrativo de la primera parte. Todo apunta a que quisieran recrear las secuelas y las consecuencias del éxito de la primera parte. Es importante recalcar que, veinte años después, el guion no parece mantener la misma calidad que la novela de Irvine Welsh. Podemos pensar equivocadamente que nos vamos a llevar un trago dulce teniendo en cuenta la calidad sorpresiva de la primera entrega, pero más que dulce, es un trago amargo.

Estrenada en el 2017, resulta agotadora, ya que se intenta ser una película coral donde Ewan McGregor y sus viejos compañeros ya no son los mismos, tanto en la realidad como en el filme. De manera forzosa, se nota la intención narrativa pero con muy poco éxito argumental. La película entra en una curiosidad tras otra al considerar sus autores que tendría la misma repercusión que veinte años atrás, cosa que pone de manifiesto constantemente la letra de la canción: —que veinte años no es nada. Y es verdad, veinte años pueden ser un cambio (o no) en los acontecimientos posteriores, pero es forzosamente insustancial. O por lo menos, contrapuntos que decepcionarán a aquella juventud de finales de los años noventa sin cierta complicidad con el espectador, y no cuenta o se aparta de lo que se espera de ella. Aunque sea de agradecer la intencionalidad.

Pero de todas maneras invito a que vean la cinta, tanto románticos de nostalgias como politoxicómanos de la madrugada, no será como la primera vez; en eso todos los placeres tienen cierto denominador común.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Elena Peña Bilbao

Si el agua nos lleva

Viento Norte Editorial, 2022

 

Sin duda es muy oportuno para la reseña de esta novela recordar el inicio de Ana Karenina, de León Tolstoi, ya convertido en una cita al uso: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». Habría que tener en cuenta que la familia ha comenzado a cambiar bastante en los últimos lustros, aparecen nuevos lazos familiares que no siempre pasan por la consanguineidad, aunque siguen siendo aplicables las palabras del escritor ruso. Y viene la cita a cuento porque en este libro el tema principal que hila la trama del mismo es justo ese, el de la familia, la familia y los vínculos entre sus miembros, la familia y sus secretos, la familia y las infelicidades, con las correspondientes heridas que parecen heredarse.

Nuria afronta la muerte de su madre, Rita, una bilbaína que se traslada a Madrid tras las inundaciones que asolaron su ciudad en 1983. Casi de inmediato, recibe una llamada del Hospital de Basurto de la capital vizcaína para comunicarle que su padre, al que creía muerto, desaparecido en las inundaciones, está hospitalizado tras una sospechosa caída al Nervión. También se entera de la infidelidad de su marido con una compañera de trabajo. Todo ello le lleva a viajar a Bilbao para dilucidar el misterio de la aparición de un padre que no conoce y del que no sabe nada, y de paso aclarar las cosas con su marido. A partir de entonces, su vida se envuelve en los secretos de alcoba de sus padres y de las personas que los rodean, entre ellas Dámaso, vecino de ambos y dueño de la confitería en la que había trabajado su madre hasta su partida.

Se narra el proceso de Nuria en paralelo al relato de lo que ocurrió durante ese agosto de 1983 y que explicará en buena manera lo que la protagonista acabará descubriendo. Son dos momentos narrados de forma diferente, en presente en lo que concierne al viaje de Nuria; en pasado, los hechos ocurridos entonces. Poco a poco el lector irá componiendo un mapa emocional de los personajes, asistirá a sus vidas sin que en el texto se formule ningún juicio de valor sobre los mismos, mostrando, eso sí, los miedos, los ánimos y las cobardías de todos ellos, porque la vida se compone al fin y al cabo de las decisiones en las que el miedo o el valor juegan un papel fundamental.

Tras todo ello hay ese escenario de unas inundaciones que cambiaron por completo Bilbao y también a unos personajes que encontraron en aquella catástrofe la oportunidad de cambiar sus vidas, lo que Rita asumió, pero no Dámaso y Benito, el marido. De este modo, la catástrofe se vuelve algo simbólico, un momento envolvente que permite también desechar y aprovechar las circunstancias.

Elena Peña, la autora, es guionista de formación y oficio, lo que a todas luces se nota en su estilo, quizá demasiado evidente en la composición del texto, que expone y describe todos los detalles, aunque ello no reduce la intensidad de la historia que sin duda atrapará al lector por el atractivo que rodea a los personajes, a los que se sentirá tan cercano.

Dos eminencias en el arte posmoderno de JISBAR (Cecilio Olivero Muñoz)

En el arte moderno o posmoderno no es nada nuevo que dos eminencias del siglo pasado sean referentes hoy. Una es Frida Kahlo, y el otro, Salvador Dalí. Frida Kahlo con sus autorretratos repletos de simbología y lealtad consigo misma trazó un innovador modo de mirar la vida. Es curioso que Frida haya quedado como la verdadera artista mítica que fue y matrona del Street Art al contrario de Diego Rivera (muralista y con ideales proletarios). Frida era, a mi modo de comprender el arte, toda una heroína del autorretrato por antonomasia. Y es de prever su principal lugar en el arte actual, con su precario vínculo hacia ninguna vanguardia evidente durante aquella época de entreguerras, revoluciones y encuentros con la “pelona” de manera su-(frida). Sin duda Frida es la precursora del arte callejero, aunque también del autorretrato, y la grandeza y fascinante originalidad de su arte adelantada a su época. Ser artista por entonces no era fácil. Y más si se era mujer. La Kahlo era una mujer con gran talento, eso es evidente, pero toda su vida, su vida difícil y doliente, acondicionó su manera de concebir un arte revolucionario y heterodoxo. Ella optó por pintar su cuerpo y su alma ya que era lo que más conocía debido a su larga estancia en cama. Pero un arte de puertas adentro no fue previsible que se convirtiera en referente como Kobra (muralista callejero brasileño) y el gran Basquiat, relevo indiscutible del arte callejero y un giro de tuerca descubierto por Andy Warhol.

Sobre Andy Warhol se ha hablado y se seguirá hablando en Estados Unidos y en todo el mundo, a pesar de lo fácil que resulta la serigrafía a día de hoy, y llevada a cabo por gente como Banksy y sus discípulos con igual talento en este siglo actual y decisivo para el cryptoarte.

Entre serigrafía y cryptoarte se encuentra Salvador Dalí. Un gran revolucionario del impresionismo y el surrealismo, con grandes influencias en la época nuclear como metáfora de lo que sería un acontecimiento precursor del arte posmoderno actual. Dalí, con la ayuda de Gala, atomizó, y digo bien, atomizó mediante vanguardia y visionaria perspectiva, todo un comienzo itinerante entre impresionismo y cryptoarte (repito) siendo un icono del actual cryptoarte, del Banksy más contemporáneo actualmente, y el pop art de Warhol y también de Basquiat. Aunque el arte daliniano le deba mucho al surrealismo y a la era atómica. Es el de Dalí un artífice del dadaísmo sin pretenderlo como Basquiat, un serigrafísta de gran innovación, y un pop art anticipado que en Estados Unidos causó un tremendo furor.

Hablamos de precursores como Frida Kahlo en el Street Art, y que desemboca en Banksy, el art Brut de los outsiders callejeros (o no). Y el cryptoarte, que ha causado fascinación y se han puesto las obras a un precio tan desorbitado como un Van Gogh o un Picasso. El cryptoarte le debe mucho al pop art y a la fotografía posmoderna. Mientras en Frida Kahlo su tema principal era ella misma, en Dalí se hacía cierta tendencia al realismo y al pop-art más vanguardista.

Estos dos artistas que aquí les muestro recreados por el artista JISBAR, son todo un compendio de homenajes al arte en distintas vanguardias pasando desde Frida Kahlo y la actual Lita Cabellut, y el pop art junto al cryptoarte de Basquiat, Warhol y desembocando en el cibernético Dalí.

Parece que en arte todo sea como una herencia de innovadoras propuestas como el Rey Dalí o la Diosa Frida. Los hijos llegan a ser lo que son porque han tenido unos padres influyentes. Padres que durante su vida muchos se han hecho ricos en economía y otros han crecido artísticamente. Hablo de artistas actuales aunque cada uno beba de otras fuentes diferentes. Hablo de Lita Cabellut, de Banksy, de JISBAR, de Kobra, de George and Gilbert y un largo etcétera prodigioso.

Reflexiones de una ondjundju-Todo se desmorona-Juliana Mbengono

Yo también creo que Chinua Achebe (1930-2013) fue un genio. No solo porque alguien le considere padre del renacimiento de la literatura africana ni mucho menos por todos los méritos que logró a lo largo de su vida como escritor. Su narración prolija deja poco o nada que desear; y, sin importar el orden, diría que cada obra suya que se lee gusta más que la anterior.

Lo último que leí del nigeriano fue “Todo se desmorona”. Esta novela me maravilló por su contenido antropológico, por la visión imparcial sobre la llegada de los colonos a África y el desarrollo de la trama.

Desarrollar la trama de la historia en un espacio imaginario dentro del continente, sin duda alguna, fue un acierto; pues, si no supiera quien escribió la novela y si esta no usara palabras tan concretas como igbo, bien podría creer que Umuofia es Guinea Ecuatorial, Gabón o Camerún. Las jerarquías sociales, las creencias, los valores, los juicios y otros aspectos que retrata la obra hacen que me resulte demasiado familiar, quizás porque soy de África Central y Nigeria no queda muy lejos de Guinea Ecuatorial. Un fragmento concreto es el que muestra como las mujeres de la aldea se coordinan para ayudar a la esposa de Obierika, amigo del protagonista, a organizar la comida para la recepción de la boda de su hijo; si no es en todo el continente, el procedimiento es el mismo entre los fang de Guinea Ecuatorial.

La novela del nigeriano no sería clasificada bajo ningún concepto como “de consentimiento”, como se hizo con “Cuando los combes luchaban” del ecuatoguineano Leoncio Evita; sin embargo, “Todo se desmorona” muestra con suficientes detalles y quizás con demasiada crudeza las atrocidades que las sociedades africanas cometían por ignorancia en nombre de sus dioses. Además de refranes que resaltan el machismo de la época, un caso muy expuesto en la novela es la alta tasa de mortalidad infantil explicada como brujería: los niños obange son demonios que se meten en el vientre de una mujer para afligirla y morirse una y otra vez. Otros aspectos son el miedo a los gemelos y los asesinatos por orden de dioses. Sin embargo, Achebe nunca los juzga; no los confirma ni los desmiente, tampoco deja claro si le parecen buenos o malos: simplemente los expone del mismo modo que expone valores como la unidad, el respeto, el derecho al honor, etc. en esas sociedades.

Por último, el desarrollo de la trama es cautivador y sutil. La novela me resultó demasiado corta teniendo más de doscientas páginas y, sin embargo, me quedé satisfecha con el final: sentí que la historia estaba completa. Pues, todo lo que el autor va sembrando entre la primera y la segunda parte, se va cosechando a finales de la segunda y la tercera. El protagonista, Okonkwo tiene el fuerte deseo de ser una persona de valor en su sociedad y ser reconocido como tal, y este fuerte deseo no nace de la nada, sino que se explica por el tipo de padre que tuvo. Como un guerrero decidido a honrar a su pueblo y ser honrado por su pueblo, todo cuánto hace Okonkwo se puede juzgar como exagerado o prepotente y al mismo tiempo resulta verosímil, porque el autor nos ayuda a entender cómo piensa Okonkwo y cuáles son sus motivaciones. Después del capítulo en el que el protagonista participa en el asesinato a machetazos de un niño que estaba bajo su custodia, a pesar de que se le advirtió de que no participara porque el muchacho le llamaba padre, llegué a desear la muerte de Okonkwo; sin embargo, me conmovió el hecho de que su propio hijo lo abandonara para convertirse al cristianismo al considerar a Okonkwo demasiado cruel.

En la novela de Achebe se puede intuir que los colonos se aprovecharon de las desigualdades y la ignorancia en los pueblos africanos para engañarlos y dominarlos. No diría que es un aplauso a la llegada de los europeos ni un intento de reestablecer el sistema social clásico o un llanto por las costumbres perdidas: sencillamente, es una historia intrigante con conocimiento antropológico, una visión imparcial acerca de la llegada del invasor europeo a África y una trama llena de suspense.

Escritores catalanohablantes (Cecilio Olivero Muñoz)

Miquel Bauçà es uno de los escritores más valientes en lengua catalana, siendo él un escritor insular, de las Baleares. Fue poeta y escritor. Es poco conocido en el resto de España, pero de él se han comentado muchas cosas; críticas injustas y falsas. Nació en el 7 de febrero de 1940 y falleció el 10 de febrero del 2005. Se instaló después de haber nacido en un pueblito balear, a finales de los cincuenta se trasladó a Barcelona donde residió y murió.

Es lamentable que se negara a que se le tradujera al castellano. Pero esa fue su posición y no le han traducido. También fue su última voluntad. Es un poeta y escritor denominado como extraño, misántropo y mendigo. Ya diré por qué más adelante. Como poeta era original y algo outsider dentro de la pulcra y refinada existencia catalana. Bauçà era un escritor que hoy se le etiquetaría como escritor radical. Injustamente. Creo que es uno de los tres poetas más importantes en lengua catalana, aunque dos de ellos escribieran en castellano.

En un reportaje dedicado a su obra y milagros los mismos vecinos lo catalogaban de ermitaño, mendigo, o misántropo. Intentó tener pareja pero le rechazaron las mujeres por su manera de decir las cosas sin indirectas, o sea, que no se andaba con tapujos. Los tres poetas catalanohablantes por antonomasia, o mejor decir, del Siglo pasado, son Miquel Bauçà, Josep María Fonollosa y Vicent Andrés Estellés. Los dos últimos, Fonollosa, escritor en castellano y Estellés traducido al castellano. Por otro lado Miquel Bauçà no ha sido un escritor muy querido en los pueblos catalanohablantes. Era un escritor puro, sin aires de grandezas ni ambición literaria.

Hay una anécdota que contaba una maruja y vecina. Al parecer el hijo se equivocó de piso cuando fue a visitar a su madre y tocó el timbre de Miquel Bauçà y salió a recibirlo un hombre haragán y estropeado. Ya que la soledad te mortifica. Y el hijo alcahuete de la vecina le dijo a su madre cuando por fin encontró el piso de ésta: —Mamá, ¿sabéis que vivís en el edificio con un mendigo? Y éste mendigo, producto de la dejadez, era Miquel Bauçà. Del hijo de la vecina-maruja no se conoce nada. Pero Miquel Bauçà sí pasó al parnaso donde los poetas son coronados con laurel.

Lean estos tres poetas que menciono. No sin antes aclarar que yo entiendo y leo en catalán, aunque no lo hable. Miquel ha sido un escritor auténtico y con una obra exquisita que solamente encontrarán en librerías de los pueblos catalanoparlantes. Existe un concurso que lleva su nombre. Pero, huelga decir que Bauçà no pretendía ser universal. Se conformaba con su raigambre catalana. Sin duda, un escritor valiente y una personalidad extraordinariamente peculiar. Yo creo que le tocaba los cojones la prohibición de hablar catalán y otras lenguas de la franquista y gris España plural y rancia. Si en vida no quiso que se le tradujera, merece ser respetado.

Reflexiones de una ondjundju-autobuses- Juliana Mbengono

Si digo autobuses, creo que todos o cualquiera podría hacerse una idea de aquello a lo que me refiero: un coche largo en el que pueden viajar más de seis personas sin sentarse unas sobre otras ni apiñarse. Mi definición puede no ser la más certera, pero creo que se acerca a la imagen que tengo en mi mente cuando tecleo las letras que forman las palabras bus, autobús, minibús, cien-cien, dina sang, wawa, awawa, guagua, Kassav express, car rapide y cincuenta-cincuenta.

Entre el año 2000 y el 2007, los autobuses o cincuenta-cincuenta como se llamaban entonces por lo que cuestan solo hacían la ruta entre los mercados. Así que uno se ahorraba cuatrocientos cincuenta francos si quería trasladarse desde un mercado a otro. Las mayores beneficiarias de esta red de autobuses eran las mujeres del bayamselam que compran hortalizas y otros productos en los mercados para venderlos al detalle más mínimo en los barrios. Y ese detalle es tan mínimo que recuerdo haber comprado un cuarto de cebolla a cien francos muchas veces en la mesa de alguna mujer en Santa María. Con el tiempo, los cincuenta-cincuenta se transformaron en cien-cien y antes del 2008 ya no existían. Ahora, los autobuses que cualquiera se encuentre en el mercado Central sólo pueden llevarle a los poblados que se encuentran fuera de Malabo como Riocopua, Lubá, Rebola, Sampaka, etc, y sus tarifas más bajas ya ascienden a trescientos francos pudiendo llegar a mil. En los viajes del cincuenta-cincuenta y los posteriores, lo más normal es compartir el espacio con pollos, patos, cestas de tomate, etc: una experiencia que odio cuando la vivo y recuerdo con nostalgia.

Para viajar entre Bata y Ebibeyin, el medio de transporte por excelencia hasta ahora es el Cassav Express, una línea de autobuses del empresario Chuchu Cassav. En estos autobuses los viajes duran horas, te duermes, te despiertas, abres los ojos y miras a tu alrededor, el llanto de un bebé con la voz afónica hace que el calor sea aun más sofocante. La voz ronca y amenazante de un policía preguntando los Documentos de Identidad Personal y los nombres desde alguna venta despierta nervios, emoción y rabia. Un barrera significa que todos los viajeros mayores de edad y el conductor tendrán que bajarse del bus y pasar el control en la choza para subirse otra vez al otro lado de la barrera; una barrera significa que si tienes un nombre fang como Luís Mbomio Ondó Nchama el policía no perderá mucho tiempo contigo, pero si tienes un nombre bubi, bisio o annobonés como Hinestroza Seriche Losoa puede que tengas que justificar que eres ecuatoguineano y si eres turista pues tendrás que mojarle la barba al poli y a otros tantos hijos de la patria que decidan sacar su parte de provecho amenazándote o queriendo orientarte. Viajar en un guaugua como el cassav express es tener la oportunidad de disfrutar de los “aprovechah”, mercadillos que las mujeres crean junto a las barreras para vender comida y agua a los viajeros. Algunas vendedoras esperan desde sus puestos y otros se acercan con sus productos a las ventanas del bus. Algunos viajeros pagan y se van antes de que se les sirva, otros comen y se van antes de pagar.

En Senegal los car rapide son coloridos, llamativos y un símbolo de Dakar. A veces tienes que subirte a la chatarra destrozada en marcha y soportar que tu nariz se pegue a un sobaco sudoroso por cualquier lado que gires la cabeza, antes de subirte debes preguntarles el destino a los enganches y en ellos disfrutas, sonríes te enojes y tienes una de las mejores experiencias como turista que desea vivir la experiencia de la gente local.

 

En ciudades como Houston, los autobuses con como los aviones, todo es cómodo, casi tan cómodo como en un avión barato. Wifi a bordo, indicaciones, guardias, cajas para pagar, conductores uniformados, silencio, gente diversa y olor a marihuana.

Reflexiones de una ondjundju-Muros-Juliana Mbengono

Que sea Aristóteles quien dijo que el humano es un ser social; es decir, que necesita vivir en comunidad, relacionarse con los demás y no estar aislado, a menos que sea un dios o una bestia es suficiente para entender que los muros raras veces serán la solución a los problemas de convivencia que podamos tener con los vecinos, familiares, nuestras emociones, nuestros objetivos e intereses o incluso con países vecinos.

Hay gente como el expresidente americano Donald Trump que quiere construir muros como el de Berlín para evitar que otros entren o salgan de su territorio; muchas veces estos muros solo esconden aquello que de alguna manera se le quitó a aquel a quien se pretende cerrar la entrada. En algún momento de nuestras vidas llegamos a construir estos muros divisorios, como cuando dejamos de hablarle a alguien porque hemos hecho algo malo contra él a sus espaldas. Estos son los mismísimos muros que construyeron los países del primer mundo después de expoliar continentes enteros; otros países que fueron invadidos hoy son potencias, pero también es cierto que algunos gobernantes van tan cortos de cultura y valores que además de oprimir a los ciudadanos obligándolos a cruzar muros de agua, viento y tierra a costa de su vida, son los títeres de los gobernantes del primer mundo. Los muros divisorios son los mismos que estarían en la mente de algún candidato a presidente, diputado, senador o lo que sea que creen ciegamente en el derramamiento de sangre humano mediante rituales para lograr sus objetivos; también están en la mente del joven que comete un acto tan repulsivo. No encuentra muchas explicaciones para entender la frecuencia con la que se están encontrando cadáveres de mujeres y hombres jóvenes con órganos y genitales mutilados a pocas semanas de las elecciones presidenciales. Estos muros alimentan las rejas que cubren las torturas y han visto morir a activistas, artivistas, lideres de la oposición y otros tantos ciudadanos que se osaron a expresar su realidad a viva voz o exigir algo tan fundamental como su pasaporte.

Algunos construyen muros de carga con piezas amargas y dulces del pasado. Esos muros les permiten ser estoicos ante situaciones de humillación y dolor, también les permiten elegir sonreír en todo momento: truene, llueva, solee, sople o lo que quiera que el dios de sus vidas elija para el día. Estos son los muros que construyen muchos de mis guerreros que, sin tener mucho para comer, pero sí algo que llevarse a la boca a diario, aunque sea lo mismo, se pintan una sonrisa en la cara y agradecen por el muslito de pollo, la latita de tomate, el bultito de aceite y el vasito de arroz que recogen literalmente del suelo como un regalo que hace un antorchista durante su campaña electoral. Estos son los muros que construyeron mis guerreras para seguir poniéndole la mesa con una sonrisa al hombre que las golpea. Los muros de carga descansan sobre nuestras experiencias pasadas, nos permiten seguir de pie al recibir el mismo golpe una y otra vez, lo malo es que podrían volvernos coprófagos.

Otros prefieren los muros de contención, como cuando elegimos no casarnos ni tener hijos a pesar de todo y cuando elegimos casarnos y tener hijos a pesar de todo y cuando simplemente no logramos casarnos ni tener hijos a pesar del deseo. He visto estos muros en las vidas de mujeres activistas, hombres obsesionados con el éxito, jóvenes ansiosos de fama y dinero. Estos son los muros que intentamos levantar cuando nos declaramos neutrales ante situaciones que nos matan por dentro y nos afectan, cuando sentimos que no somos suficientes para cambiar el sistema solos y nos limitamos a cambiar el sistema en el pequeño mundo que nos rodea.