Nostalgias de un emigrante-La dignidad de un hombre-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

Fue un hombre hecho a sí mismo creció y vivió en libertad, sin tener que dar explicaciones a nadie y esa libertad marcó su existencia, era serio, leal a sus principios y orgulloso. Se había quedado sin padre muy niño, su madre le puso a trabajar en lo que salía y por las noches tenía que ir a la escuela. Siempre anduvo de un sitio para otro, tratando con toda índole de personajes, visitando ventas y tabernas donde se realizaban todo tipo de tratos… (trabajos, cambios, compras, etc.) siempre delante de una botella de vino, unas veces salían bien las cosas y otras no, pues en más de una ocasión podían terminar en riñas y peleas, rodeado de gente que iban con engaños o malas intenciones, le hicieron tener muy mal genio cuando se enfadaba . Las injusticias de la guerra y los años posteriores aun empeoraron su carácter y lo hizo más desconfiado e independiente, ni el hecho de contraer matrimonio le hizo encontrar una estabilidad y atención hacia su familia. (¿Se casó por amor? Eso nunca lo sabremos, porque incluso estando comprometido nunca dejó de hacer a lo que estaba acostumbrado y si tenía que irse varios días fuera del pueblo, se iba sin dar explicaciones, como siguió haciendo una vez casado y después de que llegaran los hijos. Su forma de ser y orgullo le dieron muchos problemas, nunca consintió la humillación de caciques, capataces o con quienes contrataba el trabajo. Solía trabajar por su cuenta y no soportaba que alguien le controlara o le mandara hacer algo con lo que no estuviese de acuerdo. Jamás se le vio de paseo con su esposa o los hijos, los días que no trabajaba los dedicaba a reparar o acondicionar los aparejos de los animales que utilizaba para trabajar, o en las tabernas de “tratos”. Era delgado con un cuerpo menudo y cuando llegaba borracho a su casa apenas comía, si las cosas no le habían salido bien su mal genio lo pagaba con la familia, hasta que se quedaba dormido y cuando despertaba se volvía a marchar, a trabajar o a la taberna para seguir bebiendo. ¿No quería a su mujer ni a sus hijos? No les tenía maltrato físico, pero con su mirada infundía mucho respeto, en una época de tanta necesidad no parecía que le importara mucho las de su familia, cuando tenía dinero antes de pagar las deudas de la casa, pagaba las contraídas con los proveedores de piensos y aperos para sus animales, le daba mucha importancia a su cuidado y siempre decía que “eran lo que tenía como medio de vida y no podía faltarles de nada”. Las necesidades del hogar siempre eran problema de la mujer, el mantenimiento de la casa y los hijos para él pasaban a un segundo plano.

A veces se iba del pueblo durante varios días o semanas a trabajar y cuando volvía podía ser que no llegara con dinero y apenas cubrían algunas deudas.

No era mala persona, ayudaba a quien se pidiese cualquier favor, aunque le faltase para él o su familia.

Por estar trabajando desde muy joven, conocía infinidad de actividades, del campo… agrícolas, ganaderas, o la minería, también conocía toda la comarca próxima y las provincias limítrofes. Igual que conocía las ventas y tabernas donde eran habituales todo tipo de personas, que eso le dio una visión de la vida diferente al resto y no fiarse de lo que le dieran sin haberlo ganado con su esfuerzo, no le gustaba los juegos de cartas o similares donde el interés por ganar se convierta en adicción, su único vicio era la bebida que no la dejó hasta su muerte.

Reflexiones de una ondjundju-Malabo podría ser Houston-Juliana Mbengono

                        MALABO PODRÍA SER HOUSTON

 

Recuerdo que una persona me dijo que no podía contarme cómo es vivir en los Estados  Unidos de América, que yo misma ya vendría a verlo cuando llegase. De eso hace ya unos diez años; en ese momento sentí que solo era una forma de consolarme, decirme con menos nostalgia que volvería estar con mi “mamá tía” y mi prima con quienes llegué a Malabo con solo dos años.

 

La esperanza de visitar América era una neblina, nunca estuve segura del todo. A veces era tan positiva que daba por hecho que empezaría mi carrera en una universidad de Atlanta, otras era tan negativa, pero optimista por un lado, que me veía graduandome en la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial sin muchas dificultades y viniendo a empezar el máster en América sólo unos meses después. La idea de una vida aquí era tan grande no veía el día en el que tendría que ir a pedir la visa, llevar una vida de  estudiante aquí era tan excitante que diría que vivía en modo “espera” mientras estuve en Guinea. Después de denegarme el visado una vez intenté darle al play; “mejor así, que lo importante es estudiar y vale un título de aquí que de allá para abrirme camino en el mundo laboral”, pensaba o me consolaba. 

 

Ahora que estoy aquí, no me atrevería a decirle a  nadie como es la vida en mi nueva ciudad o en mi barrio (sin tener en cuenta que no llevo más de un mes y dos semanas aquí y todavía no me ha dado tiempo a explorar la ciudad), todo es muy diferente y similar al mismo tiempo, la calle Westheimer, donde vivo me recuerda mucho a Santa María II, mi barrio, sobre todo a la calle que lleva a caracolas o Pequeña España. Algunas zonas se parecen a Malabo dos, el de los ministerios, (con esa referencia, en Guinea hacemos la diferencia entre Malabo dos, que solo es un barrio más detrás del mercado Semu; y Malabo dos donde están las sedes de la mayoría de los ministerios o algunas empresas como las petroleras americanas). La diferencia entre aquí y allí es que hasta ahora no he visto ningún cartel con la foto del presidente u otro miembro de su familia sonriente en alto en alguna calle.

 

Al principio creía que América no tiene ninguna diferencia con Guinea, y confieso que le dije a mucha gente que si se repartía un par de carteles enormes con las fotos de nuestro presidente por las calles de aquí yo pensaría que sigo en Malabo; pero, ahora que escribo estas líneas, estoy recordando que en Guinea uno no se cruza con tanto latinoamericanos, gente de pelo lacio y piel blanca; en mi país, por más que se diga, no hay tanta gente con sobrepeso por las calles ni casi todos los hombres huelen a tabaco, tampoco hay gente sana y cuerda viviendo en la calle o pidiendo limosna. Por otra parte, los pasos de cebra, los semáforos y la circulación son muy diferentes a los de ahí: la vida es diferente y similar.

En cualquier ciudad de Guinea podía coger un taxi en cualquier esquina y llegar a mi destino en minutos, aquí necesito aplicaciones como la de uber, tarjetas de débito o crédito y cuentas bancarias para coger un taxi. En Guinea tenía que ir hasta el banco para ingresar o recibir 2500 francos cfa. Aquí me los envían o los recibo haciendo zell en un minuto. Allí tenía fruta fresca y rica mucho más barata que la del super, grandes espacios para hacer deporte al aire libre y ver la naturaleza en estado puro, aquí todo parece de plástico y la fruta sabe a “cartón”; la primera vez que probé unas fresas me decepcioné: sabían a piña sin azúcar.

Se cree que en África vivimos con los monos y otros animales, pero es aquí donde he visto tortugas, mofetas y ardillas libres por primera vez. todos los servicios y productos variados que hacen de Houston una ciudad muy cómoda y agradable para los ecuatoguineanos que venimos a este país también se podrían ofrecer a los que se quedan allá, pero no es así y esto me ha dolido igual que la desaparición del artivista Ganster Adjoguening

Reflexiones de una ondjunju-Fluir-Juliana Mbengono

No creo en el destino ni en la suerte, sino en la planificación y la disciplina; pero a veces todo me sale mal después de tanto planificar, mientras que otras cosas, aparentemente imposibles, se hacen realidad en mi vida a pesar de haberlas hecho como si no quisiera.

No creo que Dios exista como nos lo cuentan las religiones y, a veces, simplemente creo que Dios no existe, que solo estamos los seres humanos llenos de egoísmo, amor, maldad y empatía; pero de vez en cuando, cuando estoy a punto de tocar fondo, sucede algo en mi vida que no podría entender si no admitiera la existencia de un ser superior amoroso y piadoso.

No creo que sea muy inteligente o demasiado culta, pero me sorprende que tanta gente con estudios, que conoce mundo y tiene amistados a lo largo y ancho del planeta sea incapaz de ver cosas tan sencillas como que una persona que decide no arrojar botellas ni basura a los ríos es una persona más que contribuye a cuidar nuestro bello planeta.

No creo que los seres humanos seamos menos inteligentes que los animales, pero a veces me parece que los animales son más respetuosos con la naturaleza: no comen más de lo que necesitan, no actúan movidos por la envidia, el odio o el rencor (el caso de ciertos perros que odian a los gatos es un poco particular).

No creo que una dieta vegetariana sea la más saludable, ser vegetariano me parece exagerado a veces; pero también me parece que comer carne es un acto muy salvaje y cruel..

No creo que triunfar y ser feliz en Guinea Ecuatorial sea realmente difícil, pero por todas partes veo nepotismo, falta de meritocracia, corrupción, falta de modales… y un largo etcétera que podría causarme problemas si sigo hablando.

Tambien creo en ciertas cosas, como que los oradores motivacioneales son realmente necesarios; pero son tantos los que se empeñan en pintar el mundo de blanco y negro que, al leerles, siento que no hacen más que escupirme mis debilidades y recordarme mis carencias.

Creo que los padres siempre tienen parte de la culpa cuando un hijo se comporta mal y comete errores que le afectaran de por vida, pero cuando me encuentro con situaciones como que en una sala de maternidad hay 17 madres que no superan los 18 años y solo tres están por encima de los treinta. Me pregunta si son tantas las familias que se olvidan de llevar a sus hijos al médico para que les digan qué métodos anticonceptivos usar o, simplemente, tener una charla; también me pregunto si tanto ellas como ellos no sabían que existe la posibilidad de quedarse embarazados si no tomaban medidas; y, sobre todo, me pregunto cómo se bajaran tantas mujeres del autobus que conduce a las madres al fracaso.

A veces creo que los jóvenes de ahora tenemos más información y somos más inteligentes que nuestros abuelos, pero en todas partes me encuentro con jóvenes deseando que el mundo vuelva a ser como lo era en los días de nuestros abuelos. Me reservaré el comentario sobre las mujeres que se sienten fracasadas por estar solteras o no tener hijos.

Con todo esto, y un poco más que me callo, he llegado a la conclusión de que soy

única y particular; veo las cosas como muchas otras personas no las ven y esto no me hace peor ni mejor. El mundo está como está por cada una de nosotros. Eso sí, creo que nos iría mejor a todos si intentáramos causar más alegrías y risas sinceras.

Reflexiones de una ondjundju-También se puede aprender a amar-Juliana Mbengono

Algunas de las mujeres mayores que fueron entregadas en matrimonio por sus tutores cuando apenas eran unas niñas solían decir que se puede aprender a amar. Saben que no se casaron por amor, pero sienten que han acabado amando a sus esposos. Podría depender de lo que cada uno entienda por amar, porque yo siempre tengo la impresión de que ellas, en realidad, se acostumbraron a una persona, asumieron que pasarían el resto de sus vidas junto a ella y construyeron sus vidas entorno a esa persona.

No quiero hablar de la posibilidad de que surja el amor en un matrimonio por conveniencia o forzado, No. De lo que quiero hablar es del amor a los gatos.

Desde pequeña yo tenía claro que no soporto a los perros ni a los gatos, porque andan soltanto pelos por todas partes y a veces huelen fatal, hay que dedicarles demasiado tiempo para que estén bien y enseñarles lo que uno quiere que hagan y lo que no deben hacer puede tomar demasiado tiempo. Hace meses que mi hermana pequeña adoptó a unos gatitos a los que mima y cuida tanto que incluso se enfada cuando alguien los echa del sofá. Confieso que al principio trataba a los gatos con respeto por mi hermanita, no quisiera hacer nada que la haga llorar o sentirse mal. Con el paso del tiempo, fui cogiéndole un poco de cariño a los gatitos Juan Ondó, Juan Edú y Canina.

Cada uno de esos gatos eran tan singular como lo es cada ser humano. Juan Ondó era cariñoso, atento, juguetón y una fiera con las ratas, sabía sentarse en el sofá y acudía a todas las reuniones familiares, además de saludar por las mañanas. Lo más gracioso de Juanito, como le llamábamos, es que cada vez que cazaba un bicho traía las sobras a casa como quien quisiera compartir. Un gato muy amable con la gente, pero cazaba pajaritos y largartijas: era un poco paradójico para mí. desgraciadamente, en Malabo y en toda Guinea Ecuatorial, la carne de gato es considerada una delicia y alguien se aprovechó de la amabilidad de Juanito Ondó para atraparlo y comérselo. Giselita lo buscó durante semanas hasta que descubrimos que un vecino lo había secuestrado y asesinado.

Juan Edú, por su parte, conoce su nombre, responde si le llamas y acude aunque no tengas comida para él. No es tan fiera como lo era Juanito y todos los días vuelve a casa con arañazos y mordiscos de otros gatos y perros del barrio. Tambien es amable, pero a veces responde con mordiscos si se intenta tocarle o hacerle masajes, es todo lo contrario a Juan Ondó: es un poco antipático, perezoso y no desaprochecha ninguna oportunidad para robar comida.

Canina, la pequeña canina, era dulce, glotona, juguetona, inquieta y con unos ojazos brillantes que se volvían completamente negros por las noches. Cuano canina llegó a casa, mi hermano no quiso que se quedara, la encerró en un mochila y fue a echarla a la basura. Giselita la buscó bajo lluvia hasta que por fin la encontró. Meses después, unos perros la mataron en el patio durante la noche y tuvimos que enterrarla antes de que Giselita se levantara. La niña cree hasta hoy que el asesino de Canina fue nuestro hermano, que nunca quiso a la gatita en casa.

Escribo sobre estos gatos porque todavía me extraña lo mucho que he llegado a quererlos, tanto que por las mañanas les daba de comer. Y, aunque parecen no enterarse de nada y viven únicamente para comer y dormir, han logrado ser una de mis preocupaciones: ahora duermo mucho más tranquila si sé que Juan está en casa y no corriendo el riesgo de que los perros lo maten por allí o que alguien se los coma.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Alejandro Morellón

El peor escenario posible

Fulgencio Pimentel

 

Asumimos la realidad cotidiana porque es lo que tenemos más cerca, a lo que nos hemos habituado y lo que siempre hemos vivido con un halo de normalidad (¿normatividad?). Pero a todas luces todo lo que nos rodea, nuestra propia vida, contiene elementos por los que se cuela no poca irracionalidad, un alto grado de absurdo, un sinsentido que, al final, habremos de asumir y del que tomaremos plena conciencia más pronto o más tarde. Sólo es necesario confrontarse a ello.

Y qué mejor espejo que la literatura para darse cuenta de lo que hay.

Porque es eso justamente lo que nos revelan los once relatos de este libro que comentamos, una verdadera colleja emocional para el lector que va a descubrir entre sus líneas todo ese desgarro irreversible que supone lo real, nadie va a quedar ajeno porque al final todos tenemos nuestros recovecos donde ocultamos algo tremendo, como la pareja de oncólogos de uno de los cuentos que encubren otra vida, a todas luces menos amable, detrás de los muros de su cómodo hogar, o descubriremos, como le ocurre a un personaje de otro relato, ese sentimiento de darle la espalda a parte de sí mismo. Porque a menudo la existencia es extraña y paradójica.

Quizá no sea posible huir de lo que viene anunciado en las múltiples arrugas y brechas de lo real, lo que produce temor, un miedo que es anterior al hecho en sí, por mucho que se busque un sentido lógico a lo que sucede.

Narrados con una plasticidad enorme, con tono lírico, Alejandro Morellón nos enfrenta al apocalipsis, al caos ordenado, todo ello como si nos lo advirtiera el furby del primer relato, lo que crea no poca incomodidad, la misma que sienten los seres estrafalarios que habitan una extraña galería y que parecen dialogar consigo mismo, en busca de su propio sentido. El autor lleva al extremo las situaciones, pero deja entrever que bien pudiera ocurrir cada línea de lo que se narra en la vida misma, no sería al fin tan extravagante, y por tanto el absurdo lo descubrimos al enfrentarnos a toda circunstancia recogida en cada cuento, pero también en la realidad que nos rodea, en cada detalle y que vemos con una normalidad tan pasmosa como sorprendente. Por lo demás, nos deslumbrará por su estilo acertado, brillante, creando siempre una atmósfera manifiesta, intensa, imposible ser ajeno por tanto a lo que se nos cuenta y a la manera en que se nos cuenta.

No en vano, el primer relato del volumen, «Pájaros que cantan al futuro», obtuvo el Premio Ignacio Aldecoa de cuentos en castellano, en su quincuagésima edición, sin duda una buena carta de presentación.

 

Reflexiones de una ondjundju-Entre falsos defensores de la cultura-Juliana Mbengono

Durante la presentación de mi poemario “Cosas que no debería escribir una niña: molde para mujeres imperfectas” en el Centro Cultural de España en Malabo, la primera persona que levantó la mano para hacer una pregunta fue un joven de unos 26 años. Según él, tanto Melibea (que me acompañaba en la mesa junto con Francisco Ballovera) como yo, estamos más occidentalizadas que africanizadas y se nota que hemos leído muchos libros [europeos].

No es nada nuevo para mí que a una africana que se siente con derecho a ser respetada como ser humano, sin distinciones por sexo, sea señalada como una fanática de las “ideologías feministas europeas”. Pero me resulta un tanto sorprendente que los hombres quieran seguir escudando su egoísmo con la cultura y la tradición.

Resulta incluso gracioso que los hombres vean faltas en contra de la tradición y la cultura cuando una mujer anima a otras a vivir para alcanzar lo que realmente desean (no importa si es casarse y tener tantos hijos como lo desee su marido o ser una solterona y comer arroz con sardina todas las tardes, mientras sea eso lo que les hace felices y no un estilo de vida que hayan decidido llevar para complacer a otros…), estos mismos hombres no ven faltas en contra de la tradición mientras siguen viviendo en las casas de sus padres con más de veinte años, además de estar solteros y en paro o cuando deciden mantener relaciones sexuales de día y, para el colmo, con una chica de su tribu.

Para un hombre fang defensor de las tradiciones ancestrales, seguir viviendo en casa de sus padres después de los veinte años es malísimo, y seguir soltero a esa edad es exageradamente vergonzoso. Mantener relaciones sexuales de día es un tabú para muchas tribus y mantenerlas con una chica de la misma tribu se considera incesto. Todos esos aspectos parecen haber perdido importancia igual que las prohibiciones del Antiguo Testamento, porque el mundo actual es muy diferente al de nuestros ancestros. Sin embargo, las mujeres debemos seguir las reglas ancestrales dentro de este nuevo mundo cambiante, más inteligente que fuerte. Lo más irónico es que estos hombres solteros y dependientes, por su edad y condición no serían considerados hombres en una sociedad africana anterior a la invasión europea, por lo que no podrían tomar la palabra en público ni entrar en espacios como el abaha: porque todavía no son hombres. Actualmente, se levantan en público para decir que las mujeres estamos actuando en contra de los valores culturales de nuestros ancestros.

Tanto los que defienden la desigualdad de género como los racistas, no persiguen ningún interés patriótico ni mucho menos tratan de conservar las culturas y tradiciones. Todo lo que tratan de evitar es que pierdan los privilegios tras los que esconden su mediocridad, sus miedos y carencias.

Cuando entendamos que las mujeres no tienen por qué estar en pelea constante contra los hombres seremos más felices. Cuando entendamos que este mundo ya no necesita que uno se haga el duro mientras la otra le besa los pies iremos más rápido. Siempre diré que no soy feminista, no me hace falta ser feminista para saber que soy libre de estudiar medicina o secretariado si es lo que deseo.

Cuando me encuentro con gente como aquel joven, ya no lamento la desigualdad y el machismo, sino la ignorancia y la falta de empatía.

A propósito de Daniel Johnston-In memoriam-Cecilio Olivero Muñoz

A PROPÓSITO DE DANIEL JOHNSTON

IN MEMORIAM

La vida conlleva no pocos episodios de inmensa oscuridad, de sombras e injusticias. Daniel Johnston era un enfermo psíquico. Su diagnóstico le señaló como un maniacodepresivo, pero tuvo también otras enfermedades que la psiquiatría le provocó, con sus correspondientes efectos secundarios. Por ejemplo, estaba obeso, aunque esto no le produjo ningún complejo. También se le notaba sedado.

Dan tenía un gran talento. Pero eso poco importaba, vivió en un pueblito del estado de Texas. De adolescente tuvo una amiga medio novia, pero la chica se casó con un empresario funerario. Esa derrota o frustración acompañó a Daniel toda su vida.

Tuvo brotes. Eso no fue óbice sin embargo para realizar un gran trabajo como músico, compositor y artista multidisciplinar. Sin duda era creativo. Escuchar el tema Story of a Artist te eriza la piel. En efecto era un hit que sonó por las emisoras de radio tejanas.

Cierto día se fue de promoción a esa ciudad sin Dios que es Nueva York y le dio un brote por su enfermedad. Es preciso señalar que Daniel era religioso y creía en el número nueve como símbolo de la personalidad samaritana.

Un día su padre y él alquilaron un aeroplano. Y a Dan le dio la locura de caer en picado desde los cielos aunque por suerte Padre e Hijo se salvaron. La soledad y la estigmatización que padecía no le impidieron aparecer con su guitarra al estilo de Bob Dylan. Su público lo entendía y le daba ánimos y le dirigió palabras amables.

Murió joven, su obesidad y la falta de Alegría lo condujeron a la muerte. Pero ahí nos dejó sus discos. Su legado. Un artista es aquel que con sus ideas y trabajos logra remover la entraña de su manada.

Reflexiones de una ondjundju-El español en la literatura ecuatoguineana-Juliana Mbengono

Hace poco leí una entrevista de Iñaki Tofiño en librujula.público.es y el entrevistado decía que, hablando de la literatura ecuatoguineana: “no cumple unos estándares de calidad. En mi caso, he tenido que leer muchos libros muy malos de autores ecuatoguineanos”. Como ecuatoguineana, y casi escritora, este no es un comentario muy alentador, pero invita a reflexionar y a mejorar.

Además de la entrevista arriba mencionada, son varias las personas que han calificado la literatura ecuatoguineana como mala por el uso que hacemos del español pese a que es nuestra lengua oficial; y entre estas personas se encuentran profesores y ciertos escritores de los 70 que contaron con la suerte de que, en sus tiempos, la cooperación española y otras instituciones todavía promovían la literatura de Guinea Ecuatorial a tal grado que se aseguraban de que las obras de autores ecuatoguineanos pasaran por las manos de un editor o  corrector sin coste alguno para los escritores.

¿Por qué el español de la literatura ecuatoguineana actual no parece muy correcto? En primer lugar, habría que destacar que ciertos escritores de la nueva generación, precisamente, escriben de manera impecable, no sé si porque publican con editoriales que ofrecen un buen servicio de corrección o porque realmente tienen un buen dominio de la lengua; en todo caso, para no decir imposible, diré que es muy difícil encontrar erratas en los libros de Estanislao Medina, Isabel Rope, Trifonia Melibea o Adelaida Ondua. En segundo lugar, muchos de los profesores que acusan a los escritores y a sus estudiantes de no tener un buen dominio del español hablan un español tan macarrónico que causa vergüenza ajena escucharles.

Desde mi punto de vista, la mayoría de los escritores que vivimos en Guinea Ecuatorial sentimos la necesidad de decir algo y que otros lo lean. Como señalaba Estanislao Medina durante nuestro almuerzo con el director del instituto Miguel de Cervantes, Luis García Montero, “somos gente de barrio que [además de no haber tenido una buena formación de base] habla fang, fa d´ambo, bisio, combe o bubi en casa y entre colegas el pidgin; salvo los niños pequeños menores de 15 años, la mayoría solo se esfuerza por comunicarse en español cuando se encuentra en la escuela o en el trabajo. Esto podría no justificar los laísmos y dequeísmos, pero al pensar en nuestras lenguas maternas y entender el mundo desde las mismas, escribir correctamente en español se convierte en un verdadero problema ya que debemos prescindir de muchas cosas al traducirnos. Para compartir nuestros pensamientos y opiniones, estamos obligados a escribir en español, y sé muy bien que son pocos los que tendrán suficiente tiempo y recursos para verificar que hayer se escribe sin h; así que, además de los hayeres, el lector se encontrará con expresiones como “los de Samuel”, haciendo referencia a un grupo de amigos, vecinos, hermanos o compañeros entre los que se sabe que siempre está Samuel.

Quien lea una novela en la que se dice “los de Samuel” podría no entenderlo, pero en fang tiene mucho sentido y es correcto. Pasa que al tratar de traducir el sentido de las oraciones optamos por una traducción literal; que queda menos estética, pero con la que nos identificamos más.

No creo que escribamos mal ni mucho menos que tengamos algún problema con el español; de hecho, me parece poco apropiado que los profesores anden pregonando lo mal que hablan sus estudiantes ya que esto también dice mucho de su labor como educadores.

Mucha gente necesita desahogarse, expresarse, pero no tienen el dominio de la lengua que se esperaría de un escritor, ni han pasado por talleres de redacción y estilo. Sin embargo, se atreven a escribir. Si no lo hicieran acabarían estallando. Por lo tanto, consideremos la literatura ecuatoguineana actual como un retrato del momento con todos sus defectos.

Antigitanismo y violencia (Cecilio Olivero Muñoz)

A Federico García Lorca se le etiquetó de gitanista por su Romancero Gitano. En el remake de Cecilio Olivero sobre El gran teatro del mundo, de Don Pedro Calderón de la Barca; unos gitanos ante Dios se quejan de que la gente los culpa por cualquier cosa que pase en los pueblos, y a lo que Dios responde: —No se imaginan cuanto os comprendo, ya que la gente suele culpar a Dios de sus desgracias.

En el Peal de Becerro (Jaén) los gitanos han tenido que huir del pueblo por la venganza de vecinos tras una muerte en una reyerta. No sólo eso, se atacó a varias familias, sino que se quemaron sus propiedades. En Madrid se ha protestado por estos nuevos actos de racismo. Estos incidentes recuerdan los sucesos antigitanos de 1986 en Martos, donde también hubo una muerte y algunos habitantes del pueblo quemaron las casas de los gitanos.

Mi barrio de Sabadell (Torre-Romeu), por el contrario, es un ejemplo de armonía y de tolerancia racial o religiosa.

Me viene a la memoria una historia que leí sobre un rey gitano llamado Zoltán, que vio con mucha tristeza profunda como quemaban a su hija Malipa en la hoguera en tiempos de inquisición. Los gitanos actualmente han cambiado para mejor, y eso quiere decir que conviven en paz con payos y otras razas. El flamenco no sería nada sin los gitanos. Poco a poco ha ido aumentando su nivel educativo y también ha ido cambiando su vida nómada por un sedentarismo que los hace parte de nuestras comunidades.

Hay una gitana llamada Noelia Cortés que hace gala de una poesía bastante buena, y además de Raimundo Amador hay un cantaor llamado Guadiana que interpreta un maravilloso Tango de los gitanos. Y hay miles de gitanos anónimos que se ganan la vida como todo hijo de vecino, en oficios y trabajos variados, muchos precarios, otros no tanto, pero en absoluta normalidad.

Ser gitano es una seña de identidad. La vertiente gitana que más llama la atención es la de los gitanos con gran oralidad y riqueza del idioma. La gente se impresiona cuando un gitano tiene estudios superiores, pero tienen la mala fama que siempre les acompaña. Recomiendo la película Vengo, de Tony Calif. Y eso me lleva a reivindicar el Mediterráneo como compendio de culturas árabes-Gitanas-Payas.

Los gitanos no sólo fueron perseguidos por los nazis, también en el franquismo se les aplicaban la ley de vagos y maleantes. Cualquier gitano que se encontrara en la calle acababa sojuzgado por esta ley usada en exceso bajo el franquismo. Muchos emigraron a Argentina, Francia y Estados Unidos, como por ejemplo Carmen Amaya junto a su familia.

Músicos, poetas, pícaros, culpables o inocentes, los gitanos son un pueblo que reivindica su lugar en el mundo. Estos gitanos de hoy no son como antaño.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Sol Linares

No todos los cíclopes nacen ciegos

Menoscuarto Ediciones. 2022

 

¿Contienen las células algo más que la información física del mundo?¿Incorpora la genética los errores humanos, los pecados inconfesables, también los éxitos, las emociones y las alegrías?¿Son los sueños una cadena de recuerdos del inconsciente?¿Acaso los mitos no poseen tanta veracidad como la ciencia, aun cuando sean formas diferentes de aproximarse a la vida?

Son preguntas que, entre otras, se plantearán los lectores a medida que se enfrentan a esta historia, que si nos la cuentan de otro modo resultaría quizá demasiado metafísica, pero que narrada como lo está nos va atrapando a medida que avanzamos en su lectura. La escritora venezolana Sol Linares teje un hilo con materiales provenientes de la mitología y la genética, también de la literatura, trenza palabras, genes e ideas, y el resultado es una novela que nos remueve hasta los tuétanos, que nos confronta a nuestro propio linaje, cada uno el suyo, con sus sorpresas, sus zonas insospechadas, sus terrores, y a esa herencia que forma parte de una identidad cuyos límites no podemos definir muy bien.

Es todo eso lo que relata la narradora, Flora Rodríguez de Mazzarri, doctora venezolana invitada por una universidad italiana, a sus contertulios en un hotel de Sicilia, a la vista del Etna, su acercamiento a la medicina, más en concreto a la genética, promovido sobre todo por ese primo que nace deforme e imposible para la vida, sin que la científica llegase a decantarse tras el descubrimiento si aquel cuerpo era una profunda confesión de los monstruos contenidos en la sangre o si, por el contrario, ese cíclope mantenido en un bote pertenece a la saga de Poseidón.

Obsesionada por la figura de ese feto, acude a la ciencia, al mito, a la literatura y a la historia para dar al final con una respuesta en el pasado familiar a todas luces tremenda, turbadora, desasosegante, pero que requiere de una enorme capacidad de clemencia y reconciliación con el pasado, tanto da que sea lejano o más actual. La novela, en tono confesional, narrado a la manera de esas confidencias a las velas de una sobremesa, se vuelve una metáfora de tantas situaciones de las que este texto puede convertirse en espejo. Sin duda, no dejará imperturbable a nadie, porque a todos nos confronta de un modo u otro a esas sombras que percibimos en nuestras propias vidas.