26º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NªLXX de la 2ª etapa/01-08-2012

 

EDITORIAL LXX

 

Editoriales y editores en un mundo cambiante: el ejemplo de Esther Tusquets

Resulta evidente que las nuevas tecnologías están cambiando el panorama editorial en el mundo y, por lo tanto, la difusión de la literatura. Han abaratado la impresión de libros y los nuevos formatos tecnológicos permiten una mayor comodidad en el acceso a obras nuevas, pero también clásicas que, de otro modo, mediante la publicación en papel, serían de difícil difusión porque al fin y al cabo la mayoría de las editoriales son empresas que han de procurar rentabilidad. Las bibliotecas electrónicas por su parte están difundiendo obras que, de otra manera, no se podrían difundir de un modo tan generalizado. En muchos casos, los archivos de bibliotecas públicas y de centros culturales importantes permiten el acceso incluso gratuito a obras de todas las épocas.

A todas luces, se trata de un avance. Sin embargo, la frivolización de la cultura a través de una sociedad del espectáculo sin muchas referencias, la concentración monopolística de las editoriales que, hasta hace diez años, divulgaban la literatura pero que ahora se mueven por criterios meramente mercantiles y la crisis ponen en peligro las posibilidades de las que hablamos. Por fortuna están apareciendo pequeñas editoriales que priman la calidad sobre los beneficios.

Ya hemos hablado más de una vez de la responsabilidad de las empresas culturales en la difusión de una cultura que sepa compaginar las diferentes facetas a tener en cuenta: profundidad, análisis, calidad, pero también entretenimiento, ocio, belleza. No son elementos incompatibles. Una sociedad que aboga por marginar la cultura y la educación a sus mínimas expresiones está destinada al caos, al fracaso y a la frustración.

En este sentido, este pasado mes de Julio murió Esther Tusquets, responsable de la Editorial Lumen. Formó parte de una generación de editores que compatibilizan sus tareas comerciales con la escritura y la difusión de la literatura. Al igual que Carlos Barral, Josep María Castellet o Jaime Salinas, heredó una gestión cultural que tuvo que recomenzar tras la Guerra Civil y que avanzó hacia los cambios de la transición. España estaba inmersa en una dictadura, sin embargo y a pesar de las dificultades, entre ellas una ruptura generacional tras la Guerra Civil, surgieron escritores y artistas, pero también editores que realizaron una labor encomiable y comprometida, y que aportaron, además, una estrecha relación entre la literatura de España y la de América Latina.

Las nuevas tecnologías, en efecto, brindan no pocas posibilidades, sin embargo lo importante es la actitud, volver a la labor artesana, humilde en el mejor sentido de la palabra y cooperativa del trabajo artístico. No necesitamos bambalinas ni glorias histriónicas, sino una labor continuada para compartir cultura.

 

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DIECISÉIS AÑOS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Ahora que ya nada me embelesa,

ahora que asusta el trasiego por algo,

ahora, nudo de ombligo me suda afuera,

por donde antes entraba ahora yo salgo.

Todo termina y todo empieza,

recordamos aquellos dieciséis años,

 las edades se mezclan como una trenza,

paraíso y nostalgia de los dieciséis años.

Alabamos a la inquieta ciencia

en este trayecto con la soledad al lado,

creemos que la vida es lenta

pero es una bala perdida en su disparo,

tenemos mera conciencia

de aquello por lo que hemos fracasado,

un desayuno, quizá una merienda,

una cena me mata el talento sudado.

Alíviame tú, tú, con alegría completa,

alíviame tú, con tu sonrojo sagrado,

alíviame tú, con tu verdad pequeña,

y haz de mi tragedia borrón negado.

De niños vamos a la escuela

con la bata de hilo y el plumier usado,

de niños todo es risa fresca,

abalorio de juego, y cortados labios,

de niños, la gente de la calle te besa

entre inocente suspiro y pétalo arrancado,

vámonos, vámonos que empieza

la curiosidad hueca de mis trece años,

vámonos, aunque vengamos de vuelta,

que el viento viejo sabio dará bandazos

dando portazos en las puertas abiertas,

a cada vida ingenua dieciséis portazos,

cruel es la vida si ya tropiezas

con piedra en el camino que te hará blando,

cruel es la vida que empiezas

con la burla cruel del niñato amargo,

se me queda un dolor de sutilezas

que brota como flor de tallo largo,

se me queda un dolor donde empiezas

y acabas dejándote el resuello enjaulado,

la mala baba, la maldad me templa

aquella valentía por donde cruzaba ancho,

todo termina y todo empieza

en el oscuro invierno, al nacer hay llanto.

Todo termina y todo empieza

entre repetido almuerzo y el mismo cuadro,

Todo termina, todo comienza,

Todo queda en la ceniza de los dieciséis años.

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Tierra Roja

 

El aire se llenó de tierra roja, una enorme niebla tensa y purpurea que lo oscureció de pronto todo y que convirtió el sol en un enorme círculo anaranjado. El viento seco y ardiente empujaba aquella masa de tierra hacia el sur y nos ahogaba. Todos avanzábamos con pañuelos pegados a la boca y a la nariz que mojábamos en agua o en colonia para evitar que las granos de arena y de tierra nos agarrotaran todavía más los pulmones. Las calles de Bissau se llenaron de coches que circulaban lentos, en un caos absoluto que aumentaba todavía más la sensación de fin del mundo. Al menos es lo que sentí en esa mi primera experiencia de una tormenta de arena procedente del Sahara, que me hallaba a todas luces ante el final del mundo.

Nemas me tomó de la mano y me guio en un momento en que ya apenas veía porque los ojos se me habían tapado casi por completo debido a la irritación que me producía la arena. Manga de areia, me dijo casi en susurros. Muita areia, sim, la respondí. Llegamos por fin al barrio de Antula donde vivíamos. Me sentía cansado por aquella marcha de más de dos horas desde el centro, cuando aquella distancia la recorría en menos de una hora en condiciones normales. Entrar en casa fue librarnos del aire caliente, de la atmósfera arenosa, de la asfixia, del caos reinante por todas partes, un rincón de paz, pensé, que existe en todo infierno. Vi mi rostro en el espejo del cuarto de baño y comprobé que había perdido mi color bronceado aunque pálido pese a todo, ese tono de los blancos cuando toman mucho el sol apenas sin cuidados y se tuesta la piel sin estar del todo moreno. Ahora estaba mi piel enrojecida por el polvo desprendido por esa tierra rúbea que lo invadía todo ahí fuera y que se mezclaba con el sudor. Miré a Nemas que se había sentado en una banqueta del pasillo, junto al cuarto de baño, y la mezcla de su piel negra y el polvo purpureo le daba un aspecto misterioso, entre humano y mitológico. Deusa africana, murmuré, más para mí que para elogiarla, y ella me sonrió y sus dientes blancos y sus ojos grandes se remarcaron todavía más en medio de aquella piel que adquiría ahora un color extraño.

Tus ojos son estrellas

En la noche de tu piel.

         Eran versos de mi época de mal poeta. Sonreí al recordarlos, aunque no lograba rememorar el poema entero escrito, si no recordaba mal, para seducir a la bella bibliotecaria de la Universidad de Burdeos. Pero de aquello ya hacía mucho tiempo. No tanto en realidad, pero ya apenas recordaba el tiempo anterior a Bissau. Tampoco los quería recordar. Nunca tengas nostalgia del pasado, fue un consejo que me di en cada cambio de vida, cambio radical y necesario e incluso obligatorio por esa tendencia mía al caos no deseado, porque mi vocación no era en absoluto la de complicarme la existencia, pero acababa siempre embrollado sin solución y mi salida solía ser la huida ante una vida que se me caía en pedazos.

Maldita sea, pensé, incluso lavarme la cara se me vuelve un ejercicio de autoanálisis. Has leído demasiado a Jüng, farfullé cuando vi mi rostro ya más pálido, desprovisto del polvo rojo que se mezclaba ahora con el agua del lavabo. Salí del cuarto de baño para que Nemas pudiera lavarse y bebí agua mientras contemplaba a través de la ventana la calle. La luz de la tarde, por lo general radiante y clara, era ahora apenas una semipenumbra, como si estuviéramos a punto de la anochecida. Delante de casa no había coches, pero muchas personas parecían vagar, perdidas, tapados sus rostros por pañuelos tintados con el polvo rojo que inundaba todo el aire. El fin del mundo me pillaba en el rincón más recóndito del planeta, una esquina en la que me escondía de mi vida, aunque a ciencia cierta, me pregunté, no sabía muy bien de quién o de qué. O no lo quería saber. O me sentía incapaz de saberlo. Llevaba casi un año en Guinea, había llegado casi por casualidad, antes ni siquiera era capaz de situar aquel país en el mapa y ahora podía creer que toda mi vida había transcurrido en aquella caótica Bissau. La suerte o el destino, la voluntad divina o mis propias gestiones, tal vez la mezcla de todo ello, me habían permitido comenzar a dar clases de francés en una escuela católica y los padres de una alumna aventajada lograron la obtención de mis papeles que me brindaban no poca estabilidad. Era, bromeé, la vida al revés, un blanco que conseguía su residencia en un país perdido de África, y todo eso sin que me preguntaran mucho de mi pasado y menos aún sin que me acusaran de quitarle el trabajo a algún nativo deseoso, por otro lado, de emigrar a cualquiera rincón de Europa.

Nemas fue mi apoyo para aliviar la soledad. Aunque sabía poco de ella, ni tampoco ella sabía mucho de mí ni preguntó, en todo caso salía yo ganando, apareció un día por mi vida y se quedó a vivir conmigo. Nos brindábamos compañía, cariño y algo de sosiego, todo lo cual era sin duda importante. Mi vida por lo demás pasaba entre mis clases, la lectura que me permitían las respectivas y enormes bibliotecas del Centro Francés y de la Universidad Amílcar Cabral, con cuyo departamento de lenguas y letras colaboraba, y Nemas, mi tercera pata, las tres importantes, pero sobre todo ella por la acomodaticia estabilidad que me daba esa bella y misteriosa muchacha, aunque barruntaba que allí, en medio del barrio de Antula, sin ningún otro residente blanco, el misterioso era sin duda yo.

Sin embargo, la tormenta de arena me había despertado no poca zozobra, como si de pronto el caos que se producía fuera se reprodujera también en mi mismo, en mi interior, y me sacara de pronto las dudas que mantenía muy dentro de mí. Detestaba carecer de referencias, de estabilidad, de sosiego. O tener que huir de todo aquel caos. Mi vida era un trasiego cuando lo que había deseado toda la vida no iba más allá de la normalidad más absoluta. Cómo había acabado en ese rincón del mundo, qué estaba haciendo allí, por qué había estado deambulando de aquí para allá cuando lo que siempre había precisado era no salir de un mundo referencial en el que, sin duda, hubiera sido feliz.

Hubiera sido feliz, murmuré y entonces sentí la mano húmeda de Nemas que se posaba en mi hombro. Me habló de la tormenta de arena y me dijo que pronto acabaría, en dos o tres días. A ella no parecía impresionarle aquella atmósfera asfixiante ni esa tenebrosa luz que se había impuesto de repente por todas partes y que causaba un efecto enervante en la vida colectiva, aunque los habitantes de la ciudad parecían persignados a sufrir el ahogo del aire y la tensión de las calles.

Acaricié su nuca, su pelo rizado, su suave piel del cuello, la dulce textura de sus hombros, acaricié su barbilla redonda, casi elíptica, mientras surgía de algún recóndito lugar de mi memoria la causa que me había llevado a ese rincón del mundo, que me había hecho huir, vagar como Caín de un lado a otro, aunque protegido también por un distante Dios amparador. El tono rojizo de la tierra pugnaba por recordarme la sangre vertida, el crimen cometido, mi culpabilidad nunca reconocida y que ahora no quedaba más remedio que asumir. Vi mi reflejo en el cristal de la ventana y, al trasluz, me costó reconocerme.

Juan A. Herrero Díez

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ÍMPETUS

Por Rodolfo Leiro

 

Aquel paso jovial de adolescente

que tatuara mis ímpetus primarios,

en el plexo de ritos calendarios

y en tapices de sueño prominente;

un pañuelo de cuello, displicente,

clavel en el ojal, rizos plenarios

hurgando los carmines en glosarios

de besos en un círculo turgente..

¡Oh! tiempo de mi labio sugerente

para estallar la boca confidente

en el fatuo calor que me embargaba;

la respuesta cordial o ambivalente

no siempre fue ese guiño preferente.

¡Mi corazón aquel, fuego y aldaba!

Construido a las 18,35 del

30 de junio de 2012 para mi

Libro “Hebras de Plata”

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                   DAR/WIN

 

“Las mariposas oscuras sobreviven sobre las cortezas oscuras…

          las mariposas oscuras sustituyen a las mariposas claras…”

                                           Mahlon Hoagland, Las raíces de la vida.

 

 

Y si naces mariposa en Birmingham

-la terca vida impone sus reglas-

todo se reduce a adaptarse

o morir;

 

negras deberán ser tus horas

para la ilusión de la hora nueva.

 

El fósil árbol que te ampare,

el hollín en que te conviertas

 

tendrán el color de un cielo

que espera

 

Mariano Shifman

 

(Del libro “Punto Rojo”, Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, año 2005)

 

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A Vicente Huidobro

 

 

 

Sobre “exhalar alondras como suspiros”,

enseñaba Vicente

desde su ingravidez,

desde su tanta altura.

 

Selectas alas tuvo

sueltas de ligaduras

velocidad de vuelo.

 

Sin áncora en sus letras

y jamás sumergido

en sombras submarinas.

 

Inventor de claveles

que en la mente se agitan

con brisas mañaneras

o en  lecturas nocturnas.

 

Van marcando caminos

lucernarios de tinta

universos de estrofas

que desfilan, etéreos

por todo el cuarto mío.

 

Por emigrar a alondra

suspire su poesía

volé, volé, volé

sufrí amnesia de tierra.

 

Ahora soy extranjera

y me duele horriblemente

la planta de lo pies.

 

Andrea F. Bermúdez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR GONZALO SALESKY

(EXTRAIDOS DE SU LIBRO: ATARAXIA)

 

SOMOS ESPEJOS

 

 

No seré un lobo perdido en las estepas

ni es tu deseo de almíbar mi destino.

Tampoco el sol deja ver las estrellas

si en cada lágrima no finges el olvido.

 

Como no queda ya nada en qué creer,

la vida pasa. No encontrarás tus sueños

porque en la noche en que ardió tu corazón,

no lo escuchaste. Sólo somos espejos.

***

 

DILUVIO

 

 

Una botella al mar, una plegaria…

es triste ver en qué me he convertido.

La sombra en los espejos, la espina en el ojal,

aquello que se lleva siempre dentro.

 

Un lápiz invisible o la tormenta

que encuentra su razón en el ocaso.

Allí, en la incertidumbre, te esperaré despierto,

sabiendo que me ignoras todavía.

 

Mi vida sin promesas se escapa

del lugar que ocupó desde hace tiempo.

Mi espíritu se queda sin aliento,

las ganas de volar pudieron más.

 

Hoy la distancia entierra hasta mi nombre

y al regresar parezco, más que nunca,

ese diluvio anunciado desde siempre,

aquella página que alguna vez fue tuya.

 

***

SILENCIOS AJENOS

 

 

Librando batallas que nunca fueron mías,

soñando que lucho contra tu ignorancia.

Pensando que -a veces- nada importa tanto,

callando lo que antes todos sostenían.

 

Volviendo a dudar de tantos presagios

y esculpiendo a gritos silencios ajenos.

Todo será igual, ayer o mañana,

si sigo, con fuerza, seduciendo espejos.

Si sigo nombrando mi culpa en el viento,

buscando tu abrazo por la madrugada.

***

 

MUY LEJOS

 

 

Me sentiré un idiota,

tu perfume se irá con el silencio

muy lejos.

Tus sueños se llevarán mi vida,

tu alma que buscaba utopías…

tu cuerpo, tan vacío de mí.

 

¿Paciente valentía

o luminosa sombra?

Tu espectro me condena.

Acorto las distancias

con otra gran derrota;

sé que no tengo pruebas

y que lejos, muy lejos,

se irá todo de mí.

 

***

TIBIEZA

 

 

Todo este tiempo, fugaz e interminable,

dejó mi espuma bañando tu guarida.

Descubriré mi ser en tus rincones,

ya no quisiera que sientas mi tibieza.

 

Me alejaré del vértigo y las dagas,

de la distancia que alega cercanía.

Más allá de tu silencio cómplice,

espero tropezar con la respuesta.

 

***

OCULTAR EL ALMA

 

 

La sed no es arte, sólo es lo que me queda

cuando no encuentro retazos en el viento,

pedazos de mi sangre,

mastines que velen en mi duelo.

 

Bajo la lluvia espera nuestro sueño

y el ansia de saber, mejor que nadie,

que los años pasan,

que la vida es esto.

Que todo es mentira y nada nos queda.

Porque es mucho más fácil

ocultar el alma que mostrarla a gritos.

 

Nada cambiará,

ayer o mañana,

si seguimos siendo tan poco,

tan grises,

embarrando espíritus,

volcando la luna en otros espejos.

 

¿Habrá salida eterna? ¿Llegarán

las hordas que presagian agonía?

Hoy el camino existe y es inútil,

me entregaré a una vida sin promesas.

 

***

GRIS

 

 

Olvido mis orígenes

cada vez que despierto.

Sueño destinos de grandeza,

victorias nobles,

épicas derrotas.

 

Pero de día, mi vida sigue gris.

A pesar del milagro y los naufragios,

mis cicatrices se cubren con silencio.

 

***

FUEGOS DE ARTIFICIO

 

 

Sin pasado ni memoria,

las máscaras son muchas.

Los fuegos de artificio disimulan,

esconden fiestas vanas,

vacías de sentido,

huellas de sangre borradas por el viento.

 

Segundo a segundo,

las pantallas hipnotizan.

Ahora somos una ciudad dormida,

un pueblo alienado

que sólo ensancha calles.

Derrumbando la historia

entre cejas hambrientas,

décadas tormentosas,

sombras entre recuerdos…

 

Ojos que miran, ardientes,

la pasión oculta de las víctimas.

¿Dónde fueron los gigantes? ¿Cuántas luces

partieron en una sola noche?

 

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Textos concebidos por Rolando Revagliatti a partir de “Rol de Cornudos” de Camilo José Cela, “El cuerpo lesbiano” de Monique Wittig y “La pipa de Kif” de Ramón del Valle- Inclán.

 

 

“ROL DE CORNUDOS”

 

 

A buscarse en la resumante especificidad

y exquisita consistencia

en tal constelación y refriegue

humanísimos

al principio aflora el acaponado

y florece luego el bragazas

y no nos damos cuenta y pisamos un poquito

al floripondioso cagón

 

Sí avisamos al de confiada evidencia:

en el fabuloso jardín no faltará el escamoteado

el fogueteiro, el gótico flamígero

en sus macetas, sin salirse, predestinados

retoñantes, en sus canteros, con las respectivas

y confusas o epigramáticas traducciones al

[pima-papago

al familia ges, al charrúa, al familia tupí-guaraní

en carteles retorcidos por el sol

expuestas las variedades a miradas

[serviocroatas y rumanas

y tropezones escoceses, indodravídicos y suahelíes

en venta, en alquiler y hasta en conquista los

[variopintos

hurtables, coleccionables

para eventualmente exhibirse en paquetas vitrinas

Aun el más suburbano

cada cual un espejo florido

hiperclorhídrico

inasequible al desaliento allí lo posee

si sociable, el jonjabero

(podrá con él reírse a sus anchas)

si conciliador, el krausista

si olfateable, el lavándula

 

Hay variantes de las variaciones

castizos desde luego muchos

y con motes tales: meapilas

(y van por lo menos dos con deyecciones)

nazi, ñiquiñaque, otorrinolaríngeo, por

    [usucapión

o prescripción adquisitiva

 

Ya lo veis, nadie podría quedarse sin alguno

nadie podría quedarse sin ser por accidente,

[alguno

alguno es vuestro o alguno sois

por transparencia o por desidia

o por tantas y tantas

hay que encontrarse

insisto, estetas

podéis recrear modelos, tomar de aquí y de allá

añadir, comprimir, suturar

 

Trazo para los cronistas este mapa gentil

conoceréis más tarde el exhaustivo

que encararéis lineal o atravesadamente

libres sois para pecar y comprender

(atados por vuestra inalienable condición)

sois vosotros mimados en este jardín interesante

que devino museo por el quiritario, el

[reconcomido

el susceptible de contagio de amor

el tránsfuga del buen sentido

para obsequiar a celosos y celados os

[recomiendo al ultra

(en dosis morigeradas)

el vivalavirgen (por ese no sé qué de equívoco)

el wagneriano (señero)

el xifoide (ver  página doscientos siete)

el yambo (ver página doscientos once)

y el zurriburri (ver página doscientos dieciséis).

 

 

*

 

 

“EL CUERPO LESBIANO”

 

 

Las ingles

en las encrucijadas

(y en la actualidad

de estas mismas arenas)

 

Los talones

por  preciosismo

de esos miembros del ala

a cargo de la ambulación

 

La sangre

por inherente a lo conectivo

entre las regiones convalidadas

por sus

secuaces representativos

 

La lengua

por desplazamiento de su población

persuadida de la necesidad

de los desmanes

 

El clítoris

por arraigo

la linfa

por sistema

las supuraciones

por energía

los brazos

por destino.

 

 

 

*

 

 

“LA PIPA DE KIF”

 

 

En este libro de lona

crea un circo

 

En este circo crea

y administra

su libro

 

18 poemas en la arena.

 

 

*

 

 

Julio 2012

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullá

POBRECITOS LOS MINEROS

 

Pobrecitos los Mineros

Que no os hacen ni puto caso

( Sois una mina de noticias

Una mina de enredos

Una mina de recuerdos y de datos:

“Ha estallado o reventado la mina”

“Lo ocurrido es un suceso grave

Que venía preparándose”

“Habéis prendido fuego a la mina”

Y entre el humo y las llamaradas

El recuerdo de Francisco Mina

Célebre guerrillero navarro

De la Guerra de la Independencia

Que se puso, más adelante,

De parte de los insurrectos mejicanos

Y habiendo caído prisionero

De la tropas reales

Fue fusilado.

Francisco Espoz y Mina fue su tío)

Las filtraciones de vuestro río de lucha

No minará el edificio

La lectura de vuestras proclamas

Irán minando, qué pena¡

Vuestras propias creencias

La enfermedad social

Irá minando, está claro¡

Vuestra robusta naturaleza

Pues estamos en una reino de Asnos

Vuestro espectáculo es grotesco

Y anima a los esbirros, sayones y esquiroles

A reír en vuestra cara y decir:

“Qué guapos aparecéis en la prensa

Y en los medios con la cara con carbón pintada

Qué lindos y qué majos

Qué de recuerdos nos trae

Vuestro teatro de calle con palos

Tirachinas

Y maderos incendiados

Qué sueño de barricadas

Y  escabrosas escalinatas

Estáis bajo patada de un Messi o Ronaldo:

“A por ellos, olé, A por ellos, olé…”

Vaya cagada, qué asco¡

O en la arena del ruedo embistiendo de la muleta

El rojo trapo

La Sociedad os mira de reojo, de largo

Al Vaticano les importáis un bledo

Y para el Capital sois escombro

Basura

En el espulgadero del Congreso

Ya veis: el mandamás de viaje

Al G-20 o +Río

Con amigotes y suscriptores

Invitados al Bono fullero entrando al trapo

El rey al entierro de un “Mahara”, Maharajá

Los príncipes tostando pan

Y llevando barquillos y obleas

A bendecir ante el altar

De San Antonio de la Florida

Que no el de Padua

Descifrando si la mandarina

Es la lengua sabia de China

O cierta clase de naranja

Pringaos, se están riendo de vosotros

A espuertas

Pensadlo bien

Vosotros que vais cayendo como Espronceda

A los 32 años

Fundad un partido político

Entrad en la Cofradía de los Vagos

Con paga vitalicia

No seáis tontos del culo

Que no os queda otra salida

Del túnel de la mina

Que meteros en partidos borriquistas

O tocando los horizontes del Asno

Llenad los conventos y seminarios

Y ya que no podéis ser futbolistas

Haceros pistolos o seguratas de supermercado

Pues sabed que otro mañana

Daréis a vuestros hijos hostias y palos

Recordad que el dios del Vaticano es don Dinero

Echad espumarajos por la boca

Que aquí lo que vale

Son los espumeros

Sitios donde se junta agua salada

Y se cristaliza o cuaja

Los campos de verde yerba

Donde rumian las Jumentas y Jumentos

Rebuznando “A por ellos”

O la chupa de la arena del ruedo

Estáis abocados a pertenecer

A la Real Congregación del Carajo

O haceros frailes o misioneros

Que hay que “evangelizar esta España de exterminio

Falsa, adulterada

Degenerada de su origen verdadero”

Como cantan de clerecía los sermones

Y en las campanas los badajos

Porque si no os veo

Entrando en las Casas de Acogida

O guardar cola

En los comederos solidarios

Espurreando, rociando con un líquido

Expeliéndolo por la boca

El no querer bajaros del burro

Bajaros, pues ¡

En pocos días seréis testigos eficaces

Del carisma profético

De vuestra fidelidad al Capital:

Seréis beatificados por el Papa

Y el mismo banco ambrosiano os canonizará

Saldréis todavía más

En todos los medios

Con cada uno de vuestros puntos diversos

O de la serie de cuestiones relativas

A un mismo tema

Que se ponen a la deliberación

De un concilio

Escribiréis el segundo Capítulo

Detrás de los Altos Hornos de Vizcaya

Y los Astilleros de Sevilla

Por eso

Trepad, os digo,  a los bancos del Congreso

O al paraíso clerical

Desde las orejas largas hasta el rabo

Todo está atado y bien atado

Y a disposición de los Asnos

El Rebuzno está limitado por Decreto

Reflexionad que el trabajo que más vale

Es el de los vagos y maleantes con dinero

Y el divertimento más bueno

Reír y gritar borrachos

Las patadas a un balón

O ver morir al Berrendo

Toro manchado de dos colores

Por la espada acribillado

O creer en fuegos fatuos

Y cantar saetas

Vais y vamos  de culo, hermanos

Quedando con la gloria de recoger el testigo

Del espectáculo

Y aprender que el Rebuzno que más vale

Es el Rebuzno por las urnas avalorado

No os veo con toga, corona

Ni cerquillo ni charretera

Galones ni fajas

Yo os veo de guardaespaldas

O seguratas en supermercados

Y lo más seguro

Gracias al préstamo del Banco de Europa

En la construcción que ya reclaman

Las ciudades, las villas

Los cortijos, las aldeas

Y piden a gritos

Los grandes Asnos de nuestra Tierra

Cultivad las propias facultades intelectuales

El trato social

Y aquellos conocimientos

Cuya posesión pule y afina el carácter

Los sentimientos y los modales

Con cultura de Asnífluo estilo

Rebuznad, pero Rebuznad

Que lo pide el verde césped del campo de fútbol

Y la arena de toriles

En el redondel del taurino foso.

 

-Daniel de Cullá

 

***

 

CASTING EN LA FACULTAD DE ECONOMICAS DE LA UBU

 

Jesús y Yo

Ayer fuimos a un casting

En la Facultad de Económicas de la UBU

Invitados por Lucía

(Qué bella y maja Lucía

Qué yogurcito

Cómo me gustaría yacer con ella

Besar el cielo de su paladar entre cuatro labios

Tocar su campanilla

O picha de las chicas a sagrario

Haciendo música

El Santa Lucía napolitana

Con rasgueo floreado

Una vez que haya salido el dedo índice

Del cuajo

En su Trompa de Falopio tocando

Y estrellando mis dos huevos

Con canuto de capullo labiado

Rompiendo la lechetrezna contra el sarro)

Más hablemos del casting

Veamos:

El director de escena

Un chavalote de Xixón muy guapo

Nos dice que tenemos que hacer

De amantísimos esposa y esposo alternando

Mientras nos graba una cámara

Sin pìlas, creo

De tres perras a cuatro

¡No importa¡ pues nosotros dos tenemos chispa

Para esto y otro tanto

Comenzando Yo como amada esposa

Y Jesús como el Amado

Y sabed que estoy esperando intranquila

Pues soy una selosa muy selosa esposa

Y el se tarda demasiado

Acabo de plancharle el calzoncillo

El pantalón y un saco

¡Cómo me gustaría plancharle el rabo

A este hijo de la gran puta

A quien yo amo

Que hoy de seguro

Ha vuelto a hacer de las suyas

Apuntándose horas extras en el nabo

Y no me valen las excusas del fútbol, los toros

Ni en la terraza la cerveza y el tabaco

Que mi Amado es un grandísimo putero

Un mal nacido y cabronazo

Que por eso mi suegra me dijo un día:

–      Este hijo mío, hija mía me nació retorcido

y lo primero que enseñó naciente, ¿sabes?

Fue el pito

Mi Amado es pescador de coplas

Tiene el carnet de Medio Ambiente

Para pescar en los ríos y en los charcos

También trabaja la forja artística

Que por eso me la metió doblada

E hizo que el palomo de hierro que le chilla

En la punta del capullo

Me echara su lechada

Para poner mi tripa así de grandota y basta

Como veis

Mi madre ya me lo advertía:

-“ No te cases con ese hijo de la gran puta

Que te la meterá doblada”

-“Madre, yo le replicaba

Quiero un hombre que me haga sufrir

Que me haga llorar

Que me enseñe con la polla

La tabla de multiplicar

 Y que me haga un revuelto de huevos y seta

Entre las bragas”

-Pues ajo  y agua, hija mía

A joderse y aguantarse

Que a la campana de la Catedral

Se le ha caído el badajo

Y está soñando en tu vientre de niña

El príncipe con el que follabas

Pero qué indignada estoy, vaya

Mi marido no se merece tanto

Él es un boyero

Desde San Miguel a Mayo

Pero yo deseo su leche y savia

Para mi yerba y buen tempero

Que sabéis que por Mayo, era por Mayo

Cogí la ganancia y hoy volveré a ganar

Otra soldada por el ano

Porque a mi Amado no le gusta

Metérmela preñada

-“ Dios te guarde, hija mía

Recuerdo otra vez las palabras de mi madre

Y yo le respondía:

“Madre, si no eres de Glande”

Brama la vaca que llevo dentro

Y hace mucha prisa de los huevos

Al hígado

Pienso en voz alta:

Cabra sido, cabra sido

Mi marido fue al trabajo y no ha venido

Cabra sido el muy cabrón

Más, silencio

Que ya se acerca mi Amado

Jesús:

-“Hola, mi amada esposa, querida

¿Qué tal te lo has pasado?

– “Pues ya ves, hijo de la gran puta

Caracola, calvorota, cabezón fetal

Aquí tirando sola

Para tenértelo todo preparado

Planchada tu muda

Y la comida en el plato

Como puta por rastrojo

Y en Cuaresma

Mientras tú, putero de mierda

Siempre estás de Pascua

Malnacido, narizotas, carabobo, chupacrabas

¡maldita sea¡, tienes carmín en el cuello la camisa

Y estos pelos de pubis de puta

En la bragueta, mira

Además, das matraca a las del Carmen

Que por eso te llaman

“mudado de polla”

Eres un ladrón de conejos

Una raposa

Eres un potro cordobés en Burgos

Con ese tu potranco caño

Que echa leche por la boca

Y das nombre

A la plazuela y barrio de Córdoba

Que por eso cuando bajas a ella

Las sultanas  todas putas me cuentan

Que eres taimado y fino bellaco

“Es del Potro este marrano”

Tienes la polla atada a la escabrosa tahona

Con tu babear en mi linda Raja

Has hecho astilla de Castilla en Ascuas

Que por eso eres de Segovia

Pero ahora te vas a joder, mamarracho

Porque mi fruta de la India

Provocativa a lujuria

No la vas a comer

A no ser que quieras la erección alegrarte

Con piñón a Ojete

O caracol, o cantárida

Déjame entre las manos

El asnífluo discurso de tu polla

Que ahora, ¡vaya gracia¡

Encima debo de estar contenta

Pues tengo una fuera y dos adentro

– ¿Te has tirado un pedo, macho?

 Pero qué haces tío guarro

Qué asco, qué olor

Mal venido

Mula galiciana, Asno bien falso

-Mira, querida, a pedo galiciano con la polla en la mano

 Callan y se escucha esta canción

en un móvil sonante:

“Al coño voy

Del coño vengo

Sino son amores

No sé que tengo

Ando en Burgos

Fiestas patronales

Con mi ballestilla

De cazar pardalas”

-Valiente pardal eres tú, hijo de la gran puta

Alcaraván que metes la polla

Entre los cuatro labios de la Vulpeja

Y, ni corta ni perezosa

Yo con la plancha ardiente en la mano

Voy y le plancho la erecta polla

-Ay, gritó Jesús, el Amado

Haciendo verdadera la sentencia

De Eurípides, poeta griego:

“Reniego de la puta

Que para sí no es puta”.

 

-Daniel de Cullá

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por María Isabel Bugnon

Guitarra

 

Esa mujer legendaria,

Que paso como una heroína

Imaginaria, yace  dormida

En un rincón de mi cuarto.

La guitarra, fiel  compañera

De alegrías y tristezas.

 

Ya no despliega su ternura

En suave armonía,

En su momento fue lira

Que mis alargados dedos

Pulsaron fecundando

Esas fantasías de amor y placer.

 

Fuiste la amiga inseparable,

En esos momentos en donde

La inspiración  se adueñaba de mí,

Tus acordes melodiosos arrancaban

Versos  que quedaron escritos

En blancas palomas con tinta de luz.

 

Dios y rey

 

Dios entre los dioses,

Rey entre los reyes.

Eres esta loca pasión

Que enloquece a mi corazón.

No me conformo con amarte,

Aunque la distancia nos separe,

Las letras siempre nos unirán,

Es tanto el amor que siento por ti

Que mi corazón brinca de júbilo.

Aun sin tocarte, Sin  verte

Llenas mi alma de locura y pasión.

Este loco amor es brasa encendido,

Luz en la oscuridad, sol  de la mañana.

Haces que el viento eleve mis pensamientos,

Los deje volar  buscando esa lejanía,

Ese embrujo de amor un poco loco y bohemio.

Eclipse

El corazón en llamaradas,

Los pensamientos,

Acarician sin tocar,

Perciben el fuego de tu piel.

Eres como las olas  del mar,

Cuando embravecidas se acercan

y se van.

Eres turbulencia, un  loco frenesí,

Deseos de amar.

Eres como un tsunami arrasando

Las costas vírgenes.

En tu rostro  se deslizan

Lagrimas de placer, alegría.

Eres la fresca mañana

Que junto al trinar de los pájaros

Embelezan mi corazón y mi alma.

Los gemidos son el eco de sensaciones,

Como si fuéramos animales salvajes,

Fusionados tú y yo en un eclipse

De locura y placer.

 

 

 

En el taller

 

En los talleres del universo,

La brisa va tejiendo

Con luz de luna

Este amor que crece día a día.

Dejando estela de estrellas

Sobre las mansas aguas

Del río, van  acariciando

Sutilmente las barrancas

Del Paraná.

Los camalotes  río arriba

Van llevando mis sueños

Dormidos en la flor del Irupé

Que danza en un murmullo de quimera.

Entre  cortes y quebradas

Nunca  me arrepentiré

De haberte amado tanto.

La tristeza de tu olvido,

Laceró mi corazón,

Sumiéndolo en un doloroso llanto.

Te vi bailar aquel tango,

Con cortes y quebradas,

Tú estampa arrabalera,

Cautivo mi corazón.

Esa noche entre cortes y quebradas

Te entregue mi corazón,

En ese rosal de amor, fuiste  el colibrí

Que libo el más dulce perfume a mujer,

Para después echarte a volar.

Fuiste en busca de otra flor,

Embelezándola con tu hermosura,

Haciéndole creer en un amor engañoso.

Ten cuidado, que  entre cortes y quebradas

Encontraras una  falsa pasión,

Allí te adras cuenta  que te llego

La hora de pagar tanta traición.

***

Señor, ¿un ramito de rosas?

 

Desde que su mama emprendiera ese largo viaje sin retorno, vivia con su papa y la nueva pareja.

Era muy niño cuando empezó a recorrer las frías calles de su ciudad ganándose la vida  con sus ramitos de rosas.

Ese día como todas las mañana se levanto de la cama  con las sabanas sucias con olor a humedad  que dejaban al descubierto  que hacia muchas semanas  que no se lavaban.

Fue al baño, se lavo la cara, el espejo  le devolvía un rostro curtido  por el frío de los inviernos.

Sentía una sensación rara en su cuerpo, como si algo pasaría, el  grito de su padre  diciéndole ¡dale,  apúrate, que  se te hace tarde! Lo vuelve a la realidad, tienes que vender todo lo que llevas en la canasta vago y no pierdas el tiempo  haciendo relaciones  publicas que no estas para eso, si no para traer el sustento diario para tus hermanos.

Termino de asearse ,toma  su canasta  llena de ramitos de rosas  salio rumbo a la terminal de colectivos, en  el trayecto  fue vendiendo  los ramitos, los  ofrecía al caballero  sentado en la mesa  del bar quiso tener  una atención con su ocasional compañera.

Cuando llego a la terminal  ya tenia la canasta vacía, la dejo como al pasar detrás de uno de los bancos  allí existente,subio al micro ,miro con algo de nostalgia por la ventanilla  la ciudad que lo había visto nacer ,esas calles que recorría día a día  con un dulce silbido colgado de sus labios .

Emprendió un viaje sin saber a donde iba, en  sus oídos todavía  resonaban las palabras de su padre ¡No vuelvas hasta que no vendas todo!

Hoy Martín es un niño  de la calle, deambula  de ciudad en ciudad, durmiendo en el banco de alguna plaza, la luna y las estrellas lo cubren con su manto de luz.

El sol de la mañana calienta sus manecitas  curtidas por el frío.

Así vive martín, en la calle, con todos los peligros que ella alberga.

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Elsa Solís Molina

 

El elegido

No todos fueron historia, ni valientes ni elegidos. Algunos montaron barcos, huyendo hacia otros caminos….
Padres hubo que la historia de una España valerosa, no los tuvo en su destino… Barcos con niñatos recios, para juergas , sol y vino,
exportaron subrepticios, a cobardes mantenidos….Por eso brilla fulgente, La historia del elegido, junto a soldados valientes
que aceptaron su destino ….Y el mismo Miguel  relata, en alta voz y sonido, «Aquí echaremos raíces,»·(fué su muerte y su destino)
Y es el orgullo de ESPAÑA, su valor fuerte y perenne, «Y la muerte se sintió, orgullosa de tenerles»

***

 

 

Casa vacía

Casa vacía, paredes que el muzgo ganó y siguió creciendo dentro de dos almas separadas..
Risa que quedó vibrando entre lágrimas ocultas…¿Será más valioso el ideal ? ¿O el amor que la risa eleva,
o el brillo de su mirada…que solo quedó en el recuerdo de la soledad elegida?
Pero el alma, puede viajar y llevar  consigo los recuerdos mutuos que se esfuman
en el abrazo de los sueños…Sólo detrás de los montes solitarios o entre las rejas de su celda,
percibe el brillo de sus ojos, el perfume de sus besos, la cárcel de su renuncia….
Y aunque su ideal lo sostiene, Sólo la muerte, será su compañera.

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Jordi David Abellán

 

 

Romper

Yo quiero romper con el pasado y encontrar cosas nuevas ha hacer. No quiero lastimarme con las púas de las zarzas que han crecido en el camino descuidado de mi vida. Estoy harto de tanto no hacer. Quiero mas “me gustaría conseguir” desearía llenar mi vida con experiencias nuevas y enriquecedoras. Basta ya de remordimientos sobre un pasado que ya no puede volver por mucho que quiera que fuera otra vez presente. No puedo resignarme y sentarme ha esperar que me toque la lotería hasta para eso hay que moverse por que sino vas a buscar el boleto no te tocara nunca. Pues en la vida es lo mismo hay que ir a por ese boleto ganador y solo se puede ir actuando en tu vida. No se puede esperar que otro te lo traiga eso no es vivir es derrochar tu tiempo en pos de algo que sino te motivas no se hará realidad en tu vida. Para ganar hay que apostar y ese apostar quiere decir que tienes que andar cayéndote y vuelta a levantarte así es la vida una apuesta al caballo ganador pero no sabes a ciencia cierta si será el tuyo hasta verlo cruzar la meta o metas de tu vida.

 

Y ahora digo no

 

No no pido sueños inalcanzables. No es fácil créeme decidir por mi mismo pero considero que  tengo el  derecho a ser feliz. Primero yo y por siempre quiero ser yo lo mas importante de mi vida  Ya no quiero mas sueños dictados por otros. Ahora soy primero yo.

Y ahora digo no,  no ha esperar que los otros decidan por mi  por primera vez primero yo ya no quiero mas dueños solo uno solo yo. A partir de ahora en adelante primero seré yo y no una replica de lo que desean que haga con mi vida por mucha buena fe que pongan en pensar por mi.

 

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25º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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25º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIX de la 2ª etapa/01-07-2012

 

EDITORIAL LXIX

La sociedad del espectáculo

 

Ya lo habíamos comentado cuando la Copa del Mundo de Fútbol, sin duda este deporte es todo un fenómeno mundial, el más global seguramente de los acontecimientos sociales, y sin duda uno de los más mercantilizados. No deja de ser una metáfora del mundo. O una forma de conocer el estado del planeta. Lo volvemos a ver ahora con la Copa de Europa, el (mal) llamado Viejo Continente se lanza al espectáculo, se establecen los ritos tribales-patrióticos alrededor de un grupo de millonarios que recogen las aspiraciones y no pocas frustraciones de una Europa en crisis.

No queremos caer en la ridiculización del deporte en general, del fútbol en particular. Reconocemos que hay pasión, que hay atractivo y hasta belleza en el afán de superación, en la coordinación de las personas que conforman un equipo. Detestamos, eso sí, su mercantilización, su banalización y el patrioterismo que genera.

Sin embargo, el fútbol en particular y el deporte en general no es lo único que se mercantiliza y deviene un mero espectáculo, un entretenimiento. Mucho nos tememos que el arte, incluido la literatura, se ha banalizado y mercantilizado. En la Feria del Libro de Madrid se ha hablado demasiado de número –de beneficios-, bastante de firmantes estrellas y muy poco de literatura. Para ser justos, se ha hablado de literatura, pero entre las pequeñas editoriales sobre todo.

No, no es que apostemos por la cultura elevada, elitista y racionalizadora. Aceptamos que el acto de leer o de ir al cine o al teatro puede tener mucho de entretenimiento, de alegría, pero el arte no es algo ajeno al mundo –aquí el mundo real y allá el barniz de cultura para pasarlo bien-, forma parte de la cotidianidad. Si no convertimos el arte en parte de nuestra vida, más vale que aceptemos que la vida es vacua y sin sentido. Esto no lo deberíamos olvidar ni siquiera en épocas de crisis, cuando tantas personas lo están pasando realmente mal en lo económico (y en lo existencial).

Las políticas de recortes han limitado los gastos en cultura. Pero nadie se ha quejado de que alrededor del fútbol se sigan invirtiendo millones de euros, por muy privados que sean, y que vendrían muy bien para crear empleo o para políticas sociales. Entonces, si este dinero destinado al deporte se acepta casi sin rechistar, ¿por qué se acepta como absolutamente normal que se dote de menos dinero a cualquier actividad cultural?

Para colmo, nos dicen que la alternativa pasa por Eurovegas, la instalación en Madrid o Barcelona, se dilucidará en Septiembre, de un inmenso centro de juego, otro espectáculo deplorable que en España, por ejemplo, ha pasado como un elefante por una chatarrería incluso entre discursos identitarios de los distintos nacionalismos políticos.

No queremos dar consejos ni hablar desde una elevada cátedra que no poseemos, simplemente planteamos algunos aspectos que nos tendrían que hacernos pensar sobre el modelo de sociedad que queremos crear. Creemos y defendemos una sociedad de hombres y mujeres libres que disfruten de lo que nos da la vida, ello incluye el deporte, la cultura y, por qué no, la diversión. Pero el actual modelo lo desvirtúa todo, incluidas nuestras propias vidas.

 

 

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AÚN APRENDO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Conozco yo a mucha gente

que por decir una simple verdad

la avientan como basura

o le cuecen la carne en sal,

conozco yo a quien tanto lo vale

y quien no lo vale ni lo valdrá,

conozco el sol que no sale

y el que en un futuro pleno saldrá,

conozco el motivo, la causa

por donde caen los que caen mal,

conozco la asquerosa farsa

y el dicho aquél y el qué dirán,

si te ensalza a ti un poeta

eres hermosura, o misterio real,

 si te ensalzan a ti los gitanos

designio del cielo te chamullarán,

si te ensalzan a ti los negros

 la verdad les rezuma al final,

si te ensalza un clan de Arabia

lo poco o lo mucho te brindarán,

si te ensalzan mujeres de Asia

entre sol de sonrisas te templarás,

si te ensalzan en Macadamia

serás luz interior de macadam,

si te ensalzan en la infamia

ni conocen seña, ni tampoco señal,

si te ensalzan a ti los parias

plegaria y respeto a tu paso darán,

si no te quieren en tu patria

otro destino a tus pies vendrá,

como vienen otros aires

a aventarnos la nueva realidad,

como vienen por otros mares

con otras tierras que pisar,

como existen otros lugares

que respiran la paz del hogar,

como anuncian nuevos cantares

lo que el corazón ya dejó atrás,

cuando sobran los pesares

que poco pesan en el pensar,

como pesa lo que vales

si lo sopesas con lo que no pesa ya.

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MARCHAR

 

Lamenté siempre no haberme marchado entonces de Bidauxe. Se lo conté a Saúl que me escuchó en silencio, atento, consciente de que mi experiencia tenía que ver con la suya, pero sobre todo con la decisión que él debía tomar, si es que aún no la había ya tomado en cuyo caso sólo quedaría llevarla a cabo, algo aún más difícil, lo sabía yo muy bien, que la mera toma de decisiones difíciles. Allá, le dije, los inviernos eran duros, nevaba, los caminos se cortaban, desparecían bajo la nieve. Pasaba los días metido en el caserón familiar, lo único que podía hacer, quedarme en mi habitación, consultar libros, los tenía en abundancia, me entretenían, me ayudaban a sobreponerme del tiempo que pasaba lento, y con mi madre que nunca hablaba, un silencio atroz sólo roto por las voces de la radio y a veces, pocas, por sus palabras parsimoniosas, algún día esto será tuyo, me decía y yo miraba a mi alrededor y me derrumbaba ante una vida entera entre aquellas cuatros paredes, aislado de todo, igual hasta mi muerte, una muerte anticipada en definitiva, una muerte en vida, al fin y al cabo.

Saúl miró hacia las vías del tren. Se mantenía callado, rígido su rostro, las manos sujetas en la valla que nos separaba de las vías. Saúl apenas hablaba. Pasaba las tardes en la vieja taberna, detrás de la barra, sirviendo a los pocos clientes que nos instalábamos allí para ver pasar el tiempo. Aquello era el final de la ciudad, un cruce ferroviario, varias fábricas cuyo cierre se barruntaba cercano y edificios de ladrillo envejecidos por la lluvia y el humo. Allí vivía yo desde hacía unos meses. Me había al fin marchado de Bidauxe, y a veces lo consideraba un éxito, haberme marchado, quería y deseaba sobre todo verlo como un éxito, sí, haberlo conseguido más tarde o más pronto, pero había pasado toda una vida y no podía menos que considerarlo un fracaso, rotundo, perder tantas oportunidades, no vivir tantas vidas por las que ahora sentía una profunda nostalgia.

Le conté que los veranos eran muy breves y llovía mucho en Bidauxe. Salía a pasear por los bosques cercanos. A veces me acercaba a las pequeñas aldeas y hablaba con los caseros. Regresaba imaginando cómo sería el mundo más allá de los montes. Había soñado con largarme al acabar la escuela. Pero mi madre me lo impidió. Te tienes que ocupar de todo, me decía, has de ocupar el lugar de tu padre. Algo me indicaba que era un error obedecerla, asumir sus órdenes. Pero no me rebelé. Acepté a sabiendas del error tan grande.

Saúl me comentó que quería marcharse lejos, bien lejos, salir de aquel extrarradio.

−¿Qué te hace falta para irte?

−Valor, imagino.

−No te lo pienses mucho y lárgate cuanto antes.

Me miró extrañado. Era la primera persona, la única, que le aconsejaba marchar y que no se refería a que allí fuera, lejos de todo, no tuviera nada seguro, por lo menos aquí tienes algo, le sugerían, al menos estás con los tuyos. La mayoría me dicen que sea prudente, me comentó, que no me apresure. Cerré los ojos. No, no, no seas prudente y apresúrate en marchar. No sé si llegué a decírselo o lo pensé muy fuerte, tanto que seguramente oyó mis pensamientos. Creo que llegué a murmurarlo, quiero creerlo, y que él me oyó y me escuchó. Volvimos a hablar de ello. Yo siempre le decía lo mismo, no te encierres aquí.

Saúl era flaco, de cara larga y ojos tristes. Pese a todo, podía considerársele bien parecido, como decían en las aldeas de Bidauxe de los chicos guapos. Me miraba siempre sin hablar, como si me pidiera que insistiera, que sólo así llegaría a decidirse. Insistí, siempre le repetía lo mismo, has de irte, no lo dudes.

Mi madre murió y fue enterrada junto a mi padre. Estaba solo, pero el tiempo había pasado. Volví al caserón, más silencioso ahora por la soledad que producía su no presencia. No sé cuántos meses, años incluso, pasaron, creo que fueron bastantes meses, bastantes años. Una mañana acudí a la capital, apenas una villa grande, resolví algunas gestiones. Pasé por caso de Antonio el tendero.

−¿Te ha venido el camión? –pregunté.

−Sí.

−¿Y el chófer?

−En el hostal.

Fui al hostal. Vi al hombre acodado en la barra del bar. Comía un bocadillo y bebía una cerveza. Le conocía de vista, sin embargo nunca había intercalado ni siquiera un saludo con él.

−Se va Vd. mañana –pregunté.

−Sí.

−Me puede llevar. Necesito que me lleve.

−No hay problema.

Alquilé un piso pequeño y oscuro junto a la taberna de Saúl, en uno de los edificios viejos. Cuando llegué, me quedé mirando mi rostro en el espejo del lavabo. Ese eres, pensé asustado por mi rostro ajado que no había visto en mucho tiempo, rehuyendo siempre aquel reflejo en los espejos y en las lunas. Ya era un hombre mucho mayor incluso que el primer recuerdo que guardaba de mi padre. La vida pasa rápido, pensé no sin dolor.

De todo eso me acordaba con frecuencia. Se lo conté a Saúl esa tarde junto a la valla que nos separaba de las vías. A la mañana siguiente, al bajar a tomar un café, deseé con fuerza no encontrármelo, que no esté, que no esté, murmuré con todo el anhelo del que era capaz.

Juan A. Herrero Díez

 

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ROSAS ROJAS

Por Gonzalo Salesky

 

En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que el primero le aplicaba en el rostro.

Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz –que por su ropa parecía ser el taxista- le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.

Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.

Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.

 

 

 

Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho. Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes…

Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.

Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada. Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.

Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

Habló como si estuviera leyendo mi mente.

No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.

Se desplomó sobre mí. Y la sangre… ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.

Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.

En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba. Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

 

 

 

Una vez en mi departamento, cerca de las cinco de la tarde, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.

Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.

Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.

Pero no iba a poder hacerlo.

 

 

 

Una hora después, estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.

Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado. Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.

Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.

 

 

 

Apenas subí a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas. Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.

 

 

 

Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.

Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.

Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… Pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.

Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia adónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.

Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.

Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que acepte.

Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…

Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo. Nos refugiamos en un ascensor.

Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.

Caí sobre él. Y mi sangre… por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.

 

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POEMAS DE IRENE MERCEDES AGUIRRE

 

TRÍPTICO AZUL

Alquímica

I

El azul está allí. No más lamento.

Os doy fórmula alquímica segura

para aclarar  de  a poco la negrura

de estos tiempos  que traban el intento.

Conócete a ti mismo ¿Adónde llega

la conciencia del Hombre  en este mundo?

¿Qué sientes cuando  ves , meditabundo,

la  trama de dolor que se despliega?

¿Te  duele cuando sufre algún humano

allá, en lo más recóndito de tu alma?

¿Comprendes que el dolor no es algo ajeno?

¿Te oprime el corazón cuando un  hermano

no encuentra en su dolor ni paz ni calma?

¡Entonces estás listo  y eres bueno!

II

Compartir el dolor es importante,

Da fe de nuestro amor hacia los otros,

Permite reflejarnos en  los rostros

del prójimo cercano y del distante.

Pero no es suficiente. Aún hace falta

brindar una palabra convencida

de nuestro compromiso con la vida,

de solidaridad profunda y alta.

Esos vocablos que a la unión convocan

Que dicen “aquí estoy, y te comprendo”,

que muestran sentimientos y provocan

fraternales  abrazos. ¡Descubriendo,

religando sentidos que denotan

un territorio  azul que se está abriendo!

 

III

Hay que franquear cerrojos sin la llave,

Discutir  procederes y disensos,

Coordinar cada intento, hallar consensos

para encontrar ¡por fin! la ansiada clave.

¿Qué números la forman? ¿En qué orden?

Nosotros de este lado, empecinados

Poetas soñadores , aplicados,

buscando mejorar tanto  desorden.

El cuerpo-mente  esgrime sus razones,

Busca en nuestro interior las intuiciones.

¡Acude la  verdad y comprendemos!

La puerta es pesadísima. Supone

un esfuerzo común de corazones

al unísono coro  de ¡Podemos!

 

REFLEXIÓN SOBRE  GEA

 

Desde el espacio surges, espléndida y en paz.

Tus luces refulgentes proyectan por doquiera

promesas  de armonías pobladas de quimera

desde una perspectiva insólita y audaz.

 

Dibujas en mi alma    la intuición valedera

que vislumbra posible la  esperanza tenaz

de un mundo sin violencia, sin agravios, capaz

de encontrar entre todos  la ruta verdadera.

 

Somos red inmadura de un futuro posible

tramado   con el sueño que bulle en cada pecho

de  cualquier ser humano de corazón sensible.

 

Mientras giras por vastos espacios, desde el techo

de un mirador sutil, tenue, casi intangible,

¡contemplo las estrellas  recostada en mi lecho!

 

 

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UNA CARTA

Por Rodolfo Leiro

 

Hoy se empañaron mis ojos

cuando entre añejos papeles

que agobian los anaqueles

de mis años venturosos,

 

entre sumisos despojos

de la que fue mi entereza,

hallé restos de belleza

de juveniles antojos.

 

Viejo carmín, labios rojos

que entre sonrisas y enojos

se acopiaron en mi ayer:

 

me queda, acaso festivo,

el perfume sugestivo

de una carta de mujer

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“LA VIDA…ES UN TREN”

El tren de la vida

Recorre sin pausa,

Espacio de tiempo

En su devenir,

Sube gente a bordo

Y otros que se bajan,

Se impone el libreto

Gozar…o sufrir.

Llevan de equipaje

Penas y alegrías,

Buscando con ansias

La estación feliz,

Algunos lo logran

Hay otros que no pueden,

Pues el destino a veces

Se hace…perdiz.

En este viaje de ida

Nos muestra paisajes,

Algunos muy hermosos

Y otros de olvidar,

Nos llena de años

Y algunas experiencias,

Más también nos enseña

Lo bello…que es amar.

Cada uno lleva

Sentado a su lado.

A un compañero

Para bien o mal,

se llama destino

Y digita todo,

Si sigues a bordo

O te has…de bajar.

 

No siempre el rumbo

Es el que elegimos,

A veces nos empuja

Y nos obliga a partir,

Nos va marcando rumbos

Cual juego de niños,

y andando aprendemos

Lo que cuesta…vivir..

 

Hay quienes esperan

Hacer el periplo,

Hacia los confines

De la felicidad,

La vida que es sabia

Con crudeza nos muestra,

Que estamos de paso

Y esa…es la verdad.

Boris Gold

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

PORQUÉ  TODAS  LAS  REVOLUCIONES

 

 

 

Porqué todas las revoluciones

terminan negando la libertad

anunciada a los liberados

con el pretexto de una justicia

igualitariamente necesaria.

 

Porqué la necedad enturbia

la consciencia y los corazones

de los héroes vencedores

henchidos de megalómana vanagloria

y inequívoca e inefable certeza.

 

Porqué enarboladas sonrisas iluminadas

terminan trucándose mustias

fermentando un mousse de angustia

forjador de un irrespirable hedor

muesca de las sombras de sus victorias.

 

***

 

CONSECUENCIA  DE  LA  CELADA

 

 

 

Impuestas ausencias y alzamientos de sonoros silencios,

descarnadas tragedias para los frágiles desheredados

benefactores de resignada inmundicia,

descomunales privilegios para los opulentos incitadores

señores de manos de antimonio y cuellos blancos.

 

 

***

 

 

DESPUÉS  DE  LA  BATALLA

 

 

 

Almagre óptimo para ser especulado

seres sobre eriales desgarrados

muertos sobre tumbas olvidadas

marionetas de pírricos gladiadores,

anónimos gobernadores exteriores

que se apropian con sus manos invisibles

los beneficios de la sal evaporada.

 

 

 

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24º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVIII de la 2ª etapa/01-06-2012

 

EDITORIAL LXVIII

La muerte de Carlos Fuentes, este pasado mes de Mayo, nos ha devuelto a la memoria a ese grupo de escritores que colocaron las letras y la cultura latinoamericanas en su sitio. Para España, evidentemente, fue hasta cierto punto todo un descubrimiento. Faltaba poco para que se acabase la dictadura que había mantenido a España aislada durante mucho tiempo y cuyo inicio, tras la Guerra, había roto la tradición cultural en dos, la del exilio y la del interior. Durante la República se iniciaron unos contactos entre las dos orillas: Rubén Darío, César Vallejo, Vicente Huidobro, Octavio Paz, entre otros, dejaron una gran huella en un país que vivía toda una edad de plata cultural. Pero la guerra terminó con aquel idilio y sólo parte del exilio español, la que vivió en América, pudo disfrutar de su influencia. Lo Hispano fue apenas una proclama del Régimen de tono altisonante pero sin vocación de intercambio real.

En los setenta se retomó el diálogo desde abajo. Un grupo de jóvenes latinoamericanos vivieron una temporada en España o la visitaban con frecuencia al residir en París, en Europa. Pronto algunos de sus nombres pasaron a ser conocidos y apreciados: García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique, Juan Carlos Onetti, Juan Ramón Ribeyro, Julio Cortázar, entre los que vivieron en Europa, pero no podemos olvidar a Miguel Ángel Asturias o José Donoso. O el mencionado Carlos Fuentes, sin duda un prosista cuidadoso y un narrador agudo.

No pocos de nosotros nos introdujimos en la literatura gracias a estos autores o comenzamos, gracias a sus obras, a leer de otra manera. La deuda es inmensa. Desde Nevando en la Guinea hemos hablado no pocas veces de literatura latinoamericana, pero siempre nos quedamos cortos, creemos sinceramente que el eje de la literatura en español debe estar en Bogotá, México o Buenos Aires, en cualquier ciudad del continente, más que en Madrid, en Barcelona o Valladolid. España debe acostumbrarse en su relación con los países latinoamericanos a ser un país más, en pie de igualdad, tanto en lo cultural como en cualquier otro aspecto, sin esas veleidades imperiales que a veces, nos tememos, perduran en la mentalidad de mucho.

Actualmente son muchos los autores americanos conocidos en España, la relación es fluida, sin prejuicios. Y se lo debemos, hay que reconocerlo, a Carlos Fuentes y su grupo de amigos escritores.

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CANCIÓN DEL SÍ Y EL NO

(BUSCARÁS)

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Y buscarás en mí la negación de una verdad

que tras mis ojos hace incierta una gigantesca realidad,

que tras mis ojos queda abierta

a una cutre bostezada que delira,

que tras mis ojos toda harapienta

y por no poder llover el lustre ya ni mira,

y buscarás en mí otra vez la afirmación de una mentira

que tras mis ojos queda expuesta

como monigote de contrariedad,

que de mis ojos mira escueta a la disculpa que respira

a la ciudad podrida, a la inoportuna oportunidad,

buscarás y buscarás en mí esas dos cosas,

buscarás y encontrarás en mi mirada

el desprecio irresponsable,

el nudo grave, el beso preso, la magia maravillosa,

que hace de este mundo un crudo hueso

con la codicia que nos hace codiciantes.

Buscarás y encontrarás esa parte que se sabe

de este mundo inmenso en el nunca-retornable,

se vierten en un espejo satisfacciones y complejos

 con esa llave que cierra y también abre,

que desgrana el tropiezo de este baile de don nadies,

sé que si yo quiero todo es fantasía,

que con mi voluntad subes a las crines del aire

sobre esa cucaña resbalosa e inmanejable,

sé que sin mí tu causa es tontería,

parece asco y burdo tedio que solo tú te tragues,

buscarás para encontrar y entenderás

que compartimos avión, asociación, sopa fría,

compañeros de bulevar, amigos en el gran viaje,

de estorbo, de cansancio, de habitación vacía,

compañeros en el caminar,

amistades repletas de inútil maridaje,

pasajeros callándose del mundo su gran verdad,

en este tren de cercanías, en este deambular de finita vía.

En este ciego pisotón que de torpeza nos hable,

en este simulacro de muerte en un segundo,

en este acabar para empezar sorpresivo e iracundo,

en este mundo redondo, farragoso, profundo,

en este humificador por desecar lo deplorable,

en este sí para empezar, y para acabar su no rotundo,

en este menester por entender las claves.

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Sylvie

         Sylvie solía hablarme como si estuviéramos al mismo nivel. No había pretensiones en su forma de dirigirse a mí, lo que hubiera sido hasta cierto punto normal en una universitaria en apariencia altiva pero realmente brillante y que podría mirar por encima del hombro, o con cierta presunción al menos, al alumno del Instituto que era yo, algo inquieto, sí, con aficiones literarias en ciernes, pero que en general no tenía nada en claro lo que él era en ese momento, lo que sería después, con el paso del tiempo, ni lo que era el mundo que le rodeaba. Conversábamos siempre mucho rato tanto en la librería de su padre como en cualquiera de los cafés en los que nos reuníamos al anochecer. Hablábamos sobre todo de libros. De hecho los libros, la literatura en ellos contenidos, era lo que nos había unido.

No en vano la conocía, aunque vagamente, desde que cumplí doce años, cuando comencé a frecuentar la librería que su padre regentaba en Bayona. Solía acudir con el mío para proveernos de libros en francés y hablaban ellos largo y tendido de autores, a veces de política, aunque las menos, mientras yo observaba las estanterías repletas de volúmenes de todos los tamaños. El señor Etchévère nos recomendaba títulos, nos comentaba aspectos de las diferentes etapas de la literatura francesa que conocía bien y resultaba un placer escucharle y conseguía despertar una enorme curiosidad y un gran deseo por acceder a las obras de aquellos autores que nos comentaba. Ella entonces apenas resultaba una presencia silenciosa en algún rincón, entre libros siempre, con alguno abierto en su regazo y concentraba toda su atención en él sin apenas levantar la mirada.

A partir de los dieciséis mis padres comenzaron a dejarme ir solo a Bayona. Me alojaba en el pequeño apartamento familiar cerca de la catedral y vacío la mayor parte del año. Por entonces ya me había aficionado a la lectura. Y era más que una mera afición o un pasatiempo. A veces parecía que me gustaba más el mundo contenido en las páginas de los libros que el mundo llamado real, diferencia esta que, de hecho, desde entonces, nunca he establecido ni aceptado: el mundo sólo es uno, ya sea en la mente ya sea la materia visible y en ocasiones, no pocas, algo aparente, incluso más que en la ficción.

En mis estancias nunca dejaba de frecuentar la librería del Sr. Etchévère, que seguía hablándome de escritores y de libros con el brío de un erudito y al que yo escuchaba con interés y no poca pasión. Mi padre, además, solía darme unos billetes extra bajo mano, sin que mi madre lo supiera.

− Para libros -me decía con sigilo, como si la afición a los mismos debiera llevarse en secreto.

En una de aquellas visitas a la librería la hallé sola. Mi padre ha salido, me anunció al levantar la mirada del libro, no sé a qué hora volverá, añadió. Vale, respondí algo distante y me puse a ojear los libros contenidos en las estanterías. Evidentemente, aquella aparente distancia por mi parte no era más que cierta timidez y no poco apocamiento para lograr salir de mis propios límites, en absoluto significaba que aquella muchacha me fuera indiferente. No pocas fueron las veces que, al otro lado de la frontera, a cierta distancia de Bayona, me había acordado de ella y me había preguntado cómo sería su vida. No he de decir que me resultaba atractiva. He de reconocer también que me cortaba bastante. Además, ella había mantenido siempre esa actitud lejana, como si no estuviera allí o no fuera preciso que se dejara notar.

Sería, delgada, de mirada lánguida y largos silencios, no parecía muy interesada en las cosas del mundo. En otras épocas hubiera sido una candidata ideal para habitar un convento. En la nuestra adoptó un cierto aspecto peculiar, con sus ropas deslustradas, de negro siempre, y apartada hasta el punto de parecer ausente. En nuestras conversaciones nunca intervenía y nunca se habló de ella, estuviera o no presente.

Por eso me extrañó que de pronto hablara, saliera de su rincón en el que parecía integrarse perfectamente.

−Buscas algo en concreto –me preguntó.

Cité a un autor del que había oído hablar a su padre. Ella se levantó, se acercó a una de las estanterías y lo sacó de la hilera de libros.

−Es muy bueno –me dijo.

Comenzó a hablarme del escritor en cuestión y de otros de su generación. Supe entonces que estudiaba letras en Burdeos y que sería capaz de sustituir a su padre a la perfección. Ni qué decir que aquella tarde no sólo eran los libros lo que me interesaba, sino que me descubrí enamorado de aquella muchacha mayor que yo, cinco o seis años tal vez.

Pronto llegó el verano y logré que mis padres me dejaran pasar unos días en Bayona. Puse la excusa de que varios compañeros del instituto se desperdigaban por la costa vascofrancesa y no quería perder el contacto. Pero era a Sylvie a quien quería ver, sólo a ella.

Coincidimos. Ella había empezaba sus vacaciones universitarias y pasaba algunas semanas en Bayona. Luego iría a Londres, me comentó, a perfeccionar su inglés. Nos hicimos inseparables. Se encargaba de la librería por la tarde y yo la acompañaba. De dos a cuatro apenas entraba nadie. Era Julio, hacía ya calor y la librería se había convertido en el mejor refugio para charlar.

Sin embargo, yo tenía que volverme al otro lado de la frontera, no podía alargar mucho más mi estancia y además en dos semanas ella marchaba a Londres. Me sentía no poco apesadumbrado por aquella nueva separación que nos mantendría alejados, además, el mes de agosto y buena parte de septiembre. Me hundía esa sensación de no poder decidir en mis días, de estar sujeto todavía a los mandatos familiares, mientras que ella, yo lo notaba, gozaba de toda la libertad posible.

Aquella tarde me sentía especialmente desesperado. Ella me hablaba, como siempre, de libros, me aconsejaba lecturas, me pedía opiniones sobre lo ya leído. Debió de notar mi estado de ánimo.

−Te encuentras bien –me preguntó.

La miré de pronto, sorprendido por aquella pregunta inesperada. Levanté los hombros sin saber qué responderle. Se acercó a mí, colocó las manos en mis mejillas y entonces me besó.

Venga, vamos a sacar los libros del almacén, me dijo dos o tres minutos más tarde, con una sonrisa malévola pero sin duda feliz.

Juan A. Herrero Díez

 

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SONETOS ESENCIALES

Por Rodolfo Leiro

 

HASTA LUEGO

 

Un saludo cordial, un beso al paso,

 la ermita despierta su campana,

luce tu argiva silueta en la mañana

y busco en mi pupitre un verbo raso;

y el día, caminando hacia su ocaso

desde el flujo cordial de luz temprana

que me enrola, romántica y galana

con gemas de su  luna y de payaso;

un saludo que se perdió en el fuego

del aroma sutil que abrasa el ruego

hincado sobre un himen de narvaso;

de aquel postrer saludo no despego

y  olvidarte muchacha ya no puedo.

Hoy te miro en el fondo de mi vaso.

Narvaso: caña del maiz

 

Construido a las 8,45 del

1 de abril de 2012-04-01

Para mi libro

“Meditando en versos”

 

***

 

POMPA

 

Si surgiera otra vez mi antiguo enclave

 que enrolara mis estros con su esencia

y en el templo inmortal de la cadencia

me trepara en el mástil de mi nave,

y explorando la mar, la musa clave

trabara la implosión de mi impaciencia,

yo hurtara de mi lírica conciencia

la palabra gentil, la tierna, suave,

la emoción del soneto, casta llave

que me hiciera sentir el burgagrave

de la rima jovial de mi ventura,

os llevara conmigo en el espacio

y en el solio solemne de un topacio

te haría parte, mujer, de mi aventura.

Burgrave: señor de una ciudad

 

Construido a las 2,19 del

3 de mayo de 2012 para mi libro

“Meditando en versos”

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NIEVE

Por Gonzalo Salesky

Era la primera vez en cuarenta y dos años que nevaba en Cienfuegos.

Entró corriendo a la oficina, envuelto en su bufanda, con unos guantes que no usaba desde la adolescencia. En su mente seguía jugando con esa posibilidad, con ese sueño repetido tantas veces. Salvar el mundo, ser el único hombre sobre el planeta capaz de hacer algo magnífico, algo especial en un determinado momento.

No quería que encontraran ningún defecto en su plan. Hasta su hija lo había ayudado a pulir cada detalle. A contrarreloj debía ordenar todo en su trabajo, preparar las valijas, pedir el permiso correspondiente y viajar. Pronto su familia podría encontrarse con él. Y escapar de esa manera del infierno.

A la hora del almuerzo lo autorizaron a salir. Caminó bajo el frío de noviembre por la vereda, rumbo a la Oficina de Control Cerebral. Solamente tendría que llenar un par de formularios y nada más, cada uno de ellos con el membrete del gobierno cubano. Con muchas frases refrendando, una y otra vez, que todo lo que hubiera en su cabeza era propiedad del régimen.

Hasta cada uno de mis pensamientos.

Pero sin ese papeleo burocrático no iba a poder subir al avión. Y su plan se quedaría sin ser conocido por nadie.

Hasta 2012 se había intentado de todo para aliviar la crisis mundial. Después de las pérdidas, los quebrantos, las enfermedades infecto-contagiosas, aparecía nuevamente la peor de las plagas: el hambre.

Los rescates, los montos millonarios y los subsidios para los bancos y grandes empresas no servían de nada. La gente continuaba agobiada por las malas noticias de cada día. Violencia, manifestaciones y saqueos en las ciudades más importantes del mundo. Sequía, menos alimentos disponibles, poca energía, nada de combustible. Falta de insumos básicos, aluviones de personas famélicas robando cosechas, destruyendo alambrados para buscar gallinas, pavos, cerdos, vacas. No sólo en los países de tercer orden. Europa y Estados Unidos estaban llegando a niveles nunca vistos de desocupación e indigencia. Hasta la gran esperanza puesta en anteriores presidentes se había esfumado en muy poco tiempo.

¿Sería la suya la solución definitiva? Era una de las Cinco Ideas Finalistas del Concurso Mundial. La última alternativa de la ONU. Centenares de miles habían participado presentando todo tipo de proyectos. Brillantes, increíbles, absurdos… uno por uno fueron desechados casi todos.

Los impuestos a los animales domésticos, a cada kilo engordado por habitante, a los hijos, a los deportes y su televisación. El asesinato selectivo de otras especies. Los tributos sobre el alcohol, los cigarrillos, ansiolíticos y energizantes. El exterminio de todas las mascotas, la venta de la Luna por hectárea para los pocos millonarios que quedaban en el planeta. La destrucción del hemisferio sur, la migración total hacia el otro hemisferio. El envío de basura hacia el Sol. La eliminación de las fuerzas armadas de todos los países.

Fundir y vender las reservas de oro de cada país. Cancelar los juegos de apuestas y de azar por diez años. Hacer trabajar a cada habitante en los medios de transporte masivos, para elaborar manufacturas simples en los momentos ociosos que ocupaban viajando. Cultivar granos en el fondo del océano y en las playas. Promover la venta libre de drogas. Prohibir los fuegos artificiales y el maquillaje a todas las mujeres; de esa manera, liberar tiempo y dinero malgastado.

Otros apostaban a reciclar el agua de lluvia, construyendo enormes piletas arriba de las casas, edificios, avenidas y parques. Los más alocados pensaban encontrar en el mar el combustible necesario para poner en marcha al mundo nuevamente.

Ya no quedaban ideas que permitieran evitar la catástrofe. Sólo la de él. Y cuatro más.

¿Cuáles serían las otras?

El 25 de agosto envió su propuesta por correo electrónico. Ese mismo día le habían contestado. Paradójicamente, si tenía éxito con su plan, en un futuro cercano no tendría de nuevo esa posibilidad.

Debía redactarla lo mejor posible. Usaba un cuaderno de tapas duras y de color marrón, con el lomo negro, de renglones celestes casi imperceptibles, para anotar lo que fuera surgiendo en su mente, para tachar lo que no sirviera. De sus hojas sacó el pasaje del vuelo 841 rumbo a Washington, con fecha del día siguiente. Chequeó otra vez el horario de salida y decidió guardarlo en su bolsillo derecho para evitar descuidos.

Tenía unas horas más para seguir escribiendo. Un borrador, un pensamiento que podía salvar el mundo.

Había que destruir Internet. Y todo aquello que implicara transferencia de información. A través de su invento, la combustión sintética de datos, podía hacerse en sólo tres semanas. Toneladas de cables y antenas a lo largo y ancho de la Tierra quedarían inutilizados. El sistema de transmisión por vía inalámbrica también. La vida sería distinta sin tanta gente alejada de la realidad y encerrada en las redes virtuales que amenazaban con quedarse con todo. Miles de millones volverían a vivir como hace treinta años, cuando…

¿Se solucionaría la falta de alimentos? Probablemente las personas, con tanto tiempo sobrante, se comunicarían otra vez con la naturaleza. Cultivarían su propia comida. El ser humano, alienado como nunca, había perdido la capacidad de conversar cara a cara. No parecía creíble que las mismas personas, tan poco tiempo atrás, se encontraban en los parques y plazas, hacían ejercicio, leían libros, se alimentaban de manera sana.

Se ahorraría toda la energía gastada en el tráfico y almacenamiento de tanta información, equivalente a la mitad de la generada a nivel mundial. Sólo era una cuestión de costumbre. Si la humanidad había sido capaz de vivir sin teléfonos celulares e Internet en 1980, bien podía hacerlo ahora.

Seguramente crecería la industria del papel. También la posibilidad de cosechar frutas y verduras en la propia casa. La gente volvería a disfrutar del aire libre, a conseguir trabajos de verdad. Disminuiría la cantidad de desempleados. Según su investigación, la red de redes había reemplazado unos trescientos millones de personas como mano de obra en fábricas, bancos, aeropuertos, oficinas, compañías de seguro, empresas de correo, diarios, revistas, editoriales…

Imaginaba una gran resistencia al principio. Quizás los fanáticos de Facebook protestarían y tendrían que conformarse con pegar sus fotos impresas en la puerta de su casa para que cualquier desconocido las pueda mirar. ¿Cómo podrían sino satisfacer esa necesidad de ser vistos por otros en todo momento? ¿Serían capaces de vivir sin la mirada puesta en sus pequeñas pantallas? ¿Se darían cuenta del tiempo que pierden?

Siguió escribiendo, pensando en el rostro de aquellos que lo votaron. Decenas de extraños que habían leído, con entusiasmo y tal vez con esperanza, su primer bosquejo. Algunos medios ya hablaban de “la solución cubana”. Muchos otros la rechazaban de plano, tildándola de poco práctica, de anticapitalista, de demasiado romántica. Pero tenía espalda para soportar las críticas. Pese a los prejuicios, estaba en la final. Tan cerca de la gloria.

Ocho horas después de terminar, entró a la Casa Blanca con su cuaderno viejo bajo el brazo. En las escaleras saludó al presidente con un apretón de manos. Estaba seguro: si lo escuchaban, el mundo cambiaría. Gracias a él. Y a sus locas ideas.

¿Quién lo hubiera dicho? Si mi padre me estuviera viendo…

Si después de tantos años había vuelto a nevar en Cienfuegos, todo era posible.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullà

 

A FEDERICO GARCIA LORCA

 

Desde el cabo de Creux al Finisterre

Tu Poesía que salta hasta la Vida

Resuena

Y desde Cantabria hasta el Estrecho

Sin que  los ecos Rebuznantes

De la represión

Cantada por esa caterva de gente

De la mala plebe

Lo más mínimo te dañen.

 

Que rabien, rabien

Los que el elogio del Asno

En su día cantaron

En su Musa o lira mala.

 

Tú eres la envidia de la Europa

Con los Continentes

Y ahora se acercan los poetas

Que habitan en ciudades, en villas

En cortijos, en aldeas

Para cantar con éxito feliz

La bella prenda

De tu Poesía.

 

Mira, ve y escucha:

Yo, acompañado a la guitarra

Te recuerdo cantando:

“Dende que te vi

En la ventana

Como era de día

No te dije nada.

Dende que te vi

En el balcón

Como era de noche

No te dije adiós”.

 

***

 

/ Canción Al Ave/

“Detente, sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero,”

-Sor Juana Inés de la Cruz

 

De la Estación de Atocha

Ha salido el Ave Prick

Cantando en su velocidad

Su concepción

Ave, Ave, Ave

 

De Madrid a Bailén

Yo quiero decir que sí

Dime tú niña mía

Que me vas a dar el Sí

 

“Dicemelo”, que me encanta

Oirte bien o mal  decir

Entre espumas de saliva

 ”Chi…chi” “Chi…chi”

 

Eres mensajera del Amor

Con tu Clit and Teat

Y ¡menos mal¡

No eres esclava Jumenta

De Lourdes, ni de Fátima

Ni del pinaresco Henar.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Mary Acosta

 

A BOCA CERRADA

A boca cerrada tensa su armadura

sobre la máquina del miedo.

Sus ovaladas neuronas

acunan naufragios y grávidas ausencias.

Sobre musgosas rocas,

cuelga su alquitranada infancia.

Las esquinas calladas retenidas en sus tímpanos,

pierden su metamorfosis prometida.

Invitado al convite turbio de sus muertos,

coexiste entre los puentes calcados del ahora.

Envoltura de corto viaje disfrazada y a boca cerrada,

memoriza la existencia entre un yo injertado

y la presencia subversiva, de la última palabra.

 ***

ACROBACIA SALMICA

Atardece en mi,

ante el desnudo audaz de los espejos.

Desgrano la penumbra hambrienta

vistiendo un traje de epílogo,

sobre la fina piel gastada,

que expulsada en siete gritos

desarma cóncavos domingos de abril.

Detrás del músculo agotado,

la acróbata libélula

confabula el vuelo,

en mitad del geodésico instante,

inventando el hálito de Dios resucitado.

***

HARAPOS DE ABANDONO

Petrificado en el exilio de la noche,

el gnomo de membranas hambrientas

y heridas coaguladas por el látigo del sol,

suplica silencioso y a la intemperie por su huérfana inocencia.

Golpeado sobre la lozana piel naciente

desgarra sus sueños sobre el fango.

Querubín a la espera del retorno, desnuca a la justicia

tras el peso de una lágrima,

gestada desde las entrañas de su orfandad.

Vestido con harapos de abandono,

busca encontrar la esquina de su infancia,

atravesando angustias con sabor a prepotencia

que anule cicatrices, marchite lo imposible y destiña ausencias.

Metamorfosis de verbos, vigilan el “pienso” carcomido,

fantasma encadenado al sordo murmullo de los días,

que dañan crucifijos pintados de esperanza

entre las tenazas abiertas y dolosas de un germinado desafío.

Con resignados pasos,

cruza la frontera del destino al ritmo de los ciclos de la luna.

Atento a sus treguas sin color, rescata las siglas de los sueños

que suspendidas quedaron en el buzón del tiempo.

En búsqueda de Dios,

un par de sonrosadas mejillas sombrea la vida,

en reclamo justo por el dorso edénico de su inocencia.

MARY ACOSTA

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POEMA

Por Irene Mercedes Aguirre

 

Miré mis manos

 

Y me miré las manos y he notado

la huella de caricias repetidas.

Por los años la piel envejecida

acusa, aquí y allá, tiempo pasado.

 

Y me miré las manos y he pensado

que cuando van a tono con la idea

dan perfección y encanto a la tarea

en la sublimidad de lo logrado.

 

Y me miré las manos y he sentido

sus curvaturas y su movimiento

como   afinado y prístino instrumento

que explicita la acción con su sonido.

 

Y me miré las manos y he palpado

cada arruga y sus líneas perfiladas.

En brumas de milenios, condensadas

encierran los ensueños  apretados.

 

Y me miré las manos y he soñado

con un mundo mejor. Con  diez  perfectos,

magníficos  apoyos, firmes, rectos,

¡a diestra y a siniestra acompasados!

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

UN  BIGOTE  PEGADO  A  UN PRESIDENTE

Un bigote pegado a un presidente

Un flequillo a una sonrisa infame

Un incubador de huevos de serpiente.

Relativismo de muertes ajenas

Productivismo de quirúrgicas guerras

Infamia en anaqueles beneficiados.

Enroque de íntegros mal nacidos

Realce de patrias manufacturadas

Calamidades en teatro de poderes.

Dioses que no descansan

Mamporreros que les ayudan a clavárnosla

Aspereza para nuestras traseras desgracias.

…Podría seguir manifestándome

Pero mejor enumeren sus fríos sudores

Resuélvanlos mientras nos preparan más deberes.

Postdata para los apostatas de los idearios

Cabeza erguida y despejada

Por si les benefician con un disparo a bocajarro.

***

COLGADAS  SOBRE  LAS  VÍAS

Colgadas sobre las vías

del tren que huyó del tiempo

consumiendo vértigo

de endémica cochambre

abigarradas y minúsculas chabolas

apropian mortecino espacio,

sus moradores en número exceso

circulan por mugrientas líneas

hacinados en seguro expreso,

transportador de desheredados

en circular inmundicia

agarrados al mínimo chance

que creen concede

la espiral de sus trayectos,

de esa mentalidad asiática

fluye digna esperanza

que no vislumbra

el horizonte

del Express de los pobres.

***

FRÁGIL  CORPUS  (LIBERTAD)

Frágil corpus

por liturgias y héroes amenazado,

patrias y almas

intangibles excusas instrumentadas.

***

SHANGAI  &  KABUL  &  FRANCISCO

Shangai & Kabul & Francisco

Tránsito espacios

colapsados y convulsos,

vértigo de hordas fragmentarias

enclavadas en ciudades iconos,

escenarios de emociones

proporcionalmente inversos,

forjadores indisolubles

de mi visión periférica,

queriendo entender el mundo

el sonido del chasquido

expandiendo sus ondas

perforadoras de tímpanos,

anunciándome mi depositario gesto.

***

LAS  GUERRAS  SE  ESCRIBEN

Las guerras se escriben

con letras torcidas

de silencios y ausencias,

escritos de sangre

y mala letra.

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23º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVII de la 2ª etapa/02-05-2012

 

EDITORIAL LXVII

 

El hombre imaginario: Nicanor Parra

Lo hemos dicho alguna vez: los premios son lo que son, homenajes a escritores que no sobran, pero podrían ser prescindibles. Un gran poeta (o antipoeta), Nicanor Parra por ejemplo, no dejaría de serlo, poeta, narrador, escritor en definitiva, aun cuando no recibiese el Premio Cervantes este año o el Nacional de Chile en 1969 o cualquiera de los premios literarios que en el mundo haya.

Nicanor Parra es un gran poeta, o antipoeta. Nadie se lo puede discutir. Plasmó su punto de partida literario:

Mi posición es ésta:

El poeta no cumple su palabra

Si no cambia los nombres a las cosas.

Y él cambió los nombres a las cosas y los convirtió en antipoesía, del mismo modo que en física existe la antimateria o en matemáticas los números negativos. Forma parte de esos poetas de la tradición chilena que revolucionaron la poesía en castellano, que dieron la vuelta al lenguaje y jugaron con él. No es casual la influencia que reciben de Lorca, pero tampoco lo es la influencia que Parra, como antes Huidobro, ejercieron sobre las letras españolas. En general, España ha de agradecer a América Latina que nos hayan liberado de los corsés en el idioma. Hasta es posible que merecieran sus escritores, sus hablantes, que cambiáramos el nombre del idioma y que no se llamase castellano o español, sino americano.

Nada es más justo que darles premios, ya que existen, a autores de América, de nuestra América. Cansinos-Assens, en su fabulosa «Novela de un Literato» ya comenta la presencia de escritores de América en Madrid –Rubén Darío, César Vallejo, Jorge Luís Borges (nada conocido en los años treinta)-, un adelanto de lo que luego sería norma. Ahora, desde el punto de vista, la relación cultural entre las dos orillas atlánticas se ha normalizado bastante, numerosos autores americanos se conocen y se leen en España con normalidad, aunque menos de lo que quisiéramos en este lado. A ello, qué duda cabe, han contribuido escritores como Nicanor Parra.

Nos congratulamos por tanto del premio, esperamos que sea una invitación para leerlo y conocer esa poesía aparentemente sencilla, pero profunda, que sin duda será recordada por lo que dice y añora. Porque como dice el poeta, que supo hablar de lo importante:

 

Cuando pasen los años, cuando pasen

los años y el aire haya cavado un foso

entre tu alma y la mía; cuando pasen los años

y yo sólo sea un hombre que amó,

un hombre que se detuvo un instante frente a tus labios,

un pobre hombre cansado de andar por los jardines,

¿dónde estarás tú?¡Dónde

estarás, oh hija de mis labios!

 

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EL FANTASMA DE LA SOLEDAD

ES UN CUBITO DE HIELO EN MI GÜISQUI

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

MI SOLEDAD SIN DESCANSO

 

Qué pena me da quedarme aquí

frente a las entrañas vacías de mi soledad,

quedarme aquí, con mi baraja manoseada,

con mi sueño crudo que no acaba,

frente a mis mitos perplejos de hielo,

ante las cenizas que esparcen desgana

con la miseria yerma en mi desconsuelo.

Qué pena me da quedarme aquí

frente a las cáscaras en fermento de soledad,

quedarme aquí, solo y sin reparo,

embutido en el desamparo,

y con la caverna repleta de fantasmas

huidos de frías y desiertas calles que braman.

Qué pena me da quedarme aquí

ante el maniquí olvidado de mi soledad,

no veré flashes en las cuevas opacas,

no cruzaré paso entre destellos sin alma,

solo hallaré un monstruo plagado de vacuidad

sentado a mi lado con su cara eternizada,

palparé en mis manos la huidiza claridad

con una ilusión que siempre se apaga

entre la mortaja rasa y la certeza de la soledad,

que lo mismo asoma como también se amaga,

qué pena me da quedarme aquí

sin lo que tanto me piden y no puedo yo dar.

***

 

VENGO

 

Ni quiero ni pretendo

olvidarme de donde provengo,

raigambre del campesinado

y de la iletrada patraña de España,

de los que segaban la cosecha

amparados por su callo,

de los que gacha su guadaña

cortaban espiga de trigo blanco,

de los que sucios en desgana

daban quite al ahidalgado,

ni quiero ni pretendo

olvidarme donde tengo el sesgo,

del Barrancal al Aliagal,

de la candela al fuego fatuo,

de carne viva a puñados de sal

entre sus lomos agachados

y todos a lomos de mulo a destajo,

por si penas anudadas has de llorar

muy tapado, muy por debajo,

cuando en la carne ya se humilla

la astilla como cascajo,

cuando la fiebre es sol sobre sudado

sentencia la pesada cadena

que tiembla torpe sobre las manos,

ni quiero ni pretendo

huir de la plebe ni del proletariado,

que mis cansancios no los vendo

por que me harto de guiso recalentado,

aprendo tras caerme,

aprendo en paz y paso a paso,

aprendo del agreste campo

a entonar un sí ladino, un sí muy cabizbajo

de la simiente primeriza

que cabecea tan despacio.

***

 

PROVENGO

 

Despacio, anda el crepúsculo despacio,

soy la raya que dibuja límite y pretendo

en sendos (y en decreciendo) olvidos ácidos,

olvidarme de mi nombre, de mi dote,

de raigambre, de apellidos natos.

Otros olvidan la saga innoble,

lo mojigato de verse tan beato,

olvidan aquel rancio pronombre

que se antepuso al precedente del trato,

sacan pecho como si de tal bronce

blasón esculpieran de abolengo pacato,

se ponen don, se alargan nombre,

cogen prestado estirpe solo un triste rato,

eligen corte, también consorte,

hacen pose en dinástico retrato

en cuanto efigie segura logran lo fijado,

se comen con uña cualquier postre

 después de la ética que se han tragado.

***

 

MAMÁ SIN DESCANSO

Si Dios insiste siempre tendré que luchar

aunque el triunfo tal vez esté cercano,

me quedó claro que esta lucha sin final

sin rendición, tan en contra del solano,

estoy seguro que todo me ha de llegar,

el amparo, la locura, la fe,  el goce insano,

ahora mismo te diría, pues tu dime: ¡Mamá!

¿qué ves de nuevo en mi mirada angelical?

¿Qué ves de nuevo? ¿Qué germen del diablo?

Ya sé que en este mundo llora la bondad,

llora la benevolencia con su moco de pavo.

Mamá, arribo desde la noche desflorado,

lloras mi derrota borracha de pleamar,

lloras mi encierro sustancial en el lavabo.

¿Qué quieres ya? Si ya mi santidad

a otros infiernos ya se la he dado,

no encontraré la paz, nunca tendré paz,

ni conmiseración, ni consuelo, ni lucidez,

soy un triste ángel con un ser desmantelado,

ahora te entrego mi psique, mi flacidez,

mi cuerpo podrido y desproporcionado,

ahora ya no lo exiges, no valen porqués,

 solo te tengo Mamá entre traspiés y sobresaltos,

nunca te cansas, una madre tendré

velando cama eterna, las décimas, mi espanto.

Una madre para siempre yo tendré

y ella un hijo que perdió paraíso por negarlo.

 

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Final de viaje

 

La mujer sintió que se le agudizaba el miedo, la ansiedad, como un vacío dentro de ella. La cola iba lenta, demasiado lenta, pero avanzaba, y ella no tuvo claro que era lo que prefería, la lentitud de su avance o que se acercara de forma irremediable a la cabina de pasaportes, donde una agente de policía, distinguió que era una mujer, observaba rápida los documentos y los sellaba. Por un instante le tranquilizó la perspectiva de que con ella fuera a funcionar igual, una veloz ojeada a la foto, a los datos, a ella incluso para confirmar que aquella foto era la suya, y un sello colocado en la primera hoja de su pasaporte nuevo que le permitiría superar la hilera de cabinas y entrar en el país. Pero de inmediato consideró justo lo contrario, todos los ojos se posarían sobre ella, como si la esperasen, como si supieran de antemano que algo no iba bien, como si no cupiera alternativa alguna y todo le fuera a salir mal, al fin y al cabo no era acaso su propia vida, se preguntó, lo que hacía aguas desde siempre y ahora, tuvo de pronto la convicción, las cosas no serían diferentes.

Observó la enorme sala donde se hallaba, techos altos, todo metálico, con cristaleras que daban a las pistas, una limpieza absoluta, calculada, nada fuera de lugar, y las personas de la cola, una detrás de otra, parecían pertenecer al aeropuerto, como si siempre hubieran estado allí y sólo ella desencajara.

La cola siguió avanzando y sólo tres hombres le separaban de la cabina. La agente de policía, observó que era bonita, de rasgos finos y ojos claros, fue presurosa en el sellado de los tres pasaportes. Le tocaba a ella. De pronto tuvo la sensación de que estaba sola, completamente sola ante aquella agente, dentro de sí aumentó el vacío, la ansiedad, el miedo. Entregó su pasaporte y vio como la agente lo abría, observó la foto y la miró.

−Un momento, por favor.

Ya está, se dijo cuando la agente salió de la cabina y se dirigió a las oficinas que estaban a un lado del amplio vestíbulo. Echarse a correr era una posibilidad, pero las piernas le temblaban y además no conocía aquel sitio enorme, la cazarían como a un conejo. Cerró los ojos y comenzó a orar. «Por favor, Señor. Por favor, Señor. Por favor, Señor».

−Puede acompañarme, por favor.

Otra agente de policía se le había acercado. Los ojos se le llenaron de lágrimas, aunque ninguna se derramó por sus mejillas. Empujaba su maleta con desgana, desistió a tener esperanzas. Todo se acabó. Nada le resultó más previsible, aunque a ciencia cierta no tenía ni idea de lo que iba a suceder. Entraron en un despacho pequeño. La agente apartó una silla.

−Siéntese –le indicó con suavidad, no parecía una orden. Ella se sentó, más bien se dejó caer sobre la silla, desmoralizada.

−Está en la maleta –llegó a pronunciar de un modo apenas audible. Esta vez sí que se derramaron algunas lágrimas por sus mejillas.

−Perdón.

−Está en la maleta –repitió un poco más alto.

−¿Qué?

−Eso.

La agente le miró como si esperara que ella dijera algo más. Pero no era capaz ya de pronunciar ni una palabra. Colocó sus brazos sobre su ombligo, como si pretendiera abrazarse y de nuevo cerró los ojos, aunque esta vez no consiguió orar ni pensar en nada. La agente habló por el teléfono sobre la mesa, preguntaba por alguien, no logró entender el nombre, y al cabo de un momento aparecieron dos policías. La agente salió un momento del minúsculo despacho, como si buscara una cierta discreción, pero escuchó lo que le decía a sus compañeros.

−Le iba a hacer la entrevista de inmigración, pero se ha venido abajo.

Los tres policías entraron. Uno de ellos le pidió que abriera la maleta. Le ayudaron a ponerla sobre la mesa. La abrió y no hizo falta que removiera mucho, sabía perfectamente donde se hallaba la bolsa de plástico que guardaba los tres paquetes. La dejó sobre la mesa y volvió a cerrar la maleta.

−Podría acompañarnos.

La agente había puesto una de sus manos sobre su hombro. La miró en ese momento, como si ella fuera en ese instante la única persona que le acompañaba.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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SEIS MONEDAS

Por Gonzalo Salesky

– La guiadora está en la puerta, señor.

– Hágala pasar, por favor. ¡Vamos!

La lluvia entró por un segundo en el vestíbulo. El mayordomo abrió y cerró la puerta rápidamente, para evitar mojarse.

Ella cerró su paraguas y se quitó el piloto. Saludó cortésmente al dueño de casa.

– Buenas tardes, señor. ¿Cómo amaneció?

– No tengo tiempo que perder. Necesito que empecemos ahora.

Pasaron a la habitación. Él se acostó en su cama recién tendida, sin taparse. Ella se sentó en una pequeña silla, a su izquierda, como siempre. Quince minutos después, comenzaron a soñar.

Él caminaba por un jardín repleto de ángeles, tal vez recuerdo de un cuento de su infancia. Nubes verdes cubrían el sol. Los árboles, blancos y negros, se movían a su alrededor como caballos de ajedrez. Luego de unos segundos de vértigo, escuchó la voz de ella acompañando cada paso.

Siga el camino de flores, sin detenerse.

Él obedeció sin mover los pies, suspendido en el aire por dos pequeñas alas que salían de sus tobillos. Voló de esa manera hacia el sendero y llegó hasta el final. Un gran precipicio que nacía a unos metros de allí le dio pánico. El cielo se había oscurecido, alcanzando un tono púrpura, como empapado de sangre.

No tema. El fuego va a alumbrarlo en su descenso.

Y así fue. El calor y la luz lo acompañaron por la escalera de mármol que bajaba, en círculos, rumbo al infierno. En menos de media hora, él logró encontrar lo que buscaba desde hace tanto tiempo. Y despertar en paz.

 

Mientras volvía a su pequeño departamento, la guiadora repasó en voz baja el nombre de los pacientes que esperaba ver al otro día. ¿O debía llamarlos clientes? Sus colegas preferían nombrarlos de esa manera, quizá porque elegían no involucrarse tanto.

Su cabeza estaba a punto de estallar. Se estresaba al pensar en su horrible trabajo, respetado por pocos y muy mal pago. Además sentía el riesgo y la presión de jugar con fuego a cada momento.

Entró agotada, tiró el paraguas a la basura y guardó el piloto, ya seco, en el armario. Mientras veía el retrato de su familia en la mesa de luz, junto a su cama, volvió a recordar ese sueño, tantas veces repetido.

Desde pequeña revivía continuamente la misma pesadilla. En una plaza oscura de su pueblo natal, sus padres la abandonaban. Los árboles se acercaban con enormes serpientes en lugar de ramas. Mordían sus pequeños pies, la hacían tropezar y ensuciarse con el lodo. Ella –una niña de unos siete u ocho años- quería gritar, correr, despertar de ese lugar siniestro.

Después de mucho tiempo había descubierto la forma de hallar a su familia: allí, en la hierba, debía acostarse y soñar. Soñar con ellos. Sólo así volvían a aparecer. Cuando lo lograba, se presentaban en su sueño, de nuevo en la plaza, regresando por ella. Pero su hija ya no estaba. Era imposible que la vieran, que se encontraran los tres en el mismo lugar, en la misma dimensión del sueño. No podían verla, ya que estaban dentro de la imaginación de la pequeña. Y ella no tenía manera de entrar allí.

¿Por qué no pueden verme?

¿Cómo seguir? ¿Acaso ellos también deberían soñar conmigo?

¿Cómo hacer para verlos siquiera una vez más, cara a cara?

Quizá lo que veo por las noches solamente sean recuerdos, del pasado o del futuro. Si sólo hubiera podido despedirme, antes del accidente… Tendría que contratar un guiador para mí.

Con lágrimas en los ojos, se sonrió por su ocurrencia.

 

Mientras miraba la luna llena por la ventana, terminó de darle forma a una idea loca que rondaba su vigilia. ¿Podría arriesgarse alguna noche?

Según viejas leyendas, unos pocos habían querido hacerlo. Ser sujetos y objetos al mismo tiempo, guiadores y pacientes, protagonistas y espectadores. Pero sin salir con vida del intento.

¿Será tan peligroso como dicen?

¿Valdrá la pena?

¿Alguna vez tendré el valor…

No quiso quedarse con la duda.

Se acostó de lado, frente al espejo ubicado a la izquierda de su cama. En pocos minutos comenzó a dormitar, tratando de encontrarse, de abrir esa puerta cerrada por años. De ubicar en su mente aquel sueño, de descubrir nuevamente a sus padres.

Por fin pudo dormirse. En segundos -quizá en horas- vio pasar todas sus pesadillas, una a una, delante de sus ojos. Sus cuentas pendientes, sus secretos más profundos. Su oscuridad, su dolor. Tenía conciencia de que había empezado a gritar y llorar en voz alta como un bebé, pero no le importaba. Ya no tenía alguien en su cama para hacerle compañía. Esta vez nadie podría escuchar ni despertarla.

En ese viaje sin tiempo, volvió a ser pequeña de nuevo. Esperaba, en aquella horrible plaza, que vinieran a buscarla. Todo seguía igual. El césped húmedo tocando sus pies descalzos, aquel vestido rosa, las serpientes mostrando sus enormes colmillos… Aullidos y gritos surcaban esa noche interminable y el viento en contra le impedía caminar hacia delante.

Como cada vez, no volvían por ella. Y comenzó a intentarlo. Trató de guiar a esa niña angustiada, de ojos de chocolate y cabellitos rubios. La acostó en el suelo. Poco a poco, en silencio y con las manos en su frente, logró hacerla dormir, provocar otro sueño profundo y entrar en él.

En esa imagen forzada al límite, sus padres regresaban a buscarla. Con mucho esfuerzo, logró dormir a ellos también y hacerlos soñar con ella. Y así, por fin, en los sueños de su sueño, pudo reencontrarse con sus seres más queridos. Abrazarlos, besarlos, decirles cuánto los amaba y extrañaba.

Ahora, aquella niña y esta mujer ya no lloraban, ya no sufrían. Dormían y soñaban, reían y descansaban en paz, en familia, como hace muchos años no ocurría.

 

Cuando llegó la hora, cerró con seis monedas los ojos de los tres, para evitar que despierten de ese instante pleno de felicidad, anhelando que durase para siempre. Los vistió con las mejores ropas, los abrazó por última vez y se preparó para regresar.

Después de despedirse contó hasta diez, como tantas otras veces.

1… 2….

¿Podré despertar ahora?

4… 5… 6…

¿Qué diferencia hay entre todo esto y la muerte?

8… 9…

Cuando abrió los ojos, nada en su vida volvió a ser como antes.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Luis Alberto Chinchilla Elizondo

 

AGUA FRÍA

 

Encerraré mi alma,

En un trozo de poesía…

Para que se espinen los sentimientos

A la luz del día.

 

Caminar bajo la lluvia

Buscando la alegría,

De mirarte en sueños,

Húmedos mis ojos

Por el agua fría.

 

Encerraré mi alma

En un trozo de poesía

Para que las mariposas vuelen

Buscando los sueños dormidos

Que descansan junto al azul mágico

En los pétalos de una rosa

La que desde tu jardín nos mira

Cada mañana, por nuestra ventana.

 

Encerraré mi alma

La que ya no suspira

Porque solo tú

Haces brillar la oscuridad

En mis sueños, con melancolía…

 

Nos encontramos por un momento

Luego tomamos rumbos opuestos

Como golondrinas buscando el viento.

 

Me iré a otro mundo,

Buscando el soñar

De un corazón vagabundo

Como el tuyo, como el mío

Si ya no nos vemos

Será por el calor y el frío.

 

Encerraré mi alma

En un trozo de poesía

El que lanzaré al mar

Olvidando  la esperanza

De caminar a su lado

Siguiendo la línea del tren

Bajo el sol de verano

Con el sudor en mi frente

Y una sonrisa en tu mente…

 

Autor: Luis Alberto Chinchilla Elizondo

Grecia, Alajuela, Costa Rica

***

 

MUCHACHA AFRICANA

El sol adorna tu pelo,

Como la nieve.

¡Tu casa!

Una cueva escondida,

Entre piedra y arena.

 

¡Rosa!

Sólo son cuatro letras,

Que un escritor cultivó.

 

¡Tu escuela!

Guardada allá, muy arriba

En el cielo,

Cubierta con un pañuelo.

 

Vives donde las miradas son cadenas secas,

Que se ahogan,

En el tiempo y la arena.

 

¿Recuerdas a tu abuelo?

Se fue buscando una estrella,

No volvió…

Sus años pesaban más que ella.

 

¿Dónde dejaste tus muñecas?

Esas que vivían en tu imaginación,

Las que no eran de trapo,

Eran de arena,

Con los ojos cerrados,

Y la boca seca.

 

Hoy, estabas sentada,

Soñando con la lluvia,

Con la mirada perdida,

Clavada en la arena,

El viento sopla,

Tus labios se quiebran,

Sigues firme, buscando la rosa.

 

La que cultivo aquel poeta,

La que habla del silencio en el desierto,

De los cielos azules,

De los tiempos bonitos y de las letras,

Que crecieron en una verde pradera.

 

Autor: Luis Chinchilla Elizondo

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SONETOS EXQUISITOS

Por Rodolfo  Leiro

 

OPRESIONES

 

Yo surqué con mi gánica goleta

los mares en turbión enardecidos,

con un remo de verbos por sentidos

y un duende pergeñado en mi Paleta,

acaso busqué un sueño de taceta

que guarda mis ensueños fenecidos,

y en el centro puntual de mis latidos

un corazón sin dolos de espoleta;

quise hacer de mi tierra otro planeta,

desbaratar su trama de opereta,

despertar los corajes perimidos

y lanzados en tímpanos de atleta

con el brillo imperial de tu chaqueta,

¡gritar tu libertad, sin oprimidos!.

Taceta: caldero de cobre

CONSTRUIDO A LAS 9,55 DEL 31

De marzo de 2012, para mi libro

“Meditando en versos”

***

 

ESTOY

 

Yo no pedí nacer, pero  he nacido

en un solar de glosa y de quimera,

y rodando este mundo a mi manera

pude amar sin saber si me han querido;

puse en cada blasón,  este atrevido

paisaje de mis horas en que fuera

un sol sobre la Luna, una bandera,

que tuviere por asta a mi sentido;

la presentí flameando y ya abatido

en el páramo gris de mi latido,

en las noches feroces, sin aliento,

en los sueños del sueño fenecido,

fui fogaril del verbo no vencido.

¡Ve mi beso rotando con el viento!

Construido a las 15,51 del

18 de marzo de 2011

Para mi libro:

“Meditando en versos”

***

 

EL POETA

 

El Poeta es la arteria independiente,

que está ajeno a la usual anatomía,

no figura en catálogos o en guía

ni en la mitra, la secta o el tridente;

es un foro de música esplendente

que nutren fogariles de energía,

es el cauce glorioso de la estría,

es el verbo, la mística,  pendiente

de un glosario de lírica turgente

erupción de nectario sugerente

que proviene del sol de la utopía,

se dibuja en la rima coincidente,

en la gloria sublime de tu mente

y en mi pálpito vital de cada día..

construido a las 16,22 del

26 de diciembre de 2011-12-26 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

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POEMAS ESCOGIDOS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

NO  HAY  RELIGIÓN

 

No hay religión

con la que me tropiece

cuya interpretación

no esclavice a las mujeres,

 

será porque todas

están escritas e interpretadas

por hombres,

 

y las utilizan

en beneficio propio.

 

***

 

ANIQUILAR  LA  POSIBILIDAD

 

Aniquilar la posibilidad

de que en ellas germine

la capacidad de elegir

su propia libertad

incluso antes de que nazcan.

 

Manipularles la razón

hasta hacerles creer

que es real su libertad

por el amparo sagrado

de un dios

y no se sientan humilladas.

 

Interiorizarles el sentimiento

de que son causa y efecto

de pecado

estigma inapelable y demoledor

que les confina a la sumisión,

la indignidad y el desamparo.

Criminalizar a las víctimas

hasta tal nivel que la mismas

se consideren  innatamente,

potencial responsable

del desenfreno agresor

del opresor.

 

Eludir la responsabilidad propia

eximirse del daño causado

asegurarse vitalicios privilegios

trasplantando sus turbias intenciones

a las víctimas

que ven a través de sus córneas.

 

No existe libertad

sustentada en la opresión

porque esta envuelve

todos los espacios

hasta impregnar de ignominia

a víctimas y verdugos.

 

***

LA  VERDADERA  HISTORIA  DE  LA  HUMANIDAD

 

La verdadera historia de la humanidad

la escriben personas anónimas

con las letras de sus sangres,

sus sacrificios y sus sentimientos,

las mismas que no trascienden

a los libros y enciclopedias

pero son las que van dejando

el marchamo de nuestra evolución

de lo que somos

y en lo que nos vamos transformando.

 

 

***

 

EN  ESTOS  TIEMPOS  DE  PRODIGIOS

 

En estos tiempos de prodigios

aún se levantan fronteras

y brotan cretinos

que aspiran a fabricarlas,

en estos tiempos

todavía la humanidad

no quiere entender

que cada uno de nosotros

trasladamos los únicos limites

que no deben ser traspasados

al menos, si no invitamos

al prójimo a instalarse

en nuestro territorio

y eso siempre es transitorio,

somos zona de tránsito

fluyente de intercambios

de ideas, costumbres y emociones.

 

***

 

EN  ESTOS  TIEMPOS  DE  ALABANZAS

 

En estos tiempos de alabanzas

de altaneras matanzas y amenazas,

humildemente y hasta

donde mi voz alcanza

quisiera formular un canto

para iniciar los agasajos

de la celebración de la vida.

 

Defender la belleza y la armonía

desde la esencia de nuestro ser

para que no habite en nosotros

la deshumanización y los ultrajes,

que la indiferencia no cuaje

en los veneros de nuestros territorios

y que la luz divina y la alegría

alumbre a todos los primeros días

de la celebración de la vida.

 

***

 

HAY  EXCEDENTES  DE  CRETINOS

                                                                                                               

Hay excedentes de cretinos,

igual con el cambio climático

se estropean las cosechas

y se extinguen como los dinosaurios,

 

lo malo es que mueren matando.

 

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22º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVI de la 2ª etapa/01-04-2012

 

EDITORIAL LXVI

Las identidades de Antonio Tabucchi

 

´Identidades Asesinasª es el título de un ensayo del escritor libanés Amin Maalouf y en el que desgrana el tema de la identidad colectiva y su relación con la identidad individual. Como individuos formamos parte, en principio, de alguno de los grupos culturales que en el mundo hay: hablamos una lengua, compartimos referencias y valores con los otros miembros del grupo -etnia, nación, ciudadanía-, compartimos de algún modo una religión y algunas visiones del mundo. Pero esto es la teoría, luego existe la experiencia que por fortuna es mucho más rica y variopinta.

 

El escritor italiano Antonio Tabucchi, fallecido este último mes de Marzo, sería un buen ejemplo de lo que hablamos. Italiano, se identificó con Portugal hasta el punto de pasar largas temporadas en ese país, incorporarlo -sus paisajes, sus habitantes, su historia, su cotidianidad- a su obra e incluso escribir una de sus novelas, ´Sostiene Pereiraª, en portugués.

 

No es el único caso. Incluso hay autores que emplean un idioma distinto al suyo propio, aquel con el que crecieron y se desarrollaron como personas. Joseph Conrad adoptó el inglés como lengua literario en vez del polaco y pasó a ser uno de los grandes autores en esa lengua. El español Jorge Semprún escribió parte de su obra en francés. Pablo Urbanyi, cuya lengua materna es el húngaro, plasma sus historias en el español de Argentina. Hay también autores que hablan una determinada lengua y luego cambian a la lengua semiperdida de su comunidad (o en proceso de recuperación: si es algo artificial o no, es otra historia). Gabriel Aresti aprende vasco ya de mayor y deviene uno de los poetas de referencia en esa lengua. Identidades asesinas. El propio Amin Maalouf escribe en francés, no en árabe, al igual que el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun.

 

En África el colonialismo provocó nuevas realidades: la gran literatura en inglés, francés o portugués se enriquece con la aportación de autores africanos. Surge también algunos autores de Guinea Ecuatorial que escriben en castellano, Donato Ndongo es tal vez el más conocido, aunque no el único.

 

Por otro lado podríamos preguntarnos si Kafka es un autor de identidad alemana (escribe en alemán), de identidad checa (nace y vive en Praga), de identidad judía (es hebreo). Visto lo visto, ¿acaso resulta extraño que Alfonso X el Sabio, rey de Castilla que tanto aportó al castellano y con el castellano aportó a Castilla fuera a su vez un poeta en galaicoportugués?

 

Leemos a Antonio Tabucchi y podríamos pensar que estamos ante un autor portugués, portugués de los de toda la vida.

 

¿El español José María Blanco White es un autor español o británico?

 

Seguramente la identidad nacional es una mera categoría para entender la realidad, pero que no debemos entender como un absoluto. Al fin y al cabo, parafraseando un chiste antirracista, el idioma que hablamos procede seguramente de otro lugar, muchos adorarán (o habrán sido educados bajo su prisma) a un Dios judío, utilizamos números árabes y tecnología japonesa o india en nuestros ordenadores, y las patatas que tanto nos gustan proceden de América del mismo modo que el necesario café matutino tiene su origen en Etiopía y el Yemén.

 

Que las características comunitarias -por llamarlo de algún modo- existen, no lo negamos. Pero, ¿tienen al final tanta importancia? Es como la diferencia entre hombres y mujeres -¿literatura masculina y/o/frente a literatura femenina?-: sí, vale, existe, puede ser una aproximación, sin embargo ¿importa tanto?

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BORRONES DE TINTA PARA EL QUE INVENTÓ LA TINTA

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TÚ SIGUES, YO SIGO

(Poema en prosa)

 

La seguiste por senderos espinosos como angostos, la seguiste y la buscaste por la aurora ya cansada, te vi por la derrota palidecer de exhausto, te vi por dimensiones donde no eras tú, cuando la encontraste algo había cambiado, se disipó un muro pero se impuso otro, cuando la besaste ella te besó torpe, distante y desanimada, te preguntaste entonces por qué el amor baila ciego y caprichoso, aquella mirada era lo que tanto deseabas, pero el corazón te punzaba derrotado por que aquellos destellos no eran ya tuyos, yo te seguiré muchacho de sal y tarde anaranjada, yo te seguiré en la gloria sin color por donde se baten tus esperanzas, yo te seguiré como un gnomo de sombra, y te bendeciré por que si no estás tú se marchita mi sueño y mi voluntad se ahoga, te seguiré por barrancos de órbita desmantelada, te seguiré por sacrosantos espinos del alma, te seguiré cuando reposes tu calma desierta, luz que das paz mientras callas, serena forma donde se desmayan las rayas, secreta presencia que das silencio en la primera noche donde los crudos esbozos son nuevos y duelen enteros.

 

***

 

CONCILIAR EL SUEÑO

 

El acto humano de conciliar el sueño

nos define como seres humanos,

¿por qué dormimos con los ojos cerrados?

Necesitamos no tener ninguna influencia

del exterior, ninguna influencia externa.

El hombre/La mujer, el ser humano,

duerme con sus ojos cerrados

y concilia un sueño que a él no pertenece,

un azar en un magma de espacio infinito,

una megalómana manera de existir,

no se elige mientras se sueña,

nos dejamos llevar por una inercia plena.

Ver a alguien dormir es como ver

una estatua griega cegada por la metafísica

del placer de no ser nada.

Mientras se duerme no se es nada, zero,

placer donde cae exhausto el tiempo deprisa,

el tiempo del sueño es divertido,

es un tiempo sin lugar en la inercia etérea,

las horas no son las mismas desde el sueño

y no son las mismas desde el no-sueño,

corre el tiempo con dos verdades

en la entraña del azar y la voluntad sin norma,

palpar lugares que parecen otra cosa,

palpar lugares desde las dos verdades

que el tiempo sostiene como un misterio incauto,

nos rendimos a la voluntad del sueño

y perdemos tiempo, lugar y raciocinio,

el sueño es la otra verdad que la nada evoca.

 

 

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El visitante

 

El viejo prior observó detenidamente el rostro del joven que ya llevaba en el monasterio bastantes días. Se dio cuenta de pronto que no sabía estipular cuántos en concreto, tal vez hubiera pasado semanas, puede que incluso meses, se sorprendió de pronto al no poder precisar con exactitud el tiempo transcurrido, había perdido la cuenta de su estancia entre ellos, como si el tiempo, de pronto, le resultara imposible de medir, algo que le asustó. Lo atribuyó tal vez a un problema suyo, personal, a la edad quizá. Por otro lado, pese a la apariencia un tanto cándida del joven, había en su aspecto, pensó, algo extraño y agudo que no podía menos que producirle un cierto resquemor, algo que no podía explicar, pero que le inquietaba. No, no era un temor concreto, a un peligro por ejemplo, a un peligro físico, no creía que fuese un bandido, un asesino, un loco que matase sin piedad, pero había algo en él que desprendía sufrimiento, un intenso sufrimiento propio y ajeno, un lamento que se transmitía en los rasgos de su cara, en la luz de sus ojos, en la forma de mirar, nunca directa, siempre oblicua.

Había llegado una tarde, casi a la anochecida. Llamó a la puerta y un monje le abrió, le escuchó las primeras palabras, apenas unos susurros que demandaban socorro, y el monje acudió a él.

¾Hemos de ser hospitalarios -murmuró mientras atravesaba los pasillos en semipenumbra para acudir ante el inesperado visitante.

Así se lo había ordenado su antecesor, el fundador del monasterio, un hombre correcto, un alma caritativa y recta, un sabio reflexivo de firme raciocinio y fe inquebrantable.

Pero no eran los tiempos muy propicios para la confianza. El hambre, las guerras, el pesimismo, la enfermedad, todo se conjugaba para que lanzarse por los caminos deviniera aventurado y siempre se temiera al visitante.

¾¿Quién sois? -le preguntó aquella tarde tras recibir su solicitud de asilo.

¾Un hombre desolado -le respondió.

Lo acogió, aun cuando le desagradó la inexactitud de su respuesta, por otro lado trivial y gastada por lo repetida. Todos parecían estar desolados en esos tiempos. Hubiera querido saber más, pero el joven calló, bajó la mirada y después la dirigió hacia él, tal vez porque esperaba una respuesta más pronta.

¾Podéis quedaros -le dijo-, aquí nunca negamos la ayuda.

Percibió una leve sonrisa antes del gesto de bajar la cabeza y levantarla en forma de agradecimiento.

Se sumergió a partir de entonces en un silencio casi absoluto. Quiso que se le diera alguna tarea, no quiero vivir de vuestras mercedes, había sido una de sus escasas frases al día siguiente de su llegada, y cada día, tras los maitines, se le encomendada alguna faena que cumplía escrupulosamente, siempre con sigilo y discreción, hasta el punto de pasar por completo desapercibido, como si fuera uno más de aquel pequeño monasterio. Daba las gracias siempre que se le entregaba comida, agua o algún objeto. Cuando terminaba su labor antes de tiempo acudía ante el hermano Tasio para que se le encomendara una nueva faena que realizaba con el mismo vigor que la anterior. Ese afán por la labor y su mesura despertaron no poca estimación y un profundo apego, contribuyeron también a que el tiempo desde su llegada se diluyera como la leve neblina de la mañana. En el oratorio se mostraba silente, concentrado, movía los labios y entrecerraba los ojos. Sufre, pensaba el prior cuando observaba tal actitud.

Aquella tarde acudió de nuevo ante él. Como la primera vez, se acercaba la noche. El joven entró en su estancia y esperó a que le autorizase a hablar. Le anunció, tras agradecer su generosidad, que debía partir.

¾Ha llegado el momento de marchar -fue lo que le dijo.

Entonces el prior le observó de nuevo y sintió una vez más resquemor, duda y no poca incertidumbre. Se volvió a preguntar por el tiempo que había pasado entre ellos, sin saber precisarlo, lo que le molestó bastante. Le molestaba también que sus fórmulas apenas fueran meros tópicos al uso, expresiones hechas que apenas traslucían un significado, menos aún una razón. Intuyó algo tremendo y doloroso, un misterio quizá. Nada es sencillo, pensó, nada es lo que aparenta, todos somos en realidad desconocidos.

¾Si tenéis alguna pena que queráis descargar -le dijo-, no dudéis en abrir vuestro corazón ante mí.

¾Os lo agradezco.

Guardó sin embargo silencio, bajo la mirada y esperó su bendición. Pero antes de que llegara sacó de su viejo zurrón un pergamino y se lo dio. El prior no puedo menos que sentirse temeroso por ese sigilo y por lo que iba a leer, cuyo contenido vislumbraba, fruto de una repentina premonición que le permitió adelantarse a la propia lectura. Supo reconocer las letras hebraicas.

¾Todo cambia ahora -le dijo el joven con un tono que, aun cuando procuraba no serlo, resultaba solemne-, vos os quedáis.

¾Que Dios os proteja y os bendiga -se sintió aliviado después del terror que sintió ante lo que acababa de leer.

El joven se retiró y poco después le vio desde la ventana abandonar el jardín, perderse por el camino que llevaba al norte. Es un ángel, consideró al verlo desaparecer tras los montículos vecinos, al ángel de la muerte.

Unos días después se presentaron ante él unos cofrades del Armandat. Intuyó el motivo de su visita.

¾Buscamos a un hombre -le dijeron y por la descripción dada reconoció de inmediato al joven.

¾Por aquí pasan muchas gentes -les respondió-, algunos coinciden con quien describís. Todos van hacia el norte.

Los caballeros no preguntaron más nada. Parecían esperar aquella respuesta por haberla recibido más de una vez. Le mostraron sus respetos e iban a retirarse cuando el prior les interrumpió su partida.

¾Por qué le buscáis -preguntó sin mostrar mucho interés, aparentando más querer colmar una curiosidad indiferente.

Quien dirigía la partida pareció dudar si responder.

¾Hay quien le cree miembro de la Mesnada Hellequin.

El prior sonrió por lo que a todas luces parecía una delicada pulla del aguerrido oficial, una forma irónica de no responderle sin llegar a ofender.

¾Esas son leyendas de los pueblos.

¾Las leyendas y la vida a veces se confunden en las esquinas.

Se quedó en silencio, en medio de la penumbra de su estancia. Era ya anciano, había vivido mucho, pero no por ello dejaba de sorprenderle la cantidad de ángeles que pasaban por los caminos de la tierra. Si el ojo humano contemplara la vida tal cual es…, murmuró rememorando las palabras del talmudista.

 

   Juan A. Herrero Díez

 

 

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Textos concebidos por Rolando Revagliatti a partir de sendos largometrajes

 

 

“SUSPIROS DE ESPAÑA Y PORTUGAL”

 

No dejaba de ser esplendorosa

(cerdos de España – y Portugal -)

la agazapada capacidad folladora

del relativamente virginal

Fray Clemente del Niño Jesús

el civil Pepe Pimpante

en esos caminos

 

No dejaba de ser esplendorosa

la suprimida satiriasis

de Fray Liborio de las Santas Llagas

el civil Juan retornando a su precario

encauzamiento en la civilidad

 

No deja aún de ser esplendorosa la muerte

esa desaparición física del anciano abad

¡Búcaro con sus leches!

(condensadas)

a la mismísima salud de España

(y Portugal).

 

**

 

“PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN”

 

Soy tan como una

de ustedes la que más

amerita fugas de otros filmes

éste donde

no consto pero hállenme

sólo con sus bocas en derechura

hacia mis pezones.

 

 

**

 

A Jim Jarmusch

 

           “Hoy fue el peor día de su vida de  mierda”

(del filme “Night on Earth” de Jim Jarmusch)

 

 

Hoy ha sido

lo aseguro en la plenitud de mis condiciones intelectuales

el peor

¡y hasta qué cima me consta  que ha rebasado el vaticinio de mis colegas miserables!

el peor día

abarcando la rotundidad

                    acústica de la noche

que en mí tanto ha sonado

el peor día de mi vida

ridícula por su orientación

infame por sus logros

repugnante por sus claudicaciones

de mierda.

 

 

**

Febrero 2012

 

 

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SONETO DE IRENE MERCEDES AGUIRRE

 

 

COMO OTRA PIEL

                                  A Rodolfo Virginio Leiro

¿Que nos lleva   a esta búsqueda incesante

volcada  hacia los cofres de   emociones?

¿Por qué motivo, causas o razones

vivimos este sueño delirante?

¿Dónde encontramos fuentes de ilusiones

que nutren con sus aguas refrescantes

este ensueño que somos, los instantes

de   captación de excelsas  vibraciones?

Están en ti y en mi, firmes, constantes,

como otra piel preñada de ilusiones

sobre la piel carnal , igual que amantes.

Superpuestas las dos en sensaciones

¡una brinda  sentires   palpitantes

mientras vuela la otra en sus visiones!

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ESTUPENDOS SONETOS  

DE RODOLFO LEIRO

¡DESPÉGATE!

 

La vida es como un sueño que evapora

la lucha de alto esfuerzo de tu día;

libarás cierta vez, troncal porfía,

de ese sol  de tu estío que  te dora;

arribará tu ensueño, virtual flora,

que irá desvaneciendo en la sombría,

la mácula de angustias que te hastía

frente al mundo feroz que te desdora;

fenecer es normal, pero en tu lucha

habrá un suave poeta que te escucha

en lugar del bramido que te lesa,

del fragmento feroz con que te araña.

¡Despégate del rito que te engaña!

¡Y adósate al  labio que te besa!.

 

 

Construido a las 9,18 del

8 de febrero de 2012, para mi libro

“Conversando con la luna”

***

CARAVANA

 

Yo también integré la caravana

tentando los fulgores de la Luna.

¡Vate magro! Sin puerto y sin fortuna

me enamoré una tarde de solana;

llegué muy cerca suyo, con la flama

que extraje de mi lírica abetuna,

partiendo desde el plinto de una duna

y una gema de lirios como gama;

de pronto me arrojó una casta llama,

en vestes de su mística galana

y en pos de mi gallarda fantasía.

Hoy lo puedo decir ya sin rubores.

¡Soy dueño de sus cándidos primores!

Y un beso, cada noche…Es de mi Luna.

Abetuna: pimpollo de abeto

Construido a las 8,33 del

24 de febrero de 2012 para mi libro

“Conversando con la Luna”

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“LA MUJER”

No tengo palabras

cuando me dirijo,

hacia lo más grande

de la humanidad,

la que con dulzura

es bálsamo divino,

y a su vez conmueve

con …su lealtad.

Es el fiel soldado

que antepone todo,

en bien de sus hijos

marido y hogar,

siempre en movimiento

en pos de la causa,

es como una playa

en un manso…mar.

Quién puede hacer esto

y a su vez ser diosa,

solo la sublime

y preclara mujer,

que nunca nos falte

su acertado criterio,

por eso y mil cosas

las he…de querer.

Santa, más que santa

por hacer que todo,

sea como un cuento

de magia y placer,

yo andaba a los tumbos

y perdido el rumbo,

ella entró en mi historia

y me vi…renacer.

Me cuesta creerlo

que andando muy solo,

creí en un momento

en esa realidad,

me causa hasta miedo

cuando pienso en eso,

ella me ha enseñado

que hay otra…verdad.

No interesa como

ni donde ni cuando,

un altar merece

ese amado ser,

en ellas hay pedazos

de Dios y de cielo,

mil veces benditas

las honro…MUJER.

Boris Gold

(simplemente…un poeta)

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( De mi participación en la Antología 1000 poemas a César Vallejo) Elsa Solís Molina.

Para  «Idilio muerto»

La lluvia penetra en su alma desolada, pidiendo la muerte
En la lejanía , recuerda a Rita,cuando «dormita la sangre»
Y de nuevo la lluvia que le quita las ganas de vivir….
Añoranzas emparentadas con el sabor de las cañas de mayo
Y sigue recordando a su amor: «Ha de estarse  en la puerta
mirando algún celaje» Nieves y ríos son los paisajes del recuerdo
«Y llorará en las tejas, un pájaro salvaje»

Elsa Solís Molina
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A «La copa negra»

Que paisajes afines al de su propio interior….
Que yerto y desolado el mundo de su vida…..
Su instinto lo empuja hacia el pedido de su sangre
pero llora su corazón , despues de saciarse…
El entorno vibra tambien al ritmo de la lluvia
¡Y sus lágrimas resbalan hermanadas con el llanto del cielo!

Elsa Solis Molina

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A «Soldado Justiciero»

Desde la muerte se levanta,oyendo el llamado de su pueblo
en ellos se encarna y reinvindican: las injusticias de la guerra
y el campo regado de miserias en la noche eterna……
Toda la fuerza de un crepúsculo, incorporado al ente de su hermano
sacrificado desde las oscuras y eternas injusticias
llanto oculto,despojos que se alzan puño en alto
para lavar afrentas, ….no resucitarán los inocentes
no volverán a la vida los soldados,no se abrirá la tierra
donde con saña y desprecio, fueron sepultados…

Elsa Solís Molina

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

EN  EL  GRAN  ESCENARIO  DE  ESTE  MUNDO

 

 

 

En el gran escenario de este mundo

cada individuo tiene grabadas

sus propias ideas y de ellas

depende su visión del mundo,

partiendo de este hecho concreto

debe surgir la obra

donde cada uno de los actores

trascienda de su propia visión

interrelacionándola con otras,

escenificando su verdad

y la de los demás,

en ese espacio de contradicciones

debe germinar la verdad

de nuestra convivencia.

 

A  HORAS  DE  TU  VIL  ASESINATO

 

 

 

A horas de tu vil asesinato

defiendo lo que tu representabas

esperanza de libertad

para un pueblo masacrado

por las armas, la religión y la ignorancia,

en tu querida tierra la vida no vale nada

solo la humillación y la villanía

florece amparada por la necedad

el atraso secular y la opresión,

después de la tuya, valerosa mujer

en tierra de derechos de hombres

que sangre correrá hasta pudrir

la esencia de los caminos que hollaste.

 

QUIZÁS  LA  ACTITUD  MÁS  DENIGRANTE

 

 

 

Quizás la actitud más denigrante

de la condición humana

sea defender la limitación

del derecho de su propia libertad

de equivocarse por si misma,

versión moderna y sofisticada

del esclavo que cree que sus cadenas

forman parte de su condición.

 

 

 

QUE MAL NACIDO  DIOS  PUEDE  INCITAR

 

 

 

Que mal nacido dios puede incitar

a inmolarse a seres humanos

destruyendo ciega y despiadadamente

ingentes vidas inocentes.

 

No existe ni existirá,

solo alimañas sedientas de poder

lo inventan para dominar

o ampliar sus dominios

aunque se derrame

la más inocente de las sangres.

 

 

DESDE  LA  ATALAYA  DE  MI CONSCIENCIA

 

 

 

Desde la atalaya de mi consciencia

plena de la perspectiva

de espacio y tiempo,

me resulta imposible imaginar

que haya en este mundo

una sola persona

con un gramo de inteligencia

e integridad

capaz de justificar

cualquier dictadura.

 

 

 

CAPTURAR  EL  SIGNO  DE  LOS  TIEMPOS

 

 

 

Capturar el signo de los tiempos

en el cambio continuo de la vida,

 

plenamente abiertos a él

es la especial misión

de los vigías de sus contemporáneos.

 

 

 

 

SOLO  PUEDO  CREER

 

 

 

Solo puedo creer

en un Dios

que haga libre

a las personas

 

 

DIOS

 

 

 

Dios

solo puede guiarnos

hacia la libertad,

para ello debemos procurar

ser libres en esta vida.

 

 

 

AMOR  EN  LIBERTAD

 

 

 

Amor en libertad

no son palabras huecas

son sentimientos, gestos y hechos,

constantemente sentidos,

realizados y vividos.

 

 

 

 

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Tríptico de Irene Mercedes Aguirre (Argentina)

 

TRÍPTICO DEL POETA

I

Abrazos poéticos

 

Se alza la voz del vate  sobre la tierra inquieta

e indaga los indicios del dolor en la sombra,

intercesor permeable  de lo que toca y nombra

con el  verso lo calma  y tapona su grieta.

Sus vocablos deambulan como mágica alfombra

y sutiles refrescan  la reseca glorieta

de violencias y guerras. Despabilan la quieta

densidad    imperante  con    palabra que asombra.

¡Tan cansados estamos de vanas decisiones,

de inútil  competencia, de impávidos mazazos

que descargan poderes  de oscuras intenciones!

Dejemos que el poeta dibuje con sus trazos

la vida engalanada con  nobles emociones

y disfrutemos juntos  ¡sus rimados abrazos!

.

II

 

Visiones del poeta

 

Su profunda mirada  se asoma al horizonte

y  allí teje su verba   con rimas y  emociones,

percibe la cadena de las generaciones

y enciende con su verso el canto del sinsonte.

La poesía en su alma borda las ecuaciones

que el sentimiento dicta a su mente bifronte

dónde cada neurona cruza como Caronte

el río de sentido que empapa  sus visiones.

Su intuición  crece y sube como extendidos chopos

de amores y de ausencias, de recuerdos y olvidos

que él restituye al mundo cual sagrados hisopos.

Colorea la aurora con mensajes nacidos

entre los laberintos  de Parnasos y tropos

¡dónde las musas suelen aposentar sus nidos!

III

Tsunamis poéticos

 

Es en lo más profundo de los seres humanos

dónde  cada poeta va encontrando los ecos

que yacen  taponados por la vida  en sus huecos

y  de allí los libera , alma y verso  en las manos.

A menudo  produce tsunamis en  los secos

lagrimales del mundo e incita a  sus  hermanos

a reforzar las mentes y corazones sanos

para  limpiar a Gea de torvos recovecos.

De  sus palabras surgen verdades evidentes

que denuncian errores y anuncian nueva era

de  espíritus  forjados en puros recipientes.

Afirma las estacas sobre la tierra entera

de palafitos áureos  colmados de nutrientes

que alimentan los sueños  del hombre  ¡hacia otra esfera!

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APÉNDICE

LA IGNORANCIA ES EL PERFECTO  CALDO DE CULTIVO PARA EL AUTORITARISMO, LA ELIMINACIÓN DE LOS DERECHOS, EL SOMETIMIENTO:

 

Otra aberrante disposición del clan subversivo que está llevando a Argentina hacia un deprimente estado de indefensión.

 

Si el pueblo Argentino no reacciona de una vez, no con el mosquete en las manos, si con el cacerolazo en todos los sectores, para que huya en uno de nuestros helicópteros la incivil presidente que nos gobierna, el futuro puede llevarnos a lamentables circunstancias fácilmente previsibles.

 

Prácticamente se ha prohibido el ingreso de libros al País.

 

Para importar un solo libro, habrá que abonar diez dólares (ver diario “Clarín” del 28 de marzo de 2012).

 

A ello cabe agregar que las tarifas postales para enviar nuestros libros al exterior hacen imposible que podamos hacer conocer al mundo el espacio cultural que representan nuestros libros.

 

Se está fomentando la ignorancia.

 

Esta la primer forma de dominación que tiene en sus manos todo gobierno autoritario, como el que hoy padece nuestra vieja y querida República Argentina.

 

Medite, el ciudadano de la Nación Argentina

 

RODOLFO LEIRO

Poeta – Escritor

Postulado al Nobel en 2010

Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un 28 de marzo del 2012.

21º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXV de la 2ª etapa/02-03-2012

 

EDITORIAL LXV

Más cultura, por favor

 

Es evidente que hay en todo el planeta una oleada de revueltas, rebeliones, protestas, rebeldías y otros movimientos de crítica al (des)orden de este mundo. A la denominada primavera árabe, que se inició en Túnez y se expandió por otros países norteafricanos y de Próximo Oriente, le siguió la revuelta en otros países donde ya existía no poco malestar. En Grecia hablamos ya abiertamente a fecha de hoy de situación prerrevolucionaria. En España, el Movimiento 15 de Mayo, al igual que en Israel, ocupó con campamentos las plazas y los espacios públicos de ciudades y pueblos; en Estados Unidos el movimiento Occupy Walt Street con su equivalente británico, Occupy London, atacó y ataca aún hoy el corazón mismo del capitalismo mundial; también se da en países de África Negra, como Senegal o en Guinea Conakry, cuyo movimiento sindical es fuerte y activo, o en los países del Este europeo, como Rumania, donde la calle está siendo invadida por un fervor de cambio ante una realidad frustrante.

 

En América Latina no se trata de algo novedoso, hace ya lustros que se lucha y se aboga por un nuevo modelo social que rompa las estrecheces de una realidad hiriente y que ha marginado y margina a millones de personas mediante la pobreza, la desigualdad, la represión, la segregación racial o social, la opresión. Autores como Eduardo Galeano, un clásico ya de la sensibilidad social y la rebeldía, o Raúl Zibechi introducen al discurso radical un humanismo de nuevo cuño que rompe el esquematismo de las teorías clásicas que el tiempo había cubierto de rancio.

 

No podemos descartar que en los próximos meses se acentúen las revueltas en China, donde la vulneración de los más elementales derechos sociales y humanos, atacados por una maquinaria política heredera del peor estalinismo y por un capitalismo salvaje rabiosamente inhumano, es un estigma difícil de aceptar.

 

Estamos, pues, ante un escenario nuevo, el mundo está pariendo seguramente una nueva sociedad.

 

Nos preguntamos qué papel puede jugar en este nuevo mundo la cultura. En las épocas de crisis suele aumentar el miedo -miedo a la pobreza, a la exclusión, miedo a la violencia física, a la moral-, pero también se acrecienta la imaginación y el arte abre con ello nuevos ámbitos. Las Vanguardias nacieron en un momento de profunda crisis. Surge hoy un nuevo activismo cultural que une la crítica a la realidad con un activismo radical en su sentido más literal: pretende analizar la vida desde su propia raíz.

 

Ni que decir tiene que estamos entusiasmados ante lo que sucede, ante esas protestas que indican que aún hay esperanza, aun cuando haya mucha desesperación en ella. Tampoco podemos dejar de temer las tendencias reaccionarias, netamente defensivas, que adoptan los Estados. Lo hemos visto estos días en Valencia, España, donde unos jóvenes cuyo delito fue denunciar la falta de estufa en su centro de estudios mediante una pequeña concentración en la calle fueron apaleados y reprimidos. La crisis está recortando medios en la educación. Tenemos que denunciar este hecho como una agresión a la población, como un acto de violencia contra la cultura. Porque recortando en educación tal vez se ahorren algunos millones de euros, pero estarán sacrificando varias generaciones a la miseria intelectual. No es que la educación en España sea hoy una maravilla, pero reducirla aún más es un error que este país, igual que cualquier otro, no se puede permitir.

 

Más cultura, por favor. Porque podemos vivir sin muchas cosas, pero no sin cultura que nos permite relacionarnos unos con otros.

 

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UN POEMA ECONÓMICO Y OTRO MITÓMANO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

COMPRO ORO

 

Ahora se compra el oro a un precio alto,

muy alto, tan alto, que por unos gramos de oro

te dan un manojo de billetes sudados.

Al vender el oro que durante tu relación

fuiste reuniendo como cualquier cosa,

te dieron para pasar tres meses sin preocupaciones.

Regalos de aniversario, momentos especiales,

agasajos y otras prebendas, oro amargo.

Ahora necesitas venderlo.

Cuando lo vendiste en la casa de empeños

el señor tenía allá en su caja de madera

toda una amalgama de oro viejo y usado.

¡Qué pena da todo aquello que se da por perdido!

Al salir de la casa de empeños

se dieron por perdidas tantas cosas…

pero ganaste otras, y esas serán para siempre.

Ahora te compran el oro a buen precio.

Si quieres vender el oro de una relación pasada

ahora es el momento idóneo.

Te dan un manojo de dinero sudado

y a cambio tú les das tu oro, también sudado.

Al salir de la casa de empeños

te quitaste un gran peso de encima, sí,

pero también, tienes que admitirlo,

te quedó un vacío inmenso adentro de tu corazón.

Como si el peso de ese oro vendido

ocupara el lugar de ese vacío que te quedó.

30 gramos, a 27€ el gramo son 810€.

8 años, a estas alturas, pesan como chatarra.

***

 

LA AUTOPSIA DE MARILYN

 

Marilyn te busco entre tus mejillas rosadas

y no puedo encontrarte,

veo que te meten en la ambulancia

y te sigo buscando en la autopsia sagrada

que desconoce tu nombre de estrella devorada,

Marilyn, tus abogados, Marilyn,

Marilyn, tus fotografías fijadas, Marilyn,

tus perfumes, tu flor de chantilly,

Marilyn, mis visitas a tu tumba, Marilyn,

tu embrión muerto es una estrella fugaz,

digo esto, Marilyn, ahora que sé

que nada te duele desde el paseo de tu fama,

Marilyn, tu pintalabios ebrio de ti, Marilyn,

tus tacones sonando en su rutina,

en su ritmo binario,

Marilyn, tus cosquillas apagadas, Marilyn,

tus ojos quietos en tu autopsia, Marilyn,

Marilyn, tus endorfinas esclavizadas,

Marilyn, tu Nueva York gris, Marilyn,

Marilyn, mi cobardía al verte, Marilyn,

los psicoanalistas persiguen tu psique,

los periodistas una confesión,

Marilyn, si yo fuera tu hija

no quisiera dos coletas a mis espaldas,

quisiera dos alas de ángel puro, Marilyn,

tus contratos con la FOX, Marilyn,

esos mitos acabados ya, que en vida,

en tu vida, no te quisieron, Marilyn,

ahora son fantasmas que escarban entorno a ti,

Marilyn, mi postdata cariñosa,

mi consuelo instantáneo, mi consuelo duradero,

Marilyn, en blanco y negro, Marilyn,

Marilyn, a tu pesar, Marilyn, de cera,

Marilyn, estatua de celuloide,

Marilyn, mi arpía angelical y demacrada,

Marilyn, tu voz se esconde al verme.

Yo, me río y te hago feliz, por siempre,

Marilyn.

 

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Redención

         «La revolución no huele a rosas, lo dijo Lenin y tenía toda la razón. La revolución exige sus víctimas, como uno de esos dioses ostentosos, rígidos en sus formas, crueles en sus gestos, pero liberadores a la larga, emancipadores, redentores del género humano. Viví por la Revolución, en mayúscula, nada debía desviar mi atención y mi esfuerzo, todo estaba centrado en ella

Recordé esas palabras escritas en un cuaderno sencillo, un mero apunte entre otros apuntes y párrafos que mi madre fue escribiendo ininterrumpidamente en ese y en otros cuadernos a lo largo de su vida, imagino que como un intento de ordenar sus ideas, también de componer y entender sus circunstancias, y para ello, para escapar de ese absoluto caos en que estaba inmersa, fueron malos los tiempos que le tocó vivir, precisaba escribir en todo momento para buscar algo de avenencia consigo misma, la escritura como terapia, en efecto, y así al menos la recordaba yo en los pocos momentos de convivencia mutua, siempre concentrada en sus escritos aun cuando en apariencia nunca compuso nada coherente, unas memorias, por ejemplo, o una reflexión sobre su época que vivió, eso sí, con plena intensidad.

Descubrí el cuaderno en que constaba aquella anotación el día que recogía sus cosas, mientras ordenaba sus papeles y cuadernos, horas después de haberla enterrado en Burdeos. Volví a sentirme una de esas víctimas de las que ella había escrito en un instante, al vuelo, hilando palabras sin ningún sentido, reflejando un estado de ánimo y unos sentimientos que sin duda no llegaba a entender. Quizá pensase en mí, pensé entonces, aunque nunca estuve del todo seguro de que se detuviera de pronto para pensar en mí, para forjar mi imagen en su recuerdo y tal vez sonreír.

Las palabras del profesor Lagos sobre el horror del estalinismo y su repercusión en Europa en los años treinta me trasladaron a ese párrafo. Había pasado dos años desde que muriera mi madre y descubriera la libreta marrón, la más íntima sin duda entre todos los cuadernos que había dejado abarrotados con su letra pequeña y gótica. «Las víctimas de la revolución», se titulaba el congreso que la Universidad en la que yo trabajaba había organizado para ocuparse del lado negro de las revoluciones. Parafraseando al pintor, la revolución crea sus monstruos. Y crea sus víctimas, no sólo víctimas entre sus enemigos, entre los partidarios de la reacción o del orden burgués, lógicas víctimas por otro lado si aceptamos que la historia es un campo de batalla entre estamentos o clases, sino también, y sobre todo en aquel congreso, las víctimas en el campo propio. En España teníamos a Andrés Nin, a buena parte de la dirección del POUM, revolucionarios masacrados por revolucionarios porque la Revolución no aceptaba disidencias y mataba los frutos que había engendrado. Por muy buenas que fueran las motivaciones, por muy generosos que fuesen sus impulsores, era como una regla inevitable, la revolución que se pudría, que mataba a diestro y siniestro, incluidos a sus partidarios, dejando un rastro de horror y de desesperación por no poder cambiar un mundo que tampoco ofrecía muchas alegrías.

¾¿Tú aquí? -me espetó Echávarri cuando me vio salir del aula magna donde el profesor Lagos había dado su correctísima conferencia-, no me digas que has descubierto que fuera de las sagas artúricas hay vida.

¾Ya ves -atiné a decir a modo de justificación.

Sonreímos ambos. En la universidad me tenían por uno de esos profesores monotemáticos que fuera de su tema, en mi caso la literatura medieval, apenas se interesaban por nada. Por lo demás, mi vida era casi la de un monje, no puedo menos que reconocerlo, me pasaba el día entre libros, leyendo, apuntando detalles, organizando ideas, y gracias a que Susana aceptaba que yo fuera así -me embelesas luego con todas esas historias que me cuentas-, me había creado fama de erudito y en mi haber cabían numerosos libros especializados, algunos de los cuales me habían dejado bastante satisfecho, todo hay que decirlo.

¾¿Has venido porque hay algo que puedas trasladar a tus siglos? -siguió bromeando Echávarri, esta vez ante testigos, Lorenzo y Monteiro se habían añadido a nuestra conversación.

¾¿Qué te crees, que las revolucionarios son cosas de la contemporaneidad? Habrás oído hablar de Müntzer, de los campesinos alemanes, los taboritas bohemios o los comuneros castellanos, por ejemplo.

¾Touché -exclamó Echávarri y soltó una de sus habituales sonoras carcajadas-, pero dime, ¿qué te ha traído por estos lares?

Nadie sabía nada de mi madre ni de mi familia en la universidad. Nunca había contado la politización excesiva en que había vivido durante mi infancia. Se sorprenderían mis insignes colegas si supieran que antes de los seis años yo había pasado sobre las rodillas de lo más selecto del comunismo europeo y mundial. Para ellos, mi interés por la política era inversamente proporcional a mis vastos conocimientos literarios medievales y yo había dejado que se mantuvieran en esa idea, la propagaba incluso, supongo que como medio de olvidar mi infancia. Callaba por ejemplo cuando en el café o tras la comida surgían temas políticos, a veces se daban verdaderas discusiones y polémicas, y en ellas escuchaba los nombres de algunos revolucionarios aclamados en las aulas y que para mí no eran figuras lejanas o míticas, sino personas que había conocido. Por supuesto, nunca acudí a ninguna de esas asambleas estudiantiles a las que algunos profesores gustaban de frecuentar, tampoco las criticaba, como otros profesores, catalogados como reaccionarios, simplemente me mantenía al margen y me escondía ante un fatalismo discursivo que me llevaba a huir del presente y sumergirme en los textos antiguos.

Pero la muerte de mi madre de repente había removido algo, lo pensé mientras Echávarri, Lorenzo y Monteiro elogiaban ante el propio profesor Lagos su conferencia y de paso su conocimiento de los escritores europeos del periodo de entreguerras, algo que los historiadores, tópico manda, acostumbran un tanto a desdeñar, sin duda por su ignorancia de la literatura. Consideré la posibilidad de que uno de esos mecanismos del subconsciente, tan analizado por los médicos freudianos, hubiera removido mi interior y sonreí ante la idea de que a mi edad, ya bien entrado en eso que llaman la madurez, me convirtiera en un exaltado revolucionario.

Sentí de pronto, en medio de aquel descanso congresual, que debía enfrentarme a muchos fantasmas. Sí, me repliqué a mí mismo, me ocurría lo que a tantos hijos de revolucionarios que pasaron una infancia abandonada y acababan odiando la política y a sus padres por ello, yo había pasado muy claramente por aquella fase. Quizá por ello había decidido acudir al congreso, atraído de algún modo por un título con el que me identificaba, las víctimas de la revolución, no las víctimas producto de la enemistad o la disidencia, sino las víctimas olvidadas, las creadas entre los hijos y parientes abandonados bajo las sombras de los protagonistas y su época.

A mi alrededor se hablaba, se discutía, se intercambiaban opiniones y desacuerdos, mientras que en mi interior, ese monasterio metafórico del que se burlaban mis colegas, se abría paso otro querella que no por íntima menos importante, la de la reconciliación con mi pasado y sobre todo con mi madre, muerta ya y con quien apenas había mantenido más contacto que el que me permitía la justificación de la distancia física y también espiritual. Mientras había escuchado al profesor Lagos brotaron recuerdos que de pronto adquirían sentido y que ahora entendía o me daban caminos por los que indagar mi pequeña historia personal. Sí, yo había conocido las disidencias de las que hablaba el profesor Lagos, había vivido directamente otras posteriores desde mi zona de sombras, asistí sin saberlo a rupturas históricas fruto de disidencias profundas y que adquirieron, por ejemplo para mi madre, forma de verdaderos dramas.

Contemplé al profesor Largos que conversaba con mis tres compañeros y de pronto me vi en la necesidad de dar un paso.

¾Doctor Lagos -interrumpí de golpe la conversación ajena-, he de consultarle imperiosamente un asunto -le agarré del brazo y le alejé de mis tres colegas que me observaron no sin cierta ironía-, disculpad.

Tuve el vértigo de entrar en un terreno delicado, un vericueto cuyo final apenas lograba atisbar.

 

Juan A. Herrero Díez

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LA FRONTERA

Cuando la locura se cure,

         los árboles dejarán de llorar.

 Raúl Frías(paciente del hospital psiquiátrico Borda- Buenos Aires)

Cuando la locura se cure,

los árboles dejarán de llorar,

y allí seré de nuevo

la raíz de lo puro en el diluvio de otros ojos.

 

Entre brotes lineales

que poblarán mi ruta

se quemará el infierno

que me tuvo lejano.

 

Y una obra perenne

me llevará a mis días

sin ruinas horrorosas, ni oscuridad, ni espera.

 

Seré el sudario urgente

que enjugará las lágrimas del árbol que está solo.

 

Después,

ya sin distancias

ni toboganes crueles,

abriré las ventanas del dolor marginal

y bordeando los límites de santos y almanaques

me sentaré a la sombra del bosque que me ahogaba.

 

Después,

cuando la locura se cure

y los árboles dejen de llorar.

 

 

© Teresa Palazzo Conti

 

***

        SALVACIÓN

 

 

Basta ya de cumplir

con ritos y almanaques;

basta ya de sonreír desde la niebla intacta del espejo.

 

Se han roto las cadenas de sal y precipicio

donde estuve perpetua

y sube por mis muslos

una confianza débil.

 

Me quito la camisa de piel cascada

y rota

y enarbolo las sílabas

de algún momento nuevo.

 

Hoy he vuelto a la casa

donde sufrí y maldije,

pero entera y liviana

me suspendo en los muros que habían grabado a fuego

los reproches,

los golpes,

las cenizas del beso.

 

Ya no hay furia ni engaños;

no bajan por mis sienes(senos)

las llaves de la muerte

ni ocultan las ventanas

las úlceras maduras(perversas);

sólo hay pan en la mesa,

y en cuadernos inéditos

esa palabra mágica que busqué tanto tiempo.

 

©Teresa Palazzo Conti

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EL ALARIDO DEL HIP HOP

Por Ana María Manceda

 

Quería incrustarme en el pizarrón, traspasarlo como una madura “ Alicia en el país de las maravillas”¡ Cobarde! En un segundo eterno hurgué desesperada en mi enciclopedia mental todas las filosofías pedagógicas para encontrar la más brillante y poder enfrentarlo. Sentía su mirada en mi  nuca  ¿Qué esperaría de mí? Mi mano,  ignorando  mi desesperación, amiga piadosa, dibujaba el perfil de la placa euroasiática. Y me di vuelta, lo miré como a los demás alumnos, mi voz parecía venir de un lugar hueco y lejano. Pensé en la importancia de la educación, cierto, pero que soledad y vacío se enredaban en esa verdad. Era una carrera contra el tiempo, sus pulmones ya estarían achicharrados de tanto aspirar pegamento  ¡Bendito seas! A uno de  ellos se le ocurrió interesarse por el tema, sus preguntas hicieron derivar a  la configuración actual del planeta, otros se interesaron en la vida existente durante  la Deriva de los Continentes. Todo en el universo es movimiento, me pregunto  por qué lo único estancado es  nuestra actitud de indiferencia social respecto a nuestra propia especie. Por fin el timbre, algunos alumnos se acercaron, seguían interesados. Nano se puso a mi lado, por primera vez se veía humilde, desamparado, mimoso. Tenía un aire de  ¡ Estoy aquí, con mi profe! Lo tomé del hombro, sentí su aún cuerpo de niño, casi me puede el llanto, no me lo iba a permitir, él me necesitaba protectora. — Nano ¿ En estos días bailan de nuevo el hip-hop?

—Sí, el viernes ¿Qué, quiere venir? Me preguntó  con su dicción cantarina y esperanzada.

—Sí, claro, me gustó, además es una expresión cultural de grupos que nos dicen muchas cosas—, dije estúpidamente. Le di un beso en la frente y me fui. Caminé las veinte cuadras que quedaban entre mi casa y el colegio,  me hizo bien el aire fresco. Cuando había entrado al salón de clase y lo vi sentado, mirándome fijo, sentí vértigo. En ese trayecto recordé lo ocurrido con Nano.

Acepté ir  a la presentación de los Talleres Municipales. La sala estaba repleta de chicos, se lucieron con las guitarras, bailaron folklore y  tango. Casi al finalizar la muestra le tocó el turno al Hip-Hop. En el grupo estaba Nano, pantalones anchos, buzo  y gorra de lana negra, una cruz pendía de su cuello. Su carita de dieciséis años tenía una expresión incierta, solo sus ojos oscuros transmitían una fiereza desolada. La música, extraña para mí, provocaba que los jóvenes contorsionaran sus cuerpos en el piso del escenario, las piruetas eran increíbles,  solo ellos podían realizarlas. Mientras unos  bailaban  otros hacían coro con letras de protesta. El mensaje me llegó, lo sentí en el estómago, era un alarido, una denuncia por la marginalidad de sus vidas, un alegato a la indiferencia social. Decidí que luego de la cena me acercaría hasta el departamento de Nano, sabía donde vivía, había visitado a su familia, muy humilde y sin padre en ocasión de un censo escolar. Al salir del teatro compré una caja con bombones, se los llevaría de regalo, una pequeña manera de halagar su actuación y de alguna manera  demostrarle que había  estado presente. Rechacé de manera constante sentirme culpable, en lo que hacía me brindaba entera, no los estafaba. Luego del espectáculo, al llegar a casa, abracé como nunca a mis hijos. Cuando terminaron de cenar les repartí unos bombones que compré sueltos, los de la caja eran para mi alumno. Ya todo organizado  y brindando explicaciones vagas me despedí de los niños, no tardaría mucho en regresar. Solicité un taxi y fui hacia las torres donde vivía Nano,  pedí al chofer que me esperara, eran las  diez de la noche. Me acerqué a un grupo de adolescentes que estaba sentado en la vereda, se veían botellas de cerveza vacías tiradas en el piso, sus voces sonaban guturales, altisonantes, provocativas.

—¿ Qué querés vieja? No jodás!

—Dejala che, es mi profe.

Mi mano, temblorosa, se extendió hacia Nano, entregándole la caja de chocolates. Sus ojos, de pupilas dilatadas, me miraron oscuros y  asombrados desde el abismo. Lo tomó dócil, sin agradecer, mientras fumaba de manera profunda su cigarrillo, luego se lo pasó a un compañero. Uno de los chicos, como si tal cosa, aspiraba pegamento de una bolsa de nylon. Los olores del pegamento y la marihuana me provocaron náuseas, atiné a decir

—Chau Nano,  te veo en clase.

En el trayecto de regreso hasta llorar me parecía estúpido, me sentía acorralada, furiosa, impotente.  No sabía como iba a mirarlo a los ojos luego de esa noche, los dos éramos conscientes que una triste complicidad  nos uniría de ahora en más. Ese día de clases había sido al primero que vi luego de mi visita a su barrio.

          Las veinte cuadras me dejaron exhausta, mis movimientos de rutina eran rápidos, intensos, cortos. Quizás de ahora en más cambie mis pasos, pero mis manos están vacías. Al llegar a mi hogar,  voy divisando una luz, con la certeza que en los acontecimientos cotidianos, la causalidad se inserta en la red de la vida  y estoy segura que mi mirada no se cerrará más entre los límites de mi realidad. En esa red de ahora en más estará Nano,  estoy segura,  él estará.

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TRES SONETOS ESENCIALES

Por Rodolfo Leiro

 

LA PIEDRA

Yo no arrojé la piedra que te hiere

ni el insulto procaz que te lastima,

no me presté a las fobias de la inquina

ni tampoco fui el santo que te quiere;

caminé sin cesar, como quien fuere

arribar a una hacienda  con su espina,

no fui el bardo cobarde que se inclina

ni el soberbio que aprieta si pudiere;

no fui fruto  de un débil miserere

ni infeliz emisario del que hubiere

profanado mi culto de profeta;

me alenté por mi mismo, sin congerie::

mi verso tiene fruto de intemperie

y algún beso perdido en tu glorieta..

construido a las 7,30 del

25 de enero de 2012-01-25 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

***

 

MI LIBERTAD

, Cuando el despotismo inflama

sus banderas de improperio,

e impone el vil magisterio

que le sirve de proclama.

Cuando la libertad se devana

roída por el dicterio

y te somete al imperio

de su incinerante flama.

Cuando tu voz le reclama,

y todo tu cuerpo clama

por la opresión, una cripta

que te ofende, que te hiere.

¡Hay un pecho que no muere!

¡Y hay un coraje que grita!

Construido a las   14,35 del

28 de enero de 2012-01-28 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

***

 

SI TORNARA

Si aquella tenue bonanza

que tentó mi lapso incierto

tornara en feble concierto

con un salmo de esperanza,

quizás la antigua templanza

hurgaba un  ignoto puerto,

borrara este feudo incierto

que derrapara mi hilanza;

volviera, en rauda mudanza

a la proverbial labranza

de mis endechas primeras

y aquella antigua confianza

forjara una férrea fianza

de besos con primaveras.

Construido a las 7,45

Del 28 de enero de 2012-01-28

Para mi libro

“Conversando con la Luna”

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

TIEMPOS  DE  INTRANSIGENCIA

I

En estos tiempos de prodigios

en los que sectores de la humanidad

multiplica su sapiencia,

contrarrestan esos avances

la más perversa de las intransigencias

encubierta en dispares ropajes

pero casi siempre amparada

por una infalible certeza

Dios es de su pertenencia

y en las directrices que de El emana

haya amparo su bienestar

e irrefutable autoridad moral.

II

Hoy día de gracia

de un omnipotente Dios

cuyo nombre será

el que más convenga

igual que en el pasado

arden hogueras

con olores displicentes

de pecados contra natura

y herejías de objeciones.

III

Rememorando a Umberto Eco

y a diferencia de su rosa

salvada del cadalso purificador

a última hora,

las agencias de noticias

escupían sobre las personas de bien

el nombre de una rosa

destruida en cruel virtud

para exonerar de pecado

las haciendas de un dominio.

IV

El amor y el derecho a la libertad

de las carnes y los espíritus

tendrán sus justas consecuencias

porque la inmoralidad y las ofensas

al Dios de conveniencia

será castigado por el prodigio

de la crueldad más perversa.

V

Imploro a mi Dios

que esas crueles mezquindades

cesen de triturar rosas

cuyo mayor pecado

es ser persona.

Ruego indulgencia prodigiosa.

 

***

AVENTURARME  EN  LA  EXPLORACIÓN

Aventurarme en la exploración

de este confuso mundo

desde sus más altas y afiladas aristas

hasta el más profundo de sus vacíos

para arañar su superficie

y no perderme en el superfluo

y super plano  escenario

que nos aproximan.

***

 

EN  EL  GRAN  ESCENARIO  DE  ESTE  MUNDO

En el gran escenario de este mundo

cada individuo tiene grabadas

sus propias ideas y de ellas

depende su visión del mundo,

partiendo de este hecho concreto

debe surgir la obra

donde cada uno de los actores

trascienda de su propia visión

interrelacionándola con otras,

escenificando su verdad

y la de los demás,

en ese espacio de contradicciones

debe germinar la verdad

de nuestra convivencia.

***

A  HORAS  DE  TU  VIL  ASESINATO

A horas de tu vil asesinato

defiendo lo que tu representabas

esperanza de libertad

para un pueblo masacrado

por las armas, la religión y la ignorancia,

en tu querida tierra la vida no vale nada

solo la humillación y la villanía

florece amparada por la necedad

el atraso secular y la opresión,

después de la tuya, valerosa mujer

en tierra de derechos de hombres

que sangre correrá hasta pudrir

la esencia de los caminos que hollaste.

***

QUIZÁS  LA  ACTITUD  MÁS  DENIGRANTE

Quizás la actitud más denigrante

de la condición humana

sea defender la limitación

del derecho de su propia libertad

de equivocarse por si misma,

versión moderna y sofisticada

del esclavo que cree que sus cadenas

forman parte de su condición.

 

***

 

QUE MAL NACIDO  DIOS  PUEDE  INCITAR

Que mal nacido dios puede incitar

a inmolarse a seres humanos

destruyendo ciega y despiadadamente

ingentes vidas inocentes.

No existe ni existirá,

solo alimañas sedientas de poder

lo inventan para dominar

o ampliar sus dominios

aunque se derrame

la más inocente de las sangres.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullá

 

   A MI DIOSA SALIMA

 

Hay en Burgos un Bar Los Dos

(Tu y Yo? ¡Ojala¡)

Donde vienen a montones

Los viejos valentones

Con ardiente corazón

Donde muero Yo de Amor

Dejándote este poema-oración

Y el testamento

De que si muero me entierren

En tu viña

Para chupar los sarmientos

De tu Vida

Y los labios de tu nardo Amor.

No te enamores mi diosa Salima,

No te cases

Porque te acostarás sufriendo

Amaneciendo sufrida.

OH, mi diosa santa Salima

Virgen y mártir de la barra

Hija de un labriego de Villadiego

Y de una bella mujer árabe

De Marrakech

Quiéreme

Y por favor no me digas

“Anda vete, anda vete

Que mis padres no te quieren

Ni un poco

Ni yo tampoco”.

Pues en tu Bar Los Dos

Me muero por Ti, diosa de Amor

Y daré una puñalá

A quien te me quiera quitar.

No hay ojos que no te  miren

Ni corazón que resista

¿Recuerdas?

Dos polis nacionales

Han venido al bar

En busca de unos ladrones

Mi diosa Salima

Tus ojos son

Que me han robado el corazón.

Ofréceme tu agua bendita

La lluvia dorada

De tus labios rojos.

Déjame besar

El cielo de tu paladar.

 

***

 

TETA *

 

Mi barca que no es el Costa Concordia

Pero se le parece un montón

¿A que sí?

Navegaba  con asnífluo acento

Alrededor de las tiendas

Del Carrefour en el primer piso

Cuando de pronto  mirando

A través del cristal de una tienda

Con rocas de caramelo

Vi y sentí una ladrona moldava

Con acento de Ja y Ju de Jumenta

Que me rozaba en todo tiempo

Dándome candela y matraca

Bien útil a la raza humana

Y a mi asinino plectro.

 

Colocando su mano en mi bragueta

Honras del Asno

Y acertando en tan sublime materia

Me dejó manosearle las tetas

O gloria mía¡

Procediendo al hurto de mi peruko

Un Rolex estilo Julio Iglesias

Para después hacerse la ofendida

En heróicos pollinales metros

Dejándome en masturbación sonora

Tan motejada

-Bien sé yo que las mujeres lo motejan-

Que retumba en el fondo de los mares

Deudores de desgracias

Y de este gruñido

Que en gracia pega.

 

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20º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIV de la 2ª etapa/01-02-2012

 

EDITORIAL LXIV

La sociedad del espectáculo: el deporte

 

 

A nadie se le escapa que el deporte en general y el fútbol en particular se han convertido en fenómenos de masas. El espectáculo mediático se extiende a todo el planeta y los futbolistas son hoy los héroes globales conocidos en el más recóndito de los lugares. La liga española de fútbol se sigue por todas partes y el clásico Real Madrid – Club de Fútbol Barcelona se puede ver gracias a los medios de comunicación con verdadera pasión. Por su parte, los Juegos Olímpicos son un espectáculo que atrae la atención de millones de personas cada cuatro años y llegó a ser, en plena Guerra Fría, el escenario donde se exponían los dos modelos en liza.

 

No podemos negar que en el deporte es posible apreciar muchas de las características de los héroes clásicos: tenacidad, confianza en uno mismo, fidelidad hacia los correligionarios, nobleza, respeto por el contrario, generosidad, valentía. No sería descabellado convertir el deporte en objeto del arte y de la literatura, de hecho lo ha sido y lo será.

 

Sin embargo, el deporte se ha convertido, como todo en el capitalismo moderno, en un espectáculo, fuente además de inmensos ingresos. Y al final hay una saturación tal debido a que es imprescindible rentabilizar las inversiones que mucho nos tememos que acabe por hartar. Muchos de nosotros crecimos con las competencias futboleras de fin de semana mientras que ahora tenemos partidos día tras día, e incluso mañana y tarde, única manera de que la publicidad, puntal de los beneficios, permita afrontar lo gastado en jugadores por los que se pagan cantidades imposible de conseguir en dos o más vidas juntas. Los Juegos Olímpicas, por su parte, devienen en el reclamo de pingues beneficios especulativos, como bien lo saben ciudades como Barcelona, Los Ángeles o Río de Janeiro.

 

Madrid se ha lanzado a la carrera por conseguir los Juegos de 2020 y ya nadie se sorprende por ver grandes empresas participando del negocio. Como suele ocurrir en otras esferas, el arte se diluye cuando los juegos de artificios se vuelven más y más espectaculares, tal vez porque con éstos se intenta disimular la mediocridad de aquel, por mucho que nos quieran sorprender las marcas conseguidas. Mediocridad decimos porque el exceso de entrenamiento y la hiperespecialidad convierte al deportista más en una máquina que en un ser humano con rasgos heroicos. Y con ello se diluye lo artístico.

 

El deporte es también una expresión social que como el arte y la literatura beneficia a quien lo practica y deleita a quien lo contempla, pero embrutece cuando busca incorporarlo a un sistema basado en la búsqueda del beneficio desmesurado. Y duele que el capitalismo vuelva el deporte en algo pasivo y sin alma. Como la vida misma.

 

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ATENCIÓN AL CLIENTE

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Llamo a la realidad de tu sociedad anónima,

Señorita teleoperadora,

Pudieras ser señora resucitada hoy,

bruja, ángel, zafia, mujer casada en la rutina,

Pudieras ser la línea seria de mi verdad,

Pudieras ser una voz vacía más,

la dosis de opio en el que acurrucarte.

Usted me dice: Dígame su nombre,

solamente para dirigirme a usted,

la duda es siempre una pregunta,

la respuesta tiene siempre su gracia.

Me llamo Cecilio y estoy a dieta,

la dieta que conduce a la infeliz salud,

Dígame su DNI, su nombre y apellidos,

Le repito: soy Cecilio, ¿no me conoce aún?

Usted me dice: manténgase a la espera,

la eterna espera, sin el descanso,

espero al monótono hilo musical,

la musiquilla de juguete

que me diga: estoy ahí, aún no me he ido,

sin embargo, la espera es silencio,

el silencio es sorpresa, mudo silencio,

un largo silencio: ¿hay alguien ahí?

Me siento desangelado, solo, harapiento,

incomprendido y espero su regreso,

tarda y pesa la esperanza en el regreso,

La esperanza tiene su aquél,

Todas las chicas no son iguales,

Todas las teleoperadoras te harán esperar.

Las musas te reincorporan al lugar sagrado,

Si todas las musas fueran como tu esperanza

las teleoperadoras no me harían jamás esperar.

Las musas de ahora no son sofisticadas,

te señalan un camino en el eternamente beso,

en el beso ese, sin un triste final.

 

 

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Postnavidad

 

 

Las luces de Navidad seguían iluminando las calles, a pesar de que ya habían pasado algunos días desde su celebración y habíamos entrado en el nuevo año. Pero allí continuaban, aun cuando para la gran mayoría ya era un recuerdo, la última Navidad, apenas una sucesión de hechos repetidos año tras año, la cena de Nochevieja, los regalos, las reuniones familiares, los recelos disimulados, las conversaciones casi idénticas a las del año pasado, la imagen de la felicidad en los rostros, real en algunos y aparente en muchos. Disculpen mi tono sardónico, un tanto punzante sin quererlo del todo: no tengo buena opinión de la Navidad, a pesar de saber que hay gente que la disfruta, la entiende, le da un sentido. Para mí, ahora mismo, posee un fulgor triste. En realidad siempre lo tuvo, incluso cuando era niño y, sí, me gustaban los regalos, los esperaba, me entretenía escuchando la historia de Jesús, José y María, la adoración de los pastores y de los Magos, pero aun así no recuerdo que esos días me animaran mucho, más bien al contrario, entraba en no poca tristeza y cierta melancolía.

Ahora intento que no me afecte. Evito las aglomeraciones en los barrios principales, en las calles donde se concentran las tiendas, en las plazas, en los restaurantes y bares, en los cafés, evito por tanto a ese montón de gente que compra en los centros comerciales mientras que otro montón de gente, la que no tiene un chavo, la que no vemos salvo que seamos uno de ellos, lo mira todo con envidia y frustración, sin que las llamadas a la solidaridad sirvan de mucho, sin que nadie, esos días, recuerde que también hay que promocionar la justicia social, sea lo que sea eso (disculpen también el tono mitinero, pero a veces tampoco puedo evitar exaltarme con ciertos temas). Si no fuera la hermosa historia de Belén, porque es hermosa, yo así la encuentro, seguro que los centros comerciales inventarían algo en vez de apropiarse del mito cristiano. Pero me voy por las ramas, lo sé. Evito también las calles engalanadas con luces, me crean tristeza. Aunque me tienta, tampoco entro en ninguna iglesia. Una vez lo hice. Escuché los cánticos de una iglesia menonita, entré en ella y no puedo negar que me gustó lo que vi, pero luego, al salir, la realidad me devolvió a mi estado de ánimo.

Así que contemplar las luces aún encendidas en el centro, otra vez la dejadez del municipio que tal vez busca que se alargue el sentimiento navideño más allá de los días estrictos de celebración, me deprime. Había quedado con Susana en el Café Atlántico y pensé que el centro había recuperado la gris normalidad de una ciudad provinciana como la nuestra, pero no, allí seguían las lucecitas multicolor, los paisajes edulcorados de nieve y paz, las imágenes de niños sonrientes y felices, los deseos de felicidad y próspero año nuevo. Las avenidas y calles del centro, por otro lado, estaban repletas de personas que ya no caminaban con paquetes y bolsas, sino que habían recobrado la cotidianidad y avanzaban rápido sin mirarse, ajenas a su alrededor.

Yo me podía permitir fijarme en ciertos detalles. No estaba trabajando. El Ilustrísimo Decano había decidido apartarme de mi puesto de profesor de mitología y pensamiento durante un tiempo, debido, parece ser, a mi extraño comportamiento y a mi actitud, esto me lo dijo, poco constructiva con la Institución Académica. Cuando me soltó el discurso en su despacho no le dije nada, le escuché en realidad como si yo no estuviera allí o como si no hablara de mí y para mí.

– No tienes nada que decir -me preguntó al terminar de referirse a la decisión del claustro y sorprendido por mi silencio y porque ni siquiera parecía molestarme por todo lo que acababa de pronunciar.

– No -susurré indiferente.

En realidad hubiera tenido que decirle a ese fanfarrón muchas cosas, por lo menos soltarle el asco que me producía esa ajada Institución Académica que no tenía mucho sentido mantener y que él dirigía con la grandilocuencia estúpida de quienes creen que están realizando una encomiable labor. Pero me mantuve en silencio, convencido de que nada les molestaba más a esos inútiles que la indiferencia de quienes, como yo, estábamos convencidos de que ninguna resistencia tenía, a fecha de hoy, sentido y que lo mejor era que todo se pudriese.

– No te entiendo -volvió a la carga, tal vez para provocar una reacción en mí-, eres un buen profesor, todos los estudiantes que han pasado por tu clase lo afirman, podías llegar lejos, lo sabes.

Tentado estuve de replicarle. Por ejemplo, que los estudiantes que pasaban por mi clase iban a acabar trabajando, con suerte, de camareros porque en la sociedad actual carecía de prestigio e importancia los conocimientos humanísticos. Quieren esclavos, no intelectos críticos, so cretino, hubiera sido una respuesta digna, pero seguí en mis trece y al final, como no insistió, me levanté.

– Tengo que recoger mis cosas.

De eso ya habían pasado varios meses. Vivía de mis ahorros, que no eran muchos, y de algunas traducciones que conseguía en pequeñas editoriales. No mantuve contacto con ninguno de mis insignes colegas. Sólo Susana, una estudiante, me mantenía informado del estado de la Universidad, que avanzaba a pasos agigantados a su destrucción. Susana, por lo demás, poseía al menos un espíritu crítico que a mí me encandiló desde el primer día en que reparé en ella, cuando me bombardeó a preguntas inteligentes que indicaban que no se iba a conformar con meras explicaciones formales de los puntos del programa y que quería darle la vuelta a las cosas. Quedábamos con frecuencia y pronto me di cuenta de que era la única persona con quien trataba de verdad.

Cuando llegué al Café Atlántico, ella me estaba esperando. Me sonrió al verme entrar y levantó el brazo para indicarme donde estaba. Me senté frente a ella. Sonreía, pero advertí una cierta tristeza en su mirada. Será la Navidad, pensé. Sabía que a ella tampoco le gustaba esta época. Me contó las últimas noticias, todas lamentables, cómo no, de la sacra institución. Era irónica, incluso ácida, mi mejor alumna, consideré, al hablarme de los profesores y de sus vanos intentos de convencer a todos de que había un futuro. Calló y ambos miramos por la ventana las luces navideñas que todavía estaban allí enfrente, recordándonos las fechas recién finalizadas.

– Me han dado una beca -me espetó de pronto-, me voy a Berlín.

Seguí mirando hacia fuera. La gente pasaba, las luces encendidas iluminaban más la avenida. A esas alturas, ya apenas me hizo daño la punzada de realidad que me golpeaba de nuevo. ¿Cuántos días habían pasado desde la Navidad?¿Diez, doce, tal vez catorce? La vida sigue, pensé. La miré, sonreí.

– Eso es genial -le dije.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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ENTRE  VACÍO Y PLENO

 

pacientes impacientes

maduran los ovarios del signo

 

nueva perla

en la arena de los días

y sus trabajos

 

el huevo semantema se con-vierte

en larva de poema

Rubén Vedovaldi

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UVA DE BOTELLON

 

Se dice que Cronos

y Rubens se lo imaginó divinamente pintado

engulló el falo de Urano

que  saltó primeramente al éter.

Del falo del rey primogénito

nacieron todos los dioses

y  diosas inmortales y felices

los ríos, los amables manantiales

y todo lo demás que entonces había nacido;

y el Quijote y Sancho,

pero él nació solo

chupando un racimo de uvas

de la Ribera del Duero.

 

Ahora nacemos chupándonos el dedo

y con una memocracia bajo el brazo.

No nos importa

la forma como se creó el mundo

ni cómo consiguieron los dioses

y los reyes su trono

que según la versión de Hesiodo y Homero

siempre fue castrando

y arrojando los testículos del contrario al mar.

De los genitales de Urano nació Afrodita

por ejemplo.

Y en la leyenda hitita

Kumarbu padre de los dioses persigue

y vence a Anu

que a su vez  vence a Alalu

primer rey del cielo

y va y le arranca los genitales de un mordisco

y se los traga.

De este atragantamiento

se queda preñado de Zeus

y le escupe fecundando la tierra

sobre todo tierra con planteles de uva.

 

¡ Zeus, el primer hombre-dios

preñado del Universo mundial¡

traqueteante de su pensamiento

que le devuelve irrisorio

y lo manosea

y lo dilacera salvajemente

sin ocuparse del “yo”

sin percibirlo.

 

 

Daniel de Cullá

 

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POEMA Y TEXTO INFORMATIVO

Por María Isabel Bugnon

 

¡Caballero del Amanecer!

Me da la impresión que llevas
en  tu corazón la soledad del amor.
Tu mirada un poco triste.
La sonrisa es solo una mueca,
en ese rostro en el cual
se dedisbuja la nostalgia.
En las mañanas te siento presente,
te imagino hilvanando sueños,
que dejas plasmados en tinta de luz.
¡Caballero del Amanecer!
No conozco mucho de ti,
ni la magia que envuelve tu soledad,
la mueca dulce de tu sonrisa,
ni los secretos de tu corazón.
¿Caballero del Amanecer!
En mi vuelo de Mariposa,
deseo unir mis versos
y tus historias.
Fundir mis manos entre las tuyas
y así expresarte mi cariño.
¡Caballero del Amanecer!

 

***

 

La poesía y la Paz

 

El 21 de septiembre  se ha declarado el día “Mundial de la Paz”,

una palabra  que ha definimos como un estado  de tranquilidad, sosiego, quietud, etc.

Paz es una palabra que encierra  muchas situaciones, Paz no es solamente  el final de una guerra,

largar  al aire globos y palomas blancas  cada 21 de septiembre.

Tenemos que enseñarles a nuestros hijos  con hechos y ejemplos  transitar los caminos de la paz.

La Paz del alma y el corazón, la  paz de los sentimientos, si  a la familia,

a  la salud, a la poesía, si  a la educación que es la base primordial de la paz,

la Paz la construiremos todos  juntos, todos  los días de nuestras vidas,

sembrando  el amor, cambiando  un arma por una poesía, el mal humor por una sonrisa,

una  bofetada  por una caricia, un exabrupto  por un beso.

Los invito a unirnos  en la poesía por la Paz en el Mundo.

MARIA ISABEL BUGNON.

ghostsantafe@hotmail.com

DESDE ARGENTINA

 

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CUENTO DE NAVIDAD CON ESPECIAL DE NOCHE-VIEJA Y ANUNCIO DE LA COCA-COLA

 

POR JOSÉ ICARIA

 

 

Estabas viendo el programa de fin de año del tipo ese de los cruz y raya (sí, ese que a veces hace genialidades, como lo de “si lo que quieren es que la juventud piense, lo están consiguiendo”, pero también chorradas inofensivas, como la mayoría de sus imitaciones de famosos, en fin, …como la vida misma, que diría tu cuñado), junto a una delegación de la familia de tu mujer, en casa de tus suegros, cuando de repente, has dejado de prestar atención a los gemelos psicópatas de tu cuñada, al imbécil de su marido, que luce unas ojeras increíbles y hace un rato lo oíste cuchichear con su hermano: “puede que tengamos problemas, hay que estar preparados para lo peor”, a las tetas de silicona de la nueva novia del mayor de tus sobrinos (“¿serán de las que no tienen garantía?”, te preguntas mientras imaginas un comienzo de año explosivo, con la detonación de uno de sus pechos en la doceava campanada: Afrodita A, ¡fuego de pecho!, pero desvías la mirada a tiempo de evitar su gesto de disgusto), al capullo ese con el que está saliendo otra de tus cuñadas: casi preferías al anterior, y eso que trabajaba en una inmobiliaria, pero ¿a qué coño se dedicará este? Se hace el simpático, pero se nota a la legua que carece de inteligencia tanto como de sensibilidad: ¿será policía, o simplemente portero de discoteca? Habrá que mantener las distancias. Y estabas pensando en fingir un ataque de apendicitis cuando de repente, algo que ocurría en la pantalla ha atraído poderosamente tu atención.

No era un gag más del cruzyrayo, ciertos detalles te parecieron particularmente familiares: tras lo que parecía ser una cámara subjetiva, entrabas en una especie de colmado, o quiosco, o tienda de chuches, y aprovechando un descuido del anciano dependiente, dejabas unos mecheros (¿mecheros?) en el dintel de la ventana, pero cuando salías de la tienda y dabas la vuelta a la esquina para recoger el objeto del hurto, una anciana que había dejado las agujas y el punto sobre una silla de enea, te miraba un momento mientras guardaba los mecheros en el bolsillo de su bata: “desde luego, qué poca vergüenza, robar a unos ancianos”, y pasabas compungido junto a ella, mirando innecesariamente el reloj para disimular… Luego, apedreabas unos vehículos creyendo que eran los de tus profesores de egb, y al cabo de un rato, te cruzabas con unas personas muy amables que te preguntaban si habías visto a alguien, o si podías imaginar el motivo, eran nuevas por aquí, y respondías que no tenías ni idea, y que también estabas de paso… Y por último, veías alejarse el camión de la basura, y uno de los basureros que iban agarrados a la parte trasera, llevaba una minifalda sin nada debajo y se le veía parte del escroto, y no pensabas en la ironía de la perspectiva pornográfica, sino que a tu mente venía una frase: “ha llegado el momento de echarle cojones”, y entonces escupías un trozo de mazapán sobre la mesa:

– ¡Coño!, pero… ¿qué es lo que pasa? ¡He soñado eso esta semana! -y una rápida ojeada te muestra a toda la familia congelada, como si su miembros asistieran a la última cena, o posaran en el museo de cera.- Pero… ¡¿qué cojones?!

Pero ya aparecen las imágenes -distribuidas por wikileaks- de militares disparando a civiles desde un helicóptero Apache en Irak; de Bin Laden y Gadafi muertos; de restos humanos en una mezquita suní de Bagdad como consecuencia de un atentado suicida; de campos de cultivo de opio en Afganistán; de yuppies de Wall Street esnifando cocaína en la suntuosa habitación de un prostíbulo de lujo con prostituta vestida de policía al fondo; de reuniones de consejos de administración celebrando los beneficios y a continuación, decidiendo la cifra de empleados que despedirían; del vendedor de fruta Mohamed Bouaziziz, rociándose con cinco litros de gasolina y prendiéndose fuego después de que la policía le decomisara su mercancía y lo golpeara; del ejército abriendo fuego sobre la población civil en Siria, Egipto, Libia, Yemen, Israel; de campamentos de refugiados en el Sáhara, en Tinduf, en Senegal…; de niños con los buches hinchados arrastrándose por el suelo mientras aguardan la muerte en un campo de refugiados en Somalia; de líderes europeos y norteamericanos vendiendo sucesivamente armas a las dos partes del conflicto libio; de especuladores masturbándose con vídeos pornográficos al tiempo que consultan sus ganancias en bolsa; de políticos que hablan de recortes mientras se suben el sueldo, o perciben dietas vitalicias al tiempo que desempeñan cargos altamente remunerados en empresas que privatizaron, o que perciben sueldos de una cantidad imposible de empleos; o de banqueros de dientes afilados que se lucraron con la burbuja inmobiliaria y ahora amenazan el llamado Estado de Bienestar con tal de seguir acumulando beneficios;  de policías aporreando a manifestantes del 15 M: “¡más madera!,  en cuanto los pongan un «poco finos» se les termina la tontería, si no, al tiempo”, leemos en un foro de internet…

La mayoría de los comensales ha vuelto lentamente a la langosta y a la jarra de vino turbio, pero permanece expectante ante el inusitado baño de realidad sin pre-aviso televisivo. “¿Qué ha sido eso?”, ha dicho -con apenas un hilo de voz- la cuñadita que menos come (de hecho, la anorexia la tiene contra las cuerdas, y dudas de que el año siguiente se mantenga aún con vida). “Esto es despreciable”, dice su hermana, que tiene, en cambio, una cierta propensión a la obesidad: “en estas fechas hay que poner cosas alegres”. “Sí, ¿por qué no cambias de cadena?”, dice la madre, una anciana que ha sido muy guapa de joven, y ahora suple los estragos de la edad con el brillo de una quincallería pesada y ostentosa. Los gemelos psicópatas se han golpeado recíprocamente con un plato y una bandeja en la cabeza y las costillas: uno de ellos se ha echado a llorar y el otro a reír; el que llora te ha dado una patada en la espinilla al pasar junto a ti: “¡hijode…!”, has reprimido in extremis.

– Pero, ¿por qué no cambia?

– Sí, eso, ¿qué coño pasa?

– No, es que todas las cadenas ponen lo mismo.

– ¡Pues párala!

– ¡Ya lo intento, pero no se deja!

– ¡¿Cómo que no se deja?!

Y de repente, todo el mundo enmudeció –incluso los gemelos psicópatas– nuevamente: en la pantalla aparecía, como si tal cosa, el novio garrulo de tu cuñada, visto  a través de lo que parecía ser una cámara oculta. Se dedicaba a dar palizas a los borrachos de última hora en las carpas de su localidad; tenía una esvástica tatuada en el hombro, y consumía el dinero de su tarjeta en interminables noches de puticlubs y afterhours. “Pero ¿qué…?” había empezado a decir tu cuñada; “bueno, yo me najo, familia, que tengo prisa…” El portazo apenas te había distraído de la pantalla, donde ahora aparecían tus cuñados “emprendedores”: defraudaban dinero a hacienda y, al parecer, un inspector que había descubierto lo de los premios de la lotería los estaba chantajeando: “tienen que comprender, con los recortes, apenas nos alcanza, y el niño, ha empezado ya la universidad…” En cuanto a la anoréxica, no tardó en saberse el complot que había organizado en la oficina para hacerle la vida imposible a una nueva: no sólo era más guapa que ella, sino que, además, sabía inglés. “Vaya con la seca”, había soltado una de las cuñadas. Que, precisamente fue la siguiente en aparecer en pantalla… escondiendo grandes cantidades de dinero negro tras un agujero practicado detrás de la leñera de la chimenea. Por lo que respecta a los suegros, pudimos verlos contratando a unos macarras para que acosaran a la pobre Angustias, una anciana que permanecía en un bloque de su propiedad, con un contrato de alquiler de renta antigua… La Gemma, fingiendo un suicidio para llamar la atención de su marido, que, de paso, se entendía con una vecina… Se supo, incluso, que los gemelos habían sido inseminados con esperma de un estudiante de veterinaria, puesto que el padre era estéril, como también lo era uno de los primos del pueblo que había venido a visitaros: había sabido la noticia después de comprar el monovolumen de rigor. Una cuestión de mala suerte…

– Pues, parece que el año que viene se presenta difícil, ¿eh?

– ¡Vaya! –respondió tu cuñado (uno de los emprendedores), aspirando el humo del pitillo mientras le dabas fuego de un mechero muy parecido al de la primera escena. En la tele estaban dando ese maravilloso anuncio de la Coca-Cola que suelta perlas como: “¿No es maravilloso que, pese a la burbuja inmobiliaria, en Teruel regalen una casa a quienes se decidan a regentar el bar del pueblo?”

 

 

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Charles Buenos Aires

Por Irene Mercedes Aguirre

 

¡De tantos genes se nutrió tu vida

desde que abriste tu perenne canto!

¡Charles de Francia, Carlos  Buenos Aires

voz de Toulouse, voz gestada en llanto!

Bagaje antiguo que te delineaba

ese  pequeño cuerpo palpitante.

Fuerza y ternura de la gente aquella

que te imprimió su sello trashumante.

Con el   zorzal que maduró en tu boca

de  melodioso  trino, apareciste,

la Francia  atrás, el Plata hacia adelante

entre los brazos de tu madre triste.

Llegaste, Charles, a este Buenos Aires

y te adaptaste  al arrabal porteño

con tu mirada de purrete galo

y de él te hiciste su señor y dueño.

 

Le diste al alma popular lo eterno

porque tú eras universo y mundo

que derrochaba sus herencias francas

como equipaje inmaterial fecundo.

Te caminaste todo, calle a calle

por  esos  barrios de farol y esquina

y entre las barras orilleras bravas

se oyó  tu voz profunda, cristalina.

Nos modulaste, luz de trovadores,

Tangos, milongas, valses y tonadas

¡Nos ayudaste a SER, payador gringo,

Carlos de aquí pero Charles de Francia!

Y al recordarte noto tu vigencia

de  noble acento,   con compás de tango

tejido en arrabales y miseria

¡que difundió en el mundo su alto rango!

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 “APRETÁNDOME EL ALMA”

 

Siete de la mañana de un día cualquiera, me desperezo después de un sueño por demás intranquilo y no es para menos, las próximas horas serán sin duda alguna definitorias de muchas preguntas y dudas, el temor más grande es que existen infinitas probabilidades que la mayoría de ellas: QUEDEN EN LA NEBULOSA…SIN RESPUESTAS.

La languidez que siento en el estómago , es típico del preludio de algo importante por suceder , por eso mi intranquilidad sube a medida que pasan las horas.

Los pormenores que desembocaron en esta situación, no dejará de llamar la atención a muchos, pensando con razón que lo mío puede deberse a varias cosas :QUE ME ESTÁ PATINANDO EL EMBRAGUE, QUE NO ENTIENDO LO QUE ME SUCEDE, O QUE SIMPLEMENTE LA VIDA ME ESTÁ PASANDO ALEGREMENTE POR ENCIMA, ¿la verdad?…NINGUNA DE LAS TRES SITUACIONES ME LLENAN DE ORGULLO.

Con mucho miedo me voy al encuentro de una cita emocionante, en un lugar cualquiera, de un barrio imaginario…o no, me está esperando ni más ni menos que MI NOSTALGIA, TENGO TANTAS PREGUNTAS PARA HACERLE.

Mientras me dirigía a ese sitio comencé a replantearme un montón de cosas, en primer lugar: COMO IBA A COMENZAR MI INDAGACIÓN.

¿Tal vez preguntando donde había quedado mi inocencia? y algo más importante aún, SI HABÍA SERVIDO PARA ALGO, a continuación averiguaría que fue de la historia de MI PRIMER AMOR…Y SI ALGUNA VEZ SE ACORDÓ DE MI.

También le rogaría alguna noticia de aquella…MI MAESTRA BUENA, LA DE PRIMER GRADO, QUE CON SU BONDAD Y PACIENCIA HICIERA QUE MUCHAS VECES ME EQUIVOCARA…¡ Y LE DIJERA MAMÁ!.

No dejaría de preguntar si acaso por una casualidad sabe algo de las promesas, que joven aún me hicieron con respecto a “UN MUNDO JUSTO”, CON OPORTUNIDADES PARA TODOS Y SIN DISCRIMINACIONES Y DE ESA VIEJA CANTINELA… QUE CON UN POCO DE ESFUERZO VERÍA CORONADO MIS DESEOS DE ¡ GANARME UN VENTUROSO PORVENIR!.

Mientras pensaba en todo esto mis pasos iban a la deriva, parecía que no obedecían a ningún control, al rato se fue clarificando la nebulosa en que se había convertido mi mente, fruto de mis profundas elucubraciones y en ese preciso instante fue que escuché una voz, que en tono de reproche me decía: OTRA VEZ TE DEJASTE VENCER POR LAS UTOPÍAS.

YO NO BEBO, PERO ME DIRIGÍ AL PRIMER BAR QUE ENCONTRÉ…

PARA MAREARME CON UN PAR DE COPAS….

NECESITABA IMPERIOSAMENTE..

PENSAR EN OTRA COSA.

Boris Gold

 

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Alguna vez haré
el poema más hermoso,
el mismo que no podrá
ser comentado por ninguno;
no habrá en él
esencias ni proclamas,
será simplemente
aquel poema
que no diga nada
y diga todo.
A veces llego a la mitad
y me vuelvo,
pareciera venirse
la noche en cada letra,
es como si la vida
se acabara
a cada instante
y renaciera
una nueva existencia
desde la nada.
Alguna vez haré
el poema más hermoso,
hará furor
entre los más
grandes poetas
de la historia.
Quizás sea la suma
de todos ellos.
Los poetas son
mi alimento de cada día
y en esos nutrientes
capto yo la misma esencia,
cada presencia
se eleva ante mi
apasionada.
Alguna vez
los poetas vendrán a mí,
vendrán los vivos
y aquellos que ya no están;
aparecerán por cada rincón
de mi intelecto
como diciendo
cada uno un verso nuevo.
Será el poema
más hermoso
porque no será solo mío
habrá miles de poetas
en mi memoria,
de allí saldrán
las más cálidas odas
de la existencia.
Serán como faroles
encendidos entre la noche,
marcarán los caminos
más oscuros
entre las sombras
y en medio de las tinieblas
la claridad se hará presente.
Alguna vez serán
todos los poetas
los que hablen juntos
y yo simplemente contaré
sus secretos y sus memorias.
Habrá poetas tan viejos
como el destino
habrá nuevos poetas
que aún no nacen,
será la misma eternidad
presente en cada uno,
de ellos nacerá sin duda alguna
un flamante signo de victoria.
 
CARLOS A. BADARACCO
14/12/11
(DERECHOS RESERVADOS)
REGISTRADO EN safeCREATIVE

 

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SONETOS DE RODOLFO LEIRO

 

EL POETA

 

El Poeta es la arteria independiente,

que está ajeno a la usual anatomía,

no figura en catálogos o en guía

ni en la mitra, la secta o el tridente;

es un foro de música esplendente

que nutren fogariles de energía,

es el cauce glorioso de la estría,

es el verbo, la mística,  pendiente

de un glosario de lírica turgente

erupción de nectario sugerente

que proviene del sol de la utopía,

se dibuja en la rima coincidente,

en la gloria sublime de tu mente

y en mi pálpito vital de cada día..

construido a las 16,22 del

26 de diciembre de 2011-12-26 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro.

***

 

CAMINATA

 

Era una rubia tarde de febrero

caminando al azar, como un poseso,

tentando una mirada, acaso un beso,

que ofrecen ciertas damas al torero;

no estaba aquella Luna de alfarero

que supo ser recreo en mi receso,

una especie de guía, en el proceso

de mi bardo profeta del sendero;

y concluyó mi tarde, sin “te quiero”,

sin abrazo, sin suerte, un arponero

que retorna a su casa sin su presa,

y me senté a escribir, flaco rimero,

en esta mesa pobre, un utilero

hurgando un carmín rojo que te besa..

construido a las 8,23 del

1 de enero de 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

 

***

 

DOS LUNAS

 

Mi Luna,  sumergida en la laguna

donde brincan los peces su contento.

va forjando en la ola un sentimiento

que el viento desparrama tras la duna,

desde el otero inquieto de mi tuna

indago en el profundo firmamento

y la veo a mi Luna, en un intento

para rolar su efigie en mi fortuna:

es que tengo acaso yo una Luna

que gira en el espacio, inoportuna,

mientras otra sonríe desde el lago;

y entre los dos dibujos me someto

a dos damas que llenan mi soneto.

¡Un beso que con otro beso pago!

Construido a las 12,17 del

1 de diciembre del 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

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                 ANTOLOGÍA     “DE QUENAS Y BANDONEONES”

 

AUTORA: ELSA SOLÍS MOLINA

 

 

1          CREO

 

A LAS TRES DE LA MAÑANA, ¡ESTÁ TAN ALTA LA LUNA…!

ESPLENDOR INMACULADO, CUAL EL DE UN NIÑO EN SU CUNA

TODOS LOS ÁNGELES DANZAN, ALREDEDOR DE SUS LUCES

ELLA REINA EN LAS TINIEBLAS, BESA, ENAMORA Y SEDUCE.

 

SU REINADO ES EN LAS SOMBRAS, SUS CLARIDADES ESPARCE

SÍNTESIS FIEL QUE NO ESTORBA, AL MAR, QUE ENTRE SOMBRAS, YACE

CIELO, MAR Y LUNA LLENA, EN ORDEN QUE DESDE EL FONDO

DE LOS TIEMPOS SE ACOMPAÑAN, EQUILIBRIO FIEL DEL COSMOS.

 

QUE FORMAN ESA MARAÑA, DE INACCESIBLES MISTERIOS

DE ESPLENDOR EN LAS MAÑANAS, DE CLAMORES Y SILENCIOS

ELLA TIENE LAS RESPUESTAS, JUNTO CON SOLES Y FLORES

NO HAY QUE DUDAR MÁS,  ES ÉSTA… LA RAZÓN DE LAS RAZONES.

 

DE LA CREACIÓN INMENSA, DEL AMOR LA LUZ, LOS MARES

DE LA INENARRABLE ESENCIA, DE UN PRINCIPIO DE COLORES,

DE LA CREACIÓN ETERNA, EQUILIBRIO, ROCAS, SALES…..

TODO DENTRO DE UN ESPACIO, TAN PLENO DE LUZ Y AMORES.

 

 

2      EL MOMENTO

 

CUANDO TUS OJOS REHUYEN MI MIRADA

Y LA SOMBRA DEL HASTÍO ESCONDE

EL DOLOR DE MIRARNOS NUEVAMENTE,

CUANDO NUESTRA ALEGRÍA ES TEDIO

Y LA SANGRE SE MUERE EN EL ABRAZO

Y LAS CUERDAS DEL ALMA SE SILENCIAN…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO EN UN VUELO DE TUS PÁRPADOS

ME OCULTAS, EL FONDO DE TUS SUEÑOS

Y EL AMOR, EN LÁGRIMAS SE PIERDE,

CUANDO YA EL SOL NO ES NUESTRO ABRIGO

NI COMPARTIMOS LAS ESTRELLAS

NI ME ILUSIONA TU CAMINO…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO LA ESPERA ES INDIFERENCIA

Y NECESITO BUSCAR EN LO PROFUNDO

Y REVIVIR EL AMOR DE LO PASADO…

CUANDO HAY QUE INVENTAR TODOS LOS DÍAS

EN UN ROMPECABEZA  INCOMPRENSIBLE

COMO DESEAR Y AMAR TU COMPAÑÍA…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

 

 

3        ¿QUEDARÁ ALGO?

 

¿ALGO QUEDARÁ FLOTANDO

COMO UNIVERSAL FRAGMENTO,

EN CIELOS SUAVES, LEJANOS

CON IGNORADOS SECRETOS…

O PERDIDOS, DESARMADOS,

VIAJARÁN LEJOS, MUY LEJOS…?

¿DE ALGO SERVIRÁN POEMAS,

INSPIRADOS SIN LAMENTOS

PARA AGREGAR A LA NADA

E INTERPRETAR SENTIMIENTOS

COMO PIEDRA QUE INTERRUMPE

LA QUIETUD DEL LAGO TERSO…?

ES POEMA INTRASCENDENTE

QUERERLE CONTAR AL MUNDO

CON INÚTIL ARGUMENTO,

LA ADMIRACIÓN Y EL SENTIDO

DEL AMOR Y EL SENTIMIENTO

DE LA PASIÓN Y EL OLVIDO.

 

 

4    SIMBIOSIS

 

MI INTIMIDAD CON LA TRISTEZA ES TANTA

QUE SÓLO LOS COLORES LA INTERPRETAN

QUE LA NOCHE Y EL VIENTO NO SE ESPANTAN

QUE LAS RAMAS Y EL SOL, TAMBIÉN LA ACEPTAN

 

ESA AUSENCIA DE RUIDOS QUE PENETRA

LOS UMBRÍOS FOLLAJES DE LAS SOMBRAS

QUE DETRÁS DE LOS PÁRPADOS INVENTAN

SILUETAS IMPRECISAS, MARES, OLAS…

 

ESE DORADO PÚRPURA, AZULADO

QUE JUEGA POR LOS TECHOS,  EN LA NOCHE

CUANDO EL INSOMNIO CREADOR Y ALADO

DESCUBRE ENTRE LAS SOMBRAS, LAS RAZONES

 

DESMEMBRA EL ARCO IRIS Y RECREA

SUEÑOS DISPARATADOS DE LOS GRILLOS

HABITANTES IGNOTOS DE MALEZAS

SUBMUNDO DEL AFÁN, LA PAZ, EL SINO

 

SILENCIO QUE ACARICIA LOS OÍDOS

QUE DEJA AL ALMA, DESVALIDA Y SOLA

Y SE PIERDE EN LAS HOJAS Y EN LOS NIDOS

MIENTRAS SE DUERMEN LAS PALOMAS.

 

 

5         LA HISTORIA ETERNA

 

MUNDO DE NOTICIAS, GUERRAS…TUMULTUOSAS MAREJADAS
DE ALARIDOS QUE LOS SUEÑOS PERDIERON EN MADRUGADA.

¿DONDE SE FUE LA ESPERANZA Y AQUEL SOL DE LA MAÑANA?
YA SOLO ESCUCHAS LAMENTOS Y EL ESTRUENDO Y LA METRALLA.

 

MIRANDO VIVIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR SUFRIMOS
A LOS NIÑOS MUTILADOS Y HORIZONTES PURPURINOS…

¡LA MIRADA HORRORIZADA, EL ALMA DE SAL, SENTIMOS!
MIRANDO MORIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR, MORIMOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS VIVEN, ANHELOS ESPERANZADOS
OCULTA EN PARPADOS TIBIOS, MIEDO, FERVOR ENLAZADOS

FUERZA, COLOR Y MAÑANAS, SUEÑOS DE PAZ ANHELADOS
ENSOÑACIÓN, SOL, AMORES EN PROYECTOS AMARRADOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS MUERE LA ESPERANZA MUTILADA
TIERRA DESESPERANZADA, TIERRA YERTA Y ARRASADA,

OJOS APRETADOS SUEÑAN, EL DESEO DE UN MAÑANA
LAGRIMAS DE SAL OCULTAN, LA ANSIEDAD DESESPERADA.

 

SÓLO LA VIDA EN ETERNA EXPLOSIÓN VALIENTE, RETA
A GUIJARROS Y DESIERTOS, PIEDRAS, RAÍCES Y ARENA…

RODEANDO TRONCOS Y GRIETAS, SUBIENDO POR LAS LADERAS
PARA SURGIR EN LAS SOMBRAS, VIDA LATENTE Y PERPETUA…

 

VIDA SURGENTE, EXPLOSIVA, EN CONJUNTO CON LA TIERRA
GARANTIZANDO LA VIDA, ECLOSIONA CON LA HIEDRA,

EN ROSADAS HOJAS NUEVAS, EN PÉTALOS DE AZUCENAS
UN NUEVO CICLO Y COLORES, PARA GANARLE A LA GUERRA…

 

 

 

6   MEDITACIONES

 

SÓLO SÉ QUE HOY ESTOY VIVA, QUE NO SE ME HA NEGADO

VER EL SOL, QUE LOS MIEDOS SUBSISTEN, PERO, LA VIDA ES MÁS FUERTE.

NI SIQUIERA ENTIENDO ESTA NECESIDAD DE EXPRESIÓN,

ESTA ADMIRACIÓN POR ASISTIR DIARIAMENTE A LA EXPLOSIÓN

DE VIDAS HUMANAS, ANIMALES, VEGETALES…

 

¿QUE ES LO QUE GARANTIZA LA SUBSISTENCIA E INCLUSO

NUEVAS FORMAS DE INNEGABLES EXISTENCIAS QUE REPTAN

ESCONDIDAS GARANTIZANDO SU ESPECIE?

LA TIERRA NO NECESITA MÁS QUE UNA PIZCA DE HUMEDAD,

UN HÁLITO DEL SOPLO DE OXÍGENO, UNA MIRADA ESPERANZADA,

PARA REGALAR, UN ENTREABIERTO

CAROZO, CUIDANDO, ACUNANDO ESA ÍNFIMA E INDEFENSA ,

ROSADA Y TRANSPARENTE HOJUELA TEMBLOROSA QUE BUSCA EL SOL…

NUESTRO CANSADO PERO INVENCIBLE DESEO DE VIVIR,

IGNORA, QUE CASI SIEMPRE, ES UN LATIDO,

RENUNCIANDO A EXISTIR, LO QUE DETERMINA EL FIN….

¿O UN NUEVO COMENZAR?

 

 

7         AMANECER

MIS SENTIDOS LLENOS DEL COLOR Y EL PERFUME DE LAS FLORES,

EL ÍMPETU DE LOS CIELOS TUMULTUOSOS

Y EL ROSTRO BESADO POR LAS BRISAS MARINAS, INCENTIVAN

EL DESEO DE SEGUIR TRANSITANDO TANTA BELLEZA…

HASTA LAS MADRUGADAS SOLITARIAS, APORTAN LA BELLEZA

INCOMPARABLE DEL SILENCIO, CUANDO ALLÍ ABAJO,

LAS FAROLAS DE GAUDÍ, ILUMINAN ROSTROS DESCONOCIDOS.

EL TUMULTO DE UNA CIUDAD QUE DESPIERTA,

DEVUELVE LOS SONIDOS COTIDIANOS Y EL IGNOTO OBSERVADOR

EN LAS PLAYAS SE DESPIDE DE ESA LUNA INDECISA

QUE DUDA EN VOLVER A LAS SOMBRAS INSONDABLES…….

Y CUANDO EL SOL IRRUMPE ENTRE CIELOS ANARANJADOS Y PALOMAS

AJENAS A LA IMPOTENCIA DE SOBREVIVIR,

BUSCAN CONFIADAMENTE UN SUSTENTO GRATUITO…..

OTRO INCOMPRENSIBLE Y ANSIADO MECANISMO COMIENZA:
¡EL SER TESTIGOS DE UN NUEVO DÍA!

 

 

 

 8    SOLEDAD

 

 

CUANDO LOS PÁJAROS NOCTURNOS ACOMPAÑAN
CUANDO EL SILENCIO SE ACOMODA EN LAS HENDIJAS
CUANDO EL VIENTO SE DESLIZA EN LAS MARAÑAS
Y LA LUNA PONE EN TRONCOS LUZ DE TIZA…

CUANDO EL INNATO TEMOR ESPARCE SALES
SOBRE HERIDAS QUE NO SE CIERRAN NUNCA
CUANDO RENACEN LOS MIEDOS ANCESTRALES
Y EN EL ALMA LAS PENAS NO SE OCULTAN.

CUANDO EL MENSAJE LLEGA SIN PALABRAS
CUANDO TODO SE ENTIENDE DE REPENTE
Y LA VERDAD VIENE SOLA, SIN CAMPANAS
Y ALLÍ DESCUBRES EL EQUILIBRIO, EL EJE

CUANDO EL MIEDO TE INVADE LAS ENTRAÑAS
Y LAS SOMBRAS SEMEJAN OJOS, SOMBRAS
Y EL SILENCIO, TRASCIENDE LAS PALABRAS
Y MÚSICAS LEJANAS NO TE ASOMBRAN…

HA LLEGADO LA MUERTE, ¡TE APRISIONA!
PORQUE EL ALMA SIN EXPECTATIVAS
NO QUIERE YA EXISTIR, AUNQUE SU ENTORNO
SEAN VENAS Y SANGRE, PALPITAR Y VIDA….

YA NO INDAGUES LOS MISTERIOS DE LA MUERTE
YA NO INCREPES, IMAGINES O INVESTIGUES
EL FINAL…ES CUANDO EL ALMA SE CONVIERTE
POR SOLEDAD, EN DESPOJO INERTE…¡Y VIVE!

 

 

 

9  LOS MALVONES MUERTOS

TE ENVÍO CALLEJUELAS SOLITARIAS

DESDE ESTA BARCELONA DONDE NIEVA
TE ENVÍO LOS MALVONES EN BALCONES,

QUE ASOMBRADOS, RECLINAN SU CABEZA,
Y MUSTIOS MIRAN AL MARZO QUE SE OLVIDA,

QUE CON ÉL, VENÍA LA PRIMAVERA
Y QUE MÁS TARDE O MÁS TEMPRANO HABÍA,

PIMPOLLOS Y VERDOR EN LAS MACETAS

ES EN ESTE MOMENTO QUE TE ESCRIBO,

DESDE LA ORILLA DEL MEDITERRÁNEO
ES AHORA MISMO CUANDO YO TE DIGO,

QUE DE VERDE EL CHAROL, SE PUSO BLANCO
ESTE ES UN FRÍO QUE ROE LAS ENTRAÑAS,

Y EL CORAZÓN, SE SIENTE SOLITARIO…
Y LA CAPA DE NIEVE Y LA TRISTEZA,

Y EL DOLOR Y EL RECUERDO… ¡DURAN TANTO!

 

10      LA VENTANA

 

ESTA VENTANA COMPAÑERA AMABLE

DE AROMAS, MURMULLOS Y PREGONES

DE TARDES DE SOSIEGO INIGUALABLE

DE ROSAS Y CLAVELES EN BALCONES

ES UNA MUESTRA COMO UN ABANICO

DE TODA LA ALEGRÍA Y LOS DOLORES

DEL ESPLENDOR DEL SOL MUDO TESTIGO

DE AMORÍOS, SONRISAS Y COLORES.

 

VENTANAS DE CREPÚSCULOS EN SOLES

DEL PÚRPURA QUE YA TIÑE LA NOCHE,

PIADOSO VELO PARA EL MAL DE AMORES

VENTANA   FLORECIDA CON DERROCHE

LA CALLE OFRECE SOL Y CUERDAS

LA VENTANA, SOLO DA SILENCIO.

 

BAJEMOS A CANTAR LAS MUERTAS

COPLAS, HASTA EL AGOTAMIENTO:

“YA SOLO EL RECUERDO QUEDA….

QUE EN COPLAS TE CANTÉ UN DÍA

DEL AMOR QUE COMO VELA…

SÓLO EN MÍ…. FUEGO TENÍA“

 

 

11       ACORDES

 

LA SOMBRA EN EL PAPEL
INTERPELANDO A LA MÚSICA,

 

RAÍZ  DE LARGOS BRAZOS
VINIENDO DESDE EL FONDO DE LOS TIEMPOS,

 

AFLORANDO  Y FILTRÁNDOSE EN LAS ALGAS
INDEFENSAS, DE CEREBROS SENSIBLES.

EL AROMA DEL HUMUS INTERFIERE
EN RAYOS DE SOLES VESPERTINOS,

ENREDANDO  A LOS MÚSCULOS ABIERTOS
EN MILLONES DE CÉLULAS ABSORTAS.

 

 

 

 

 

12            CANTES DEL PATIO

 

LA VOZ DEL NIÑO QUE CANTA

RECIBE AL NIÑO QUE NACE

Y EL PATIO Y LA LUNA JUNTAN

LAS NOTAS Y LAS ESPARCEN.

 

PERO ELLAS BUSCAN DESTINO

Y APUNTAN AL ALMA ABIERTA

CUNA Y SEMILLA DEL SINO

DEL VERSO, EL ARTE Y LA CIENCIA.

 

LA LUNA ALTA QUE SE ESCONDE

TRAS NUBES DE MADRUGADA

AMPARAN NOTAS Y ACORDES,

QUE JUNTOS NACEN DEL ALMA

PALMAS, VOCES Y JALEOS.

 

GUITARRAS, CUERDAS QUE LLORAN

MIENTRAS NOSTALGIA Y RECUERDOS

MIRAN QUE LA LUNA ASOMA

QUIERO UNA NOCHE EN VERANO

Y UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS.

 

LA MESA LARGA Y LAS MANOS

DIBUJANDO COPLAS BELLAS

GITANERÍA DE SIGLOS…

SANGRE CALIENTE QUE BROTA

EN BULERÍAS DE NIÑOS

QUE, CRECIERON CON SUS NOTAS.

 

 

 

 

13           MELODÍA IMPOSIBLE

 

LAS PLANTAS REGADAS, LOS PERROS DORMIDOS

LAS PUERTAS CERRADAS, LA NOCHE HA VENIDO

… CORTINAS AL VIENTO,JAZMÍN PERFUMADO

YA TODOS EN CASA, LA CALMA HA LLEGADO.

LA CASA ESTÁ LIMPIA, LA ROPA LAVADA

MI NIÑA HA LLEGADO, NO ME FALTA NADA

… LA TIERRA FRAGANTE, MIS MANOS DESCANSAN

MIS SUEÑOS ERRANTES, VUELAN, SUBEN, PASAN.

EL ESPACIO ES BREVE, PARA TANTOS SUEÑOS

PERO EL MUNDO INMENSO ME REGALA TIEMPO

… DESDE ESTE PEQUEÑO PAÍS DEL MISTERIO

RÍO, LLORO, VUELO, CON EL PENSAMIENTO.

¡CON QUE POCO EL CIELO, SE CUELA EN MI ALMA,

Y CON CUANTO ESMERO, LOS VIENTOS SE CALMAN!

SÓLO FALTA EL BESO DEL AMOR PERDIDO…

CUERDA TENSA, GRAVE, ROTA Y SIN SENTIDO.

14    CANTO DE SIRENA

EN EL CENTRO DEL CANTO CUAL SIRENA
SE ESCONDEN LAS PROMESAS ENGAÑOSAS
SE PERCIBEN LOS PERFUMES DE LAS ROSAS
QUE PREGONAN LA PAZ, SIENDO LA GUERRA.

LAS OLAS TRAEN CANTOS CONVINCENTES
ENSORDECEN, NUBLANDO PENSAMIENTOS
ATURDEN LA RAZÓN Y EL SENTIMIENTO
Y ENTRE SOMBRAS, SE ALEJAN… PERO VUELVEN.

INEVITABLE, CUAL ATROZ DESTINO.
INEXPLICABLE,  LOCO SIN SENTIDO
LOS CANTOS SE REPITEN SIN SOSIEGO

PORQUE LA HISTORIA VIEJA FUE Y VINO
REPITIENDO AMORES, MÚSICA Y CAMINO
Y EL CANTO CUMPLE SIN PIEDAD, SIN MIEDO.

 

 

 

 

15      REVANCHA

YA LA TARDE SE ESCONDE ENTRE LAS NUBES

QUE OCULTAN LAS NARANJAS DE LOS RAYOS

DE UN SOL QUE AÚN NO QUIERE DESPRENDERSE

DE AQUEL BELLO HORIZONTE ANARANJADO…

PARECIERA QUE ALLÁ EN LA LEJANÍA…, TAMBIÉN

EXISTEN GUERRAS ENTRE DUEÑOS

DE LOS ASTROS, LAS VIDAS Y LOS SUEÑOS,

LAS CANCIONES, LAS VIDAS Y LOS PÁRAMOS.

 

¡PODER, QUE DIRIGE A LAS MANADAS,

PODER QUE DISTRIBUYE LAS MISERIAS…!

¡PODER QUE NO PUEDE CON LOS VIENTOS,

NI CON MARES, NI TIERRAS ENLODADAS…!

¿QUÉ NUBE OSCURA QUE ENCEGUECE…

ENVILECE AL AVARICIOSO Y NECIO?

¿QUÉ AGUA RUIN, LE MIENTE QUE LO SACIA,

DEJÁNDOLO SEDIENTO EN EL DESIERTO?

 

¿SERÁ EL ESPEJISMO QUE LA LLUVIA,

EMPARENTADA CON SOLES Y SILENCIO…

OCULTA SUS RUINDADES E IGNOMINIAS,

A AQUELLOS DE CORAZONES MUERTOS?

¿SERÁ QUE YA ESTÁ CERCA LA JUSTICIA Y

PARA LOS SIN PALABRAS , EN SECRETO

YA VIENE CAMINANDO LA REVANCHA,

PUNTO FINAL A TANTO SUFRIMIENTO?

 

 

ELSA SOLÍS MOLINA

 

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19º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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19º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIII de la 2ª etapa/02-01-2012

 

EDITORIAL LXIII

Cesárea Évora

 

 

La música ha sido y es una de las manifestaciones artísticas que más ha caracterizado a África a nivel mundial. Resulta un tópico que olvida otras manifestaciones, como la escultura, también de enorme tradición y que en gran medida influyó en Picasso y en otros artistas del siglo XX, pero lo cierto es que la música ejerce un gran peso en ese continente y el nombre de numerosos músicos recorre el mundo: Alí Farka Touré, Abdoullah Ibrahim, Ayub Ogada, Habib Koité, Toumani Diabaté, Paulo Flores o Jovino dos Santos son una representación sin duda limitada de los muchos artistas que sobresalen de sus fronteras nacionales para imponerse en el escenario musical mundial. Ha dado también instrumentos musicales de una enorme belleza musical, como la Kora.

 

Este último mes de 2011 murió una de las grandes artistas de África, la caboverdiana Cesárea Évora. Originaria de Cabo Verde, logró llevar a la música una de las características de su país, un profundo mestizaje. Basada en la morna, un estilo musical propio de su país, mezcló otros sones africanos y de otros continentes a sus cantos, siempre con melancolía y ´sodadeª, título de una de sus canciones más conocidas, que caracterizaron su estilo. Como se dijo tras conocerse su muerte, Cabo Verde tuvo en ella a una gran embajadora, ya que este país es conocido sobre todo gracias a su fama, a su enorme personalidad y a la calidez de su música.

 

No olvidemos que Cabo Verde es un lugar especial ya que representa una de las bases de la enorme tragedia africana, la esclavitud, al igual que la isla senegalesa de Goré, pero también su cultura y sus gentes actuales son fruto de una mezcla que, aun siendo fruto de una profunda tragedia humana, posee un futuro sin igual. La morna, por ejemplo, tiene mucho del fado portugués, pero sobre todo es la expresión de un lirismo africano procedente de numerosos lugares de la costa occidental del continente. No en vano Cesárea Évora se reunió con otros músicos africanos para actuar juntos, para cantar con ellos y crear una música rabiosamente mestiza.

 

Porque creemos en la mezcla y renegamos de lo puro, por ello consideramos que la música de África, al igual que su arte, poseen un futuro enorme. Esperamos en este nuevo año que ahora comienza podamos seguir atentos a los músicos africanos, a su música y a su arte. Porque nos negamos a basar el potencial de un pueblo, de un país o de un económico en datos meramente productivos en clave capitalista, consideramos que la cultura de un pueblo, de un país o de un continente ha de ser el mejor elemento para determinar su desarrollo.

 

Por esto y porque consideramos a Cesárea Évora como una de las grandes cantoras, la rendimos homenaje e invitamos a escucharla, a intentar entender sus letras y emocionarse con ellas.

 

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COPLA DOLIENTE A MI CUBA

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Cuba, yo te tengo que ver

Antes de que se muera Fidel,

Me interesa tu moco de pavo,

en Tu presente y en Tu menoscabo,

Cuba, yo te tengo que ver

Aunque falte vez alguna Fidel,

Admiro leyendas en azar de cayajabo,

Veo tus vídeos frío en el lavabo,

Cuba, tu sencilla forma de ser,

Tu digna dignidad, tu menester y tu fe,

Tu pasado sin raíz, tu leve desnudez,

Tu ahora ebrio de joven vejez,

Cuba, yo te tengo que ver

Antes de que sobre o falte Fidel,

Quizá te ignore a ti toda Cuba

Cuando a volar yo me suba

a tu esperanza por doquier,

Temeré romper tu cielo yoruba

Con la gris historia por conocer,

Cuba, aliento rebelde del Ché,

Jazmín centenario eres Cuba,

Cuba, isla tan aislada para quién

Rumbo que al Granma rompió

Entre la sepia luz del quinqué,

Cuba, sueño de un ayer que llovió

en el milagro azul tal vez,

sueño con tu petaca de ron,

con tu nombre bonito de mujer,

Pierdes la esquina sin sorpresa,

Tomas la primavera verde que ves,

Temes blanca sal y limón de cera,

Amas la madre y al hijo que esperan,

Perteneces a la ola que ha de volver,

Te pierdes de siglo entre mares ciegas

En tu malecón firme y resignado,

Un libre bostezo has brotado

Con la hierbabuena oculta de miel,

Cuba, mi pedernal es tu sombra,

Cuba, tu palmeral y yo a sus pies

encontraríamos la lógica

de la yuca, el tabaco y le rien,

Cuba, tú eres sendero

Que por esta mañana “cogél”,

Sevilla que llora terca sin negros

Al “Mandingal” de la piel,

Paloma de precarios excesos,

Chiquillos uniformados a tropel

Persiguen postilla de atraviesos

Y algo que se encontró aquél.

Cuba, mira, yo te tengo que ver,

Con flash y equilibrio de acero,

Tras el agujero de tu enclenque pared,

En tu sombra se hace inútil mi sombrero,

Sobre la guaracha y ante tu poeta fiel.

Cuba, plegaria tan útil del beso,

Mientras tu tormenta siempre en regreso

le obsequia libre a tu libre ser,

Allá en el puerto del lánguido embeleso

Y allá en Tu canción también.

Allá, en los sueños con su posible anexo

Y allí en el quizá me sepa bien.

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SOPOR

 

 

No hay palabras, dijo la mujer. La miré. Me sentía aún somnoliento. La semipenumbra de la cocina, la vana luz que entraba por la ventana, el frío de otoño a esa hora húmedo por la lluvia, pero sobre todo la tristeza que se me había albergado desde la mañana en mi espíritu, todo ello me producía no poco sopor. Qué hago aquí, me pregunté entonces, todo me resultaba lejano, me sentía ajeno al valle. La mujer, cuyo nombre no recordaba y que llevaba en el caserío toda la vida, al menos toda la vida que yo llevaba en aquellas apartadas tierras, me seguía hablando de ya no sé muy bien qué herencias, qué problemas de heredades y de límites de tierras que el señor debía de solucionar. Mezclaba además palabras vascas, bearnesas y gasconas, y en ocasiones ni siquiera adivinaba de qué me hablaba. Levanté la mirada al techo de un blanco amarillento y me di cuenta de que aquella gente, la del valle, la que vivía más allá del río, en caseríos dispersos, lóbregos, solitarios, era realmente pobre. No obstante, la riqueza de la tierra, pese a todo, les brindaba comida suficiente. El dinero, empero, escaseaba. Apenas pasaba nadie por los caminos del valle, que quedaba casi aislado durante los meses de invierno, cuando la nieve cortaba los accesos, y los habitantes se habían acostumbrado a carecer casi de todo, a vivir sólo de lo que se producía entre aquellas montañas.

Se lo diré al señor, dije sin mucha convicción cuando me di cuenta de que la mujer había callado a la espera sin duda de un comentario por mi parte. Aquel tema de heredades y de límites de tierras en una región apartada sin duda no preocuparía mucho al señor, que a esa hora, pensé, debía de estar en París a punto de acudir a una de aquellas reuniones de salón a las que era tan aficionado y en las que se hablaba de todo y de nada, de fruslerías, veleidades y patrañas varias, todo ello bajo una ornamenta de resabio literario. El señor, que se sentía muy afortunado, un literato casi, aunque apenas leía y mucho menos escribía, gustaba de recorrer aquellos salones y acudir al teatro acompañado por damas de extraña belleza y dudosa reputación. Había conocido a un puñado de poetas a los que invitaba a su casa de Montreuil y a los que escuchaba un tanto burlón, aunque más se burlaban ellos, los poetas, que veían en él una fuente de manutención ornamentada por una vaga cultura literaria. Todo lo demás parecía no interesarle demasiado, apenas se preocupaba de sus propiedades, de su feudo. Casi no respondía a mis cartas, que eran sobre todo solicitudes, haz como gustes, me decía en algunas, las pocas que me respondía, y yo entonces me derrumbaba en la más absoluta desolación, no me decidía nunca, dudaba siempre, no sabía pronunciarme por nada, y al final, de un modo aleatorio, establecía un criterio que no sabría defender si se me pedían explicaciones.

Puede vuestra merced darme alguna solución, me preguntó directamente la mujer, no sin cierta ansiedad en su voz y un ligero enrojecimiento en los ojos, que parecían prever un pronto llanto. No, le dije. Dudé antes de continuar, es el señor quien ha de darle respuesta. Se impuso un silencio tenso. Las tierras son suyas al fin y al cabo, continué a modo de justificación, él las heredó. Por suerte para mí, la mujer no lloró, nada me hubiese turbado más.

Se abrió entonces la puerta y entró en la cocina una muchacha de profunda y sencilla belleza. Perdonen, murmuró. Es mi hija, comentó la mujer e hice pasar a la muchacha que se había quedado en el quicio de la puerta. Cómo te llamas, pregunté. Suzette, contestó la madre, un tanto retraída. No sabía que tuvieras una hija, comenté a la mujer. Ella se quedó callada, sonrió a la muchacha y miró al suelo, es una larga historia, me dijo y dejó tintinear un silencio breve e inquieto, que no viene al caso, murmuró al fin. La muchacha se sentó junto a su madre y se cogieron de la mano. Volvamos al asunto, comenté no sin repentina dulzura, como si la presencia de la muchacha me empujara a la condescendencia, incluso al afecto. Le escribiré al señor, te lo prometo, añadí. La mujer guardó silencio, lo que me pareció un reproche. No puedo hacer más, afirmé con pretendida seguridad. Sabía que no habría respuesta, al menos de momento, y que yo tendría que continuar acudiendo al caserío para hablar con la mujer.

Te debes aburrir en este lugar, me dirigí a la muchacha. Según recordaba, en esa zona del valle apenas había infantes y los que había apenas cumplían los tres años. La muchacha debía de tener unos doce. Sonrió y con un gesto de cabeza me dijo que no. La mujer la abrazó con cariño. Hasta ese momento había parecido triste, infeliz, angustiada. Ese gesto la llenó de dulzura.

Me levanté entonces y ellas, a la par, también se levantaron. Te diré algo, le dije. Acaricié el rostro de la muchacha, frío y suave. Salí de la casa seguido por ellas. Doblaron la pierna derecha. Subí a la calesa. Vamos, le dije a Charles y el cochero agitó las ligaduras y el caballo se puso en marcha. Comenzaba a anochecer, la luz estaba apenas anaranjada, había parado de llover y olía a hierba, a resina húmeda. No tardamos en llegar a mi casa. Mi esposa no estaba, había marchado unos días a Burdeos, a visitar a sus ancianos padres, y la quietud de las habitaciones me relajaron. Ya había anochecido del todo. Isabel, la criada, había encendido los candiles. Me preguntó si quería cenar algo. Algo de fruta, le dije. No tenía hambre y me apetecía sumergirme entre mis libros, olvidar mi tarea de administrador, relajarme antes de que me venciera el sueño, o el sopor, y me durmiera por completo. Isabel trajo una bandeja con fruta que dejó ante mí. Vi que ya se movía con lentitud. Lo había hablado con Laura a veces, la necesidad de aumentar el servicio en nuestra casa, aunque no era mucho el dinero que yo ganaba al servicio del señor. Pensé entonces en la muchacha, quizá sería bueno hablar con la mujer y proponerle que pasara a mi servicio, eso le liberaría de algunos gastos y supondría al mismo tiempo un pequeño ingreso que les vendría bien. Lo hablaría con Laura cuando volviera. Aunque a Laura poco le importaba la cotidianidad de aquella casa, odiaba vivir en esa región apartada, echaba de menos Burdeos y ansiaba vivir en París. Sucumbí a la melancolía. Comenzaba a sentirme vacío, fracasado. Y tremendamente solo. Mi vida no resultaba ni de lejos, era evidente, lo que hubiera esperado unos años atrás. En cuanto a la muchacha, consideré que no era preciso que lo comentara con Laura.

Pasó de inmediato a nuestro servicio. No hizo falta insistirle demasiado a la madre. Cuando Laura regresó de Burdeos, se lo planteé y no tardó un instante en aceptar lo que yo había decidido. Tampoco estaba de humor para pensar en el asunto, su padre había empeorado de salud y su madre se encontraba también enferma. Además, ella misma se había dado cuenta de que Isabel no podía asumir las tareas como antes, era mayor y se cansaba con frecuencia. Díselo tú, me dijo, que debería plantearse el retiro, a ti te respeta. Laura creía que apenas incidía en los demás, se obsesionaba con que la veían débil, sin carácter, que se burlaban de ella, lo que no era cierto, pero provocaba que se mostrara siempre huraña y distante. Conmigo la relación podía calificarse de desapegada, al fin y al cabo ambos sabíamos que lo nuestro era un matrimonio organizado por nuestros padres, por mi padre en concreto, que en su momento había dispuesta mi vida hasta en sus más mínimos detalles, yo lo tenía asumido. Nos habíamos acostumbrado por lo demás el uno al otro, parecíamos incluso un matrimonio feliz, y ese ápice de amargura que se detectaba entre nosotros se atribuía sin duda al hecho de que no tuviéramos hijos.

Le comenté a Isabel con el suficiente tacto que la joven Suzette podía servir en casa, que la ayudaría en sus menesteres y que evidentemente estaría bajo sus órdenes, por ahora que adquiría experiencia. Le dejé entrever que se trataba de un favor a su madre, una pobre mujer del valle que apenas contaba con recursos ni asignaciones. Isabel no pareció incomodarse con la decisión, lo agradeció e incluso guardó silencio ante mi insinuación de que debería retirarse poco a poco. No puso pegas por lo demás a la situación de dependencia, pareció gustarle de hecho poder dar órdenes a una muchacha del valle, que a todas luces se mostraría sumisa y obediente, como eran las gentes del lugar. No se equivocaba en absoluto. Suzette era el ser más silencioso, sumiso y discreto del mundo. La veía atravesar los pasillos, las habitaciones, los dos patios y el jardín sin llamar la atención. Durante días no escuché su voz. Se cruzaba conmigo y bajaba la mirada, doblaba las rodillas en señal de respeto y continuaba con sus labores. Laura, sumergida además en sus males de cabeza y cierta melancolía, apenas se fijó en ella.

Quiso Isabel que la muchacha se ocupara de limpiar nuestras habitaciones, el comedor y mi escritorio. Una tarde entré en él y la vi leyendo un poemario que había dejado sobre la mesa. Se asustó al verme, llevaba unos minutos observándola, movía los labios siguiendo la lectura de los versos, parecía embelesada. Soltó el libro sobre la mesa y se echó contra la pared, asustada, enrojecido su rostro. Sonreí para que viera que no me hallaba enfadado de modo alguno.

– Sabes leer -Pregunté aun cuando me resultaba evidente la respuesta.

– Sí -Balbuceó de un modo tímido.

– Eso está muy bien -Le dije con suavidad-, es Villón –añadí al reconocer el libro-, un poeta encomiable.

La muchacha me miró entonces, extrañada tal vez de que no me hubiera enfadado con ella. O al menos así lo pensé yo. Me acerqué y tomé el libro. Se trataba de uno de mis poetas preferidos. Le tendí el libro. Toma, lee para mí, le dije. Ella pareció dudar. Al fin tomó el libro, lo abrió, se acercó al candil, comenzó a leer con suavidad. Saltaba a la vista que aquella muchacha sabía leer desde hacía mucho tiempo dada su soltura. No me cupo la menor duda de que ella y su madre formaban parte de la comunidad de hugonotes que aún quedaban en el valle. Aprendían a leer para poder conocer la Biblia de primera mano, sin mediación de nadie.

– Gracias, Suzette -le dije.

Ella guardó silencio y me miró.

– Te vas a ocupar de mi escritorio más a menudo -le dije-, yo se lo comentaré a Isabel esta misma tarde.

– Sí señor.

– Quiero además que todas las tardes leas un rato.

– Sí Señor.

No supe interpretar su mirada. No pude imaginar si aquella liberalidad que le ofrecía era de su agrado o se trataba para ella de un estorbo en la vida que desarrollaba en mi casa. Eso me molestaba en cierto modo, no saber lo que ella pensaba, no atreverme a preguntárselo abiertamente, pero quería que aquella muchacha no perdiera el tiempo, que se formara ya que poseía a todas luces curiosidad por los libros, no en vano la había descubierto leyendo por propia voluntad.

Durante toda la tarde pensé en Suzette. No pude sacármela de la cabeza, esa curiosidad por saber que poseía me agradaba en grado sumo, no podía menos que ayudarla. Pensé en mi propia juventud, en como mi padre ridiculizaba esa afición por los libros, no llegarás a nada, me decía, si te dedicas a ellos, tampoco tienes el don, me espetaba, y me condujo a su terreno. Lo lamenté toda la vida, aun cuando nunca me rebelase, acepté el camino marcado sin salirme ni un ápice de lo que me había establecido. Ahora lo veía como un error, mi gran error, mi gran fracaso.

Me di cuenta de pronto por la noche que Suzette se convertía en cierto modo en mi hija, que me ocuparía de ella, en su formación. Laura, delante de mí, cenaba en silencio, inmersa en sus pensamientos. Pensé si nuestras vidas hubieran cambiado si Suzette hubiese sido en efecto hija nuestra. En el sopor de la noche soñé que, en efecto, Suzette devenía hija mía y por una vez esa idea, ese sueño, me hizo feliz.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por José Icaria

 

 

Como un terrorista de Hamás

 

 

Si yo pudiera

estallar,

como un terrorista de Hamás

-pero sin necesidad de explosivos-

simplemente

fff – fff – fff,

hincharme como un sapo,

en un hartazgo

de tristeza

o alegría

-eso, a fin de cuentas,

importaría bien poco-

y

fff – fff – fff,

boooouuuummm,

explotar, explotar, explotar,

y llover sobre los demás

en forma de petróleo y lluvia ácida,

para toda esa miseria autocomplaciente,

para todas esas caras recortadas

del anverso de un euro

que se pasan el día

repitiendo por favor y gracias,

siéntese, no le atenderé si no se calma;

explotar, explotar, explotar,

y llover sobre los demás

en forma de semen, maná,

lluvia dorada,

para todas esas miradas lujuriosas

que chisporrotean junto a uno al pasar;

explotar, explotar, explotar,

y llover sobre los demás

en forma de estrellas

y pétalos de rosas y besos

profundos, voluptuosos,

para toda esa gente cuyas miradas

son como faros para el navegante,

cabezas mecidas por una suave

brisa de notas ondulantes

que jamás perdieron la limpieza

de un cielo de agosto

y el alegre tintineo de las

sonrisas infantiles.

 

Sólo por vosotros,

sólo por vosotros,

el mundo conserva sus colores,

sus aromas,

dos o tres corales no blanqueados,

cierto número de árboles

que aún mantiene

la costumbre de florecer en primavera

y la pureza incorruptible

de cada nuevo amanecer.

Explotar, explotar, explotar,

y desgajarme como un higo abierto

o un tomate partido por la mitad,

para que tú te me untes

sobre el pan moreno de tus nalgas,

tersas y aromadas.

Y vaciarme para siempre en la nada,

reverberando sincopadamente en el espacio

antes de disolverme en una nube

de gas y polvo,

acordes, armonía,

risas femeninas,

tormentas de agosto,

cortinas de polen y plancton

y aromas de almizcle y ambrosía.

Las últimas ondas en el estanque.

Y, finalmente,

nada.

 

***

 

El mar

 

 

El mar

con furia

rudamente

copula

contra las rocas.

 

Después

 

lánguidamente

se retira

a dormir su siesta

de mareas bajas,

 

mientras

 

la Tierra,

mecida aún por el ensueño

que rememora

cálidamente

el furioso encuentro,

 

sonríe

y exuda

un sinfín

de flujos milenarios.

 

***

 

 

 

He decretado la felicidad

 

 

He decretado la felicidad

(mangas cortas para el frío)

por absoluto y necesario,

imprescindible

imperativo vital.

 

De todo, yo me río,

preciso -siquiera unos instantes-

brillar

en la tibia aurora evanescente

del incipiente

sol primaveral.

***

La metamorfosis del poeta

 

 

Ya se seca y marchita la palabra

con el fin de la estación;

moribunda, languidece lentamente.

Mírala: lombriz al sol.

 

Mas el dolor

permanece latente,

y será feliz simiente

de otra música, de otro son,

de otra vida, de otro amor.

 

 

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(CUENTO) AUTOR: ANA MARÍA MANCEDA

“UNA MONEDA ROMANA EN LA CORDILLERA   PATAGONICA”.

—¡ Escuchá…escuchá! En estos momentos se está muriendo, es impresionante ¿ No te parece?.  Bárbara sintió una opresión en el pecho, es cierto, podía sentir en las notas la  última respiración de Isolda. Miró a Federico, su cara arrugada expresaba toda la emoción que le producía la música, sus ojos celestes brillaban, mientras apretaba en su mano la moneda romana, nunca se separaba de ella, según él, era su amuleto. Las notas de “Tristán e Isolda” se expandían moribundas por cada rincón de la cabaña. ¡Por fin terminó! Sintió deseos de llorar, este hombre tenía el poder de hacerla viajar por sus aventuras, su música,  tenía que irse, refugiarse en su hogar, era la hora que Julio regresaba de la escuela, extenuado por su doble turno de maestro. Se despidieron, pronto se encontrarían. Federico había aparecido en sus vidas de la única manera posible, omnipresente. Arribó a esa zona de lagos patagónicos interesado en  estudiar las huellas de culturas antiguas. De origen germano, recorría el mundo tras los pasos ancestrales del hombre, antropólogo, había dictado clases en famosas universidades, una vez retirado se dedicaba a lo que le apasionaba. Julio, su marido, lo admiraba pero no dejaba de rebelarse, el viejo se abusaba de cierto dominio sobre ellos. En el trayecto observó el crepúsculo cayendo sobre los bosques ocres y rojos, este lugar de la Patagonia regala chispas de magia que preceden al largo invierno, había que aprovechar cada momento ¡Temporada larga la de las lluvias! Y luego las nevadas. El ruido constante de las gotas sobre los techos de chapa pulía las ilusiones y los proyectos. Cuando las actividades cotidianas se estaban haciendo rutinarias como hachar leña, reparar la salamandra, separar y clasificar hongos recolectados en el bosque, hacer dulces, Federico los invitó a cenar, los esperaba en su cabaña el viernes por la noche.

             Ubicados en la mesa de piedra redonda  apoyada en la pared del patio, al lado de la parrilla, arropados, disfrutaban del olor de la carne asada y el vino que reflejaba chispas rojas desde su color violeta. Esta vez Wagner no por favor ¿Quizás algo de jazz?  La charla placentera transcurrió por las anécdotas pueblerinas, por las visitas de Federico a las cuevas pintadas de la zona  y  la acción lamentable del hombre en ellas. De pronto el viejo quedó callado, era un momento  especial para él, debía proponerles una aventura, dependía de ellos, el resultado cambiaría sus vidas, quería ayudarlos. Por un rato quedaron en silencio, se dejaron seducir por los olores, los sabores y la vista de la luna llena que jugaba a espiarlos entre las    hojas amarillentas de los álamos.                                                                                                                             —Ya está muy fresco ¿Tomamos el café adentro? Julio encendió el hogar, Bárbara preparó el café mientras Federico disponía unos mapas en la mesa ratona. Se sentaron en  cuclillas alrededor de la mesa. Con marcadores de distintos colores Federico les explicaba su secreto, hace mucho tiempo él sabía de un tesoro escondido, de la época de la conquista,  en un árbol hueco, fosilizado, tapado por un tapiz musgoso y parte del sotobosque.

 —Queda en las cercanías del pueblo, podríamos buscarlo juntos, es de un valor  incalculable, yo sé donde venderlo en Europa.

             El tiempo parecía haberse entretenido jugando a la búsqueda de la realidad, los jóvenes mudos no pudieron responder a la propuesta, quedaban muchos  interrogantes y la situación lindaba con fronteras surrealistas. Hicieron  preguntas, dudaron de la veracidad de la historia, cuestionaron la ética de la aventura, de todas maneras se despidieron con la promesa de pensarlo, aunque la respuesta se leía en sus ojos. Luego de despedirse de sus amigos Federico tiró una colchoneta al lado del hogar, apagó las luces, puso su música favorita y se acostó. Sus ojos celestes parecían pertenecer al universo, no a un solo individuo. Levantó la moneda, la cara del emperador romano brilló rojiza ante el resplandor de las llamas, una profunda tristeza lo fue invadiendo ante la certeza del rechazo, ellos eran la última esperanza que le quedaba. A través de la ventana se veía la luna llena ¡Ese poder fascinante que tenía de hacer suya la  energía prestada! Dolía ver tanta belleza. De pronto, una figura agigantada provocada por el fuego del hogar apareció. Destino ¿Venganza? Cuchillo, odio. El pecho del hombre emitió un sonido que escapando de sus labios, huyó decidido a acariciar la plateada luz de la luna. La música del disco llegaba a su fin, Isolda ya no respiraba.                                                                                                                                                                                       .             La desaparición de Federico fue tan misteriosa como  la aparición en sus vidas. Julio y Bárbara fueron intrigados  a la cabaña y no encontraron ningún rastro de él, solo sus discos, algún libro y muchas cenizas en el hogar. Al costado de éste, Bárbara encontró una libreta,  como si hubiera escapado de las llamas, la guardó en secreto. Se fueron  angustiados, concordaron que Federico algo habría decidido respecto al tesoro y al no tener apoyo de la pareja se fue sin enfrentar una despedida. Los habitantes del pueblo que casi no tenían trato con el hombre creyeron que dio por finalizada su estadía en un pueblo exótico para él. Bárbara sintió el vacío dejado por el viejo antropólogo. Julio se volvió más taciturno. La joven justificó la conducta de su marido como algo natural, al ser oriundo de esa región había heredado la actitud reservada de su pueblo, quizás estuviera aliviado por la desaparición de Federico, incluso llegó a pensar que tenía celos del viejo, pero los meses subsiguientes la actitud agresiva de Julio hizo insoportable la convivencia. En sus momentos de soledad Bárbara pensó en la posibilidad de una separación, no soportaba más vivir de esa manera, hasta   sentía temor por la mirada huidiza y fiera de su esposo.

                            Durante el verano, cuando los días son tan largos que el sol evapora hasta los  íntimos pensamientos Julio fue de pesca. El río, con sus pozos y su relieve obstinado de seguir su apariencia externa lo arrastró hasta la nada, nunca se pudo encontrar su cuerpo. Pasó el tiempo, Bárbara, con la fuerza de su juventud se fue reponiendo de la tragedia. Un día encontró la libreta de Federico, decidió afrontar los recuerdos de ese extraño hombre que existió en su pasado. Escrita de manera legible y prolija leyó una narración  realizada por el antropólogo.

                           Era Don Alonso González, oriundo de las Tierras de Castilla y en tránsito por  tierras patagónicas,  se dedicaba al estudio topográfico y preparación de herbarios. Entre sus ropas pardas portaba, en bandolera, una bolsa de cuero de puma  en cuyo fondo escondía monedas de oro y joyas heredadas de su familia española. Por encima de éstas  un pedazo de cuero tapaba el tesoro, encima de él llevaba los utensilios que usaba para realizar sus estudios. De las monedas que escondía había una que le quitaba el sueño, era de bronce, le fue donada por un tío sin hijos, quería que él la herede, nunca supo como llegó a las manos de su pariente. Fue acuñada en Calagurris entre los 31 y 27 antes de Cristo. En el anverso figuraba  la cabeza desnuda del emperador Octavio y en el reverso la figura de un Toro grueso de patas cortas, parado y mirando a la derecha, arriba una leyenda en latín CALAGVRRI. Solo al recordar la antigüedad hacia transpirar a Don Alonso. Él tenía un plan  que había elaborado en años, de ahí su decisión de viajar a las Nuevas Tierras. Hasta que decidió que había llegado la hora de esconderlos. Luego de la cena Don Alonso durmió  de manera profunda a sus compañeros de expedición con unos brebajes de hierbas de la región, excepto a su esclavo traído desde el norte de los lagos. Éste debía ayudarlo en una expedición secreta, ya había localizado el lugar donde escondería su tesoro. Había trabajado la conciencia del indígena con raras historias que el pobre no entendía, solo sabía que debía seguir a su amo. Cuando la luna transitaba por el novilunio, amo y esclavo desaparecieron en la oscuridad del bosque. En el trayecto hacia el escondite, Don Alonso  recordaba los meses de difícil derrotero por esos paisajes imponentes, bellos y tan extraños a su Castilla natal. Llegado a las costas del Pacífico Sur, se había puesto a las órdenes de Don Pedro de Valdivia, Gobernador de Chile. La orden del Gobernador fue que encontraran los caminos hacia “El Mar del Norte”, pero la mayoría de los expedicionarios ansiaba llegar a la “Ciudad de los Césares”  erigida sobre piedras preciosas y oro, la mítica ciudad obsesionaba a los conquistadores. Los peligros no eran pocos, el clima brutal, el paisaje montañoso, la vegetación boscosa cerrada, los indígenas al acecho y las distancias enormes. Luego de cruzar la cordillera tomaron de esclavos a un grupo de pehuenches,  es cuando solicitó a su comandante que le ceda uno de ellos para que lo ayude en sus tareas. Se dirigieron tras meses de travesía hacia la Vega del Cerro Chapelco, en esa belleza imponente acamparon a orillas del lago Lácar. Ahí es donde decidió llevar a cabo su plan,  el indígena imperturbable hizo todo lo que se le ordenaba, antes de guardar el tesoro buscó la moneda romana que su amo le exigió, éste la tomó y la apretó entre sus manos.  La oscuridad era absoluta, solo algunos ruidos lejanos de algún animal nocturno rompía el silencio. El topógrafo  sabía que ahora vendría lo peor, ordenó a su esclavo que levante unos utensilios que habían quedado en el suelo, cuando éste se agachó le dio un justo golpe en la cabeza y lo mató, luego de atarle unas piedras en el cuello lo arrastró hasta un arroyo cercano, de aguas impetuosas, que arrastraría el cadáver hasta el lago y de ahí al océano. Don Alonso llegó extenuado al campamento pero por la mañana se levantó con la energía de siempre a realizar su trabajo, el revuelo se armó cuando se cayó en la cuenta de la falta del esclavo. Se concluyó que quizás se hubiera emborrachado con la bebida de manzanas silvestres que ellos mismos elaboraban y se hubiera despeñado por algún cerro. Sin embargo, en los días siguientes él sentía la mirada penetrante de los otros esclavos, comenzó a sentirse intranquilo, lo único que deseaba era que la expedición termine, sabía que en no muy lejano tiempo volvería por su tesoro. Las fuerzas de los expedicionarios se iban agotando, habían fracasado en encontrar la “Ciudad de los Césares”.  A manera de despedida, en la noche de plenilunio, los esclavos, luego de atender a sus amos, prepararon una ceremonia para sus Dioses, los brebajes alcohólicos fueron compartidos por  los expedicionarios. El topógrafo fingió que bebía, no soportaba el alcohol. Por la madrugada todos dormían, la luna gigante iluminaba una de las noches más frías  y bellas de ese final de verano. Arropado hasta la cabeza, Don Alonso aún despierto, como en alerta, sintió murmullos y movimientos ligeros, al destaparse solo pudo percibir el último destello de la luna que rozaba  su profunda mirada celeste  y aterrorizada.  Su  pecho herido exhaló un silbido que viajó por el bosque huyendo hacia la luz. Luego el silencio.             

                            Bárbara quedó impresionada con la historia, debajo de la narración había unos   bosquejos que parecían indicaciones de terreno y el dibujo de la moneda que detallaba la historia, sin duda la misma moneda que Federico usaba de amuleto ¿Qué relación habría entre las vicisitudes del tal Don Alonso González y la vida del desaparecido Federico? Un escalofrío le recorrió el cuerpo ¿Acaso no había cierta analogía entre el destino del esclavo y  Julio, su marido?  Pero el tiempo todo lo puede. Al pasar los años la joven formó un  nuevo  hogar, los hijos dieron luz a un pasado oscuro que reflejaba su tristeza sobre todo en las noches de otoño. Un domingo, Bárbara y su familia, fueron de excursión al bosque, iban a la tradicional cosecha de hongos para su posterior secado, los chicos entusiasmados corrían junto a su padre por los senderos. Al atardecer luego de merendar resolvieron regresar, era principios de otoño y el frío comenzaba a sentirse, por las ramas desnudas de algunos árboles se esbozaba imponente la luna llena. Mientras guardaban sus cosas Bárbara sintió un silbido, miró asombrada, su marido emitía los sonidos de “Tristán e Isolda”, cosa rara en él, quedó pensativa, recordó la mirada celeste de Federico cuando escuchaba esa música, de pronto observó un objeto extraño entre los pastos del suelo, lo tomó, parecía de metal, lo frotó en su vaquero y lo elevó para mirarlo mejor. Su marido dejó de silbar, su mujer daba vueltas  al objeto en el aire, jugando con él como posesa, los últimos reflejos del sol iluminaban una moneda de bronce, en su  reverso se divisaba la figura de un toro grueso de patas cortas y en su anverso la cabeza desnuda de un imponente emperador romano. Desesperada buscó refugio en la presencia de su marido, éste, sonriente, la miró amoroso desde sus intensos ojos celestes.***

                                          

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SONETOS DE LA MANO DE:

Rodolfo Leiro (Argentina)

 

SI TÚ ME CONOCIERAS

Si tú me conocieras, sabrías que mis ojos

 no son de primavera (poema RVL)

Tu perfumado sobre con una breve esquela

me dice que enamora mi libre orfebrería,

que quieres una cita en un cercano día

en el antiguo muro de la vetusta escuela;

te digo, amiga mía, romántica rayuela

que se enamora pronto de un tejo melodía,

que ya no tengo frases de Helena sinfonía

y es acaso posible que el desengaño duela;

el tiempo, mi pequeña, un día te hará abuela

y arrastrarás tus pasos en la gastada suela

con que la vida vuela su grial policromía,

recordarás tu carta como una  lentejuela

en la olvidada fiesta del vino y la zarzuela

y en tu mano menuda mi libro en poesía.

Construído el 18 de octubre de 2011

-10-18 a las 7,59 para

“Esquinas bohemias”

 

***

 

 

MI NOGAL

Supe tener en los años en que mi nogal de glosas

me dispensaba las brevas de su armónico linaje,

la briosa fuerza, mi sueño en mi pluma de coraje

que engalanaba la fuente de mi paisaje de rosas;

bajo su sombra apacible en que la tarde desposas

y el infinito me ofrenda piel de armónico celaje,

desperezo y desperdigo el caudal de mi equipaje

sobre espigas de los vientos y garbo de celulosas;

me interno sobre el enigma, su mojón de quisicosas

y los destellos de soles son sonatinas frondosas

 sorbiendo castos destellos, un rol de rugiente brío,

y me siento de improviso en un colosal cordaje

eyectando mi vivencia hacia espacial hospedaje.

De allí acuño este soneto con mi lápiz de vacío.

Construido a las 14,37 del

1 de noviembre de 2011-11-01

Para

“Esquinas Bohemias”

***

TITÁN

 

Si un titán de las letras dispensara

sus fuerzas en sus ímpetus bravíos,

yo echaría a rodar los sueños míos

en su pátina   de cúpula preclara;

insistir que mi canto lo llevara

más allá de las cumbres y los ríos,

y sembrar en mis estros de rocíos

cada verbo que en rima madurara;

y su voz de gigante proclamara

en los astros ignotos, esta clara

emoción de mi pecho tanagra,

y observando el espacio, botavara,

 subir, sobre el diamante de una tiara

y de allí, suponer, que me consagra!

Construido a las 9,05 del

13 de noviembre de 2011

Para

“Esquinas Bohemias”

 

***

 

AÚN

 

Soy en la noche triste, todavía,

un pedazo de estrella reluciente,

un corazón abierto, complaciente,

que ilustra cada pátina del día;

este viejo cansancio de mi vía

deviene de vil páramo incipiente,

como una seca boca, sin un diente,

que de antaño, mi lira, perseguía;

no pudo deshojarme, mi osadía,

que de una augusta rosa devenía

se elevó como un bardo penitente

o un loco en su letífica insanía,

que cansado de amar, te seducía,

con un beso de rimas en tu frente.

Construido a las 18,24 del

22 de noviembre de 2011

Para

“Esquinas bohemias”

 

***

 

PORCELANAS

 

Aquellas horas de grácil porcelana,

cuando era eterno rosal de la alegría,

el mundo desglosaba en fantasía

y el color eran horas de solana;

 

correr y brincar cada mañana

despeinando los bucles de mi día,

las flores con su rara geometría

y la risa hedónica y temprana;

 

el ansioso  cristal de mi ventana

y la voz de mi madre, grácil pana

enrolada en un grial de melodía

 

que aventaba mi clásica galbana

como un diario concilio de su diana.

¡Era dulce mi madre y era mía!

 

Construido a las 5,34 del

30 de noviembre de 2011-11-30

Para

 

“Esquinas Bohemias”

 

 

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18º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXII de la 2ª etapa/01-12-2011

 

EDITORIAL LXII

Periodismo y lengua

 

Este último fin de semana de Noviembre se ha celebrado en Cádiz, España, el VI Congreso iberoamericana sobre periodismo. La cumbre es a todas luces importante ya que su eje central es el idioma que compartimos, junto al portugués, lengua esta que nos es, nos debería ser, próxima. Hablamos por tanto de una de las tres lenguas más habladas del mundo, el castellano o español, junto al portugués, que es también de los idiomas importantes, con una enorme tradición literaria, expandido además en todo el planeta.

Además de los temas habituales y profesionales, el rigor ha sido uno de los temas más importantes del congreso. A todas luces, está bien presente el tema, ya que en estos tiempos de nuevas tecnologías ha dado la impresión que el dominio y el manejo del idioma no era tan importante, pero de pronto descubrimos que sí lo es, que lo continúa siendo porque el idioma, cualquier idioma, es la base de la comunicación, sustancial en cualquier actividad humana. Quien no maneje el idioma con soltura, pensará mal, y quien piensa mal, no podrá avanzar su actividad con normalidad.

El tema es en sí fundamental. El castellano es ante todo un idioma americano, resulta a todas luces de justicia, pero además empeora en España a pasos agigantados. Lo hemos comentado más de una vez, el proceso de decadencia del español europeo debido a un retroceso del nivel educativo, pero también a la influencia, por desgracia negativa, que ejercen los medios de comunicación, sobre todo los más tecnológicos, que por su inmediatez parece que han dejado de lado el rigor lingüístico, asociado además a lo añejo.

Quienes disfrutamos de la literatura padecemos especialmente este proceso. La lengua convertida en arte, eso es la literatura, pero no por ello esta actividad posee el monopolio del español, como ya hemos dicho, cualquier actividad requiere de corrección pues es a través del idioma como llevamos a cabo la comunicación. En el periodismo lo vemos muy claro: si el medio explica mal, por un mal uso, lo que cuenta, entonces nos formaremos una idea distorsionada de lo que nos transmiten. No hablamos en este caso de una voluntad de distorsión de la realidad, sino simple y llanamente de incapacidad para cumplir con la comunicación. Lo que empeora este asunto, además, es la enorme influencia que ejerce en la sociedad.

Tal vez se trate de etapas y puede que esta tendencia al empeoramiento se modifique, pero resulta evidente que los medios de comunicación ejercen un papel fundamental en este proceso. No olvidemos que hay millones de personas que ven la televisión, que escuchan la radio, que leen periódicos, pero sobre todo que acceden a Internet, por ello es tan importante que se tome conciencia de la importancia del idioma y que los profesionales de la comunicación -periodistas, articulistas, traductores, reporteros, correctores- sean rigurosos y se ocupen de la lengua con precisión.

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TU MONSTRUO PREFERIDO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, si te asusto enormemente,

si tropiezo allá en tus sueños,

júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, si me como el dividendo,

si el trasiego me hace malo,

júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, te prometo ser persona,

intento ser peluche amable,

júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, si las rebabas te lastiman,

si jamás me gustó el fútbol,

júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, si acaricias mi fracaso,

como patadas bajo la mesa,

júrame Papá que soy tu monstruo

preferido, yo te juro no hacer ruido,

 tampoco comer chicle en misa,

yo solamente quiero ser tu monstruo

 inútil, tan inútil, y tan preferido.

 

 

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 Maternidad

-Tener un hijo es un mero acto de afirmación personal y por eso es el mayor acto de egoísmo.

Escuchaste la frase de pasada, sin apenas darte cuenta de su dureza, sin entender del todo su contenido, y estuvo resonando en tu cabeza no sabrías decir durante cuánto tiempo, unos segundos o puede incluso que algún minuto, en un principio sin causarte ningún efecto, una de esas frases que se recogen al vuelo, sin quererlo, inocente, sin significado, pero que de pronto entiendes y te golpea con toda su violencia, te revuelve el alma, te enfrenta a una realidad áspera, y todo eso lo pensaste de pronto, como si de repente algo te retara a tomar conciencia, a reaccionar sin saber muy bien a qué. ¿Quién podría pensar algo así?¿Quién era capaz, además, de formularlo con palabras concretas, en voz alta, en público, sin ninguna cortapisa, como quien habla de algo banal, fútil? Miraste a tu alrededor e intentaste buscar a la persona que la había pronunciado, pero no pudiste dar con ella, se perdió y te dejó la frase resonando en ti una y mil veces. De haberla encontrado, de haber sabido quien había dicho aquello, te habrías enfrentado a ella, le habrías reprochado la crueldad de sus palabras, además de lo falso.

Pero no la encontraste y fue en ese instante que te sentiste herida. Herida en lo más profundo de ti misma, te diste cuenta, como partida por dentro. Eras madre y sabías de lo que hablabas. Una buena madre, además, así te considerabas, y no tenías por qué ocultarlo. Pensabas en tu hija, a punto de cumplir los dos años, y estabas segura de que lo entregarías todo por ella. Estabas convencida de que no había ni pizca de egoísmo en la maternidad, al contrario, sentías que se trataba de una entrega, del mayor acto de amor que cupiera en este mundo.

Pero alguien pensaba distinto y eso te turbaba. Mucho, además. Cruzaste varias calles enrabietada porque se pudiera sostener algo así, no sabe de lo que habla, consideraste, pero al final se planteaste, más calmada sin duda, con un profundo deseo de entender lo dicho, que tal vez se tratara de alguien que pasó una experiencia funesta como hijo. Es verdad, reconociste, hay padres monstruosos, experiencias atroces, personas a los que sus padres truncaron la vida, no podías negarlo, sabías de historias crueles, hijos obligados a delinquir o aquellos relatos de los suburbios que a veces aparecían en la prensa, pero también historias menos cruentas, padres que obligaban a sus hijos a convertirse en lo que querían ellos, sin contar con la voluntad propia, los propios anhelos, los deseos de unas personas que, por muy hijos que fueran, ya no te pertenecían, poseían sus propias vidas que no debían ser el fruto de un ideal frustrado, el de sus padres, la proyección de unos deseos incumplidos. Eso existía también, no cabía negarlo, bien lo sabías, eran muchas veces sembradores de infortunios y fracasos.

Torciste por la Avenida Libertadores y consideraste que la vida ofrecía experiencias diferentes. Para ti, dijeran lo que dijesen, no había ni el más pequeño ápice de egoísmo en el hecho de tener una hija. Pensabas en la niña una y mil veces, sufrías cuando la dejabas, como aquella mañana, en casa de tu suegra, cuántos peligros la acechaban, la acecharían en el futuro, temías por ella, en cada momento te preocupabas por su futuro y ya sentías un profundo desgarro por cada lágrima inevitable que le arrancara la vida, con sus rincones dolientes y sombríos.

¿Egoísmo? En absoluto, no en tu caso, no conocías a nadie, por lo demás, que cupiese en la afirmación desconcertante que recién habías escuchado. Comprendías incluso a aquellas mujeres que un buen día se arriesgaban a subir a una patera y poner su vida en peligro, la de sus hijos, por darles una vida mejor. ¿Podía haber un mayor acto de amor? Se lo hubieses preguntado a bocajarro a quien fue capaz de afirmar tamaña estupidez. Vale, sí, existe lo otro, murmuraste al torcer la esquina, pero no se puede generalizar, y casi lo gritaste, tan irritada estaba por la contundencia de la frase en cuestión, para que te escuchara todo el mundo.

Se lo plantearías a tu marido aquella misma tarde, decidiste, al padre de tu niña, seguro que compartiría contigo tu indignación, igual que compartíais la emoción de tener aquella hija tan linda, tan extraordinaria, tan maravillosa y que tanto te había aportado. En ese instante te paraste en seco, como si de pronto algo te inmovilizara por dentro y también por fuera. Y que tanto te había aportado, repetiste. Te chirrió aquel final de frase. ¿Y si al final había algo de verdad en esa frase suelta cazada al tuntún?¿Y si dentro de ti misma había, en efecto, algo de egoísmo? Si, bueno, vale, consideraste un tanto molesta, hay algo de egoísmo, añadiste en murmullos, no digo que no, pero es la vida, dar y recibir, y no era injusto que te sintieras a gusto con tu hija si al fin y al cabo tú le habías dado la vida. Yo le doy, ella me da, eso es la maternidad, teorizaste.

Seguiste tu camino más irritada si cabe. No admitías la más mínima duda, y en ese momento se había despertado en tu interior una chispa de duda que te quemaba bastante, no podías negarlo, porque la espita había dado lugar a contemplar un lado oscuro que no deseabas haber descubierto.

Torciste a la derecha y viste al final de la calle el edificio donde vivía tu suegra con quien estaba en ese momento tu hija. Ralentizaste el paso, fue un instinto que no acababas de entender, que tal vez no quisieras entender. Te sentiste agitada, tal vez enojada, no sabías muy bien qué era esa extraña sensación que comenzaba a invadirte por dentro. Maldita frase, murmuraste al llegar al portal. Contemplaste como alelada la puerta enrejada, observaste el interfono y por primera vez en la vida tuviste ganas de salir corriendo.

Sants, Noviembre de 2011

Juan A. Herrero Díez

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NO SÉ LEER PERO ME ESCRIBE EL ALBA EN PLENILUNIO

Por Carlos Garrido Chalén (Poeta peruano)

(Del Poemario NO SE LEER PERO ME ESCRIBEN)

No sé  leer, pero me escribe el alba
en plenilunio
y el atardecer desde el equinoccio
y el solsticio de todos los clamores.

Me escribe el arco iris
que hace burbujas de océano
en el vientre de la ballena que se tragó a Jonás
para sembrar sus pactos en mi sangre.

Y cuando la luna llena
se detiene pretensiosa
en mi heredad
y en mis verdosos pastizales
y todo parece día en mi cobertizo
y se alumbran de cisnes mis picos  levantados
me escribe el silencio
desde el que Elías se hizo Profeta
para contarme cómo nació el caos
en el tobogán del otoño que desató el furor.

Todos me escriben
y ya no sé qué hacer
con todas las cartas que recibo

Y como el más dócil de todos los rumiantes
–         el que ama a oscuras
y se alucera de cosmos cuando sueña –
no sé cómo leerme a mí mismo
cuando callo.

Cómo leer a todos
si vengo de la casa del jilguero
pero me es ajeno el sonido
de su pecho de pinkuyo.
Si nada de lo que está aquí me pertenece
y las palabras que vomita el horizonte
terminan por convencerme
que no saben por qué fueron inventadas
por la vida.

–         No es el momento
de plantar nuevas semillas – me dijeron,
y yo vi cómo se aceleraba vigesimal el tiempo
en los cantones del viento
y como sobre el Árbol del Mundo
alguien asediaba con preguntas a la noche.

Carlos Garrido Chalén 
Premio Mundial de Literatura «Andrés

Bello» 2009 de Venezuela

Presidente Fundador de la Unión

Hispanoamericana de Escritores

 

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DIOSES SON LOS DE AHORA 

Una diosa endiablada y un diablo endiosado se aman.

Fruto de ese olímpico amor, quedan los dos embarazados.

Ella da a luz un hermoso diosecito endiablado

y él una bella diablita endiosada, de cola divina.

Para crecer, la pequeña se alimenta del padre hasta devorarlo

y el pequeño deglute a su madre con igual voracidad.

En sueños, o pesadillas, el padre renace comiendo a la hija

y renace la madre del vientre del hijo para tragárselo.

Después de las comidas, los dioses despiertan al apetito sexual,

pero esta vez  se llevan a la cama toda clase de anticonceptivos

para asegurarse una celestial y placentera eternidad.

Rubén Vedovaldi

(R)* De su libro  SIN CUENTA MINICUENTOS  editado en la cxiudad de Rosario, ARGENTINA, año 2011

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SONETOS DE LA MANO DE:

Rodolfo Leiro

 

NO DEJO NADA

Preparo mi equipaje, despacioso,

en la calma habitual de cada anciano,

rescato de mi página de humano

con cierto fatalismo licencioso,

el muro, mi clavel, el paso ansioso,

mi parra, la placita, andén, verano,

mi amistad, mi ternura, limpia mano,

la caricia primera, el armonioso,

el garbo de su paso primoroso,

mi casita, la esquina, el empeñoso

festín de mi rayuela displicente,

efigie de mis viejos, mi alborada,

mi luto, mi dolor. No dejo nada.

Solo un beso final sobre tu frente.

Rodolfo Leiro

Desde Buenos Aires, Argentina, un 23 de noviembre de 2011

***

 

INTUICIÓN

 

Intuyo, que en verdad, me voy secando,

 árbol vetusto que el viento lo derriba,

un etesio que impide que te escriba,

efigie de poeta vencido,  desplomando;

glorioso tiempo aquel peregrinando

en navas de un bohemio cuesta arriba:,

sembrando en cada milpa, fiel amiga,

para que brote mi canto, navegando

por el espacio azul, mi verbo blando

que expande su ternura caminando

llevado por los cirios color miga;;

 en el mundo de paz que fui alumbrando,.

por los tiempos eternos voy dejando

mi verso con la forma de una espiga..

Construido el 25 de Septiembre de 2011

 para “Esquinas Bohemias”

Hora 13,01

Rodolfo Leiro.

 

***

 

MOMO

 

Este Momo que llevo y que siento

en la copa habitual de mi faro,

con mi voz, con mi ritmo, mi claro

percutor de mi lírico aliento;

mascarón con pupilas de viento,.

Talismán de sonetos,  mi avaro

cartabón de fervor, este raro

maletín confesor en que tiento,

en el nervio impulsor, fiel asiento,

en el mundo interior que presiento

una copla de Luna y espanto,

porque acuño en mi rosa de nave

este oculto bastión de mi clave:

¡Que perdure por siempre mi canto!

Construido a las 6,59 del

30 de setiembre de 2011-09-30 para

“Esquinas bohemias”

Rodolfo Leiro

***

SOLEDAD

Busqué la soledad para mis rimas

del aura de un silencio penetrante,

hurgando entre la niebla terebrante

y el nervio del pudor en que declinas;

la noche se hace luz en que caminas

tu propio corazón de navegante

y el ritmo de su fibra, palpitante,

calibra la silueta con que finas;

cesaron mis cabriolas peregrinas,

se fueron, si,  los horas celestinas

de mi añejo festín de cabildante,

quedó la soledad, bardal en ruinas

rodando mi bohemia en las esquinas..

La Luna me hace un guiño vigilante.

Construido a las 17,12  del

14 de octubre de 2011-10-14

Para

“Esquinas bohemias”

Rodolfo Leiro

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por José Icaria

 

El mejor de los mundos posible

 

 

Nacer

a un mundo

donde las suertes han sido ya asignadas.

(Partir

con desventaja).

Pasar

por la infancia

como un juguete roto.

(Sufrir, del adulto,

el impune robo).

Brillar

y arder fugazmente

en la rápida hoguera adolescente.

(Llevar

bridas y ser

salvajemente domado).

Acceder

al trabajo,

perder todo derecho, volver al paro.

(Padecer

la confabulación de ineptos y enchufados).

Enmudecer,

malvivir atado de pies y manos,

mientras otros hablan y toman las decisiones;

habitar un gélido supermercado,

erigido sobre los restos de antiguas poblaciones;

y saber,

que en la trastienda de cada Banco,

una oscura trampilla se abre

al despacho de inmundos dictadores.

Humo, viento, polvo, cenizas, nada.

Coágulos de mentira y falsedad.

La fetidez de la carne, pudriéndose al Sol.

Ríos de hambre, ríos de sangre.

Reproducirse

(reproducir el error). Y

morir,

y morir. Y remorir. Y: ¿hasta cuándo?

***

Una sana costumbre

 

Cuando volvíamos de vacaciones,

mi padre tenía la sana costumbre

de castigarnos sin motivo,

no fuésemos a pensar

que la vida era una fiesta.

***

Conmovido aún por los hechos

 

Conmovido aún por los hechos

un tenue velo los difumina

y nos distancia    serena melodía

nos mece junto a ellos.

Pero arribará el brillo deslumbrante

-enceguecedor-

que hará vibrar los objetos

como una lanza en el costado

-atravesados de dolor-

sentiremos

la cruda certidumbre de los hechos.

***

La vida. Un globo

La vida. Un globo

del que hay que seguir

arrojando lastre,

para conseguir elevarse

más

y más.

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RETORNOS REVECES Y AUSENCIAS

Sol   cuando te contemplo

Inventando el reflejo de mis ojos

En tus sombras palaciegas

Te siento más extranjero que nunca.

Te vas y no ameritas ser ajeno

En esta frontera de nostalgias huracanadas.

Te vas y sé que no volverás a ser el mismo y no volverás.

Habrá perdido entonces su semblanza el balneario que embriaga su exilio

Y que busca en ésta pesadumbre de voces

La pintura de las ilusiones urgentes de un abrigo.

Te vas dejando atrás el rostro de la rivera la vid y el trigo

Que amasa el asfalto de un pensamiento secular que no es mi destino.

Aquí no sirve la brújula

Ni los pasos que guían las estrellas

Tampoco los reproches perdidos

Por el polvo congelante de la noche.

Aquí es escaso el cielo

La legumbre el centeno

Y las palabras de aliento.

Por eso se detiene el murmullo

En esta estatua plagada de mágicos desprecios

Se detiene en el insomnio cuántico de las ideas

Posando como si retrocedieran las horas en el escaso fulgor de la penumbra

Y como avalancha perenne

El herrero del discurso moldea el borde de una frase idílica

Y se precipitan los pentagramas infinitos

En los conciertos fermentados por la espera

Esa fatalidad de que hoy no despierta el sol

En ese grafitis tatuado por el barlovento sinuoso de una mujer

Que espera en la cena el consuelo del silencio de una expresión.

Hoy el sol quedó atascado con la maleza que carga el rio

Quedo envuelta entre la epidemia de fieras enloquecidas y frenéticos desenfrenos

Quebrantando la estética la desnudes y el brillo

Que acusa la primavera en su primera noche de luna

Partiendo a los hombres en costillas de arcilla mal cocida

Para revivir la idolatría de su creación.

Quedo para siempre la tierra

Tendida como sabanas tibias la madrugada

Deambulando en los significados de la oscuridad

La resistencia al silencio total

El canto de un recuerdo de antaño en una historia de amor.

                             Santiago de Chile, Noviembre del 2011

© Moshenga Cabanillas Pérez, Noviembre 2011

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Tríptico de la Paz

Por Irene Mercedes Aguirre

 Tríptico de la Paz

 

1

Blanca paloma

¿Dónde te fuiste , sueño de la infancia

cuyos audaces vuelos admiraba,

y con pequeña mano dibujaba,

en los estíos de sutil fragancia?

¿Dónde te fuiste?¿De qué copa escancia

tu pico áureo que en mi ser se clava

como una ausencia que la dicha traba,

como veneno, como cosa rancia?

Vagan mis ojos como los corceles

de mil Atilas cabalgando al viento,

añicos ya los falsos oropeles

¡Y entre las redes de mi pensamiento,

Corro a buscar de nuevo los pinceles

Para plasmarte con mi sentimiento!

2

Oscura guerra

 

¿De qué manera captaré la aurora

en estos tiempos de constantes noches?

¡Años del lobo, triunfos de fantoches,

dolores de hoy, espanto de las horas!

¿Cómo guardar un poco de esperanza

mientras tus negros hados, desde un podio

quieren, con rostros florecidos de odio,

entorpecer al Hombre cuando avanza?

¿Debo dudar que puedo, que podemos,

y sofocar el grito que se escapa,

preso de angustia, desde mi garganta?

¿O recordar que el alma no se atrapa

pues, aunque duela, siempre avanzaremos,

pese a las flores negras que tú implantas?

3

 

Tu milagro

 

¡Te estoy buscando entre lo mutilado,

entre el dolor que fluye a borbotones,

hoy, que no existen calma ni razones,

y la Bondad y el Ser se han replegado!

¡Te estoy buscando entre los recovecos

de estos momentos de terror humano,

cuando Satán nos tiende las dos manos

para encerrarnos en sus negros huecos!

¡Y al fin te encuentro, triste, desolada,

buscando en vano la fragancia hermosa

-laurel caído de tu pico magro-

que ausente está. Sólo cenizas. Nada.

¡Salvo tu Amor, ese plumón que roza

nuestra opresión y tiende hacia el milagro!

 

 

® Aguirre, Irene Mercedes, Buenos Aires 2011 , Argentina

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17º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

Nº LXI de la 2ª etapa/01-11-2011

 

EDITORIAL LXI

Cumbre Iberoamericana,

Otra vez más de lo mismo

Ha culminado en Asunción la edición anual de la Cumbre Iberoamericana. En esta ocasión ha pasado sin pena ni gloria, en buena medida porque no ha recibido la atención mediática de otras ocasiones, tal vez por la cantidad de problemas que agobian a cada uno de los países, tal vez porque en esta ocasión parece que los Estados miembros se lo han tomado muy en serio y se han ausentado incluso once Estados.

Nacida en 1991, parece que hubo voluntad de convertirla en el referente iberoamericano de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, de la Commonwealth o de la Organización Internacional de la Francofonía. Sin embargo, no ha conseguido aunar las políticas de los respectivos Estados y el que se siga reuniendo parece más un acto de mera voluntad de los diferentes estadistas que la consecuencia de unos lazos políticos, económicos, sociales o culturales.

Más allá del hecho evidente de que la mayoría de los países que asisten a la Cumbre tienen el español como lengua oficial, no deja de ser lo que su nombre índica, una Cumbre anual, esto es, una mera cita en la que los representantes de los Estados se sacan la foto junto al Rey de España. Ni hay instituciones políticas comunes, ni estamos ante un organismo real de cooperación económica, ni supone un gran alivio para las migraciones entre los países, ni siquiera incide en las políticas culturales. En cuanto a la lengua, seguramente las Academias correspondientes consiguen más y mejores logros que las establecidas en la Cumbre en el ámbito cultural.

¿Para qué sirven por tanto estas reuniones anuales?

Son un mero gesto de hermanamiento que dura lo que dura el evento. Seguramente más vale esto que nada, pero no deja de ser evidente la frustración que puede generar tanto gesto vago. En la década de los noventa daba la sensación de que la Cumbre servía a España para sus intereses económicos y empresariales. No olvidemos que eran años de bonanza para la antigua metrópoli, nada que ver con el escenario actual, cuando la antigua potencia colonial sufre una crisis cuya finalización no parece llegar.

Más allá de la política de gestos, es real que hay una comunidad de hablantes. El español es compartido por un gran número de personas en el mundo que han convertido esta lengua en una de las más habladas. Hay una literatura que ha contribuido mucho más que las sucesivas Cumbres a que las diferentes sociedades se conozcan de verdad. Este hecho nos lleva a pensar que sobran políticas de gestos y es imprescindible constituir de verdad mecanismos de intercambio que pasan primero por aspectos culturales, sin duda los de más peso y los más importantes. En este sentido, hay que aceptar que el español ya es un patrimonio de numerosos pueblos del planeta, no le pertenece a la antigua metrópoli, del mismo modo que el francés, el inglés y el portugués superan las fronteras de Francia, Gran Bretaña y Portugal al pertenecer a numerosos pueblos. Un motivo más para considerar el absurdo de las fronteras y las separaciones entre culturas.

No contamos que la próxima Cumbre, la del 2012, vaya a aportar tampoco nada nuevo. Confiamos más en la literatura, desde luego. Mucho habrá de cambiar la política, la de España y la de los demás países, para que cambiemos de parecer y mientras tanto esperamos que sigamos leyendo buenos relatos, buenas novelas y encomiables poemas en castellano, que es al fin y al cabo lo que más nos interesa aquí.

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TRASTIENDA

Y EXTRARRADIO

 

Epopeya edulcorada en el oropel del celuloide

enfocada hacia la épica del extrarradio,

los límites de un barrio

son los límites en el espacio abierto,

 motos con manillares de tres piezas,

fulacos y mirafloris derrapando

en los campos de fútbol domingueros,

la libertad está preñada en intramuros.

La cárcel es solamente el punto final

aunque algunos engendren allí su comienzo.

Jerga de fogata en las afueras,

dejos de fósil tragedia marginal,

acentos de la Andalucía más próxima,

lenguaje próximo a la golosina.

Chutes con los que driblar a la muerte,

patéticos esbozos de la crisis eterna,

fábricas que abandonan el biberón vacío.

Coctel de pupitres inhabitados

que mezclan la cabaña en los barrancos,

novillos por la tarde para ver

la película de la que todo el mundo habla,

se cambia el olor a goma por un momento

para gozar lo mismo con sabor a palomitas,

sabor a sal y a Mirinda calentorra

evaden a la rutina del comer siempre lo mismo,

churretes en la cara y mucha mugre

contra la purpurina hortera en la trastienda.

***

 

TAN ADENTRO

TAN VERDAD

 

Quisiera vomitarte pero te quedas dentro,

en el cotidiano deambular

sacarte yo no puedo,

te veo en el sofá y allá en el mueble-bar,

te veo en el trastero y allá en el revistero,

 serpenteando en el quizás

por las ruinas de esta casa,

tropiezo en la realidad

testaruda y perspicaz,

encuentro pura sal donde el amor se sala,

quisiera vomitarte pero te quedas dentro,

andas siempre el lugar

que ya anduvieron mis besos,

quisiera echarme a andar

y poder olvidar lo que quedó tan lejos,

pero no encuentro nunca paz

en esta sala de espejos,

se dobla sola la soledad acá en el hogar,

repleto el eco de silencios,

quisiera vomitarte pero te quedas dentro,

fija en tu malestar

reprochándome el afecto,

quisiera yo olvidar

tus rincones infectos de tiempo,

pero me asalta la verdad

sin la tranquilidad de tenerte tan adentro,

quisiera vomitarte pero te quedas dentro.

Tan verdad y tan adentro.

Tan adentro y tan verdad.

 

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Gloria Literaria

La realidad no podía resultarme más despiadada. Quince días atrás me había llegado la invitación: “Presentación de la novela de A. C. Café Atlántico, 18 horas”. En medio del tarjetón habían colocado una inmensa foto con la cara del celebérrimo autor. Pasé dos semanas asqueado y al final acudí a la cita, aun a sabiendas de que iba a ser una tortura. No me equivocaba. Pese a las buenas formas, a las sonrisas beatíficas, a los apretones de manos, a las palabras elogiosas, a los canapés sabrosísimos, a las muchachas hermosas, a los autores celebrados, a las mujeres cultas, a los críticos brillantes, pese a todo, fue para mí un verdadero calvario. Recordé de nuevo mi incumplida promesa de nunca acudir a los actos culturales, menos aún a los literarios, mucho menos todavía a las presentaciones de libros y no digamos cuando se trataba de A. C. Siempre cedía, no obstante. No puedes faltar, me decían todos cuando mostraba mis reparos a acudir a semejantes eventos tan detestables, y me lo señaló en esta ocasión sobre todo mi editor, el pobre, que me puso esa cara de estar sacrificándose por mí, nada menos, al editarme, cuando a todas luces perdía dinero con ello, no como con A. C., que era un escritor de éxito, vendía a manos llenas e incluso preparaban una tesis doctoral sobre él en una importante universidad, mientras que yo apenas llegaba a vender una parte de los dos mil volúmenes editados de cada una de mis tres novelas y dos recopilaciones de cuentos. Para colmo, compartíamos editor, una verdadera pesadilla, un profundo lastre. Y allí estaba yo ante A. C. que se me acercaba histriónico mostrando al público presente que no sólo me conocía, a mí, un autor desconocido al que apenas nadie leía, “una lamentable injusticia”, diría en algún momento, sino que además él, el glorioso, no tenía reparos, “no se me caen los anillos”, en saludarme ante todo aquel público que había acudido a verlo a él, el divino.

Pero, ¿quién era A. C.? La pregunta es un tanto retórica, desde luego, todo el mundo conoce a A. C. Para ser más exacto, supongo, la pregunta debería formularse en los siguientes términos: ¿Quién era A. C. para mí?

Resulta imposible ser objetivo: conozco a A. C. desde hace tiempo, vivíamos en una ciudad pequeña, aunque en aquel entonces no coincidimos más que en contadas ocasiones. No fue hasta el final del instituto y más tarde en la Universidad, la prestigiosa Facultad de Letras, cuando empezamos a tratarnos. Nunca me cayó bien. Nunca hubo entre nosotros eso que llaman “feeling”. No me llegó a engañar con su forzado encanto, su aparente cultura, sus comentarios prefabricados, ni siquiera la primera vez, cuando coincidimos alrededor de una mesa, en el mismísimo Café Atlántico donde tuve que tragarme años después su presentación, e intentaba impresionarnos, a mí y a mis cuatro acompañantes, con sus comentarios irónicos, geniales, satíricos, profundos, intelectuales, eminentes, agudos, ocurrentes. Yo también escribo, nos anunció enfático en aquella ocasión. Todos le miraron como el genio en ciernes que creyeron que era. Yo, no. Intuí que se estaba creando un personaje, que tras aquella máscara de intelectualismo y afán artístico no había nada. Él no escribía. O no escribía como debía de hacerlo, como cualquiera que tuviera dos dedos de frente consideraría que debía escribir un escritor de verdad. Para él, por el contrario, escribir era una forma de seducir bellas estudiantes que se extasiaban ante su verbo florido, de impresionar a eruditos a la violeta en versión posmoderna, de seguir viviendo del cuento al persuadir a sus padres de que su hijo era un artista sin igual para que le pasaran un dinero que se gastaba en farras, nunca en libros. Nunca llegará a nada, me dije, nunca hará nada, estuve convencido desde aquel primer encuentro, lo saludaba por mera educación, pero me reprimía las ganas de decirle bien a las claras que era un estafador, un completo estafador intelectual. Me cohibió una excesiva buena educación. De buena gana, lo soñaría más de una vez desde entonces, le pegaría un buen guantazo en ese engreído rostro de nastuerzo pseudoilustrado.

Al contrario que él, yo nunca anuncié a bombo y platillo que sería escritor. Simplemente escribía y sobre todo leía, estudiaba, pensaba. Me había tomado muy en serio el ejercicio de la escritura. Nada de fiestas, de exhibicionismo, de ostentación, nada de apariencias, de alardes, de suntuosidad, era un modo de vida, una búsqueda ajena a la mirada del mundo. Mientras él pasaba las noches de bar en bar, bebiendo, ligando, exhibiendo una apariencia de chicomalointelectual, yo me pasaba las noches entre libros. Es verdad que tuve algún devaneo y amé a una mujer que me abandonó, se aburría seguramente, pero tenía un objetivo, un fin. Pronto publicaría mientras que él, me dije, acabaría de oficinista añorando sus años de juventud.

A todas luces no fue así. Allí lo tuve aquella tarde en el Café Atlántico, pavoneándose ante los invitados, mostrando todas sus coloridas plumas, abrazándome una y mil veces, “qué bien que hayáis venido todos”, me espetó feliz, ajeno al odio proyectado desde mis ojos. Y recordé el día en que se presentó con cinco libros bajo el brazo, mi primera novela, nos anunció, pero cuándo tuvo tiempo, pensé, para escribirla, y nos la regaló, leí las críticas antes que la novela, todas elogiosas, hablaban de gran promesa, de genio a pesar de su juventud, de talento sin igual, no es para tanto, consideré creyéndome imparcial, mientras mi primera recopilación de relatos que publiqué unos meses después pasaba por completo desapercibida. C. A. volvió a saludarme, inmensamente feliz, “mi amigo del alma”, sonreía fanfarrón mientras miraba de reojo a todos los lados. Le odiaba, le odiaba profunda y desesperadamente.

Juan A. Herrero Díez

 

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ESCRITOS DE DAVID CAMPOS

Y BLOGS DE INTERÉS SOBRE ESTE AUTOR:

 

http://haloperidol100.blogspot.com/

http://manicomiomartorell.blogspot.com/

http://artenelmanicomio.blogspot.com/

 

 

VILLANCICO: ¡Pastorcillos, venid!

 

¡Pastorcillos, venid tranquilos, venid cariñosos, suspirando el jazmín de los ceniceros!

¡Venid pastorcillos y no preguntéis, ni que hacemos, ni quienes somos!

¡Vosotros ya conocéis el comportamiento del rebaño manso, pastores amables!

¡Vosotros, pastorcillos, encarnados en una bolsa de basura, con la barba impávida!

¡Vosotros, pastorcillos nobles ancianos, ya habéis visto los pisos de protección oficial, en vuestra agudeza!

¡Pastorcillos buenos, rebosantes de sabiduría, conciencia y gulas del norte!

¡Pastorcillos de ganado, sois eternos pastorcillos de ganado!

¡Pastorcillos de misales, sois también pastorcillos de misales!

¡Pastorcillos de criaturas sumisas, sois viajero pastorcillo!

¡Venid, ánimo pastorcillos!

¡Vosotros, pastorcillos, estabais en vuestra cena, pastorcillos, tan tranquilamente!

¡Vosotros eráis pastorcillos de comida, estabais también en el supermercado!

¡Y estabais mendigando en el puente aéreo!

¡Y estabais, pastorcillos efímeros, con el estómago lleno!

¡Pastorcillos, venid hoy, no esperéis!

¡Venid joviales, ánimo pastorcillos!

estribillo (3 veces):

¡Explicad vuestros chistes!

¡Explicad vuestros chistes!

¡Explicad vuestros chistes!

***

La puerta del ambulatorio

La puerta del ambulatorio gira hacia la derecha y yo entro.

El médico me recibe:

-¿Verdad que no has follado?-

La puerta del ambulatorio ha golpeado la nariz de la vieja, turno siguiente.

El médico me pregunta: -¿La más?-

La puerta del ambulatorio esparce los cristales sobre la nariz de la vieja tumbada en el suelo.

El médico me pregunta: -¿Es verdad que tienes respeto por mí? La puerta del ambulatorio empieza a girar sola dado su mecanismo electrónico. El médico me pregunta: -¿quién soy?-

La puerta del ambulatorio cae encima de la vieja y le destroza las costillas. El médico me pregunta: -¿Has matado?-.

La puerta del ambulatorio clava despiadadamente las juntas de aluminio en los ojos de la vieja.

El médico me da las recetas y se despide con un cálido apretón de manos, después de solo haber dicho, SI.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel Requelme

 

Chica caliente sobre las flores

Demasiadas evocaciones
frotando la copa de los árboles
y no todas ellas troncos, de la misma hoguera.

Casa
que alguna vez,
pensó dejaría de pertenecerle,
cuando no hallaba
la manera de introducirse en el mundo
y sus gestos pasaban de una manera imperceptible.

El vino
como ahora
calibrando las emociones
derramándose de una manera extremadamente singular.

Por
cada voz
que se lleva el viento
la intención de vivir en todos ellos
pero;
la ciudad construye el muro
y
uno
queda solo
arrepentido,
de no haberse ocupado de la propia vida.

Ella sabe,
chica caliente sobre las flores,
todavía hay tiempo de su tiempo.
Tomará, la decisión de volver a empezarse.

***

 

 

SIN PALABRA

 

Me intimida

cuando demora la palabra,

el crecimiento de las cosas.

Soplado, desde adentro por atroces imágenes.

el ojo

sabotea la represión del caos.

Duele

lo que no puede nombrarse,

el dolor de no suplir la ausencia.

Duelen mudas lágrimas, duele.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Mabel Alicia Yones

 

Ahora estoy de regreso.
Llevé lo que la ola, para romperse, lleva
-sal, espuma y estruendo-,
y toqué con mis manos una criatura viva;
el silencio.

***

 

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro. Yo me acostumbro a estar sin ti.

¿Lo entiendes? Quiere decir, amor, que no amanece; quiere decir que aprendo

a abrir los ojos sin tu beso. Quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos, yo me acostumbro,

amor, yo me acostumbro. Y acostumbrarse es una cosa oscura,

es una cosa eterna, sin caminos, como un caer, caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

 

***

 

Yo presiento su risa
-y en mis versos su huella-.
Y la risa que pasa,
y la duda que seca.

Todo presiento, todo,
lo que pasa en la tierra:
la caricia y el llanto,
el beso y el poema.

 

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Milagros Guillén Moreno (México)

Se vende mi país

Se vende mi país con todo y gente. Se vende la palabra Independiente.

Yo no lo vendo No! …Por que lo quiero.

♥ Yo no lo vendo No!… Mejor me muero.

La patria se volvió nones y pares.

Se vende hasta el fondo de los mares.

Se venden sus montañas y sus ríos.

Se venden sus calores y sus fríos.
Se venden sus oasis y sus flores.
Se vende el amor de sus amores.
Se venden las arenas del desierto.
Se vende todo lo vivo con lo muerto.

Se vende lo mas querido y lo mas profundo
Se vende lo que espera la esperanza
Y el ansia del amor que nunca alcanza
Se vende mi país se vende en frío
Lo único que tenia que era mío
Yo no lo vendo No!… porque lo quiero
Yo no lo vendo No!… mejor me muero

Yo no lo vendo No! Porque lo quiero.
Yo no lo vendo No! Mejor me muero…
Se vende el ejemplo de aquel padre
Se vende a la mama…Qué Poca Madre!!!
Se vende mi país y yo me chingo.
Se vende al extranjero y a lo gringo.
Se venden sus memorias y sus recuerdos.
Lo avientan a la hienas y a los cerdos.

Se vende mi país puro y entero,

Se vende, por un puñado de dinero.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por José Icaria

 

 

Éramos puros e inocentes, pero ya no

 

 

Éramos puros e inocentes,

pero ya no.

En nuestra mirada,

refulgía la llama

esplendente y blanca

de la pureza ilimitada

y la inocencia.

Nos hablaban de crímenes,

atrocidades pasadas,

pero el nuestro era un mundo

esplendente y blanco

de pureza ilimitada.

Pero ya no.

Ha habido guerras y epidemias

adosadas

al envés de la espalda

y, de ser una carga,

pasaron a nutrirnos.

Nos estaban esperando:

¡Adelante!

Vamos, si está muy rico,

toma otra cucharada:

zumo de niños muertos,

para que crezcan fuertes

y sanos los niños buenos.

Pero ya no.

Hemos vendido a sus hijos,

prostituido a sus madres,

asesinado a sus padres

(fomentando guerras lucrativas),

diezmado poblaciones enteras

(traficando con recursos básicos),

expoliado países,

desgarrado naciones,

tantas, tantas atrocidades

que, de nuestra boca,

no cesa de manar sangre.

Y, por mucho que querer queramos

jugar al juego blanco

de la pureza esplendente y blanca

y la inocencia,

nuestras manos,

torvas y ensangrentadas,

no saben ya donde esconderse,

y nuestra mirada,

criminal,

torva y ensangrentada,

de niños que se hicieron

altos y fuertes

bebiendo

el zumo de la muerte,

no sabe ya donde esconderse,

sumida en unos párpados

que rezuman

oscuridad y muerte:

cifras e informes,

nichos y simas,

avenidas y mares,

sobre los que cabalga

frenética la muerte.

Y, qué queréis que os diga:

ya no, mis odiados cómplices,

ya no.

***

Nuestros demonios aúllan fuera

 

 

Nuestros demonios aúllan fuera,

y las ventanas tiemblan pavorosas,

en la larga noche corrompida

de las verdades temblorosas,

hechas al fin verbo, al fin carne, al fin trueno,

y,

ja, acostumbrados como estábamos

al traje cómodo y recién planchado

de las cosas que van bien,

y de repente, otra vez,

con los huesos a la intemperie,

y la muerte, socavando nuestros pies.

***

Clic

Clic,

enciendo la tele,

y hay una ministra

que parece la dama de Elche,

diciendo mireusté,

y todas esas ventosidades

que nos tienen tan acostumbrados

a escuchar:

“me gusta que me haga esa pregunta”,

y claro, sospechamos el porqué,

y pasa lo de siempre:

al final, no escuchas nada,

y todos esos fonemas, esa verborrea

inútil y sin sentido,

acaba por formar una masa

densa y compacta,

una monumental

bola de mierda,

que amenaza con devorarlo

todo, tras el cristal.

Y clic, cambio de canal:

un  documental de animalitos

-para que luego digan

que no hay cultura

en las cadenas del estado-:

y he aquí la bola de mierda

-como antes le iba diciendo-

trabajosamente arrastrada

por un escarabajo pelotero,

que, tras una ardua jornada,

consigue enterrarla en su agujero.

Y clic, cambio de canal:

no veo nada, no sé qué veo:

ah, una pelota de golf,

y alguien, que la extrae del agujero

(un oasis

en medio del desierto):

y claro, corbata, voz engolada,

me apunta con el dedo

(pero no es él quien habla,

es la misma voz de siempre):

-Para ti  que lo mereces,

un detalle de exclusividad.

Me giro, no hubiese alguien detrás.

Y clic -sin remedio- una vez más.

Pero, hombre, ¿qué veo?

el viejo Paul Newman,

comiendo desaforadamente huevos

en el triste canal de las películas trasnochadas.

Y, yo también soy Paul Newman,

Engullendo, sin decoro,

sus intragables huevos de oro.

Pero no, no soy, no somos Paul Newman,

porque, si lo fuéramos,

cogeríamos sus malditos huevos podridos

y se los estamparíamos en la geta a más de uno.

Y, de paso,

una buena patada en el culo.

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SONETOS

Por Rodolfo Leiro

 

VIEJA AMIGA

 

Vieja amiga, afectuosa complaciente

de mis años de lujosa efervescencia,

de los cándidos secretos, la prudencia

y la cómplice sonrisa confidente;

 

en el ruedo del estío y la esplendente,

la juvencia de la hedónica existencia,

¡tu consejo sin la mínima experiencia

a la núbil esperanza adolescente!

 

Y los años, con su curso displicente,

se llevaron tu presencia, tu indulgente,

tu gloriosa compañía de mi día;

 

hoy te evoca mi vejez ambivalente

como sueño que rodara por mi mente.

¡ Me hace falta tu consejo, amiga mía!

 

Construido el

18 de setiembre de 2011- para

“Esquinas Bohemias,” Hora 12,17

 

Rodolfo Leiro

 

***

 

INTUICIÓN

 

Intuyo, que en verdad, me voy secando,

 árbol vetusto que el viento lo derriba,

un etesio que impide que te escriba,

efigie de poeta vencido,  desplomando;

glorioso tiempo aquel peregrinando

en navas de un bohemio cuesta arriba:,

sembrando en cada milpa, fiel amiga,

para que brote mi canto, navegando

por el espacio azul, mi verbo blando

que expande su ternura caminando

llevado por los cirios color miga;;

 en el mundo de paz que fui alumbrando,.

por los tiempos eternos voy dejando

mi verso con la forma de una espiga..

Construido el 25 de Septiembre de 2011

 para “Esquinas Bohemias”

Hora 13,01

Rodolfo Leiro.

 

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EL MUNDO QUE QUEREMOS (IRONÍA)

Por Carlos A. Badaracco

 

Intuyo que la sociedad entera

seguirá exponiendo sus obras de arte:

prostitución,

indigencia,

indignidad,

hedonismo,

sacrilegio,

¡y todo será gratis!

Perversidad,

indigencia,

Encono,

Desaliento;

para disfrutar noche y día,

del colosal entretenimiento,

marchando hacia la osadía, la paranoia y la locura,

con pasión desmedida, eso no hay que dudarlo.

 

Sé también que elevaremos por encima de la misma esencia

la presencia de los truhanes de costumbre,

los avivados,

los violadores,

los corruptos,

los infelices politiqueros,

los mercaderes de la infamia

los curas sacrílegos

los puritanos enfermizos.

 

Yo sé que seremos felices

que cuanto más te especialices

en ser un bellaco de carrera

más amigos tendrás

que se limpien en tu camisa,

la baba del interés,

los mocos de la envidia y la altivez,

y la osadía enfermiza,

de ser los infectos de siempre:

sinvergüenzas, consentidos,

grandes productores mediáticos,

que viven del culo,

de una teta bonita,

que se babearán mirándolos

y mostrándolos por los medios

manifestando su hermosa pasión

por masturbar sus ideas

 

Quizás sea esa masturbanda

la que gobierne el país en el futuro

o se deslicen entre las tinieblas,

fabricando inmundicias,

ideadas para satisfacción

de los placeres usuales.

 

¡Pobrecitos los angelitos!

están de capa caída,

porque siempre hay

un morboso importante,

que le arrebata la cancha,

no puede el pobre infeliz

desarrollar sus talentos

y entonces se deprime

exaltando sus vicios ¡solo!…

 

¿Qué haremos sin todos ellos?

¿cómo miraremos la tele?

Seguro pondrán programas culturales

que nos fastidien  las horas

con las pinturas de Soldi,

las obras aburridas de Borges,

las exposiciones del Louvre;

o bien la música pesada de Bach,

Beethoven o Vivaldi.

 

Seamos justos amigos

la libre expresión debe alentarse

para exaltar las pasiones

del sexo, la ignominia y la barbarie.

Usemos la inteligencia;

estimulemos más la ignorancia,

la más ignota distinción

por el saber es arrogancia

el placer de los efímeros ricachones,

que sin sentido promulgan

educación a destajo

eso sí que es un asco;

son locos con retardo;

mirá que alentar el saber,

eso es de tontos palaciegos,

de insignificantes intelectuales

que viven de libros y del ocio,

son los infelices de opio,

los moradores del tedio

infelices cementerios

de la cultura omnisciente

un vicio tan complaciente,

como la cognición, el saber,

dos pecados tan viles,

que se quedaron en el tiempo

¡viva el vicio y el desenfreno!

ellos son amigos de verdad

alentemos la “paz”

para alentar también la guerra

con la ignorancia en las manos…

 

 

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