2º Especial de la Revista Literaria Nevando en la Guinea

2º Especial de la Revista Literaria Nevando en la Guinea

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXXVIII   02-12-2.009

 

EDITORIAL XXXVIII

Francisco Ayala

 

A principios de Noviembre moría Francisco Ayala. Perteneciente por edad, por cultura y por sensibilidad a la denominada Generación del 27 o de la República, fue el último sobreviviente de aquel momento cumbre en la cultura española. Qué duda cabe, aun cuando pudiéramos llegar a tener ciertas discrepancias y puntualizaciones respecto a cuestiones políticas o sociales con aquel régimen y con sus protagonistas, que ese momento histórico, el de los años de la IIª República Española, fue la culminación de unas décadas esplendorosas que, como ya hemos comentado en alguna ocasión, se han calificado de edad de plata y que supuso un momento de evidente esplendor cultural y político que se tradujo también en un esfuerzo enorme por mejora la sociedad.

 

Francisco Ayala ha encarnado a la perfección el tipo de ser humano que surgió en esos años. No podemos olvidar en este sentido que una cultura colectiva se sustenta en individuos que aportan a la colectividad sus propios anhelos, sus estudios, sus reflexiones y sus propias ideas. Atento a los hechos que le rodeaban, de una vasta cultura, el escritor granadino y madrileño de adopción supo aprehender y crecer gracias a un contexto colectivo por la que sentimos no poca añoranza.

 

Mucho se ha escrito sobre el ambiente cultural de aquellos años. La escritora Josefina Aldecoa ha conseguido rememorarlo en algunas de sus novelas. Hubo un gran movimiento cultural, no olvidemos que llegaron a coincidir durante algunos años escritores pertenecientes a corrientes y grupos culturales diferentes, como  el realismo, el naturalismo, la Generación del 98, los surrealismos o la, entonces, jovencísima Generación del 27, pero también hubo un enorme esfuerzo pedagógica y social por extender la cultura a las capas populares de la sociedad española, hasta entonces despojada de la educación básica, reservada a sectores privilegiados.

 

En este contexto, Francisco Ayala fue un liberal en el sentido más progresista del término. Pero sobre todo fue un hombre de una enorme curiosidad por la sociedad, la literatura, el arte, la política, y logró aportar una obra literaria y teórica sin duda fundamental. No sabemos qué pensaría del ambiente cultural de España en los últimos años de su vida y que sin duda seguiría con interés. Evidentemente, el país al que regresó no era el mismo que tuvo que abandonar, también él afectado, tras la guerra (in)civil y los años de dictadura funesta, ya no hubo el mismo crecimiento pedagógico, más bien al contrario, mucho nos tememos que en el asunto de la educación, de las escuelas y la Universidad las cosas hayan retrocedido, y no existe en modo alguno ese ambiente cultural de los años treinta. También es verdad que son tiempos distintos y hemos de aceptarlo así, pero no podemos dejar de echar una mirada a aquellos años y sentir una mínima envidia, envidia sana en todo caso.

 

Alianza Editorial está recuperando en su colección Biblioteca Ayala las obras de este escritor, esfuerzo que no podemos menos que agradecer y alabar. Recomendamos leer todos sus libros, por supuesto, y sobre todo sumergirse en su «Recuerdos y Olvidos», un testimonio sin duda imprescindible para conocer su trayectoria humana y el entorno en el que vivió. Nos permitirá acercarnos a una de las figuras humana e intelectualmente más importantes en la cultura española.

 

 

 

CONVERSANDO

 CON LA TELEVISIÓN

(no-crónica)

 

[Buenas noches, empieza el programa

el juego de tu vida, donde los “concursantes”

tienen que decirnos toda la verdad

para subir de nivel y ganarse unos Euros;

mi nombre es Enma Suárez y damos

la Bienvenida a Jose Antonio…

han venido para hacerle compañía su madre Elena,

su esposa Matilde, y su hijo y su hija, Jose Antonio y Ana…]

¿Qué clase de catadura moral

pueden tener los “concursantes” de este programa?

¿Qué catadura moral tienen los creadores?

¿Y qué clase de moral tienen los que lo ven?

Cada noche vienen a sentarse frente a ti

una tonelada de basura que mira desde su infierno

de rosas pisoteadas y besos dormidos,

mil palomas que degüellan a la luz de los ojos,

un millón de ancianos que dormitan su estéril promesa

con los perros que babean una cáscara de bombilla.

Cada noche se asesinan fragancias tras la pantalla

y se cosen un corazón amarillo los guardianes

de tus arcas de acero que te hacen cojear de súbita fiebre;

cada noche se consigue la proeza de la llaga sumergida

y se desvive una madre furiosa sobre tus agujas de escarcha,

siempre existe una derrotada existencia en las rodillas

y en los codos duros de los actores en paro;

los vértigos que producen tus anaqueles vacíos

los encuentra una simplona en los soportales

de las tinieblas del campo abierto.

[…VOZ DE ENMA: ¿Darías la vida

por alguno de tus hijos? (pensando) (¿?)Respuesta: NO

(Suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-…APLAUSOS…

VOZ DE ENMA: vemos a tus hijos Jose Antonio y Ana

un tanto abrumados y consternados pero, ¿a quién importa?…

MÁS APLAUSOS… MUCHOS APLAUSOS…]

¿A quién le puede importar eso?

Y si no da la vida por sus hijos, ¿Qué opinan

sus hijos de lo que opina su padre acerca de ellos?

¿Qué clase de mercachifle chusquero es la persona

que comercia con el sentimiento de otros?

Soy el rey de mi sala de estar, y mientras

son otros, los tristes paraísos de mi antesala repleta de carcoma,

soy un rey que percibe las mejillas de cristal que sostienen

los sueños de plasma giratorio y cámaras resignadas.

¡Qué fabulosa es tu noche cincelando preguntas!

¡Qué fríos son tus te quieros casi arrodillados!

Os quiero por que me cantáis mentiras pequeñas

en todas mis solapas, donde en el ojal me pongo

un clavel marchito a fuerza de latigazos y escupitajos,

y se deslumbra un parnaso de oro sobre tu ventana indiscreta.

Se apropian los caballeros sin estirpe de mi hambruna

y la convierten en espejo eterno desde mi boca

hasta las efigies de mujeres solitarias y desteñidas.

Busco la cópula exacta de los alientos en un segundo de paz

y busco al caducado compás de los marcapasos desnudos.

Ya no te quiero ni en broma por que me tomo en serio

a la mortaja que te cubre la mirada y viste de plata

a la madre vencida de guantazos, y también al niño polaco

que lo escupen cuando ya se ha hecho millonario.

¡Venid todos a verlo! ¡El espectáculo es maravilloso!

[…VOZ DE ENMA:¿Has mantenido relaciones

sexuales sin que lo supiera tu esposa con varios  hombres?

(pensando, silencio absoluto)Respuesta: SI

(suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-…APLAUSOS

VOZ DE ENMA: veo que tu esposa Matilde  está muy nerviosa, y tu madre está muy avergonzada, la pobre,

aunque no importa: has pasado de nivel Jose Antonio…

APLAUSOS…MUCHOS APLAUSOS…]

¿Se puede ser más egoísta e inconsciente que confesar

tu homosexualidad delante de tu esposa,

madre e hijos y no preocuparse por lo que sienten?

Los luceros plagados de soledad patean la lata del aburrimiento,

los niños dejados a su suerte ven divertida tu loca burbuja

que explota en los puertos sedientos del miedo,

donde todo se extrae porque la gaviota que se suicida

 se muere por un guiño de tus bucólicos eructos de campesino.

Los borrachos del mediodía no conocen tu sombra

y los muertos sepultaron su suspiro viendo tu gemido

florecer desde los musgos del error casual que se destroza.

Ya nadie tiene misericordia por la orfandad despatarrada,

ni de la castañera preñada de arrugas y sabañones,

ni de los basureros que silban en el duro invierno.

Ahora las casadas con toreros son las balas cansadas

de las pistolas de hielo que bostezan a quemarropa

y que se hacen con la ceniza del mundo feliz

y se vuelven heroínas de un pueblo con desmemoria analfabeta.

Ahora los terratenientes visten de Armani y llevan gomas en el pelo mientras mastican la bilis de los heridos y los atropellados.

Somos la carroña del mundo, la mugre encendida de los chatarreros, la cloaca que hierve en las calles,

Somos por que queremos serlo

y seguimos siendo por que casi no nos metemos con nadie.

¡Así va el mundo! ¡Así va el mundo! ¡Así!

[…VOZ DE ENMA: vamos a la última pregunta

y ya pasas al siguiente nivel:

¿sabe tu esposa que contrataste los servicios de  un chico joven

a través de los  anuncios por palabras de un diario de provincias?

(silencio absoluto, pensando), Respuesta: NO

(suspense)-Voz de Fondo: VERDAD-

…APLAUSOS…MUCHOS APLAUSOS…

VOZ DE ENMA: Bien, pues has pasado al siguiente

nivel, osease,  que te llevas la suma

de 10.000 € y ahora te pregunto:

¿quieres pasar al siguiente nivel? (pensando, silencio)

Respuesta: SIIIIIIIIIIII…APLAUSOS]

   El dinero es la suplantación moral

para quien no lo tiene y los que lo tienen

suplantan su moral con más dinero, entonces:

MORAL + DINERO = ZERO EN DIGNIDAD

En consecuencia: tratan como a verdaderos imbéciles

a los que dinero no tienen, los que lo tienen

con tener dinero ya compran dignidad, la suya y la de otros.

Los pecados flotan en el aire porque nos roban las plegarias,

en el aire, en los eriales, en los ataúdes, en los mapas,

en los floripondios desnutridos, en los gemidos del enfermo,

en los hospitales fríos y desmantelados de mundo,

en los cuerpos que indagan una noche

entre tus luces de verdad transitoria, de locura ya vista,

de risa sarcástica  y a la vez prostituta, que disimula su variz,

que disimula su breve sentimiento y lo hace canción repetida.

Ya no quiero besar tu nombre, ni lamer tus mentiras,

ya no me creo los sainetes ni los spots ni los sketchs,

ya no me creo tu beso redondo y azulado en mi ombligo,

ni los noticieros que avisan del miedo,

ni los programas que enseñan a suspirar.

¡Se levanta la veda! ¡Se levanta como una mar salvaje!

[… VOZ DE ENMA: Has pasado de nivel

ahora solamente tienes que ser sincero,

¿Es verdad que te comes los mocos cuando nadie te ve

y además sientes repugnancia por tu anciana madre

y te masturbas con tu vecino calvo  del cuarto piso?

(silencio y nerviosismo), Respuesta: NO

(suspense) –Voz de Fondo: MENTIRA…-

VOZ DE ENMA: lo sentimos Jose Antonio pero así es el juego…muchas gracias por venir,

has perdido todo el dinero acumulado hasta ahora y

a los televidentes les emplazamos hasta

la semana que viene que les ofreceremos otra edición del programa “El juego de tu Vida”…

APLAUSOS…APLAUSOS CON EUFORIA]

Este programa me recuerda a juego de trileros,

a juego de bingos oscuros, a ruleta sesgada,

a ruleta rusa, a concurso con tongo,

a mafia encubierta, siempre pierde el mismo.

Todos se quedan con cara de haber confesado

todos sus secretos más íntimos y haberlos confesado

gratuitamente, por nada, Zero.

MORALEJA: antes de jugarte la vida de otros

por un pico, piensa a quién haces el corazón añicos.

Te desnudan con una vara de medir, te abochornan

con acicates y pensamientos desmigajados,

somos lo que no quieren ellos ser,

nos mienten con una sombra de zapato,

nos pervierten la cena con media luz prometida,

nos enseñan a mudar los colores,

nos estudian y nos abren la maleta,

nos escampan del cielo anaranjado.

No nos quieren. Admítelo.

 

(…continuará…)

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

El paciente

 

 

         Comencé a notarle de nuevo cansado, aturdido. Dos días atrás parecía haber asumido su situación. Hoy, sin embargo, no comprendía nada, el mundo se le caía a pedazos. No lo entiendo, doctor, me dijo, ya es demasiado castigo haberlo vivido, recordarlo. No comenté nada. Preferí que fuera él quien hablara. Tardé mucho en poder dormir de nuevo, comentó, con frecuencia me despertaba sudando, nervioso, angustiado. Cerró los ojos, como si ahora se esforzara en quedarse dormido, allí, delante de mí, pero en realidad es que volvía a contemplar las imágenes. Y cuando lo conseguía, continuó hablándome, siempre muy bajo, más para sí que para mí, en una confesión repentina que me extrañó, cuando podía dormir, por ejemplo, más de una hora seguida, aunque nunca más de dos, me despertaba con un agujero dentro de mí, inmenso, amargo, hiriente. Una guerra nunca es limpia, admitió de pronto a modo de excusa, no puede pedirse algo imposible. Yo estaba de acuerdo. Pero no estaba allí para filosofar. Ni siquiera para polemizar sobre la guerra. Simplemente me habían pedido que le atendiera y, a poder ser, que llegara al juicio con un mínimo de cordura. Pero sobre todo que llegara vivo. Cabía posibilidades de que se suicidara. A nadie se le escapaba que cuando llegó se lo planteaba y aún, al cabo de unas semanas, cuando atrás quedaba ya muy lejos la guerra colonial, lo consideraba con gravedad, porque al fin y al cabo regresó con una mezcla de sentimiento de culpa, asistí a demasiadas barbaridades, me dijo, muchas de ellas obras mías, y me describió algunas, sangrientas, brutales, y una sensación, real, no ficticia, dolorosa, de haber traicionado a la patria, que era por lo que se le acusaba, y que reconoció él mismo desde el principio, y cabía la posibilidad de que se le condenara por ello. El abogado iba a basar su defensa en el estado mental del acusado. No le quedaban muchas otras posibilidades. El encargo que me daba el tribunal es que conociera su estado mental. Mi informe, el que todavía estaba en mi cabeza, iba a hablar mucho de culpabilidad y de choque traumático con la realidad. No podía menos que entenderlo así desde el punto de vista médico y psiquiátrico: uno va a la guerra creyendo que defiende el orden y el bien, y se encuentra de pronto con que ese nosotros que dicen que es la patria posee un lado siniestro, criminal, y te mueve además a llevar a cabo cosas que nunca imaginarías que pudieras realizar. El reflejo de la realidad nos da una imagen a menudo horrible. También de nosotros mismos.

         No obstante, he de reconocer que al principio yo pecaba de parcial en lo humano y en lo político. Sin embargo, no es mi misión ser objetivo, mi finalidad aquí es determinar la salud de los presos y acusados, con independencia de lo que yo piense de ellos y de sus actos. En su caso, su condición de militar del imperio me echaba para atrás. Ni que decir tiene que en mi vida civil, fuera de la fría objetividad que debía guardar en los juzgados, me opuse en con toda mi fuerza a que nuestro amado país, amado por decreto gubernativo, fuera el guardíán de Occidente. No llevábamos la civilización, nada más lejos de la verdad. Sacábamos sus riquezas con descarada naturalidad, las de los otros pueblos, su mano de obra, y la de sus tierras, sus materias primas, era el orden de las cosas, se nos decía, la consecuencia lógica de la Historia, que nosotros domináramos el mundo, que no quedara resquicio sin estar nosotros presentes. Ni que decir tiene que yo no me tragaba todas esas mentiras evidentes. Al principio, de un modo emocional, luego con mayor ahínco. En su momento di un paso en la universidad, me afilié al Partido Comunista, no soportaba las injusticias y no quería quedarme en las meras condenas morales. Y aquella militancia fue la expresión entonces de mi disconformidad con el caos del mundo, con un orden que para mí era más bien desorden. Sin duda, de haberlo conocido en aquellos años, hubiéramos chocado. Hijo de militares, afín al Régimen, asumió su destino en las colonias como un deber para con la Patria, con la civilización. No soportaba la pretensión de las guerrillas de romper el cordón umbilical que unía aquellas tierras con la metrópoli. Aunque fuera ilógico. Por ello aceptó sin reparos su incorporación al ejército colonial en un momento en el que resultaba evidente la confrontación. Y allí es donde chocó con una realidad que no se podía ocultar.

         Mi misión no era ni de lejos la de juzgar su comportamiento, menos aún sus planteamientos de vida o ideológicos. Se me había encargado un informe sobre su mente, sobre su locura o sobre la ausencia de la misma para que los jueces pudieran analizar los hechos y deducir una sentencia. Hasta ese momento siempre cumplí con mi deber mediante la profesional objetividad que se me reclamaba, pero reconozco que, aun cuando había pasado mucho tiempo desde mi militancia comunista, no podía sentir menos que una profunda animadversión por los hechos que me relató y un sentimiento análogo de rebeldía a la que me movió por entonces a una militancia radicalizada por momentos. Ordenó torturas y ejecuciones masivas, se paseó por ciudades y aldeas casi como un emperador de la antigüedad o como el caudillo de una banda de vándalos, todo ello en nombre de la civilización y de la patria. Un día, sin venir aparentemente a cuento, se puso en contra de su propia metrópoli y atacó a sus superiores. Ni que decir tiene que toda la maquinaria de guerra que hasta entonces le había apoyado y lo sostenía como a un héroe le combatió con toda su fuerza y el rebelde sucumbió sin pena ni gloria, aunque con una multitud de muertes a su espalda.

         Ahora se enfrentaba a un juicio por la rebelión, no por lo que la había precedido, y yo estaba llamado a dictaminar no sé muy bien qué. Intentaba ver en él a un hombre tal como lo conseguía en otros casos, pero no podía dejar de ver al asesino que a mí me horrorizaba cuando leía sobre sus triunfales paseos coloniales en la prensa y me producía un inmenso rechazo. Recordaba que mientras sus proezas estaban en boca de todos yo sentía vergüenza de pertenecer a la misma comunidad que aquel matarife. Pero no podía dejarme llevar por la pasión, aunque algo en mí me invitaba a ello, debía de abandonar mi frialdad actual, regresar a mi sensibilidad emocional de mis años estudiantiles y con ese ánimo renovado acudir al tribunal antes del juicio y dejar el caso, plantearles claramente que yo no era el médico adecuado para sacarles de la duda y calificar al acusado, a mi paciente, de bárbaro contemporáneo, por muchas justificaciones que él mismo quisiera dar u otros desearan aportar y aportaban, a pesar de que desde el punto de vista clínico era consciente de sus razones.

         No lo hice, sin embargo. Imagino que el tiempo nos lleva a no enfrentarnos con tanto ahínco a cuestiones morales y convivir con el horror. Escribí un informe diáfano y completo. Mi conclusión carece de importancia ahora mismo, es lo que intento al menos. A veces no quiero contemplar el mal en su más cotidiana normalidad.

 

Juan A. Herrero Díez  

 

 

 

 

MONÓLOGO TRAS

UNA DISCUSIÓN

 

Cada discusión es un delito que cometemos

los dos contra los dos y los dos contra nuestra sombra;

 los dos nos asesinamos la mirada, nos desgarramos

el alma como perros azuzados por niños de extrarradio;

cada vez que discutimos nuestros gritos

avisan a la guardia civil, suplican a las castas nobles,

y presentimos fría herrumbre en nuestra almohada.

Un oscuro subsuelo nos traspasa como cicuta

 nuestras muñecas y los tobillos quieren volar de rabia,

 y la cólera se torna morada

como los lirios sin padre, como los cristos que escapan de la cruz.

Cada vez que discutimos una niña te busca

la sombra en el monedero sucio,

un monolito de hielo se rompe a pedazos por la ira,

los mares se ciegan de desnudos, por que se desmayan

buscando un consejo oxidado del cazador ilustre,

del hombre sano con estudios sobre matemática del caos,

del empresario helado con negocios que lo acaloran.

Nuestros hijos se abrazan al reloj impenitente

que anuncia la destrucción de la tarde

y una paloma con falsa mansedumbre

se busca la herida roída por los ratones sin espacio.

Nuestros cuerpos son callos de rocío

que reniegan de toda nuestra visión interior

y vuelan como pájaros en bandada histérica

por los pasillos de la noche, que gime como una adolescente.

Nuestros cuchillos nos abren la garganta

y en los mataderos escuchan el bronco lamento

de forenses que se preguntan por el precio de la encrucijada,

 los redobles de una milicia absurda e improvisada

andan exiliados por las cañerías del cine club

y de toda lejana y fugitiva tripa donde embuten al sueño.

Es difícil vivir la crisis para dos personas que están en crisis,

se entretienen buscando una lámpara sin genio ni brillo,

 se dicen que se quieren con un cadáver en el plato.

Mundos son mundos sin en el mundo.

Auroras son auroras sin su aurora.

Por las mañanas me escapo a los montes

y me vuelvo justiciero de los enchufes quemados,

y de los virus cibernéticos que no quieren los temerosos

de cometer un infradelito sobre la salud pública y putrefacta,

me hago outsider en las habitaciones donde no estás tú,

me hurgan en la memoria aquellos desvanes fríos

de aquella casa donde tenías que ir de rodillas

por si una de aquellas vigas te partía la cabeza.

Las fuentes se desesperan por que siempre pisan el mismo charco

y un pelotón de fusilamiento acude a fusilar

a la batalla roja de la mala sangre y a la mal follada rabia negra.

Me desnudo cuando ya nadie nos mira, porque siento frío

y cuando se distrae la concurrencia lisiada

me fumo un canuto en el balcón del invierno,

donde hace un frío que pela, y después te quejas

cuando me besas los labios y dices que tengo una cara rara.

Cuando el flujo eléctrico y la onda radiactiva

vienen agarraditos de la mano y simulan ser la pareja ideal,

se me acercan unas ganas locas de apretar el botón rojo

que abre la compuerta y deja caer la bomba atómica.

Soy aquel  cigarrillo que de apurado da quemadura en los labios,

soy otro protagonista de una crónica negra

en la sección de sucesos del diario amarillo de antes de ayer,

soy la rabia de los marineros filipinos que atracan descalzos

en el puerto de tu querido Callao y un pandillero les roba la cartera y se ven impotentes por que no pueden correr tras él.

Soy el orgasmo con dolorosa rampa de la insatisfacción,

soy el fingido suspiro de dos comadres alcahuetas

 que cruzan a la vez sus piernas y soy el latido falso

que oculta el sombrero prestado de los horteras que van

de bohemios y son novelistas y fingen erudición y van a la tele.

Pero no me arrepiento porque ya es tarde

y por que he aprendido que el amor en su esquina desea tormenta

y que podía haber sido peor; si hubiese dado con una arpía

que después de haberse comido mi corazón

se enjuagara la boca con listerine y escupiera esa realidad al váter. 

Por eso te quiero. Porque todavía no escupes.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR TERESA PALAZZO CONTI

 

DEAMBULAR

 

Muchas nieves

marché como demente

para asir claridades.

 

 

Mi perfil

rozaba la muerte

usurpadora de abrazos.

 

 

Una condena

anunciada

tapizaba mi reino

y en cada vibración

otro asesino hechizaba al asombro.

 

 

Esgrimiendo un presagio de vida,

una voz verdadera

intimó en mis espaldas

y fui albergue

de mi propia presencia renacida.

T.P.C.

 

PANTOMIMAS

 

 

 

Y van ciegos de mí.

 

 

Soy una ausente.

 

 

Entre quiebras de hielo

mi palabra finge

plenitud de marea alcanzada.

 

 

El invierno ausculta sus latidos

y un llanto que se estrena

fractura todo orden.

 

 

Mi realidad

se llaga

con las antorchas de la tarde

y yo busco la altura de lo absurdo

para impulsar mi marcha.

T.P.C.

LA PROFECÍA 

 

 

Un grito que rotula el universo

se impone entre las formas ígneas

de mis pesadillas.

 

Se abre un libro de queja en la memoria

y vuelvo a un tiempo

que es antorcha

en cárceles de mármol.

 

Hay un perfil con desniveles

en carillas añosas;

jardines de pájaros desnudos;

ocasos que se duermen en aljibes

y ojos que se agotan

en espejos inútiles.

 

Con letras centinelas

armo pocas palabras

y rechazo las muertes

que anteceden a mis pasos.

 

Algún recuerdo modificado

deja en el camino

una estela,

y el eco del instante último,

cuando todavía alguien me nombraba

entre las cosas vivas,

intenta el aprendizaje

de una profecía

que no me atrevo a asumir.

 

T.P.C

 

Todos los derechos reservados a nombre de Teresa Palazzo Conti

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PRESENTACIÓN DEL NO-LIBRO

DE JUAN G.

 

Advertencia

 

 

 

 

 

Este pequeño no-libro se hizo como un experimento surrealista, y debe de seguir haciéndose así.

Consiste en que cada persona que lo recibe tiene que agregarle algo nuevo, ya sea un dibujo, una palabra, un poema, lo que sea (pero tachones no!).

La consigna es pasarlo de mano en mano y que el azar nos rija, de modo que se arme algo totalmente nuevo, un gran collage o cadáver exquisito; totalmente imprevisible, absurdo y genuino.

                                                                                  

 

 

Prólogo I

 

 

 

 

 

No siempre fue prudente, como el tumulto exagerado por las fantasías señadas, itinerantes e intermitentes; talento y carácter, obra y artista: consuelo de tantos!

Su exaltación entusiasta era tanto embriagadora, como mi disgusto y su tedio, eran cosas que antes, con esos sentimientos, me habrían valido, a priori, un mortal efecto mágico.

Su ritmo absurdo y genuino me aspiraba a la formula «yo creo!» que me faltaba decirle con gestos, temía su tan desgraciado brillo, benévolo como aquel, que por el contrario y demás, siendo otra cosa que todo, se concreto en lo anterior y lo ultimo, en lo nuevo y en ninguno, tan solo por chispas capaces del eterno sufrir y tendenciar, mientras que los deseos infalibles, ese fenómeno imaginario, nos evidencian el paraíso.

Y así, víctima de considerandos, meridional y reducida a la espera, aún, no acepta condiciones a costa de ramas y raíces del amor, hasta que la decapiten por fin.

 

 

 

 

Prólogo II

 

 

 

 

 

Caracterizadamente original y trágica se me presentaba la escena; como las cosas más terribles del manifiesto designio de nuestra voluntad, que por su infinitud no terminara más que, en cierto sentido, la perfección maquinista.

Desde este punto de vista, nos tropezamos con la apariencia del soberano contraste, o lo que es peor, la mismísima  vida! ese tirano que simboliza el impulso irresistible de la divinidad al abismo, el penetrar en todo aquello que se refiere a la confusión y a la apariencia, a la posibilidad de abstracta del descuido infundado…Para poder descubrir  la distancia entre la aureola y la desmesura, entre el precio de una desgracia y la suerte de un espejismo.

 

 

Críticas a este no-libro

 

 

 

 

 

Habla el clasicista:

 

La ambivalencia genera rechazo, y es esto lo que asistimos. Por algún motivo x  (llámese “razón”), aislamos elementos, la situación espacial, el sentimiento que nos produce y despierta, el detalle que pasamos por alto y la interpretación que en general damos o no. Tal parece que la integridad del conjunto es netamente casual y sin la menor importancia. Esto recuerda al comienzo de los objetos surrealistas por Marcel Duchamp: los “objetos confeccionados” (ready-made), son objetos comunes que adquieren sentido al darles un titulo y adquieren jerarquía artística por el solo hecho de la elección del artista. Concepto típicamente moderno, la disociación y la negación reunidas.

 

 

Habla el surrealista:

 

Lo inaudito en el lujo se asemeja. Lo vano es la alegría de esta aureola. Qué inaudito.

No hay brote de queja, todo es contemplación espectral y sin razón, oculta bajo la dimensión capaz creadora, que la invención sugiere.

Insinúa un atlas que ha sido roto y no me explico más donde me encuentro.

Como un recuerdo de un día en la vida

Un día de sol tras una siesta.

Se vistió para alegrar al presente, un sueño que no se deja soñar, y un canto que nadie escucha.

A lo Duchamp: Himno suspirado de la disociación y la negación reunidas.

 

 

 

Habla el insatisfecho:

 

Supe que existía y de inmediato perdí interés.

Cambió con cada vistazo, y la recuerdo bien: sigue siendo la misma.

Vistosa y sombría, bella y gentil, la clara confusión donde moran las siestas: sueño,  bostezo y luz.

Habiéndose ido en vano, no es otra cosa que la vaga luna blanca.

Sí, la recuerdo bien: La inquietud de no tenerte, noche, día y aurora, me resulta cruel.

Dibujo tu nombre en letras, y me inquietan cada vez.

Bella, sombría y gentil: A veces lo que creemos conocer  ni siquiera existe.

 

Noche

 

Anochece y hace buen tiempo. Estupendo.

Me complazco plácido en el cielo llovido.

Tengo donde dirigirme, lo que significa que la escena actual es estéril.

Tengo convicción, que por otra parte, quiere decir que no tengo nada a la vista.

Plenitud rítmica: pronuncio voz apagada, extinguida y terminante, y a fe mía, disimula crueldad (dirán tristeza).

El cielo llovido (me apaga, extingue y fulmina) me apunta: fiera, desafiado, baldosa suelta, linaje oscuro, intenso y devoto. Todo esto quiere decir: qué gloria y qué pena, qué mísera ironía.

Pertenezco, a fe mía, a una espantosa señal endiablada, que me consume incipiente, incumple promesas y enluta.

La fútil existencia prestada languidece, y es bien sabido, que anochece y hace buen tiempo.

 

(Continuará)

 

 

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TRES POEMAS INÉDITOS

DE OMAR ALBERTO SANTOS BALÁN

 

Y ESTO QUE NO SE EXPLICA

 

 

 

Y la estirpe de la impiedad y los crímenes comerciantes

de la desmemoria y el suplicio que instalaron su catedral

de penumbras que levantaron los muros de la infamia

perpetraron el insano circo el espectáculo enloquecido

de la quimera para que se borre del cuerpo la plegaria

para que se extravíen las amorosas monedas del infante

y este sarcasmo inagotable de la estatua y este estúpido

autoaniquilarse este maldito fango donde se bebe donde

acaso se arrodilla la especie.

 

Y el corredor donde llegaban las joyas del impuro  el

inenarrable guiñapo de los elegidos donde una cuchilla

o una hiriente carcajada son pertenencias del insano poder

amantes de esa feroz deidad que combate en nuestras noches

que castiga a nuestra sangre  de esos dioses innobles

que nos niegan las sinagogas de la palabra  las madrugadas

del fruto y el proverbio.

 

Y este boulevard de apariciones  estallido de palabras

torpe salutación de la embriaguez  esto que pasó por

la patria anegada de señales  brava argucia que no pidió

permiso  habla de lo alto  dice de lo bajo  ya sea del beso

en el álamo  ya se sacude por el grito  y este péndulo

de emociones  gratitud del vértigo  ya aparece en el jardín

de la casa  ya se agita por el oscuro hachazo  por el filo

distraído.

 

Y esto que no quiso ser país de hambruna  ni cuerpo de guerra

ni siniestra piel de suicidio esto que avisa del tratado cruel

de los encierros del poeta porque esto llegó del círculo

del candelabro de la conciencia y esta sangre que calló la furia

débil remanso de la historia esta humedad de los signos

ha llegado como abrazo que nos conoce es lanza de verbo

que ruega que no se desentiendan ha llegado como planta

amable unicornio fatigado que no se desentiendan del recoveco

Oh grandes seres cuerpos del barrunto que alguien nos explique…

 

 

 

 

EL ANTES PERO DE LA NOCHE 

 

 

La noche en que bendecías, en que te abrías

como un remanso hondo e insaciable, como

bello oasis de la carnalidad, y yo tratando de esconder

el gemido de la criatura, la emoción que sella al peregrino,

 

la noche pero del antes

 

La noche en que nuestras frentes eligieron la hermosura

y la nube increíble, el primer roce, el mensaje obsceno

en el rincón de los cuarteles, y las ganas de nuestros labios

alejándonos del mundo, y esa lujuria de mis manos

rodeándote la cadera, a pesar de los fragores,

las conjeturas, los insomnes oficiales y su blasfemias,

 

la noche pero del antes

 

La noche de tu abatimiento: como la bastarda hija de

Jerusalem, desertaste, luego la noche en que traías

los escombros, los despojos de tu tierra Santa

sobre la espalda, y luego las vendas, la toalla,

el baño amable, y de pronto tú desnudándome,

y yo sembrándote, a distancia del cerco, mientras afuera

el cráneo partido del niño, las entrañas regadas del

rapsoda, la arboleda aplastada por los regimientos del odio,

 

la noche  pero del antes

 

La noche en que llegaban zumbidos, avisos atroces,

nubes de escalofrío y la casa y los corredores eran

asunto de estrategias, de intrusos que veneraban

el lenguaje implacable, entonces mi verso hablando de tu nuca

ese tu silencio defendiendo el canto, lo alado de la vida y

la nostalgia de la frase; ese nuestro cántico que dejamos

sobre los años de la página como último gozo de la carne.

 

 

 

 

LOS HOMBRECILLOS DE LA MADRUGADA

 

 

Los hombrecillos

de la madrugada,

observan

la nube de la civilización.

Atónitos,

atados a un presentimiento,

sentados sobre el escombro

de sus preocupaciones,

los hombrecillos perciben

el grito y la catástrofe.

recuerdan del día

el ruego y las enfermedades,

pero no elevan

otro canto,

no se encuentran, no deciden,

desde hace cien años

hacen lo mismo,

atónitos,

sin dignidad sin canto,

los hombrecillos

de la madrugada

sollozan

frente a la nube de la civilización.

 

 

******************************************************************

 

 

 

SELECCIÓN DE POEMAS

POR MARIO MELÉNDEZ

 

ARTE POÉTICA

 

Una vaca pasta en nuestra memoria

la sangre escapa de las ubres

el paisaje es muerto de un disparo

 

La vaca insiste con su rutina

su cola espanta el aburrimiento

el paisaje resucita en cámara lenta

 

La vaca abandona el paisaje

continuamos escuchando los mugidos

nuestra memoria pasta ahora

en esa inmensa soledad

 

El paisaje deja nuestra memoria

las palabras cambian de nombre

nos quedamos llorando

sobre la página en blanco

 

La vaca pasta ahora en el vacío

las palabras están montadas sobre ella

el lenguaje se burla de nosotros

 

 

 

LA PORTADORA

 

Ella sacó a pasear las palabras

y las palabras mordieron a los niños

y los niños le contaron a sus padres

y los padres cargaron sus pistolas

y abrieron fuego sobre las palabras

y las palabras gimieron, aullaron

lamieron lentamente sus ciegas heridas

hasta que al fin cayeron de bruces

sobre la tierra desangrada

Y vino la muerte entonces

vestida con su mejor atuendo

y detúvose en la casa del poeta

para llamarlo con gritos desesperados

y abrió la puerta el poeta

sin sospechar de qué se trataba

y vio a la muerte colgada de su sombra

y sollozando

“Acompáñame”, le dijo aquélla

“porque hoy estamos de duelo”

“Y quién ha muerto”, preguntó el poeta

“Pues tú”, respondió la muerte

y le extendió los brazos

para darle el pésame

 

 

 

RECUERDOS DEL FUTURO

 

Mi hermana me despertó muy temprano

esa mañana y me dijo

“Levántate, tienes que venir a ver esto

el mar se ha llenado de estrellas”

Maravillado por aquella revelación

me vestí apresuradamente y pensé

“Si el mar se ha llenado de estrellas

yo debo tomar el primer avión

y recoger todos los peces del cielo”

 

 

 

PRECAUCIONES DE ÚLTIMA HORA

 

Debo cuidarme de los gusanos

cuando me entierren

lo más seguro

es que hablen mal de mí

que escupan sobre mis poemas

y orinen las flores frescas

que adornarán mi tumba

llegado sea el caso

que hasta devoren mis huesos

me arranquen los intestinos

o en el colmo de la injusticia

se roben mi diente de oro

y todo esto porque en vida

jamás escribí sobre ellos

 

 

 

SINFONÍA NEGRA

 

Eva colgaba sus muertos de la ventana

para que el aire lamiera los rostros

preñados de cicatrices

Ella miraba esos rostros y sonreía

mientras el viento empujaba sus senos

hacia la noche agusanada

Una orgía de aromas sacudía el silencio

donde ella se deseaba a sí misma

y entre suspiros y adioses

un grillo ciego desmalezaba

sus antiguos violines

Nadie se acercaba a Eva

cuando daba de mamar a sus muertos

la cólera y el frío

se disputaban su adolescencia

el orgasmo daba paso al horror

el deseo a la sangre

y pequeñas criaturas violentas

despegaban de su vientre

poblando los amaneceres

de luto y de pesadillas

Luego

cuando todo quedaba en calma

y las sombras por fin

regresaban a su origen

Eva guardaba sus muertos

besándolos en la boca

y dormía desnuda sobre ellos

hasta la próxima luna llena

 

 

 

LA ÚLTIMA CENA

 

Y el gusano mordió mi cuerpo

y dando gracias

lo repartió entre los suyos diciendo

“Hermanos

éste es el cuerpo de un poeta

tomad y comed todos de él

pero hacedlo con respeto

cuidad de no dañar sus cabellos

o sus ojos o sus labios

los guardaremos como reliquia

y cobraremos entrada por verlos”

 

Mientras esto ocurría

algunos arreglaban las flores

otros medían la hondura de la fosa

y los más osados insultaban a los deudos

o simplemente dormían a la sombra de un espino

 

Pero una vez acabado el banquete

el mismo gusano tomó mi sangre

y dando gracias también

la repartió entre los suyos diciendo

“Hermanos

ésta es la sangre de un poeta

sangre que será entregada a vosotros

para el regocijo de vuestras almas

bebamos todos hasta caer borrachos

y recuerden

el último en quedar de pie

reunirá los restos del difunto”

 

Y el último en quedar de pie

no solamente reunió los restos del difunto

los ojos, los labios, los cabellos

y una parte apreciable del estómago

y los muslos que no fueron devorados

junto con las ropas

y uno que otro objeto de valor

sino que además escribió con sangre

con la misma sangre derramada

escribió sobre la lápida

“Aquí yace Mario Meléndez

un poeta

las palabras no vinieron a despedirlo

desde ahora los gusanos hablaremos por él”

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

LA LENTA HUIDA DE LAS HORAS

 

“Huye sin percibirse, lento el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca…

 

FRANCISCO DE QUEVEDO

 

1-

En entrañable escenario de urbano desierto

retirado en la paz que de su claridad mana

a través de sus profundas y alargadas ventanas

mi música callada y mis argumentos,

intento llenar de dicha mi ánima, fortalecerla

con baños de contemplación y ricos recuerdos

aderezados con bellos y canoros ritmos

intenso soñar de vibrantes y espumosas olas

“que mejora la lenta huida de las horas.”

 

2-

 

Alimento engañado para orugas en silencio

germino en fugaces días, aunque no me lo creo

a pesar que saludo a la parca en confianza

nos conocimos en puntuales y amargos eventos

pero ha ido aminorando su distancia

conforme le crece su capa de mortaja

“que barnizará con el sedimento de mi limo.”

 

3-

 

Vencer ese temor de miserias y espantos

ese espacio tenebroso de desconocidas ascuas infinitas

que nutrimos al dictado que todo lo iguala

cuándo me enfrente le diré, serás mi consuelo

llévame a tu mar de continuas pérdidas

allí encontraré sustento, la gracia

“que elevará mi ánima con pies de barro.”

 

 

ANCHO, PROFUNDO, DENSO, CORPÓREO

 

Ancho, profundo, denso, corpóreo,

unidad en sí mismo, forjador de territorio,

amazónico cobijo y transportador pródigo

del material del que se construyen los sueños.

Escenario de ensoñaciones de sofistas y aguirres,

de curso lento, abrupto, demoledor, sereno

proveedor y fagocitador de imperios,

de enigmáticos dorados terrenales y eternos.

Unos transitan por ambiciosas arterias

impulsoras de deforestación y miserias

emporio del hoy de unos pocos

ciénaga pútrida de un mañana de todos

otros encuentran la llave del punto G de los diafragmas

espacio donde se cultivan etéreos placeres

esos que para gozarlos es necesario creer que existen,

sueños de bogadores de espacios con sentido y calmos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Hallar el limo forjador de la abertura del punto enigmático

donde la cuajadura del alma transciende cercana

y sentirse humano genera el sentido mágico

de lo fugaz y lo eterno a la vez.

 

 

 

 

¿NO SÉ SI ME LLEVARÁ A LA ROCA?

 

 

“De nuevo Amor, bajo sus párpados oscuros

fijando en mí las tiernas miradas de sus ojos.”

 

ÍBICO

 

 

¿No sé si me llevará a la roca?

para en mi ignominioso desespero

precipitarme en las gélidas engullidoras

voraces acólitas de Afrodita encantadora

nutricio magma de vencidos por hechizos

que diestros se creían de engaños,

deseo no divisar jamás Leucadia

que ya tuve ración de brebaje

por Cipris extendido en mis entrañas

con temerosa prudencio cedo a las miradas

que fulgen con haces de ternura inextricable

en el íntimo recinto de mi alma,

no sé si me llevará a la escapada

la hermosa luz que bulle bajo los oscuros

pero no quiero perecer en la hondonada

que fija la monótona cerviz de la indiferencia

no seguiré sentado cual Penélope sin Ulises

y la gran fealdad espante las miradas. 

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS POSTPOÉTICOS

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

AMAPOLA

(APROPIACIÓN INDEBIDA)

 

[Amapola, lindísima amapola
Será siempre mi alma
Tuya sola…
Yo te quiero amada niña mía
Igual que ama la flor la luz del día.]

Afloras en el sofá, siempre sola,

Afloras sin molestar

Entre televisión y montones de ropa;

Afloras amapola tú sola.

[Amapola, lindísima amapola
No seas tan ingrata
¡Mírame!
Amapola, amapola
¿Cómo puedes tú vivir tan sola…?]

 

Sintonizas a deshora, Amapola,

Cien desmayos en tu aurora

Y te migas la agonía

Con margarina y galletas de soda.

[Amapola, lindísima amapola
No seas tan ingrata
¡Mírame!
Amapola, amapola
¿Cómo puedes tú vivir tan sola…?]

 

Amapola, preferida eres, mi Amapola,

Ni la Margarita, ni la Magnolia,

Mucho menos la Adelfa venenosa,

Sólo tú, lindísima Amapola…

Sólo tú.

 

STRANGE FRUIT

(APROPIACIÓN INDEBIDA)

 

Baldomero Montes Romero

Salió para no perder y todo perderlo,

Salió para ofrecer, para entenderlo,

Para primero aprender y después desaprenderlo.

 

[Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.]

 

Baldomero quería verse también

Entre trozos de corazón y estos tristes versos,

Quería mirarse los pies desde lejos

Y entender la canción que le latía adentro.


[Pastoral scene of the gallant south,
Of the bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.]

 

Baldomero fue a la égloga siempre fiel,

A la elegía, a la epístola y al romancero,

Fue a la luna tan fiel y tan fiel a terceros…

Fue lo que quiso ser y nadie puso nunca peros.

[Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop…]

 

Aquí acaba la canción sin Baldomero,

Aquí acaba esta extraña fruta, este triste zero,

Aquí se resume también un cancionero

De tiempos pasados siendo fiel

A la noche, a un caballo y a fríos eneros.

 

En cursiva y entre corchetes: “Strange Fruit” de Nina Simone, también de Billy Holliday.  

 

 

 

SONRISA PIXELADA

 

La eternidad es fragmento y efluvio de un ciber-chat infinito

donde las palabras que se dicen en ese chat

van hacia una confusión de cómputos e incoherencias,

entonces imagino tu sonrisa pixelada porque no entiendo

a la curva fácil de tus labios, no entiendo su abstracción,

y por no entenderlo, Pido clemencia para la tecnología torpe,

pido una cremallera para el preámbulo de los besos redondos,

quiero pensar en la gloria pequeña

de los hikikomoris que se encierran ciegos por causas invisibles que envuelven a toda esta ciudad sin sueño,

 quiero creer que la polución es parte de nuestro no rotundo,

quiero emular con mi tacto la curva desangelada del poliéster,

la curva desangelada en aquella sonrisa pixelada

que pretende gustar a mis ojos, a mis dedos, a mi click, a mi nick,

En el mundo se sueña con el calor fetal del génesis

que busca una semilla abierta y busca al páramo oculto del sol,

cáscara de la parábola, renacer incierto de un vestigio,

cumbre de la alegría, sentimiento y caricia caliente,

perla de la gracia blanca, teorema con paz, alegre y sencilla,

simulacro de cariño azul, de la pequeña luz de las canciones,

sueño cruzado desde la quijada, copia pirata de la felicidad,

sampler de sueño edulcorado, fiesta de cruces sin sombra,

arrobas de corazón rojo, partes de Mega-Bytes sin aurora,

Lógica y cibernética de la ternura, fruta de la cópula electrónica,

tic trémulo del caracol, sombra de la soledad que se despereza,

locura del cosquilleo, viaje al centro original de mi alcoba,

brevedad de globo que se desinfla, sonrisa pixelada,

sonrisa fugaz con la velocidad de un beso, rosa de todas las casualidades,

Esa es la gloria de los niños, el agua viva y la carne,

y del Internet, que es el espejo de lo que somos y de lo no somos,

y de lo que no queremos ser,

 

 

 

 

LO QUE LA CIENCIA YA SABE 

 

Ayer fui a mi visita mensual con mi psiquiatra.

Él estaba tranquilo conmigo, aunque distante,

pero me trasmitía confianza; su consulta es:

una habitación de dos por tres con un escritorio mediano

donde hay un ordenador no del todo obsoleto;

a la derecha,

una estantería con libros dedicados a materias sobre la mente

(si es que estudiar la mente es una materia),

(yo considero que es tratar de estudiar lo abstracto, la nada),

 a la izquierda hay cuadros pintados por pacientes (o eso creo),

 los historiales médicos por el suelo, aunque relativamente ordenados,

y una ventana detrás de él que da hacia un jardín.

Empieza con la pregunta del millón de Euros:

-Bien Cecilio, ¿cómo va?-

Mire Doctor, apunté:

la vida me suma y me resta, la vida se asume

y te cuesta, la vida te escatima la cuenta.

Soy un hombre al límite de lo estupefacto,

 me gusta y me disgusta esta soledad,

 me estudio y me indago para decirle algo,

me considero víctima de mi propia prohibición.

Asumo que sumar para vivir te resta algo,

resumo, que restar sin prescindir es un milagro,

escribo para asimilarlo y no para pasar el rato,

(cada poema es un cuadro, cada verso un trazo).

Ingiero pastillas para dormir, para redimir,

para asumir, para sustituir, para admitir,

para vivir, para no sucumbir, y vuelvo a ingerir.

Intento (sin éxito) parecerme a aquel, a él sin piel,

a Fidel, a lo fiel, a la miel, a la hiel y a ti, siempre a ti.

Me derrumbo, sucumbo al enésimo tumbo,

 me interrumpo, me quedo sin mundo,

me pierdo y después me busco.

Quisiera ser feliz, que este sueño tenga fin,

que esta mirada (tan mía) sea (a todo) afín,

 a la trama, a las ramas, a Tintín,

a los bares, a los pares, al sweet dream,

al refugio, al artilugio, a Steve Mcqueen,

al parnaso, a mi vaso, a Pepe Agustín,

 al hastío, al trapío, a mi mundo ruin,

quisiera decir mil cosas, quisiera vivir, vivir,

quisiera deshacerme de este nubarrón gris,

deshacerme de muchas cosas, dejar de insistir,

tirar a la pica la sopa sosa, dejar de sufrir,

cogerle gusto a las cosas hermosas, ser feliz,

esto se mira pero no se toca, esto se toca

pero no se saborea, esto se saborea pero no se traga,

esto se traga, pero qué¿?…¿¡qué!?

Cuando miré al frente me encontré con el Doctor dormido:

-Doctor, Doctor, se ha quedado dormido- le dije yo.

-No, no, no es eso, es que me he quedado traspuesto-

-pero te he escuchado perfectamente- se excusó.

-Bueno, y entonces…¿? ¿qué opina?-le pregunté.

Le voy a cambiar la pauta. –me dijo-

ESTO ES AGOTADOR-Luego dicen que vivo bien-protesté.

-¡Qué mala es la ignorancia!¡Qué mala!-

dijo el Doctor bostezando y firmando las recetas.

 

 

 

 

 

 

 

 

37º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

37º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXXVII    02-11-2.009

 

EDITORIAL XXXVII

 

POSTMODERNISMO TARDÍO

DESDE LA MÚSICA

 

Estamos en la era de la información dicen unos, otros dicen que estamos en la era digital, y Agustín Fernández Mallo y otros, nos dicen que estamos en un postmodernismo tardío que para nuestro parecer hace tiempo ya se inventó en lo que a música se refiere. En el flamenco letras conocidas por todos los aficionados de artistas anteriores al “camaronismo” como Manolo Caracol, Antonio Mairena, Chacón, la Paquera de Jeréz, Fernanda y Bernarda de Utrera, y otros muchos, fueron “apropiadas” por estos cantaores y muchos otros, en un pasado no tan lejano. Estas letras y las de otros cantaores se fueron usando durante siglos y ahora nos encontramos con esta supuesta “novedad” llamada apropiacionismo de la que nos habla Fernández Mallo en su libro Postpoesía, Hacia un nuevo paradigma, que dista de novedoso para el flamenco, ya que este apropiacionismo germinó en tiempos en el que el flamenco estaba totalmente relegado a un sustrato de marginalidad y a un reducto de subcultura tabernaria. Y ya no hablemos de Camarón de la Isla, que siempre, es por todos sabido, se ha nutrido de las letras de sus predecesores desde sus comienzos, como también lo han hecho cantaores de la talla de Enrique Morente, José Mercé, Diego Carrasco, Lole y Manuel, y si miramos a flamencos más jóvenes tenemos a Miguel Poveda, Juan Cortés (Duquende), Pedro Peralta, Estrella Morente, Pitingo, y un largo etcétera.

Con esto queremos decir, que el postmodernismo tardío  hace tiempo ya existía en el flamenco. Pero en otras músicas también existe ese apropiacionismo del que nos habla Fernández Mallo.

Por ejemplo, en la música o movimiento Hip Hop se hace gala de ese apropiacionismo  no en las letras, aunque si en los sampleados, remezclas y en los estribillos que se mezclan en una casi perfecta yuxtaposición de resortes y elementos sonoros, para que ese flow tan sumamente exaltado en el rap haga su acto perpetuo de presencia postmodernista. Con esto, intentamos decirles, que como nada es casualidad, mucho menos existe esa casualidad a la hora de buscar un nuevo camino para la literatura de hoy. Pues lo que nos ha enseñado a todos los poetas Agustín Fernández Mallo ya estaba inventado, aunque solamente Fernández Mallo ha tenido cojones para exponerlo en nuestra literatura contemporánea. Otros escritores también utilizaron métodos de estilo ahora promovidos por Agustín, ya no sólo por Walter Benjamín o Julio Cortázar, (Walter en ese zapping literario y Julio en tocar exacerbadamente el tema del absurdo) sino por la música popular, y sobretodo por el flamenco.

Es por todos sabido, que muchas otras músicas también ejercían ese método de expresión artística llamada por Agustín, apropiacionismo.  Es el ejemplo del Jazz en constante experimentación, el Pop-Rock y su diversidad de géneros dentro del mismo, y la música Folk que siempre sorprende con algún tesoro sonoro casi olvidado por la memoria colectiva y popular.

Pero llama mucho más nuestra atención el apropiacionismo que ha tenido lugar en la música hispano-americana desde tiempos, estos sí, bastante remotos. Digamos que ha habido entre España y América una perfecta simbiosis y un perfecto (feed-back) retro-alimentario (valga la redundancia) entre nuestros pueblos y nuestras no tan diferentes culturas. Ponemos como ejemplo canciones poco escuchadas en España que tuvieron gran repercusión y éxito y fueron paridas por compositores latino-americanos. Es el caso de Alcy Acosta, Víctor Jara, la recientemente fallecida, Mercedes Sosa, Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Simón Díaz, Atahualpa Yupanqui, Chabuca Granda, y muchos otros; y más recientemente, Franco de Vita, Mario Alberto Domínguez Zarzar (Mario Domm), Ricardo Arjona, Diego Torres, Gianmarco Zignago Alcóver (Gianmarco), Fidel Roberto Sorokin (Coti), Alberto Aguilera (Juan Gabriel),  y muchos tantos más, que escribieron letras que acabaron musicadas por nuestros cantantes. Aunque también géneros musicales tan distintos a los nuestros como lo son la salsa, los valses (netamente peruanos), la bachata, la cumbia, inclusive el tango, también han aportado algo de riqueza a la música española, ya fuere, como canción ligera, canción popular, copla “española”, rumba flamenca, flamenco-rock, incluso desde el pop más clásico al más tardío, y hasta si nos ponemos a generalizar, hasta de los intérpretes de Operación Triunfo, que tanto (malo) o (bueno) han aportado a la música de nuestro país, no sabemos si para mejor, aunque lo que si sabemos es que son precursores de esta pseudo-cultura de musicales estúpidos y de parques temáticos, de la que ya hemos hablado en números anteriores, que no creemos que aporte nada de bueno hacia el panorama de las humanidades.

 

*******************

Aquí les exponemos en este número poemas de la autoría de Cecilio Olivero Muñoz, donde se expone y se usa ese apropiacionismo del que en Nevando en la Guinea y en otros blogs periféricos nos hacemos eco. Con esto no queremos decir que lo de Agustín Fernández Mallo no tenga mérito, que lo tiene, y bastante, sino que intentamos divulgar o dar nuestra opinión en consonancia con todo lo que se está diciendo sobre el postmodernismo tardío. Porque lo que Fernández Mallo nos dice en su libro es que si todas las artes como la música, la pintura, el cine, el teatro, y muchas más, dieron ese salto hacia el postmodernismo, la literatura en castellano no lo hizo, y es aquí donde la Revista Literaria Nevando en la Guinea se involucra queriendo dar ese paso tan necesario para nuestra literatura. Y exponemos estos poemas que son una coctelera de recursos, tanto de cine, de radio, de televisión, incluso de las ciencias y la publicidad, que Cecilio ha escrito tras la lectura de las ideas que Agustín aporta al panorama literario español actual. Esperamos que no les decepcionen. 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMO DECÍA EL DULCE ALEX

(descubrimiento de la postpoesía)

 

A Agustín Fernández Mallo.

 

Descubrir un nuevo estilo para mí

es encontrar un cuerpo flotante en una mar oscura.

Es una salvación para los poetas

saber o cerciorarte de que la incomprensión

es un fruto sumamente escogido para quien escribe.

El poeta es un eterno solitario errante.

Errar por el camino de las letras

teniéndote a ti mismo como a único testigo.

Tantas veces pensé ocupar otro lugar

en la nueva poesía contemporánea…

Pero sólo Agustín Fernández Mallo

tuvo los cojones para digerirla y difundirla.

Encontrarlo a él fue un alivio.

Hallar la teoría de la postmodernidad tardía fue:

[¡Qué paz! Qué paz celestial.

Eran la suntuosidad y la untuosidad

hechas carne.

Como un pájaro de un raro metal celeste

o como un vino de plata fluyendo en una nave espacial.

La ley de la gravedad ya no cuenta para nada,

mientras escuchaba, vi imágenes maravillosas.]

La postpoesía es un presente tardío.

Unos lo llaman experimento

y tienen toda la razón,

aunque también es hallazgo-literario, lapso-afterpop

y germen-nocilla.

Semilla que quiere ser planeta.

Cumbre de todos los estilos.

[…entonces videé el camino a seguir…]

 

(En cursiva: fragmentos de narración

del protagonista (Alex) en  La Naranja Mecánica, 1.971,

                                     dirigida  por  Stanley Kubrick).

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

EL EDIFICIO

 

 

         El edificio aparece hoy desolado, en el más absoluto abandono y destrucción. Pero en su momento, me indica Mario, fue el no va más de la modernidad y el progreso. Lo miro, primero de reojo, como con miedo a molestarle, a ofenderle por mi falta de credulidad, el edificio sigue allí, en efecto, con todo el esplendor de su yerma decadencia, luego lo contemplo abiertamente, sin disimulo de mi falta de creencia en que aquello fuera antaño un edificio fastuoso, con toda la intención de dejárselo claro, no me lo puedo creer, e intento sin embargo descubrir algo en él que sea prueba de lo que me dice mi amigo. No lo encuentro. Nada veo en ese montón de ladrillos descoloridos, carcomidos, sucios, con agujeros donde antes debió de haber ventanas y grietas que son verdaderas hendiduras, que señale ni un ápice del esplendor vivido y referido. Sólo las palabras de Mario me inducen hacia el esfuerzo de intentar imaginarme una época mejor que la actual. El barrio en el que están ubicados aquellos vestigios de un, otrora, palacio de exposiciones y congresos no está mal del todo: casas bajas, de ladrillo rojo bien a la vista, con jardineras, perfecta y armoniosamente ordenadas, y patios de hierba y flores, todo ello compone un apacible y humilde conjunto que conforta al paseante y sin duda sosiega al habitante. Sólo el edificio con el que das de frente al cruzar una esquina te produce de pronto una profunda desolación por la ruptura del conjunto.

– Por qué no lo arreglaron -pregunto a mi amigo.

– Por su significado seguramente -responde.

         Mi mirada deja claro que no entiendo su respuesta. Mi condición añadida de extranjero le lleva a comprender que hay muchas claves que al fin y al cabo no acabo de entender. Me las explica, al menos lo procura, en concreto las que tienen que ver con aquel lugar.

         La dictadura terminó hace veinte años. Aquel barrio fue inaugurado por el dictador, a su vez veinte años antes de aquel final, para mostrar al pueblo el alto grado de desarrollo que se había alcanzado y además quiso hacer creer, de un modo sin duda pretencioso, como suele ser habitual, por otro lado, en tantos y tantos países. que era el pueblo y nada más que el pueblo el único destinatario de tantos planes industriales y de prosperidad colectiva. Y nada mejor para que este pueblo agradeciera ser el receptor de la gloria que situar en el centro del barrio-regalo un palacio de exaltación al régimen. El único problema, detalle tal vez, es que ese pueblo estaba de su dictador y su régimen hasta el moño, por ser finos, y nada quería más que despojarse de la figura sonriente en mil retratos, fotos y bustos exhibida y distribuidos a lo largo y ancho del país.

         Para colmo el palacio en cuestión, por un desmesurado gusto que le tomó el tirano, pronto devino el epicentro de su inmensurable actividad y ahí se presentaba día sí y día también para presidir festejos, actos deportivos, muestras de todo tipo, reuniones de exaltación, exposiciones artísticas, culturales o deportivas, exhibiciones de fervor patrio o loas colectivas a un mundo que parecía ya no sólo ser el mejor posible, sino el único que merecía mantenerse a lo largo de los siglos.

         Pero torres muy altas, me dice Mario, cayeron antes de esa fecha y más altas que caerán. El régimen se hundió en un colapso monumental y aquel edificio se quedó sin que nadie supiera bien a las luces qué uso darle. Estaba además excesivamente ligado a la dictadura y era sin duda su maldición.

– Pero todo el barrio fue obra del régimen -le digo-, por buena lógica lo tendrían que abandonar también.

– Se planteó en algún momento, no creas. Pero eso sería muy complicado, vive demasiada gente y costaría demasiado reubicarla lejos de aquí -responde Mario, con absoluta normalidad, como si fuera imposible, aun cuando fuera por una cuestión práctica análoga a la idea de mantenimiento del barrio, aplicar ese mismo criterio a un triste y abandonado edificio.

         Contemplo entonces a aquellas ruinas con la vaga idea de que hay símbolos que los carga el diablo.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

DOBLE-DIARREA-MENTAL

 

Llegué tan tarde de ese antro de mala muerte…

bebí demasiada cerveza, masqué demasiada libido

mirando a mujeres educadas para príncipes azules,

y cuando llegué a mi casa, a mi hogar, mi dulce hogar,

todo parecía arrasado, desmantelado; un desastre,

sin rastro de ti, todo eran restos de tu huida; soledad aparente.

Lo nuestro ya eran cenizas humeantes.

(…) (¿?) (…)

Encendí la luz de la sala, colgué el teléfono.

Encendí la radio. Emitían “hablar por hablar”:

[…Bien Fernando, cuéntanos tu caso:

gracias Mara…mi caso es el siguiente…]

Me acordé del hecho injusto

de quedarme sin parking

por obra y gracia de mi vecina del primero…

(mezquina) (puta) (acaparadora)…yo vivo en el segundo…

… encima de ella… me acordé de la sonrisa…

… cínica y socarrona de su marido rumano…

[…el caso es que ella me quiere,

pero sus padres no quieren verme con ella…]

Yo ocupaba ese parking de nadie desde hacía meses.

[Radiooo-Barcelonaaaa…Cadena seeeer…]

[…Si quieres Hablar por Hablar…]

[… llámanos al 900 100 800]

(bla, bla, bla) (…) (¿?)

[Hola Mara, te felicito por tu programa]

[gracias Isa, cuéntanos tu problema]

De repente me entraron inmensas ganas

de ir al baño; un dolor de estómago,

demasiada cerveza, demasiada insatisfacción:

(bálsamo diarreico para la insatisfacción)

me puse manos a la obra… me acordé

de mi vecina… justo debajo de mí…

chop…chop…chop…chop

[leche, cacao, avellanas y azúcar]

[NOCILLAAAAAA]

¡Qué placer, qué orgasmo, qué venganza!

[VOZ DE MARA: ahora vamos a dar paso

a Meritxell:-Hola Meritxell, ¿de qué quieres hablarnos?]

[Hola Mara, mi caso es un poco especial…]

[VOZ DE MERITXELL: el caso es que a mi me gusta

que se caguen en mi cara]

[VOZ DE MARA:¿¿¿Cómo???]

[VOZ DE MERITXELL: -Si, me explico:

el tema es que soy masoquista y me gusta que me humillen-]

[bla, bla, bla]

Meritxell, toma que toma, pastillas de goma,

come mierda guarrona, ¿quieres mierda? pues toma.

CHOP, CHOP, CHOP, CHOP

glup, glup, glup, phisss, phisss, phisss,

sssssssssshhhhhhhhhhhhhiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

tiré de la cadena y seguía pensando en la vecina,

aunque también en Meritxell…

mientras, sonaban los Rolling Stones en la Radio:

[I can’t get no satisfaction, I can’t get no satisfaction,
‘Cause I try and I try and I try and I try.
I can’t get no, I can’t get no,
When I’m drivin’ in my car, and that man comes on the radio;
And he’s tellin’ me more and more about some useless information,
Supposed to fire my imagination.
I can’t get no, oh, no no, no, hey, hey, hey
That’s what I say.]
 

[I can ‘t get no satisfaction, I  can ‘t  get no satisfaction]  

(…) (¿?)(…)

Y tenían razón a veces, aunque por el momento,

yo en una sola sentadilla había matado

a dos pájaras de un sólo tiro.

Y me quedé muy satisfecho. Muy satisfecho.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

LOS ASTROS SON CIEGOS

 

El horóscopo sólo es favorable

en esas vísperas de aniversarios fríos,

yo soy Tauro, tú eres Piscis,

él es Géminis y ella Capricornio,

y los cuatro nos enfriamos la cena mutuamente.

Mi ombligo es el centro de mi alma

y ese lunar invisible en mi entrecejo

es mi equilibrio arrodillado,

tus senos son dos planetas que suspiran

y tus labios mojados satélites perdidos.

El agua se multiplica en agua,

yo soy agua, tú eres agua;

estanque mágico en la noche vemos.

Sombra visceral de tu mirada,

frágil tacto te busca, ceguera sabia es la pasión.

 Tupper-Ware de plástico

en tu cocina, mundo conservado

al vacío. Vacío en un nano-espacio.

¿Se pudre el ser sin gravedad?

¿Existe otro universo detrás de tus ojos?

¿Porqué tu alegría es levedad?

Precio soterrado el que yo pago,

burla de ácido y azufre del ser dañino.

Sólo los astros son ciegos aquí,

donde se suma el resto con la traba.

Me gusta el orbe que sostienes

porque parece hecho por lágrimas,

mira si es terco el puente de mis ojos

que miro y no veo y prefiero ser astro.

Los astros son ciegos a jornada completa,

quizá me salve el suelo del tropiezo de verte. 

Pero nada me salva porque todo es breve.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

MI PATRIA VERDE EDÉN DE BRISAS PERFUMADAS

 

“Doquier los oiga esta tierra

De juventud coronada,

Y a la que el sol de los trópicos

Con rayos de amor abrasa:”.

 

GERTRUDIS G. AVELLANEDA

 

“¡Cuántas veces la estrella matutina

Alumbró con fulgores argentados,

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

“Del horizonte hasta el confín difuso

La onda marina sollozando rueda”.

 

JULIÁN DEL CASAL

 

Mi patria verde edén de brisas perfumadas

de sonoros arroyos y radiantes luces

natural hermosura que los espíritus traspasa

con savias de armoniosa fragancia,

lumínica estrella en el azul de los trópicos

de penetrantes destellos de amor que abrasa.

¡Cuánta resplandeciente belleza en su mirada!

empalidecida por voraces fragores

germen de turbias y envilecidas codicias

provocadoras de lágrimas argentadas

amargas ondas de horizonte difuso

que abraza con mares de desesperanzas.

 

 

 

 

JUBILOSO ENTUSIASMO LIBERA MI PECHO

 

 

“Gracias a Dios que al fin con entereza

Rompe Cuba el dogal que la oprimía

Y altiva y libre yergue su cabeza”.

 

JOSÉ MARTÍ

 

 

Jubiloso entusiasmo libera mi pecho

a sones de gritos de esperanzas

diamantinos destellos de luz de gracia

de un pueblo alzado noble y bravo,

que al fin se desprendió de las garras

que le mantenía herido y esclavo

oprimido sin la luz de los sueños

que nutre la esencia del alma

fulgor de sonoras y dignas miradas

libres de infame dolor cautivo

hijo de soberano derecho impuro

extraviado por la luz de Yara.

 

 

ALUMBRADOS POR LUMÍNICOS Y LIBERADORES RAYOS

 

“Cuando agitas tu cendal/ -sueño eterno de Martítal

emoción siento en mí,/ que indago al celeste velo

si en ti se prolonga el cielo/ o el cielo surge de ti…!”.

 

AGUSTIN ACOSTA

 

“Al volver de distante ribera

con el alma enlutada y sombría

afanoso busqué mi bandera

¡Y otra he visto además de la mía!”.

 

BONIFACIO BYRNE

 

Alumbrados por lumínicos y liberadores rayos

llegaron los días en que la ensoñación criolla

dejó de ser magnánima quimera

su bandera ondeó en el azul de su cielo

símbolo de intrínseco magma de mixtura

de forjadoras centurias de anhelos.

Argentados días de sombríos cielos

de acorazados lazos en las bahías

que envilecen el cendal de la cubanía

ondear cautivo de incipiente libertad

oprobio de arrogancia y opresión

experto dogal de alevoso imperio.

 

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TESTIGO MUDO ES EL VIENTO

 

A Juan A. Herrero Díez

 

Testigo mudo es el viento de rimar bravo este verso

pues redimir quieta a esta voluntad quisiera,

pues tengo un lado oscuro, respiro de algo perverso,

camina conmigo una voz, se me levanta adentro una fiera,

 

[(Discrepo) con el hombre que siempre (me abandona)

-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;

mi soliloquio es plática con este (falso)  amigo

que (te) enseñó el secreto de la (misantropía).]

 

La soledad es un espejo donde tú copias y pegas,

copio y después pego al ritmo de vacío y delirio,

cuando en el Messenger distante soledad agregas

esperas una nada que acecha fría con Narciso y Porfirio.

 

Fríos saben el porqué de tus acopios y de tus pegas,

resabiados mequetrefes acuden a los improperios hechos cirio,

soy espectáculo, soy outsider, soy la verdad que niegas,

soy quien derrama su sed en un espejo contrito.

 

[Y al (fin), (si mal os pago); (os debo) cuanto he escrito.

A mi trabajo (falto), con mi dinero (me endeudo)

(la ruina) que me cubre y (el mundo) donde habito,

el pan que me (pertenece) y  el lecho donde (soy solo yo).]

 

 

Entre corchetes versos del poeta  Antonio Machado,

del poema “retrato”,  estrofas 7 y 8, salvo en paréntesis y negrita.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

***********************************************

 

PIEL DEL NEÓFITO POETA

 

 

¿ Porqué será que no escribe el poeta?

Acaso la noche helada no le ha vuelto a ver.

Dime niño,

¿Dónde esta el poeta?

Dicen que se fue, para no volver,

Ya no quiso soñar…

 

Sus manos estaban frías,

Porque las nubes no se juntaban a conversar,

¡ Sí !,

Los sueños están en el aire,

Sólo hay que mirarlos sin molestar.

 

¿ Pero dime niño?

Si las palabras se escondieron,

Para no sentir el frío de sus manos

¡ No ¡

Ellas se embriagaron por su partida,

Y se fueron, para el mundo recorrer.

 

¿ Dime?, si es que no escribirá el poeta,

Porque alguien lastimo sus letras.

¡ Sí ¡

Parece que un Amado y experimentado poeta,

menosprecio los sueños y la letra del

Neófito poeta.

 

 

¡ Niño ¡

La poesía no ha muerto,

Seguirá siempre viva

Respetando los sueños

De quien escriba.

 

Ven niño poeta,

Sigue escribiendo a la luna,

Aunque sus versos sean amargos

No desprecies a ninguna.

 

¿ Dime niño,

Quien es el dueño de la poesía y la letra?

Sin el sueño de los amantes,

La poesía  no existiera.

 

Para que las noches no sean eternas,

Debo escribir lo que el alma ordena.

Creyendo que la poesía descansa en los sueños

De las personas nobles y buenas.

 

Luis Chinchilla Elizondo  08/09/2009

Grecia, Alajuela, Costa Rica

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DOS CANCIONES, DOS SOLEDADES

 

Ahora los sábados en vez de divertirme,

nos aburrimos.

 

Rafael Sarmentero

 

El otro día veíamos la tele juntos:

hacía calor, el ventanal estaba abierto.

Vimos un anuncio muy gracioso

y tú reíste enajenada, reíste forzosamente,

me dio miedo escuchar tu risa.

(Risa sufriente entre alegría fingida

y sorbo de una vida insatisfecha).

Pasó ese rato, gracias a una música.

Sonaba en el piso de al lado… era Chavela Vargas,

[Anteanoche fui a tu casa,

tres golpes le di al candado,

tú no sirves para amores

tienes el sueño pesado.]

(…) (¿?) (…)

[Ay, Sandunga, Sandunga

Mamá por Dios,

Sandunga no seas ingrata,

Ay Mamá de mi corazón.]

(…) (¿?) (…)

[Mosquito no mortifiques

con tus cantos mal sonantes

si me cantas  no me piques,

si me picas no me cantes.]

(…) (¿?) (…)

[Ay, Sandunga, Sandunga

Mamá por Dios,

Sandunga no seas ingrata,

Ay Mamá de mi corazón.]

(…) (¿?) (…)

Después todo era silencio

y se diluyó el hielo en nuestros vasos,

hielo frío en el que tropezamos,

 hielo donde los dos resbalamos.

Cuando la luna no es luna

nosotros, rabiosos perros nos azuzamos,

cuando el sol es solo sol

otro día, en los claroscuros buscamos.

Seguíamos viendo la tele

y la música sonaba insinuante,

palabras son solo palabras,

aunque sentimientos no duelen de balde.

Sonó otra canción de Chavela

y nadie hubo ya aquí, más nadie:

[Ponme la mano aquí Macorina,

ponme la mano aquí…

Tus pies dejaban la estera

y  se escapaba tu saya

buscando la guardarraya

que al ver tu talle tan fino;

las cañas azucareras

se echaban por el camino

para que tú las molieras

como si fueras molino.

Ponme la mano aquí,  Macorina,

ponme la mano aquí…

Tus senos, carne de anón,

tu boca una bendición

de guanábana madura,

y era tu fina cintura

la misma que aquel danzón.

Ponme la mano aquí, Macorina,

ponme la mano aquí…]

 (…) (¿?) (…)

Yo me pregunto a menudo,

me suelo preguntar tantas cosas…

Me insinúo luego me desdigo,

me contradigo arrancándome

las costras.]

Me suelo decir que cambiarás,

que eres un dulce demonio y un ángel amargo,

me suelo engañar tantas veces

y más que me he de engañar.

Busco aquella canción,

aquella que nos hace pájaros,

ninguna nos hace pájaros

por que nuestra verdad no es canción.

 

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR AMADO STORNI (Jaime Fernández)

 

EN UN FRASCO DE CRISTAL

 

 

DONDE fueron los pétalos en flor

 

que al bosque de hermosura perfumaban,

 

aquellos que de Amor se deshojaban

 

pidiéndole respuestas al Amor.

 

 

Donde fueron las bolas de alcanfor

 

que del bosque el aroma conservaban,

 

aquellas que del sueño despertaban

 

oyéndole cantar al ruiseñor.

 

 

Aquellas que acabaron tropezando

 

con los pies de un Amor que ya sin ganas

 

le puso a nuestros besos un bozal.

 

 

Aquellas que acabaron decorando

 

la mesa de algún cuarto sin ventanas

 

metidas en un frasco de cristal.

 

 

 

 

MATAR A CUPIDO

 

 

¿ES cierto que ha venido

 

promiscuo de intenciones el Amor,

 

pidiendo por favor

 

que maten a Cupido?

 

– ¡Cogerlo! cuando esté desprevenido,

 

que pruebe de su propia medicina,

 

matar al que asesina

 

rompiendo corazones.

 

Caínes de Cupido las traiciones

 

del odio y la rutina.

 

 

LA HISTORIA NO TE OLVIDA COMPAÑERO 

 

 

EN este invierno frío y duradero

 

de gripes y catarros mal curados,

 

de sueños imperfectos de pasados,

 

de besos que no riman tus “te quiero”.

 

 

 

En este invierno tan de invernadero

 

ausente de Nerudas y Machados,

 

de todos son las voces que han gritado:

 

“¡la Historia no te olvida compañero!”.

 

 

 

Enfermas ilusiones concebidas

 

a golpes que oxidados dictadores

 

nos dieron de un futuro en subjuntivo.

 

 

 

El tiempo cicatriza las heridas,

 

la Vida memoriza sus errores

 

y Salvador Allende sigue vivo.

 

 

 

 

DONDE ESTÁN LOS POETAS

 

 

AHORA que el Amor es transparente

 

y el miedo se refleja en los espejos,

 

ahora que se cobran los consejos

 

y el odio es el más fiel de mis clientes.

 

 

 

Ahora que olvidamos los errores

 

y el sueño nos despierta pesadillas

 

ahora que la vida se maquilla

 

y huelen a sudor todas las flores.

 

 

Por qué se han escondido los poetas

 

ahora que el Amor más necesita

 

de versos que se inventen los “te quiero”.

 

 

El hombre siempre ha sido marioneta

 

del beso que de Amor la princesita

 

al príncipe convierte en prisionero.

 

 

 

VIVIENDO COMO VIVO

 

 

VIVIENDO como vivo en este gueto

 

de artistas y poetas de salón

 

igual le meto mano a una canción

 

que corto las orejas de un soneto.

 

 

Bebiendo como bebo del delito

 

de no seguir patrón, normas ni leyes,

 

igual pierdo la grande con tres reyes

 

que gano veinte a pares con dos pitos.

 

 

Invéntense ridículas razones

 

para esta despedida tan urgente;

 

a veces la ilusión no es suficiente

 

para que coman tantos corazones.

 

 

Yo solo quise ser por un momento

 

“Quijote” de los mundos que me invento.

 

 

A JOSÉ TOMÁS

 

 

EN deuda están contigo los poetas,

 

las musas, el silencio, los cobardes,

 

la Muerte a la que citas cada tarde

 

poniendo el corazón en la muleta.

 

 

En deuda están contigo “los del Siete”,

 

la mano izquierda, el temple, los puristas,

 

tu triunfo es el saber que eres artista

 

pues has resucitado a Manolete.

 

 

Te fuiste deshojando calabazas

 

de ausencias que prendidas de alfileres

 

volvieron a inventar la Primavera.

 

 

Esconde tanta magia tu chistera

 

que Dios deja pendientes sus quehaceres

 

por verte torear en cada plaza.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS POSTPOÉTICOS

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

(APROPIACIÓN INDEBIDA)

 SOMIATRUITES

 

¡Qué a gusto estaba siendo niño!

Era feliz con cuatro coches en miniatura,

soñaba, jugaba, reía y lloraba

¿Por qué me cuesta tanto llorar ahora?

[Hi ha una  escola perduda al mig del Montseny
On només hi estudien els nens que somien amb truites
És l’escola dels somiatruites
On només hi estudien els nens que somien amb  truites.]
Cuando era niño sentía brotar los colores vivos como la carne

de una espesura de imaginación y disparate.

[I el Joan que somiava que el seu llit tenia ales
I a mitjanit despegava i volava, volava i volava.
I la Lídia que somiava que el seu nóvio era un llop
I es passaven les nits senceres udolant sota la lluna plena
Au, au, au i auuuuuuuuuuuuuuuuuu]

La niñez es la patria del hombre, decía un poeta,

yo digo que es lo único que nos queda de verdad puro.

Los niños del mundo son el futuro de nuestros sueños,

las flores distantes nos hacen parecer tan serios…

militar en la infancia es dar otra oportunidad a la esperanza.

[I la Fina que somiava que respirava sota de l’aigua
I mai s’ofegava i es feia unes arracades amb perles marines
¡Ah!  i a més i a més era íntima dels dofins i els taurons i
les gambes.]
[I la Marta que somiava que la terra era quadrada
I se n’anava a passar les vacances a una altra galàxia.
I el Fidel que somiava que li fotia una pedrada al rei
d’Espanya.]

El poeta es un niño responsable de lo que dice,

yo juego y juego uniendo palabras con otras palabras,

me aparto de lo retóricamente premeditado,

de la redundante verdad que duele al lector futuro,

busco tesoros sonoros en las planicies del sueño,

me hago novio de mil verdades que mueren suspirando

por mi derrota de papel manchado.

[I el Gerard que somiava que era un gat
Que somiava que era en Gerard que somiava
I la Joana somiava que el seu pare mai la pegava
I la Roser que somiava que la mare mai la renyava
I la Cristina que se n’anava xino-xano a la Xina
I parlava xinès de la Xina :
Xino xao, xao xao ping, xano xino, xino xano]


Así soy niño siendo poeta, me acuerdo de Platero,

me acuerdo de un lucero en tus ojos mojados.

Cien jazmines adolescentes muerden con sus dientes de leche

la tierna parábola que nos hace buenos, por que somos breves,

más breves que un suspiro y más mínimos que una mota de polvo. .

[I l’Albert que somiava, somiava, somiava i somiava
I de tant que somiava mai  es despertava
I a l’escola és clar mai s’hi presentava
Però la senyoreta mai li posava una falta i sempre
l’aprovava]

 

Sueño ser creador de mentiras pequeñas, breves como un beso,

sueño la verdad colgada patas arriba, un mundo al revés,

patria eterna del poeta, (niñez)es acaramelado  silencio,

nadie pide responsabilidad a un niño, la razón pone trabas

a la infancia.

[I és que l’Albert estudiar no estudiava
Però somniar carai si somiava
Carai quina senyoreta que simpàtica que era
I somiava que era una marreca que somiava
que cantava com una gitaneta a les nits de lluna :
ole, ole, ole….]

 

Con su manita dijo Adiós, INFANCIA

te echo tanto de menos… ¿Cecilio? ¿Eres Tú?

Despierta…despierta… NO QUIERO.

[Hi ha una escola perduda al mig del Montseny
On només hi estudien els nens que somien amb  truites
És l’escola dels somiatruites.]


Los sueños llevan mi nombre en sus labios de esponja y peluche,

quiero imitar a la sombra de lo que fui
con la única manera que de veras me queda,

ese niño es mi refugio caliente, es placenta y es volteleta,

es sorpresa al amanecer y es alegría efervescente

como una burbuja que se multiplica y se preña

de la única alegría que la inocencia custodia.


[I el Ramon que somiava coses tan estranyes
Que és impossible explicar-les
I en fi sobre les coses que somiava la Laura
És millor no saber-les.
I és que hasta el conserge pintava escoles sense muralles,
ni classes,
Ni reixes, ni mestres, ni tonteries d’aquestes,
Amb finestres obertes per on feien carreres
els somnis dels nens i les nenes
I mentrestant la Fina nedava amb sirenes
Gluglgugluuuuu……..]

Buenas noches Mamá…Hasta mañana…Te quiero mucho.

Te querré siempre.

 

 

 

DURMIENDO CON LA TELEVISIÓN

ENCENDIDA

 

[Buenas noches, comenzamos en Informativos

Telecinco y empezamos con una noticia abrumadora]

¡Será perra mi suerte! ¡Mi crisis! ¡Mi desgana!

[…Atentado multitudinario en Irak…]

Cuánta sangría en el Telediario de la noche, ¡carajo!

VOZ DE MI MUJER: CEEEECIIIII, ¡¡¡¡acuéstate en el cuarto!!!!

Me relamo la barriga con gran dosis de eufemismo.

[…y ahora en el apartado cultural

vamos a dar la gran noticia de la presentación de un libro…]

¿Qué libro? Mi libro, mi letra k, mi almohada está mojada.

[…es el libro de Agustín Fernández Mallo, Nocilla Lab,

es todo un acontecimiento literario, es, lo llaman,

alter-pop, zapping-literario, postmodernismo tardío, bla, bla, bla…]

¡Qué listos son esos tíos! Saben inglés y catalán.

Yo quiero ser de ellos. Soy cero en to’ el medio.

[…es la nueva generación Nocilla…]

Eso, eso, Nocilla, leche, bacalao, avellanas, y xucla.

Son listos estos cabrones, más que el Papa.

El Papa viste de verde y lleva zapatos de Aladino.

[…el arzobispo se entrevistó con el Santo Pontífice…]

Quiero una merendilla de crema catalana para todos,

¡INVITO YO!

[…es la víctima 48 en lo que va de año…]

Erica, no quiero desayuno, yo quiero merendar.

[…los llevaron a declarar a la Audiencia Nacional

donde el juez Garzón les tomará declaración…]

Han matao a un gato por llevar calcetines rojos.

Yo no quiero llevar chaleco, ni bufanda detrás del agua.

ERICAAAAAA, la almohada ¿Adónde está mojada?

[…buenas noches a todos, comienza Sálvame Deluxe,

que tiene nombre de puti-club…]

El dictador ese es manco y tiene cagalera azul.

VOZ DE MI MUJER: CECIIIII, TIRA PA’ LA CAMA YA

[…yo por mi hija, matooooooo…]

¿Quién grita tan hueco? parece una ristra de ajos

colgada desde la cocina a la alcoba.

Soledad te estás poniendo, corre que se afloja.

[…Paquirrin dicen las malas lenguas

que tiene novia y es de Sevilla…]

Dile a esa que se calle, que el Farruquito es buen chaval.

VOZ DE MI MUJER: CEEEECIIII, ANDA A LA CAMA, TÍO.

Ya voy, ya voy…y se fue.

(Continuará)

 

 

VÍA MUERTA

(Apropiacionismo)

 

A Josep Moya, único testigo

de mi vía muerta.

 

[Rossinyol que vas a França, Rossinyol,

encomana-me a la Mare, Rossinyol,

amb el meu pare i a la mare, Rossinyol,

d’un vell foscatge, Rossinyol, d’un vol.]

 

Allí donde muere la vía

empieza un arduo camino a pie,

allí donde se amontona una colina de suspiros

existe toda una plegaria que comienza,

allí donde el fin es un lamento

existe una esperanza ya vencida,

allí donde la derrota empieza a respirar

suspira un alma por todo aquello que ha sido.

 

[Rossinyol que vas a França, Rossinyol,

encomana-me a la mare Rossinyol,

amb el meu pare i amb la mare, Rossinyol,

d’un vell foscatge, Rossinyol, d’un vol,

Encomana-me a la Mare Rossinyol

amb meu  pare no pas gaire, Rossinyol,

d’un vell foscatge Rossinyol, d’un vol.]

 

 

Todo allí es una culpa que se redime de negra,

todo es muerte y palabra agonizante,

nada se olvida si no termina luego

la causa que lo hizo antes realidad,

por que un corazón roto es eso,

un pobre corazón ya roto.

La vida sustrae de lo imposible

a todo aquello que fue posible antaño,

se quisiera retroceder un suspiro

después del largo sollozo del resoplar,

la vida es un parto en cada cuneta

donde existe una carretera que va,

la vida es una vía muerta,

consecuencia de un camino vacío.

 

[amb el meu pare  no pas gaire, Rossinyol,

encomana-me a la Mare, Rossinyol,

d’un vell foscatge Rossinyol, d’un vol.]

 

La vida es una penumbra distinta en cada

hora que nace y se desvanece 

y todo camino concluye en uno mismo.

Todo lugar donde se sufre es un paso atrás,

es un camino cerrado y un amargo retroceso,

es olvido que abre los ojos

en la antesala del interior.

 

[Rossinyol, que vas a França, Rossinyol,

encomana-me a la Mare, Rossinyol,

Encomana-me a la Mare i al meu Pare

Rossinyol, d’un vell foscatge , Rossinyol, d’un vol.]

 

 

Entre corchetes: canción popular catalana,

versionada por Ovidi Montllor en la película “La fuga de Segovia”, Dir: Imanol Uribe.

 

 

MUCHA FÍSICA Y MUCHA QUÍMICA

 

Para todo existe un límite agazapado en la niebla

y una sombra tras las apariencias en el aire.

Nunca un miedo a una fórmula médica se aproximó tanto a tu vida de mujer mecánica,

quizá fuera por que tratar con la química es lo mismo

que follarte con una camisa repleta de alfileres.

Cada suspiro un alfiler, cada vacío un agobio,

cada agonía un accidente, cada mentira una causalidad.

Miligramo a miligramo, micra por micra,

lejanía y desesperanza, precaria salud frente a la enfermedad.

Mi enfermedad: principio activo de la violencia y de la insolencia.

Morbo insano contra un rumor escondido bajo la alfombra.

El efecto placebo es jugar a la gallina ciega,

es dar una volteleta con los ojos tapados.

Nuestra frontera: [lactosa monohidrato, almidón de maíz,

celulosa microcristalina, estearato magnésico, sílice anhidra coloidal, laurel sulfato sódico, hipromelosa, dióxido de titanio, propilenglicol, talco, amarillo-naranja aluminium lake y amarillo de quinolina.]

Mi respiración es una puesta de sol que se destruye sola.

Mi voluntad es un pestañeo morado de súbita muerte.

Nuestra realidad: [lactosa monohidrato, povidona,

hidrógeno fosfato de calcio dihidrato, celulosa microcristalina,

almidón glicolato de sodio Tipo A, estearato de magnesio,

hipromelosa, macrogol 400, dióxido de titanio.]

Nuestra mañana suda química, se lamenta y es depresiva.

Aunque te quiero con la violencia del monóxido de carbono.

Mi locura es una profunda verdad de outsider entre Nicotina y Alquitrán.

Tú, mientras, te consuelas con la física de unos rayos catódicos.

 

 

 

 

CRÓNICA NEGRA

DEL GRAN HERMANO XIII

 

Vamos todos a ver el escaparate repulsivo

del raiting vencedor arropados en el filo frío del cuchillo

en el horario masivo de media noche de gala.

Veamos el espectáculo inofensivo

de ver a la presentadora del reality show en pleno ejercicio

de una moral pachorra y viejarrona

resumida en unas breves notas de petulante prepotencia.

Todos verán el edredoning mascachapas

de la puta de España con el machito musculado

que se envalentona solamente cuando va borracho.

Siéntense y vean la burda mentira de la realidad estupefacta.

Acomódense sin hacer zapping

 y vean como los viciosos productores televisivos

 usan a la juventud,

con la varita mágica de la ley del embudo,

como si fuesen monigotes de trapo que golpear como a un saco.

Apresúrense a ver la tórrida escena de la chabacana

del extrarradio pelear con la mentira del mundo

en una ordinaria riña de verduleras pregonando carencias.

No se asombren de nada.

Esto es el pan de cada día.

El Amén es una escalera de luz

que buscan los chicos deseosos de fama efímera y rentable

 desnudando su alma si fuere preciso,

perdiendo la dignidad si se lo piden, humillándose si encarta.

Cuando junten los cuatro duros para montar un pub donde

las chiquillas se abran de piernas y los afortunados sean alcurnia,

de nobleza de bambolla y ralea con aire de grandeza,

se impartirá la lección magistral y elitista de la estrategia

inteligente de brincar como un mono.

Vean y disfruten del orgasmo hecho sueño de oropel

con que engañan a los niños tontos y torpes.

¡ATENCIÓN, ATENCIÓN!

Conectamos en directo con la casa:

¡Se ha producido un subidón de audiencia!

Y es que el muchacho musculado se le ha ido la olla

y ha lanzado un aparato conectado a la electricidad al jacuzzi

lleno de agua y espuma de jabón

donde estaban sumergidos varios concursantes del programa.

¡Han quedado totalmente achicharrados!

¡Señoras y señores!

¡Qué buen invento el de la vida en directo!

 

 

 

LO QUE LA VERDAD ESCONDE

 

A Milicxsa, con cariño.

 

Si sabemos que la maldad

se vuelve en nuestra contra,

nos da la espalda

y vuelve el malicioso deseo

como un boomerang ciego de sed.

Si sabemos que lo bueno

crece de dicha y el rincón oscuro

es sol

porque la bondad es mañana

de lucidez y de esperanza.

Si sabemos que lo malo

nos destruye y nos hace daño,

si sabemos que lo bueno

es paz, es alegría, es sentimiento,

si encontramos la verdad

en cada suspiro que brota,

si buscamos allí dónde esté.

Hallaremos verdad

en los sueños, que en los cuales,

no creemos.

 

 

DESNUDO ES MEJOR

 

Me crié entre la España Cañí de mi abuelo materno

y la beatería autocomplaciente de mi abuela paterna,

mi padre era trabajador (emigrante andaluz) en una fábrica,

mi madre: Ídem de Ídem; yo:

me eduqué con la televisión todo el día encendida,

mi hermano mayor (imaginario): era una mezcla

entre “El Torete”, Sid Vicious y Espinete,

mi hermano menor (verdadero): es un ejemplo

que me da vergüenza seguir, por aquello de ser menor que yo

y más responsable que yo.

Toda mi infancia ha sido una ficción amplificada.

Una ficción fantasiosa inventada por mí mismo.

Mi empanada mental: [¡Dale caña Torete!

¡Vaca, yo contigo no tengo zuzto!

…Gitanos de piel morena con sus mujeres de seda,

danzan sus cuerpos esbeltos alrededor de una hoguera…]

Veía películas sobre delincuencia juvenil,

mi música era una mezcla de Tony el Gitano

e Iron Maiden, de los Chichos y AC/DC,

de los Chunguitos y Obús, de Camarón y Barón Rojo.

He cometido faltas terribles, he odiado por amor,

pero en realidad he sido un inocentón,

aunque la vida me ha hecho desconfiado,

pero yo, prefiero culpar a la sociedad y a la naturaleza.

Mi madre decía:-Vas con malas compañías-

quizá razón tuviera, pero yo era quien elegía.

(Por si existen dudas:)

Mis padres me dieron buena educación,

colegios de pago, me acompañaron desde párvulos

hasta 8º de E.G.B en el trayecto de casa a la escuela,

y del colegio a casa, y pacientes esperaban en la puerta.

(Siento dolor recordándolo.)

De muy temprano comprendí que los estudios

no eran lo mío. Malas calificaciones.

Comencé a fumar. Las drogas vinieron más tarde.

También vinieron los líos, los juicios, los encierros,

las palizas, las borracheras, la pérdida de amistades,

locura transitoria, y después, enfermedad mental.

Luego, ya mayor, quise enmendarme, como decía mi padre.

Mis compañeros del colegio, unos acabaron abogados,

otros informáticos, otros banqueros,

y yo acabé siendo un pensionista, osease, un parásito,

un mero parásito social, un paria, escoria.

Mis compañeros de fechorías, unos acabaron presos,

otros presos de sí mismos, otros en el cementerio.

Me apunté a un curso de fotografía,

me saqué el carné de conducir, quería enmendarme.

Podría hacerme pasar (por un tiempo fue así)

por un exdelincuente totalmente reinsertado

en una sociedad que marginaba tan sólo escuchándote hablar.

Nadie, si me viera por la calle o hablara conmigo

diría que ahora escribo poemas, veo programas

de televisión sobre literatura, compro y leo

muchos libros; me he metido tanto en mi papel,

en mi papel de poeta, de amante de las letras,

de amante de la poesía, que ahora no sé salir de él.

Me he fabricado un mundo para mí sólo.

Paso los días en mi jaula de oro, en mi urna de cristal.

Sigo haciendo las mismas cosas que de niño,

antes jugaba con coches en miniatura,

ahora juego con las palabras.

Miento mucho, cada vez que escribo miento en algo,

aunque muchas veces digo verdades desnudas.

Ahora no sabría vivir sin la poesía.

Me miro en el espejo y veo a un niño-poeta

que reflexiona acerca de cosas de perdedor-viejo.

Esta dicotomía no es inventada, es una realidad.

Mi vida se rige entre esta dicotomía y entre lo que me invento.

Veo las cicatrices del tiempo y hago inventario

de las cosas ya pasadas y guardo distancia, miedo y recelo.

He vivido demasiado deprisa,

aunque tengo la ilusión de un niño en vísperas de Reyes.

Ese niño al que ahora conozco,

tanto, que quisiera asesinarlo para después echarlo de menos.

La inocencia es peligrosa, es un atentado contra la humanidad.

Hay gente que dice: -me encanta la inocencia-

-qué bonita es la inocencia de los niños-

Hay niños inocentes pero la mayoría de ellos son crueles,

y siendo aún niños, tienen esa impura putrefacción que existe

en el planeta Tierra, en el Mundo, en los Hombres.

En mi adolescencia hice dos descubrimientos:

uno, que en mi infancia la gente me trasmitía falsedad positiva,

y el otro, que en mi adolescencia la gente me trasmitía

falsedad también, aunque en este caso era negativa.

El mundo está tan condicionado y tan sometido

que es falso, más bien parece irreal, irracional, es materia y nada.

Es dos mundos dentro de uno. El de las apariencias individuales

y el de la conciencia colectiva.

Por eso ahora soy dos personas,

soy lo que dejé en el camino y lo que me encontré en él.

He aprendido y también he desaprendido.

La falsedad positiva es sentirte querido, tener amigos, tener amores, tenerlo casi todo,

aunque es una ilusión en el aire que se esfuma,

que se evapora, se difumina, se gasifica,

y cuando se esfuma del todo, entonces es falsedad negativa

y ahí es cuando te sientes solo. Muy solo.

Y entonces te encuentras a ti mismo; eres tú pero lo desconocías

y te cuesta aceptar que tú eres ese,

y esa es la única y verdadera gran verdad.

La gente sólo te quiere en ese momento de inocencia

y falsedad positiva; cuando existe putrefacción

y falsedad negativa, ya no te quieren. No.

Te desechan, te usan y se cansan, se van a otra cosa.

Es sentirse mujer preñada y después abandonada,

es sentirse viejo, usado, manipulado, gastado.

Por eso nadie, o casi nadie, quiere a los viejos,

salvo cuando media el dinero.

Trato de buscar a ese Cecilio siendo aún un niño y decirle:

-Niño, vete a otra cosa, NIÑOOOOOO-

-A OTRA COSA, CARAJOOOOOOOOOO-

Y no me escucha, no me escucha, no me hace caso.

    

 

 

Entre corchetes: fragmentos de las películas

“Los últimos golpes del Torete”, Dir: José A. de la Loma,

y de “Yo, El Vaquilla”, Dir: José A. de la Loma. También fragmento de un tema de Los Chichos, Gitanos de piel morena.

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXVIII  20-12-2.008

 

XVIII EDITORIAL

 

 

El castellano y su difusión

 

La catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid Inés Fernández-Ordoñez ha sido elegida miembro de la Real Académica de la Lengua (RAE) y pasará a ocupar el sillón P, que dejó vacante el poeta Ángel González. Experta en la Historia de la Lengua y en dialectología, ha estudiado en profundidad las variantes rurales del español peninsular. Su labor, según la propia Academia, podrá ser importante en el proyecto de Diccionario Histórico de la Lengua que está elaborando la RAE.

 

Aunque somos poco amigos de lo institucional porque creemos que el idioma, cualquier idioma, ha de ser un cuerpo vivo poco dado a las ataduras formales, no por ello somos ajenos a la labor de la Academia, principalmente en un momento en el que el español está sufriendo,  sobre todo en España, un retroceso atroz. No por culpa de las otras lenguas que se pueden hablar tanto en España como en otros países de lengua española -Perú, Guatemala, México, Bolivia, Guinea Ecuatorial o Paraguay, principalmente-, sino porque hay una enorme despreocupación por parte de muchos hablantes hacia la lengua y también un descenso cultural y educativo del que nos hemos hecho eco en algunos editoriales, lo que provoca carencias que afectan al castellano, lo empobrecen como idioma y devalúan la capacidad de diálogo entre las personas porque se devalúa la lengua que es el medio de comunicación por excelencia. En este sentido, la Academia de la Lengua se convierte en un útil instrumento de referencia.

 

Por desgracia, falla el uso del idioma. El conflicto lingüístico ha pasado a ser un conflicto político en algunos países, por ejemplo en España, donde se quiere enfrentar lenguas por razones de interés partidista. Es verdad que el castellano se impuso en algunos momentos de la historia tanto dentro de la Península como en las antiguas colonias, el castellano fue un arma de dominio político en detrimento de otros idiomas, expresiones de cultura. Pero ahora el español pertenece a millones de personas repartidos en España, América Latina y en Guinea Ecuatorial. En el Sahara Occidental y en Filipinas apenas es un idioma testimonial. Por ello el castellano es el patrimonio de millones de hablantes, no de un país determinado,  y no se puede decir que un español sea mejor que otro, al mismo nivel se hallan el castellano de España como el de Argentina o Cuba, el de cualquier país americano.

 

Nos gustaría que la labor de la académica Inés Fernández-Ordoñez, como dialectóloga que es, fuera en ese sentido. Puede llevar a cabo una apreciable tarea de concienciación de la importancia que posee la lengua, aun cuando el papel principal para la conservación, difusión y desarrollo del castellano esté en manos de los hablantes que han de saber que sólo de ellos depende el idioma.

 

 

 

 

 

WOMAN DEL CALLAO II

 

Dónde estás tú, dónde estoy yo,

dónde está el norte y dónde el sur,

quisiera ser para ti eterno sol,

quisiera ser alegría redonda,

quisiera ser pasión sin nudo,

quisiera ser gracia que se improvisa,

quiero ser paciencia de agua,

quiero ser tu confiado socorro.

Me duele expulsarte de tu paraíso

con el turno de la dulce noche,

despojarte de la ternura del beso,

arrancarte de la volteleta ciega,

expropiarte la pureza a ratos

de arrebato doliente,

desahuciarte de tu libre mirada,

negarte una nueva posibilidad.

¿Qué hace una mujer tan bendita

de la mano de un juguete roto?

¿Qué clase de anti-juez sin paz

te sostiene la mirada hecha añicos?

¿Qué púlpito de negrura asola

tu voz huída en tu inocencia?

¿Qué beso de ti se me ha escapado?

¿Qué mirar de soslayo

fue miedo de sombra sin nombre?

¿Qué azul de ti se fue tan callando?

¿Qué rosa nació con la espina

dolorosa de la libertad soñada?

¿Qué canción no rima todavía?

¿Qué conclusión tan nefasta

da pasos en el ahogo a solas

de este verso desesperado?

¿Por qué mi amor tú tan lejos?

¿Por qué me dueles tanto?

¿Qué ritmo dió la noche

a la tormenta de sabor a selva?

¿Qué suspiro negro de mí

te llevas al irte?

¿Qué bofetada del silencio

se retuerce como pez fuera del agua?

¿Por qué el amor es tan difícil?

¿Por qué mi voluntad es un preso

 anciano, sabio y cansado?

Woman del Callao me dueles,

me dueles al alba, y de noche,

me dueles a solas o sin ti,

me dueles cuando miras

a la ciudad que te enseña sus dientes.

Me dueles cuando vas sola

por el llanto del mundo.

Me dueles cuando huyes

de la verdad desnuda.

Me dueles en la sombra

del momento en el viento.

Me dueles cuando callas, cuando vives,

cuando andas, cuando flaqueas.

Si te rodeo en mis brazos

y veo que ves

el loco poema

del guardián de espejos,

me muero por dentro y todo tú

me corroes.

Te beso y no cierro la esperanza secreta

que nos mantiene soñando.

Me conmueve el sabor

de tu sueño sacudiéndose.

Me enamora la alegría

de tu presencia que regala sin descanso.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

La Revuelta

 

 

         Me atraían todas aquellas luces dispersas: las que se contemplaban por el destello de las barricadas ardiendo o por el repentino resplandor de los cócteles molotov que estallaban al fondo de la avenida, el resplandor de las luces de los coches policiales o del inútil parpadeo de los semáforos. Se impuso un silencio tenso que sólo fue roto por las sirenas de la policía y de los bomberos, por el ruido de los cristales rotos y por algunos gritos que, desde lejos, apenas se entendían. Yo contemplaba aquel espectáculo impresionado, tal vez porque se me aparecía en cierto modo como el fin del mundo, un caos que no podía menos que calificar de sinfónico y que, no por llegar de pronto, me resultaba extraño ni imprevisto. Al fin y al cabo, lo artificial era lo anterior, aquella paz social engalanada de aparente riqueza que, estaba yo seguro, más tarde o más pronto se vendría abajo, como un edificio al que se ornamenta en demasía pero descuidando sus cimientos.

         Es verdad que aquello no era la revolución. Apenas era una revuelta, una de las muchas que se iban produciendo desde tiempo atrás y que nos conducían al caos. Pero también era cierto que hacía tiempo que no esperábamos la revolución, lo que no hacía que las cosas existentes, el capitalismo real, según lo llamó el sarcástico Klaus, fueran bien y quizá por ello el caos ya nos resultaba suficiente, dado que, nos parecía de pronto, no había alternativa posible.

         Me metí por las callejas adyacentes, más silenciosas pero no por ello menos caóticas, y vi a grupos de encapuchados que se movían raudos por las esquinas, casi de un modo militar. Algunos ni me miraron, me sentía invisible, otros me observaron apenas unos segundos, lo suficiente como para barruntar que yo no era un policía de paisano, y continuaron sus movimientos ajenos a mi presencia. De tanto en tanto volvía a escuchar el ruido de los cristales rotos, de las sirenas, los gritos, más lejanos sin duda pero, por romper el silencio de las calles estrechas, más intensos y tal vez más sonoros. Seguí andando. No tenía dirección fija, iba de un lado a otro, como un turista que visitase el caos.

         El mundo se venía abajo, no había vuelta atrás, y creo que nunca antes me había sentido más feliz. El orden se derrumbaba, ¿cabía algo mejor?, y aquella destrucción me resultaba gratificante. Me sentía regocijado, lo reconozco, al ver, en una calle comercial, los escaparates de las tiendas rotos, algunas sucursales bancarias con evidentes signos de haber sido incendiadas, los coches traspuestos y colocados como barricadas en medio de la calzada. El corazón se me aceleraba, se me despertaba la pasión y me acercaba a un ámbito en el que se diluían los límites de lo material. No crean que yo hubiera bebido ni consumido ninguna droga, nada más lejos, pero sin duda estaba muy cerca de los efectos más extremos que producían dichas sustancias.

         Salí de las callejuelas del casco viejo y avancé por plazas y calles que, si bien parecían no estar afectadas por los desórdenes, te hacían sentir la tensión. El ulular de las sirenas se escuchaban desde aquí y tal vez la falta de consonancia con el paisaje, todo de pronto tan ordenado, me inducía a pensar que lo que veía era apenas un espejismo o que lo recién contemplado no existía en absoluto. 

         Me senté en un banco de una extensa plaza. Ahí el silencio era absoluto y el bisbiseo de los incidentes quedaban ya demasiado lejos. Quizá nunca amaneciera, pensé. La noche eterna, era lo que me pareció que iba a ser aquella noche. Miré a mi alrededor y tanta soledad, por un instante, me resultó gratificante. Parecía imposible que poco antes hubiera asistido los incidentes. La tensión quedaba aquí diluía y me pareció que la calma siempre había existido. Concluí que el mundo era ambivalente y en él convivían ámbitos que llegaban a ser absolutamente contradictorios pero por los que se podía pasar con suma facilidad. 

         Sin duda había algo poético en todo eso. No me moví de ahí hasta el amanecer, a la espera de no sé muy bien qué.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

SU ABRAZO

 

 

Ese nudo orbital en mi cintura

delimita el espacio en donde habito

y ahueca entre sus alas todo un nido

donde entibio mi noche más oscura.

 

Rodea con su manto de ternura

la pesada raíz de mis olvidos,

y me diluyo lejos del silencio

con las voces de luz que me que murmura.

 

En ese globo astral arden los fuegos

que lamen las laderas del infierno

y borran los perfiles de la bruma.

 

Se estremece mi piel con el contacto

que surge de su abrazo dilatado

y alcanzo la verdad que me desnuda.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

 

 

 

 

DESTINADO

 

A Lula, por su agudeza visual.

 

Le pedí que me leyera la mano

cuando mi juventud era un suspiro que nace.

Ella llevaba gusto a brandy en el paladar

pero vió la luna crecer en la palma de mi mano

como un espejo redondo y profundo como un pozo.

Se invocaba paulatinamente

a un pasado de travesura que salió cara,

a un presente de misterio escondido

en la semilla de la luz,

y a un futuro que florecía como una incógnita

vestida de ensueños plateados.

No lo supe hasta más tarde,

que una deuda quedaba tan finamente cobrada

como la justicia de Dios

hecha por los hombres.

Ella movía su mano como un abanico

esparciendo su visión de chamán ancestral y místico

como el humo espeso de la goma o del neumático.

Ella me dijo después:

sígueme con tu mirada hasta perderme en la esquina,

no quiero caerme como otras veces caí.

No le perdí el rastro zigzageante

que su andar delicado soportaba.

Se perdió entre las estrellas de la noche de verano

cruzando la lluvia

eterna de las risas del populacho gris

y los borrachos que por una gastada sonrisa

hacen burla de la grandeza pequeña

que el mundo oculta.

Las esperanzas son un aliento que alivia

en lo remoto de cada corazón.

Por eso no la olvido cuando veo mi destino

venir a mí como un perro suplicante de caricias.

Por eso no la olvido cuando escucho

la canción de la noche en los veranos australes

que mi caminar oye salir de las ventanas.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

POEMA MANDADO POR CRISTIAN

CLAUDIO CASADEY JARAI.

 

EL VOLCÁN POÁS

 

Del clásico costarricense, Carlomagno Araya.

 

Levantado en mitad de la maleza

Está el volcán que a imaginar invita

En una gran cabeza que medita

Y en una enorme fauce que bosteza.

 

Este monarca cuyo aliento sube

Sin padecer fatiga ni desmayo

Tiene por cetro luminoso el rayo

Y por corona singular la nube.

 

Apoyado en los hombros de la cresta

Que baña el sol de fúlgida vislumbre

Contempla la ansiedad de la floresta

Que tiene la locura de ser cumbre.

 

Atalaya propicio desde donde

Pueden los pueblos extender su vista,

Para ver el lugar en que se esconde

El peligro fatal de la conquista.

 

 

Maldigo al primer ser humano que interpuso una frontera imaginaria entre él y uno de sus semejantes. Maldito sea mil veces aquel ignorante individuo que en un remoto día fue el primero en pronunciar las infames palabras “mío” y “tuyo”; ojalá se pudra por siempre en los infiernos. Maldigo las perversas razones que le condujeron a tan depravado comportamiento de menosprecio fraternal. Yo maldigo también a la siniestra evolución que nos arrebató sin misericordia las eternas primaveras y las brisas suaves de la edad de oro de la tierra primigenia y nos condujo irremediablemente a través de las edades de plata y bronce hasta llegar a la más actual de las edades, la más violenta y desgarradora, la corrompida edad de hierro. Maldigo las patrias, las banderas, los himnos, las lindes, los idiomas, las vallas, las aduanas, los iconos, las ideologías y todo aquello que suponga una diferenciación ficticia entre individuos de la misma especie.

Éstos han sido los responsables de las mayores matanzas y peores injusticias de todos los tiempos. Por culpa de todo ello existe E.T.A, Al Qaeda, los nacionalismos estrechos de miras, el fanatismo religioso, las miserias de unos y las riquezas de otros, los gobiernos totalitarios y déspotas,…

Soy un ciudadano del Todo; mis hermanos son los seres que en Él habitan. Sus dominios comienzan allá donde nacen los vientos, y acaban donde se oculta el arcoiris. Mi bandera son las nubes que rodean todo el globo ondeando en lo más alto del cielo, y no necesita asta donde ser colocada. Mi himno, el sonido de las olas del mar rompiendo en la dura roca o el melodioso canto del ruiseñor en la profundidad del bosque. Mi idioma es el Lenguaje del Mundo. Las estrellas son el único confín que conozco; y los horizontes que contemplo, la luna y el sol. Mi Templo es mi cuerpo, y el único ritual que requiere mi religión es la meditación.

Si te agrada mi patria, siempre serás bien recibido en ella. La única condición que te exige es que olvides fuera los prejuicios, las prohibiciones, las dualidades (sobretodo aquella de “yo” y “los demás”), la envidia, el rencor, la ira, el odio. Entra con la mente limpia y clara como la de un bebe recién nacido antes de ser bautizado y déjate llevar. Si dudas de la existencia del paraíso, olvida todo lo conocido hasta ahora y sígueme; está más cerca de lo que imaginas. Te prometo una existencia plena y feliz hasta el fin de todos los tiempos. Te aseguro la completa desaparición de todas tus actuales y absurdas preocupaciones.

En este lugar no se conoce el miedo, porque no hay nada que temer. Tampoco existe el amor, ya que todo es amor. No se habla de paz, debido a que la guerra es impensable. No hay principio ni fin; el nacimiento y la muerte sólo son pasos intermedios. Aquí no tienen cabida jefes ni gobernantes, la Naturaleza es la única que impone leyes e imparte justicia. En nuestra tierra no son necesarios papeles para vivir dignamente; no se conocen ciudadanos ilegales. En este mundo, el único propósito es vivir. Mientras naden peces por sus ríos y mares, el cielo sea surcado por aves de todos los colores y de la tierra broten los más variados frutos, seremos ricos y dichosos; todos por igual… Y al que pronuncie la palabra “frontera” se le colgará del árbol más alto de este infinito Reino.

 

Las cuatro edades. Extraído del libro Metamorfosis, de Ovidio

La edad de oro fue la creada en primer lugar, edad que sin autoridad y sin ley, por propia iniciativa, cultivaba la lealtad y el bien. No existían el castigo ni el temor, no se fijaban, grabadas en bronce, palabras amenazadoras, ni las muchedumbres suplicantes escrutaban temblando el rostro de sus jueces, sino que sin autoridades vivían seguros. Ningún pino, cortado para visitar un mundo extranjero, había descendido aún de sus montañas a las límpidas aguas, y no conocían los mortales otras playas que las suyas. Todavía no estaban las ciudades ceñidas por fosos escarpados; no había trompetas rectas ni trompas curvas de bronce, ni cascos, ni espadas; sin necesidad de soldados los pueblos pasaban la vida tranquilos y en medio de suave calma. También la misma tierra, a quien nada se exigía, sin que la tocase el azadón ni la despedazase reja alguna, por sí misma lo daba todo; y los hombres, contentos con alimentos producidos sin que nadie los exigiera, cogían los frutos del madroño, las fresas de las montañas, las cerezas del cornejo, las moras que se apiñan en los duros zarzales, y las bellotas que habían caído del copudo árbol de Júpiter (la encina).

Había una primavera eterna, y apacibles céfiros de tibia brisa acariciaban las flores nacidas sin cimiente. Pero además la tierra, sin labrar, producía cereales, y el campo sin que se le hubiera dejado en barbecho, emblanquecía de espigas cuajadas de grano. Corrían también ríos de leche, ríos de néctar, y rubias mieles goteaban de la encina verdeante.

Una vez que, después de haber sido Saturno precipitado al Tártaro tenebroso, el mundo estuvo sometido a Júpiter, llegó la generación de plata, peor que el oro, pero más valiosa que el rubicundo bronce. Júpiter empequeñeció la duración de la primavera antigua, haciendo que el año transcurriese, dividido en cuatro tramos, a través de inviernos, veranos, otoños inseguros y fugaces primaveras. Entonces por vez primera el aire, encendido por tórridos calores, se puso candente, y quedó colgante el hilo producido por los vientos. Entonces por vez primera penetraron los hombres bajo techado; sus casas fueron las cuevas, los espesos matorrales y las ramas entrelazadas con corteza de troncos. Entonces por vez primera fueron las semillas de Ceres enterradas en largos surcos y gimieron los novillos bajo la opresión del yugo.

Tras ésta apareció en tercer lugar la generación de bronce, más cruel de carácter y más inclinada a las armas salvajes, pero no por eso criminal. La última es de duro hierro; de repente irrumpió toda clase de perversidades en una edad de más vil metal; huyeron la honradez, la verdad, la buena fe, y en su lugar vinieron los engaños, las maquinaciones, las asechanzas, la violencia y la criminal pasión de poseer. Desplegaban las velas a los vientos, sin que el navegante los conociese aún apenas, y los maderos que por largo tiempo se habían erguido en las altas montañas saltaron en las olas desconocidas, y el precavido agrimensor señaló con largas líneas las divisiones de una tierra que antes era común como los rayos del sol y como los aires. Y no sólo se exigían a la tierra opulentas cosechas y alimentos que ella debía dar, sino que se penetró en las entrañas de la tierra y se excavaron los tesoros, estímulo de la depravación, que ella había escondido llevándolos junto a las sombras de la Estige. Y ya había aparecido el hierro dañino y el oro más dañino que el hierro; apareció la guerra, que combate valiéndose de ambos y con mano sangrienta blande las armas que tintinean. Se vive de la rapiña; ni un huésped puede tener seguridad de su huésped, ni un suegro de su yerno; incluso entre hermanos es rara la avenencia. El marido maquina la ruina de su esposa, y ésta la de su esposo. Madrastras horribles preparan los lívidos venenos del acónito; el hijo averigua antes de tiempo la edad de su padre.

La piedad yace derrotada, y la Virgen Astrea (la justicia) ha abandonado, última de las divinidades en hacerlo, esta tierra empapada de sangre.

 

  

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

 

RESURRECCIÓN

 

 

 

Y el disfraz se apartó

de su último rostro.

 

Descendió por las aristas,

y se negó a aceptar

la resignación de la clausura.

 

Midió el alcance del combate iniciado,

y rompió aquel asedio que frenaba  sus líneas

adheridas a un cuerpo.

 

 

Enloqueció su brújula

y se liberó de apremios

sin atisbo de culpa.

 

Quería astillar ademanes primitivos.

 

Despilfarrar los guiños

de dueños asimétricos.

 

Sumergió la imagen conseguida

en un espejo falso,

y dejó que la hondura

inventara otras puertas

por donde escabullirse.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

 

 

 

LA ORGÍA

 

Esa otra que me habita,

se oculta

entre navajas y sudarios.

 

Por mis recodos íntimos,

alarga sus controles

para tocar mis poros

y se empeña en el registro

de una maldad suprema.

 

Pone a macerar

unos granos de sal

y viaja hasta mis ojos

para hurtarme una lágrima.

 

Mi piel embaucadora

busca líneas erguidas

desde otras tarimas.

 

Y una vez más,

la intrusa

se recluye

entre los matorrales

y regresa a mi fondo

con las arcas vacías.

 

Hay un pastor de llantos,

sin rebaño.

 

 

.                               T.P.C.

 

 

 

Me llamo Pedro Andrés Estudillo Butrón, soy ciudadano del mundo, hijo de Adán y de Eva, y declaro la guerra abiertamente a todas las multinacionales del mundo.

Al igual que en otros tiempos sembraron el terror por el mundo ambiciosos emperadores, dictadores totalitarios, fanatismos religiosos con su Santa Inquisición al frente (no sé por qué lo de “Santa”) o ejércitos de bárbaros descontrolados, por mencionar algunos, en la época en la que nos ha tocado vivir, son las multinacionales las que constituyen la reencarnación del mismísimo Satanás.

Pero todos los anteriormente mencionados juntos no tendrían nada que hacer con el mortífero monstruo que se cierne sobre nuestras cabezas en estos días, ya que, el alcance de esta máquina infernal es a nivel mundial, a diferencia de los aparecidos en otras edades, los cuales sólo podían atacar a unos cuantos desgraciados esparcidos por algún rincón concreto del planeta. En nuestros días, gracias a (o por culpa de) los fabulosos avances en las telecomunicaciones y la tecnología, los poderosos y maléficos tentáculos de las multinacionales llegan hasta los más recónditos lugares de este precioso mundo que habitamos. No hay escapatoria, no tenemos a dónde huir; ¿o sí?

Si no podemos salir del planeta para escapar de tan terrible amenaza, tan sólo nos queda una opción: luchar. David derrotó al gigante Goliat, los griegos vencieron al poderoso ejército persa en la batalla de Salamina, los Hunos de Atila pusieron en jaque al todopoderoso imperio romano, al igual que el cartaginés Aníbal, después de realizar la hazaña de cruzar toda la península ibérica, los Pirineos y los Alpes con todo su ejército. Ahora ha llegado nuestro momento. Debemos plantarle cara al enemigo si no queremos que el mal se extienda irremediablemente por todo el planeta. Si nos rendimos ahora, acabaremos como tantos otros ya lo han hecho, muertos en vida, vagando como zombis invisibles en oscuras y monótonas existencias, sin presente ni futuro que merezca la pena, sin posibilidad de escape, esclavos de la peor de las miserias en las que se puede caer: la del aburrimiento y la esclavitud consentida. Inmersos en un insulso mundo de hipotecas, préstamos a bajo interés, móviles de última generación, grandes automóviles todoterrenos, televisores de pantalla plana, últimas rebajas, moda a precio de saldo, líneas ADSL´s, obligatorias fiestas de cumpleaños, de despedidas de solteros, de bautizos, de Navidad…, preasignados días de los enamorados, de las madres, de los padres, del tío abuelo…, paseos al centro comercial más próximo (o más lejano), minivacaciones en la atestada playa, colección de películas y CD´s piratas que nunca utilizaremos, falsas reuniones familiares donde debemos aparentar la más absoluta felicidad, formidables planes de pensiones, superseguros fondos bancarios de renta libre… Y vuelta a empezar de nuevo. ¡Manipulación, manipulación y más manipulación!

Quince de mis más vitales años he ofrecido a uno de estos pérfidos monstruos surgidos del profundo abismo de la globalización, por eso los conozco bien, sé cómo piensan, cómo actúan, de qué se alimentan. No tienen compasión, actúan impunemente, protegidos y amparados por el vil sistema que ellos mismos han creado y que mantienen a costa del pobre ciudadano. Cuando te atrapan es difícil escapar, te devoran poco a poco, acaban con tu vida, con la de tus hijos, tus seres queridos, lo destruyen todo a su paso; si caes en sus miserables garras, no tienes salvación.

Desde mi trinchera oculta entre la maraña de la red cibernética, grito ¡SOCORRO!, solicito tu ayuda, tu compromiso para con la causa. Podremos ser pocos, pero nuestra voluntad es fuerte y nuestra motivación surge de la razón; además, el enemigo es ingenuo, está distraído y es cobarde. Si el hombre es un lobo para el hombre, seamos nosotros zorros, astutos y vigilantes.

La mayor y más importante arma utilizada por nuestro común enemigo es la manipulación; si queremos vencerle, tenemos que intentar por todos los medios posibles anularla. Estas son nuestras armas, tómalas y lucha conmigo:

 

1.    Acude para tu consumo diario a los pequeños comerciantes de tu pueblo o ciudad. Cada vez son menos, por desgracia, pero los pocos que hay te recibirán con los brazos abiertos, te ofrecerán el mejor trato, te darán calidad y total confianza.

2.    Huye de las masas enfervorecidas; éstas son el principal alimento de nuestro insaciable enemigo.

3.    Arroja inmediatamente en la bolsa de reciclar el papel toda la propaganda que te dejen en tu buzón sin tu permiso; no caigas en la tentación de leerlas.

4.    No escuches ni uno solo de los anuncios televisivos; representan una de sus principales armas contra el desprotegido ciudadano.

5.    Olvídate de la política y de los políticos; sólo son herramientas utilizadas por el adversario para despojarnos un poco más de nuestra libertad. Haz como el sabio Diógenes; cuando el poderoso emperador Alejandro Magno le preguntó de qué modo podía servirle, éste le respondió: “Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol”.

6.    Antes de comprar algo, plantéate en serio si de verdad lo necesitas. No olvides la máxima “No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita”; practica el saludable arte del desapego material: serás más feliz (por experiencia). Otro de mis preceptos favoritos es que todos los inventos del hombre, absolutamente todos, son prescindibles. No lo olvides.

7.    No te fíes de las ofertas ni de las gangas; suelen ser otro timo más. La máxima: “Nadie regala nada”, suele ser verdad.

8.    No engroses la deprimente lista de los que acostumbran a sustituir sus bienes a las primeras de cambio (móviles, automóviles, viviendas, ordenadores, etc.). Recapacita bien sobre la auténtica utilidad que le das a tus artilugios. El enemigo es un experto en crearnos necesidades absurdas.

9.    No contrates nada por teléfono; es más, ni siquiera pierdas tu tiempo escuchando a un desconocido que te llama sin tu consentimiento para ofrecerte algo que no has pedido.

10.                     Utiliza todos los servicios públicos que estén a tu alcance; son tuyos (como ejemplo, este blog lo publico desde la biblioteca municipal de mi localidad).

11.                     No consumas alimentos precocinados, sólo conseguirás envenenarte poco a poco. Intenta alimentarte con productos naturales y del tiempo, aunque requiera más esfuerzo; quién algo quiere, algo le cuesta.

12.                     Organiza tu tiempo de manera que cada cosa que hagas en cada momento, tenga una utilidad concreta, y procura no salirte de ahí. El tiempo es lo único que no se puede recuperar jamás, una vez que se pierde; no se lo entregues tontamente al adversario. Recuerda que actividades como el descanso, la relajación, la reflexión o la meditación, no son ninguna pérdida de tiempo.

13.                     Olvídate de las modas; hay un refrán que las define estupendamente: “Cuando un tonto coge un carril, o se acaba el carril o se llena el carril de tontos”. No seas uno de esos tontos, y de paso le darás una buena estocada al adversario, que se lucra con ellos.

14.                     No te inscribas en ninguna asociación, sindicato, club, organización, etc. Los carnés sólo sirven para esclavizarte un poco más (si estás pensando en las ONG´s, tampoco es necesario un carné en el bolsillo para hacer el bien).

15.                     No te “enganches” a programas o series de televisión (mi consejo es evitar empezar a verlos desde el principio), ni te conviertas en un forofo del deporte de moda; es otra de las estratagemas usadas por el enemigo para anular nuestra voluntad, y con ella, nuestra libertad. Nuestra principal arma es una mente lúcida y libre; que nadie ni nada te la arrebate.

16.                     No seas prosélito ni acólito de nada ni de nadie (mucho menos de mí). Que sea tu sentido común el que gobierne tu vida. La capacidad de razonar es lo que nos diferencia de los animales, si no la utilizas serás más parecido a un cordero que a una persona.

17.                     Aprende a disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas. Hay muchas actividades interesantes que se pueden realizar sin necesidad de estar ganando o gastando dinero.

18.                     Las leyes se pueden infringir, pero nunca las normas de la buena conducta; no confundas a tu prójimo con el sistema que lo envuelve. Recuerda que somos guerreros, no soldados ni bárbaros.

 

Admito propuestas y consejos. Me considero uno de los escasos y privilegiados seres humanos del mundo que son capaces de aprender por cabeza ajena. No pretendo convertirme en ningún líder ni cabeza visible de nada; nuestro ejército no necesita jefes, nosotros somos inteligentes.

BUEN COMBATE, AMIGO.

 

 

 

 

ASESINATO DE UN JILGUERO

 

Cuando era un niño, no tan niño,

un día cacé a un jilguero con liria de muérdago

con la tradicional trampa del arbolito.

Como se le quedaron las alas

untadas con la liria

quedó el pájaro totalmente desplumado,

pegado, feo y pegajoso.

Unos amigos me dieron la brillante idea

de untarlo con aceite de oliva

para quitarle toda la liria que tenía

en sus plumas.

Pero no fue tan brillante esa idea,

pues el pajarillo quedó aceitoso y resbaladizo,

y se me ocurrió después lavarlo

con agua del grifo del lavabo,

pero esa idea fue aún menos brillante.

Al mezclar la liria, el aceite de oliva

y el agua, aquel jilguero

ya no parecía ni jilguero, ni pájaro,

y ni si quiera parecía que tuviera alas.

Parecía un colibrí untado en petróleo,

una contradicción de ave que, de haber sido una ave exótica,

seguro sería una ave exótica en vías de extinción.

Estaba mojado, pegajoso, grasiento,

aceitoso, desplumado, no era ya el mismo que cacé,

Después se me ocurrió la brillante,

y al mismo tiempo, la inocente y equivocada idea

de secarlo con el secador del pelo.

¡Nefasta idea!

Yo direccioné el aire caliente del secador

contra esa especie rara de jilguero feo

y él abría el pico y lo cerraba,

aleteaba desesperado, impotente, aterrorizado,

pero a mí no me preocupó demasiado.

A mí lo que me importaba era verlo

seco, bien acicalado, (cosa imposible)

pero yo seguía y seguía ofreciéndole su dosis letal

de aire caliente al pobre pajarito.

Como todavía estaba mojado, pegajoso, grasiento

y aceitoso, seguía y seguía,

hasta que el colorín se arrinconó en su jaula

agonizante, totalmente humillado

y sin ningún indicio ni resquicio de fuerza.

Decidí darle el último secado

y lo que conseguí es darle el toque de gracia

y el pájaro me lo agradeció, creo yo.

Por que murió al instante.

Yo no tenía ninguna idea preconcebida

de que aquel pobre pájaro iba yo a matarlo,

yo sólo quería verlo seco y bonito

pero el pajarillo no lo resistió.

Entonces fue cuando al verlo

totalmente tieso, engarrotado y muerto

empecé a sentir una enorme culpa.

Un sentimiento de tristeza se apoderó de mi ser,

que me hizo comprender,

que la muerte estaba ahí esperando,

expectante y agazapada.

Comprendí que unos mueren por la torpeza

y el egoísmo de otros,

pues no pensé en ese animal,

no vi en ese momento que lo estaba condenando

 a una muerte horrible y agonizante.

Entonces cogí al jilguero y lo envolví

en un paño de papel de cocina

y lo enterré en un macetero de la casa.

Le puse una cruz atando dos palitos,

recé por él un medio Padre Nuestro,

pero eso no creó en mí ningún consuelo,

solamente un arrepentimiento y un sentimiento

  de culpa que me duró varios meses.

Ese mismo día se lo conté a mis padres

en el almuerzo

y mis padres me dieron una riña un tanto leve

sin darle mucha importancia.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

    nevandoenlaguinea@hotmail.com

    E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

    17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

    NEVANDO EN LA GUINEA

    NºXVII     12-12-2.008

     

    EDITORIAL XVII

     

     

    Violencia en Grecia

     

     

    Asistimos esta semana a la violencia desatada en Grecia que ha hecho coincidir la revuelta juvenil con una huelga general en la misma semana. No somos nosotros quiénes para dirimir las causas y los pormenores políticos de esta situación, no vamos a dar soluciones, no tenemos una varita mágica ni poseemos la verdad absoluta. Sin duda quienes escribimos en este espacio no nos pondríamos de acuerdo ni en los análisis ni en las soluciones, tampoco el debate político está en el origen de esta revista, pero creemos que hay una lectura social y cultural que no queremos, por ser una revista literaria, callar.

     

    Sabemos que, por desgracia, la violencia es algo ligado a la historia de la humanidad. Pero creemos firmemente que la cultura y la educación son dos instrumentos idóneos para solventar los conflictos y avanzar colectivamente. Lo hemos formulado ya en varios editoriales y a ellos remitimos, no es cuestión de repetirse. No obstante, reiteramos nuestra tesis ya formulada, por otro lado evidente, de que el descenso del nivel educativo y cultural provoca frustración individual y también colectiva porque produce falta de perspectivas y desata la ira. Ahí está en gran medida el origen de la violencia. Por tanto, no podemos quedarnos en lo meramente externo: las calles cortadas, los bancos destruidos, los comercios arrasados, los enfrentamientos callejeros con su cúmulo de heridos y muertos; todo esto nos impresiona, pero la violencia no es sólo eso, está más en el origen mismo de la rabia, en la frustración, la miseria, la incultura, la explotación. Es menos evidente, pero no menos real. Lo vimos claro en el año 92 en Los Ángeles, donde un acto de injusticia policial provocó las iras de la ciudadanía negra, mostrando al mundo la marginación y el bajo nivel educativo, social y laboral que esta población sufría, lo hemos visto en otros casos y lo vemos hoy en Grecia, que se vuelve el reflejo de hacia dónde va Europa.

     

    No en vano es Grecia la que se revuelve hoy, la cuna europea de la filosofía, de la lógica y la dialéctica. Grecia es el símbolo de una Europa que se ha lanzado a una deriva consumista y que ha dejado de lado los valores de la educación y de la cultura para adorar el dinero, el euro, como única divinidad. No es la primera vez que ocurre, Europa es el continente que arrasó el mundo en provecho propio, que se enriqueció con el trabajo ajeno, el de los esclavos negros llevados a América, por ejemplo, pero que también abusaba de la población local, sometida a unos valores egoístas de enriquecimiento rápido y de superficialidad.

     

    Pero también es un continente que ha expresado una sensibilidad enorme por las artes y las letras, sin duda al igual que los otros continentes, donde las expresiones culturales son también importantes, pero por ello mismo con una singularidad propia producto de numerosas influencias. Por eso lamentamos que la deriva tomada por los gobiernos europeos esté provocando el caos. Lo que está pasando en Grecia es la punta de iceberg de un estado de cosas que a muchos habitantes del continente europeo les desagrada bastante y que desean la vuelta a unos valores democráticos, de justicia y de solidaridad, en los que la cultura tanto tiene que decir.

     

     

     

     

     

    EN EL HUERTO

     

    Cavando bajo un sol

    te mirábamos los dos,

    mientras la tierra, toda tuya,

    la domabas dando bulla.

    Eras sudor de estrella

    y eras la voluntad aquella

    que extrañaba vernos

    entre tomates y ajos tiernos.

    Todo tú eras campesino,

    tu domingo era don divino,

    y entre semana era hierro

    tu labor de paz y encierro.

    Trabajador del sí rotundo,

    hombre fiel al viejo mundo,

    anhelas sólo lo tranquilo

    del laurel y el tilo.

    Buscas la raíz del consuelo

    cuando cavas en el suelo,

    donde pisa la lombriz

    con toda tu verdad motriz.

    La acequia es tu gran obra

    que al momento y a su hora

    sigue el agua pertinaz

    ese rastro de antigua faz.

    Tu hoz es enorme corazón

    que busca una razón

    donde se corta la mitad

    de esa luz en contrariedad.

    La cabaña es sombra vieja

    y tu mirar sin la queja

    corta la caña y con maña

    deshace telaraña y maraña.

    Agacha el lomo de hombre

    pues cosechas tu nombre

    entre la llaga y el callo,

    pues sigue tu mirar el rayo

    del sol que distraído

    encuentra en tu tierra ruido,

    con la entraña sumergida

    de tu carne morena sufrida.

    Eres campesino por que veo

    en tus ojos el pestañeo

    del escozor que da el sudor

    y te escuece aquel dolor

    que la tajada y el tajo sembró

    aunque tienes tornasol

    que en tus manos dice no

    cuando llora seco el sol.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

     

     

    Barrios

     

                Había un punto en esa atracción por los barrios bajos que me parecía indecente. Éramos privilegiados que querían emular a los poetas malditos de quienes nos hacíamos una idea preconcebida, un cliché sin sentido, años después de que aparecieran y a los que imitábamos sin vergüenza. Paseábamos por las callejas del puerto, entre borrachos, voyeurs, putas y ladrones, entre gente derrotada, y nos mostrábamos como turistas que se encandilan ante los falsos decorados orientales. Puede que hubiese un toque poético en aquel espectáculo, pero desde luego no era bello, ni atractivo, ni nada. Me voy, dije de pronto y todos me miraron como si hubiese soltado la mayor sandez de mi vida.

    – No te irás a marchar ahora. -dijo Marcos como si lo preguntase.

    – Pues sí.

    – ¿Nos vas a dejar tirados?

             Marcos me resultó especialmente estúpido. Más estúpido de lo que ya lo era por costumbre, quiero decir. ¿Tirados? Continuaban todos juntos. ¿Para qué me querían junto a ellos?¿Acaso me consideraba -me lo consideraban todos, pues todos mostraban rostros de carneros a punto de morir- el alma mater de aquel safari como para tomarse como una traición mi partida? Seguís todos juntos, que os divertíais, fue lo último que les dije. Torcí por una calleja que me llevaría fuera de la zona.

             No tenía la menor duda de que Marcos habría comenzado a despotricar contra mí nada más desaparecer por la esquina, me estaría acusando de moralista pequeño burgués ante los otros, pensé, él, nuestro gurú poseedor de la verdad absoluta y que gustaba de emplear palabras rimbombantes con las que juzgaba a los demás desde su posición aparentemente superior. Pero a esa altura de la historia me daba igual. No estaba dispuesto a disfrutar con las miserias ajenas. Me asqueaba aquel divertimento de niños bien que jugaban a marginales. Aunque también era verdad que había otra razón, aun cuando no quisiera reconocerlo: me sentía en desventaja con respecto a mis compañeros. Al fin y al cabo, yo no era en realidad, como ellos, un niño bien. A pesar de que mis padres, enriquecidos tras años de trabajo, se daban aires de alta alcurnia. Pero bien sabía que estaba lejos de pertenecer a su clase social, que me sentía fuera de lugar entre ellos, un bicho raro. Y en ese momento concreto, tampoco lo quería. Había asumido de pronto que nunca sería parte integrante de un mundo con el que no me identificaba, ni me apetecía esos juegos de niños bien jugando a poetas.

             Claro que tampoco tenía muy claro a que mundo pertenecía. Todo lo que me rodeaba me parecía en ese momento demasiado complicado. No conseguía tampoco identificarme con nada. Era un desclasado y tal vez el equivocado fuese yo, me dije, al torcer la última esquina que me sacaba del barrio portuario.

             Anduve hasta casa, esforzándome por no pensar más en nada, ni en mis amigos pseudomarginales, ni en mi crisis de identidad. Seguramente, lo que necesitaba era un cambio de aires. Sí, era eso, justo eso, ni más ni menos: necesitaba salir de aquella ciudad. O mejor dicho, escapar de mí mismo. Aunque esto iba a resultar más difícil. Estaba condenado a vivir siempre conmigo mismo allí donde estuviera. Pero esa noche me di cuenta de lo importante que era marchar.

             Llegué a casa. Eran las dos de la madrugada, acababa de dejar atrás a mis amigos que me reprocharían ser un aburrido, un insustancial aborregado, y tampoco me apetecía meterme en mi habitación, dormir y despertar unas horas después en la misma cama de siempre. De repente, me sentí inmovilizado por dentro. Mis músculos se quedaron fijos como piedras. Me quedé quieto frente a mi casa, la miré como si nunca antes me hubiera fijado en sus detalles, y tal vez nunca me fijé, y me entraron ganas de llorar. Mi vida me daba asco y no sabía como seguir viviendo. Me vi reflejado en el cristal de la puerta del portal. Ciertamente, me dije, nada me podía resultar más penoso.

     

     

             Juan A. Herrero Díez

     

     

     

    ANIVERSARIO.

     

    A la memoria de mi madre.

     

     

    Un puñado de orillas

    en la piel sometida.

     

     

    El temblor en las manos

    y un crisol de palabras clausuradas.

     

     

    Tal vez quiso rendirse mucho antes

    pero disimuló el puñal

    emboscado en la herida.

     

     

    Se mintió en alboradas

    y escondió entre las canas

    la estrechez de un imperio

    derrumbado.

     

     

    Cumplió con la sonrisa

    más allá de las dudas

    y hoy se inventó

    algún ala

    para lograr un vuelo

    postergado.

     

    Por Teresa Palazzo Conti

    ( Letra de un tango que lleva el mismo nombre, en el CD “TRAVESÍA” )

     

     

    RITUAL

     

    “La noche relampaguea dentro

    de tu máscara.”

    ALEJANDRA PIZARNIK

     

    Soy árbol desgajado

    en mitad de su pulso

    y una mácula absorta

    al borde del espejo.

     

     

    Renacía como el Fénix

    desde mi propia hondura

    y hoy tan sólo

    interpreto

    el libro de la vida

    en un teatro marchito.

     

     

    Comienza el espectáculo

    y el público se inquieta.

     

     

    Ya me pondré la máscara

    para salir a escena.

    Teresa Palazzo Conti

    www.lapoesiadeteresa.com

     

    Literatura en Guinea Bissau.

    Por Cristian Claudio Casadey Jarai.

     

    Hablar de literatura africana en nuestra lengua es algo todavía sumamente difícil. A pesar de haber abandonado ya hace casi una década el famoso y esperado año 2000, muchas cosas parecen haber quedado en el olvido o en el pasado, como si fueran sobrevivientes agonizantes de un tiempo que no les permitió avanzar.

    En el caso específico de Guinea Bissau, es muy complicado separar sus letras de su país hermano Cabo Verde. Se trata ciertamente de una literatura escasa y tardía, subordinada a la insular.

    El primer periódico, “Ecos de la Guiné” aparece recién en 1920 y la primera universidad en 1990. Carlos Semedo con su libro “Poemas” de 1963 será el primer poeta de la joven república africana. Es imposible no nombrar al carismático caboverdiano Almícar Cabral, líder del Partido para la Independencia de la Guinea y Cabo Verde, autor de poesías y ensayos de mucha influencia en el África de habla portuguesa.

    Interesante es el caso de Abdulai Sila que en su novela “Eterna Pasión” de 1994 cuenta la historia de un americano de raíces negras que decide emigrar a África en busca de su identidad.

    La cruenta guerra colonial portuguesa, llamada también guerra de ultramar o guerra de liberación ha dejado su impronta en la reciente narrativa portuguesa, como por ejemplo en las obras de Manuel Alegre y Antonio Lobo Antunez entre otros. La lucha guerrillera fue extensa y ardua. La independencia de Cabo Verde y Guinea Bissau, como la de las restantes colonias portuguesas africanas (Mozambique, Angola y Sao Tomé) no se obtuvo hasta la llegada de la década de los setenta. Las Naciones Unidas reconocieron la independencia de Guinea Bissau el 24 de septiembre del 1973. Portugal no la aceptó hasta un año después, luego de la caída del gobierno salazarista respaldada por la Revolución de los Claveles.

    Es de esperar, con fe y esperanza en el futuro, los frutos de la nueva generación de creadores africanos, que a pesar de las adversidades actuales lucha día a día por expresarse y contribuir a la cultura universal.

     

     

    LA HIJA DEL SOL Y LA LUNA

     

    Desde la agreste quebrada
    dónde el cóndor hace nido,
    desde el cerro bendecido
    por su belleza encantada,
    mi tierra es tierra sagrada
    hija del sol y la luna,
    hermosa como ninguna,
    por el poeta ensalzada.
    Es mi tierra tan amada
    de valientes indios cuna.

    Aroma a menta y tomillo,
    cola de quirquincho y berro,
    parece un jardín mi cerro,
    entre verdosos junquillos
    agua que corre en pasillos
    entre cumbres y quebradas,
    cae en preciosas cascadas
    deslizándose hasta el río,
    mientras en libre albedrío
    cantan grillos y cigarras.

    Montes, valles, lagos, ríos,
    manantiales y cascadas,
    sembró Dios en la alborada
    la tierra dónde he nacido
    y cuando el godo abusivo
    no dio tregua y quiso guerra
    en cada piedra en la sierra
    resonó mortal bramido
    ¡Antes muertos qué vencidos,
    no entregaremos la tierra!
     

     


    María Magdalena Gabetta

     

     

    SIEMPRE AGRADECIDO

     

    Imploro tu sonrisa día y noche,

    la aurora es espesa y busca luna,

    busca un pasado sumergido

    en un vaso de disculpa con anís.

    Si tus ojos no me buscaran

    qué perdido estaría entre mí,

    qué vacío inmenso busca espacio,

    qué dolor en la ceniza se consuma.

    Tu perdón es una mano abierta

    ciega, pura y confiada que da

    más que recibe y es caliente

    su caricia entregada siempre.

    Soy paz porque tu paz es amor,

    un amor que da la calma

    y es derrota el pozo de mi tedio,

    y es blancura tu sonrisa de luz.

    Tu perdón es un dulce manjar

    que saboreo en los límites

    de parques y paseos al sol,

    tu perdón es todo lo que tengo.

    No te vayas criatura celeste,

    no te vayas de mi miedo a Dios,

    pues se queman las virtudes

    en el fuego infravalorado.

    Cuando rozamos las estrellas

    buscando redondo epitafio

    también buscan los astros una voz

    tranquila en la guerra de la calle.

    También se buscan elixires

    trepados en el azúcar de diamante

    que en tus te quieros revientan,

    soy malo por llevarte sin carabina

    ni custodia que vigile tu azul.

    Soy mal hombre que pertenece

    a tu sendero desnudo

    que sentencia un cenit sólo visto

    por nuestra cópula de galaxia.

    Existe un cielo en tu mirada,

    una mirada que busca fuente

    rodeada de besos y abrazos,

    de te amos rotos en los labios.

    Vas pasando frío en la cloaca

    del mundo y te arrojan salvajes

    despistes de metal en el silencio,

    eres mujer sencilla y frágil

    que te conformas con poca cosa,

    quizá una cama, una ventana,

    y un pantalón vaquero,

    quizá un verso que te saque

    de tu cocina, quizá un suspiro

    oportuno y cercano, quizá

    la comprensión y la calma

    en anaqueles pulcros y neveras

    repletas de calidad de vida,

    quizá un desmaquillador

    de barba de tres días y pasión

    en el romanticismo fucsia

    de tu pintalabios alocado.

    Pero todos los perdones son

    una cadena que acaba pesando,

    son meses de economía austera

    y cigarrillos baratos sin filtro,

    son torpes peldaños que se derriten

    con las disputas y los gritos,

    son resbalones en la bañera

    y un vuelco el corazón que cae solo,

    son ratas que en la noche callada

    renuncian a su mundo invisible,

    son todo eso que sabes

    que marchita los sentimientos,

    son todos esos perdones

    por los que debo estarte agradecido.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

     

     

    WOMAN DEL CALLAO

     

    Dónde estás tú, dónde estoy yo,

    dónde está el norte y dónde el sur,

    quisiera ser para ti eterno sol,

    quisiera ser alegría redonda,

    quisiera ser pasión sin nudo,

    quisiera ser gracia que se improvisa,

    quiero ser paciencia de agua,

    quiero ser tu confiado socorro.

    Me duele expulsarte de tu paraíso

    con el turno de la dulce noche,

    despojarte de la ternura del beso,

    arrancarte de la volteleta ciega,

    expropiarte la pureza a ratos

    de arrebato doliente,

    desahuciarte de tu libre mirada,

    negarte una nueva posibilidad.

    ¿Qué hace una mujer tan bendita

    de la mano de un juguete roto?

    ¿Qué clase de anti-juez sin paz

    te sostiene la mirada hecha añicos?

    ¿Qué púlpito de negrura asola

    tu voz huída en tu inocencia?

    ¿Qué beso de ti se me ha escapado?

    ¿Qué mirar de soslayo

    fue miedo de sombra sin nombre?

    ¿Qué azul de ti se fue tan callando?

    ¿Qué rosa nació con la espina

    dolorosa de la libertad soñada?

    ¿Qué canción no rima todavía?

    ¿Qué conclusión tan nefasta

    da pasos en el ahogo a solas

    de este verso desesperado?

    ¿Por qué mi amor tú tan lejos?

    ¿Por qué me dueles tanto?

    ¿Qué ritmo dió la noche

    a la tormenta de sabor a selva?

    ¿Qué suspiro negro de mí

    te llevas al irte?

    ¿Qué bofetada del silencio

    se retuerce como pez fuera del agua?

    ¿Por qué el amor es tan dificil?

    ¿Por qué mi voluntad es un preso

    anciano, sabio y cansado?

    Woman del Callao me dueles,

    me dueles al alba, y de noche,

    me dueles a solas o sin ti,

    me dueles cuando miras

    a la ciudad que te enseña sus dientes.

    Me dueles cuando vas sola

    por el llanto del mundo.

    Me dueles cuando huyes

    de la verdad desnuda.

    Me dueles en la sombra

    del momento en el viento.

    Me dueles cuando callas, cuando vives,

    cuando andas, cuando flaqueas.

    Si te rodeo en mis brazos

    y veo que ves

    el loco poema

    del guardián de espejos,

    me muero por dentro y todo tú

    me corroes.

    Te beso y no cierro la esperanza secreta

    que nos mantiene soñando.

    Me conmueve el sabor

    de tu sueño sacudiéndose.

    Me enamora la alegría

    de tu presencia que regala sin descanso.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

    nevandoenlaguinea@hotmail.com

    E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

     

     

     

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXVI   05-12-2.008

 

XVI EDITORIAL

 

 

Sobre premios y premiados

 

La semana pasada asistimos a la concesión de dos premios, el Nacional de Literatura y el Cervantes, a Juan Goytisolo y a Juan Marsé, respectivamente, dos escritores sin duda únicos, que han aportado una obra que consideramos a todas luces excelente y determinante en la historia de la literatura española tanto para su generación como para los escritores que les han sucedido.

 

El escritor Juan Goytisolo ha recibido el Premio Nacional de Literatura, que distingue la obra de toda una vida. El galardonado ha hecho mella de su habitual escepticismo y ha acogido el premio no sin muestras de cierta distancia. De hecho, se trata de un escritor conocido (y reconocido) por su falta de apego a los oropeles de las artes y por ser poco afín a participar en la prosopopeya del mundo de la cultura. Evidentemente, a nadie se le escapa que Juan Goytisolo es uno de los grandes escritores de este país, y lo es no sólo por su prosa, sino por su experimentación literaria. Se trata de un escritor que se ha adentrado por varios géneros, ha querido innovar y lo ha conseguido. Esto le convierte en un escritor único, en alguien que resulta a todas luces imprescindible por su singularidad y maestría.

 

Nos alegra especialmente porque Juan Goytisolo, además de un buen escritor, es también un autor que ha hecho gala de una inmensa preocupación por las variadas expresiones de la cultura. Se ha interesado por autores de la historia de España, en este sentido relevante ha sido su acercamiento a Blanco White, uno de los escritores del siglo XIX más crítico con la sociedad española y sus costumbres. Pero también se ha interesado por la inmigración que ha llegado a España en los últimos años y de cómo se ha ido incorporando a la sociedad española, en especial la inmigración magrebí. Creemos que Juan Goytisolo no es sólo un escritor en el sentido estricto de la palabra, es ante todo un humanista en el sentido más amplio, una persona que ha mirado con curiosidad el mundo que le envuelve y lo ha sabido, además, transmitir.

 

En cuanto a Juan Marsé, Premio Cervantes, es un escritor que ha conseguido crear un mundo propio a partir de los elementos de una época, la posguerra más inmediata y los años posteriores, y un ámbito geográfico muy concreto, el barrio del Carmelo, el Guinardó y el barrio de la Salud de Barcelona, zonas que han sido el espacio vital de las historias narradas en buena parte de sus novelas y relatos. Juan Marsé ha transmitido un ambiente, una cotidianidad que brota con absoluta naturalidad de sus textos, con una fuerza visual impresionante. No en vano, ha sido considerado como uno de los mejores narradores vivos en lengua castellana.

 

Al igual que Juan Goytisolo, Marsé ha huido de los oropeles del ambiente literario y se ha dedicado a la escritura al margen siempre de polémicas y debates que nada tenían que ver con la literatura. Marsé es en buena medida la figura que encarna al escritor dedicado que se compromete con la palabra, con el estilo, que no se deja anquilosar por formas más o menos aceptadas, sino que se adentra en la prosa para absorber una realidad no siempre sencilla.

 

Somos conscientes por lo demás de que hay premios y premios. También de que con frecuencia los premios reflejan la opinión de un determinado grupo de personas que deciden la concesión del mismo. Hay por tanto criterios distintos y con frecuencia también es diferente la repercusión que produce tanto en los autores como en la sociedad que rodea el rito del premio. Hace dos semanas nos hacíamos eco de la concesión del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial a la Asociación Contexto, que agrupa a seis pequeñas editoriales, y nos alegrábamos por tratarse de un reconocimiento a una labor iniciada hace bien poco tiempo y cuyo premio se lograba una mejor promoción de sus objetivos. Pero hay otros premios que lo que buscan es reconocer la labor de un determinado autor, darle rango a lo ya conocido. Es el caso del Premio Nacional de Literatura y del Premio Cervantes. En ambos casos los premios, creemos, han sido muy acertados, aun cuando, como los insinuara Juan Goytisolo, no les añada nada a ninguno de los dos escritores, es verdad, pero es un reconocimiento merecido que tampoco sobra y sirve para que algunos lectores vuelvan a sus libros, y a los de Juan Marsé, y otros los descubran.

 

***

 

Hemos recibido con pesar la noticia de la muerte del poeta y traductor Ángel Campos Pámpano. Fue autor de varios poemarios, traductor autores portugueses -Fernando Pessoa, José Saramago, Eugénio de Andrade, Antonio Ramos Rosa, entre otros- e impulsor de revistas como Espaço Escrito o Falar de Poesía. Invitamos a leerlo, que es el único homenaje que le podemos dar.

 

 

 

 

EL AMOR ES COSA DE DOS

 

Él alto y muy delgado,

ella de personalidad ausente,

él lleva el corazón viciado

con quietud de agua corriente,

ella va de mañana al mercado,

le gusta comer comida caliente.

Él casi no prueba bocado,

está nervioso por un cliente,

su despotismo le ha preocupado,

le ha dejado rabia persistente

y un madrugón impagado,

pero él es inteligente,

se olvida de lo mal recordado,

a él no le causa la gente

ese tibio dolor descompasado,

esa mezcla de ruido en la mente

entre marca de tajo cicratizado

y ese temor al barrio impertinente.

Ella es sombra casi sin pecado,

es amor que mira valiente,

es momento que nace cegado,

es suspiro siempre penitente,

es derrota que se ha logrado,

es pensamiento efervescente,

también es pisotón intencionado,

es risa siempre frecuente,

es arrebato desequilibrado.

Grita a su marido absorvente,

él le contesta casi inusitado,

ella cree que él le miente,

él echa de menos su pasado,

ella sueña un amor resistente,

él dice que está quemado,

ella le dice que es muy exigente,

él le reprocha lo reprochado,

ella llena de ira se resiente

y él se arrepiente de haberse casado.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Las sagas de Carlos

 

 

         Carlos comenzó a recitar aquellas largas sagas que se sabía de memoria y todos le miramos horrorizados porque sabíamos, después de veinte noches de copas juntos, que nada nos iba a ahorrar la arenga poética. Todos menos Mabel, que lo miró al principio atónita, después sorprendida al comprobar que no se estaba marcando, como creyó en un primer momento, un farol y, por fin, admirada por la sapiencia de nuestro colega más joven y sin duda más genial. Porque Carlos era sin la menor duda el colaborador más joven y más genial. Claro que Mabel, que terminaba recién sus diez meses sabáticos autorizados por el Consejo de Estudios, y desde luego bien merecidos, meses en los que se dedicó a viajar por Francia e Italia en busca una vez más del Santo Grial, no conocía a Carlos porque fue en ese tiempo de ausencia que él se incorporó. Recién llegado con una beca ridícula -si no fuera ridícula, no sería una beca, había declarado nuestro maestro de ceremonias, el catedrático Viennes-, preparaba una tesis de literatura medieval y para justificar el honor de estar entre nosotros, insignes profesores de la cátedra de literatura medieval, un club muy selecto, le habíamos tenido como lector, archivero, consultor, bibliotecario, administrativo, corrector, custodio, monitor, acompañante y traductor, hasta que descubrimos, en la segunda o tercera cena de cátedra, que era capaz de recitar cánticos enteros en lengua d´Oil y que no se trataba una broma, como creímos nosotros también, de la primera cena o una consecuencia del vino de Burdeos que corría abundante por nuestras copas, sino que sus atentas y profundas lecturas de las mismas, además de una prodigiosa memoria, le habían permitido retener cientos y cientos de versos, al tiempo que recitaba como un rapsoda de la época y, como consecuencia de ello, le nombramos vate oficial, trovador de nuestra corte, y le declaramos joven genial.

         Lo que no previmos en aquella vigésima primera cena era que Mabel, nuestra Mabel, a quien todos los solteros de la cátedra, y quizá también algún casado, pero permitan que no abra la caja de Pandora en materia tan peligrosa, habíamos querido seducir en algún momento sin conseguirlo ni de lejos, se enamorara de él en ese mismo momento, la primera vez que veía, repito, al susodicho vado, lo cual provocó que se deshiciera de repente toda la simpatía que sentíamos hacia Carlos, como era natural, ya que no sólo nos veíamos obligados a competir por asegurar nuestras plazas y mejorar nuestra situación universitaria, sino que luchábamos por conquistar a nuestra compañera, al menos los solteros, a quien por cierto su carrera no parecía interesarle lo más mínimo, tal vez porque todos aceptábamos que era la que más sabía de simbolismo medieval y era nada menos que la quinta generación de medievalistas archiconocidos en las universidades de todo el planeta. Era además bella, de una belleza que parecía haber heredado directamente de las páginas de los libros añejos, lo que ella tampoco gustaba de promocionar, pues se había impuesto una discreta y uniforme línea de vestidos comedidos en las formas y algo masculinizantes, lo que por otro lado y quizá a su pesar no ocultaba en absoluto su belleza. No por su empeño de disimular su belleza dejó de ser amada, que no sólo hubo mera atracción física, y de tanto en tanto alguno de nosotros intentamos jugar al juego del amor con ella, siendo el trastazo por sus desplantes bastante monumental en todos los casos.

         A la mañana siguiente el joven Carlos apareció por mi estudio. Me llamó desde la esquina y su voz sonaba tan triste que no pude menos que decirle que subiera. No niego que esperaba que me contara su rotundo fracaso con Mabel y que vaticinaba cierta alegría por ello. En efecto, cuando subió las escaleras y se presentó ante mí su aspecto denotaba toda la tristeza de quien ha sido cruelmente rechazado, pues era más que evidente que tras todo el interés demostrado por Mabel a lo largo de la cena, lo que ya suponía una victoria con respecto a nuestros tristes intentos de seducción, no había sido más que el renovado ejercicio del juego del amour de loin, y por tanto su fracaso en la hora postrera le hundía todavía más que a cualquier otro mortal, pues él caía de una altura mucho mayor que la de los otros postulantes de su amor, al fin y al cabo todos fuimos testigos de cómo ella conversó largo y tendido con él, de cómo le miraba con atención, de cómo discutieron de trovadores y del arte del bien trovar, incluso pudimos apreciar cómo varias veces le tomó ella la mano derecha, con atención primorosa, con la dulzura prístina de aquellas sagas tantas veces leídas por todos nosotros y que en ese momento parecían haber sido escritos sólo para ellos, los únicos portadores de sus secretos. 

         No quería yo ahondar en la herida, pero no niego que ardía en deseos de conocer los pormenores del fracaso, o sea, del final de la velada. Con sublime delicadeza le pregunté la causa de su tristeza. No pude dar crédito a mis oídos cuando me confesó, con lágrimas en los ojos, que ya en la alcoba de la anhelada dama, cuando todo apuntaba a la felicidad suprema, la mera referencia del verso CMXXI de un poema anónimo hallado recientemente en Tours dio lugar a una divergencia entre los dos entusiastas eruditos, lo que motivó un nuevo diálogo apenas corrompido por la pasión, el fasto del momento o el vino consumido. El joven Carlos defendió con ahínco su tesis, pero no contaba con la sapiencia de su contrincante, que con una naturalidad rayana lo genial le rebatió con simplicidad sus argumentos. Fue tan duro el golpe que Carlos abandonó todo combate, inclusive el que estaba  apunto de ganar. Me dio pena el muchacho. ¡Tenía aún tantas cosas que aprender!

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

LECCIONES DE COMPORTAMIENTO

 

Si te oprime en el pecho algo,

si toda tu causa es ser feliz,

si pagastes un precio muy caro,

si piensas tan sólo en ti,

si culpas a la crisis y al paro,

si deseas tan sólo vivir,

si deseas otro mundo raro,

si deseas cambiar tu matiz,

si deseas pasar por el aro

desea la paz para vivir,

desea un mundo logrado

que nace todo para nosotros,

no te des con un canto rodado,

date tregua, sé de los otros,

acaba con lo comenzado,

que la vida respire en tus poros,

encuentra siempre sendero,

desea una paz nunca vista,

  ponle música al minutero,

disimula tu vena artista,

no pongas a nada un pero,

vive de manera altruista,

intenta ser siempre sincero,

nunca seas pesimista,

confía en el amor verdadero,

pierde el orgullo de vista,

ocupa si no ves casero,

vive de manera distinta,

renuncia al podrido tablero,

moja tus frustraciones en tinta,

sé tú mismo o sé diferente,

cámbiale a todo la pinta,

vive siempre el presente,

deja que todo exista,

sé un cobarde valiente,

apártate de lo victimista,

intenta tener limpia tu mente,

perdónate a ti mismo la vida,

ríete de lo consecuente,

no hurgues nunca en la herida,

deja tu idea patente,

canta tu canción preferida,

mira siempre al frente,

siente la voz del instinto,

recuerda lo que está ausente,

no digas nunca me rindo,

haz el amor frecuentemente,

 cáete de un nuevo guindo,

di te quiero a quien quieres,

no hagas jamás la puñeta,

lucha si siempre tú pierdes,

no te cambies la chaqueta,

recuerda lo que tú eres,

mama siempre de la teta,

encuéntrate si te pierdes,

huye de las alcahuetas,

vive por que nunca mueres,

huye de las fingidas maneras,

refínate si tú quieres,

ama entre las trincheras,

vive esta vida de vaivenes,

 haz del amor tu condena,

colecciona distintos sostenes,

sonríele a la oscura pena,

ponle negrura a los papeles,

sé de la alegría mecenas,

traspasa de luz a las pieles,

ponle a tu sordera antenas,

endúlzate con dulces mieles,

lucha contra las cadenas,

hazte fiel a los infieles,

mira la luz de las estrellas

y desea la paz siempre.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

Cuando Ramón abrió los ojos aquella mañana, lo primero que vio justo en la pared frente a su cama fue una mancha de humedad con la forma perfecta de un payaso.

–Qué ironía –pensó–. Un payaso en este lugar tan sórdido y lúgubre.

¿Pero qué lugar era aquel sórdido y lúgubre en el que había amanecido Ramón esa mañana? En la confusión del despertar apenas podía recordar dónde se encontraba y, mucho menos, cómo había llegado allí. Pero ese momento de plena libertad que transcurre cuando nuestra conciencia aún no ha sido inundada por las aflicciones y amarguras propias de la humanidad, tan sólo permaneció durante un breve instante de salvación en la mente de Ramón. Una fugaz mirada hacia la derecha bastó para devolverle de golpe a la profundidad del abismo desde donde resurgía su triste realidad.

Allí se levantaban, rígidas y amenazadoras, las mismas rejas oxidadas que la noche anterior se cerraban a su espalda, confinándole en la más absoluta de las miserias a la que puede ser arrojado un ser humano. Ramón sabía que sólo saldría de aquella oscura y húmeda celda para dirigirse a la aún más oscura, aunque salvadora, muerte en el paredón.

¿Pero por qué tan cruel final para una vida joven y llena de ilusiones? Su confusa conciencia aún se sentía incapaz de vislumbrar con claridad la totalidad de la desesperanza que le había conducido ante aquella desgraciada situación. Las borrosas imágenes de su pasado más reciente, el vivido tan sólo unas horas atrás, irrumpían en su cerebro con una lentitud desesperante, como una película en blanco y negro en cámara lenta y descolorida por el tiempo, como si se tratase de una realidad transcurrida muchos años atrás y vivida por otras personas en otros tiempos.

Desafortunadamente no cabía duda de que había sido él el protagonista de aquella barbarie perpetrada el día anterior y que empezaba a cobrar una trágica solidez en su atormentada cabeza de recluso. Ahora sí podía recordar con tremenda claridad el momento en el que, junto con sus exaltados compañeros, vaciaban todas aquellas latas de gasoil sobre los destartalados bancos de madera de la iglesia de San Esteban, la misma en la que tantos sermones del padre Antonio había oído durante su infancia y juventud junto a su padre y hermanos. El mismo padre Antonio que en esos momentos de locura yacía moribundo, aunque con la suficiente lucidez como para percatarse de todo lo que ocurría, sobre el sagrado suelo de su parroquia de toda la vida.

Por desgracia, la sucesión de horribles imágenes no se detenían ahí. También pudo ver sus propias manos encendiendo la cerilla que haría sucumbir bajo las llamas al antiguo edificio de arquitectura barroca y poner fin a la también antigua vida de su párroco. “¡Arde en el infierno, maldito cura fascista del demonio!” oyó gritar a su compañero Miguel mientras todos corrían despavoridos para ponerse a salvo, desperdigándose sin control por las empedradas calles del pacífico pueblo que los había visto crecer. Por un instante también se le encendió en la mente la figura de su amigo Miguel quince años atrás, vestido con un inmaculado traje blanco de marinero, a unos metros del altar de la iglesia que acababan de incendiar, arrodillado frente al padre Antonio, aquel cura al que acababan de quemar vivo y al que el mismo Miguel había golpeado cruelmente en la cabeza minutos antes; lo podía ver claramente recibiendo por primera vez el sagrado sacramento de la comunión; también podía ver con nitidez, ya que él estaba a su lado en tan insigne momento, como lo había estado siempre, la sonrisa bonachona y sincera del párroco al tiempo que colocaba sobre la lengua de su futuro verdugo la redonda lámina comestible que por aquel entonces todos estaban convencidos de que era el cuerpo de Jesucristo, y que con tanta ilusión y alegría recibían en aquel día junto con el resto de compañeros de clase, incluida María, que aún no podía albergar ni sombra de sospecha de que terminaría locamente enamorada de aquel muchacho de tez pálida y pelo revuelto cuyo máximo empeño en la vida consistía en pellizcarle el culo siempre que tenía ocasión, y al que todos llamaban Ramoncito.

“¡Dios mío, María!” su abstraído subconsciente no había perdido aún la costumbre de invocar al Dios olvidado en momentos de desesperanza, como lo era justo aquél, en el que la imagen de su amada tendida sobre el inmundo suelo, inerte y con la cabeza destrozada por la certera bala de un soldado fascista, tan oportuno como despiadado, se le presentó con una brutalidad inusitada haciéndole saltar del desvencijado catre para agarrarse con rabia e impotencia a las rejas que le arrebataban la libertad. Y fue entonces cuando el duro y valiente Ramón volvió a convertirse en el inocente Ramoncito de hacía quince años; llorando desconsoladamente regresó al mugriento colchón y se entregó por completo al cruel destino al que las circunstancias le habían empujado y que ingenuamente él creía haber elegido libremente.

En su agonía no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a esa situación; cómo había podido ser capaz de empujar a la locura a todos sus antiguos amigos y, sobre todo, cómo había permitido que le siguiese en su delirio también María, la angelical María, la persona a la que más había querido en el mundo y por la que sería capaz incluso de ingresar en un seminario si se lo pidiese, no digamos ya de dar la vida por ella si pudiera. Pero no; en vez de pedirle que ingresara en un seminario le animó a continuar con su cruzada antifascista y le apoyó en su particular lucha por salvar el mundo de las hordas nacionales que amenazaban la libertad.

¡Qué ingenuo! Salvar el mundo. Cómo si éste dependiese de un pobre infeliz como él o de un grupo de desalmados revolucionarios iluminados. En estos momentos de amargura ni tan siquiera estaba seguro de la verdad por la que luchaban. Pensó que también aquel miliciano fascista que le arrebató de un disparo y para siempre a su querida María, tendría una verdad por la que perseguir y exterminar a personas como él; pensó que el padre Antonio también había muerto injustamente por una verdad incomprensible para todos ellos. Pensó que tal vez no existiese ninguna verdad por la que matar o morir. Claro que qué sentido tenía ya pensar en todo esto.

En estas angustiosas reflexiones se encontraba Ramón cuando de nuevo su mente fue tornándose difusa y, poco a poco, sin apenas percatarse de ello, fue dejando la tormentosa realidad que le atenazaba para penetrar en el tranquilizador mundo de los sueños, donde aún existía la esperanza.

Cuando volvió a abrir los ojos, pensó que tan sólo habían transcurridos unos pocos segundos desde que su cerebro fabricase aquel extraño sueño que difícilmente podía recordar; años más tarde sospecharía que fueron mucho más que segundos. Lo primero que pudo ver apoyado sobre la pared que tenía en frente de su acogedora habitación y junto a la videoconsola y el televisor, fue el payaso de trapo que le regaló su padre al cumplir cinco años. Habían pasado ya cuatro años de eso y aún lo conservaba intacto, como uno de sus juguetes preferidos. Más adelante, también presentiría que el motivo de su conservación era otro bien distinto, más profundo y misterioso, cuando el mismo payaso de trapo, envejecido y algo remendado y en esta ocasión en el dormitorio de su propio hijo, volviese a ser el lazo de unión entre dos épocas bien distintas dentro del mismo mundo, aunque vividas por el mismo espíritu.

En ese primer instante de lucidez, trató de aferrarse con fuerza a la borrosa reminiscencia que aún flotaba en su mente y en la que se veía a él mismo, aunque bastante mayor y cambiado, encerrado en una oscura prisión y recordando inquietantes sucesos sobre el incendio de una iglesia, la muerte de un cura, amigos entrañables y un apasionado amor. “Qué tontería”, pensó el pequeño Ramón, “¿por qué iba nadie a quemar una iglesia?”. ¿Y quién sería esa tal María a la que era incapaz de verle el rostro? Con nueve años, a Ramón aún le producía náuseas la idea de enamorarse de alguien. Tampoco podía entender por qué en ese momento de confusión sentía tanta ansiedad y desesperanza, y su corazón le mantenía en un estado de agitación que nunca antes recordaba haber experimentado.

Pero al igual que todos los sueños, este también fue desvaneciéndose misteriosamente de la conciencia de aquel inocente niño, aunque no así de su más profundo subconsciente, donde permaneció durante años esperando con paciencia la oportunidad para resurgir de nuevo, justo en el momento en que su portador fuese capaz de comprender por qué un trágico suceso acaecido en un tenebroso pasado había sido evocado setenta años después en la mente virgen de una cándido muchacho de nueve años.

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

 

Beber y vivir de ti


Y con mis ojos
te admiraré
y admiraré
tus ojos
hasta que me inunde
de tu brillo
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu luz.

Y con mis manos
te sentiré
y sentiré
tus manos
hasta que me inunde
de tu calor
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu abrigo.

Y con mi lengua
te recorreré
y recorreré
tu lengua
hasta que me inunde
de tu saliva
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu agua.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

Si te vas…


Cuando aún no había Sol
tú ya eras luz,
cuando todo era silencio
tú ya eras risa,
no había tierra
ni agua
y ya eras oro
y vino.

Llegaron los labios
y la mirada
y tú ya eras beso
y cuerpo.

Apareciste tú
y nació el amor.

Si te vas
se irán las estrellas
y el Sol
y ya no habrá
noches ni amaneceres
para el amor.

Si te vas
se irá el mar
y el viento
y ya no habrá
playas ni otoños
para el amor.

Si te vas
se irán las flores
y los corazones
y ya no habrá
perfumes ni latidos
para el amor.

Si te vas
se irá la música
y la miel
y ya no habrá
canciones ni dulces
para el amor.

 

 

Si te vas
ya nunca habrá amor.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

AMOR CLANDESTINO

 

Quise embrujarte, hechizarte, con todas las armas de mujer. Te embrujé, te hechicé y usé las armas de mujer.

Tú me hiciste sentir mujer.

Yo quise hacerte sentir hombre. Aproveché mi feminidad, mi cuerpo, mis curvas para que te embriagaras de mí, te seduje con la mirada, con la sonrisa, con mis gestos insinuantes, mis movimientos sensuales.

No te dejé opción, me hiciste tuya y yo te hice mío, un día tras otro.

Mujer desbocada llena de pasión, de ardor, de fuego por desear tu cuerpo, de pensar que tú deseas el mío.

Mujer descontrolada por tu piel, por tu aroma, hazme el amor, una y otra vez.

Mantengamos nuestro juego en la clandestinidad, que nadie lo sepa, solos tú y yo, en nuestro paraíso.

Escondámonos para que nadie nos vea, para que nadie pueda interferir, para saber que lo que estamos haciendo está prohibido, y en lo prohibido está la tentación y el deseo.

Mantengamos la clandestinidad solo por el morbo que produce que vamos a ser amados y poseídos tantas veces como queramos.

Sigamos tentándonos, sabemos que nos pertenecemos, pero nuestra pasión es prohibida. Alimentémosla pues de caricias, de besos, abrazos, de cuerpos ardientes, pieles desnudas, excitadas por el momento,.. dejemos nuestra imaginación volar.

En nuestro silencio está el secreto, en nuestro secreto la pasión, y bajo esa pasión un amor correspondido y prohibido.

Reconozco que te embrujé, que te hechicé con armas de mujer, reconoce que me embrujaste, y me hechizaste con armas de hombre.

Por ti soy mujer en todo su esplendor, por mi eres hombre en plana excitación.

Silencio oculto, que solo rompemos y chillamos al llegar al placer de nuestra entrega.

Hombre déjame seguir bajo tu embrujo, bajo tu hechizo, hombre déjate llevar por mi sensualidad, por mi placer, por mi gozo.

 

Amor clandestino, nuestro amor

solo nuestro,

solo los dos…

 

 

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

 

ÁNGELES PERDIDOS

 

 

Ángeles perdidos, ángeles encontrados, ángeles por buscar, ángeles,…

Alas revoloteando ilusiones, esperanzas,…,alas perdidas, ¿dónde encontrarlas?, ¿dónde buscarlas?.

Ángeles no os olvidéis de mí, necesito de vuestras alas para volar, para que sus plumas me acaricien y dejarme sentir por ellas el amor y cariño que necesito, el que anhelo, el que busco.

¿Ángeles dónde estáis para mí?.

Quiero de vuestra fantasía, quiero de vuestro don, y llevadme, llevadme muy lejos junto a vosotros para buscar a mi amante, y así podré dejaros, para dar paso a que sea mi amante el que me acaricie, el que me haga fantasear, el que me haga volar entre sus brazos apoyando mi cabeza en su pecho.

Ángeles, ayudadme a buscar a mi ángel perdido.

Y cuando lo encontremos, hacednos compañía, porque cuando esté con mi amado y nos amemos, no haya lugar a que esa pasión pueda terminar, ser nuestros cómplices para la eternidad.

¡Ángeles escuchadme!, no quiero más ángeles perdidos, solo busco mi ángel perdido.

 

 

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

 

 

 

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15º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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15º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXV 22-11-2.008

 

EDITORIAL XV

La Asociación Contexto y el Proyecto Europeana

 

Nos hacemos eco de dos iniciativas que sin duda merecen nuestro aplauso e iluminan en buena medida el tenebroso panorama que nos rodea.

 

Por un lado, se ha concedido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial de 2008 a la Asociación Contexto, que agrupa a siete pequeñas editoriales. Son: Libros del Asteroide, Barataria, Global Rythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso. Evidentemente felicitamos a los galardonados y nos alegramos por la concesión de este premio, que nos parece justo y que llega además en un momento de crisis cuyas consecuencias ignoramos en el ámbito cultural.

 

Las editoriales, lo hemos comentado en alguna ocasión, son importantes en la labor de dar a conocer y difundir a nuevos autores. Las nuevas tecnologías brindan nuevas oportunidades y abaratan los costes de edición, pero la distribución sigue siendo complicada y también lo es la tarea de difusión, de acceso a los lectores en una sociedad en la que la información excede, a veces de un modo descontrolado, los niveles de recepción que cualquier de nosotros, como individuos, podemos alcanzar. Por otro lado, las editoriales son empresas y como tales han de obtener beneficios o por lo menos no sufrir pérdidas que harían imposible su tarea.

 

Este premio supone, sin duda, un espaldarazo a su labor. Por fortuna, ha aparecido un sinfín de editoriales, además de las mencionadas, que están apostando por la calidad tanto de los contenidos literarios como del trabajo de edición. Dar conocer esta labor es imprescindible y desde luego este premio supone una promoción importante entre el público lector. Que se conozcan las editoriales, que sus libros estén en las bibliotecas y en las librerías, que se mantenga un mínimo de calidad, que se difundan a sus autores, son objetivos que debemos todos apoyar, nosotros, desde aquí, desde la modestia de un medio como este blog, o desde ámbitos con mayor repercusión como son los de gestión pública cultural.

 

Reiteramos por tanto nuestra felicitación y esperamos que sea el comienzo de una política activa de ayuda a la cultura, tan necesaria en un momento en el que los valores sociales parece que vayan por otros derroteros.

 

Por otro lado, el pasado jueves se iniciaba el Proyecto Europeana, en el que se integran bibliotecas, museos e instituciones culturales europeos, todo ello fomentado por el Consejo de Europa, y que pone a disposición de los interesados archivos culturales que sin duda van a ser útiles para quienes accedan a la nueva web. Literatura, cine, música, hemeroteca, el inmenso contenido de la misma supone una red de información cultural sin parangón y por una vez sentimos que las Instituciones Europeas se preocupan por la cultura y dan un paso a favor de unas herramientas de expansión cultural. Lástima que este paso se vea empañado por otro proyecto, que nos resulta menos amable, como es el Proyecto Bolonia de Universidades.

 

Tanto el Premio concedido a la Asociación Contexto como la aparición del Proyecto Europeana son dos buenas noticias que nos dan un poco de ánimo.

 

Para más información: www.contextodeeditores.com

www.europeana.eu

 

 

 

 

LÁGRIMAS DE GROUPIE

 

Hay demasiada canción de amor,

canción que galopa el sendero loco

del vinillo exhausto en la noche,

del sendero loco donde el brindis

es una mirada de corrido rimel,

son esas lágrimas de groupie

las únicas que su dinero valen,

a la sombra de titiris mundis,

de sátiros besos que aún viven

entre semillas que se abren de sueños,

entre portadas de discos que roban

un minuto de gloria en la calle,

existe luz en este norte triste,

en este norte que delira de paz.

New York está allí arriba,

levitando próxima a la luna gris,

bailando el Rock de los cautivos,

danzando la danza del siglo.

Hay vacías miradas que ruegan,

hay lágrimas de groupie en ti,

hay gemidos de azul en la noche,

hay desnudez en los suspiros.

Vamos, que lo puro nos llama,

que la noche espera con perlas,

con zapatos de tacón y mal vestida,

espera sentada en su filo,

ida de alcohol y sin memoria.

Latidos cansados del ruido,

interrogantes nacidos de más,

vueltas da el vinillo que suena

en la cara B de los anhelos libres,

y las lágrimas de una groupie

se mezclan de ácida y fría ceniza.

Medianas luces a lo lejos,

otro pulular brilla feliz sin mi voz,

estira aquel brazo y susurra

canciones en peldaños de plata,

respira mi yo, tan interior,

que su eterna súplica se calla.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

El avión

 

Recordarías, seguro, el momento exacto en el que tu madre te dijo que ibais a viajar en avión. De pronto sentirías un cosquilleo que te recorrería de la cabeza a los pies, unas ganas enormes de saltar, expandirte y gritar, una emoción que te inundaría por dentro aunque no sabrías entonces ni de lejos, a ti que tanto te gustaba hablar, explicar todo aquello. Lo cierto es que casi te pones a llorar por la emoción. No en vano habías crecido viendo aterrizar y despegar aviones, y lo que más deseabas era subirte a uno de ellos y ver el mundo desde aquellas alturas por las que volaban esos enormes cacharros que tanto te encandilaban cuando los contemplabas desde la loma. Comenzaste a correr por la casa y luego también por la calle simulando ser un avión, con los brazos en horizontal, como si fueran tus alas. Tu madre soltó una carcajada. Ni siquiera te importa a donde vamos, te dijo simulando desasosiego, y tú la miraste un instante, como si tuvieras que sentirte culpable por no importarte lo más mínimo a donde viajaríais, sino simplemente que ibais a subir, ¡por fin!, a un avión y este ascendería por los aires y entonces todo lo demás carecería de importancia porque habías conseguido lo que más deseabas, que era volar. Por mí, dijiste, como si nunca aterriza, podríamos vivir en el cielo, y tu madre volvió a reír, y tú te alegraste porque pocas eran las veces en las que veías contenta a tu madre, siempre iba con ese cejo preocupado, angustiado -otra palabra de aquellas, tantas ya, cuyo significado conocerías con el tiempo- por un sinfín de problemas que tú, entonces, no considerabas tan problemas, tal vez porque no conocías nada más que tu grupo de casas, próximas a las pistas del aeropuerto, y el trabajo agotador de las mujeres del andurrial, que de los hombres apenas sabías si trabajaban o no, simplemente porque nunca estaban presentes más que en las conversaciones, a veces cuchicheos, de las madres.

Es absolutamente imprescindible que compremos algunas cosas para el viaje, dijo tu madre, ropa para ti, por ejemplo. Entonces te paraste en seco. La miraste con atención. Debía de ser importante eso del viaje porque ella no solía gastarse el dinero en ropa nueva cuando hacia falta para tantas otras cosas, además ese “absolutamente imprescindible” te sonó duro y no dejaba lugar a dudas -cuando tu madre repetía eso de lo absolutamente imprescindible sólo quería decir que no había replica posible y que nos hallábamos ante algo importante- y entonces sí que te diste cuenta que el avión aterrizaría en algún sitio que debía, además, de ser muy lejos, porque si no cogeríais el autobús y no un avión, que era carísimo viajar en ellos, y tendría que haber una razón pero que muy importante para ir tan lejos. A dónde vamos, le preguntaste a tu madre, y ella te dijo un nombre, un nombre que no te sonaba de nada, y por no sonarte de nada lo olvidaste enseguida. Volviste a correr por entre las casas con los brazos como alas y de paso buscaste a Lidia o a Irene para decirles que ibas a subir a un avión, de hecho lo gritaste un par de veces, voy a ir en avión, y algunas mujeres te miraban sonrientes, pero no encontraste a Lidia ni a Irene, así que tuviste que conformarte con airear tu viaje a los cuatro vientos y saltar como una loca porque no podías reprimir la emoción ni veías el momento en que por fin subirías al avión, dentro de tres días, según te dijo tu madre en la cena mientras te enseñaba los billetes que no te dejó ni tocar, tú, con lo nerviosa que estás, los rompes, capaz.

Fueron tres días muy largos, seguro. Sin embargo, apenas te acuerdas de ellos, tú sólo pensabas en el vuelo, en esa sensación de velocidad que, según te habían contado, se sentía cuando un avión está a puntito de despegar. A veces, como cuando se lo dijiste a Lidia y a Irene, te ponías un poco triste, porque te ibas lejos y no sabías cuándo volverías a ver a tus amigas, o a la abuela Marcela, con quien tanto te reías cuando te contaba aquellas historias absurdas del pasado. Pero durante esos tres días sólo pensaste en el avión. Nada más. Poco te preocupaba lo que dejabas atrás y todo lo que te ibas a encontrar. Ibas a volar, te repetías una y mil veces, y cuando viste despegar un avión desde la loma en la que tantas veces te estiraste para ver los aviones, sabías que todo era distinto porque era cuestión de horas que subieras en uno de aquellos enormes cacharros.

Y llegó el momento. Por la mañana tu madre te puso de punta en blanco. Las vecinas iban pasando por casa mientras os arreglabais y como tu madre, tan precavida siempre, lo tenía todo listo, las maletas por un lado, con la ropa vuestra, la suya y la tuya, y su bolso por el otro, con los billetes, los pasaportes y el dinero, pues charlaba con las mujeres y se iba poniendo triste, incluso asomaron algunas lágrimas que no llegaron a correr por su mejillas porque tu madre, tú bien lo sabías, nunca lloraba.

No cabías en ti cuando fuisteis al aeropuerto. Estaba cerca. En línea recta desde tu casa podías distinguir las terminales y las dos torres desde donde se daban las órdenes a los comandantes de los aviones. Pero había que dar una vuelta enorme en el coche de la tía Mara y no veías el momento de llegar, y creíste por un momento que tal vez te despertarías entonces y te darías de morros con que todo fuera un sueño y que nunca fueses a subir a un avión, sin embargo llegasteis al aeropuerto, sí, y esperasteis vuestro turno en una cola que te pareció larga y lenta, y entregasteis la maleta a una azafata muy guapa vestida con un bonito uniforme azul y blanco, y ella os dio dos tarjetas de papel muy duro, casi cartón, que tu tía Mara te explicó que se llamaban tarjetas de embarque y que tendríais que entregarlas a una persona justo antes de subir al aparato, que así también llamaban a los aviones, y esperasteis un rato aún durante el cual la tía Mara y tu madre hablaron mientras tú lo mirabas todo con atención. La terminal estaba repleta de gente. Te preguntaste a dónde viajaría cada persona con quien te cruzabas e intentaste por un rato adivinarlo, pero no conocías realmente muchos nombres de ciudades fuera de tu país, e incluso las de tu país eran muchas veces meras referencias porque poco habías salido de la capital, pero al menos te sonaban algunas de los nombres que leíste en un enorme panel, te sonaban por ejemplo París y Roma, Nueva York y Buenos Aires, y te hizo gracia también el sonido de Tokio y de Bogotá cuando lo pronunciaste, muy bajito, para ti, y también reconociste la ciudad a la que ibas a viajar, la que te dijo tu madre dos días antes y que no sabías dónde estaba. ¡Qué ganas tenías de salir! Miraste de reojo a tu madre para ver si te decía que ya subíais al avión, pero también te gustaba que la tía Mara estuviera allí, con vosotras.

Tenemos que irnos, dijo de pronto tu madre, y ella y tía Mara se abrazaron, y luego tía Mara te besó y te abrazó, y te dijo que te cuidaras y que cuidaras a mamá. La verdad es que entonces te olvidaste por un momento que te ibas a subir a un avión y te pusiste triste porque viste a tía Mara ponerse triste. A veces tiene eso la vida, las cosas que nos gusta hacer conllevan hacer otras que no nos gustan tanto, pero te acordaste del avión y dejaste de lado apreciaciones más filosóficas. Os pusisteis en una fila tu madre y tú, mientras tía Mara se quedaba en el gran recibidor de la terminal. Pudiste ver que te decía adiós con una mano, sonriente, pero que tenía un pañuelo en la otra con la que se limpiaba las lágrimas que, a ella sí, caían por sus mejillas. Tu madre sacó de su bolso de mano los dos pasaportes, el suyo y el tuyo, y los entregó, cuando os tocó el turno, a un hombre uniformado que no sabrías decir si era policía o de alguna compañía aérea. Tú lo mirabas todo con atención, pero también con entusiasmo o emoción, no lo sabrías decir, que te impedía concentrarte en algo concreto. El hombre le devolvió los pasaportes a tu madre y pasasteis por un pasillo que desembocaba en una sala de enormes ventanales a través de los cuales veías las pistas y te diste cuenta también al cabo de un rato que al otro lado estaba tu casa e intentaste adivinar cuál era, pero no pudiste porque estaba lejos y todo se veía muy pequeño. Te despediste de tu casa y de la villa entera levantando la mano, casi sin pensar que aquel gesto podía ser una despedida, justo cuando tu madre tiró de ti para ir a la puerta 6, que era por donde debíais embarcar. En la puerta había otra cola de personas y un hombre recibía las tarjetas de embarque que, así se llamaban aquellos cartones, recordaste, de quienes iban a volar. Os tocó el turno. Tu madre entregó las dos tarjetas y el hombre te miró y sonrió. Al salir no pudiste evitar pegar un bote: allí estaba, el avión, uno concreto, nada menos que el tuyo, aquel en el que ibas a viajar, tan blanco y grande, más grande cuando lo veías ahora tan de cerca que cuando veías algún otro, o incluso quizá ese mismo, desde la loma junto a tu casa. En ese avión ibais a viajar y mientras os acercabais, estaba tan cerca que ibais a pie, sentiste algo que podía ser, tal vez, la felicidad, pero en ese momento era tan solo un cosquilleo en el estomago y una imposibilidad absoluta de hablar, de contar lo que estabas viviendo, de mirar siquiera a tu madre, que estaba a tu lado y que tampoco dijo nada porque, no lo supiste hasta más tarde, ya iba muy preocupada por aquel viaje.

Subisteis por una escalerilla tan estrecha que sólo cabía una persona. Al final, dos azafatas muy guapas os esperaban con sonrisas de oreja a oreja y atendían uno a uno a los viajeros que llegaban a su lado. Miraban los billetes e indicaban el asiento que correspondía a cada una de las personas que viajarían en el avión. ¡El avión! Te deslumbró su interior, nada que ver con lo que habías podido imaginar y, qué duda cabe, mucho más bonito. Contemplaste el pasillo bordeado por una sucesión de butacas y te sorprendió el color blanco, casi luminoso, que lo inundaba todo allí dentro. Una de las azafatas le indicó a tu madre cuál era vuestro asiento y os dirigisteis a él lentamente, esperando a veces que las personas que estaban delante de vosotras se acomodaran en los suyos. De vez en cuando mirabas por las ventanillas redondas, en forma de huevo, y veías el trozo de pista en el que un momento antes habías estado. Por fin llegasteis a vuestros asientos. Siéntate junto a la ventanilla, te dijo tu madre y tú saltaste emocionada al asiento, queriendo verlo todo, lo que había fuera y dentro del avión, ver a tu madre, que te miraba con una leve sonrisa, y al resto de las personas que te rodeaban.

No recuerdas cuánto tiempo tardó el resto de viajeros en acomodarse. Lo que sí recuerdas es el momento exacto en el que una de las azafatas cerró la portezuela por la que entrasteis y sonó un clik metálico que indicó que todo estaba preparado y ya no cabía marcha atrás posible. Te diste cuenta entonces del sonido del motor, sí, apenas un murmullo, pero que una vez cerrada la portezuela se agudizó. De pronto, una voz, la del comandante, daba la bienvenida a los pasajeros y una azafata que pasaba por el pasillo entregaba unos folletos y el sonido del motor se volvía más y más agudo, y tu madre te ató el cinturón de seguridad y tú no podías parar quieta en tu asiento porque aquello era lo más emocionante que habías hecho en tu vida y no querías que nada quedara fuera de tu atención. No tendrás miedo, te preguntó entonces tu madre, y tú moviste la cabeza de un lado a otro, en ese mismo instante sentiste que el avión se movía, aunque más bien te parecía que era lo de fuera lo que se moviera. El avión se encaminaba por una de las pistas. En un momento dado se detuvo. Y de repente comenzó a correr, a correr y a traquetear, notaste el cosquilleo del estomago, el cambio de posición del avión, como subía la parte delantera y de pronto las cosas que veías desde la ventana se volvían chiquitinas y tus oídos parecían comprimirse, traga saliva, te susurró tu madre, y tragaste y tus oídos se destaparon mientras intentabas estirarte todo lo larga que eras para ver cómo la tierra se empequeñecía.

El avión recuperó casi su horizontalidad. No dejaste ni un momento de mirar hacia abajo y verlo todo allí tan chiquitito. De nuevo la voz del comandante sonó, omnipresente, y habló de la altura del vuelto, de la duración prevista, muchas horas, y de algunos detalles que no llegaste a comprender. Tu madre parecía dormir, tenía los ojos cerrados, pero sabías que no dormía porque movía los labios como si estuviera orando. Le diste la mano y ella te la apretó. Giraste de nuevo la cabeza para mirar por la ventana, pero esta vez para mirar hacia arriba, donde el cielo parecía oscurecerse y donde estarían las estrellas, escondidas a esa hora.

Durante las muchas horas del vuelo no dejaste de mirar por la ventanilla, allí abajo estaba el mar, inmenso, y reías cada vez que el avión daba uno de esos botes que a tu madre tanto le asustaban, la pobre, aunque siempre acababa sonriendo. Las azafatas te preguntaban si tenías miedo y tú les decías que no y ellas se sorprendían mucho porque, según te dijeron, todas las niñas se asustaban un montón y te decían entonces que eras muy valiente o que quizá fueses algún día azafata, o quien sabe si incluso comandante de un avión, que lo pensaste, por qué no. Y así, poco a poco, el avión fue llegando a su destino y de pronto sonó otra vez la omnipresente voz del comandante, entonces tu madre te abrochó el cinturón de seguridad y el avión comenzó a perder su horizontalidad, pero al revés que cuando el despegue, con el morro hacia abajo, señal inequívoca, y te dio pena, del final del viaje, te pareció tan corto, y la tierra se fue acercando, lo chico se hizo grande, y tu madre cerró de nuevo los ojos y sus labios se movieron otra vez, y de repente el avión pegó un bote y se escuchó como un sonido áspero y un tanto metálico y viste una pista y al final unos edificios que eran, seguro, las terminales del aeropuerto, y el avión fue menguando su velocidad hasta casi detenerse, poco a poco, y detenerse al final, momento en el que tu madre te desabrochó el cinturón de seguridad.

La gente hizo cola para salir del avión y las azafatas se despedían con una sonrisa amable. Te dio pena acabar el viaje, se te habían hecho cortas las casi doce horas de vuelo. Sí, tal vez fueras azafata o comandante de avión para poder pasar horas y horas en aquellos aparatos y te quedaste un poco mustia mientras en silencio avanzabas por un corredor que te llevó junto a tu madre a una sala enorme, parecida a la del aeropuerto de tu ciudad, pero sin duda mucho mayor. Bajasteis por unas escaleras mecánicas y de nuevo os pusisteis a una cola. Había unas cabinas por donde la gente que había delante de vosotras iba mostrando los pasaportes. A veces, te fijaste, había un breve diálogo entre quien mostraba el documento y quien se hallaba tras el cristal, pero no sabías, tampoco te lo preguntaste, a que respondía todo eso. Por fin llegasteis hasta una de las cabinas y tu madre enseñó ambos pasaportes. El hombre los hojeó. Miró a tu madre y le hizo unas preguntas que tú no llegaste a entender, tampoco prestaste mucha atención hasta que el hombre le dijo si podría esperar un momentito en unos bancos que había a uno de los lados. Notaste que la mano que te daba tu madre apretó un poco más la tuya. Te empujó con suavidad y sin decir nada os sentasteis en uno de los bancos.

Qué pasa, mamá, le preguntaste y tu madre te dijo que nada, que había que esperar un poquito, nada más, y tan pronto te fijaste que cerca de ahí había una enorme ventana desde donde veías las pistas y fuiste hacia allá, dónde vas, te preguntó tu madre y tú señalaste los aviones y tu madre no dijo nada, por lo que seguiste hasta que pegaste la nariz en el cristal y te quedaste de nuevo embelesada ante todos aquellos aviones.

Tu madre te llamó un rato después y la viste de pie. Ven, te dijo, y tú fuiste, entonces ella te sujetó la mano y comenzasteis a seguir a un policía por un pasillo estrecho que terminaba en una sala en la que había varias mesas con ordenadores y varios policías. Siéntense, dijo el hombre al que seguisteis, y os sentasteis, mientras otro agente te sonreía y te decía hola y tú le dijiste hola bien bajito porque no te acababas de sentir cómoda allí adentro. No sabías muy bien qué estabais haciendo en aquella sala. Suponías, aunque tampoco es que te lo hubieses planteado muy bien, que ibais a una ciudad nueva y que tu vida, entonces, tal vez, no estabas muy segura, iba a ser distinta, aunque a ciencia cierta eso era algo sobre lo que tu madre no te había hablado mucho. De pronto te hallabas en una sala repleta de policías y tu madre, a tu lado, parecía temerosa, aunque tampoco estabas muy segura de eso porque tú siempre la habías visto firme y llena de convencimiento cuando llevaba a cabo las cosas, al fin y al cabo siempre te decía que era mejor arrepentirse de lo que habías hecho que arrepentirse de lo que habías dejado de hacer, algo que tú, entonces, no entendías muy bien, pero que sin duda marcaba su valentía ante la vida, por eso dudaste si estaba, según te pareció, temerosa o era una sensación tuya.

El policía, entonces, comenzó a preguntarle a tu madre a qué venía y si conocía a alguien en el país. Tu madre respondía con brevedad mientras el policía escribía en un ordenador algo que tú no podías ver desde tu silla. Pero escuchabas la voz de tu madre, algo quebradiza, y te enteraste entonces que tu padre estaba en aquella ciudad y que os esperaba fuera del aeropuerto, algo que tú no sabías, claro que apenas te acordabas de tu padre y tampoco pensabas mucho en él, quizá porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vieras y porque ninguna de tus amigas o de los niños de tu barrio tenían a sus padres cerca, y metida en estos pensamientos te perdiste el resto de lo que hablaron el policía y tu madre, sólo oíste que el hombre os pedía, después de consultar algo en el ordenador, que esperarais en una sala adjunta, y tu madre se levantó, tú te levantaste tras ella, y ella mostró de nuevo aquel cejo que tanto conocías y anduvisteis por otro pasillo hasta otra sala donde varias personas esperaban en silencio no sabías muy bien qué.

Volviste a preguntar si ocurría algo. Ella te sonrió, te acarició la cabeza, te dijo que no, que no pasaba nada, tranquila, y tú te pegaste a ella, para que te abrazara y siguiera con su mano en tu cabeza.

No supiste muy bien cuánto tiempo estuvisteis así. Quizá te quedaste, incluso, dormida. Te despertaría tu madre cuando te llamó. Vamos, te dijo entonces, y volvisteis a recorrer el mismo pasillo hasta la sala de las mesas y de los ordenadores. Reconocisteis las mismas caras de antes, pero te fijaste que había otras personas, algunas vestidas de civil. Os sentasteis de nuevo en las sillas, pero esta vez había más gente a vuestro alrededor. Un policía distinto al de antes se sentó frente a vosotras y comenzó a hablar con tu madre. A veces el hombre que estaba a tu lado sin uniforme intercalaba algún comentario, pero no llegabas a entender lo que decía y sobre lo qué hablaba. El policía nuevo escribía en el ordenador y luego imprimió unas hojas que tu madre firmó, al igual que el propio policía y el hombre que estaba a tu lado. Esperen aquí, dijo el policía y se levantó. Entonces un policía se puso a tu lado y te preguntó si te había gustado volar en el avión y tú respondiste que sí y sonreíste porque te acordaste del vuelo y de lo que te había gustado, y él te preguntó también si no tuviste miedo y tu dijiste que no, y tu madre sonrió al mirarte, pero te diste cuenta de que era una sonrisa triste. El otro policía volvió con unas hojas en la mano. Se sentó y le habló a tu madre y le dijo que el jefe había decidido denegar la entrada y eso debía de ser, pensaste, algo terrible, porque tu madre bajó la vista y tenía los ojos rojos, aunque no lloraba, porque tu madre, tú bien lo sabías, nunca lloraba, y comenzaron los dos hombres y tu madre a firmar un sinfín de hojas, y entonces tu madre preguntó por la maleta y el policía respondió que ya estaría embarcando porque el avión saldría aquella misma noche, y tu madre, entonces sí, soltó algunas lágrimas y tú pensaste que algo terrible debía de estar sucediendo porque tu madre, que nunca lloraba, lloró.

El policía os acompañó de nuevo a la sala. Esperen aquí, os dijo. Os sentasteis. Tu madre seguía llorando, en silencio, casi como si le diera vergüenza. Te acarició la cabeza, de pronto te sonrió triste y te dijo que de nuevo subiríais a un avión. No supiste el porqué, pero esta vez, la verdad, no te hizo tanta ilusión.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

DISFRUTAR LA QUIETUD DE LAS TARDES

 

Disfrutar la quietud de las tardes

de la avanzada primavera

que aún reina esplendorosa y bella

coronada de rosas y azucenas,

gozar la arboleda que vislumbro

desde mi tranquila terraza

ese verdor imponente de pinos

y otras especies que mi ojos traspasa,

el permanente revolotear de pájaros

con sus trinos tenaces e impertinentes

dueños de los silencios vespertinos

ámbito propicio de nuestra benéfica siesta,

en mi terraza leyendo poesía

bien Rimbaud, bien Kavafis, bien González

como sorbitos de café cubano,

ensimismarme en los geranios, en los claveles

quedarme extasiado en las escasas mariposas

que se adentran para posarse en las plantas

resplandecientes y cuidadas por las manos

de mi dulce esposa que dormita

en el sofá de nuestro salón

invadido por el aroma de la tarde,

a ratitos acercarme y besarla despacito

como una caricia, como un rumor

absorber su tenue respiración

como sorbitos de café cubano.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

EL PELIGRO DEL AMOR

 

A la memoria de Charo Endrinal Petit.

 

Dejaste tu mundo de confort

en pos del amor (motor del mundo).

Encontraste desolación,

encontraste tedio en un desnudo,

encontraste el amargor

de un coñac con sabor a esputo,

encontraste en un rincón

la dicha de la mentira dando culto

a jueces como el gran Salomón

que tenía rara idea de lo justo,

encontraste la cruel perdición

que baja caprichosa al oscuro submundo,

encontraste el eterno (sin-perdón)

que además de ser eterno es mudo,

encontraste la sin razón

que debaten los tentetiesos atando nudos,

encontraste la loca ilusión

que por ser ilusión dura un segundo,

encontraste la enajenación

y comprobaste que ninguna agonía dura un minuto,

encontraste la marginación,

encontraste aquel disgusto,

encontraste la presunción

y no te dejaron ser lo presunto,

encontraste a la civilización

escondida en el chabacano sonido del eructo

escondida en la religión

apartándose de ti en un estornudo,

encontraste el peligro y la traición

que llama a todas las puertas dando tumbos,

encontraste a niños de papá con el humor

que sólo sostienen los súcubos.

Encontraste la muerte pegada a tu talón

y una metáfora fiel de que el amor es un mero bulo.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

QUIMERAS

 

Elevaban las olas

sus cantos de sirenas.

En el inmenso cielo

las estrellas danzaban.

Nosotros:

Bajo aquel manto azul

que todas ellas tejen,

¡Soñábamos…

mundos maravillosos

con jazmines y rosas,

primaveras espléndidas

con cantos de sopranos,

rumor de caracolas

y trinos de jilgueros.

Nadie… nos despertó,

de aquel tan bello sueño.

Creíamos que era justo

amarnos en octubre,

otoño de la vida.

Y al dintel de la tarde

un pájaro lloraba,

con las alitas rotas

heridas por el viento

 

 

Por Ofelia Parrón Cépedes

 

 

 

EL TORNADO

El amor llama a mi puerta, y la hace tambalear, quiere entrar como un tornado, arrasar, voltear, llevarme con él.

Un tornado que como siempre no esperas, no avisa, y es en ese momento cuando te pilla desprevenida.

Lo veo venir, ya llega, toca mi puerta, abre mis ventanas, quiere arrasarme. Y me asusta, no quiero girar en el aire, no que se lleve mis cosas.

Como mujer desengañada y dolida en el amor, mi cabeza dice que me prepare y me resguarde ante tal tornado. El corazón está dañado como para dejarle pasar, no está preparado.

Pero viene con mucha fuerza, y siento que me va a arrastrar.

Entra sin darme apenas yo cuenta, sin prepararme, intento amarrarme a algo, pero no encuentro dónde.

 

Mientras busco cobijo, sus pequeños soplos de viento me tambalean, y me asustan, no quiero ser dañada nuevamente, pero tampoco quiero dañar.

Soplos de viento que me susurran, movimientos que me hacen reaccionar.

 

Quiere llevarme con él y mientras mis pensamientos son internamente otro tornado, “¿qué debo hacer?”.

Simplemente la respuesta más sencilla es no hacer nada, porque este tornado viene con más fuerza que nunca, y yo solo puedo tambalear.

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

DESDE LA MÁGICA UNIDAD DE MI VIDA

 

Desde la mágica unidad de mi vida

rebosante de la fragilidad que le es propia

me aglutino e intento conocer el sentido

de mi fugaz existencia,

la que ha preñado de principios y objetivos

para intentar no deberme nada

cuando la gran aliada de la naturaleza

me reclame para ejecutar su motivo

dar fin a todo lo nacido,

pero mientras esa inevitable cita no me alcance

sigo construyendo el camino de mi destino

drenándolo con amor, afirmándolo con razones

y despejando su libertad de salteadores,

en esa tarea estoy, que sea capaz de conseguirlo

se sabrá en el menos esperado de mis momentos,

ahora sigo abierto al camino del conocimiento

y al de la vida con todos mis mejores sentimientos.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

CACTUS

 

Símbolo espinoso de la vida,

resistencia brotada de la sequía,

hombre, tropiezo del viento,

obstáculo de la voluntad,

angustia parca de llaga instintiva.

Consuelo de espina doliente,

quimera de agua el mar lleva,

desierto es tu mundo

entendido en la suma de los días,

amplio espacio entre la mirada,

largo horizonte es tu bostezo,

piedra a piedra se exige dureza,

resisto mi mundo colgado

de mi dolor de cabeza,

mi cefalea es caballo cansado,

es pellizco seco de latido pirómano,

sombra de espejo es la luz

que suspira por mi brote libre,

por mi pulso cuadrado donde

el triángulo es asombro rodado.

¡Quiero y no puedo!

Te vas de mí como viento caliente,

como aire de aleteo de mosca,

y me quedo plantado en mi erial,

en mi desierto de ceniza hogareña

a esperar que tu buena fe me recuerde

y se sienta hermana de mi quijada,

de mi corazón helado,

de mi espina dulce y entendida

en garitos de ansiedad bufada.

Quiero a tu presencia

y cuanto más la quiero

menos cerca está tu laberinto sonoro

de mi primavera mojada y muda.

Busco tu rosa entre gemidos,

busco tu paz de acuarelas y figuras,

busco tu cansancio tendido a mis pies

como un perro suspirando.

Busco, y si encuentro, hallo vacíos

que resisto como un loco herido.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ACOMPAÑAME DE LA MANO

Ven, no te vayas…

Quiero contigo caminar

En esta vida por andar

Ya no quiero esperar

Una vida mas para lograr

La maravilla de caminar…

Recorrer, este mundo y tener

Tu mano para entender

Que hay un nuevo renacer

Juntos podemos descubrir

Que no es necesario sufrir

Para revivir el amor

Que dejamos morir

Por creer que al mentir

Y dejando de sentir

Podría existir

¡ NO¡ sin mí, no puedo vivir

¡ TÚ ¡ sin ti, no puedes revivir

Vamos los dos de la mano

En este mundo

Para que deje de ser vano

El resto del camino

Que tenemos por vivir.

 

Por Laura Georgina Nuñez de Alva

 

 

LA PROCESIÓN

Ellos vienen a mí

desde un dictamen de plumas

y candados.

Los árboles ancianos; los más nuevos.

Me persiguen

con su esencia de aurora en cautiverio.

Los jueces invisibles.

Y me he quedado en el suelo detenida

mientras fluye la savia por la tierra.

Momentos germinales

me custodian el vientre.

Han nacido más ramas

y más ojos desnudos me sorprenden.

Para alcanzar la voz de sus edades,

me arrodillo al verano de los nidos.

Sólo tendré la sed de sus raíces;

apenas esas lágrimas eternas del rocío.

Ahora me han cedido el centro de la ronda,

y soy yo,

otro árbol hambriento

que intenta descifrar

el vuelo fecundado de las mariposas.

Teresa Palazzo Conti

 

 

PUERTAS DESESPERADAS


Entradas y salidas, puertas desesperadas, en las que una vez cerradas, no hay que volverlas a abrir.

Puertas que pueden ser abiertas, temerosas ante lo que nos aguarda tras ellas.

Puertas desesperadas, cerradas para olvidar, abrirlas para buscar una solución, sea cual sea, aunque siempre deseamos lo mejor. Pero, ¿cómo saberlo?.

Tampoco podemos abrir y cerrar continuamente, ¿cómo encontrar la adecuada?.

En un acto disfrazado de valentía, cerré un puerta, ahora estoy en un pasillo lleno de ellas. Paradójicamente, sé que hay tras ellas, aunque quepa la posibilidad de un futuro engaño.

¿Cuál debo arriesgarme a abrir?. Sin embargo, necesito abrir alguna de ellas, no me puedo quedar estancada en el pasillo.

Puertas desesperadas.

La primera, está esperando a ser abierta, y que me entregue a una nueva vida.

La segunda, me gustaría abrirla, pero desconozco si quiere ser abierta, ¿responderá con las mismas expectativas que yo busco?.

La tercera, sé que quiere olvidar las dos anteriores, y emprender una vida en solitario.

La siguiente, sólo quiere dejar paso a la improvisación.

El resto,…puertas desesperadas, esperando a ser abiertas, ¿cuál abrir?.

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

TE PALPO EN EL VIENTRE DE TU MADRE

 

Te palpo en el vientre de tu madre

y noto la dureza con que te afirmas

el empuje con que defiendes tu espacio,

te acaricio con cariño con la esperanza

de transmitirte vibraciones de amor

por el canal que para ti me he abierto

desde mi corazón hasta el final de mi tacto,

poco a poco voy acomodándome

acercando mi oído al vientre de tu madre

mirándola a sus ojos preñados de orgullo

y abrazándome a su cuerpo embarazado

de humanidad acechadora,

me pongo a escucharte con delicado mimo

y empiezo a susurrarte pequeñas caricias orales

para acercarte a mí y para recordarte

que trates bien a tu madre anhelante

ojalá por los ojos de tu mamá

destellos de amor y esperanza me expresases

y llegases a mí en forma de mensajes

porque en ellos sólo encontraría grandeza

de honestidad, ternura y belleza,

con gran amor te cuido

desde mi cercana lejanía

inquieto por lo que queda de trance,

de el voy descontando los días

rogando a Dios por tu bien

y el de tu madre.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

AMOR ETEREO

TAN INTANGIBLE COMO ETEREO

ASI ES EL AMOR ETERNO

AMOR QUE CARGA SOLEDAD

EN UNA BÚSQUEDA SIN CESAR

LAS GANAS DE AMOR ENCONTRAR

EN EL TRÁNSITO POR LA VIDA

CANTAMOS Y NOS DAMOS SIN MEDIDA

AUNQUE POR AMOR DEMOS LA VIDA

POR SÓLO UNA CARICIA SENTIDA

EN EL MUNDO ETEREO Y PERPETUO

PIDO… HÁBLAME ¡¡ AMOR MÍO

ERES … PARA MÍ ¡¡ LA CARICIA

DEL AMOR QUE PIDO

QUE ENGENDRA MIS SENTIDOS

EN SUBLIMES SUEÑOS DORMIDOS

VEN ¡¡ QUITA LAS YEDRAS DEL CAMINO

NO TE DETENGAS ¡¡ AMOR MÍO

DAME TU MANO…

QUE LA NOCHE SEA TESTIGO

DEL MAS GRANDE AMOR SENTIDO.

 

Por Laura Georgina Nuñez de Alva

 

 

LA MENTIRA

A veces vivo un poco,

y ostento la evidencia

como un coleccionista.

Algún trofeo

rutila en las escarchas de mi nombre

y emerge la que era

en el engaño del verbo flagelado.

Mi intemperie

descansa un instante

en el pedestal de hierba de sus ojos,

hasta volver,

crucificada,

a la oración unitaria de la casa.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

Un domingo verde,

La locura comienza a invadirme

Hay diferentes olores detrás del peñasco gris de mi memoria

Los matices van cambiando,

Hay un gato lila que me mira con los ojos salidos de sus órbitas

Una gallina se desliza por debajo de los tentáculos de un pulpo

Con alas.

Veo como giran los focos de la calle,

Mientras silbo despacio el perfume de tu vientre.

Que melodioso aroma, el de tu pubis dormido

Entre cucharadas de mis besos.

Extasiada de notas estoy,

La fragilidad de un minuto se quiebra

Cuando la seda de tu pecho se adormece

En mi regazo.

Noctámbulas manos sostienen mi demencia

Y sigo penetrando el azul de tu figura

En un domingo verde

Bebí el elixir sagrado

Dominé al dragón que ahora canta a mis pies

Caminé sin pasos,

Oí los colores de este manicomio

Me dormí a tu lado

Hoy enloquecí.

 

 

Por Gabriela Fiandesio

 

 

A veces el silencio de la compañía

inunda las sábanas

hasta el techo;

dispara el vacío de un cuerpo

la amplitud creciente de la memoria.

Le doy paso al permiso que

me mira

sin conocerme

vaga la sensación

de amarrarlo

en sueños.

Rompes el mosaico de mi izquierda

te enroscas sutil en mi espalda

y el dulzor de tus manos me roza

y derrama

pájaros omnipotentes.

¡Esos años también son míos!

sonríen tus labios festejan la coincidencia

mientras tu pelo viaja del sol

y cae en lágrima

sobre los cielos.

En el hoyo del piso

perdura el aroma a pólvora;

dispara el vacío de un cuerpo

el permiso de pensarte

del otro lado.

Por Lorena Luján Cáceres

TRAVESÍA

Soy corcel de la noche

en los espacios.

En horas agitadas

desciende alguna estrella

a embeber sus luciérnagas

en ébano.

Me arrojo a la espesura

y separo los mensajes ocultos

de los zarzos.

Amenaza

un destino de puertas abiertas.

Adónde regresar

desde las piedras

en esta soledad

de llamas en el hielo.

Se despierta

el oficio

de aprender a esperar

y yo encumbro las manos

para lograr un ángel.

Por Teresa Palazzo Conti

CLAUSTROS

Nada puedo alcanzar desde este sitio riguroso.

Un océano de tiempo

brama desde las profundidades del hoyo

y un estilete absoluto

busca nido en mi pecho.

Afuera aguarda una luz condenatoria.

Y los gestos indemnes

escarban

las razones feroces de las máscaras.

Nadie reconoce el disfraz que me han legado

Yo nunca he sido esta que se mira

en las aguas estancadas del pozo.

La de antes tenía besos y cántaros,

y sabía de alguna plaza con hamacas.

Ésta rastrea cementerios de versos

desde cada plegaria,

y busca inútilmente,

ascender por las líneas marchitas

de su estatua.

Por Teresa Palazzo Conti

EL ÚLTIMO VIAJE

 

¿Para qué la riqueza acumulada?

¿Para qué los palacios con jardín?

Cuándo todo, todo lo que tengamos

aquí, nos lo vamos a dejar.

Nadie ha vuelto, una vez que se ha marchado,

nos vamos solos, tan sólo con lo puesto.

Emprendemos un viaje sin retorno

como ave que a otro país emigra

con el deseo de volver en el buen tiempo.

Seremos polvo, y el viento nos traslada

desde un lugar a otro, tal vez impregnado

en una bella flor: ¡cualquiera sabe en qué!

¿O seremos igual a pajarillos

que alegran las mañanas con sus trinos,

o aurora que ilumina el nuevo día

resplandeciendo más el sol?

Puede que nos fundamos con agua cristalina

brotando de un arroyo o manantial.

Nosotros moriremos, y nuestra esencia no.

¡Nadie, nadie! por mucho que lo quiera,

nunca, jamás volvió,

ni tomó su forma ya anterior,

todo será la nada…paz infinita…

A veces el deseo de la continuación.

Sólo seremos átomo, parte del cosmos.

Eternidad…

 

2º premio en el VII concurso de poesía castellana

en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo.

 

Ofelia Parrón Céspedes

17 de mayo del 2008

 

 

 

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